sábado, 15 de agosto de 2026

El cielo de Ucrania

 

Sofia Klishnia, de 12 años, observa las ruinas de su clase, en el liceo Mijailo-Kotsiubinske de Chernihiv.EMILIO MORENATTI (AP)

El cielo de Ucrania, al desnudo

Los misiles rusos castigan a diario a la población civil ante la falta de interceptores

El País, 9 de agosto de 2026


Cuando el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, pide “protección” a Europa y a Estados Unidos, se refiere especialmente a misiles interceptores para derribar los proyectiles rusos que a diario golpean infraestructura civil o zonas residenciales de todo el país. Munición que puede salvar vidas, pero que escasea, y mucho, en los arsenales de Ucrania. Este sábado, Zelenski informó de la muerte de una pareja de ancianos y su nieto, de tan solo tres años, en un ataque contra la localidad de Pujovka, en la región central de Kiev. Según informó el propio Zelenski la pasada semana, los aliados han suministrado en lo que va de año solo un tercio de los misiles de defensa antiaérea que entregaron en el mismo periodo de 2025. No en vano, la tasa de interceptación de las fuerzas ucranias de balísticos rusos en julio fue del 29%. Las consecuencias son trágicas.

Ucrania necesita más ayuda militar de la que llega. Los aliados europeos lideran y prácticamente concentran en la actualidad el apoyo en defensa a Ucrania, bien de forma directa o a través del exitoso mecanismo creado en el seno de la OTAN para comprar armamento a la industria estadounidense. Es así como llega el 95% de la munición que Europa envía para cargar las baterías Patriot que tratan de interceptar los letales misiles balísticos rusos. No es suficiente. La economía de guerra rusa produce más de un centenar de estos proyectiles al mes, una cifra que sobrepasa las capacidades defensivas de Ucrania. A esto se añade el suministro de misiles desde Corea del Norte, extremo del que ha informado recientemente el servicio de inteligencia ucranio.

Así, los aliados europeos tienen que pisar el acelerador y emprender la inmensa tarea de funcionar como una sola industria militar que proteja sus fronteras. Ucrania es en este momento el lugar en donde hacerlo. Pero en Bruselas, sede la Unión y de la Alianza Atlántica, cunde la impresión de que aún hay 27 formas de gastar en defensa. El secretario general de la OTAN, el holandés Mark Rutte, ha manifestado que está en conversaciones con los aliados para obtener de forma urgente defensas antiaéreas.

Mientras, Estados Unidos se ha inhibido de esta realidad. Preguntado el pasado viernes el presidente Donald Trump sobre la necesidad de más munición expresada a diario por Zelenski, el republicano se limitó decir: “Nosotros también queremos misiles”. Solo en 40 días de guerra contra el régimen iraní, el ejército estadounidense gastó en torno a 2.300 interceptores para proteger a sus aliados del Golfo, casi cuatro veces más de los enviados a Kiev en los últimos tres años. Ucrania ya no es su prioridad. Por eso Europa tiene que acelerar. Según la ONU, en los primeros seis meses del año murieron en Ucrania 1.396 civiles y 7.978 resultaron heridos, un 37% más que en el mismo periodo de 2025. En Ucrania, el tiempo se cuenta en vidas.


EL PAÍS



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