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martes, 19 de mayo de 2020

El oficio de vivir / El diario íntimo de Cesare Pavese

Oficio de vivir, el: Amazon.es: Pavese, Cesare: Libros




“El oficio de vivir”: el diario íntimo de Cesare Pavese

Carlos Javier González Serrano 
6 de diciembre de 2015

PaveseLiterato convencido, filósofo ocasional, genio prematuro, víctima de una personalidad –que fue también su verdugo– tan oscura como esclarecedora, Cesare Pavese nace en Santo Stefano de Belbo en 1908. En 1950, con apenas cuarenta y dos años, decide quitarse la vida en la ciudad de Turín, una vida a la que desde muy joven consideró un “vicio absurdo”.
Sin duda, Pavese fue una de las plumas más privilegiadas del siglo XX, cuya imparable actividad cultural y humanística le convirtió no sólo en escritor de novelas (quizás su faceta más conocida), sino también en traductor de autores de la talla de Melville, Dickens, Joyce o Hesíodo, e incluso, en dramaturgo, poeta y filósofo. Vertientes distintas todas ellas, pero comunes en un sentido muy determinado, a su juicio: y es que tanto la literatura novelística, la poesía, la dramaturgia, la traducción o la filosofía son producidas por el “ansia de realidades espirituales desconocidas, presentidas como posibles”.

lunes, 18 de mayo de 2020

Antonio Muñoz Molina / Diarios

Miguel Torga, poesía agreste
Miguel Torga
Antonio Muñoz Molina
DIARIOS

10 de febrero de 1994


A punto de morir de un cáncer, Miguel Torga publica el último volumen de su diario, en cuya página final ha escrito una elegía para sí mismo. Unos días antes de quitarse la vida, Cesare Pavese escribió la última anotación en el suyo, y luego se encerró en una habitación de hotel en la que tal vez echaría dé menos, mientras se aproximaba al suicidio, el hábito de escribir del que se había despedido al cerrar el diario: Ni una palabra más, había anotado, pero es seguro que su imaginación continué segregando palabras, y que se iría contando a sí mismo lo que hacía y lo que pensaba, escribiéndolo no en el papel, sino en la conciencia que estaba a punto de extinguirse y de la que ya no quedaría ningún testimonio final. Para ser fieles, las ediciones de ese diario, El oficio de vivir, deberían terminar con varias páginas en blanco.

domingo, 17 de mayo de 2020

25 diarios íntimos de los escritores más polémicos del siglo XX

La obsesión suicida de “la niña monstruo”: Alejandra Pizarnik ...
Alejandra Pizarnik


25 diarios íntimos de los escritores más polémicos del siglo XX




Los diarios íntimos tienen la obligación de contar la verdad porque, en un principio, el único lector es quien lo escribe. Sin embargo, hay ocasiones en que esos escritos traspasan ese pacto personal y se hacen públicos.

A continuación un listado con veinticinco autores que decidieron narrar los acontecimientos que les marcaron, ofreciéndonos así su visión más personal e íntima de su forma de entender la vida.


Franz Kafka | Diario
Manuscrito de Franz Kafka
1. Diarios, Alejandra Pizarnik. Desde que se suicidara en 1972, Alejandra Pizarnik ha ido adquiriendo poco a poco natrualeza de mito y perfil de leyenda. Autora de culto, venerada por varias generaciones de lectroes, Pizarnik se cuenta ya entre las escritoras latinoamericanas más importantes del siglo XX. Su poesía -íntegramente publicada por Lumen- ha cosechado numerosos adeptos incondicionales, ha creado escuela y la ha hecho mundialmente famosa. Ana Becciu, máxima especilista en la obra de la poeta argentina, ha llevado a cabo una selección de diarios originales a fin de publicar lo más esencial del pensamiento literario de la autora. En definitiva, estos Diarios constituyen una fascinante autobiografía, sin duda uno de los textos memorialísticos más importantes del pasado siglo.


2. Diarios, Fernando Pessoa. Estos diarios, de los que varias partes fueron escritas originalmente en inglés, proporcionan al lector una visión única de las inquietudes personales de Pessoa y de su forma de vida cotidiana en distintas etapas, de sus estrecheces materiales, de su formación humanística, filosófica y literaria, de sus intenciones vitales, y de la enorme madurez que demostraba desde muy temprana edad. De su recurrente sensación de aislamiento frente a familia, amigos y mujeres, retazos de sus comienzos como periodista, como poeta, y también como traductor en despachos mercantiles, de su método de trabajo literario, su apreciación sobre autores como Antero de Quental o Sá-Carneiro… Algunos de estos textos pertenecen a heterónimos menos conocidos como Charles-Robert Anon, Alexander Search o Fray Mauricio. Todo ello convive con páginas magistrales, textos a veces casi aforísticos, joyas que merecen figurar junto al resto de su obra y que sin duda harán las delicias de los admiradores de Pessoa.


Diarios (1910-1923) | Librotea
3. Diarios (1910-1923), Franz Kafka. Franz Kafka, hijo de una acomodada familia de comerciantes, pertenecientes a la minoría judía de lengua alemana, nació en Praga, el 3 de julio de 1883, y murió, tuberculosos, el 3 de junio de 1924, en el sanatorio de kierling, cerca de Viena. Tras obtener, a los veintitrés años, el título de doctor en Derecho, ejerció hasta su muerte el monótono oficio de empleado de varias compañías de seguros. Aunque contrajo tres compromisos matrimoniales, no se casó nunca, y aunque de dicó su vida entera a la literatura, sólo consiguió publicar en vida unos pocos cuentos, dejando al morir una copiosa producción inédita. Gracias a su amigo y ejecutor testamentario Max Brod, que se negó a cumplir su última voluntad, -según la cual todos sus manuscritos debían ser destruidos-,se nos han conservado ocho volúmenes de novelas, cuentos y escritos autobiográficos, entre los que figuran obras tan excepcionales como El castillo, El proceso y Carta al padre.

Diez grandes diarios de escritores

Franz Kafka

Diez grandes diarios de escritores

Felipe Ojeda
15 DIC 2017 03:19 PM




Principalmente producido por escritores y artistas, el género ha aportado páginas insustituibles sobre la personalidad, el pensamiento y el proceso de producción de distintas obras y proyectos literarios.
Cuenta Leonidas Morales, en el prólogo de los diarios de Luis Oyarzún, que el diario íntimo se instala entre los géneros de la literatura a contar del siglo XVIII, en Europa, sobre todo con el Romanticismo como paisaje. Estos son algunos de los pilares del género en la literatura moderna, donde la mayoría ha alcanzado el reconocimiento universal.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Cesare Pavese / Tolerancia




Cesare Pavese

Tolerancia

Traducción de Carles José i Solsora


Llueve sin ruido sobre el prado del mar.
Nadie pasa por las sucias calles.
Una mujer sola bajó del tren:
pudieron verse bajo el abrigo las blancas enaguas
y las piernas que se eclipsaron en una puerta oscura.
Se diría que es un pueblo sumergido. El anochecer
gotea, frío, sobre los umbrales y las casas
propagan humo azulado por las sombras. Rojizas,
se encienden las ventanas. Una luz se enciende
tras los postigos entornados de la casa a oscuras.
Al día siguiente hace frío y luce el sol sobre el mar.
Una mujer en enaguas se enjuaga la boca
en la fuente y la espuma es rosada. Sus cabellos
son de un agreste rubio, parejos a las cortezas de naranja
diseminadas por el suelo. Inclinada por la fuente, mira de soslayo
a un pilluelo moreno que la observa, encantado.
En la plaza, mujeres oscuras abren los postigos de par en par
─en la sombra, sus maridos dormitan todavía.
Cuando anochece de nuevo, se reanuda la lluvia
crepitante sobre muchos braseros. Las esposas,
aventando los carbones, echan un vistazo a la casa
a oscuras y a la fuente desierta. La casa
tiene los postigos cerrados, pero dentro hay un lecho,
y en el lecho una rubia que se gana la vida.
Cuanto hay en el pueblo reposa por la noche,
todos, salvo la rubia que se lava por la mañana.


Cesare Pavese /  “Trabajar cansa” (1931-1940)


miércoles, 9 de agosto de 2017

Cesare Pavese / Last blues, to be read some day


Cesare Pavese
Last blues, to be read some day
Versión de Carles José i Solsora

Era un sólo galanteo,
seguramente lo sabías-
alguien fue herido
hace mucho tiempo.

Todo está igual,
el tiempo ha pasado-
un día llegaste,
un día morirás.

Alguien murió
hace mucho tiempo-
alguien que intentó,
pero no supo.


sábado, 26 de diciembre de 2015

Enrique Vila-Matas / Calvino, treinta años después

Italo Calvino

Calvino, treinta años después


A lo largo de la última semana, mientras releía a Cesare Pavese, autor que intuyo medio olvidado, no podía dejar de acordarme de sus palabras sobre la lectura y la soledad: “Incluso un libro en chino está hecho para ti. Se trata siempre de aprender las palabras de un hombre. Todos los libros que valen están escritos en chino, y no siempre hay un traductor. Llega el momento en que estás solo ante la página, así como estaba solo el que la escribió”.
Estos días, leyendo al gran Pavese de El oficio de vivir, llegué a tener hasta miedo de caer en manos de cualquier otro autor, y me acordé de Lichtenberg cuando decía que el único defecto de los escritores realmente buenos era que casi siempre ocasionaban que hubiera muchos malos o regulares.
Cuando finalmente quise probar suerte con otro autor, me refugié en Italo Calvino, lo que fue como llamar al timbre del mejor vecino de Pavese y continuar el camino sin sobresaltos. En el caso de los libros de Calvino, no parece haber hoy en día ni el menor fantasma del olvido. Es más, a los treinta años de su muerte, se ha convertido en un clásico contemporáneo, quizás porque se adelantó a su tiempo; se adelantó en parte porque leyó bien a Pavese, que fue un atrevido renovador.
La primera vez que leí a Calvino, su escrito giraba en torno precisamente de la “obra ejemplar” de Pavese. Allí explicaba que del autor de El oficio de vivir (Seix Barral) había aprendido que aquello que la literatura podía enseñarnos no eran métodos prácticos, sino sólo las posiciones: el resto no era una lección que debiera extraerse de la literatura, pues era la vida la que debía enseñarla.
Al mundo de Calvino, donde confluyen tantos registros literarios distintos, se puede entrar por donde uno quiera, porque las grandes alegrías y tristezas están aseguradas. Con el tiempo, cada lector acaba teniendo su propio Calvino, su propio libro predilecto de este autor. Me acuerdo de que Carmen Martín Gaite tenía predilección por El caballero inexistente, por un fragmento que nos recitó en un día de lluvia, en un taxi que circulaba muy lento por la Costa da Morte: “La voz del caballero Agilulfo llegaba metálica desde dentro del yelmo cerrado, como si no fuera una garganta, sino la propia chapa de la armadura la que vibrase. Y es que, en efecto, la armadura estaba hueca, Agilulfo no existía”.
En mi caso, el libro favorito es Seis propuestas para el próximo milenio (Siruela), donde Calvino propone una literatura que haga suya “el gusto por el orden mental y la exactitud, la inteligencia de la poesía y al mismo tiempo de la ciencia y de la filosofía”. Dicen que para Seis Propuestas fue providencial entre nosotros el cambio del título Lezioni americane por el del epígrafe inglés, Six Memos for the Next Millennium. Pero lo que de verdad tuvo que ser decisivo fue la fascinante inteligencia de sus seis propuestas. Si Levedad fue mi “lección americana” preferida durante dos décadas, con el tiempo Multiplicidad fue ganando posiciones, tanto que aún celebro a diario la propuesta.


miércoles, 23 de diciembre de 2015

Cesare Pavese / Vendrá la muerte y tendrá tus ojos

Catrina a la venta
Ciudad de México
22 de noviembre de 2015
Fotografía de Triunfo Arciniegas

Cesare Pavese

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos...

Versión de Carles José i Solsora






Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
-esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo-. Tus ojos
serán una vana palabra,
un grito acallado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola sobre ti misma te inclinas
en el espejo. Oh querida esperanza,
también ese día sabremos nosotros
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como abandonar un vicio,
como contemplar en el espejo
el resurgir de un rostro muerto,
como escuchar unos labios cerrados.
Mudos, descenderemos en el remolino.





lunes, 27 de abril de 2015

Cesare Pavese / Indisciplina



Cesare Pavese
INDISCIPLINA

El borracho deja atrás las asombradas casas.
No todos se atreven a caminar borrachos
a la luz del sol. Tranquilo cruza la calle
y podría atravesar los muros, que los muros están ahí.
Sólo un perro se pasea de aquel modo, pero un perro se detiene
cada vez que siente a la perra y la huele con cuidado.
El borracho no mira a nadie, ni siquiera a las mujeres.

Por la calle la gente, molesta al verlo, no ríe
y no quiere que esté el borracho, pero muchos tropiezan
por seguirlo con la mirada, de nuevo mirando al frente
maldiciendo. Tan pronto pasó el borracho,
todos en la calle se mueven más lento
bajo la luz del sol. Si alguien corre
como antes, ese alguien nunca será el borracho.
Los otros miran, sin distinguir, a las casas y al cielo
que continúan estando, aunque nadie los vea.

El borracho no ve ni cielo ni casas,
pero sabe que están, porque tambaleante camina un tramo
claro como las franjas en el cielo. La gente confundida
no comprende para qué están las casas
y las mujeres no miran a los hombres. Todos
tienen cierto miedo a que de repente la ronca
voz explote cantando y los persiga por el aire.

Cada casa tiene una puerta, pero es inútil entrar.
El borracho no canta, pero tiene un camino
donde el único obstáculo es el aire. Suerte
que de este lado no haya mar, porque el borracho
caminando tranquilo entraría en el mar
y, desaparecido, seguiría en el fondo el mismo camino.
Afuera la luz siempre sería la misma.


Cesare Pavese
Trabajar cansa, 1933


viernes, 13 de marzo de 2015

Cesare Pavese / Años



Cesare Pavese
AÑOS


De lo que era yo entonces no queda nada: apenas hombre, era aún un crío. Lo sabía hacía tiempo, pero todo ocurrió a finales del invierno, una tarde y una mañana. Vivíamos juntos, casi escondidos, en una habitación que daba a una avenida. Silvia me dijo esa noche que tenía que irme, o irse ella: ya no teníamos nada que hacer juntos. Le supliqué que dejara que probásemos de nuevo; estaba acostado a su lado y la abrazaba. Ella me dijo:

-¿Con qué finalidad? }

Hablábamos en voz baja, a oscuras.


Luego Silvia se durmió y yo tuve hasta la mañana una rodilla pegada a la suya. Apareció la mañana como había aparecido siempre, y hacía mucho frío; Silvia tenía el pelo sobre los ojos y no se movía. En la penumbra yo miraba pasar el tiempo, sabía que pasaba y corría, y que afuera había niebla. Todo el tiempo que había vivido con Silvia en aquella habitación era como un solo día y una noche, que ahora terminaba por la mañana. Entonces comprendí que nunca volvería a salir conmigo entre la niebla fresca.

Era mejor que me vistiera y me marchase sin despertarla. Pero ahora tenía en la cabeza una cosa que preguntarle. Esperé, intentando adormilarme.

Cuando estuvo despierta, Silvia me sonrió. Seguimos hablando. Ella dijo:

-Es bonito ser sinceros, como nosotros.

-¡Oh, Silvia! -susurré-, ¿qué haré al salir de aquí? ¿Adónde iré?

Era eso lo que tenía que preguntarle. Sin apartar la nuca del almohadón, ella sonrió de nuevo, beatífica.

-Bobo -dijo-, irás a donde quieras. ¿No es hermoso ser libre? Conocerás a muchas chicas, harás todas las cosas que quieras. Te envidio, palabra.

Ahora la mañana llenaba el cuarto y sólo había un poco de calor en la cama. Silvia esperaba paciente.

-Tú eres como una prostituta -le dije- y siempre lo has sido.

Silvia no abrió los ojos.

-¿Estás mejor ahora que lo has dicho? -me dijo.

Entonces me quedé como si ella no estuviera, y miraba al techo y lloraba sin ruido. Las lágrimas me llenaban los ojos y corrían sobre la almohada. No valía la pena que se diera cuenta. Mucho tiempo ha pasado, y ahora sé que aquellas lágrimas mudas fueron la única cosa de hombre que hice con Silvia; sé que lloraba no por ella sino porque había entrevisto mi destino. De lo que era yo entonces no queda nada. Queda sólo que había comprendido quién sería en el futuro.

Luego Silvia me dijo:

-Ya basta. Tengo que levantarme.

Nos levantamos juntos, los dos. No la vi vestirse. Estuve pronto en pie, a la ventana; y miraba vislumbrarse las plantas. Detrás de la niebla estaba el sol, el sol que tantas veces había entibiado el cuarto. También Silvia se vistió pronto, y me preguntó si no me llevaba mis cosas. Le dije que primero quería calentar el café, y encendí el hornillo.

Silvia, sentada al borde de la cama, se puso a arreglarse las uñas. En el pasado se las había arreglado siempre en la mesa. Parecía abstraída y el pelo le caía continuamente sobre los ojos. Entonces daba sacudidas con la cabeza y se liberaba. Yo deambulé por el cuarto y recogí mis cosas. Hice un montón sobre una silla y de repente Silvia saltó en pie y corrió a apagar el café que se derramaba.

Luego saqué la maleta y metí las cosas. Mientras tanto, por dentro me esforzaba por recoger todos los recuerdos desagradables que tenía de Silvia: sus futilidades, sus malos humores, sus frases irritantes, sus arrugas. Eso me llevaba de su cuarto. Lo que dejaba era una niebla.

Cuando hube acabado, el café estaba listo. Lo tomamos de pie, junto al hornillo. Silvia dijo algo, que ese día iría a ver a un tipo, a hablar de un asunto. Poco después dejé la taza y me marché con la maleta. Afuera la niebla y el sol cegaban.



Cesare Pavese / Vendrá la muerte y tendrá tus ojos






sábado, 27 de septiembre de 2008

Héctor Abad / ¿Por qué se mata un escritor?

Yukio Mishima


¿Por qué se mata un escritor?


HÉCTOR ABAD FACIOLINCE
27 SEPT 2008 - 19:13 


Se dice, con más razón que sorna, que el único riesgo profesional de los poetas es el suicidio. No sé si hay estadísticas, pero tengo la impresión de que los escritores se suicidan más, proporcionalmente, que los mortales de otras profesiones. Si hago un rápido censo mental, muchos nombres se me vienen a la mente desde la antigüedad hasta hoy, mujeres y hombres: Safo, Lucrecio, Séneca, Silva, Larra, Woolf, Salgari, Trakl, Lugones, Mishima, Pizarnik, Hemingway, Plath, Márai... Y el pasado 12 de septiembre, la gran promesa de la narrativa estadounidense, David Foster Wallace, a quien hallaron ahorcado en su casa; un novelista de 46 años que ya en otras ocasiones había pedido que le protegieran de su propia pulsión de quitarse la vida.