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viernes, 8 de junio de 2018

Picasso según David Douglas Duncan


Picasso
Julio de 1957
 Gelatina de bromuro de plata. 24,2 x 16,3 cm.
Colección particular
Picasso
Fotografías de David Douglas Duncan


Picasso en 1957.
Gelatina de bromuro de plata. 34 x 22,6 cm
Colección particular.
Pablo Picasso

Muere David Douglas Duncan, el fotógrafo que retrató a Picasso en la bañera

Fotografía que Duncan hizo de Picasso el día de 1956 en que se conocieron.

Muere David Douglas Duncan, el fotógrafo que retrató a Picasso en la bañera

El fotoperiodista ha fallecido a los 102 años en un hospital de la Costa Azul francesa

JOSÉ ÁNGEL MONTAÑÉS
Barcelona 8 JUN 2018 - 11:49 COT
El fotógrafo y reportero estadounidense David Douglas Duncan (Kansas City, 1916), considerado uno de los fotógrafos más influyentes del siglo XX e íntimo amigo de Picasso, murió ayer, jueves, a los 102 años en un hospital de la Costa Azul francesa, según ha informado este viernes el Museo Picasso de Antibes. El fotoperiodista fue quien captó la imagen del célebre pintor malagueño en la bañera, 8 de febrero de 1956, cuando la entonces esposa de PicassoJacqueline, le abrió las puertas de La Californie, la suntuosa casa taller en la que por entonces residía y creaba el artista.

lunes, 7 de mayo de 2018

David Douglas Duncan / El amigo que retrató a Picasso en la bañera

Pablo Picasso
Fotografía de David Douglas Duncan


David Douglas Duncan
BIOGRAFÍA

El amigo que retrató a Picasso en la bañera

El museo dedicado al pintor en Buitrago de Lozoya expone entre el 10 de mayo y el 22 de julio 60 fotografías del reportero David Douglas Duncan




Guiomar del Ser
Madrid, 7 de mayo de 2018

La primera vez que la mirada de Pablo Picasso se cruzó con la del fotógrafo y reportero estadounidense David Douglas Duncan (Kansas City, 1916) corría el año 1956. Su amigo, el también fotógrafo Robert Capa, fallecido dos años antes en la guerra de Indochina, no había podido cumplir su promesa de presentarle a aquel pintor único con quien había trabado relación, así que aprovechó un viaje a Cannes (Francia) para presentarse en La Californie, la suntuosa casa taller en la que por entonces residía y creaba el artista.

Era el 8 de febrero y le abrió la puerta Jacqueline, segunda esposa de Picasso, ante quien expuso sus intenciones y la memoria del amigo común desaparecido. Según relató a EL PAÍS en 2013, ella le condujo de la mano hasta el segundo piso, donde el pintor tomaba plácidamente un baño. “Le dije que si le podía hacer una fotografía y me dijo que sí. Esa fue la primera vez”. Y así nació una amistad de 20 años interrumpida por la muerte del genio de la que dan testimonio 25.000 fotografías, muchas obtenidas en la intimidad, que han aportado una perspectiva singular sobre la vida, la personalidad y el proceso creativo de uno de los genios de la pintura universal.
163 de aquellas imágenes fueron donadas por el propio David Douglas Duncan al Museo Picasso de Barcelona hace cinco años. A partir del próximo 10 de mayo, y hasta el 22 de julio, 60 piezas de ese lote se expondrán temporalmente en la sede de la Colección Eugenio Arias en Buitrago de Lozoya bajo el título Picasso por Duncan. La mirada cómplice. El museo de la localidad serrana alberga desde 1985 una pequeña colección de obras y objetos que el artista regaló a Eugenio Arias, su barbero, cuando ambos vivían en Vallauris, un pequeño pueblo al sur de Francia. Se abre así, con esta muestra, una puerta más a la vertiente cotidiana que, en palabras del consejero de Cultura de la Comunidad, Jaime de los Santos, permite profundizar en el lado “más personal del genio malagueño a través de las fotografías de otro gran artista que nos lo presenta desde la intimidad, como ser humano”.








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Picasso, en 1957. DAVID DOUGLAS DUNCAN


La exposición, comisariada por Emmanuel Guigon y Sílvia Domènech —director y jefa de investigación del museo barcelonés—, se complementa con libros y fotografías del museo madrileño. Los domingos, el museo fundado en memoria del barbero de Picasso, oriundo de Buitrago de Lozoya, ha programado visitas guiadas que profundizarán en una relación personal y artística única.
Cuando en 2011 le preguntaron a Duncan el porqué de aquella familiaridad con Picasso, el fotógrafo fue parco: “Nos caímos bien. Así de sencillo”. No hizo falta nada más, incluso ante la evidente dificultad de comunicación oral entre dos personas que desconocían la lengua del otro. El artista le abrió sin reparos las puertas de tres de sus casas mostrándose ante la cámara en todo tipo de circunstancias: bailes, juegos, proceso creativo (aquella inspiración que, en palabras del pintor, debía de encontrarle trabajando), celebraciones... Y siempre exhibiendo aquella enigmática mirada que el fotógrafo amigo nunca ha logrado descifrar del todo.


martes, 21 de junio de 2011

David Douglas Duncan / El tipo al que Picasso dejó entrar


Cannes, villa La Californie, 1957. Gelatina de bromuro de plata. 25,5 x 38 cm. Colección particular.
Foto de David Dounglas Duncan

El tipo al que Picasso dejó entrar

El museo del pintor en Málaga acoge las históricas imágenes del artista tomadas por el nonagenario fotorreportero David Douglas Duncan

Ángeles García
Málaga, 21 de junio de 2011

A David Douglas Duncan (Kansas City, 1916) le abrió la puerta Jacqueline, última esposa de Pablo Picasso. Entonces, 8 de febrero de 1956, el universo de uno de los artistas más influyentes del siglo XX, echaba sus placenteras raíces en la Costa Azul, en el exclusivo y célebre refugio de La Californie, en las proximidades de Cannes. La amistad y el respeto que le profesaba Robert Capa eran las únicas referencias que Picasso tenía de Duncan, quien, a sus 95 años compartía ayer anécdotas con contagiosa alegría en el museo del artista malagueño. Se hallaba en la ciudad con motivo de la exposición Picasso crea. A través de la cámara de David Douglas Duncan.
Aquel día de 1956, el fotógrafo llevaba un anillo de oro con una extraña piedra azul. "Que pase", pidió Picasso a Jacqueline desde la bañera. Duncan entró y tomó una de las más célebres instantáneas de la historia de la fotografía: Picasso en el agua mira divertido a la cámara.

La amistad entre ambos se prolongó hasta la muerte del artista, en 1973. Duncan tomó más de 25.000 fotografías. Picasso, en todas las versiones posibles: jugando con sus hijos, en los toros, comiendo, recibiendo a sus amigos y, sobre todo, trabajando.
Último testigo de aquellos días, Duncan conserva en la mirada la energía y la determinación que han hecho de él un ídolo para los fotorreporteros de guerra de todo el mundo, por los servicios prestados en Vietnam, Corea o India para publicaciones como National Geographic o Life.
El fotógrafo paseaba ayer por Málaga con una Nikon comprada el día anterior. Parecía ese tipo inclinado a la diversión que sugieren algunas de sus fotografías, pese a que en su largo historial figuran dolorosos recuerdos de batallas como la que acabó con la vida de su amigo Capa. Tomaba fotos divertido y se deshacía en elogios a las comisarias Stephanie Ansari y Tatyana Franck. "Es mi mejor exposición. Aprovechen, porque no se verá nunca más".
-¿Con qué armas sedujo al gran hombre para dejarle entrar en su intimidad?
-Nos caímos bien y nos fiamos el uno del otro. No le molestaba ni preguntaba qué hacía. Miraba y disparaba. Sin flas, sin hacer ruido. Con el máximo respeto.
-¿Tuvo algo que ver el anillo?
-Robert [Capa] me había recomendado llevarle algo especial. Y acerté. El oro procedía de unas monedas de Alejandro Magno que me habían llegado a través de mi padre y creo que tenía una energía muy positiva. Hice que tallaran un gallo picassiano. Le agradó.
-¿Cómo se veía su legendaria mirada a través de la lente?
-Era un hombre bajito, pero su mirada le hacía enorme. No estoy seguro de haber podido capturar todo el significado de esa mirada. No era intimidatoria. Era algo misterioso e indescriptible.
Cuando Picasso se colocó en el centro de su objetivo, Duncan no abandonó sus reportajes. Aunque siempre que podía, se dejaba caer por los refugios de Picasso en el sur de Francia. "Verle trabajar era formidable", recuerda. "Con un juguete, cualquier utensilio o el resto de una comida daba pie a una obra de arte. En familia era muy actor. Jugaba mucho con los pequeños. Hacía teatro, se disfrazaba...".
En general, Picasso no permitía a Duncan entrar en su estudio. La excepción que confirmó la regla llegó en un cumpleaños del fotógrafo. El regalo del artista consistió en dejarle entrar en aquel paraíso atiborrado de obras de arte. "Realizaba entonces su versión de las Meninas y me emocionó ver que había pintado a su perro Lumpi".
Como en el célebre arranque de Melville, el artista llamaba a Duncan Ismael. "En hebreo viene a significar algo así como 'Dios me entiende". El apelativo tiene algo de metafórico, cuando se escucha al fotógrafo desmontar los mitos falsos sobre Picasso. Como ese que afirma su condición de mujeriego. "Le conocí ya con Jacqueline y nunca le vi mirar a otra mujer, pese a que había muchas que sí le miraban a él. No era de esos hombres que las persiguen o acosan como Dominique Strauss-Kahn".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 21 de junio de 2011