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viernes, 24 de noviembre de 2023

Oscar Colorado Nates / Fotografía de calle




© Joel Meyerowitz


FOTOGRAFÍA DE CALLE: DOSSIER ESPECIAL


Abordada por algunos de los más grandes maestros, la  calle es uno de los espacios fundamentales para la creación fotográfica.

Por Óscar Colorado Nates *
30 de noviembre de 2013


bryn_campbell
© Bryn Campbell

La fotografía de calle es un género que ha sido integral durante la mayor parte del siglo XX y que pasa por un momento de transición en el nuevo milenio.

jueves, 30 de diciembre de 2021

Henri Cartier-Bresson / Más allá del ‘instante decisivo’


Retrato de Henri Cartier-Bresson firmado por George Hoyningen-Huene en la foto del cartel de la exposición del Pompidou. La foto fue tomada en Nueva York en 1935 y pertenece al MoMa.


Henri Cartier-Bresson, más allá del ‘instante decisivo’

Una exposición en el parisino Centro Pompidou refleja la versatilidad del fotógrafo a través de sus obras menos conocidas. La muestra se inaugura el 12 de febrero y estará abierta hasta el 9 de junio.




Muchedumbre esperando delante de un banco para comprar oro durante los últimos días del Kuomintang, (Shangai, diciembre de 1948). Mientras bajaba el valor del dinero, el Kuomintang decidió distribuir 40 gramos de oro por persona. En diciembre del 49, miles de personas salieron a la calle a esperar durante horas su porción de riqueza. La policía, equipada con los restos de las armadas del Asentamiento Internacional, hizo un gesto claro para mantener el poder: diez personas fueron aplastadas hasta la muerte.

Carrera ciclista "Los seis días de París", Vélodrome d'Hiver (1957, París).

Henri Cartier-Bresson / El instante decisivo


Fotografía de Henri Cartier-Bresson


EL “INSTANTE DECISIVO” DE HENRI CARTIER-BRESSON


NOVIEMBRE 19, 2011 

Por Óscar Colorado Nates*

“Suspendido en el tiempo, Henri Cartier-Bresson, esperaba emboscado.” [1]

De todos los conceptos fotográficos, seguramente no existe ninguno más famoso que el célebre “instante decisivo” acuñado por el fotógrafo francés Henri Cartier-Bresson. Sin embargo esta noción está tan difundida como malinterpretada, o en todo caso entendida de manera incompleta. En este artículo buscamos desentrañar algunos de los elementos menos conocidos del “instante decisivo”del fotógrafo francés.

viernes, 27 de agosto de 2021

El idilio de Cartier-Bresson con México




Palacio de Bellas Artes, México D.F.

El idilio de Cartier-Bresson con México

Una retrospectiva explora al autor y muestra los trabajos que él nunca hubiera exhibido


Paula Chouza
México, 28 de abril de 2015
Años antes de fundar la agencia Magnum, cuando aún la capital de México se parecía más a una ciudad de provincia, la Leica de 35 milímetros de Henri Cartier-Bresson buscaba a las prostitutas del barrio comercial de La Merced. Corría el año 1934 y el joven francés de 26 años, muy influido entonces por sus charlas con los surrealistas Salvador Dalí, André Bretón o Max Ernst, había llegado al país para hacer un registro fotográfico de la carretera Panamericana. El proyecto se frustró, pero Cartier-Bresson decidió quedarse en México y se instaló cerca del gran mercado de la urbe, fascinado por el bullicio de la actividad comercial por las mañanas y el vocerío de las mujeres que de noche trabajaban en la calle.

Cartier-Bresson / El retrato de un siglo

Martine Franck, segunda esposa del artista, fotografiada en 1967. / HENRI CARTIER-BRESSON (MAGNUM PHOTOS)


Cartier-Bresson, el retrato de un siglo

El Pompidou rescata en una retrospectiva el compromiso y la poesía del gran fotógrafo francés



Miguel Mora
París, 11 de febrero de 2014

Vivió 96 años, entre 1908 y 2004, recorrió varias veces el mundo con su Leica y combatió en primera línea por el surrealismo, el comunismo y el reporterismo. Además de fotógrafo, Henri Cartier-Bresson fue pintor y dibujante, cineasta y actor ocasional, reportero de hielo y militante de fuego, poeta, antropólogo y emprendedor. Antes y después de cofundar la Agencia Magnum en 1947, retrató a los miserables y a los olvidados, a sus mujeres y sus amigos, guerras y revoluciones, el inconsciente y el fugaz instante decisivo. Sin palabrería ni adornos, a base de instinto, generosidad y pulso de cirujano, dio la espalda a los poderosos y puso el objetivo en los vencidos y la naturalidad.

viernes, 9 de enero de 2015

Henri Cartier-Bresson / Pierre Assouline / Entrevista




Henri Cartier-Bresson
Por Pierre Assouline
Traducción de Zoraida J. Valcárcel

Entrevista realizada por Pierre Assouline, en París, para La Nación. 
La Nación, 9 de agosto de 1998.



Para muchos, es el fotógrafo más importante de este siglo, el hombre que enseñó a sus contemporáneos a mirar a través de una cámara. El 22 de agosto de este mes: cumple 90 años. En uno de los escasos reportajes que concedió, habló de los autores que ama, de la televisión que detesta, y de algunos de los artistas que más contaron en su vida, así como de su experiencia en el cine bajo las órdenes del gran Jean Renoir. Desde hace mucho, Cartier-Bresson prefiere no referirse a la fotografía, porque la considera una etapa superada de su vida: en cambio, le encante reflexionar sobre el dibujo, una actividad que aún practica y que fue la base de su obra admirable.




Este caballero de pañuelo a lo pirata no es agresivo; es un hombre indignado. A los 90 años, todavía se mantiene en permanente rebeldía porque nunca faltan motivos para indignarse. Con su discreción habitual, más que señales de su paso por la tierra, prefiere dejar huellas. No le hablen de su obra. Quiere ser artesano más que artista. Fanático por el dibujo desde siempre, dibujante compulsivo desde hace veinte años, sigue sacando fotos en su mente. Esto nos dice que Henri Cartier-Bresson –de él se trata– es, ante todo, un poeta. El nuestro ha sido el siglo de la imagen. En sus postrimerías, ella pierde su alma al amenazarnos con hacerse virtual. Eso sería un horror incalificable, cuyas consecuencias aún no podemos medir. Cartier-Bresson siempre será un compositor admirable. Sonidos, signos, palabras... ¿qué importa el medio? En él, todo es pura búsqueda del equilibrio y la armonía. Rechaza cifras y fechas para deleitarse mejor con la sección áurea. El resto –técnica, luz, preparación– es mera literatura para aficionados a la fotografía.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Los grandes de la fotografía se desnudan


Rumanía, 1968
Fotografía de Josef Koudelka

Los grandes de la fotografía se desnudan

De Cartier-Bresson a William Klein, Helmut Newton, Josef Koudelka o John Baldessari, las leyendas de la cámara revelan los secretos sobre su obra


ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS
4 DIC 2011 - 07:45 COT



Helmut Newton fotografía a una modelo mientras le observa su esposa, Alice Springs.
Helmut Newton fotografía a una modelo mientras le observa su esposa, Alice Springs.HELMUT NEWTON

Para Cartier-Bresson solo contaban los instantes, el resto se desvanece. El mesías del fotorreportaje, fallecido en 2004 a los 95 años, nunca buscó "la gran foto", solo la encontró. "Robamos para luego dar", confiesa un hombre que se define a sí mismo como un artesano de su oficio al servicio del único Dios de la cámara: el tiempo. Para la mayoría de los 33 maestros de la fotografía autorretratados en la serie documental ideada por William Klein Contactos -producida por el canal Arte y el Centro Nacional de la Fotografía francesa y editada ahora en España por Intermedio- el tiempo es mucho más que un reloj que marca las horas.
La obsesión es común a todos ellos. El tiempo y la memoria es la presa que la mayoría de los fotógrafos, ya sean documentalistas, poetas o artistas, necesitan cazar. Lo explican con su voz en off en las piezas de 13 minutos que discurren sobre el fondo de sus propias imágenes. De Cartier-Bresson al propio Klein, a Raymond Depardon, Josef Koudelka, Robert Doisneau, Elliot Erwitt, Helmut Newton, Sophie Calle, Nan Goldin, Nobuyoshi Araki, Hiroshi Sugimoto, Jeff Wall, John Baldessari, Bernd y Hilla Becher, Andreas Gursky o Martin Parr. Dividida en tres bloques (La gran tradición del fotorreportaje, La renovación de la fotografía contemporánea y La fotografía conceptual), la serie rastrea el latido creativo de hombres y mujeres que prefirieron mirar el mundo desde el objetivo de su cámara.
Cartier-Bresson era así de claro: "Si lo pienso, no sale". Tampoco le gustaba el retrato (pese a que fue célebre retratista de Camus, Matisse o Beckett, entre otros muchos); le exigía más rigor que cualquier otra disciplina. "El entorno", solía decir, "me importa tanto como el propio rostro".
William Klein, ideólogo de estas confesiones, recorre las ciudades de sus fotolibros -Nueva York, Tokio...- para afirmar que lo suyo es "una descarga de energía sensual y violenta" o que "el azar hace una foto". Lejos de ese golpe de calle, su compatriota Duane Michaels reivindica la verdad de los sueños: "Fotografiar la realidad es fotografiar la nada, lo esencial no está en la calle sino en las grandes emociones".
Testigos de la historia como el checo Koudelka (que se niega a explicarse a sí mismo, "no sé hablar, no me interesan las palabras") o testigos de la intimidad como Helmut Newton, el mirón entre los mirones, que señala como una de sus sesiones favoritas una que recoge la presencia cómplice y burlona de su esposa y colega, Alice Springs, mientras él fotografía a una modelo desnuda. "Siempre digo que a los hijos hay que matarlos", dice este maestro del erotismo. "Si una foto es fea, la mato. No tiene sentido defenderla. La gente joven cuida demasiado a sus bebés".
Lejos de los mandamientos del fotoperiodismo o del humor de Newton, la francesa Sophie Calle se espía a sí misma a través de los demás, el californiano Baldessari busca en la televisión, el cine y la basura imágenes fugaces mientras el japonés Araki hace recuento de una vida dedicado a las epifanías sobre su pasado y su futuro. "Cuando empecé reinaba el fotógrafo de Magnum y su objetividad. Había que negar los sentimientos propios. Mi camino era muy distinto. Me fotografiaba a mí mismo y lo que me rodeaba. Por eso fotografié mi luna de miel. Luego, mi mujer murió y aquellas fotografías cobraron una nueva dimensión: eran un presentimiento de su propia muerte". Curiosamente, el tipo que se hizo famoso por fotografiar pubis y pechos de centenares de japonesas, cree que la fotografía más dramática de su vida es la más pudorosa: solo se ven su mano y la de su mujer agarradas en su última despedida. Un desgarro muy distinto al vivido en los márgenes de la sociedad (donde la identidad sexual, las drogas y el sida trazaron un trágico destino) por la frágil Nan Goldin: "Cuando empecé quería conservar las huellas de la verdadera vida y la cámara era mi memoria... Finalmente, creo que mi obra es sobre el dolor y la dificultad de sobrevivir".
Pero quizá sea otro japonés, Hiroshi Sugimoto, quien vaya más lejos en la infatigable búsqueda del tiempo y de la memoria. La finura de su serie sobre viejas salas de cine resulta ser una espiritual reflexión del vacío. "Demasiada información nos conduce a la nada", dice él. En los tiempos de la sobreinformación y del infinito carrete digital, la frase resulta premonitoria. Lo único importante sigue siendo dar con el instante.

miércoles, 18 de agosto de 2004

La fundación Balthus abre sus puertas con Cartier-Bresson

Balthus, con su mujer, Setsuko, y su hija, Harumi, fotografiados por Cartier-Bresson.

La fundación Balthus abre sus puertas con Cartier-Bresson

El Gran Chalet, en los Alpes, que conserva viva la memoria del pintor, reúne un conjunto de imágenes del fotógrafo que él mismo seleccionó antes de morir.

RODRIGO CARRIZO COUTO
18 AGO 2004

Un viaje en tren lleva al visitante desde Montreux, a orillas del lago Léman, hasta el Gran Chalet en la pequeña localidad alpina de Rossinière. El trayecto, de una belleza extraordinaria, conduce hasta la inmensa construcción en madera, la sede de la Fundación Balthus. Este chalet, comenzado a construir en 1752, cumple este mes de agosto 250 años y es el más grande de Suiza, con sus 113 ventanas y más de 20 metros de altura en las fachadas. Entre otros visitantes célebres, este monumento histórico albergó a Víctor Hugo. El Gran Chalet fue comprado por Balthus en 1977 y desde 2001 alberga la sede de la Fundación Balthus, dirigida por su esposa, la condesa Klossowska de Rola, más conocida como Setsuko. El objetivo de esta fundación, que abre sus puertas al gran público el 29 de agosto, es dar a conocer, mantener viva y difundir la obra del artista francés de origen polaco-alemán. Setsuko, nacida en una familia de samuráis y educada en francés por los jesuitas de la Universidad de Kioto, es artista por mérito propio con exposiciones en Europa y Japón y desarrolla tareas en el campo de la educación como embajadora de la Unesco.
"La fundación nace de mi deseo de transmitir a los demás algo de lo mucho que he recibido a lo largo de tantos años de relación con Balthus", comenta la condesa Setsuko. La viuda del pintor afirma que al principio dudaba del proyecto, pero Balthus le dijo, ya gravemente enfermo a sus 91 años: "Si no te ocupas tú de la fundación tendré que hacerlo yo personalmente". Esa fuerza y decisión dieron a Setsuko la energía necesaria para lanzarse a la aventura. Entre las numerosas actividades que proyecta la Fundación Balthus se encuentra la convocatoria del Premio Balthus o la programación de conciertos benéficos, como el que dirigirá Riccardo Muti en Gstaad con obras de Mozart, el compositor preferido del pintor. Setsuko y Balthus se conocieron en Kioto en 1962 durante un viaje del pintor a Japón en el marco de una visita oficial encomendada por André Malraux, entonces ministro de la Cultura de Francia. Balthus se interesaba en ese tiempo por "el desarrollo de cada persona de manera individualizada", comenta Setsuko. "No creía en la educación reglada, sino que buscaba una relación especial entre maestro y alumno, muy habitual en Japón, en el artesanado y las artes tradicionales".
La muestra que se presenta es la última que seleccionó personalmente Henri Cartier-Bresson, que visitó el Gran Chalet para un último té con Setsuko semanas antes de su muerte. Las fotos dan testimonio de la intimidad de dos familias de amigos inseparables, los Balthus y los Cartier-Bresson: Henri y Martine Franck. Retratos de la vida cotidiana en el chalet, Balthus y su hija, Harumi; o Balthus con su gato Mitsú en la serenidad de su taller entre otras. Comenta Setsuko: "Henri y Balthus eran grandes amigos unidos por un profundo respeto y admiración mutuos. Con Alberto Giacometti eran un trío muy ligado por intereses comunes. De hecho", continúa la condesa, "yo nunca he vuelto a encontrar a otro artista con quien Balthus se entendiera tan bien como con Alberto (Giacometti)".
Un espacio especialmente relevante dentro del Gran Chalet es el taller del artista. En ese espacio, que hace pensar en un templo, se encuentran las últimas telas inacabadas del pintor junto al camastro en el que pasó su última noche cogido de las manos de su esposa Setsuko y su hija Harumi. "No hablamos casi, pero fue un momento de gran belleza", recuerda la viuda del pintor, que visitará Barcelona el 17 de septiembre.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 18 de agosto de 2004