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viernes, 27 de diciembre de 2019

Los 25 mejores libros del siglo XXI / Alice Munro / Demasiada felicidad



Los 25 mejore

libros


del siglo XXI

No 25

Alice

Munro


Demasiada  FELICIDAD

Reseña de Javier Moreno
22 de marzo de 2013

Alice Munro
Ilustración de T.A.
Demasiada felicidad es una colección de relatos que la escritora canadiense Alice Munro publicó en 2010.
En uno de ellos cuenta la historia de una mujer que viaja regularmente a un sanatorio a visitar al hombre que asesinó a sus hijos. Sus razones no son humanitarias ni el producto de misericordia religiosa. La mujer visita al asesino aunque lo odia porque sólo con él puede hablar de sus hijos muertos. Comparten el recuerdo.
Por más de cuarenta años Alice Munro ha escrito novelas de terror de entre diez y treinta páginas donde condensa vidas enteras de mujeres perdidas en un mundo construido sobre la amenaza recurrente de inviernos literales y figurados (que aniquilan y limpian). Sus historias son (cada vez más) devastadoras pero en conjunto sugieren que aunque la miseria es inevitable, es posible encontrar alivio temporal en medio de la desolación.
Alice Munro

En el relato titulado Demasiada felicidad, que cierra el libro, Munro escapa temporalmente de la ficción y de su Ontario natal para contar los últimos años de Sofía Kovalévskaya (1850-1891), la primera gran matemática rusa. Kovalévskaya fue una pionera que luchó contra prejuicios y tradiciones que le impedían estudiar y trabajar como matemática por ser mujer. Junto a Vladimir, su marido por conveniencia y amigo por convicción y afinidad, escapó de Rusia (pero sobre todo de su familia) y viajó por Europa, donde gracias a sus aportes a la teoría de ecuaciones diferenciales y sistemas dinámicos ganó el respeto y amistad de Karl Weierstrass, uno de los matemáticos más reputados de su tiempo. Frustrada por los rechazos y discriminaciones, Kovalévskaya contempló brevemente dejar la matemática y resignarse a la vida que la sociedad le imponía. Durante esos años escribió obras de teatro y artículos de divulgación científica (labores más tolerables y menos desgastantes que la matemática) y accedió a tener un hijo con Vladimir, pero luego decidió retomar su pasión y abandonó a su familia. En 1883, el mismo año que Vladimir se suicida asolado por una depresión que lo atormentaba desde siempre, Kovalévskaya consigue una plaza como profesora en la universidad de Estocolmo. Por desgracia muere de gripa sólo ocho años después.
Las mujeres de Alice Munro cargan sus llagas abiertas, asimilan sus tragedias, asumen sus decisiones y aprenden a respirar bajo la tristeza. La vida las destruye pero jamás las derrota. Sus relatos de largo aliento son un antídoto contundente (aunque doloroso) contra la trivialización inmediatista y las indignaciones coyunturales que consumen nuestros días.

Alice Munro
DEMASIADA FELICIDAD
Reseña de Karina Ortíz

El cuento es uno de los géneros literarios más ricos en producción; la asociación natural de su construcción es para dirigirse a las niñas y a los niños, sin embargo el relato constituye también una forma de acercarse a la vida cotidiana, a la intimidad de un suceso que puede ser breve o llegar a extenderse. Pareciera que un cuento fue relegado a una profundidad menor en contraste con la novela, como el patito feo de la literatura, pero a través del tiempo hemos visto que esto se ha transformado, todo esto lo digo por el libro que reseñamos en Historias sin Spoilers, Demasiada Felicidad de Alice Munro.
Alice Munro es una cuentista canadiense, está considerada como una de las escritoras actuales más destacadas en lengua inglesa. En 2013 le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura.

Creció en Wingham, Ontario, en el seno de una familia de granjeros, esta experiencia influye gran parte de sus relatos, estudió en la Universidad de Western Ontario. Es autora de doce volúmenes de relatos, dos antologías y una novela. Además del Nobel ha obtenido distinciones entre las que destacan el National Book Critics Circle Award y el Man Booker International Prize. Ha sido traducida a trece idiomas.
Demasiada Felicidad se conforma por 10 relatos que en mayor o menor medida hablan de la convivencia humana desde los vacíos, matrimonios fallidos, soledades de personajes que se enfocan en una cotidianeidad de pueblos fríos canadienses, algunos con unos giros inesperados y dolorosos, como en Dimensiones, el cuento con el que abre el libro, que habla de una madre que pierde a sus tres hijos de forma inesperada y su camino para sanar y reconstruir su vida. El Filo de Wenlock aborda un encuentro muy sui generis entre una estudiante y un hombre con fijaciones extrañas, es creo el relato con un tinte más gótico del libro.
Radicales libres posee un ritmo y una tensión que lo convierten, en uno de los más especiales del libro. Una mujer recién enviudada y enferma de cáncer se plantea qué hacer con una casa demasiado grande para una mujer sola y enferma, y con todo el mobiliario y objetos que pertenecieron a su marido. La acción da un giro cuando la viuda recibe una visita inesperada de un desconocido.
Alice Munro y Margaret Atwood

Demasiada felicidad es el relato que da título al libro. El cuento narra, de forma biográfica, la historia real de la matemática rusa Sofia Kovalevski, que vivió entre 1850 y 1891. Ejemplo de mujer independiente y liberada, esta mujer recorrió toda Europa sin renunciar nunca a su independencia. Empeñada en convertirse en profesora universitaria, consiguió gracias a su talento y a su tesón que la contratasen como profesora en la Universidad de Estocolmo. Se trata de un cuento bastante reivindicativo de la que fue, hace siglo y medio, una de las primeras mujeres que pugnaron por la igualdad entre hombres y mujeres, y como ella consigue su propósito.
Podríamos hablar del resto de los cuentos pero no queremos spoilers, pero a medida que iniciamos un cuento vemos por un lado la capacidad de construir historias hacen de Munro una narradora destacada, que además nos regala una pequeña novela en cada historia que a menudo parten de hechos absolutamente triviales. Casi todos los cuentos de Munro contienen realidades ocultas, secretos y culpas a las que nos asomamos sin saber muy bien qué nos vamos a encontrar.
Es difícil superar a Dimensiones, no es que el resto de los relatos sean malos pero reponerse de ese cuento les costará, así que les invito a que se preparen. Los diez cuentos despiertan algo y eso es lo más destacado, no hay retorno cuando comienza una historia que Alice Munro nos cuenta, sencillamente ya no puedes detenerte.
Lo que más me gusta de las historias de Alice, son sus personajes femeninos, que se presentan como seres más complejos que los masculinos y que contrario a lo que podría caracterizar a la época desde dónde se sitúan las historias, la forma en que responden ante la adversidad es sorprendente. Esto, creo, reflejo de su propia vida, en dónde a pesar de sus labores como esposa y madre de 3 hijos buscó los espacios para escribir y desarrollarse como la gran escritora que es, y que siempre estuvo ahí en sus deseos profundos.
Celebro la sorpresa que encontramos en Demasiada Felicidad y les invito que se acerquen a esta maravilla de vivencias cotidianas enmarcadas por el dolor, la alegría, las memorias y la certeza de que todo lo que nos sucede marca una experiencia imborrable. El libro está editado por De Bolsillo es una edición de 2013.
UNIVERSIDAD DE COLIMA



LOS 25 MEJORES LIBROS DEL SIGLO XXI

jueves, 26 de diciembre de 2019

Los 25 mejores libros del siglo XXI / Javier Cercas / Anatomía de un instante



Los 25 mejore

libros

del siglo XXI

No 24

Javier Cercas

ANATOMÍA DE UN INSTANTE 



Ricard0 Cayeuela Gally
31 de octubre de 2009

Anatomía de un instante es un notable libro a caballo entre la investigación periodística y la reflexión histórica sobre el golpe militar del 23 de febrero de 1981, suceso clave de la transición democrática que estuvo a punto de regresar a España a la época de las cavernas. Conocido en México por sus novelas, sobre todo por Soldados de Salamina (2001) y su columna en El País Semanal, Javier Cercas (Cáceres, 1962) sorprende con un volumen basado exclusivamente en hechos reales, con la ventaja, frente a otros libros de su género, de tener a su servicio la inteligencia estructural y la gracia de un consumado narrador; ahora los “trucos” del novelista –incluido el timbre emocional– están al servicio de una historia verdadera que literalmente se devora.




La transición española enfrenta dos peligros paralelos: la idealización y el desconocimiento. Anatomía de un instante es un libro que nace para combatir ambos. Su lectura demuestra cómo la transición no fue precisamente un pacto entre caballeros y cómo el camino estuvo sembrado de espinas. Y también cómo todo pudo malograrse en al menos tres ocasiones: la restauración de la Generalitat catalana, con el regreso del exilio del presidente Tarradellas (1977); la legalización del Partido Comunista, tras arduas y secretas negociaciones entre Adolfo Suárez y Santiago Carrillo (1977), y la promulgación por referéndum de la nueva Constitución, que regresaba la soberanía al pueblo español, establecía la pluralidad partidista y garantizaba las libertades individuales, amén de dejar sentadas las bases del futuro Estado autonómico (1978). Todo en un ambiente de desencanto por la crisis económica, el desempleo de la primera gran reconversión industrial, la lentitud en las reformas para dejar atrás el farragoso sistema legal heredado de la dictadura, el ruido de sables en los cuarteles y los casi doscientos asesinatos anuales de eta, en los así llamados “años de plomo”. Realidad opuesta a la imagen que la mayoría de los españoles tiene de aquellos años.

Obviamente el momento crucial fue el 23 de febrero. Cercas parte de un enfoque generacional que intenta discutir las verdades heredadas sobre el hecho y el comportamiento de sus protagonistas. Y sus conclusiones son demoledoras. Por ejemplo, que el golpe estuvo a punto de triunfar; por ejemplo, que la Casa Real mantuvo una actitud ambigua durante muchas de las horas cruciales de ese día; por ejemplo, que la sociedad civil se quedó paralizada del miedo y que las manifestaciones de protesta estallaron tras el fracaso del golpe; por ejemplo, que tres conjuras coincidían ese día y que, en alguna de sus facetas, el golpe era apoyado por mucha más gente de la que uno podía llegar a sospechar.


Ilustración de Hugo Gonzales


Anatomía de un instante parte de una foto fija, la que muestra el Congreso de los Diputados tras ser asaltado por el teniente coronel Antonio Tejero. Como se sabe, esa fría tarde de invierno se votaba la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo en sustitución de Adolfo Suárez para la presidencia del gobierno y, por lo tanto, era el momento ideal para intentar un golpe, con dos de los tres poderes del Estado reunidos en sesión solemne. La anacrónica estampida de guardias civiles en el parlamento, con gritos y disparos salidos de las profundidades carpetovetónicas, obligan a los diputados a buscar refugio debajo de sus escaños. Sólo tres permanecen en sus asientos: el presidente Adolfo Suárez, el vicepresidente y ministro de Defensa Manuel Gutiérrez Mellado, y el líder comunista Santiago Carrillo. El libro es en muchos sentidos un intento de dotar de sentido ese gesto heroico de tres personalidades divergentes y en decadencia. ¿Puede un instante dignificar una vida? ¿Por qué no buscaron refugio como los demás? ¿Cuál es la historia de sus vidas? Anatomía de un instante responde puntualmente a estas tres preguntas, y al hacerlo propone también una suerte de biografía a tres bandas:

La de Adolfo Suárez, un arribista del tardofranquismo, inculto y desorganizado pero encantador y carismático, con una meta fija en su vida: llegar al poder. Con Franco vivo, dentro de la lógica del sistema, escala lentamente, ayudado por relaciones familiares de su mujer hasta ser líder del Movimiento (que incluía no sólo la jefatura del partido único sino de todas las organizaciones de masas del Estado fascista), y sin mostrar ningún atisbo de rebeldía o disconformidad. Con Franco muerto, es leal al débil poder del Rey para buscar su designación a dedo como jefe de gobierno y convertirse, tras las primeras elecciones en medio siglo en España, en el incierto timón de la transición; tan incierto que tuvo que renunciar al poder en favor de otro miembro de su partido sin elecciones de por medio; tan incierto que, cuando presenta su renuncia, el Rey se limita a decirle a su ayudante “este se va”.

La de Gutiérrez Mellado, el joven militar que traiciona a la República y apoya el levantamiento del 18 de julio de 1936, origen de la Guerra Civil, y que evoluciona lentamente en las telarañas del régimen hasta volverse casi un humanista de claro signo democrático y un aliado indispensable de Suárez, lo que le valió el desprecio de sus compañeros de armas.

Y la de Santiago Carrillo, de oscuro pasado en la guerra por sus crímenes en Paracuellos de Jarama, cuando los responsables comunistas de la seguridad de Madrid, abandonada por el gobierno de la República, deciden sacar a los presos franquistas de la cárcel Modelo –ante la falsa suposición de la caída de la ciudad– y fusilarlos sin juicio en esa localidad madrileña (algo que Cercas exculpa sin resultar demasiado convincente); que mantuvo con puño de hierro la dirección del partido en el exilio, sorteando los dictados de Moscú y jugándose el tipo en la clandestinidad antifranquista, y que supo renunciar a su ideario para formar parte de la vida democrática española, gesto que los electores le agradecieron olvidándolo en cada votación.

En el 23-F confluyen en realidad –es la tesis innovadora del libro– tres golpes simultáneos. El obvio de Tejero, con un ideario nacido del espíritu de cuerpo de la Guardia Civil, herido por el terrorismo, que ve en los comunistas y los “separatistas” vascos y catalanes a la “anti-España”; el de Milans del Bosch, líder de los militares recalcitrantes, una verdadera hermandad de privilegios y canonjías, con contactos en el mundo empresarial y mediático, unidos contra la pérdida de poder y dinero que inevitablemente conllevará la democracia, y el del general Armada, antiguo preceptor del Rey que, valiéndose de su cercanía con el monarca, aprovechando el desconcierto de aquellos años, había buscado el aval de la clase política para encabezar un gobierno de unidad nacional. Cercas estudia los movimientos de Armada, sus reuniones –algunas abiertas, otras clandestinas– con representantes de casi todos los grupos políticos, incluidos miembros del partido en el poder, y la buena sintonía que tiene con ellos, salvo con los falangistas, que quieren dinamitarlo todo, y con los comunistas, que gracias a la alianza Carrillo-Suárez son los más leales a las incipientes reglas del juego democrático.

El 23 de febrero Tejero da un golpe, apoyado además por miembros destacados del servicio secreto español; Milans del Bosch se suma con la intención de encabezarlo desde la guarnición de Valencia, tanques en las calles incluidos, y Armada pretende hacer pasar su iniciativa personal de visitar el Congreso como “mediador” como una encomienda del Rey para imponer a los diputados secuestrados su conocido plan de un gobierno de unidad nacional. Este verdadero enredo, última comedia de capa y espada española, fracasó por tres razones fundamentales: porque el jefe de la Casa Real, Sabino Fernández Campos, desmintió que Armada fuera de parte del Rey, negando su estadía en la Zarzuela con la célebre frase “ni está ni se le espera”, y porque Tejero se escandalizó al ver en la lista de Armada del supuesto gobierno de unidad nacional a “separatistas y rojos”. La tercera razón, que la mayoría de la gente piensa única, es la actitud del Rey a partir de cierto momento de la noche, que decide frenar el golpe, hablar con los jefes de guarnición para impedir que se sumen a las soflamas de Milans del Bosch y ya de madrugada da su célebre discurso en la televisión en favor de la Constitución y la democracia.

La tesis más atractiva de Anatomía de un instante es que Tejero, intentando dar un golpe de Estado franquista, en realidad fue quien lo detuvo. Lo cierto es que el 23 de febrero supuso un revulsivo nacional de proporciones copernicanas que acabó por vencer las resistencias al cambio en los duros del régimen franquista, despertó a la sociedad de su letargo apolítico, legitimó a la Corona frente al pueblo español, y a la postre posibilitó el triunfo socialista de 1982, lo que sepultó a la dictadura franquista en el añoso armario del pasado.

Friso de la transición, biografía de tres hombres fundamentales, autobiografía en clave y lectura generacional de una época axial, Anatomía de un instante, de Javier Cercas, es un ajuste de cuentas con el pasado reciente de España que separa la paja del trigo de los verdaderos artífices de su democracia. Y que, al mismo tiempo, funciona para lectores ajenos a estos hechos como una historia universal de la infamia, la ambición, el poder y el heroísmo redentor.

Coda entre corchetes:

[Una hipótesis personal es que el libro es también una suerte de respuesta tácita a Arcadi Espada, con quien el autor sostuvo una agria polémica a propósito del uso de la verdad en la ficción. La cosa fue más o menos así: en sus Diarios (Espasa Calpe, 2002), Espada le reprochó a Cercas, con ironía y cierta displicencia, que utilizara la conocida estrategia del novelista de justificar la ambigüedad entre los hechos reales y la imaginación al hablar de la Guerra Civil y Soldados de Salamina; Cercas le respondió con acritud en la revista Quimera con una escolar réplica en torno a la “verdad de las mentiras” y en defensa de la ficción como forma autónoma del conocimiento; Espada lo parodió reproduciendo íntegro su artículo y señalándole tan sólo entre corchetes errores e incongruencias, en una feliz técnica suya de debate; y finalmente, Cercas narró en su columna de El País Semanal un encuentro con Espada en el aeropuerto, varios años después, cuando dice no acordarse del pleito y ante el desconcierto de Espada, saludarlo como los viejos colegas que fueron del extinto Diario de Barcelona –columna que mereció de nuevo los corchetes de Espada. En el prólogo a Anatomía de un instante, Cercas explica cómo el libro estaba pensado originalmente como una novela y que la documentación previa le convenció de que la ficción sería un estorbo ante una historia verdadera tan poderosa. Justamente, la tesis sostenida por Espada en su polémica. En cualquier caso, la revancha intelectual es un plato que se sirve escrito. Como tengo a Espada como una figura imprescindible de la España contemporánea y como un hombre honesto, espero ansioso su reseña de Cercas. Aunque a estas alturas quizá lo único que suceda es que sea yo quien me gane sus temibles corchetes.]

LETRAS LIBRES



LOS 25 MEJORES LIBROS DEL SIGLO XXI

miércoles, 25 de diciembre de 2019

Los 25 mejores libros del siglo XXI / Kazuo Ishiguro / Nunca me abandones




Mauricio Montiel Figueiras
28 de febrero de 2006


Antes que nada, una confesión: he leído las seis novelas de Kazuo Ishiguro (1954), nacido en la renacida Nagasaki pero establecido en Inglaterra desde 1960, con la confianza de que es uno de los escritores contemporáneos que pasará la prueba del tiempo, el más temible e imparcial de los jueces. Junto con algunos de sus compañeros de generación (Martin Amis, Julian Barnes, Ian McEwan), el japonés confirma que el dream team británico registrado célebremente por la revista Granta ha venido a convertirse en una realidad empeñada en abrevar de una rica tradición para poder redefinir las letras inglesas. He leído Pálida luz en las colinas (1982), Un artista del mundo flotante (1986), Los restos del día (1989), Los inconsolables (1995), Cuando fuimos huérfanos (2000) y Nunca me abandones (2005) convencido de que el de Ishiguro es un proyecto anclado en dos vastos hemisferios: los laberintos y mecanismos de la memoria —sus narradores en primera persona suelen recordar por episodios que acaban por tejer el tapiz de un presente signado por el pasado— y la pérdida, asunto que roza lo metafísico y parece constituir el gran tema de la literatura moderna.

     "Ishiguro se distingue como uno de los más elocuentes poetas de la pérdida", dice Joyce Carol Oates, y las evidencias son irrefutables: Etsuko, una japonesa cincuentona instalada en Inglaterra, examina su vida marcada por el suicidio de Keiko, su hija mayor (Pálida luz en las colinas); Masuji Ono, un anciano pintor, intenta explicar(se) por qué renunció a las enseñanzas de sus maestros para retratar el imperio militar que se esfumaría luego de la Segunda Guerra Mundial (Un artista del mundo flotante); Stevens, mayordomo que continúa una estirpe de servidumbre, viaja durante una semana por la campiña británica en busca no sólo de un sentido para su malograda existencia sino de la mujer que no pudo ni quiso retener (Los restos del día); Ryder, pianista reconocido, llega a una ciudad europea sin nombre y nota que su identidad se ha disuelto en el personaje público en que se ha transformado (Los inconsolables); Christopher Banks, detective, regresa a su natal Shanghái en la era del conflicto sinojaponés para investigar la desaparición de sus padres y toparse con el ideal femenino, que deja huir emulando a Stevens (Cuando fuimos huérfanos).








     Si Pálida luz en las colinasUn artista del mundo flotante Los restos del día integran un tríptico velado sobre las heridas legadas por la Segunda Guerra Mundial y su difícil proceso de cicatrización, Cuando fuimos huérfanos Nunca me abandones componen un díptico sobre la orfandad y el exilio más psíquico que físico. En todas, no obstante, impera una prosa diáfana y pulida que hechiza igual que el opio traficado en el Shanghái de los años treinta. En todas prevalece una noción precisada así: "Es muy importante sentirse nostálgico. Cuando nos sentimos nostálgicos, recordamos. Al crecer descubrimos un mundo mejor que éste. Recordamos y deseamos que volviera ese mundo mejor."



En mi memoria, la vida en Hailsham se divide en dos grandes épocas bien diferenciadas [...] Los primeros años [...] tienden a desdibujarse y a superponerse en una especie de edad de oro, y cuando pienso en ellos, incluso en las cosas que no fueron tan buenas, no puedo evitar sentir como una fulguración dentro. Pero los últimos años los siento de una forma diferente. No es que fueran exactamente infelices —tengo multitud de recuerdos muy caros de aquel tiempo—, pero fueron mucho más serios, y, en determinados aspectos, más sombríos.
Kazuo Ishiguro
Sciammarella



Quien habla es Kathy H., la voz que lleva la batuta narrativa en Nunca me abandones y que podría decir, junto con la Etsuko de Pálida luz en las colinas: "Sé que no se puede confiar del todo en los recuerdos. A menudo las circunstancias en que los rememoramos los tiñen de matices diferentes." El espacio al que alude (Hailsham) es una mezcla de falansterio e internado arcádico que fusiona —aunque suene increíble— la rigidez victoriana y cierta laxitud hippie y cuyo nombre resulta, desde el principio, una advertencia simbólica: Viva la copia.



     Rodeados por un bosque donde palpitan resabios góticos que remiten a La aldea (M. Night Shyamalan, 2004), reducidos sus apellidos a iniciales kafkianas (Peter B., Susie K.) que subrayan su carencia de padres y su incapacidad de procrear, fomentadas sus dotes artísticas por profesoras o guardianas que confían en Madame, la mujer belga o francesa que un par de veces al año acude al instituto para elegir los trabajos que exhibirá en un misterioso sitio llamado la Galería, los pupilos de Hailsham maduran en su orbe autosuficiente ("No teníamos sino nociones muy vagas del mundo exterior, y de lo que en él podía ser posible o imposible") en medio de una limpidez bucólica; limpidez que, sin embargo, devela poco a poco una penumbra agazapada, un núcleo oculto: "Se percibía en el aire como un barrunto de que alguien estaba callando algo." Fiel a las tácticas de Henry James, la incertidumbre termina por exponer su reverso en forma de un hallazgo insólito: los pupilos de Hailsham son protegidos con celo porque su misión no es otra que ser cuidadores (como Kathy) o donantes de órganos (como Tommy y Ruth, sus amigos entrañables). Y aún más: el colegio es la punta de lanza de un movimiento que propone un sistema de clonación bañado paradójicamente por el fulgor humanista. El estímulo de las aptitudes artísticas en los clones, admite la decana de las maestras, se vincula a un interés espiritual: "Pensábamos que [los trabajos] nos permitirían ver su alma. O, para decirlo de un modo más sutil, demostrar que tenían alma [...] Demostramos al mundo que si los alumnos crecían en un medio humano y cultivado, podían llegar a ser tan sensibles e inteligentes como los seres humanos normales. Antes de eso, los clones [...] no tenían otra finalidad que la de abastecer a la ciencia médica."



     Gracias a esta revelación, y pese a ubicarse a finales de la década de 1990, Nunca me abandones se aparta de los rumbos por los que había vagado —la Bildungsroman, la iniciación sexual— para ingresar en los dominios de la fábula futurista, género pródigo en resonancias que ha sido explorado de Aldous Huxley (Un mundo feliz) a Michel Houellebecq (La posibilidad de una isla) pasando por Michael Bay, cuyo filme La isla guarda sospechosas corres pondencias con la novela de Ishiguro. Parientes de los replicantes de Blade Runner, de Wong Kar-wai, las copias educadas en Hailsham deben asumir su desamparo tecnológico: la clonación como principal suministro de huérfanos estériles diseñados para prolongar la existencia de los "posibles", es decir, de las personas que les han servido de modelo. Ansiosos por encajar en un orbe al que pertenecen sólo como utopía científica, los clones se aferran a las escasas señas de identidad que rescataron de su Arcadia juvenil: ahí está, por ejemplo, el casete que incluye "Nunca me abandones", la balada favorita de Kathy H. que se vuelve un réquiem por el tiempo irremisiblemente perdido. (El álbum ficticio en que figura la balada, Canciones para después del crepúsculo, se graba en 1956, año en que se desarrolla Los restos del día.) Extraviado en Hailsham, el casete reaparece en Norfolk, el lugar "adonde iban a parar todas las cosas perdidas del país" y en el que ocurre el triste desenlace de la novela. Una tarde ventosa, al cabo de la muerte de Ruth y Tommy, Kathy H. se detiene junto a un alambrado y unos árboles llenos de detritos: "Pensé en todos aquellos desperdicios, en los plásticos que se agitaban entre las ramas, en la interminable ristra de materias extrañas enganchadas entre los alambres de la valla, y entrecerré los ojos e imaginé que era el punto donde todas las cosas que había ido perdiendo desde la infancia habían arribado con el viento." La nostalgia es muy importante, insinúa Kazuo Ishiguro, aunque seamos clones con los días contados. 

LETRAS LIBRES




RETRATOS AJENOS

FICCIONES

Never Let Me Go by Kazuo Ishiguro / Clone alone
Top 10 opening scenes in books
Kazuo Ishiguro / Vargas Llosa / Uma crítica de grande delicadeza


RIMBAUD
Biographie / Kazuo Ishiguro
Kazuo Ishiguro / Citation / Mes livres
La dignité selon M.Stevens / « Les vestiges du jour » de Kazuo Ishiguro

DANTE
Kazuo Ishiguro / «Il Nobel a me? Ho pensato fosse una bufala»


LOS 25 MEJORES LIBROS DEL SIGLO XXI