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sábado, 10 de agosto de 2024

Jenn Díaz / El final de Raymond Carver


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Raymond Carver. (DP)

El final de Raymond Carver

El relato sigue siendo, para el lector más perezoso, un género menor. Parece absurdo, porque el cuento, al ser más breve, debería ser más accesible… pero también es más exigente. Una novela no tiene más misterio: es una historia que cuenta el autor. Habrá más giros, más personajes y más incógnitas, pero son siempre los mismos y el contexto varía a medida que la novela avanza, de una manera progresiva, es decir, cómodamente. El libro te va acompañando. 

viernes, 5 de enero de 2024

Vivian Maier y Alice Munro / Mujeres invisibles

Vivian Maier, autorretrato. Fotografía cortesía de vivianmaier.com
Vivian Maier, autorretrato. Fotografía cortesía de vivianmaier.com

Maier y Munro: mujeres invisibles

Ama de casa encuentra tiempo para escribir relatos y niñera se convierte en fotógrafa. Estas podrían ser las dos definiciones de Alice Munro —de hecho, fue la que le dedicaron en The Vancouver Sun— y de Vivian Maier. Si no fuera por el Premio Nobel y un documental fantástico sobre quién era la autora de cientos de fotografías, estas dos mujeres serían solamente eso: un ama de casa y una niñera. Socialmente, Alice y Vivian eran mujeres invisibles: podrían ser brillantes pero estaban camufladas en la más absoluta normalidad. Y lo normal a menudo quiere decir, para los demás, mediocridad. Pero no: las siestas de sus hijas salvaron el talento de una am de casa, y la excentricidad ocultó el verdadero talento de una retratista inusual.

viernes, 20 de noviembre de 2020

El club de los poetas suicidas / Alfonsina Storni

Alfonsina Storni

El club de los poetas suicidas
ALFONSINA STORNI
Por Jenn Díaz
3 de marzo de 2013


“Nací al lado de la piedra junto a la montaña, en una madrugada de primavera, cuando la tierra, después de su largo sueño, se corona nuevamente de flores. Las primeras prendas que al nacer me pusieron las hizo mi madre cantando baladas antiguas, mientras el pan casero expandía en la antigua casa su familiar perfume y mis hermanos jugaban alegremente. Me llamaron Alfonsina, nombre árabe que quiere decir dispuesta a todo”.
Podría parecer la mezcla de los nombres de sus progenitores, Alfonso y Paulina, pero Alfonsina Storni le hizo más honor al significado árabe de su nombre, porque verdaderamente estaba dispuesta a todo. Sí, la niña que, en sus palabras, tenía un alma toda fantástica, viajera, estaba dispuesta a todo. A sus primeras mentiras, al amor, a la sensualidad, a la maternidad, a la soledad, a la poesía, al descaro, a la igualdad, a la lucha y también a la muerte. Las primeras veces que Alfonsina Storni empezó a parecerse a la Alfonsina Storni en la que se convertiría son muy tempranas. De niña, robó un libro. Sus padres, cuando no pasaban por una buena época porque Alfonso Storni sería, además de alcohólico, una persona deprimida y apartada de la vida, no tenían dinero, así que la niña que se convertiría en una gran poeta empezó robando un libro. No tenía dinero para comprarlo: pidió un libro escolar y, una vez en las manos, pidió otro. Aprovechando que unos jóvenes entraron al establecimiento y el encargado se fue a la trastienda, Alfonsina echó a correr con el libro. Después, y este es el segundo rasgo destacable, dijo, mintiendo, que había dejado el dinero encima del mostrador. Así lo recuerda ella:
“A los seis años robo con premeditación y alevosía el texto de lectura en que aprendí a leer. Mi madre está muy enferma en cama; mi padre, perdido en sus vapores. Pido un peso nacional para comprar el libro. Nadie me hace caso. Reprimendas de la maestra. Mis compañeras van a la carrera en su aprendizaje. Me decido. A una cuadra de la escuela normal a la que concurro, hay una librería; entro y pido: El nene. El dependiente me lo entrega; entonces solicito otro libro, cuyo nombre invento. Sorpresa. Le indico al vendedor que lo he visto en la trastienda. Entra a buscarlo y le grito: “Allí le dejo el peso”, y salgo volando hacia la escuela. A la media hora las sombras negras, en el corredor, de la directora y de aquél, encogen mi corazoncillo. Niego, lloro, digo que dejé el peso en el mostrador; recalco que había otros niños en el negocio. En mi casa nadie atiende reclamos y me quedo con lo pirateado”.

viernes, 24 de julio de 2020

Cinco escritores / En memoria de Juan Marsé





Juan Marsé


En memoria de Juan Marsé

Cinco escritores de diferentes generaciones —Francisco Ferrer Lerín, Gustavo Martín Garzo, Jenn Díaz, Gonzalo Torné y Alba Carballal— recuerdan su primer acercamiento a la obra de Marsé y la influencia del escritor en la literatura y la sociedad españolas.


EL CULTURAL
21 de julio de 2020

Francisco Ferrer Lerín

En la obra de Juan Marsé surge el charnego. En su novela Últimas tardes con Teresa, la figura del protagonista, Pijoaparte, es el paradigma del joven atrevido, posible habitante de un barrio, El Guinardó, patria de Marsé. Quizá por primera vez, en la historia de la literatura, se preste atención a la figura del desarraigado que intenta ascender en el escalafón social de Cataluña y es rechazado por los indígenas. Y no es desconocimiento de la lengua vernácula  la causa principal de ese rechazo, ya que hasta la llegada del delirio regionalista esa carencia no era un factor selectivo, pero sí lo es su condición no catalana, sus características físicas alejadas del modelo oficial; aunque hay que decir que la lengua en la ciudad de Barcelona en las décadas de los cincuenta y sesenta, y hasta la inmersión lingüística, era un signo de clase. Las capas bajas, formadas por individuos procedentes de regiones no catalanoparlantes, así como la alta burguesía y parte de la burguesía media, hablaban en castellano; la pequeña burguesía, los tenderos, la escasa inmigración procedente de la Cataluña interior, hablaba en catalán.

jueves, 24 de octubre de 2019

El club de los poetas suicidas / Sylvia Plath


Sylvia Plath 1

El club de los poetas suicidas
Sylvia Plath
Por Jenn Díaz
25 de abril de 2013

Sylvia Plath en YorkshireNunca volveré a hablar con Dios. Esa es la respuesta que Sylvia Plath le da a su madre cuando esta le comunica que su padre ha muerto. La infancia de la poeta, hasta que su padre muere, es bastante común en la medida que las familias felices son comunes. Los padres eran personas inteligentes: Otto, un erudito bastante más preocupado por su carrera y sus publicaciones que de su familia; Aurelia, capaz de renunciar a su carrera y su intelecto, quedar en un segundo plano para tener lo que ella entiende por hogar feliz. La madre, que ayudaba en las divulgaciones científicas a su marido y se hacía cargo de la pequeña Plath, hablaba así de su primer año de matrimonio, muy diferente de lo que fue el primer año del matrimonio Hughes-Plath: Comprendí que si quería un hogar tranquilo (y así era) tendría que hacerme a la idea de ser más sumisa, aunque no iba con mi carácter. Así, el hogar Plath era tranquilo gracias a la renuncia de la madre. Otto, en cambio, se encerraba en su estudio a trabajar, con un rol mucho más autoritario y respetuoso, pero también distante: él era el centro de la familia y los miembros de esta debían adaptarse a su condición de hombre culto y académico. El primer problema con el que se enfrenta Sylvia Plath, con dos años, es que ha nacido su hermano Warren. Un bebé. Odio a los bebés. Yo, que durante dos años y medio había sido el centro de un tierno universo, sentí que el eje se torcía y que un frío polar me paralizaba los huesos. Ese tierno universo se lo debía, en parte, a sus abuelos maternos, a los que convirtió en refugio y en recuerdo perfecto a lo largo de los años. Además de que el abuelo la tenía endiosada —una diosa y una mujer en miniatura—, con las recurrentes enfermedades del hermano y, más tarde, del padre, Sylvia Plath se vio agradablemente obligada a pasar más tiempo con ellos. Entonces, Aurelia le mandaba cartas a su hija, a la casa junto al mar en la que se había instalado: Estoy muy orgullosa de lo bien que coloreas los dibujos. Procura escribir tan bien como coloreas. Procura escribir las palabras en vez de imprimirlas.

jueves, 26 de junio de 2014

Ana María Matute / La escritora que allanó el camino a las mujeres

Ana María Matute

La escritora que allanó 

el camino a las mujeres

Autoras españolas sienten que se ha ido su maestra y coinciden en señalar la importantísima aportación de Ana María Matute a la narrativa contemporánea.

SAIOA CAMARZANA / ALBERTO GORDO | 25/06/2014 


Ana María Matute

Pocas personas se van dejando tanto desamparo. Se ha muerto Ana María Matute y da la sensación de que será llorada por mucho tiempo. Si algo repite hoy todo el mundo, y particularmente sus discípulas, que son todas las escritoras españolas del último medio siglo español, es la importancia de su legado. "Se ha ido una escritora importantísima", declaró al enterarse de la noticia Clara Janés, una valoración que es hoy casi inevitable. Laura Freixas, en ese sentido, quiso elevarla al mismo panteón de escritoras ilustres que a Rosa Chacel, Carmen Martín Gaite y Esther Tusquets, pues, según ella, aportó, junto a sus compañeras de generación, "un nuevo modo de hacer literatura femenina, con personajes novedosos, casi ausentes en la literatura tradicional, como la niña y la adolescente".