martes, 1 de mayo de 2007

Discografía / "Street Legal", el espIéndido álbum de Bob Dylan

"Street Legal", el nuevo y espIéndido álbum de Bob Dylan

José Manuel Costa
1 de julio de 1978

Es difícil enfrentarse con un elepé que marca la vuelta gloriosa de Dylan en el seno de una gira monstruo y de una expectación como pocas veces se ha desatado en torno a un cantante de rock. Street Legal, es su título.


Porque eso es Dylan en estos últimos coletazos de la década, un rocker de nuestro tiempo. Atrás, sumergida en el seno de sus veintiún elepés yace una historia de contestación, de escándalo, de cambios radicales, de altibajos: la historia del rock.Dylan no ha vuelto para recrearse en el pasado.Street Legal sin embargo, no renuncia a él. Tal vez como en ninguno de los últimos discos Dylan sea tanto el mismo y las canciones que aquí se contienen son los últimos brotes de un árbol que hunde sus raíces en I want you o 61 highway revisited.
Y el disco comienza con un órgano que nos retrotrae a aquellos años, a unos tiempos en los que Dylan maravillaba, asombraba, enternecía, asustaba.Changing the guards no es Like a Rolling Stone, no es Sad eyed lady Of the Lowlands. No, no es nada de aquello y, sin embargo, surge una sonrisa de agradecimiento cuando se escucha el estallido hoy y ahora de un pasado que se deposita en los recuerdos y en las piedras. El texto salta hecho. añicos en los suelos de algún soñador, su sentido es innecesario, su fuerza no reside en la lógica.
Pero Dylan sigue sabiendo que en el fondo del blues se encuentra la tristeza entrelazada en sonrisas. Es New pony y sería terriblemente machista si no fuera por su ternura. Dylan está solo y ese hecho se manifiesta a lo largo de todo el album. Es verdad y es brutal una vez que se ha cruzado el umbral de distanciamiento que impone, cada vez más tímidamente, el propio Dylan. ¿Cómo, si no, entender el grito de desgarrado cinismo en No time to think? ¿Cómo, si no, poner en cuestión todos los tabúes-palabras que atronan la realidad impidiendo su canto roto o tal vez, risueño?
Intensidad, intensidad, Baby stop crying. Una vez más, las palabras de Dylan recuerdan a aquel Lady, lady lay, pero también es otro asunto, es otro sentimiento. Bob se ofrece a todos, pero está demasiado lejano, esa es la máxima contradicción, no sólo de él mismo, sino de todos. Todos conocemos el miedo a amar, la desconfianza de amar, todos lo hemos sufrido y Dylan, también.Is your love in vain. «Estás dispuesto/a a arriesgarlo todo, o tu amor es en vano?»
«Hay alguna verdad en todo ello, Señor?» Señor (Tales of yankee power). Los tiempos han cambiado, el antiguo trovador es millonario, su antigua audiencia ha luchado y ha desaparecido en las sombras, pero aún palpita. Lo tiempos han cambiado y la presunta permanece intacta. Desde Basement tapes, Dylan no parecía tan sincero, tan decidido a desnudar sus dudas, su espíritu. Pero todavía hay gente para recogerlas del suelo aunquevengan empaqueta das en sus misrnas paradojas.
True love tends to forget parecerá a muchos derriasiado sentimental, arquetípica, nianida. Y, segura mente, lo es. Da lo mismo, Dylan sigue cantando como nunca, lan Wallace (ex-King Crimson) sigue marcando un ritmo implacable, Billy Cross traza un dulce solo de guitarra y Street Legal sigue siendo un gran disco. En We Better talk this over se nos explica con pelos y señales cómo romper ese amor del que tanto se ha dudado. No hay crítica, sólo exposición, cansancio, pena. Y para finalizar vuelta al pasado presente. Where are you tonight? (Journey trough dark heat). Todos los demonios y los ángeles se desatan de cadenas celestiales y corren por las calles de la ciudad. Eso es lo que ocurre en la realidad. No hay cielo, no hay infierno, hay vida, hay muerte.
* Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de julio de 1978

Bio-discografía

1 JUL 1978

1941. Mayo 24. Nace en Duluth, Minnesota, un niño que habría de llamarse Robert Allan Zimmerman. 
1947. Los padres de Robert se trasladaría Hibbing. 
1953. El joven comienza a tocar la guitarra, formando desde la temprana edad de doce años algunos grupos de rock. 
1959. Acude a la Universidad de Minnesota durante un año, que aprovecha para dejar los estudios y convertirse en un cantante de folk llamado Bob Dylan. 
1962. Aparece su primer álbum con CBS, que al parecer gustó a todos menos a la misma compañía. No era rock, sino un folk extraño y algo desabrido. Sorprendente. 
1963. Aparece Freewheelin' Bob Dylan. El joven se gana un auténtico culto entre la contestación americana (la europea recogerá A Hard Rain´s Gonna Fall o Blowin in the Wind, poco más tarde). Conoce a Joan Baez, con la que convive hasta 1965. 
1964. Más éxitos con The Times They Are, A Changin' (Los tiempos están cambiando). A estas alturas las versiones que de Bob Dylan realizaban Peter Paul And Mary eran más conocidas que las originales. 
Este mismo año edita Another Side Of Bob Dylan, en el cual mostraba un cierto cansancio por su simplicidad folkie anterior. 
1965. Bringing It All Back Home, con él, su portada de amor y lujo, y el escándalo que produjo su aparición en el festival de Newport acompañado por la eléctricaPaul Butterfield Blues Band (¡horror, Dylan se ha pasado al rock enemigo!) se cierra la primera etapa de su carrera. 
1966. Edita Highway 61 Revisited y el escándalo producido el año anterior en Norteamérica se reproduce en su gira europea. Sobre todo los puristas londineses y parisienses la emprendieron poco menos que a tomatazos con el presunto traidor. 
1967. Este año, Dylan desaparece con la excusa de un grave accidente de moto que todo el mundo cree en aquellos momentos. De todas formas tuvo tiempo para grabar las Basement Tapes, que sólo saldrían a la luz en 1975, después de casi una década de ser impune y lucrativamente pirateadas. 
1968. John Wesley Harding y la magnífica versión que de Mighty Quinn hace Mandred Mann y, sobre todo, el increíble All Along The Watchtower, de Jimi Hendrix (Dylan le rendiría, en 1974, un homenaje cantándola igual; en Before The Flood). John Wesley Harding era un gran álbum al que siguió: 
1969, Nashville Skyline, que produjo una gran polémica en torno a su tono agradable, reposado y, definitivamente, country. Era el apogeo de la música ácida. 
1970. Con el cambio de década Dylan aprovecha para sacar un álbum autocomplaciente que recibió peores críticas. A Self Portrait (ése era el nombre) le sigue New Morning, con el que tampoco sucede gran cosa. Dylan parecía acabado, aunque mirado con perspectiva sólo estaba descansando. 
1971. Edita su libro de poemas Tarántula. 
1972. Dylan aparece en el concierto de Bangla Desh para ofrecer, entre otras cosas, una estupenda versión de Hard´s Rain Gonna Fall. 
1973. Sale Pat Garret y Billy The Kid (película en la que actuaba Bob). El éxito deKnocking On Heavens Door lazo recordar a todos que Dylan seguía presente, Ese mismo año, y con motivo de la firma de Dylan con el ascendente sello Asylum, CBS aprovecha para editar Dylan, en el cual sólo se incluían algunos nuevos temas (posibles desechos de grabación). 
1974. Planet Waves y Before The Flood, este último un álbum en vivo con la ban la y que corrieron una suerte cornercial debido, entre otras cosas, a la antedicha maniobra de CBS. 
Pero para sorpresa de todos, y a mediados de este mismo año, Dylan vuelve a firmar por dicha casa. 
1975. Bood On The Tracks, un álbum impresionante que dejó atónitos a quíenes sentenciaban la sequía creativa de nuestro héroe. También en 1975 aparecen, por fín, las Basement Tapes. 
Otra de sus actividades, este año, es la Roiling Thunder Review, junto a Joan Baez, Joni Mitchell y Roger MeGulnn. La Rolling... era una gira por pequeños pueblos en América, prácticamente sin previo aviso. 
1976. Desiré, otro estupendo elepé, si bien no tan impresionante como Blood On The Tracks, y Hard Rain, un álbum de grabación infecta que recoge un programa sobre la Thunder Review, emitido por televisión. 
1977-1978. Dylan descansa con su ego en su casa de Malibú mientras se separa de su mujer y prepara, rueda y finaliza Renaldo y Clara, filme que resulta un fiasco comercial en Estados Unidos y que inició su camino europeo en Cannes. 
Edición de Street Legal y primera gira mundial después de casi diez años . 
* Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de julio de 1978

martes, 17 de abril de 2007

John Ashbery / Un poeta en Nueva York


John Ashbery 
Un poeta en Nueva York


EDUARDO LAGO
17 ABR 2004

CONSIDERADO EL MÁS grande poeta vivo de su país, John Ashbery (Rochester, Nueva York, 1927), representa lo mejor de una América que, en los enrarecidos tiempos que corren, resulta fácil perder de vista: la América democrática, fundada sobre una fe inquebrantable en las libertades cívicas e individuales. No en vano, su verbo formidable hunde directamente sus raíces en el legado de Walt Whitman, el cantor de las multitudes que supo dar cabida en su poesía a la totalidad de lo real. Ashbery era un perfecto desconocido cuando en 1956 cayó en manos de W. H. Auden el manuscrito de Unos árboles. Inmediatamente, decidió publicarlo. "¿Es posible escribir poesía hoy?", se pregunta el poeta inglés en el prólogo. Recordando que sólo es merecedor del título de poeta quien sepa regresar a las regiones de lo sagrado, le da la bienvenida al nuevo autor, precisando: "De Rimbaud a Ashbery la imaginación sigue aferrada a los valores de lo mágico". Enigmático, multidimensional, abierto a los caprichos del azar, el hacer poético de Ashbery se nutre de dos fuentes. Por una parte, la tradición anglosajona, en un arco que va de Wordsworth a Auden, y entronca con el legado del romanticismo norteamericano, incorporando esta vez desde Whitman hasta Wallace Stevens. Por otra, la propuesta de la vanguardia, tanto artística (Pollock, Rothko) como musical (Carter, Cage). A modo de puente, una vía que integra el legado de Francia, del simbolismo al surrealismo. Con el revolucionario Autorretrato en un espejo convexo (1975), lo que puso patas arriba el apacible y recluido reino de la poesía. Además de acaparar la triple corona de los premios más importantes de su país: el Nacional, el de la Crítica y el Pulitzer, Ashbery logró despertar el interés del gran público. A propósito de este libro, Paul Auster escribió: "Pocos poetas poseen hoy día su misteriosa habilidad para socavar nuestras certidumbres, para articular tan plenamente las zonas más ambiguas de nuestra conciencia".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de abril de 2004

sábado, 14 de abril de 2007

Hirokazu Koreeda / El moderno cine de samuráis


Hirokazu Koreeda

"El moderno cine de samuráis se parece demasiado a los videojuegos"

Jordi Costa
Madrid, 13 de abril de 2007

Con Nadie sabe (2004), brutal relato de supervivencia contado a vista de niño, el público español pudo confirmar de primera mano algo que el circuito de festivales tenía claro desde mediados de los noventa: que Hirokazu Koreeda (Tokio, 1962) es uno de los autores más sensibles, imprevisibles y arriesgados de la nueva ola de cineastas japoneses. En Hana, su nuevo trabajo, Koreeda cambia de registro para proponer una heterodoxa película pacifista de samuráis, partiendo de una mirada humanista que entronca con el resto de su filmografía y le da la vuelta a algunos lugares comunes de un género profundamente enraizado en la tradición.

Ambientada en la era Genroku (1688-1704) y poblada por un bullicioso mosaico de personajes de clase humilde, Hana marca las distancias con respecto a otras aproximaciones recientes al género y supone el primer desvío hacia el pasado en una carrera hasta ahora firmemente arraigada en el Japón contemporáneo. "Hace dos años falleció mi madre, y ella adoraba ese periodo. En cierto modo, hacer esta película tenía algo de homenaje a ella", señala a Koreeda, en la pasada edición del Festival de Las Palmas. "El hecho de que hayan reaparecido estas historias", prosigue, "puede tener que ver con el hecho de que la explosión de la 'burbuja económica' ha provocado en los últimos años una atmósfera de desánimo en mi país, y este género asociado de la tradición del bushido (camino del guerrero) refuerza cierto sentido de identidad nacional. A mí esa idea no me gusta, así que en mi película he optado por mostrar más bien al pueblo llano, y no sólo a la clase samurái".
Frente a la estilización de la violencia de las películas de Kitano y Yamada, Koreeda construye un personalísimo elogio de la cobardía. "No ha sido mi intención hacer una película transgresora en este sentido, aunque sí quería dar un toque de atención acerca de la violencia implícita en el género", señala el cineasta. "La mayor parte de las películas actuales de este género se parecen demasiado a videojuegos. En los años cincuenta, el cine de géneros en Japón recibía un tratamiento mucho más interesante. Ya fuera el jidai-geki (cine histórico), ya fueran comedias o cine musical, tenían sentido tal como estaban hechas. Como influencias, yo mencionaría Los bajos fondos (1958), de Kurosawa; Bakumatsu Taiyôden (1957), de Kawashima, y Tange Sazen Yowa: Hyakuman Ryo no Tsubo (1935), de Sadao Yamanaka. Pero, como modelo, pienso, ante todo, en La carroza de oro (1952), de Jean Renoir".
Hana construye un puente entre la modernidad de la nueva autoría encarnada por Koreeda y los ecos del clásico cine japonés. La película se realizó en los legendarios estudios Sochiku y eso permitió al cineasta contar con algunos colaboradores que llevaban la historia del cine sobre los hombros: "He tenido la gran suerte de poder trabajar con algunos grandes profesionales de la legendaria productora Daiei. También pude contar con la hija de Akira Kurosawa como diseñadora de vestuario. Ha sido muy satisfactorio trabajar con Kazuko Kurosawa: incluso su forma de manchar un quimono, en busca de un cierto efecto, puede derivar de la enseñanza del padre".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 13 de julio de 2007




domingo, 18 de marzo de 2007

El rostro joven de Sergio Mendes


Sergio Mendes

El rostro joven de Sergio Mendes

Carlos Galilea
18 de marzo de 2006

Diez años sin grabar un disco. El músico brasileño que se instaló en California en 1964, y convirtió en éxito mundial la canción Más que nada, regresa con Timeless, producido por el rapero Will.i.am, de The Black Eyed Peas, y con invitados como Stevie Wonder, Erykah Badu o Justin Timberlake.

Me telefonearon de una discográfica para decirme que tenían un grupo llamado Black Eyed Peas y que su líder quería conocerme. Yo no sabía quiénes eran, pero mis hijos, tengo uno de 19 y otro de 12, sí. '¡Claro, papá, los Guisantes del ojo negro!".
"Will.i.am llama un día a la puerta, y me lo encuentro cargado con una pila de vinilos míos, discos instrumentales que yo había grabado para Atlantic Records. Entró y me contó que ya escuchaba mi música cuando tenía 16 años", dice. "Tenía muchas ganas de que yo participara en su nuevo disco. Me cayó bien y le dije que sí aunque no conocía su música. Pero soy curioso. Pensé 'vamos a oír de qué va esta historia".
"En el estudio de grabación había un piano maravilloso, un Steinway, con los micrófonos, todo perfecto, y él estaba en la otra sala con protools. La canción que sonaba, para mi sorpresa, era Insensatez, de Jobim. '¡Vaya!, qué bien, ya la he tocado, me sé la armonía', pensé. Hice un pequeño solo y le encantó".
A Sergio Mendes (Niterói, 1941) le fascinó la experiencia de tocar con una base rítmica diferente. "Volví a casa y le dije a mi mujer que iba a hacer un disco. Me habían entrado ganas de grabar de nuevo. Llamé a Will y le dije 'óyeme, ya que te gusta tanto la música brasileña, ¿por qué no organizamos un encuentro con el mundo del hip-hop, tu mundo? Invita a quien quieras y yo también traeré invitados".
"Timeless empezó a grabarse en São Paulo porque Will actuaba allá. En el estudio tenían un Fender Rhodes, uno de aquellos antiguos pianos eléctricos de los años setenta, y comenzamos con Más que nada. Era medio simbólico grabar esa nueva versión". Cuarenta años después de la primera: con la canción de Jorge Ben arrancaba su disco Sergio Mendes & Brasil '66.
"Creo que el mundo del hip-hop, en términos generales, es poco melódico. Y la bossa nova, los clásicos brasileños, aportan al beat la alegría de la melodía. El hablar sobre la melodía, como hace el hip-hop, me parece muy interesante. Y es lo que hoy gusta a los chicos. Que vivamos un momento poco melódico igual se debe a las prisas. Todo el mundo en el ordenador, con los jueguecitos", dice riendo. "Pero lo que se nos queda de las grandes canciones son las melodías. Cuando oyes Más que nada o Consolação no las olvidas. Son eternas".
En Timeless hay temas de Antonio Carlos Jobim, Baden Powell, João Donato
... Algunos los había grabado con anterioridad, otros no. El carioca está acostumbrado a trabajar sin productor. "Desde el primer disco que me produjo Herb Alpert yo había producido todos los demás. Es interesante trabajar con la visión de otra persona porque pasa a ser el director de la película y tú únicamente un actor", afirma. "Nunca había terminado un disco tan rápidamente. No tuvimos ni un desacuerdo. Will tiene una percepción de las cosas que me sorprendió. Trabaja con el ordenador en los trenes, los aviones... No para".
La lista de invitados no fue algo premeditado. "Stevie Wonder estaba en un estudio al lado, entró, oyó la canción de Baden Powell y Vinicius y me dijo que quería traer su armónica para tocar. Se llevó una cinta y al día siguiente grabó su parte en cinco minutos, una sola toma", asegura. "Will convocó a la gente del rhythm and blues y el hip-hop. Cuando llegó Justin Timberlake, yo estaba jugando con la introducción de cuerdas de una canción mía que grabé hace mucho, So many stars, y Justin empezó a canturrear la melodía por encima".
La selección brasileña es de Sergio Mendes: los músicos de su banda y su mujer [la cantante Gracinha Leporace], Marcelo D2 -que ha contribuido a popularizar en Brasil la mezcla entre samba y hip-hop-, el Quarteto Mahogani de guitarras y Guinga. A principios de los noventa, Mendes viajó a Brasil con idea de grabar la poderosa percusión que se oye en las calles durante el carnaval. El trabajoso resultado, Brasileiro, le valió en 1993 un grammy. Lo abría una explosión de tambores: "Una escuela de samba entera en un patio, que grabamos con micros colgados de los árboles". En el disco estaba Carlinhos Brown. "Prácticamente fue su estreno. Montó la timbalada en la calle del Candeal para tocar para mí. Me caí de espaldas", recuerda. También apadrinó a Guinga: "Su música es una mezcla de Villa-Lobos y Cole Porter. Muy cinematográfica. Mi gran amigo Henry Mancini oyó una de sus canciones y exclamó '¿quién es ese tipo? Sergio', me dijo, 'ya no se hace música como ésta en el mundo".
En los primeros años sesenta, en Río de Janeiro, el pianista lideraba el influyente sexteto Bossa Rio, samba y jazz con los trombones de Edson Maciel y Raul de Souza y Edison Machado a la batería. En la carátula de Timeless hay una fotografía coloreada de aquel jovencísimo Sergio Mendes. Sin barba.

Mendes tocó con músicos de jazz como Art Farmer, Bud Shank o Cannonball Adderly, y es el brasileño que más discos ha vendido en Estados Unidos con aquella fusión de samba y pop con voces femeninas de sus grupos Brasil '66 o '77. "Puede ser", contesta con una sonrisa, sin querer entrar en cifras. Piensa crear un pequeño sello para producir discos de Guinga, Mahogani, Hermeto Pascoal
... "Algo como lo que Creed Taylor hizo en A & M con CTI".
En 1971 fue uno de los primeros de Los Ángeles que tuvo estudio de grabación en casa. "Un amigo me recomendó a un carpintero. Llegó a casa con el pelo larguísimo, barba, el pantalón roto. '¿Has construido alguno?', le pregunté. 'No', contestó. 'Entonces estás contratado'. El carpintero era Harrison Ford. Hay fotos y todo. El otro día nos vimos y nos reímos mucho toda la noche tomando sake".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de marzo de 2006