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lunes, 8 de marzo de 2021

Curzio Malaparte / "Malaparte se parecía mucho a Truman Capote"




Entrevista con Maurizio Serra

“Malaparte se parecía mucho a Truman Capote”

Más apreciado en Francia que en su Italia natal, Curzio Malaparte ha pasado a la historia como un escritor fascista y cínico.

Su biógrafo disecciona fríamente la vida de un autor con tantas muchas luces como sombra



El escritor Curzio Malaparte en 1949. 
Foto de ROBERT DOISNEAU
¡Historiador especializado en el Novecento (revoluciones, guerras, totalitarismos y modernidad), Maurizio Serra es uno de esos raros autores que engancha al lector desde la primera línea. Su escritura fulgurante revela enseguida sus virtudes: claridad, honestidad, ausencia de retórica, gusto por las paradojas y el arte del matiz. Su último libro es una espléndida biografía del poliédrico intelectual, periodista y escritor “fascistoide” Curzio Malaparte, que acaba de ser publicado en España por Tusquets y ganó el año pasado el Premio Goncourt de biografía en Francia.

martes, 10 de octubre de 2017

Jean Rochefort / El viejo en el olivar

Jean Rochefort
Poster de T.A.

Jean Rochefort

El viejo en el olivar

En el Mediterráneo. Retirado del teatro y el cine, a sus 82 años, el protagonista de ‘El marido de la peluquera’ regresa de la mano de Fernando Trueba en ‘El artista y la modelo’.


MIGUEL MORA
24 SEP 2012 - 07:59 COT







Jean Rochefort
Jean Rochefort DANIEL MORDZINSKI

Conocer a Jean Rochefort es uno de esos lujos que solo suceden una docena de veces en la vida. “Es la empatía automática”, dice el actor, “y es una de las mejores cosas que existen: conoces a alguien y es como si fueras íntimo desde hace 25 años”. Estamos en el maravilloso islote mediterráneo de Porquerolles, en la casa del eminente actor, director, guionista y jinete Jean Rochefort. El protagonista de El marido de la peluquera, que estrena estos días en España El artista y la modelo, de Fernando Trueba, ha cambiado a última hora el lugar de la entrevista desde París a este paradisiaco lugar de vacaciones. Cuando el barco llega a puerto al mediodía, ahí está, como un clavo y vestido de blanco. El pelo y el bigote gris, pero casi tan blancos como la camisa, los pantalones y las deportivas; la extrema delgadez, el cuello firme y una risa grave y contagiosa (un “oh, oh, oh” que viene de muy dentro), la voz como si saliera de un órgano y los ojos azulísimos y muy vivos.

domingo, 9 de marzo de 2014

Leopoldo María Panero / España es la que está loca, no yo

Leopoldo María Panero, 2005
Foto de Luis Magán

Leopoldo María Panero

"España es la que está loca, no yo"


La cita es en la Residencia de Estudiantes, y están con él dos amigos: el poeta canario Félix Caballero, con quien Panero ha escrito ya dos libros, y Amaraba, una fan misteriosa. Los dos fuman como él (hay siete paquetes abiertos sobre la mesa) y asisten risueños a la exhibición de Panero, que lleva ingresado cinco años en el manicomio canario del doctor Rafael Inglod (ahora sólo duerme dentro), tras pasar 14 en el de Mondragón. Hablando también escribe poesía.

Leopoldo María Panero y Michi Panero con el director de cine Ricardo Franco (izq.), director de la película "Después de tantos años", continuación del "Desencanto", dirigida veinte años antes por Jaime Chávarri, durante la presentación de la misma el 9 de febrero de 1995.
Foto de Ricardo Gutiérrez

Pregunta. ¿Cómo es el manicomio?
Respuesta. El puto infierno. El asunto del veneno empezó en Mondragón, pero lo de Inglod es peor. Me han dado toneladas de haloperidol y todavía no he muerto. Lo de Rasputín fue una noche y a puerta cerrada; lo mío va para 20 años y es a la luz del día: el diario de un hombre infinitamente envenenado. España es la que está loca, no yo.
P. ¿Por qué le dan haloperidol?
R. Porque me pasé tres años sin cerrar la ventana.
P. ¿Y qué le hace?
R. Atonta. Pero más inteligente que yo, imposible. Soy tan inteligente como Nieztsche.
P. ¿Cómo se vive dentro?
R. Todo ingreso es un secuestro clínico, toda internación es ilegal. Allí se tortura: no dejan fumar, te hacen hacer la cama siete veces, azuzan a los locos contra mí y no les atan... Atan a los viejecitos por nada y a esos cabrones no los atan.
P. ¿Le dan electroshocks?
R. López Ibor te daba electroshocks y luego te ponía una imagen de santa Teresa en la mesilla. No he visto un nazi parecido en los días de mi vida. Ahora, la lobotomía y el electroshock están prohibidos, y las correas también, salvo en caso de sangre o pelea...
P. ¿Mienten los locos?
R. El loco yerra pero no miente, tiene la perniciosa manía de decir la verdad, como el borracho.
P. ¿Acaso existe la locura?
R. No. Los locos son gente muy puteada y se esconden para que no les hagan más daño. El mito de la enfermedad mental, de Thomas S. Szasz: si el loco es un hipócrita, no está loco, es un hipócrita y punto. Yo aprendí telepatía en París, entendí que pensar venía de hablar, y hablaba y leía en voz alta. Me quedé telépata. "El cante sin guitarra, / el cante a palo seco, / el cante sin meis nada". Es un poema de João Cabral de Melo Neto.
P. Ah. ¿Le gusta el flamenco?
R. No creo en la clase obrera española. Son payasos alfredolandescos. Tras 40 años sin ideología obrera, sólo queda la picaresca y un proletariado chistoso.
P. ¿Psiquiatría o poesía?
R. He pensado dejar la poesía como Rimbaud para dedicarme a la psiquiatría, pero a la real, no a esa falsa que Wittgenstein llamó La máscara y el lenguaje.
P. ¿La literatura cura?
R. Alguna sí. Los literatos españoles se dividen en dos: el burgués ambicioso y los mamarrachos abominables.
P. ¿Cree en la democracia?
R. Soy anarcoindividualista, pero creo. Me sorprende que alguien dijera que la democracia es un anacronismo. No creo que Tejero sea muy moderno. Pero los diputados están como cabras.
P. ¿Qué le parece la ley de matrimonio homosexual?
R. Yo soy bisexual y sadomasoquista. Sádico con las mujeres y masoca con los hombres, aunque también sádico con algunos tíos, depende de lo guapos que sean.
P. ¿Cómo se hizo poeta?
R. A los cinco años. Mis padres estaban aterrados. El poema decía: "Mi corazón temblaba y no era un sueño / fueron muriendo todos los soldados de la guardia del rey / y mi corazón seguía temblando".
P. ¿Freud o Lacan?
R. Freud se creía el anticristo, pero era ambiguo. Decía: "¡¿Sabía usted que soy el diablo y Dios construye catedrales en torno a mí?!". Lacan sabía que los locos sabían que él era el anticristo. Según Jung, Cristo y el anticristo son el sí mismo. El yo no existe en la especie humana. Es lo que Lacan llamaba "el sombrero de Napoléon". El yo es en lo que se pierde el loco. Y el anticristo son los bancos.
P. ¿Por qué no abre un dispensario antipsiquiátrico?
R. Pensé hacerme millonario con la antipsiquiatría y lo sería si me pagaran los derechos.
P. ¿Su poesía es automática?
R. No me prohíbo nada salvo cagar en la silla. Pero mi poesía es técnica. Hablando del cuerpo, Spinoza dijo: "Nadie sabe lo que puede el cuerpo". Y Neruda: "Te escucho orinar al fondo de la habitación". Voy a echar una meada.
P. [Se va, vuelve] ¿Cuál es su poeta favorito?
R. Neruda no me gusta. Mallarmé, sí. Escribe científicamente [recita un poema en francés].
P. ¿Preferiría ser francés?
R. Querría irme a París. Allí no están tan locos como aquí. Aquí no se puede pensar. No es raro que el Quijote sea el ídolo. A san Juan de la Cruz casi lo queman porque se lavaba todos los días. Este país está obsesionado con el sexo desde hace siglos y por eso odian a Dios, porque lo ven castrador.
P. No le gusta el Quijote.
R. Es una novela río asquerosa. Me gusta El licenciado Vidriera.
P. ¿Quién le dicta sus poemas?
R. Como no sea mi conciencia... El hombre no habla, es hablado, dijo Lacan.
P. ¿Escribe en trance?
R. No creo en la bestia de la inspiración, yo cultivo el espanto como una ciencia.
P. ¿El nuevo Papa?
R. Un filonazi. Mi doble.
P. ¿Zapatero?
R. El príncipe de las tinieblas. "Oh, Satán, tú tienes dos cosas: el oro y el regazo de la mujer" (Goethe).
P. ¿Negociar con ETA?
R. Por supuesto. Hace siglos dije que sólo ETA hace oposición.

Un falso majareta, culto y sarcástico

"Hola. ¿Es usted Mora o Mantilla? ¡Da igual! ¿Me puede traer cinco paquetes de Nobel?". Leopoldo María Panero (Madrid, 1948) fuma como un loco pero apaga los pitillos antes de la mitad. Sufre esquizofrenia, o eso dicen los psiquiatras. Los únicos síntomas aparentes son sus murmullos inaudibles, su enganche a la coca light y su paranoia (comprensible) con la CIA. Por lo demás, su lucidez destellante, su inteligencia sarcástica, su cultura-baúl (suelta citas y recita en varias lenguas y sectores: Lacan, Marx o ¡Ana Torroja!: "Y los jamones son de York") y su curiosidad insaciable (poesía, literatura, psiquiatría, antipsiquiatría, física...) le convierten, más bien, en estos tiempos lelos, en un cuerdo tan indispensable como inalcanzable.






DE OTROS MUNDOS





viernes, 18 de septiembre de 2009

Andrea Camilleri / No será la Iglesia la que acabe con Berlusconi



Andrea Camilleri


ANDREA CAMILLERI 

"No será la Iglesia la que acabe con Berlusconi"



MIGUEL MORA
Roma 18 SEP 2009


Con sus inseparables pitillos, y su joven ayudante Annalisa dándole café con mucha azúcar, el escritor siciliano Andrea Camilleri mantiene a los 84 años una rapidez mental y una memoria envidiables. Ahí está la rabia, su vieja rabia comunista, que él sigue reivindicando como antídoto moral para su país, esta Italia que pese a todo vota y admira a Silvio Berlusconi, y que, afirma, "ama al bufón delirante porque refleja lo peor de cada uno y suscita esa envidia que todo italiano siente hacia las motocicletas que no cumplen ni una regla del código". En esta entrevista, realizada ayer en su casa, el maestro de la novela negra dibuja la oscuridad del panorama político italiano.
Pregunta. Toda Europa habla de Berlusconi, los italianos callan.


"Il Cavaliere está enamorado del fascismo, y es peor que los fascistas"
"Espero que resucite la moralidad porque ahora rige la moral del vespino"

Respuesta. Es inquietante ese silencio. Llevamos tiempo en la fase de suplencia. La política ha sido sustituida por la magistratura, y con la oposición pasa lo mismo: como no está, la han sustituido dos periódicos (La Repubblica y L'Unità) y un canal de televisión (RAI 3). Todos los demás callan. Así que habla la prensa extranjera, que ha suplido a la nuestra en esta fase de emergencia de nuestra democracia.
P. ¿Realmente es una emergencia?
R. Claro que lo es. Antes Italia era solo una anomalía, ahora no hay pesos y contrapesos, cuerpos y anticuerpos, la enfermedad Berlusconi se ha extendido y no encuentra resistencias. Estamos enfermos mental, política, económicamente y sobre todo en cuanto a las costumbres: domina la inmoralidad.
P. Algunos dicen que se ha cumplido el plan de la logia P2...
R. No ha tenido éxito del todo, pero sí en gran parte. Las ideas de sus fundadores sobreviven en el hombre que conquistó el poder. Es una clonación, pero el ADN es común. La organización fue desmantelada, las ideas están vigentes.
P. ¿Cree que el Partido Democrático es una alternativa real?
R. Nunca quise adherirme, es un monstruo de dos cabezas. Es bonito que haya pluralidad de voces en un partido, pero cuando los fines son comunes. Aquí tenemos a los ex comunistas del PCI con el Opus Dei. Una convivencia difícil. La reunión de estos días entre Rutelli (PD) y Fini (PDL) confirma, creo yo, el final del PD. Los ex democristianos quieren huir. Y en el otro campo, Fini quiere abandonar a Berlusconi. La mayonesa se cortó.
P. ¿Así que la esperanza es... exiliarse con Obama?
R. Lo malo es que igual cuando llegas ya se lo han cargado. Tiene la gran desventaja de ser negro: lo pueden asesinar fácilmente. Y no bromeo.
P. ¿Por qué se dice que no hay prensa libre en Italia? Según Berlusconi, la RAI es la única televisión pública que critica al Gobierno.
R. Berlusconi dice que él no es un dictador porque los dictadores censuran y cierran los periódicos. Él no los cierra porque no puede. Pero censura. Hace años echó a varios periodistas de la RAI, hace poco dijo que Paolo Mieli (Corriere della Sera) y Giulio Anselmi (La Stampa) debían cambiar de oficio y en unas semanas habían cambiado. Y luego está la peor censura, la autocensura, el miedo de los periodistas a hacerse daño a sí mismos. Hay tanto miedo que uno casi prefiere leer a Vittorio Feltri (director de Il Giornale), al menos es claro, sabes lo que tienes enfrente. A los otros no se les entiende nada.
P. ¿Cómo empezó a cocerse el berlusconismo?
R. Cuando nadie se lo podía esperar, del proceso Manos Limpias surgió un político que encarnaba justamente la corrupción que se quería combatir. Ahí se vio la capacidad genial de Berlusconi para presentarse como lo contrario de lo que es. Ahorase muestra como es de verdad: insulta a los periodistas, a los adversarios, les llama farabutti (canallas), coglioni (capullos, gilipollas)... ¿Dónde se ha visto un primer ministro que insulte?
P. Les llama sobre todo comunistas.
R. Nunca logrará que yo reciba esa palabra como un insulto. Y solo revela un cosa: está enamorado del fascismo, pero es peor que los fascistas porque algunos fascistas han evolucionado. Por eso dijo que Mussolini mandaba a los periodistas críticos de veraneo. ¿No sabe que Amendola fue golpeado hasta la muerte, que los hermanos Rosselli fueron asesinados en el exilio, que Gramsci murió tras años de cárcel? ¿No sabe que los comunistas italianos firmaron los Pactos Lateranenses con De Gasperi, que trajeron la democracia con la Resistencia, que bloquearon las vendettas contra los fascistas?
P. Si agita el fantasma del comunismo será porque le es útil.
R. Claro que lo es. Los italianos se lo creen porque no tienen memoria. Los italianos solo se acuerdan de su pueblo porque tenía un equipo que jugaba partidos contra el pueblo de al lado. Si a un italiano le preguntas qué pasó en 1928, te dice la alineación del Inter de ese año, pero no que llegó el fascismo porque eso no lo sabe.
P. ¿Cree que al no haber habido guerra civil subsiste un conflicto larvado, no resuelto?
R. El Movimiento Social Italiano se creó seis meses después de acabar la II Guerra Mundial. 18 meses más tarde, ya tenían diputados en el Parlamento. En el 45 llegué a Roma y había pintadas que decían: "Devolvednos al cabezón". ¡Querían a Mussolini otra vez! Recuerdo un artículo fabuloso de Herbert Matthews, periodista de The New York Times. Decía: "No habéis matado al fascismo realmente, y es una enfermedad que sufriréis durante décadas, reaparecerá en formas que no reconoceréis". Aquí estamos, preguntándonos si Berlusconi es fascista o no.
P. Pasolini también profetizó algo así.
R. Pasolini era discutible al opinar de sí mismo; pero su percepción sobre los otros era absolutamente aguda. Él y Sciascia son las dos grandes conciencias civiles que nos faltan. Siento una necesidad monstruosa de ellos.
P. Nada dura para siempre...
R. La escasa audiencia de Porta a Porta la otra noche ha sido una alegría. Asoma una esperanza. Un imbécil ha escrito en 'Il Giornale' que mi sueño es ver a Berlusconi colgado como a Mussolini. Es al revés, lo que más temo es que muera o que acaben con él los jueces. Lo que quiero es que dure, que los italianos beban de este cáliz hasta que vomiten. Así sabrán lo que es y acabará. Si no, se hará el mártir. Espero sobre todo que resucite la moralidad, porque ahora rige la moral del vespino. El vespino va por prohibido y nadie dice nada; cruza en rojo y nadie dice nada, sube a la acera y nadie dice nada. Los italianos miran al vespino y piensan: "¡Virgen, qué bonito sería ser ese vespino y no cumplir ni una regla!" Y no hablo ya de escorts, ni de velinas, hablo solo de vida cotidiana.
P. ¿Por qué aman tantos italianos a Berlusconi?
R. Porque se miran en su espejo y son iguales. Impera una mala educación insoportable. El otro día, un conductor le gritó a mi mujer: "¡Burra!". Y yo le dije: "Sigue a ese coche, síguelo". ¿Por qué?, dijo ella, me ha insultado. ¡Sí, pero te ha llamado burra y no puta, le quiero conocer, es un clásico, síguelo!
P. En ese sentido, Verónica Lario es un ejemplo de civismo feminista, aunque fue catalogada como "velina ingrata" por Feltri.
R. Nunca fue una velina, era una actriz de teatro y bastante dotada. Es una mujer ofendida que no puede más, que no puede hablar con su marido y decide hacerlo a través de los medios. Mi mujer si hago algo parecido me habría tirado por la ventana. Lo ofensivo es el exhibicionismo de Papi, tan poco serio. Eres un abuelo de 72 años, si quieres hacerlo hazlo discretamente, sabiendo lo que eres. Además, menuda figura. Si dices que frecuentas menores, en fin, es horrible, pero escorts...
P. Dice que nunca ha pagado.
R. Hace pagar a los amigos, es todavía peor. Calígula, Nerón, tenían una grandeza... Quemaban Roma, en fin. Esto es tan mezquino que asusta. No enciende ni una cerilla.
P. ¿Cree que Italia puede resistir cuatro años más así?
R. No creo, estamos al borde de una implosión. Fini, quizá por puro calambur, persigue una finalidad, alejarse de él. Dice cosas justas, laicas, modernas. Una derecha finalmente respetable. Desde el otro lado de la barricada, le deseo sinceramente que lo consiga.
P. ¿No cree que la Iglesia prefiere a Berlusconi?
R. Desde luego: 'pecunia non olent', el dinero no huele. Puedes atacar la virginidad de María, negar el santo sepulcro, ellos te meten en el Índice y tu vendes más libros. Pero si les dices que les quitas dinero de los colegios se enfadan. El dogma absoluto de la Iglesia es el dinero, la exención fiscal. Conozco en Roma un cine porno que está a nombre del Vaticano... Basta con no tocar el dinero del Santo Padre. El Vaticano dicta la ley en Italia, y nunca lo ha hecho tanto como ahora. Pero el Papa disimula como Zapatero: asisten al delirio de Berlusconi en directo y dicen: "No puedo hablar porque soy extranjero". Y si luego algún obispo dice algo, hace como Berlusconi con Feltri: "Me disocio, me disocio". No, no será la Iglesia quien acabe con Berlusconi. Espero que lo hagan los ciudadanos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de septiembre de 2009
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viernes, 19 de septiembre de 2008

Melania G. Mazzucco / La metáfora de Roma

El Afganistán más veraz
Melanika G. Mazzucco

Melania G. Mazzucco

La metáfora de Roma


Miguel Mora
19 de septiembre de 2008


Melania Mazzucco (Roma, 1966) vive frente a los muros del Vaticano, "para ser consciente cada día de que Roma tiene otra ciudad metida en el corazón".



La capital italiana es la protagonista de su novela Un día perfecto, título de estirpe salingeriana, pero inspirado en una canción de Lou Reed, que edita ahora Anagrama en español, con traducción de Xavier González Rovira.

La autora de Ella, tan amada (Anagrama), novela biográfica sobre la escritora y viajera Annemarie Schwarzenbach (2000), y de Vita (Anagrama y Círculo de Lectores), fascinante saga de la emigración italiana a América que ganó el Premio Strega en 2003, se traslada en su quinta novela hasta el presente, para trazar un vívido y doloroso retrato coral que sirve de descripción y denuncia de los vicios, faltas y carencias que afligen a la desmoralizada sociedad italiana.

Aunque es una poética frase de George W. Bush la que da el tono a la novela en la primera página: "La familia es el lugar donde residen las esperanzas de nuestro país, el lugar en el que a los sueños les nacen las alas".

En sólo 24 horas de paseo por Roma, un paraíso mestizo, hecho de monumentos, simpatía, gracia, falsedades e inmoralidad, Mazzucco disecciona a los miembros de dos familias de clases muy distintas -la del senador Elio Fioravanti y la de su escolta, el policía Antonio Buonocore-, unidas por un proceso similar de demolición inminente.

La novela es tan negra como verosímil, y entra a saco, desnudándolos, en casi todos los mitos y tabúes de Berluscolandia: la familia como núcleo podrido y escenario donde suceden los delitos más abyectos; el machismo y la homofobia como valores supremos; la creciente desesperanza de los jóvenes. Y, como telones de fondo, la corrupción y el racismo, la opresiva hipocresía católica, el poder paralizador de la política y la televisión.

La presencia de Roma como metáfora de la Italia actual es continua en el libro. Página 110: "Esa proliferación de gaviotas en una ciudad sin mar le parecía un absurdo inexplicable. Pero tal vez fuera un signo de los tiempos: las gaviotas son parásitos y viven de la basura. Roma las había acogido. Roma acoge a todo el mundo. Y no perdona a nadie".

Tras vender 300.000 copias del libro, Un día perfecto ha sido llevado al cine -la película fue estrenada en el pasado Festival de Venecia- por Ferzan Ozpetek. Mazzucco viajará en breve a Barcelona y luego a la Feria de Guadalajara (México), donde la literatura italiana es este año la invitada especial, del 27 de noviembre al 7 de diciembre



PREGUNTA. Empecemos por el final. ¿Qué le ha parecido la película?

RESPUESTA. Preferí no participar en el guión porque me gusta ver la película interior del director; yo ya me considero la directora de mis libros. Sólo fui un día al estudio, y vi la escena de la violación... Me gusta la relación tan intensa entre Antonio y Emma, pero del resto no queda nada. A mí me parecen importantes otras cosas, como la historia del profesor gay, que explica muchas cosas de este país, pero a Ozpetek no le interesaba. De todos modos, estoy tranquila, miles de personas han leído ya el libro y se han hecho su película interior. Y yo ya me he habituado a eso, las novelas son de los lectores, no me pertenecen.

P. No sé si suena a insatisfacción

...

R. No, los lectores cuentan cosas muy bonitas de lo que significan para ellos mis historias; a veces interpretan a los personajes como si no fueran míos, y ese significar algo para ellos es una forma de desposesión. Ese camino empieza al entregar la novela, y después, con la película, empieza un camino distinto porque otra gente se acerca al libro.

P. Parece que ahora hay una buena relación entre cine y literatura en Italia...

R. Sí, especialmente con la novela negra, ya sea social o política. Tenemos necesidad de historias que intenten explicar este país de una forma sólida, y desde hace tres o cuatro años los cruces entre cine y literatura son más habituales, bastante frecuentes.


P. Eso pasaba menos en los años de oro del cine italiano.


R. Bueno, Ennio Flaiano, que era un gran escritor, fue guionista de Fellini. El cine robó mucho a la literatura en esos años, aunque no se dice apenas. Ladrón de bicicletas estaba basado en un cuento de Luigi Bartolini... Incluso con un cine tan fuerte, tan exitoso y tan vivo como aquél, los directores tenían la necesidad de contar con la mirada de los escritores. Tonino Guerra o Furio Scarpelli hubieran podido escribir lo que hubieran querido, pero no tenían necesidad porque vivían de las películas.


P. Es curioso que Pavese, Pasolini y tantos grandes de entonces parecen haber sido olvidados.

R. Italia es un país raro con los escritores. Cuando mueren se hace un gran festejo de la pena, luego se les olvida. Pasolini por razones extrañas se lee en el colegio, pero a Pavese, por ejemplo, se le lee muy poco. Vas a las librerías y no hay casi nada de él. Entre mujeres solas (que acaba de publicar Lumen en España) era un libro bellísimo. Ya no lo conoce casi nadie. Ahora se harán algunos actos por su centenario, pero lo importante para un escritor es ser leído, y muchos escritores del siglo XX están desaparecidos. Fausta Cialente ya no está. Hay una especie de cadena de silencio, un problema general de transmisión de la memoria cultural. Es un problema político, pero la literatura no puede huir de ese mecanismo.

P. En Vita analizó el pasado de Italia. ¿Escribir del presente ha sido una experiencia distinta?

R. Vita era un gran viaje a nuestra historia de inmigración y pobreza. Pero lo escribí por un motivo contemporáneo. Cuando Italia se convirtió en un país de inmigración, yo trabajaba con inmigrantes, y era muy interesante escribir sobre el racismo de esa Italia llena de miedos y prejuicios. Al acabar Un día perfecto me di cuenta de que forma un díptico con Vita. Lo que fuimos, lo que somos. Somos ese país que no nos gusta, es una especie de foto de grupo: Italia al principio de esta década. Lo escribí entre 2002 y 2003, y es inquietante pensar que resultó profético: los temas sociales están todavía ahí, me hubiera gustado fracasar, entre comillas, no haber acertado tanto. Siempre me gustó mucho El grupo, una novela de Mary McCarthy, en la que un círculo de mujeres evoca su época. Y eso es lo que intenté hacer, reunir todos los lugares comunes, las cosas que se dicen, se leen y se hacen, una especie de foto fija del presente.



P. La novela habla de cosas de las que se oye hablar poco en Italia, quizá la más importante, la violencia de género.

R. Nadie habla de ello, es como si no existiera. Es un tabú más, pero las estadísticas demuestran que la violencia de género es la principal causa de muerte entre las mujeres de 16 a 45 años. El delito en familia, según me contaron los policías con los que hablé para documentarme, se comete cada vez más en los últimos diez años; eso debe significar algo.

P. Seguramente que el mundo se descompone alrededor del núcleo fundamental de las sociedades.

R. La familia es el último pilar social de Italia. No hay otro. Pero se hace un uso torcido y loco de la palabra familia. Cada vez que un político pronuncia esa palabra no sabemos a qué se refiere. La familia no existe, no se ve, está viviendo una crisis profundísima pero sigue siendo un mito inamovible. De las dos familias del libro, una se deshace y la otra se mantiene extremadamente tradicional en su destrucción. La familia es parte de nuestra debilidad histórica. Nunca hemos tenido instituciones sólidas aparte de ésa, salvo quizá los ayuntamientos aunque fueran administrados por la aristocracia y el pueblo no influyera. Familia de sangre, clientelismo, la familia como institución legal... Todo eso forma parte de un problema nacional de carácter, y es muy difícil cambiarlo.

P. Pero los políticos italianos siempre hablan de la familia.

R. Aquí se habla más de la familia y se hace menos por ella que en ningún sitio. Paradójicamente, nadie las ayuda. Mandar a los niños a las guarderías públicas es imposible. Sólo ese dato explica muchas cosas. ¿Qué quieres, que las mujeres no trabajen? ¿Así queremos mantener a las familias? La hipocresía tiene una razón política, el Estado sospecha que es mejor que las mujeres tengan trabajos secundarios. Las cifras dicen que una de cada dos deja el trabajo después de los 35 años.

P. Todo sea por la mamma...

R. Sin decirlo, es así. No se deja trabajar a las mujeres. Es una elección política muy precisa. Hace 20 años que se debería haber hecho algo pero nadie lo ha hecho.

P. La novela se lee también como una descripción del berlusconismo sociológico, si es que eso existe.

R. La ambienté en 2001, al principio del quinquenio del regreso de Berlusconi, con la neta percepción de que caería y luego volvería. Los cambios en el país eran ya evidentes entonces. Creo que la literatura debe contar ese viraje de Italia. Cuando vas a las provincias, sientes cómo ha cambiado el humor de la gente, cómo el país ya no es el mismo. Y no podemos ignorar eso. Él es la gran figura de estos años, el responsable de que haya cambiado la mentalidad de la gente. Ésta es su era.

P. El libro narra un mundo despreciable y que parece desmoronarse. Pero, al mismo tiempo, hay gente como usted, o como Roberto Saviano, con Gomorra, y tantos otros escritores que están denunciando esa situación.

R. El país se descompone, y eso hay que afrontarlo. La inmigración ha producido una enorme transformación, una revolución cultural de la que nadie ha querido hablar. No ha habido una política sensata de inmigración, todo se ha hecho sin principios ni proyecto, se ha impuesto la cultura de la emergencia para que alguien saque beneficio. Todo eso nos ha puesto a pensar. Lo que hizo el cine en los años cincuenta o sesenta, lo hace ahora la literatura. Aunque hay películas preciosas, amargas, documentales estupendos que cuentan la relación con los inmigrantes, poca gente los ve. Pero hay un fermento, sí, una necesidad de comprender y explicar lo que está pasando.

P. Y una pulsión de huir. Zero, el personaje joven de la novela, sólo piensa en emigrar a Barcelona.

R. Hay muchos jóvenes en Italia que no tienen nada que ver con Berlusconi. El último gran sobresalto fue el 68 y a partir de ahí empezó una guerra contra los jóvenes que no se reconoce pero que dura todavía. El país está estático, completamente parado, y para los jóvenes es dificilísimo encontrar un sitio. Una generación entera de amigos y conocidos se ha visto obligada a emigrar a España, Francia, Suiza, Canadá, Alemania. Ninguno ha logrado entrar en la universidad italiana. Hemos mandado fuera a gente de enorme talento, científicos, investigadores, literatos, han salido corriendo de un país depauperado. Hace 20 años que sucede eso y todo sigue igual, sin que ello dependa de quien gobierne. No hay perspectivas, y tenemos una enorme masa de precarios y explotados a quienes aterroriza la idea de quedarse para siempre en el mismo sitio. Es una situación de explotación y chantaje, terrible para el futuro del país.

P. No se le ve muy optimista...

R. Hay una relación demasiado estrecha de la política en la vida cotidiana. Desde hace 50 años o más en Italia no sucede nada si la política no lo permite. Es como un cáncer, un precio que el país no puede pagar más. Todos lo sabemos, pero no se puede cambiar el sistema. Incluso para trabajar como médico necesitas un carné político.

P. Volviendo a la novela, es notable el esfuerzo por reflejar los diferentes lenguajes de los personajes.

R. Eso es lo que más me gusta del libro. Todo ese trasfondo social y político debe ser finalmente literatura. Decidí no utilizar un narrador externo y asumir las voces de cada personaje, sus jergas, para tratar de mostrar la estratificación de la lengua. La madre de Emma habla como una romana de la periferia, Antonio habla feo aunque piensa profundamente, el joven tiene su jerga alternativa, la adolescente su idioma sms. Cada una tiene su música...

P. Supongo que haría mucho trabajo de campo.

R. En Vita, la investigación era de archivo y de escuchar a los testigos. Grabé cientos de conversaciones. Aquí pedí ayuda a gentes de oficios diversos, policías, escoltas, una política a la que seguí en campaña electoral... Se trataba de reflejar cómo suena la vida cotidiana. Estuve unos días en una tienda de tatuajes oyendo a los jóvenes que se hacían piercings, tratando de ser invisible; y con una enfermera del Policlínico hice un reportaje recogiendo las cosas que decían las mujeres agredidas por sus maridos, fingían haber caído por las escaleras...

P. Ahora está investigando en Venecia. ¿Es el próximo libro?

R. Cada libro es una aventura y llevo muchos años detrás de esa historia; surgió cuando escribía Ella, tan amada. Trata de otra familia italiana, la de Tintoretto, el pintor. Tuvo nueve hijos, cinco de ellos mujeres, y siempre me ha gustado moverme ahí, padres, hijos, hijas... Y siempre me interesó Tintoretto, es un tipo fascinante, otro olvidado en buena medida. Al final, han salido dos libros gemelos, ya están acabados. Una novela, ficción libre, que cuenta la historia de una típica familia veneciana en esa época fascinante, y un ensayo, una especie de historia de la familia, biografía de 40 personas y de su vida cotidiana, que trata de recuperar la memoria del papel de las mujeres. He aprendido a leer los documentos del siglo XVI en veneciano, ha sido muy gratificante.

P. El Véneto siempre ha sido considerado territorio extranjero...

R. Sí, siempre se dice que Italia era la República independiente de Venecia en el norte, el Papa en el centro y un sur italiano. Curiosamente, el carácter de la Italia actual es muy parecido al del Véneto antiguo, la estructura social, la democracia, las relaciones con la juventud. En el siglo XVI todo eso estaba allí. Era la época de la Contrarreforma y las familias eran muy largas, había separaciones de hecho, concubinas... Hay un gran contraste entre la verdad y la historia oficial.

P. Bueno, quizá se trate simplemente de respeto a las apariencias.

R. Sí, es extraño, somos el país más católico del mundo y cuando decimos una cosa hacemos la contraria. Yo me rebelo contra eso desde pequeña. No importa lo que un padre dice sino lo que hace. Nunca he seguido ningún canto. No me dejo mecer por esa música. Y todavía me parece raro que los demás lo hagan.

P. Ahora que va a Guadalajara representando a la literatura italiana, ¿cree que se puede hablar de una nueva narrativa? ¿Hay una generación de calidad?

R. Creo que en los últimos años, si no un renacimiento, al menos ha habido una renovación. Se ha recreado un pacto muy sólido con los lectores, desde el vacío, porque hemos pasado un periodo de un cine y una literatura muy elitistas, de autores muy buenos pero poco conocidos, que producían desconfianza en el público. Recuerdo que en 1996, cuando escribí mi primera novela, El beso de la medusa (Seix Barral y Planeta-De Agostini), casi nadie leía libros italianos, y pensé "¡Madonna, yo tampoco los leo!". Ahora eso ha cambiado, la nueva generación ha restablecido el hilo con los lectores, la fusión literatura-cine nos permite llegar a mucha gente, y la sociedad literaria está renaciendo. Es un momento bueno, de cambio. En los momentos más feos de Italia, la literatura siempre nos ha salvado, ha sabido contar las cosas que pasan. Es el único optimismo que nos queda. Hay jóvenes muy interesantes ahí fuera, espero que sepamos valorarlos bien.


* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 19 de septiembre de 2008.




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