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viernes, 12 de agosto de 2022

Angela Carter / El hombre lobo



Angela Carter

 

El hombre lobo



Es un país del norte; tienen clima frío, tienen corazones fríos.

Frío, tempestad, bestias salvajes en el bosque. Es una vida dura. Las casas son de troncos, oscuras y llenas de humo por dentro. Hay una burda representación de la Virgen tras una vela parpadeante, un pernil de cerdo colgado para que se cure y una sarta de mustios champiñones. Una cama, un taburete, una mesa. Penosas, breves, pobres vidas.

Para los hombres de las tierras altas, el diablo es tan real como vosotros y yo. O más aún, porque no nos han visto a nosotros ni tienen constancia de nuestra existencia, pero el diablo se deja vislumbrar con frecuencia en los cementerios, en los inhóspitos y conmovedores pueblos de los muertos donde las tumbas se decoran con retratos naif de los fallecidos y, como no hay flores para poner, como allí no crecen flores, ponen pequeños exvotos, panecillos y, en ocasiones, pasteles que los osos, surgiendo pesadamente de las lindes del bosque, roban. A medianoche, sobre todo en la Walpurgisnacht, el diablo organiza meriendas en los camposantos e invita a las brujas; luego, desentierran los cadáveres frescos y se los comen. Cualquiera os lo podría decir.

Angela Carter / En compañía de lobos



Angela Carter 

En compañía 

de lobos





Una fiera y sólo una aúlla en las noches del bosque.

El lobo es carnívoro encarnado y es tan ladino como feroz; si ha gustado el sabor de carne humana, ya ninguna otra lo satisfará.

De noche, los ojos de los lobos relucen como llamas de candil, amarillentos, rojizos; pero ello es así porque las pupilas de sus ojos se dilatan en la oscuridad y captan la luz de tu linterna para reflejarla sobre ti... peligro rojo; cuando los ojos de un lobo reflejan tan sólo la luz de la luna, destellan un verde frío, sobrenatural, un color taladrante, mineral. El viajero anochecido que ve de súbito esas lentejuelas luminosas, terribles, engarzadas en los negros matorrales, sabe que debe echar a correr, si es que el terror no lo ha paralizado.

Angela Carter / La niña de nieve


Ilustración de Alejandra Acosta


Angela Carter

LA NIÑA 

DE NIEVE 

 



The Snow Child by Angela Carter


Pleno invierno: invencible, inmaculado. El conde y su esposa han salido a montar; él, sobre una yegua gris y ella, sobre una negra, envuelta en brillantes pieles de zorro negro, con unas relucientes y altas botas negras de tacones rojos, y espuelas. Nieve fresca caía sobre la nieve que ya había caído; el mundo entero era blanco.