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sábado, 6 de enero de 2024

El oficio de escribir / Los detalles y las moscas

Gay Talese
Gay Talese.

LOS DETALLES Y LAS MOCAS Un detalle de mierda

Era la primera semana de agosto y yo no tenía donde caerme muerto, así que me fui al Reina Sofía, como otras veces. Me acomodé de pie ante el Guernica, vagamente interesado en el cuadro. Me gustaba tenerlo como banda sonora, acunando mis pensamientos mientras atendía al entorno. En este cuadro es muy importante precisamente el entorno, la atmósfera de que se rodea, los murmullos, las moscas, si las hay. Ese día, a última hora de la tarde, sucedió algo poco habitual, y durante unos minutos nos quedamos a solas con la pintura cuatro visitantes. Fue un instante mágico, de una soledad confortable y fresca. Todos estudiaban los secretos de la obra menos yo, que me fijé sin querer en uno de los vigilantes, en cuya frente se había detenido una mosca. Cuando la perdí de vista, desganado, advertí con fascinación que el vigilante estaba empalmado. No supe reprimir la risa, que apagué como pude con una mano. Hostia santísima, me dije, mientras comprobaba si las otras tres personas seguían mirando con obstinación la pintura. Lo hacían. En el siguiente minuto la erección siguió allí. El vigilante, curiosamente, parecía ignorarla, impertérrito, tal vez demasiado ocupado en tareas de vigilancia. En fin. Cuento esto porque ese instante fue la última constatación brutal de qué importantes son los detalles insignificantes.

viernes, 30 de diciembre de 2022

David Levine / Nabokov

 


David Levine
VLADIMIR NABOKOV













Nabokov / Citas


Vladimir Nabokov
Biografia
OPINIONES CONTUNDENTES

Estas opiniones las dio Nabokov durante su intervención en el programa de televisión Apostrophes, de Bernard Pivot.
 “Soy un escritor americano nacido en Rusia, educado en Inglaterra, donde estudié literatura francesa, antes de pasar quince años en Alemania”.
“Pienso como un genio, escribo como un autor distinguido y hablo como un niño”.

Nabokov también quiso ser Shakespeare




Vladimir Nabokov escribe en un cuaderno en su cama en 1958.
Vladimir Nabokov escribe en un cuaderno en su cama en 1958.  THE LIFE PICTURE COLLECTION / GETTY IMAGES

Nabokov también quiso ser Shakespeare

Se publica por primera vez en español una obra teatral de juventud del autor de 'Lolita', inédita durante casi un siglo, con gran influencia del dramaturgo inglés


RAQUEL VIDALES
18 JUN 2020 - 17:05 COT

En sus primeros años de juventud, cuando firmaba con el seudónimo de Vladímir Sirin y todavía se estaba probando como escritor, Vladímir Nabokov cultivaba mucho más la poesía y el teatro que la narrativa. No hay que olvidar que el autor de Lolita se crio en San Petersburgo en una familia aristocrática a principios del siglo XX, una época de gran actividad escénica en Rusia, con Chéjov y Stanislavski en plena ebullición. Así que tras exiliarse con su familia a Berlín en 1919 huyendo de la revolución bolchevique, lo primero que escribió fueron poemas, cuentos y obras teatrales, estas últimas muy influidas por los dramas en verso de Pushkin, que no obstante no llegaron a dejar huella en su carrera literaria.

jueves, 29 de diciembre de 2022

Nabokov / Una carta que nunca llegó a Rusia


Vladimir Nabokov
UNA CARTA QUE NUNCA 
LLEGÓ A RUSIA

Mi adorable, mi muy querida y lejana, me imagino que no habrás olvidado nada en los más de ocho años que dura ya nuestra separación, si es que aún consigues recordar a aquel guarda canoso con su librea azul que ni se molestaba siquiera en mirarnos cuando hacíamos novillos para encontrarnos en aquellas mañanas heladas de San Petersburgo, en el Museo Suvorov, tan polvoriento, tan pequeño, tan semejante a una suntuosa caja de rapé. ¡Con qué ardor nos besábamos a espaldas de aquel granadero engominado! Y más tarde, cuando por fin nos liberábamos de aquellas antigüedades polvorientas y salíamos a la luz, cómo nos deslumbraba el resplandor de plata del parque Tavricheski, y qué extraño resultaba oír los gruñidos alegres, ávidos, profundos de los soldados, que se lanzaban unánimes a las órdenes de su comandante, resbalando por el suelo helado, embistiendo con su bayoneta a un muñeco de paja con casco alemán en medio de una calle de San Petersburgo.

Nabokov / Un cuento de hadas


Vladimir Nabokov
UN CUENTO DE HADAS

1


¡La fantasía, el vuelo, los arrebatos de la fantasía! Erwin los conocía muy bien. Al tomar el tranvía, procuraba sentarse sobre la mano derecha, para estar tan cerca de la acera como fuera posible. Así, dos veces al día, en su viaje de ida y en su viaje de vuelta de la oficina, Erwin observaba por la ventanilla y seleccionaba su harén. ¡Dichoso Erwin, dichoso por vivir en una ciudad alemana tan conveniente, tan propia de un cuento de hadas!

jueves, 8 de diciembre de 2022

La verdadera historia de la Lolita de Nabokov



La verdadera historia de la Lolita de Nabokov




El caso del terrible crimen real que inspiró al escritor que a su vez inspiró a Kubrik y que la cultura pop ha tergiversado con gafas rojas.

Rafael Galán
18 de agosto de 2022


La promoción de la película de Stanley Kubrik Lolita basada en la novela del escritor Vladimir Nabook se sustentaba sobre una provocativa frase: "¿Cómo puede ser que hayan hecho una película de Lolita?". La frase iba acompañada de un primer plano (¿o era al revés: el primer plano iba acompañado de la frase?) de Sue Lyon con unas gafas rojas con dos corazones enmarcando los cristales tintados y devorando una piruleta también con forma de órgano vital. Unas gafas que, por cierto, sólo están en el cartel de la película porque lo que se dice salir en la cinta, no salen.

Nabokov / Sobre un libro llamado Lolita


Vladimir Nabokov
SOBRE UN LIBRO LLAMADO «LOLITA»
Epílogo de «Lolita»


Después de personificar al suave John Ray, el personaje de Lolita que escribe el Prólogo, todo comentario directamente surgido de mí quizá parezca –a mí mismo, en realidad– una personificación de Vladimir Nabokov, que habla sobre su propio libro. Sin embargo, deben discutirse algunos puntos, y el recuerdo autobiográfico puede incitar a fundir imitación y modelo.

Nabokov antes de Lolita

 

Nabokov antes de

Lolita 




Estefanía Camacho
23 de abril de 2019

El escritor que puso en el mapa a una generación completa de escritores en el exilio

Vladimir Nabokov nació el 10, el 22 y el 23 de abril de 1899 en San Petersburgo, Rusia. La explicación tan engorrosa para sus biógrafos y oficinas de migración la ofreció él mismo en sus memorias. Bajo el calendario Juliano que Rusia utilizaba el año en que nació, Nabokov llegó al mundo al amanecer del 10 de abril. El calendario gregoriano –que se adoptó poco después de la revolución rusa–, recorrió la fecha doce días hacia adelante, por lo que el cumpleaños de uno de los escritores más importantes del siglo XX se celebró a partir de entonces el 22 de abril. Más adelante, el desplazamiento de la revolución bolchevique y su consecuente expatriación, las autoridades recorrieron un día más su fecha de nacimiento y por ello su pasaporte la reporta como 23 de abril. Este último dato lo llevó a compartir fecha de nacimiento con William Shakespeare, en honor a quien se instituyó el Día Internacional del Libro, un asunto que parecía no molestarle; tampoco el compartir aniversario con la actriz hollywoodense Shirley Temple. 

Nabokov / El original de Laura / Morir es divertido


Vladimir Nabokov
El original de Laura. 
Morir es divertido

Javier Aparicio Maydeu
30 junio 2010



Durante la primavera de 1977 la mala salud obligó a Nabokov a sustituir el lujoso hotel Montreux Palace por una clínica de Lausana en la que seguiría escribiendo febrilmente The Original of Laura, la novela incompleta, trunca y póstuma que su hijo Dmitri decidió publicar contra la voluntad de su padre, que quiso que el pálido fuego de las llamas del olvido la quemaran, como quiso que ardiera Lolita. Alfred A. Knopf la publicó en Nueva York, en 2009, en una hermosísima edición facsímil de la que el lector puede extraer todas y cada una de las 138 fichas de archivador en las que Nabokov también escribió, como hizo con sus obras anteriores, esta novela in progress apenas si esbozada y aún por desarrollar (“Me gusta escribir mis cuentos y novelas en fichas, numerándolas luego cuando toda la serie está completa. Cada ficha es reescrita muchas veces. Aproximadamente tres fichas componen una página mecanografiada”; “la pauta de la cosa precede a la cosa. Lleno los claros del crucigrama en cualquier punto que se me ocurra elegir.  Esos trozos los escribo en fichas hasta que la novela está terminada”, Vladimir Nabokov, Opiniones contundentes); fichas manuscritas en anverso y reverso, corregidas, tachadas, borradas y reescritas hasta la saciedad y (des)ordenadas con arreglo al modo en que el autor de Ada o el ardor acostumbraba componer sus novelas, no linealmente, como pudiera creerse, sino en contrapunto, avanzando la redacción de los capítulos simultáneamente y pudiendo alterar el orden de la composición valiéndose de una elevada capacidad de maniobra.
El original de Laura y la edición facsimilar y bibliófila de Knopf, como de forma más modesta la de Anagrama, que reproduce sólo el anverso de las fichas, constituyen una insólita oportunidad de acceder al taller del novelista y a su proceso de creación, la elección de le mot juste, al avance y las contradicciones del diseño de la estructura misma de la novela, de por sí una experiencia sumamente gratificante para la inmensa mayoría de los lectores, que están acostumbrados a leer el producto final sin siquiera reparar en la existencia de un proceso previo de creación.
En realidad, el interés de la publicación de esta novela póstuma nabokoviana radica en lo anterior, en la posibilidad que se le brinda al lector de acceder al proceso creativo –sin duda espectacular en manos del cazamariposas ruso precisamente por su peculiar método compositivo en fichas de cartón pautadas para archivador– pues la novela en sí, apenas un borrador dubitativo, no permite un juicio crítico. ¿Qué tenemos? Piezas para armar, un puzzle cuya imagen se intuye pero no se ve aún, una joyita para fetichistas, bibliófilos, nabokovianos militantes y amantes de las vueltas de tuerca narrativas, o de los relatos otoñales (o, mejor, invernales) de autores míticos, un nuevo ejemplo de metaficción nabokoviana, en este caso una novela-dentro-de-la-novela con médico maduro, intelectualmente brillante y físicamente decepcionante,
el neurólogo Philip Wild, recreación del intelectual Albinus de Risa en la oscuridad, y esposa jovencita, casquivana y perversa, Flora, recreación de Lolita, uno de cuyos amantes, el supuesto narrador de la novela, escribe a su vez una novela à clef cuya trama es el affaire entre ambos y en la que ella se convierte en Laura “y el ‘yo’ del libro es un hombre de letras neurótico e indeciso que destruye a su amante en el acto mismo de retratarla”, un hombre de letras tan neurótico, piensa el lector del autor ruso, acostumbrado a sus guiños autobiográficos, como el propio Nabokov. Fragmentos de esta historia conviven en las fichitas con fragmentos de un extraño ensayo psicológico del doctor Wild acerca de la posibilidad de autoextinción o de autodisolución, ensayo excéntrico que habría que relacionar con el tópico del memento mori, de la previsión de la decadencia y de la muerte, en contrapunto con otros motivos sumamente nabokovianos, a saber, los ritos libertinos, la concupiscencia y la lujuria macerándose en el alcohol de la cotidianidad, el cosmopolitismo (del lenguaje de la novela tanto como de los amantes que transitan por sus páginas, uno de los cuales, Hubert H. Hubert, es innecesario advertir que le guiña un ojo al Humbert Humbert de Lolita), las referencias a los cuentos de hadas y al ajedrez, el galimatías de las instancias narrativas y los narradores no fiables, el empleo del lenguaje como una pirotecnia festiva (“mientras su bicicleta se bamboleaba en la niebla indeleble. También ella sabía mover las piezas, y le encantaba lo del peón que come en passant”), la mundanidad doméstica (“Estaba disfrutando de un petit-beurre con mi té del mediodía...”), la literatura señoreando el relato y el sexo señoreando la literatura. El universo de Nabokov encerrado en 138 fichas, apenas 45 páginas mecanografiadas que concluyen con una lista de sinónimos de “eliminar”, “suprimir”, “borrar”, “tachar”, “cancelar”, “anular”, “obliterar”, seguramente una referencia, sí, a la desaparición del individuo, a la muerte, pero tal vez un modo irónico de referirse, en cambio, al propio texto embrionario, ahogado en dudas y malbaratado por el bloqueo o por la falta, siempre ingrata, de creatividad.
Desengáñense, la verdadera última novela de Nabokov es y seguirá siendo ¡Mira los arlequines! (edición española en Cátedra), su testamento narrativo en forma de partida de ajedrez contra el lector y con las fichas de su propia obra. El original de Laura es un montón de fichas que contiene un arranque prometedor, el planteamiento de lo que podría haber sido una novela magistral (pero no sabremos nunca si lo hubiese sido) y frases deslumbrantes marca de la casa, pero también incontables dudas, párrafos a medio redactar, fragmentos de capítulos posteriores, borradores, meras notas inconexas sobre el papel y un mar de posibilidades textuales que la muerte del autor secó irremisiblemente. Lean el proyecto, disfruten del proceso creativo de un genio creador e imaginen lo que podría haber sido y no fue, pero no caigan en la tentación de confundir este monstruo in progress con una novela, y menos con una novela en fragmentos, como rezan las portadas de las ediciones. Fragmentos de novela, en todo caso. ~




jueves, 17 de noviembre de 2022

Francisco Machuca / Una carta a Nabokov



Vladimir Nabokov
David Levine

Francisco Machuca
Carta a Vladimir Nabokov



Mi querido Vladimir: ya sé que estarás más que harto de que te vuelva a escribir de lo mismo, sí, a eso voy, a la puñetera nínfula de Lolita. Todo el mundo siempre habla de tu Lolita. Por algo será. Sí, sí, ya sé que tienes otras obras que la superan, pero yo quiero escribirte sobre Lolita, ¿pasa algo? No te quejes porque precisamente esta obra que querías tirar a la basura te hizo famoso mundialmente a los cincuenta y seis años. No lo niegues, amigo, viejo zorro, que te conozco. Yo me pregunto, si sigue escandalizando después de una relectura. Yo creo que sí, y mucho más que en el momento de su publicación. Por ejemplo, es muy probable que, en el año 2013, un manuscrito semejante no encontrase editor. Enseguida vamos a saber a qué atenernos. El cantante Luis Eduardo Aute ha tenido que cambiar la letra de su vieja canción Una de dos, en sus conciertos, en donde decía:"o te la cambio por dos de quince...", por "o te la cambio por dos de veinte..." Por otra parte, los padres que llevan a sus hijitas al cole, deben guardarse muy bien ante las miradas atentas de ciertas madres a la hora de darles un beso de despedida. A lo sumo un tímido adiós con sonrisa boba y la mano alzada.

domingo, 13 de noviembre de 2022

Nabokov / Cuento de navidad


Vladimir Nabokov
CUENTO DE NAVIDAD

Se hizo el silencio. La luz de la lámpara iluminaba despiadadamente el rostro mofletudo del joven Anton Golïy, vestido con la tradicional blusa rusa campesina abotonada a un lado bajo su chaqueta negra, quien, nervioso y sin mirar a nadie, se disponía a recoger del suelo las páginas de su manuscrito que había desperdigado aquí y allá mientras leía. Su mentor, el crítico de Realidad Roja, miraba el suelo mientras se palpaba los bolsillos buscando una cerilla. También el escritor Novodvortsev guardaba silencio, pero el suyo era un silencio distinto, venerable. Con sus anteojos prominentes, su frente excepcionalmente grande y dos mechones ralos colocados de través sobre la calva tratando de ocultarla, estaba sentado con los ojos cerrados como si todavía siguiera escuchando, con las piernas cruzadas sobre una mano embutida entre la rodilla y una de las lorzas de su muslo. No era la primera vez que se veía sometido a este tipo de sesiones con sedicentes novelistas rústicos, ansiosos y tristes. Y tampoco era la primera vez que había detectado en sus inmaduras narrativas, ecos -que habían pasado inadvertidos para los críticos- de sus veinticinco años de escritura, porque la historia de Golïy era un torpe refrito de uno de sus propios temas, el de El filo, una novela corta que había compuesto lleno de esperanza y de entusiasmo, y cuya publicación el pasado año no había logrado en absoluto acrecentar su segura aunque pálida reputación.

Nabokov / La tormenta


Vladimir Nabokov
LA TORMENTA

En la esquina de una calle cualquiera de Berlín oeste, bajo el dosel de un tilo en plena floración, me vi envuelto en una ardiente fragancia. Masas de niebla ascendían en el cielo nocturno y, cuando el último hueco de estrellas fue absorbido en ellas, el viento, ese fantasma ciego, cubriéndose el rostro con las mangas, barrió la calle desierta. En la oscuridad mate, sobre los postigos de hierro de una barbería, su escudo colgante —una bacía de plata— empezó a oscilar como un péndulo.

Nabokov / El puerto





Vladimir Nabokov
EL PUERTO


La peluquería, con su techo bajo, olía a rosas ajadas. Unos tábanos zumbaban pesados, insistentes. Los rayos de sol formaban charcos relucientes de miel fundida en el suelo, pellizcaban el cristal de las lociones con sus destellos, y se traslucían a través de la gran cortina de la entrada: una cortina de cuentas de arcilla enhebradas en cuerdas de bambú que se alternaban con cáñamo más grueso, y que se desintegraba en un estrépito iridiscente cada vez que alguien la apartaba a un lado para entrar. Ante él, en el espejo lóbrego, Nikitin vio su propio rostro atezado, los rizos brillantes y como esculpidos de su pelo, el destello de las tijeras que chirriaban sobre sus orejas, y sus ojos se concentraron, severos, como ocurre siempre cuando te miras en el espejo. Había llegado a este antiguo puerto del sur de Francia el día anterior, desde Constantinopla, donde la vida se le había empezado a volver insoportable. Aquella mañana había estado en el consulado de Rusia, y en la oficina de empleo, y había paseado sin rumbo por la ciudad, una ciudad que reptaba en pendiente hasta el mar por tortuosas callejuelas, y ahora, exhausto, postrado a causa del calor, había entrado allí a cortarse el pelo y a refrescarse la mente. El suelo en torno a su sillón estaba ya cubierto por pequeños ratones brillantes desparramados por todas partes: sus mechones cortados. El barbero tomó la espuma y la extendió en su mano. Un escalofrío delicioso le recorrió la coronilla al sentir los dedos del barbero que con firmeza le aplicaban la espesa espuma. A continuación, un corte helado lo sobresaltó, y una toalla esponjosa le cubrió el rostro y el pelo mojado.

domingo, 23 de octubre de 2022

Lolita / Escena eliminada



Lolita
Escena eliminada


H: Damas y caballeros del jurado, espero que estén por cumplir su papel en esta obra. Quisiera que estudien cada detalle en todo esto que mi abogado llama “compasión imparcial”. Comencemos entonces. Me espera una tarea difícil…

lunes, 19 de septiembre de 2022

Javier Marías / Artistas perfectos

 


Javier Marías
ARTISTAS PERFECTOS


    Nadie sabe la cara que tuvo Cervantes, y tampoco hay certeza sobre la que tuvo Shakespeare, por lo que el Quijote y Macbeth son textos a los que no acompaña ninguna expresión personal, ningún rostro definitivo, ninguna mirada que los ojos de los demás hombres hayan podido congelar y hacer propia a través del tiempo. Si acaso sólo los que la posteridad ha tenido necesidad de otorgarles, con vacilaciones y mala conciencia y mucho desasosiego, expresión y mirada y rostro que seguramente no fueron de Shakespeare ni de Cervantes.

viernes, 16 de septiembre de 2022

Javier Marías / Vladimir Nabokov en éxtasis



Vladimir Nabokov
Ilustración de David Levine

Javier Marías

BIOGRAFÍA

Vladimir Nabokov en éxtasis

    Es muy probable que Vladimir Nabokov no tuviera más manías y antipatías que cualquier otro colega escritor suyo, pero sin duda lo parece porque se atrevía a reconocerlas, proclamarlas y fomentarlas continuamente. Eso le valió una cierta fama misantrópica, como no podía por menos de sucederle en un país tan convencido de su rectitud y tolerancia como el que lo adoptó durante los años cruciales de su vida literaria: en Estados Unidos, sobre todo en Nueva Inglaterra, no está muy bien visto que los extranjeros tengan opiniones contundentes, menos aún que las expresen con desenvoltura. «Ese viejo desagradable» es un comentario que se repite entre quienes trataron a Nabokov superficialmente.

miércoles, 23 de marzo de 2022

Nabokov / Gógol / Juego de espejos rusos



Nikolái Gógol



Juego de espejos rusos

Vladimir Nabokov analiza la obra de Nikolái Gógol y extrae de él los elementos que fundan su propia escritura. Reivindica, con ingenio y humor, a su compatriota como gran creador.


Genio y figura, Vladimir Nabokov es y será por siempre un autor singular, único, irrepetible, pero, al mismo tiempo, un escritor fecundante. Su peso en la narrativa norteamericana que decide divergir de la gran narrativa judía de los años cuarenta es considerable, aunque su magisterio no sólo no se agota ahí, sino que, en mi opinión, apunta al destino de la novela en el siglo XXI con no menor empuje que el de un Robert Musil, por citar otro nombre cuya influencia se proyecta decididamente hacia el futuro. En 1944, Nabokov, que ya publicara tres años antes su primera novela escrita directamente en inglés, La verdadera vida de Sebastian Knight, decide sacar a la luz un estudio sobre Nikolái Gógol que los lectores acogen con sorpresa debido a lo no-canónico -o como dijeron los puristas y los solemnes: irreverente- de su exposición. Su producción inglesa seguirá un camino imparable con Bend sinister en 1947 y Lolita en 1955 y de ahí en adelante su importancia no dejará de crecer.

jueves, 28 de octubre de 2021

Las diez mejores novelas eróticas



Las diez mejores novelas eróticas

Sade no ha sido el único en convertir la sensualidad en su protagonista. Junto a su «Juliette» destacan títulos «habituales» –«El amante de Lady Chatterley», «Ada o el ardor»– y otros menos conocidos, como «El erudito de las carcajadas»

Andrés Ibáñez
1 de diciembre de 2014

El amante es una obra autobiográfica que rememora una aventura erótica de la autora, cuando tenía quince años y vivía en Indochina, con un hombre chino culto, refinado y adinerado. Ambos se encuentran en el transbordador que cruza el río Mekong, cuando ella lleva un vestido de seda casi transparente y él la observa desde su lujoso coche europeo. Enseguida la niña descubre que puede hacer lo que quiera con su amante, que jamás le querrá, que le hará sufrir, y se lo dice; él llora y responde que ya lo sabía. Pero son también maravillosas las páginas en las que la autora describe su atracción por una compañera del pensionado donde ambas viven, la bella Hélène Lagonelle, cuyos senos son imposibles de olvidar.

martes, 27 de julio de 2021

Jhumpa Lahiri / Eva Hoffman / Escribir en lengua ajena


Jhumpa Lahiri

BIOGRAFÍA DE JHUMPA LAHIRI

Escribir en lengua ajena

El gran clásico del desarraigo 'Extraña para mí', de Eva Hoffman, concide en las librerías con 'En otras palabras', el libro en el que la estadounidense de origen bengalí Jumpa Lahiri explica por qué ha cambiado el inglés por el italiano como lengua literaria


MONIKA ZGUSTOVA
12 ENE 2019 - 10:03 COT

Jumpa Lahiri en su casa de Roma.
Jumpa Lahiri en su casa de Roma. LORENZO CASTORE


El totalitarismo, la guerra, el Holocausto, el exilio: he aquí cuatro fenómenos que definen el siglo XX. Y todos ellos generaron las mayores migraciones que ha vivido la humanidad. Migraciones que continúan entrado el siglo XXI, sea a causa de la guerra, como en Irak y Siria; por regímenes autoritarios, casos de Rusia y Turquía, o por motivos económicos, en muchos países del continente africano.

Para un exiliado uno de los problemas más graves es el de verse enfrentado a diario con una lengua que no es la suya. Si no poderse expresar adecuadamente ni hacerse entender es una de las cosas más angustiosas que le puede suceder a un ser humano, en el caso de los escritores esta angustia puede ocupar el centro de su existencia. La lengua ¿es o no es una seña de identidad? Ante este dilema, los escritores reaccionaron de maneras distintas, empezando por la cuestión esencial: seguir escribiendo en la lengua materna o cambiar a la lengua de acogida. Muchos han sido y son los que optaron por el difícil camino de cambiar de lengua de expresión, empezando por el caso clásico de Joseph Conrad. Entre otros, Irène Némirovsky, Milan Kundera, Samuel Beckett, Eugène Ionesco, Jorge Semprún, Tahar Ben Jelloun, Cioran y Jonathan Littell ennoblecieron las letras francesas; Emine Sevgi Özdamar, las alemanas; Nabokov y Aleksandar Hemon, las americanas.

Sin embargo, en los escritores, no todos los exilios ni los cambios de lengua obedecen a razones exteriores. También los hay que responden a decisiones libres. Los escritores de expresión inglesa generaron una importante ola de exilio voluntario (James Joyce decía que el exilio es una de las armas del escritor). También las ciudades bilingües o multilingües (Praga, Trieste, Barcelona) crearon en sus escritores una sensación de identidad incierta y de desarraigo (Franz Kafka se sentía culpable por escribir en alemán en vez de en checo, lengua más pequeña, y Juan Goytisolo apuntaba: “Catalanes en Madrid y castellanos en Barcelona, nuestra ubicación es ambigua y contradictoria, amenazada de ostracismo por ambos lados”).
Al ejemplo clásico de Joseph Conrad se suman Nabokov, Beckett, Kundera o Ionesco


Estos días se han traducido al español dos libros que analizan lo que significa cambiar de lengua para quien tiene la escritura como su razón de ser. Se trata de dos mujeres, Eva Hoffman y Jhumpa Lahiri, la primera exiliada por razones políticas, la segunda se enfrenta al cambio de lengua como un debate existencial.

Cambiar por obligación

El libro autobiográfico de Eva Hoff­man, Extraña para mí, empieza así: “Abril de 1959. Estoy junto a la barandilla de la cubierta superior del Batory y siento que mi vida se acaba. Observo a la multitud reunida en la orilla para despedir al barco que zarpa de Gdynia —una multitud que de repente está irrevocablemente al otro lado— y quiero huir, regresar, precipitarme hacia la excitación familiar. No podemos abandonar todo esto, pero lo hacemos. Tengo trece años y emigramos. Es una noción tan demoledora, tan definitiva que podría muy bien significar el fin del mundo”. Así, con esta “expulsión”, comienza la primera parte, ‘Paraíso’, del libro publicado originalmente en 1989. Un texto que se ha convertido con los años en un ensayo clásico sobre el exilio y la vida en una nueva lengua, como lo es también ‘Reflexiones sobre el exilio’, de Edward Said, publicado en 1984 en la revista Granta.



Eva Hoffman nació en Cracovia en 1945, justo al acabar la guerra, hija mayor de supervivientes judíos polacos. En Cracovia, Eva aprendió a tocar el piano con virtuosismo y experimentó su primer amor infantil. Sin embargo, más que por el totalitarismo comunista fue a causa del antisemitismo polaco que la autora describe con todo lujo de detalles que la familia se vio obligada a abandonar su país. De entre dos opciones, los padres prefirieron el boscoso Canadá al desértico Israel, no en vano durante la guerra el bosque se había convertido en su refugio y salvación.

En el segundo capítulo, ‘Exilio’, Eva y los suyos llegan a Vancouver, donde empiezan una vida en una nueva lengua y en un ámbito desconocido. La autora describe las percepciones que evoca en ella la sociedad canadiense de finales de los cincuenta. Si no fuera porque carecía de un hogar al que volver, la familia podría vivir el traslado como una aventura; pero la pérdida irrevocable del país natal convierte su experiencia en trágica. Los padres son demasiado mayores para cambiar su escala de valores, Eva y su hermana han perdido sus puntos de referencia y se sienten extraviadas en la nueva sociedad, tan competitiva y exigente.

Sin embargo, no queda otro remedio que adaptarse: Eva devora hamburguesas en coches descapotables llenos de adolescentes alborotadores, sale con chicos que la encuentran incomprensiblemente sofisticada y cuenta chistes que no resultan graciosos a nadie: los jóvenes canadienses no comprenden el humor de la Europa del Este. Además, Eva nota que sus compañeros apáticos desestiman su faceta de virtuosa del piano, pero aun así la conserva como parte de su identidad.
Hoffman acaba resultando una extraña tanto para sus propios padres como para los polacos de su generación


Solo tras años de exposición al inglés, ya en Nueva York tras sus estudios en Vancouver, Dallas y Boston, Eva decide renunciar al piano y con él a su vieja identidad. Lo cuenta en el tercer y último capítulo, ‘El Nuevo Mundo’. Siente entonces que se ha convertido en una criatura híbrida cuyas dos terceras partes “proceden de materiales americanos”; es “una especie de extranjera residente”. A veces piensa en las palabras de Theodor Adorno, exiliado de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, que avisó a los inmigrantes que si pierden su condición de extranjeros perderán su alma. Eva se propone lo contrario: formar parte del ambiente intelectual de Nueva York como ensayista en inglés y dejar de ser extranjera sin perderse a sí misma. Cuando finalmente logra transformarse en una intelectual neoyorquina, acaba resultando una extraña tanto para sus propios padres, aferrados a los valores de antaño, como para los polacos de su propia generación.

Este libro ingenioso y perspicaz, escrito con vivacidad e ironía, captura en términos profundamente humanos lo que es la esencia de la experiencia del exilio. Millones de personas se sintieron como la autora a lo largo del último siglo y en las dos décadas de este. Eva Hoffman acaba su ensayo concluyendo que, una vez perdido todo, al emigrante se le hace difícil caer en brazos de cualquier fe, sea religiosa o política. De manera que se convierte en aquel que no es de nadie ni de ningún lugar, en el único ser “realmente irreligioso”.
Cambiar por elección

También Jhumpa Lahiri escribe sobre el cambio de lengua en su ensayo En otras palabras, un texto tan sincero que se lee casi como una confesión. La escritora estadounidense de origen bengalí siempre ha tratado en sus novelas y cuentos los temas de la nacionalidad y la ausencia de identidad, el sentido de pertenencia, la asimilación y la pérdida voluntaria de la tradición. En este su primer libro de ensayo, la escritora comparte con el lector los motivos que la han llevado a cambiar de lengua de expresión literaria, del inglés al italiano. Y es que de eso se trata: Jhumpa confiesa que su paso al italiano es irreversible.

Si para tantos escritores el cambio de lengua es doloroso, ¿por qué Lahiri, autora que escribe en la lengua más hablada del mundo, decidió dar este paso? En su libro confiesa que, a diferencia de su madre, que durante 50 años en el extranjero cultivó sus raíces indias, la rebelión de la hija consistió en asimilarse en América. Lahiri considera Estados Unidos su país, su inglés es perfecto, y su esfuerzo por conseguir su propósito de una asimilación completa fue enorme. ¿Por qué entonces ha decidido abandonarlo?
Jhumpa Lahiri huye del inglés a pesar de que entró en él por la puerta grande ganando el Pulitzer


Lahiri huye del inglés. Huye de él a pesar de que su italiano no resulta, hoy por hoy, tan brillante. Y no solo huye del idioma, sino de todo lo que esta lengua y cultura han simbolizado para ella. Durante casi toda su vida el inglés y lo que encarna fue una lucha extenuante, “un conflicto pasional, un continuo sentimiento de fracaso del que deriva casi toda mi angustia. El inglés representa una cultura que debía superar, interpretar. Temía que representara una ruptura entre mis padres y yo”.

No obstante, fue en inglés que Lahiri entró en las letras internacionales por la puerta grande: el Premio Pulitzer a su ópera prima, El intérprete del dolor. Sin embargo, su éxito le parece inmerecido, conseguido demasiado pronto y con excesiva facilidad. Por eso, con el cambio de lengua, la escritora desea recuperar la oportunidad de sentirse una aprendiza.

Al igual que todos los autores que han cambiado de país y de lengua, Jhumpa Lahiri podría firmar lo que proclama Eva Hoffman: “Porque he aprendido la relatividad de los significados culturales en mi propia piel, no puedo considerar definitivo un único conjunto de significados. En mi vida pública, social, me situaré siempre en los intersticios entre culturas y subculturas. Encuentro en esta posición un punto de apoyo digno de Arquímedes para contemplar el mundo”.

‘Extraña para mí’. Eva Hoffman. Traducción de Sergio Sánchez. Báltica, 2018. 338 páginas. 20,95 euros.

‘En otras palabras’. Jumpa Lahiri. Traducc8ión de Marilena De Chiara Salamandra, 2019. 160 páginas. 15 euros.

GRANDES OBRAS EN OTRAS PALABRAS

Irène Nemirovsky, Suite francesa

La autora nació y vivió su infancia y adolescencia entre ciudades ucranianas y rusas. A raíz de la revolución rusa la familia huyó a Francia a través de Finlandia. Suite francesa es la novela más conocida de la autora. En ella Nemirovsky retrata el sobresalto que representó la invasión nazi de Francia en 1940 y el éxodo que la siguió. Como si se tratara de un documental cinematográfico filmado en directo, Suite francesa dibuja el comportamiento de la gente que de repente se encuentra en una circunstancia sin precedentes, una situación límite. Es entonces cuando se revela lo más recóndito del carácter de cada uno de los personajes. Solo un exiliado podía escribir un libro como este sobre el desplazamiento físico pero también emocional, sobre la espera de la huida y el éxodo en sí.

Nabokov, Pnin



El protagonista de la novela, Timofey Pnin, es una especie de doble de Nabokov. Ante todo, Pnin es el personaje más auténtico y entrañable de toda la obra nabokoviana. En su condición de exiliado ruso en Estados Unidos, que había pasado por Europa, al igual que el novelista, Pnin se esfuerza por mantenerse leal a sí mismo. Es un personaje donquijotesco: hace lo que desde su punto de vista debe hacer, es firme y constante en sus ideales. Ese soñador intenta luchar –a su manera, con un libro en la mano– contra los excesos del pragmatismo americano, al igual que Don Quijote se batía contra los molinos de viento.

Kundera, La ignorancia

No hay retorno del exilio: este es el mensaje de La ignorancia, novela de pensamiento del autor de origen checo que hace un cuarto de siglo decidió empezar a escribir en francés. Durante la ausencia del exiliado, cuenta la novela a través de los personajes de Josef e Irena, la vida y las circunstancias han cambiado tanto en su país de origen, y su lengua materna ha sufrido una metamorfosis tan grande que el fugitivo que regresa a su patria no la reconoce como su casa. Por el otro lado, el exiliado también ha cambiado. Durante su estancia en el país de adopción ha adquirido nuevos puntos de referencia y un nuevo sistema de valores y en su país de origen resulta un desconocido, un extranjero. El exiliado nunca más pertenecerá a ningún lugar concreto. Su identidad está en el desarraigo.


Jonathan Littell, Las benévolas

Littell es un estadounidense que estudió en Francia, reside en Barcelona y que usa el francés como lengua literaria. La novela está escrita en forma de memorias de un antiguo alto mando de las SS en las que este personaje ficcional narra sus actividades durante el Tercer Reich. La obra pone al lector en el corazón del horror nazi, más que cualquier otro libro que se haya escrito sobre el tema. En su novela, cuyas intenciones y alcance hacen pensar en Guerra y paz de Tolstoi, el autor se introduce en la conciendia de un individuo cualquiera que se convierte en un asesino de masas.