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viernes, 21 de agosto de 2026

Carmen Posadas / «Todos tenemos un idiota en el currículum sentimental»




Carmen Posadas




Carmen Posadas

«Todos tenemos un idiota en el currículum sentimental»

En su nueva novela —una historia detectivesca en torno al Titanic— hay amor, crímenes, engaños y un brindis por Emilia Pardo Bazán. Nos habla de todo eso, y de política, de la jet set, de la muerte de Mariano Rubio, de la maternidad, la edad (tiene 71 años), la literatura y también de sus 'venganzas' con enorme generosidad.

Carmen Posadas / «Yo no he hecho otra cosa en mi vida que espiar»

 



Carmen Posadas

«Yo no he hecho otra cosa en mi vida que espiar»

‘Golondrinas de miel’, ‘Doncellas venenosas’... los apelativos de las primeras espías eran tan enigmáticos y seductores como ellas mismas. Carmen Posadas las rescata en su nueva novela para ver la historia con otros ojos.

Por Virginia Drake | Foto: Carlos Carrión

Se reconoce antropológicamente vaga, a Carmen Posadas no le gusta escribir. Se mantiene en forma cada mañana realizando una tabla de gimnasia de veinte minutos, antes de sentarse delante del ordenador, mirando a una pared en blanco para no distraerse. Así ha escrito Licencia para espiar (Editorial Espasa), la novela que sale a la venta esta semana. En ella, el lector descubrirá que las murallas de Jericó cayeron gracias a una espía llamada Rahab la Larga; que fue una juglaresa, la Balteira, la que propició la reconquista de Córdoba y Málaga; o que la Santa Inquisición fue la primera agencia internacional de espionaje. Posadas aborda la historia con ojos de mujer... de las más intrépidas mujeres.

Carmen Posadas / La venganza de la Madre Abadesa

 

Carmen Posadas


Carmen Posadas

LA VENGANZA DE LA 'MADRE ABADESA'


Como les he contado alguna vez, yo fui una niña sumamente fea. Nací peluda, cetrina, con un diente y cinco kilazos de peso que hicieron que en el hospital donde vi la luz se me conociera por el bonito apodo de 'Madre abadesa'. Además, era una fea en una familia de guapos, algo aún más difícil de sobrellevar y sobre todo de entender. Pero una de las pocas ventajas que tiene ser una niña fea es que al menos una no se hace la novela. Lo que quiero decir es que no crecí soñando de noche y fantaseando de día que los hados, las hadas o quien demonios se ocupe de estos menesteres allá en el Olimpo, me tenían destinado un futuro glamouroso gracias al cual, nada más quitarme los calcetines de adolescente, me encontraría convertida en Natalie Wood o Grace Kelly o, más modestamente, en la Jennifer Aniston de turno. Soñar es bonito, qué duda cabe, pero también es fuente de muchos desconsuelos y desilusiones, pensaba yo entonces.