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viernes, 5 de octubre de 2018

Voces nuevas para la nueva novela


De izquierda a derecha, Marta Orriols, Marta Carnicero, Eva Baltasar y Luna Miguel. 


Voces nuevas para la nueva novela

¿De dónde vienen? ¿Qué tienen en común? Hablamos con varios de los muchos novelistas que se estrenan este otoño en las librerías y con los editores que han decidido darles una oportunidad


Laura Fernández
5 de octubre de 2018

El editor es un buscador de oro, dice Maria Bohigas. Maria Bohigas es editora. A finales de 2017, recibió el manuscrito de una desconocida novelista y, quién sabe por qué, empezó a leerlo. A veces ocurre. Los editores leen los manuscritos que llegan a sus editoriales. De hecho, a juzgar por lo que está ocurriendo este otoño, lo hacen cada vez más. ¿Y por qué? Constantino Bértolo, fundador de Caballo de Troya, cantera del grupo Penguin Random House, responde: “Creo que la crisis de 2008 supuso un cambio de época y que cada época reclama su propia narrativa. Pequeños o grandes fenómenos como el éxito de Manuel Vilas, Gabriela Ybarra o Aroa Moreno funcionan como síntomas de que algo está cambiando”. Por eso cree que “las editoriales están ahora más atentas a lo nuevo”.
Y lo están. Están tan atentas que en poco más de un mes habrá en las librerías prácticamente una veintena de novelas de escritores de los que nunca habíamos oído hablar. Una de ellas será la de la desconocida novelista de la que habla Bohigas. “No es fácil, igual que no lo es para el buscador de oro, dar con algo que brille”, dice Bohigas. ¿Y qué es lo que hace que una novela brille en estos momentos? “La voz, una personalidad muy definida. Ver que alguien está intentando dar respuestas a unas preguntas sin saber cuáles son pero consciente de que son las suyas”. Maria Bohigas publicó la novela en cuestión en marzo de este año, en catalán, en su sello, el veterano Club Editor. El éxito fue instantáneo. Permagel, de Eva Baltasar, se instaló en las listas de los más vendidos en menos de una semana. Hoy, ha alcanzado la sexta edición. Se han vendido alrededor de 8.500 ejemplares, lo que, para el mercado catalán, es una pequeña barbaridad. En noviembre, Permafrost —así se titulará en castellano— llegará a librerías de toda España vía Literatura Random House.


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Munir Hachemi Guerrero. CARLOS ROSILLO


Podría decirse que su caso es distinto, pero en realidad es el ejemplo a seguir, o a exportar. “Buscamos sorpresas”, dice otra editora, María Fasce, al frente de Lumen en esta rentrée del debutante. Precisamente, en Lumen se publican este otoño dos primeras novelas de dos autoras noveles solo en tanto que novelistas, puesto que una es una reconocida poeta, Luna Miguel, y la otra, una aún no tan conocida autora de cuentos, Marta Orriols.
Con Luna Miguel le pasó a Fasce lo que a Bohigas con Baltasar. Tanto es así, que la novela de Luna, El funeral de Lolita, quizá no existiría si Fasce no hubiera dado con lo que parecía su semilla: un cuento titulado así que la poeta había publicado en la revista para la que trabaja, PlayGround. “María me llamó y me dijo que ahí veía una novela”, dice la escritora. ¿Y se lanzó, sin más? “Sí. Leo más novela que cualquier otro género, así que no me pareció tan raro lanzarme a probar”. El caso de Baltasar es distinto. Ya había publicado un libro de cuentos, Anatomía de las distancias cortas (Lumen), y su paso a la novela tuvo que ver con la necesidad. “De repente se me apareció un personaje —el de Paula, la neonatóloga que protagoniza Aprender a hablar con las plantas—, que no me cabía en un cuento, y me dejé llevar”, asegura.
¿Y qué hay del resto? Ramón González debuta en Tusquets con Pazamor y death metal, novela en la que cuenta cómo sobrevivió al atentado en la sala Bataclan. Ramón es de Ciudad Real, pero da clases de español en un instituto de París. Y aquella noche de 2015 había ido a ver a los Eagles of Death Metal. Ramón ya había escrito antes otras novelas. Muchas. Pero ninguna había recibido el sí de ninguna editorial. Eso es algo que comparte con Jerónimo Andreu, que acaba de publicar En el vientre de la roca (Salamandra).

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Jerónimo Andreu. CARLOS ROSILLO


Jerónimo había intentado publicar antes y había sido imposible, por eso se sorprendió cuando recibió la llamada de Anik Lapointe, al poco de haberle enviado el manuscrito a Salamandra. “Esta vez fue inesperadamente sencillo encontrar editorial”, dice. Y se diría que eso es algo en lo que todos coinciden. Al parecer, la predisposición editorial es definitivamente mayor. Casi como en otros tiempos. Los tiempos de los que habla Constantino Bértolo cuando rememora la época en que descubrió a Ray Loriga, Marta Sanz y Luis Magrinyà: “Conviene recordar que, en aquel momento, primeros años noventa, buscar nuevos autores respondía a la imposibilidad para una editorial con pocos recursos económicos de fichar a autores con adelantos difícilmente abordables”.
El caso que nos ocupa es distinto. Estamos hablando de sellos como Tusquets, que pueden pujar por el siguiente Murakami. O de Espasa, que acaba de apostar por lprimera novela de Irene Lozano: Si sufrir fuera sencillo. Aunque también hablamos de Sexto Piso y Periférica. En Sexto Piso debuta el cubano Carlos Manuel Álvarez con Los caídos. De Periférica, Munir Hachemi Guerrero, que publicará en noviembre Syngenta, dice: “Fue muy sencillo, casi natural. Una amiga me preguntó: ‘Si pudieras elegir una editorial, cualquiera, ¿cuál sería?’, y respondí que Periférica. Quizá fue muy aventurado, pero la enviamos y aceptaron publicarla”. Eva Baltasar resume así lo que ocurrió cuando decidió que Club Editor sería el sello ideal para Permagel: “Fue muy fácil, como pedirle un deseo al genio y constatar sin demora su poder”. Marta Carnicero podría no haber encontrado jamás editor en castellano para El cielo según Google (Acantilado), que había publicado L’Illa dels Llibres en catalán, pero lo hizo y tampoco le costó demasiado. “Fui a la presentación de Tuyo es el mañana, de Pablo Martín Sánchez, y a mi lado se sentó Sandra Ollo y no pude evitarlo: me presenté y le conté que acababa de publicar una novela y que había pensado llevársela, pero que no me había atrevido. Le dije que Pablo estaba dispuesto a traducirla (¡era verdad!) y que iba a salir en inglés gracias a una beca del PEN americano. Todo esto en 30 segundos, al más puro estilo elevator pitch”, relata. Funcionó.



LA RULETA EDITORIAL

El de la pasión por los debutantes no es un fenómeno únicamente español. En la famosa rentrée francesa, este año se contabilizaron cerca de un centenar de primeras novelas. Se diría que en todas partes hoy el editor está multiplicando su apuesta, en palabras de Munir Hachemi Guerrero, “jugando en la ruleta a un número en vez de a un color o a una docena. Es mucho más improbable ganar pero, ah, si sale...”. Al frente este año de Caballo de Troya, la editorial que solo apuesta por nuevas voces, la escritora Mercedes Cebrián afirma que “el trabajo de un primer editor se parece a la elaboración de un producto artesanal, a la construcción de un violín, juraría”, porque, de algún modo, se está construyendo algo, “una nueva voz”. ¿Y qué tipo de mano puede echarle el editor al escritor? ¿Es el primer editor de una novela una especie de Gordon Lish, el hombre que construyó la voz minimalista de Raymond Carver? “Sí, el editor de una primera novela es un poco Lish, marca el camino, pero debe guiar sin imponer”, contesta. ¿Y hay problemas con los autores? “Es curioso, los más seguros de su texto se dejan aconsejar constantemente, mientras que los que menos seguros están se blindan y se vuelve complicado trabajar con ellos”, dice María Fasce. Desde el otro lado, ¿se ven temas en común en todos esos debutantes? “Sí, una buena cantidad de los manuscritos hablan del fracaso. De la crisis económica, pero también de fracasos vitales, vocacionales o amorosos”, contesta Cebrián. Y añade: “Podría decirse que la idea de personaje como mundo resume bien la esencia de buena parte de ellos”.

¿Se diría que tienen algo más en común? ¿Son adictos al scroll de Instagram? ¿En qué se inspiran? ¿Qué leen? ¿Creen que, cada vez más, ya no hay un mundo en el que el personaje tenga que encajar sino que el propio personaje constituye el mundo de la novela? Así es en el caso de la narradora arisca de Permafrost y en el de la crítica gastronómica obsesionada con la literatura sobre nínfulas de El funeral de Lolita y, evidentemente, en el caso de la novela de no ficción de González sobre lo ocurrido en la sala Bataclan. Y aunque lo suyo sea una parábola distópica, Silvia Terrón, poeta que también debuta en novela con Umbra (Caballo de Troya), cree que inevitablemente el presente múltiple en el que vivimos tiene mucho que ver en lo que se crea. Así habla de su novela: “El verdadero protagonista de Umbra es la mitad de la Tierra que vive a oscuras, buscando maneras de recuperar la voz. Aunque esté ambientada en un futuro lejano, tiene mucho que ver con nuestro presente. Para empezar, se nos están yendo muchas certezas. A la vez, estamos rodeados de imágenes y frases en un bombardeo continuo”.
Ana Llurba dio con su idea para La Puerta del Cielo (Aristas Martínez) entre un puñado de libros de segunda mano: “Encontré un libro que se llamaba Los extraterrestres en la Biblia, de pseudohermenéutica, de interpretaciones aberrantes, y como hacía tiempo que le daba vueltas al tema de todo lo literal de la religión, se me ocurrió la historia de una adolescente que canalizara esa inquietud”. La novela de Orriols, en cambio, es vehículo para el duelo: el que sufrió la autora al perder a su marido en un accidente aéreo. Aunque el dolor es lo único autobiográfico. Lo mismo pasa con Luna Miguel. “Lo único que le he dado a la protagonista es mi obsesión por la literatura sobre nínfulas”. Eso sí, a ella hacer scroll en Instagram le ayuda. “Accedo al día a día de otras vidas. Admito que me ha servido para meterme en la piel de mi protagonista”, dice. “Sacar ideas de Instagram para caracterizar un personaje es un acto espontáneo hoy”, asegura Jerónimo Andreu. En cambio, a Munir, Instagram solo le sirve “para no pensar”. Munir sube todo lo que escribe a su Dropbox. Poemas, relatos, el embrión de novela que en su día fue Syngenta. Así, dice, “lo puedo hacer crecer desde cualquier lugar con Internet”.

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Carlos Manuel Álvarez. CARLOS ROSILLO


En cambio, no hay forma de dar con Eva Baltasar en ninguna red social. Es poeta también, como Luna, como Silvia Terrón y el propio Munir. Ha publicado 10 poemarios. Es pedagoga y trabaja solo cuando lo necesita. El resto del tiempo, escribe. “Tanta diversificación no hace más que llamarme a concentrarme en lo esencial”, dice. No ve la televisión. Casi no va al cine. Para la mayoría, pese a vivir rodeados de vidas virtuales, la inspiración procede de lo que ven en la calle. “Yo a veces incluso no puedo evitar pararme, cuando voy en moto, para tomar nota de algo que acabo de ver”, dice Marta.
Carlos Manuel cita el Mientras agonizo de Faulkner como punto de partida de la estructura familiar en voces de Los caídos. Ramón relee El extranjero de Camus una vez al año y le gusta jugar a ser otro para dar lugar a discusiones que le acaben iluminando futuras escenas de lo que esté escribiendo. ¿Algún miedo? Que el exceso de atención por la novedad les deje sin atención en un tiempo. Así lo expresa Terrón: “Vivimos rodeados por la necesidad de la novedad y no hay nada más nuevo que una primera novela de un autor desconocido. El gran reto para el novelista primerizo es sobrevivir a ese ciclo, demostrar que lo que tiene aún por contar merece ser leído”.


LAS NOVELAS


Permafrost. Random House. Eva Baltasar (Barcelona, 1978). Una narradora encantadoramente cínica habla de su voracidad homosexual y de lo mucho que odia todo lo que le rodea. Casi un thriller erótico existencial.
Aprender a hablar con las plantas. Lumen. Marta Orriols (Sabadell, 1975). Un tipo deja a su mujer tras 15 años de matrimonio. Cuando ella aún anda haciéndose a la idea, él tiene un accidente y muere. Un duelo que no idealiza.
El funeral de Lolita. Lumen. Luna Miguel (Almería, 1990). Una joven y polémica crítica gastronómica descubre que el profesor de literatura del que estuvo enamorada en el instituto ha muerto. La historia de una obsesión.
Paz, amor y death metal. Tusquets. Ramón González (Daimiel, 1984). Un superviviente de los atentados de la sala Bataclan cuenta cómo logró salir de allí y lo que le costó empezar de cero. Un doloroso memoir.
Los caídos. Sexto Piso. Carlos Manuel Álvarez (Matanzas, Cuba, 1989). La historia de una familia cubana convertida en un pequeño infierno. Un faulkneriano drama disfuncional.
En el vientre de la roca. Salamandra. Jerónimo Andreu (Cádiz, 1981). Un héroe angloespañol, Joseph, tiene que hacer frente al narcotráfico en Gibraltar, en un moderno thriller de espías sureño.
El cielo según Google. Acantilado. Marta Carnicero (Barcelona, 1974). Una pareja lleva tiempo esperando una adopción y, cuando por fin llega, todo se tuerce. La historia de una ruptura inevitable.
Syngenta. Periférica. Munir Hachemi Guerrero (Madrid, 1989). Hijo de argelino y española, le llaman el Kureishi español y ha escrito una novela de formación que es a la vez, dicen, una canción de Tom Waits y un poema de Nicanor Parra.
Umbra. Caballo de Troya. Silvia Terrón (Madrid, 1980). En el futuro, el ser humano pierde la voz y lo más preciado es un mineral que contiene las voces de nuestros antepasados. Una distopía contra el despropósito del presente.
Si sufrir fuera sencillo. Espasa. Irene Lozano (Madrid, 1971). En 1962, uno de los pilotos que bombardearon Hiroshima llega a la base de Rota con un buen puñado de remordimientos. Thriller histórico basado en hechos reales.
La Puerta del Cielo. Aristas Martínez. Ana Llurba (Córdoba, Argentina, 1980). Una secta adolescente busca la felicidad con liturgias obsesivas. Muestra del new weird en español.
EL PAÍS

viernes, 23 de marzo de 2018

Cinco de los más importantes editores de España en la previa de Sant Jordi

Mesa redonda con cinco editores: Elena Ramírez, Sílvia Sesé, Emili Rosales, Claudio López Lamadrid y María Bohigas (Mané Espinosa)



La Vanguardia reúne a cinco de los más importantes editores del país en la previa de Sant Jordi

Llega Sant Jordi. El día más importante del año para el sector editorial: libreros, lectores, autores, editores... la calle se llena de libros y gente con ganas de comprarlos. Para hablar de ello, y del estado de salud de este invento único, y en consecuencia del estado de la cultura, La Vanguardia reunió esta semana en torno a una mesa a Elena Ramírez, directora de ficción internacional del Grupo Planeta; Emili Rosales, director editorial de Grup 62; Maria Bohigas, editora de Club Editor; Claudio López de Lamadrid, director de Literatura Random House; y Silvia Sesé, directora editorial de Anagrama.
¿El día de más trabajo del año?
Ramírez. Es un sueño. No sólo por las ventas sino por el entusiasmo alrededor del libro.
Rosales. Y porque cada vez hay más actos alrededor del libro y porque además es primavera. La gente está muy contenta.
Bohigas. Es cierto, y hay una sensación un poco irracional, los editores tenemos una sensación de ir a jugar al casino, a dar el golpe de dados.
López. Yo no tengo la sensación de ir a jugar a los dados. Lo bonito es que coincide el entusiasmo de toda la cadena del libro, desde el almacén hasta el jefe de la empresa. Es un día de entusiasmo.
Sesé. Yo destaco que es un día de encuentro entre lectores y autores, y nosotros en medio. Sientes esa conexión viva y matérica.
López. ¿Yo puedo preguntar?
Claro.
López . ¿Esto puede durar siempre? El milagro de es que exista, con miles de personas en la calle.
Mejor, ¿no?
López. Claro, pero el sector ya está pensando en el 2019, con la idea de llevarlo a paseo de Sant Joan, porque es más ancho.
¿Qué cambiarían?
López. El año que viene es difícil, porque el 22 es lunes de Pascua.
Rosales. Sant Jordi no debe cambiar, sería absurdo. Sí podemos expandirlo, generar pequeños santjordis, más repartidos. Y hay otros días que cada año cogen más vuelo, como la Setmana del Llibre en Català o Navidad. Hay que crear más días importantes para el libro.
López. ¿Tanto?
Bohigas. Sí. Si llueve o hay un lío político te suicidas. La concentración es salvaje. Y la gente espera el descuento, sobe todo en los libros que cuestan más de veinte euros. Tenemos cuatro meses válidos, el resto es el desierto. Por ello, creo que situar la Setmana en septiembre es un pésimo error, porque la gente está sin un duro. Como gremio deberíamos reflexionar al respecto.
El ser humano se explica con la ficción, necesita la ficción. Si en el siglo XIX la literatura era hegemónica, en el XX surgió el cine y más tarde la TV, hasta hoy, con multitud de canales. ¿Les condiciona, a la hora de editar…?
Bohigas. No estoy de acuerdo en que antes fuera hegemónica ni en que hoy ya no sirva. La literatura siempre ha sido marginal. Los que mandan, quienes representan el éxito social, no leen. Y hoy, aunque seamos esclavos del audiovisual y de las redes, creo que el libro sigue siendo el lugar donde se transmiten las cosas importantes. Aquel que quiere contar cómo ha superado una enfermedad no lo cuelga en la red, escribe un libro. Un género con gran tirada es la autoficción.
Es un discurso pesimista.
Ramírez. Es realista.
Rosales. En el siglo XX, el cine suplió a la literatura como fábrica de ficción, pero la literatura gozó de excelente salud. Y ahora son la series o los videojuegos. Por ello, debemos buscar las interconexiones. Han salido nuevos géneros, como los youtubers o la poesía urbana, que en buena parte es juvenil… Y paradójicamente, la crisis tremenda de estos años la hemos visto más en el lector adulto que en el lector joven. Ha resistido mejor el libro juvenil. Y hay otra cosa: me fascina cómo pese al torrente informativo diario, la influencia del libro sigue vigente. Oímos de Trump cada día, pero un libro sobre él resiste muy bien el paso de los meses.
Sesé. Entiendo el pesimismo, que vivimos cada día con las cifras. Pero leer siempre ha sido minoritario. Me preocupa que haya perdido el deseo aspiracional que antes tenía para mucha gente ver los libros y la literatura como algo que te situaba.
Bohigas. Depende del ámbito... creo que el libro de entretenimiento está perdido, pero también creo que hay todo un sector de lectores que en los años de crisis se está girando hacia la literatura. ¡La literatura es un lugar donde no se miente!
López. Se lee mucho menos. Incluido yo. Perdemos horas y horas en las redes.
Sesé.¿Y no crees que eso cambiará?
López. Creo que leemos más que nunca, pero a trozos. Lo que sí que creo es que la literatura conserva el prestigio. Creo que todo el entertainment de la literatura efectivamente ha migrado a las redes. Y hoy nadie lee 500 páginas de Platón. Te lo dirá cualquier catedrático. Los estudiantes leen resúmenes. Por eso como editores debemos pensar en nuevos formatos.
Sesé. Es que a mi me preocupa la absoluta disociación entre la universidad y la edición. Es absurdo. Mis amigos profesores están alarmadísimos. Nadie lee un libro. El interés literario en la academia es bastante peregrino.
Bohigas. Y en otros países. Es general, desgraciadamente.
Ramírez. Confluyen varias cosas: la irrupción de las tecnologías, los recortes... Estoy en el lado pesimista aunque creo que podemos ver cambios. Las cosas cambian a una velocidad escalofriante. No soy pesimista irreversible, sino pesimista presente.
López. Como editores debemos adaptarnos. Pongo tres ejemplos: el libro de Jordi Amat, el de Eduardo Mendoza y los de Chimamanda [Ngozi Adichie]. Son libros de 5 euros que la gente lee rápido. Leemos en el móvil, estamos cambiando.¡De Chimamanda vendo mil a la semana!
¿De qué hablan los manuscritos que reciben?
Ramírez. La literatura del yo es constante. La influenciada por series de TV, el crimen… y diría también probablemente tipos de entretenimiento que evadan de una situación política, económica y social de alta inestabilidad.
López. Y feminismo.
Sesé. Sí, en un sentido amplio.
Bohigas. Y el de la relación con la naturaleza. Cognetti, Thoreau… Es interesantísimo que coincide con que todos esos amantes de la naturaleza la aman tanto que la destruyen, con sus visitas. Es muy ilustrador de cómo somos. Creo que el auge responde a otra cuestión: la soledad. El extremo individualismo.
Sesé. Muchos manuscritos van en esta línea. Más crítica, más rebeldes, en varios aspectos, sobre todo en la relación del individuo con la sociedad y en relación con su cuerpo, con la agresión al cuerpo, en un sentido amplio, casi filosófico. En esto creo que entronca con los libros sobre naturaleza. Cómo encontrar una forma más sana y armónica para vivir en este mundo. Hay mucha literatura de rebelión, de grito.
Ramírez. Por el contrario, lo que parece interesarnos menos es el género distópico, el apocalipsis.
¿Y el proceso?
Rosales. Nosotros hemos publicado muchísimo sobre ello. Creo que hasta ahora no se han convertido en libros populares. Esta semana el Frankfurter Allgemeine recomendaba al juez del caso Puigdemont que antes de decidir lea Operació urnes. Es un gran éxito. Un reportaje periodístico, no ideológico, sobre la logística de todo el proceso.
Sesé. Nosotros hemos tenido el de Jordi Amat, que lleva ya cuatro ­ediciones en catalán y otras cuatro en castellano, y sigue vendiéndose, por su nivel de información ypor su calidad literaria.
Bohigas. Y porque la figura de Amat está cogiendo una gran fuerza.
¿Se han recuperado las librerías?
Bohigas. Sí. Aunque hay libros que si salen en una semana informativamente fuerte es como si se cerrara un grifo. Pero los picos de ansiedad pasan rápido. Y el proceso ha generado un interés por cuestiones vecinas…
Sesé. …sí: rebelión, propuesta de acción… Como los de Marina Garcés.
Rosales. Pero esto vuelve a poner el libro en una posición de privilegio, como generador de ideas.
Barcelona es una capital editorial . ¿Puede hacer más?
Sesé. Se puede hacer mucho mejor. Creo que tenemos que trabajar unidos y hacer algo potente, quizás un premio a lo Goncourt, con impacto.
Rosales. Las ciudades y los países pueden singularizarse a través de la cultura. Barcelona y Catalunya y España tienen una oportunidad única con el libro. Es que además está hecho, sólo tienen que aprovecharlo. Barcelona es la gran fábrica de ideas y de imágenes de Europa.
Sesé. Pero debemos implicarnos.
Rosales. Claro. Barcelona ya es una capital editorial, eso es un hecho.
¿La o una capital?
Rosales. A nivel mundial no me atrevo a decir que sea la capital.
López. Del español sí.
¿Aún?
Bohigas. Claramente, sí.
López. Y si algún día deja der serlo, si la llega a compartir con alguien, como la del inglés son a la vez Nueva York y Londres, no la va a compartir con Madrid sino con México, que está cogiendo una potencia brutal.
Sesé. Las sedes de los dos grupos más potentes están aquí.
López. Por el contrario, yo creo que sí se hacen cosas. Premios, encuentros… ¿Qué hace Londres que no hagamos nosotros?
Sesé. Creo que podemos hacer más.
López. La suerte es que en Barcelona nos llevamos todos más o menos bien. Mirad esta mesa… En Madrid se sacarían los ojos.
Sesé. Yo me refiero a crear algo… un premio… con una institución neutral, y que eso suponga unas ventas en el mercado relevantes. Eso nos falta absolutamente.
Este diario lo ha propuesto.
Bohigas. Yo creo que se puede hacer mucho. Lo del premio es una buena idea, pero inaplicable. La situación de los premios también nos define… es un funcionamiento mediterráneo puro. Barcelona podría ser un lugar más estimulante. Por ejemplo, tenemos un patrimonio turisticocultural, y la arquitectura, y somos la capital del anarquismo en el mundo anglosajón. La Barcelona de la época de Picasso es fascinante ¿alguien lo trabaja a nivel tursticocultural? ¡De ninguna manera! El modelo turístico no es apto para acoger valores que nos irían muy bien, que crearían un clima… Estamos huérfanos. Tampoco tenemos un festival literario, en el que pudiéramos tener autores latinoamericanos, españoles y catalanes.
Sesé. No podemos perder esa relación con América.
López. La hemos perdido ya.
Bohigas. No, no, no…
López. La hemos perdido, se van a México. Por el euro. Aquí no pueden vivir.
¿La capital de la edición en castellano será México?
López. Es Barcelona, pero con la literatura en el castellano acabará pasando como con el inglés, que tiene dos capitales, Londres y Nueva York. México y Barcelona competirán por la edición española, como en Italia compiten Turín y Milán. México es más barato. Europa tienen un problema de coste de la vida.
Hay una asimetría del mercado: el 75% es castellano y el 25%, catalan. ¿Se sienten rivales?
Ramírez. No. Somos cómplices. Compartimos gastos, trabajo, precios... Incluso cuando la editorial catalana no es del mismo grupo.
Rosales. Es cierto. El catalán continua teniendo el problema de que un alto porcentaje prefiere leer en castellano, y ahí hay mucho campo por recorrer. Pero a nivel editorial el catalán se ha adaptado muy bien al hecho de que Barcelona sea capital de la edición en castellano. Hay una estructura de primera magnitud. Si analizamos los grandes sistemas editoriales en Europa, no hay otro de la dimensión del catalán, o mayor, que traduzca tanto. Eso es por creatividad editorial pero también por la colaboración con los editores en castellano.
Hablan de hábitos de lectura, pero sólo en papel. Quizás habría que empezar a pensar en los hábitos de concentración... ¿hace suficiente el sistema educativo?
Ramírez. No. Lo que estamos constatando es que los hábitos de lectura de los jóvenes chocan con formas de ocio que no tienen nada que ver con la lectura. Es ahí donde hay que actuar. No esperar a que sean mayores y entonces intentar cambiarlos.
Sesé. Dirigirse a los no lectores a ultima hora es muy complicado. Acabas haciendo libros no-libros.
López. A la escuela no llegamos.
Bohigas. Convertir a una persona que no lee en una que lee es muy complejo.
Ramírez. Cuando he querido montar actos en los institutos, la primera pregunta es ¿quién paga qué?
Rosales. Hay profesores admirables, que hacen un trabajo heroico, pero el modelo educativo no favorece el gusto por la lectura.
Bohigas. Es que a medida que se va desplegando el Plan Bolonia, te das cuenta de que no es que no tengamos un cómplice: es que tenemos un enemigo. El sistema está pensado para crear obreros cualificados, no personas que piensen. Hay una ideología ambiente mecanicista y que concibe el mundo interior de una persona como una máquina. ¿La imaginación dónde está?