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domingo, 1 de febrero de 2026

Michelle Roche Rodríguez / Gente decente / Reseña

 

La familia como motor narrativo
Michelle Roche Rodríguez
GENTE DECENTE
La familia como motor narrativo

Carolina Isasi
4 dd Julio de 2017


Estos ocho relatos de Michelle Roche Rodríguez que componen el libro Gente decente han sido ganadores del V Premio de Narrativa Francisco Ayala. Recorren un universo familiar muy personal y por lo tanto universal y llegan al corazón de cualquiera que haya disfrutado de las historias contadas por una abuela o un familiar cercano. La familia es el motor de todos los relatos que se reúnen bajo el significativo título de Gente decente porque todos los personajes son muy humanos y cometen sus errores pero a todos ellos se les quiere o por lo menos se les llega a comprender. En la primera de estas historias, Lata de galletas, Amandita cuenta la historia de su madre que se casa embarazada con el novio con el que a veces vivía y después de conseguir superar una depresión, crea un próspero negocio de galletas caseras que se llamará “Las galletas de mamá” pero el marido se encargará de arruinarlo porque gasta más de lo que puede ganar y se pasa la vida pidiendo préstamos a los amigos. La madre, muy ocupada en mantener a flote su negocio del que toda la familia vive y con dos hijas, no tiene tiempo para más pero Amandita se encargará de su hermana pequeña aunque no siempre se llegue a tiempo de salvar al ser querido. Las relaciones entre hermanos están muy presentes en estos relatos.

martes, 26 de noviembre de 2024

Boris Izaguirre / Una inmigración feliz

 

Boris Izaguirre, colaborador en ‘Inmigración con otros ojos’, el número de noviembre de la revista ‘TintaLibre’

Boris Izaguirre, colaborador en ‘Inmigración con otros ojos’, el número de noviembre de la revista ‘TintaLibre’


Una inmigración feliz

La desnuda crónica de una inmigración mezclada de huida y afirmación es el relato íntimo que ofrece el escritor Boris Izaguirre con origen en su Caracas natal y perdido y destino en su Madrid triunfal

Boris Izaguirre
BORIS IZAGUIRRE
23 NOV 2024 - 23:30 COT

No escapé de Venezuela amenazado o perseguido. Simplemente, sentía que mi país de origen no era el futuro. Una intuición egocéntrica me sirvió de impulso para conseguir alejarme de allí. Sucedió en febrero de 1992, exactamente en la madrugada del 4 de febrero, la fecha del primer golpe de estado de Hugo Chávez contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez. La asonada militar se inició a las doce de la medianoche cuando yo regresaba de una juerga con amigos. Después de fumar un porro de fin de fiesta, empezamos a ver asombrados a paracaidistas descendiendo sobre la autopista del este de la ciudad, pusimos “raining men” en el cd. ¡Claro que pensamos que la marihuana hacía efecto! Más que temer por la democracia, luchamos por evitar que nos detuvieran por consumir sustancias ilegales. No fue hasta el amanecer que nos dimos cuenta de que el colocón era bastante mayor. Mi madre apareció, con su vaporosa ropa de cama, advirtiéndonos: “Ustedes no saben lo que es un golpe de Estado. Y este es uno, de verdad”, soltó con toda la autoridad de su edad y atuendo. Mis padres sobrevivieron a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, abatida en 1958 por una revuelta popular. Yo había nacido y crecido en democracia.

sábado, 16 de marzo de 2019

Karina Sainz Borgo / Maldito país, Venezuela


Karina Sainz Borgo

Maldito país, Venezuela

Karina Sainz Borgo se estrena con una novela meritoria pero algo maniquea sobre la vida en una Caracas degradada



CARLOS PARDO
11 DE MARZO DE 2019

Desde hace más de una década, Karina Sainz Borgo (Caracas, 1982) vive en España, donde es una respetada periodista cultural. Precisamente por cualidades de su escritura (condensación, capacidad de dar con metáforas vivas, finura en el gusto, exigencia intelectual) que se manifiestan con mayor despliegue en esta primera novela, La hija de la española, uno de esos raros éxitos editoriales desde antes de su publicación: la novela ha sido contratada en 22 países, como destacan las solapas del libro. Decir éxito editorial no es lo mismo que decir éxito literario, pues la virtud del primero se mide sobre todo en su posibilidad de encarnar varios targets de mercado. Y es evidente la oportunidad de esta novela sobre la Venezuela actual, con grandes personajes femeninos, dosis exactas de color local y una fluida alternancia de escenas de violencia política con otras de una nostalgia bien trabajada, tanto literaria como políticamente. Porque La hija de la española es una obra de propaganda, y la aguerrida toma de partido lastra esta interesante primera novela.

Karina Sainz Borgo / “Lo único democrático que existe en Venezuela hoy es el hambre y la muerte”

Karina Sainz Borgo, el 4 de marzo de 2019 en Madrid. 

KARINA SAINZ BORGO 

“Lo único democrático que existe en Venezuela hoy es el hambre y la muerte”

La autora venezolana impacta con ‘La hija de la española’, su crudo retrato del chavismo, que será publicado en 22 países



Jesús Ruiz Mantilla
14 de marzo de 2014
Hubo un tiempo en que dentro de los cementerios de Caracas podías enterrar en paz a los muertos. Actualmente, no: si evitas jugártela, lo más prudente es que salgas por pies del camposanto y abandones el ataúd de tu ser querido a su suerte. Muchas velas debes poner a la patrona Virgen del Valle para que su descanso eterno no sea profanado. Que alguien se lleve los zapatos, la ropa o, en cualquier caso, descuartice el cadáver para sacar provecho de sus huesos en el mercado negro y creciente de la santería… “Lo único democrático que existe en Venezuela hoy es el hambre y la muerte”, dice la escritora Karina Sainz Borgo.

lunes, 4 de febrero de 2019

Moisés Naím / ‘En Venezuela ahora todo dependerá de las fuerzas armadas’

Moisés Naím

‘En Venezuela ahora todo dependerá de las fuerzas armadas’

Moisés Naím explica la situación de su país en 'Dos espías en Caracas'. Estuvo en el Hay Festival.

Armando Neira
3 de febrero de 2019

Moisés Naím es hoy uno de los más rigurosos e influyentes analistas venezolanos. Sus columnas semanales son publicadas por un gran número de diarios de todo el mundo. En ellas interpreta la realidad. Sin embargo, para él, como para la mayoría de sus compatriotas, la situación de su país se salió de toda lógica, tanto que lo llevó a un intento tan inédito como sorprendente: explicarla a través de la ficción. Por eso vino a la XIV edición del Hay Festival en Cartagena para presentar su novela Dos espías en Caracas.

sábado, 13 de agosto de 2016

Luis Britto García / Helena

Ilustración de Triunfo Arciniegas
Luis Britto García
HELENA

   U


n papagayo se hace con papel y verada. Los demás niñitos decían que yo estaba enamorado de Helena. Se toman las veradas se ponen en cruz y se amarran con pabilo. En realidad lo que yo hice fue que no dejé que le pegaran una vez que la encontramos en el cerro. En las puntas de las veradas hay que hacer rajaduras con yilé para que se pueda amarrar el pabilo. Tirarle piedras y pepas de mango a las viejas y a las putas estaba bueno pero dígame usted pegarle a una carajita. El pabilo se amarra en las veradas y se forma como un cuadrado, y si uno le pone más veradas, como un barril como una rueda. Entonces me cantaban Rafucho tieneee nooovia. El papel mejor de seda pero hay que robarlo de la quincalla si no se puede mejor de perió­dico. Y taaambién es puuuta. El engrudo se puede hacer con harina pero mejor robarle la goma a los niñitos que van a la escuela. A Manuelito le di un coñazo y desde en­tonces me cantaban nada más hasta tienee nooovia. Mejor echar poca goma para que no forme grumos. A las putas sí pero qué culpa tenía la carajita de que la tuvieran en el burdel para que pasara la coleta. El papel que quede bien prensado si no al coger el aire se rompe. Mejor ape­drear carros robarse las gallinas de los ranchos espichar los cauchos de los camiones. Hay que dejar huequitos para amarrar las guías. Aquel año fue cojonudo el italiano de la bodega se volvió loco y apuñaló al cuñado todos vimos cuando se lo llevaron preso. Las guías se miden de lado a lado del papagayo y de la cola. La policía mató por la espalda a un obrero que le decían activista. La cola se puede hacer de trapo. Ya me tenía arrecho lo de Rafucho tiene novia. El largo de la cola depende del tamaño del papa­gayo y del viento. En el farallón del cerro donde volá­bamos papagayos estaban instalando los cables de la luz eléctrica. Las yilés se pueden instalar a los lados, pero son más efectivas en la cola. En la tarde después de mentarle la madre al bodeguero subíamos con los papagayos y co­menzábamos a esperar la brisa. Las yilés se pueden robar en la botica se pueden recoger las viejas que botan al suelo o se pueden comprar con la plata de los mandados pero entonces a uno lo pelan. Al soplar la brisa volábamos los papagayos y los hacíamos embestirse para que las yilés cor­taran el pabilo. Instaladas las yilés la cosa es tener noción de maniobra. Aquella tarde tiré mi papagayo contra uno de papel rosado, grandote. Es necesario soltar guaral, re­coger guaral, la cola da después el latigazo. El papagayo rosadote cayó y fue a dar al carajo sobre les techos de la policía, yo entonces embestí uno azul, muy movedizo. Dado el latigazo se debe coger altura otra vez, si no a uno tam­bién lo peinan. El papagayo azul cayó dando vueltas como sacacorcho como rabo de cochino el dueño me gritaba y yo decía trancao y recogí una piedra por si acaso. La ventaja de la cola corta está en que como ondula mucho aumenta la movilidad del papagayo pero existe el riesgo de que se corta ella misma. Corté otros dos papagayos, el segundo muy difícil, un barril amarillo que casi me cortó el pabilo a mí pero que de todos modos se vino pabajo y le cayó en la batea a una vieja. Si las hojillas se mellan, afilarlas dentro de un vaso. Cogí altura, le corté el hilo a otro papagayo rosado pero más chiquito y maniobrero que cayó cerca de los cables. Al aumentar el viento, soltar cabuya. Mi papagayo, solo sobre el cerro, hacía ochos como un loco, todos los demás cortados o recogidos. Si el viento dismi­nuye, recoger cabuya. Solo no, mentira, una cosita blanca como una pantaleta volaba meneándose como con calambri­na a la derecha al reflejar el sol casi parpadeaba. El mejor ataque tirones largos combinados con soltadas de cabuya cortas. Señor, casi sin mirar hubiera podido decir que aque­lla basurita blanca la estaba volando Helena. El descenso debe ser rápido pero no mucho porque revienta el guaral. Aquel tironear el hilo aquel declarar que mientras los demás huían ella estaba protegida aquel mirarme como si de ver­dad Rafucho tiene novia como si de verdad. La maniobra evasiva, soltar pabilo, descender lo más posible, con sesgos. Di tirones fuertes, para que mi papagayo picara. El efecto de la yilé se multiplica por los tirones, trabaja como un lá­tigo o mejor una guadaña. Helena, comprendiendo, mirán­dome aún, comenzó a soltar pabilo. Un ataque que falla debe ser repetido inmediatamente utilizando el impulso para la nueva embestida. Aquel mirarme y soltar pabilo, mirarme y soltar pabilo, como si olvidara todo lo demás, hasta la tierra de los piececitos desnudos, hasta los mocos cuajados en las mejillas. El peligro de la maniobra evasiva es el cable eléctrico. Fue un retorcerse, fue un salto. El perseguidor debe tratar de evitar caer en el cable en donde ha dado el perseguido. Pero no tiré para elevar mi papagayo, solté el pabilo, corrí hacia el cuerpecito fulminado de Hele­na hacia el cual corrían los demás niños, el papel fue a jun­tarse al papel en las líneas de alta tensión, hubo otra chispa fea, azul, un rumor, y los dos papagayos se consumieron juntos en su alto nido, en una crepitación de arrullo.





Julio Cortázar / Casa tomada
Horacio Quiroga / El hombre muerto
Jorge Ibargüengoitia / La ley de Herodes
Octavio Paz / Mi vida con la ola
Julio Garmendia / La hoja que no había caído en su otoño
Alejo Carpentier / El viaje a la semilla
Jorge Luis Borges / El Sur
Felisberto Hernández / El cocodrilo
Cristina Peri Rossi / Desastres íntimos
Juan Carlos Onetti / El infierno tan temido
Juan Rulfo / Diles que no me maten
María Luisa Bombal / El árbol
João Guimarrães Rosa / La tercera orilla del río
Adolfo Bioy Casares / En memoria de Paulina
Edmundo Valadés / La muerte tiene permiso
Gabriel García Márquez / El ahogado más hermoso del mundo
Onelio Jorge Cardoso / Francisca y la muerte
Virgilio Piñera / La carne
Juan José Arreola / El guardagujas
José Revueltas / Virgo
Augusto Roa Bastos / El baldío
Abelardo Castillo / La madre de Ernesto
Arturo Uslar Pietri / La lluvia
Mario Benedetti / El presupuesto
Andrea Maturana / Yo a las mujeres me las imaginaba bonitas
Clarice Lispector / Una gallina
Rubem Fonseca / Feliz año nuevo
Guillermo Cabrera Infante / Abril es el mes más cruel
Samanta Schweblin / Un hombre sin suerte
Rosario Ferré / La muñeca menor
Luis Britto García / Helena





sábado, 9 de abril de 2016

Juan Villoro / Los dioses no tienen cuerpo








Los dioses no tienen cuerpo

‘Patria o muerte’ es la visión crítica de un país donde la política se ha convertido en religión




JUAN VILLORO
1 ABR 2016 - 16:08 COT



En su admirable novela Patria o muerte, Alberto Barrera plantea la paradoja de un hombre que gobierna su país con absoluto sentido del control, pero encuentra una inesperada región indómita: su propio cuerpo.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Alberto Barrera Tyszka / El mundo del espectáculo



El mundo del espectáculo

“Rating”, del venezolano Alberto Barrera Tyszka, utiliza la televisión para narrar sobre relaciones humanas.

POR MAURO LIBERTELLA

Clarin, 25 de junio de 2012
Alberto Barrera Tyszka

Venezuela no es un país conocido por exportar novelas, pero el siglo XX lo ha dotado con un género de mayor alcance en nuestro continente: la telenovela. Sin embargo, en los útlimos años el imperio de las lágrimas televisadas fue languideciendo y el centro del mercado latinoamericano lo conquistó Colombia, por razones que nos exceden. Carolina Acosta-Alzuru, estudiosa del tema, apuntó en una entrevista: “La telenovela venezolana en mi opinión tiene que volver a hablarnos a los venezolanos primero y recuperarnos como público. El mercado internacional vendrá después, y sólo si tenemos una estrategia de mercadeo más eficiente y honesta. Es clave que nuestra industria telenovelera nunca subestime la inteligencia del público y luche contra la fuerte tendencia de la cultura popular a repetirse a sí misma”. Y ahora que esta expresión de lo popular empieza a ser en Venezuela un archivo, un recuerdo de décadas anteriores, puede llegar una novela como Rating que la arrebate como tema y la intervenga desde los mecanismos de la literatura.

Alberto Barrera Tyszka / El lugar del crimen

El lugar del crimen

Vengan a ver en vivo y en directo el horror de la realidad. 

No se pierdan el testimonio de un homicida de 13 años



martes, 29 de septiembre de 2015

Alberto Barrera Tyszka gana el Tusquets de Novela


Alberto Barrera Tyzka
Cúcuta, 2008
Fotografía de Triunfo Arciniegas

El venezolano Alberto Barrera Tyzka 

gana el Tusquets de Novela

El jurado valora de 'Patria o muerte' que cuenta Venezuela de modo poco complaciente


El escritor Alberto Barrera Tyzka, en noviembre de 2011 en Guadalajara (México). / RAFAEL DEL RÍO (DPA / CORBIS)
El escritor venezolano Alberto Barrera Tyzka ha ganado el XI Premio Tusquets Editores de Novela por su obra Patria o muerte, de la que el jurado ha valorado la "valentía de contar, desde las vivencias cotidianas de un grupo de personajes, la realidad venezolana de un modo poco complaciente". El jurado del galardón, presidido por Juan Marsé e integrado por Almudena Grandes, Juan Gabriel Vásquez, Juan Trejo y Juan Cerezoha, este en representación de la editorial, ha destacado del libro su "absorbente ritmo narrativo, que refleja las angustias y complicaciones de unas vidas condicionadas por un país pendiente de un líder carismático".

viernes, 6 de marzo de 2015

Creación y sombras en Venezuela / Un país de cultura silenciada

Eugenio Montejo
UN PAÍS DE CULTURA SILENCIADA

Creación y sombras en Venezuela


El escritor y editor venezolano critica el ninguneo del Gobierno chavista a los intelectuales

El también periodista lamenta su consecuencia: un auténtico páramo cultural



El poeta venezolano Eugenio Montejo, en 2007. / GORKA LEJARCEGI
Un poeta venezolano esencial del siglo XX, Eugenio Montejo, murió en junio de 2008. Muy pocos amigos lo velaron en una alicaída funeraria del centro de Valencia, una ciudad en la que creció, estudió y cofundó la legendaria revista Poesía, por muchos años referencia continental de creación y difusión poética. Montejo había sido también, en su última etapa de vida, funcionario de la Cancillería venezolana, donde no sólo dirigió junto a la novelista Elisa Lerner la revista Venezuela, especie de vitrina cultural del país, sino que también asumió bajo acreditación la consejería cultural en Lisboa. Desde allí se dedicó a difundir la literatura venezolana en Portugal y la portuguesa en Venezuela. La emigración lusitana de la primera mitad de centuria, que muchos estiman en medio millón de habitantes, hablaba de lazos infranqueables y presuponía mucha programación de intercambio. No bastaron, sin embargo, los desvelos de un funcionario inteligente y fiel, como tampoco el Premio Nacional de Literatura conferido en 1998 o el Premio Internacional de Poesía Octavio Paz otorgado en 2005, para que la Cancillería o el régimen que se autoproclama bolivariano enviaran una corona floral o publicaran un mínimo obituario en la prensa nacional. Esas glorias, se entiende, no eran las de ellos, y por lo tanto en la funeraria de Valencia no veían más que un cuerpo insepulto.
La conducta se repite casi al calco con otros grandes escritores. Ni el novelista Salvador Garmendia, quizás el más importante de las últimas cinco décadas, fallecido en 2001; ni el narrador Adriano González León, Premio de Novela Biblioteca Breve en 1968 con País portátil, fallecido en 2008; ni el poeta Juan Sánchez Peláez, voz vanguardista por antonomasia, fallecido en 2003; merecieron ningún homenaje, mención o gesto. Para ellos la ignorancia, el borrón, la inexistencia. Así actúan quienes en los manuales educativos hacen una selección caprichosa de episodios históricos o quienes en los recuentos de historia política suprimen todo lo que tenga que ver con el período democrático 1958-1998. En Cultura, por lo demás, las omisiones son bochornosas. Ningún intelectual que haya tenido un pronunciamiento crítico, que haya firmado algún manifiesto de denuncia o que en una entrevista haya expresado algún descontento, tiene derecho a nada: ni invitaciones, ni becas, ni reconocimientos. Esas prebendas se reservan sólo para los fieles, esto es, para los que han terminado callando, traicionando sus viejos fueros y, en algunos casos, escribiendo loas al “comandante galáctico”.

Se crea finalmente para otro presente, o quién sabe si para el futuro
Los creadores venezolanos de estos tiempos han terminado por entender en qué tablero se deben o pueden mover. Y en ese juego saben que el Estado no existe, que nada se puede esperar de ninguna política cultural. Sólo una ventaja han extraído de esa injusticia, por no hablar de desgracia: se han vuelto más persistentes, más obsesivos y hasta más profesionales. Cuando se roza la supervivencia, las energías salen no se sabe de dónde, pero salen. No importa si ya no hay dónde editar, si los museos nacionales ya no exponen o si las carteleras teatrales se han banalizado. Se crea finalmente para otro presente, forzosamente alterno, o quién sabe si para el futuro, cuando el país o las audiencias sean otras. Más allá de los creadores que el país ha expulsado, que también los hay, en una especie de diáspora secreta, los que permanecen se protegen contra todas las plagas: ostracismo, aislamiento, escepticismo o autocensura. La hora invita al agrupamiento, al encuentro, a la suma de voluntades, y toda iniciativa es bienvenida, por más insignificante que pueda parecer. El único consuelo, o la única verdad, que flota sobre estas iniciativas a veces invisibles es que, cuando desde un futuro próximo se mire hacia estas horas aciagas, se descubrirá que sólo los creadores de este encierro habrán escrito las mejores crónicas, los mejores poemarios; habrán concebido las mejores obras plásticas, las mejores instalaciones; habrán compuesto las mejores obras teatrales, las mejores coreografías. La verdad creadora está en la sombra y no en los fastos burocráticos y hasta militaroides que nos quieren vender como bienes culturales.

La verdad creadora está en la sombra y no en los fastos burocráticos
Toda política cultural que se quiera moderna debe siempre garantizar los espacios de la creación, que a veces son misteriosos y hasta frágiles. Las nacientes vocaciones artísticas siempre son dubitativas y pueden hacer que un poeta en ciernes desperdicie su talento en otros afanes. ¿Quién penetra en ese mundo de fragilidades y se asegura de que la condición artística no pierda un gran vocero? ¿Quién incide en ese momento de decisiones y evita frustraciones mayores? Lejos hemos estado en Venezuela de estas cavilaciones si se quiere exquisitas, pero otras realidades y propósitos han entendido a cabalidad que no hay como la creación pura y libre para las transformaciones sociales. Esto lo han entendido, hasta inconscientemente, los creadores, trabajando con sus pocos rudimentos y olvidados de cualquier asomo de política cultural.
Quizás las ofrendas florales que merecía Eugenio Montejo llegarán a destiempo. Están más bien en la voces y corazones de sus herederos, los jóvenes que lo leen con fruición y que no cesan de admirar sus versos. No toda época sabe reconocer a sus hijos y ésta que nos gobierna los ignora a todos.