Björk Guðmundsdóttir siempre ha estado llena de sorpresas, tanto en lo musical como en lo visual e incluso en lo romántico (salió con Tricky y Goldie). A sus 49 años, sigue en camino a la revelación. Su maravilloso nuevo álbum, filtrado en enero, rezuma dolor y autoindagación tras su reciente y desgarradora separación, mientras que una importante exposición que se inaugurará en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en marzo promete dejarnos boquiabiertos con instalaciones sonoras más que de vanguardia y galerías llenas de ideas brillantes.
La actriz madrileña, que interpreta a Paquita en Cuéntame, decidió airearse al terminar de grabar la serie esta primavera y sin pensárselo mucho aterrizó en Islandia.
¿Iba en busca de paisajes impactantes?
Pues no fui pensando en la naturaleza, sino en la experiencia que viviría como acompañante del equipo de rodaje de la película Baskavígin, dirigida por Aitor Aspe, que trata sobre balleneros vascos. En ese momento no tenía en mente los paisajes.
Pero ese es el fuerte de Islandia…
Y tanto. Lo que sentí una vez allí no tengo palabras para describirlo. Es increíble el poder de la naturaleza en estado puro. Era como estar en otro planeta.
Descríbame entonces algún paraje del planeta Islandia.
Me impactó Jökulsárlón, un lago glaciar en el que hace un frío terrible. La visión de esa inmensidad, de ese hielo azul tan puro es maravillosa. Nunca había visto tantos tonos de hielo, que además contrastan con el color negro de la arena. Si te quedas callada, el hielo suena al chocar.
¿Iba bien abrigada para gozar del hielo?
¡Nooo! Me ocurrió lo peor: mi maleta no llegó a tiempo, así que empecé el viaje solamente con lo puesto. Tuve que comprar ropa térmica. Un día me encontraba en medio de la nada y allí, en la tienda de una gasolinera, le tuve que comprar a mi hijo también algo que abrigase. Pero no había nada de su talla, así que le compré mi talla, la S, y le remangué el traje…, aun así estaba gracioso, el pobre.
Además de ropa térmica, ¿qué encontró en medio de la nada?
Vi muchos paisajes lunares, como extraterrestres. También las cataratas, como la de Skógafoss. Y en el interior, montañas. Me recordaron a las localizaciones de El señor de los anillos. Por allí dormimos dos noches en unas cabañas preciosas llamadas Hellisholar Cottages. Otra aventura muy distinta fue encontrar verduras frescas, porque allí no crece nada.
Como contraste, imagino que visitaría Reikiavik.
Sí, y me pareció una ciudad maravillosa. Había lugares que me recordaban a Williamsburg, el barrio neoyorquino. Y encontramos un pescado asombrosamente rico. No me canso de recomendar el restaurante Gallery Fiskur, donde comimos con todo el equipo.
Arnaldur Indridason: el rey de la novela negra en un país sin crímenes
El autor islandés nos habla de la vida de su personaje, de las preguntas sin respuesta de su país y de sus novelas y hasta de elfos
Juan Carlos Galindo
29 de noviembre de 2013
Ampliar fotoEl escritor islandés Arnaldur Indridason, en Barcelona.GIANLUCA BATTISTA.
Al llegar por la tarde a Reikiavik, cuando uno observa los vastos páramos que tienen como único fin las pesadas nubes que aplastan el horizonte y se deja envolver por una noche gris y brumosa que no llega a serlo del todo, entiende por fin la oscuridad, la tristeza y la búsqueda de respuestas que reinan en las novelas de Arnaldur Indridason(Reikiavik, 1961) y que atormentan a su antihéroe, el policía Erlendur Sveinsson. El escritor recibe a EL PAÍS en un hotel de Reikiavik, con la enorme torre de la iglesia de Hallgrímskirkja de fondo. Indridason, cuerpo grande, ojos pequeños, mirada cómplice unas veces, tímida otras, responde en islandés, idioma que ve amenazado, con algunas frases en inglés y tímidos gestos de afinidad hacia su interlocutor cuando habla, bien o mal, de Erlendur. En cambio, si lo que se aborda es la compleja situación de un país perplejo tras la brutal crisis de 2008, Indridason se vuelve hacia la traductora y, muy serio, responde en islandés.
El sueco John Bauer es tal vez el más famoso ilustrador moderno de sagas y mitos nórdicos
SAGAS CORTAS ISLANDESAS, LUIS LERATE DE CASTRO (EDITOR Y TRADUCTOR): HISTORIA ANTIGUA CON BROCHAZOS DE FANTASÍA
Francisco Martínez Hidalgo 9 de junio de 2016
La mitología representa, para no pocas culturas, el registro más antiguo de su pasado remoto. Sin embargo, la ausencia de claves interpretativas puede reducir todos esos registros a simple especulación o a un mero resto arqueológico con el que atraer a investigadores y a turistas. Para recuperar la memoria, la mitología precisa completarse con otro tipo de fuentes que nos permitan ofrecer claves de comprensión que vayan un paso más allá de lo figurativo y/o de lo representativo. Fuentes de naturaleza tan diversa como, por ejemplo, las Sagas cortas islandesas (Alianza, 2015), que comentamos aquí.
Diálogos sobrios, abundantes silencios y una irrenunciable fe en la justicia hacen de 'Atrapados' una de las mejores series del año
ÁNGEL S. HARGUINDEY
5 FEB 2017 - 13:24 COT
Ólafur Darri Ólafson en 'Atrapados'.
El lúcido Hans Magnus Enzensberger señaló hace años que las nuevas causas sociales deberían reivindicar el espacio y el silencio frente a la desbocada especulación inmobiliaria y la algarabía de los medios y la ciudadanía. En la excelente serie islandesa Atrapados, que esta semana concluye su primera temporada en Movistar+ Series Xtra, se cumplen sobradamente las propuestas del ensayista alemán. Seyðisfjörður, un pequeño e impronunciable pueblo de poco más de 600 habitantes es el escenario de una serie de crímenes bajo los que subyace, naturalmente, la codicia. Silencio y espacio no erradican la maldad humana aunque la hacen más soportable.
Islandia, el país que dejó caer sus bancos, teme otra burbuja
Una década después de la crisis financiera, la isla vive un ‘boom’ económico alentado por el turismo, pero el desorbitado precio de las casas preocupa cada vez más a los ciudadanos
LUIS DONCEL (ENVIADO ESPECIAL)
Reikiavik 19 MAY 2018 - 02:58 COT
En Islandia no existen las variedades dialectales. Su idioma suena igual en los más de 100.000 kilómetros cuadrados de esta isla perdida a medio camino entre Europa y América. Los historiadores atribuyen esta peculiaridad a los muy habituales traslados a los que se veían obligados los agricultores: a medida que buscaban tierras donde la vida fuera menos dura, su forma de hablar se iba unificando.
El novelista Jon Kalman Stefansson, retratado en el valle de Mosfallsdalur (Islandia)ELMA KAREN
Jon Kalman Stefansson
Poesía y bacalao en la tierra de hielo y fuego
Jon Kalman Stefánsson habla en Islandia de su desgarrada trilogía de novelas sobre la isla, que se cierra con ‘El corazón del hombre’
JACINTO ANTÓN
Reikiavik 12 MAR 2017 - 16:48 COT
La mujer alta invita a seguirla al páramo en medio de la violenta granizada para ver el nido de un cuervo. En Islandia nunca estás lejos de la naturaleza, ni de la leyenda. Ragnheidur Jonsdóttir, a la que en mala hora le he comentado mi interés por las aves, es la pastora luterana de Mosfellskirkja, la esbelta iglesia que se alza en una colina en el valle de Mosfallsdalur, a unos 12 kilómetros al este de Reikiavik, justo donde estaba la granja en la que nació el Nobel Halldór Laxness, el hombre que escribió que nadie puede sobrevivir en Islandia si no tiene alma de poeta. Subiendo la ladera vecina de roca volcánica cubierta de pedrisco se puede asomar uno a la grandiosidad estremecedora y fantasmagórica del paisaje islandés: montañas de una fisonomía aparatosamente bella y cruel, hielo y fuego, como si no bastara matarte de una sola manera. Estamos aquí para sumergirnos un poco en el ambiente de las novelas de Jon Kalman Stefánsson (Reikiavik, 1963), del que se acaba de publicar en España El corazón del hombre, que culmina la trilogía compuesta por Entre cielo y tierra y La tristeza de los ángeles(todas en Salamandra). Se trata de una serie de excepcional lirismo y desesperanzada hermosura sobre la durísima vida de un variopinto grupo de personajes en la Islandia rural y pescadora del siglo XIX. La lucha descarnada con los inmisericordes elementos –el mar, la nieve, la ventisca- es el centro de algunas de las páginas más inolvidables y conmovedoras de la trilogía y a pequeña escala, en este día áspero y helador, es fácil compartir las penalidades que se narran en los libros, sobre todo si eres de natural friolero.
El desplazamiento permite además observar a Stefánsson pasear entre las tumbas dispersas alrededor de la iglesia, algunas de las cuales pertenecen a niños. En las tres novelas, que conjugan poesía y un realismo digno de Flaherty, metáforas y bacalao, la muerte es omnipresente, como en esa sociedad que se retrata, en la que la vida del ser humano era breve y “bastaba que el cielo cambiara de color para que llegara a su fin”. Una de las escenas más impactantes es la del traslado en trineo de una mujer difunta metida en un precario ataúd casero a través del que se filtra un insidioso olor a carne de cordero ahumada. A otro personaje, ahogado, lo entierran con su chaquetón de marino por si en el más allá ha de volver a salir al mar. Mientras cae la tarde, una melancolía espesa (y fría) se adueña del lugar hasta que las campanas de la iglesia despiertan repentinamente con un vivo rebato que ahuyenta a una colonia de estorninos refugiados en el campanario. Las aves salen volando y parece que un hechicero arrojara sus runas negras en el cielo.
Una de las escenas más impactantes es la del traslado en trineo de una mujer difunta metida en un precario ataúd casero
“Es un invierno raro, tendría que haber mucha más nieve”, ha explicado por la mañana Stefánsson en Reikiavik mientras recorríamos el puerto, camino del Museo Marítimo. El autor, enjuto pero muy atractivo, con ese aire de ascetismo curtido de los escandinavos, tiene unos ojos azulísimos que parecen dar acceso directo al mundo gélido de sus novelas. Pasamos junto al guardacostas Odinn y Stefánsson recuerda cómo sus héroes de niño eran los marinos que libraron las desiguales guerras del bacalao con Gran Bretaña. En el museo hay muchas cosas que parecen de las novelas, como el diorama que muestra los secaderos de pescado (los bacalaos preparados tienen forma de alas de ángel) o las viejas barcas de remo en las que los pescadores se aventuraban en un mar pasmoso. En la cafetería donde nos sentamos para hablar –y donde por suerte no sirven frailecillo-, suena un fado, que para Stefánsson, admirador de Saramago, no está para nada fuera de lugar.
¿De dónde vienen esas historias terribles y maravillosas de la trilogía? “Es difícil trazar el camino de las ideas y de las palabras”, responde el escritor, “decir dónde comenzó todo; en realidad la mayoría de mis historias empiezan a tener sentido cuando las escribo y entonces adquieren vida propia”. Pero son cosas que habrá escuchado en alguna parte, muchas tienen la apariencia de provenir del folclore e incluso de las viejas sagas. “Es curioso que sois los extranjeros los que percibís esos paralelismos. Probablemente desde fuera se ven mejor esas influencias. Nunca pienso en la historia de Islandia. Pero es cierto que esos materiales, esos relatos impactan en nosotros, tal vez de una manera inconsciente”. La trilogía está llena de espectros, fantasmas, ahogados, el murmullo de los difuntos en las oquedades de la tierra, el fjorulalli, esa especie de oveja marina que engaña a los marinos para ahogarlos. “Las historias sobrenaturales son muy corrientes en la isla y siempre están presentes. En parte por cómo es Islandia, los fenómenos de la naturaleza, el tiempo, la oscuridad. Ha sido a la vez una bendición y una maldición lo aislados que hemos estado tantos años”.
La trilogía tiene algo de realismo mágico congelado, incluido ese Macondo de fiordo y playas negras que es Lugar, el centro geográfico de la trama. Stefánsson ríe quedamente mientras le alcanza un inesperado rayo de sol a través de la vidriera que da al puerto, poniendo de relieve lo rojizo de su corta barba y una vena azul en la sien que parece un glaciar: fuego y hielo. “Aquí es natural creer que la realidad no es algo fijo. Es importante darse cuenta de que no entendemos el mundo en toda su complejidad. Aquellos que se han autoconvencido de que lo sabemos todo tienden a ser personas peligrosas, como Trump. La literatura nos ayuda a ver que hay mucho más que realidad”. El escritor añade que el realismo mágico latinoamericano fue muy popular en Islandia y ha tenido mucha influencia en los autores de la generación anterior a la suya. “Pero hay mucho realismo mágico ya en las propias historias islandesas. Y Borges lo entendió así”.
Islandia desde el mar
Precisamente, la trilogía de Stefánsson , con sus hermosas metáforas (la nieve: “las lágrimas de los ángeles” y “la tristeza de los ángeles”), parece hacer abundante uso de las kenningar, las figuras retóricas de los escaldos, los antiguos poetas nórdicos. “El idioma islandés se ha moldeado mucho por la poesía. La poesía siempre ha sido muy rica y fuerte, y respetada, en Islandia. Se puede decir sin exagerar que durante siglos solo se escribió poesía en la isla y no prosa. Eso nos ha dejado una herencia de amor a la palabra, de búsqueda de su sonoridad, que digan mucho más de lo que son. Hay una fuerza muy poderosa y arcana en las palabras. Mientras haya palabras habrá vida”.
La amistad es uno de los temas fundamentales de la trilogía, también la enemistad. “Somos expertos en pelearnos, desde el principio. Hubo un grupo de islandeses que emigraron a Winnipeg a finales del XIX y decidieron publicar un periódico en islandés, pero hubo tanto desacuerdo que acabaron editando dos. Supongo que una sociedad tan pequeña como la nuestra hubiera muerto de aburrimiento si no fuera por pelearnos”. Sorprende en los personajes de su trilogía el ansia de conocimiento y de libros. “La sociedad islandesa siempre ha sentido curiosidad por lo que hay más allá del horizonte y del mar. El peligro de una cultura tan aislada era que al final se diluyera y muriera, dejara de crear, pero no ha sido así”. La propia escritura de Stefánsson, como sus personajes, muestra influencias de la gran literatura universal: Shakespeare, Milton, Melville. “Ninguna cultura es fuerte si no acepta la influencia de otras. Siempre hemos tenido gente inquieta aquí, como nuestro primer poeta nacional Matthias Jochumsson, autor del himno, que fue pastor luterano y aprendió inglés el solo en su granja traduciendo a Shakespeare. Tanto un idioma como una sociedad necesitan a personas así. Una sociedad que no mira hacia afuera y no traduce es tan estúpida como peligrosa. Es significativo que mientras el 40 % de lo que se publica en Francia son traducciones, en EE UU solo lo es el 1,5 %. Por eso ha ganado Trump”.
“Las historias sobrenaturales son muy corrientes en la isla y siempre están presentes. En parte por cómo es Islandia, los fenómenos de la naturaleza, el tiempo, la oscuridad"
En cuanto a las influencias en su trilogía, el autor las reconoce sin ambages, como la de Moby Dick o la de Shakespeare. “Evidentemente todo aquello que uno ha leído encuentra un camino a sus propias páginas”. ¿Y qué hay de los componentes autobiográficos en el relato? ¿Cuánto hay en el innominado muchacho huérfano, el protagonista, del propio Stefánsson? “Me conozco muy mal a mí mismo, incluso me sorprende verme en el espejo. Me parece mucho más interesante el mundo que mi yo. Dicho esto, por supuesto que hay algo mío en el muchacho “. ¿Ha vivido algún momento peligroso como los que afronta él? “A los 15 años me embarqué en un pesquero, me mareé tanto que deseaba que nos hundiésemos para acabar de una vez con el sufrimiento. Pero, claro, eso hubiera sido mucho peor”.
¿Va a haber una cuarte entrega? El final de El corazón del hombre parece muy abierto, ¿nos va a dejar así? “Ha habido mucho debate en Islandia sobre ese final. Pero mi idea es que la cuarta novela ya está escrita: en la mente del lector”.
¿Qué sentimiento hay hacia la idea de Europa en Islandia? “Creo que la mayoría de islandeses nos vemos como europeos, pero Islandia está litermante partida entre Europa y América, como sabes, por la falla tectónica. Y en muchos aspectos somos más americanos que el resto de los europeos. En todo caso, lo que sobre todo somos es islandeses, isleños. Y los isleños siempre tienen dificultades para verse plenamente parte de un grupo más grande”. Lo que indudablemente son es los europeos más antiguos. “Sí, hablamos casi el mismo idioma de hace mil años. Eso no significa que tengamos que estar en el centro de la UE. Yo no confiaría en nosotros para liderar nada. Nuestro reciente éxito en el fútbol se debió a tener un entrenador sueco que nos organizó. Los islandeses no sabemos lo que es la organización”.
“Aquí es natural creer que la realidad no es algo fijo. Es importante darse cuenta de que no entendemos el mundo en toda su complejidad"
La naturaleza es omnipresente en sus novelas. “Islandia es solo naturaleza. Por mucho que los islandeses estemos muy encima de las novedades tecnológicas y todos los niños de más de 10 años tengan iphone, la naturaleza aquí lo decide todo. Puede ser muy hermosa y mortal a la vez. Esa montaña que ves justo ahí fuera, Esja, provoca muchas muertes cada año”. En ese ambiente, parece lógico que haya hecho cartero a uno de sus protagonistas. En buena parte la trilogía es la saga del muchacho pero también la saga del cartero. En el Museo Nacional puede verse una vitrina dedicada al viejo servicio postal (Landpóstar), que arrancó en 1782, con un zurrón y un cuerno como los del grandullón Jens, y patines de hueso. “Me parecía una profesión encantadora, llevar las palabras de un lado a otro, y a la vez tan esforzada en esa época. Explicaba mucho de la dificultad de la vida entonces. Además me servía como contrapunto de la siempre interesante idea de la masculinidad”.
Las mujeres son muy relevantes en la trilogía. “Son fuertes, pero maltratadas. Hace cien años en la isla carecían de derechos. Siempre jugaban en desventaja”.
Al salir, el cielo sobre Reikiavik tiene el color del lomo de una ballena. Sopla un aire gélido y el único que se atreve a zarpar del puerto es un pato, un gran eider común. En el pantalán, conjuro el recuerdo del muchacho, del cartero, del capitán ciego, de la mujer del reverendo Kjartán, anhelante de libros; de Bárdur, de Geirprudur, de Bjarni, de Hasta... De tantos y tantos personajes. Extraigo una pluma blanca de mi libreta de notas y la dejo caer flotando al suelo, como una ofrenda, en el momento mismo en que empieza a nevar: las lágrimas de los ángeles.
La escritora islandesa Audur Ava Ólafsdóttir aborda en la 'La excepción' la irrupción del caos
MARIA JOSÉ OBIOL
29 AGO 2014 - 10:37 COT
Leo que no hay que ampararse en las palabras, que la gente las entiende de modo muy diferente. Y así resulta al inicio de La excepción, pues no hay voluntad de fidelidad y amor para siempre cuando el marido dice: "Tú serás la última mujer de mi vida". Aunque la esposa quiera interpretarlo de ese modo, en el momento mismo de la afirmación, obviando el resto de palabras que acompañan a la frase. Sin embargo, lo que el hombre dice es verdad, o esa es su certeza: no habrá más mujeres porque él está enamorado de otro hombre.
Audur Ava Ólafsdóttir (Reikiavik, 1958), autora de las exitosas Rosa Cándida y La mujer es una isla, habla en La excepción de lo impredecible, de que hay que suponer "el caos, lo aleatorio y el cambio en cualquier momento de la existencia". El marido que se va se llama Flóki, su amante también. Hay más coincidencias, los dos hombres son matemáticos, compañeros de trabajo y especialistas en la teoría del caos. María, la esposa que se queda, trabaja en una organización humanitaria, es madre de mellizos, y su vecina Perla, una mujer que apenas sobrepasa el metro de estatura, es consejera matrimonial, y escribe novela policiaca para otro escritor.
En la narración, las dos mujeres mantienen jugosas conversaciones, con agudas observaciones y buena dosis de humor. Y se contrapone la realidad de lo que sucede con lo que podría ocurrir en la ficción. Todo esto para decir sobre los afectos, las relaciones amorosas, la ruptura y el desconcierto. Lo impredecible. Y está el paisaje hermoso y frío de Islandia que envuelve una historia estructurada en cortos capítulos que van componiendo, como si se tratara del "entramado de una tela de araña", la imagen de los personajes.
La autora, de manera plácida y sin alzar la voz, dosifica la información creando una tensión que te agarra a la novela, señalando la importancia del detalle inadvertido, aquel que proclama indicios y así, al decir sobre cosas aparentemente intrascendentes, recrea belleza, sensaciones y recuerdos de nuevo significado. En el cuervo que surca el aire importa menos su vuelo que el detalle de su ala desplegada, y el frío del hermoso paisaje llega a través del sonido. El chasquido plash, plash, de la pala hiriendo la nieve para poder acceder a la casa, produce un escalofrío que hiela la cara. Y la tristeza llega cuando se hace memoria de abrazos y miradas que no se creían ausentes. María y Perla, la realidad y la ficción y el oficio de vivir. Flóki, el marido, lee a Pavese. Una hermosa novela cuyo final se resuelve de manera demasiado cerrada. Pero sí, La excepción es una hermosa novela.
La excepción. Audur Ava Ólafsdóttir. Traducción de Elías Portela. Alfaguara. Madrid, 2014. 292 páginas. 18,50 euros
Recorrido por los huellas del genial ajedrecista estadounidense en el país nórdico, cuyos restos yacen en la ciudad de Selfoss
EUGENIO BLANCO
7 JUL 2016 - 18:31 CEST
Ampliar fotoCalles del centro de Reikiavik, en Islandia, donde residió Bobby Fischer durante los últimos años de su vida. RAIMUND FRANKEN/GETTY
Que Bobby Fischer, el ajedrecista más popular de todos los tiempos, haya acabado enterrado en el pequeño cementerio de la iglesia luterana de Laugardælir, a las afueras de la ciudad islandesa de Selfoss, es el resultado de una personalidad disidente llevada hasta sus últimas consecuencias.
Pero la casualidad también tiene su relevancia. Para que los restos de Fischer reposen en Selfoss, dos superpotencias habían tenido que escenificar el desenlace de la Guerra Fría sobre un tablero de ajedrez. Dicha partida se produjo en Reikiavik en 1972 y sería bautizada como el Match del Siglo. No sólo Fischer saldría vencedor en el evento, también el propio país de Islandia encontraría su lugar en el mapa internacional debido a la enorme atracción mediática que concitó la partida. La historia de amor-odio entre Fischer e Islandia no había hecho más que comenzar.
Casi 30 años más tarde, Fischer fue perseguido por el Gobierno de los Estados Unidos por romper el embargo a Yugoslavia al jugar un rematch con Spassky en Belgrado. El parlamento islandés, a través de una iniciativa ciudadana, salió al rescate del viejo ídolo y le otorgó la nacionalidad a Fisher cuando éste estaba retenido sin pasaporte vigente en el aeropuerto japonés de Narita, siendo ya el apátrida más famoso del mundo.
Desde entonces, Fischer vivió en Islandia los últimos años de su vida. El ajedrecista tenía una barba salvaje y se sentía en el interior de una conspiración internacional. Puede que lo estuviera. Cada vez más orillado por sus obsesiones, creía que tenía el don de escribir canciones tan bien como Jackie Wilson; aunque luego reconocía que se sentaba delante de un papel en blanco a intentarlo y las palabras simplemente no surgían.
ampliar fotoIglesia de Selfoss, en Islandia, donde se encuentra la tumba de Bobby Fischer.ULA PYTLIK/GETTY
La tumba de Fischer
Un Fischer ya postrero decidió ser enterrado en Laugardælir. No hay intrahistoria aparente ni explicación que ensalce la leyenda. Simplemente le gustaba el lugar, admiten los que lo conocieron. Fue su amigo Garðar Sverrisson quien se lo descubrió. Bobby acompañó en algunas ocasiones a Sverrisson hasta allí cuando éste iba a visitar a sus suegros.
No es fácil llegar a la tumba del ajedrecista, perdida en uno de los múltiples caminos a las afueras de Selfoss. No está especialmente señalizado ni publicitado. Todo lo cubre una atmósfera anónima: algo así quería Fischer, cuyos restos ahora yacen en el jardín de una iglesia que parece prefabricada, en un conjunto de no más de quince tumbas en línea donde descansan los restos de algunos lugareños.
Su lápida es una sencilla placa de mármol rosado en forma ojival que se levanta sobre una losa también de mármol colocada sobre un pequeño barbecho donde crecen algunas plantitas silvestres cuando no está nevado. En ese jardín improvisado algunos visitantes depositan bordados y monedas. La placa vertical de la lápida tiene únicamente adherida una cruz metálica, una inscripción con las fechas de nacimiento y fallecimiento del ajedrecista –los meses están escritos en islandés– y el nombre completo del difunto: Robert James Fischer.
Bobby Fischer Center
Precisamente en Selfoss, aprovechando la cercanía de la tumba del ajedrecista, se inauguró el Bobby Fischer Center, un museo improvisado y cálido que cuenta la historia del Match del Siglo. Decenas de fotografías recrean la célebre partida. Por ejemplo, Spassky llegando a Keflavik –localidad cercana a la capital– vestido como un espía del KGB rodeado de una comitiva que bien podría pertenecer al servicio secreto soviético. Fischer llegando solo, bajando las escaleras del avión, nervioso o despreocupado, como si fuera James Dean antes de morir. Artesanos construyendo el histórico tablero. Hay decenas de imágenes que representan el espíritu de aquel encuentro: el ying y el yang, la némesis, la mística, los momentos de dos pensadores convertidos en boxeadores.
En el museo también hay una explicación del logo del evento e imágenes de la construcción del tablero de las discordias. Aunque, sin ninguna duda, el objeto más íntimo y singular que se puede presenciar en el Bobby Fischer Center es una butaca de madera con reposabrazos, con el asiento muy rallado y seis varillas a modo de respaldo. En esa butaca Bobby Fischer, en sus últimos meses de vida, daba cabezazos hasta quedarse dormido en los pasillos atestados de libros de la librería Bokin, en Reikiavik
La librería Bokin
La librería Bokin (Klapparstígur 25) está situada en el centro de Reikiavik. Esta local de segunda mano era uno de sus lugares predilectos que el ajedrecista tuvo en sus últimos tres años de vida en Islandia. Bobby pasaba las horas muertas entre biografías, libros de historia y volúmenes de ajedrez escritos en ruso, idioma que sabía hablar y leer con fluidez. El último libro que encargó a Bragi Kristjonsson, dueño del establecimiento, fue They’ll do it every time, un cómic de Hatlo de 1929. Fischer se sentía tan cómodo en la librería que incluso llegó a pedir trabajo, “hablando muy en serio”, a un perplejo Kristjonsson. El último apartamento que habitó Fischer en la capital islandesa (un noveno piso en Esperdegi Street) estaba a cinco minutos a pie de la librería Bokin.
Laugardalshöll
El Match del Siglo se disputó en el pabellón de Laugardalshöll de Reikiavik, un recinto multiusos cargado de símbolos en la historia islandesa. Sin ir más lejos, en noviembre de 2009, después de que Islandia quebrara debido a la crisis financiera, este pabellón acogió la Asamblea Nacional donde más de 1.200 ciudadanos seleccionados al azar acordaron los principios de la nueva Constitución del país.
ampliar fotoEntrada al hotel balneario Reykjavik Natura, en Reikiavik.
Reykjavik Natura
Durante el Match contra Spassky,Fischer estuvo alojado en la Gimli Suite del antiguo Hotel Loftleidir, una habitación de 59 metros cuadrados. Hoy día el hotel se llama Reykjavik Natura, un nombre más apto para atraer jubilados a sus aguas termales, aunque siempre se cuela algún que otro mitómano que se quiere alojar en la suite que Fischer habitó durante la disputa la histórica partida. Actualmente, el Reykjavik Natura tiene instalada en su planta de abajo una muestra sobre la partida, donde destaca una recreación de la mesa donde se disputó el encuentro y una colección de caricaturas sobre el evento.
Marisco y comida thai
A Fischer le encantaba cenar en el restaurante Krua Thai, un coqueto y económico local tailandés alejado de la ruta turística donde Fischer solía ir a cenar dos o tres veces por semana. Sí o sí preguntaba por su dueña, Sonja, una vivaz tailandesa que insistía que por el único cliente que esperaba para cerrar era por Bobby. Su otro restaurante predilecto era Þrír Frakkar, una marisquería inaugurada por el chef Úlfar Eysteinsson en marzo de 1989. A Fischer le encantaban los platos de pescado. Fue en este local donde su gran amigo Einar S. Einarsson le hizo su última fotografía en vida: el rostro del protagonista de una de las gestas deportivas más importantes de su tiempo, iracundo y desconfiado. Un rostro pertrechado por un cariz combativo sin remedio; un rostro siempre al abordaje, pero, a esas alturas, terriblemente cansado.