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miércoles, 9 de septiembre de 2026

De genios, monstruos y mitos

 

Fotograma de '20.000 leguas de viaje submarino'.

De genios, monstruos y mitos

La lectura de Henry James conserva la virtud de desintoxicarme y de poner en su lugar a la mayor parte de la ficción que me veo obligado a leer

01. James

Así como mi amigo (supongo) Marías selecciona de vez en cuando una docena de películas de su completísima videoteca, y se regala con un ciclo de, por ejemplo, Joseph Mankiewicz (incluyendo, desde luego, El fantasma y la señora Muir, 1947), a mí me da por montarme de cuando en vez pequeños ciclos de los novelistas que adoro. En la última quincena he releído algunas de las mejores novelas cortas de Henry James (1843-1916), casi todas por debajo de las cien páginas. Aunque James publicó, además de sus grandes libros de ficción, más de 120 novelas cortas y cuentos, en esta ocasión me he limitado a algunas nouvelles publicadas durante la década de 1890, una de sus más prolíficas en lo que se refiere a ficción breve.


En esa época, el autor norteamericano (que se nacionalizó británico en 1914 como protesta a la no intervención de Estados Unidos en la primera fase de la guerra “europea”) se empeñó (en vano) en conquistar la escena teatral londinense, dedicando a ello la mayor parte de su tiempo, mientras se financiaba publicando narraciones cortas en revistas y recopilaciones. A ellas pertenecen las cuatro que he releído últimamente: El alumno (1891), La vida privada (1892), La figura en la alfombra (1896) y Los amigos de los amigos (1896). Mientras las revisaba (con subrayados y alguna nota de diferentes épocas) volvía a colocar a su autor en mi personal panteón de los más grandes narradores de la edad moderna: la lectura de James conserva todavía la virtud de desintoxicarme y de poner en su lugar a la mayor parte de la ficción que me veo obligado a leer.

James no necesita de “acción” o de complejas intrigas espectaculares para contar historias “interesantes” (una cualidad que juzgaba imprescindible en la novela): las suyas, siempre un prodigio de profundidad narrativa, de dominio del punto de vista y de capacidad para penetrar con sugerencias y elipsis en el interior de unos personajes sin juzgarlos —una tarea que deja siempre al arbitrio del lector— constituyen, además de un placer para la inteligencia, la mejor recomendación para los novelistas en ciernes. El pretexto para volver a James me lo dio la recuperación por Gatopardo de Lo que Maisie sabía (1897), una gran novela (y muy apropiada para acercarse al autor) que viene precedida de un estupendo prólogo de Nora Catelli, una de las críticas más perspicaces e informadas de la obra de James. Y, para mis improbables lectores que quieran leer algunos de sus mejores relatos, resultan muy asequibles, entre otras, las recopilaciones publicadas por Penguin Clásicos y Cátedra. De nada, acuérdense de mí si los disfrutan.

02. Animalitos

A la moda del nature writing se añade últimamente el subsector más especializado de lo que podríamos llamar animal writing. En las últimas semanas se han incorporado a la pila adyacente a mi sillón de orejas dos de las muestras zoológico-editoriales que, tras franquear una criba minuciosa, me han parecido más significativas. Adiós al caballo (Taurus), de Ulrich Raulff, es una elegíaca historia natural-cultural de este extraordinario animal que ha acompañado, como bestia de carga o de transporte, a casi todas las culturas de la tierra. Raulff traza una muy legible epopeya transversal, con eruditas incursiones en el cine, la literatura y el arte, acerca de lo que, a lo largo de la historia —desde el neolítico hasta el automóvil— el caballo ha representado para la humanidad.

Más insólito, pero igualmente agradecido, me ha resultado El alma de los pulpos (Seix Barral), de Sy Montgomery, con prólogo “amigo” de Donna Leon. Sin pretender ser un consumado malacólogo, el pulpo es una criatura ante la que siempre he sentido un contradictorio sentimiento de amor-terror. De jovencito pescaba pulpos pequeños buceando entre las rocas hundidas del mar de Calafell, al tiempo que me estremecía con las películas (20.000 leguas de viaje submarino, de Richard Fleisher, por ejemplo) y libros en los que pulpos y calamares gigantes y otros monstruosos kraken irrumpían en la aventura de esforzados exploradores. De mayor, ya más maleado, disfruto más bien con el exquisito bocado de un buen pulpo a la brasa o, si no hay más remedio, a feira. La naturalista Sy Montgomery construye su ensayo literariamente pulposo (así te atrapa su lectura) como si fuera una novela de aventuras cuyo protagonista es ese fascinante y antiquísimo cefalópodo que puede cambiar de color, tiene boca (con pico) en una axila y envenena a sus presas antes de devorarlas.

03. Navideños

Con el “planeta” ya concedido, y celebrado con la acostumbrada pompa y promiscuidad político-social, se oficializa la temporada del libro navideño, muchas de cuyas muestras han ido llegando a las librerías en las últimas semanas. Los hay de todo tipo y condición, aunque en todos predomina, como “filosofía” subyacente, el deseo de hacer caja para cuadrar el final del ejercicio; claro que, con el mercado atiborrado, muchos son los llamados y pocos los escogidos.

Entre los últimos que he recibido selecciono, para empezar, dos que me han parecido estupendos. La Luna (Atalanta, 58 euros), de la analista junguiana Jules Cashford —a quien los lectores interesados en los mitos primordiales recordarán por su monumental El mito de la diosa, publicado también por Jacobo Siruela cuando aún era director editorial del sello al que prestó su nombre—, es una fascinante enciclopedia bellamente ilustrada de los mitos, símbolos y representaciones a los que la Luna, ese astro que tanto influye en nuestros humores, ha dado lugar desde los orígenes de la humanidad.

Más explícitamente navideño es el volumen Días de Navidad (Lumen, 22,90 euros), de Jeanette Winterson, en el que se recogen 12 narraciones imaginarias (y una felicitación autobiográfica) acompañadas de otras tantas recetas de manjares muy apropiados para la estación.

EL PAIS


miércoles, 29 de noviembre de 2023

Mariana Enríquez / Tú que te asustas




Tú que te asustas


En Alguien llama a la ventana, una antología del cuento gótico, Cristina Bajo traza una biografía de escritora y propone un viaje 
de la memoria: un conjunto de relatos de fantasmas crueles algunos, benévolos otros, que marcaron su formación, su infancia y sus recuerdos.

Mariana Enriquez
22 de febrero de 2017

La antología del cuento gótico Alguien llama a la ventana es uno de los libros más cuidados y personales editado en los últimos meses. Esa bienvenida falta de enciclopedismo, ese capricho –las mejores antologías suelen ser así– se relaciona directamente con la escritora que eligió los cuentos, los prologó, los anotó, los tradujo, y hasta eligió las preciosas estampas victorianas que ilustran casi cada página: Cristina Bajo. Los cuentos que Bajo tradujo son de Edith Wharton, Henry James, Saki, Lafcadio Hearn, E.F. Benson, M. Yale Wynne y H. P. Lovecraft. Solo quedaron fuera los escritos en español (de Bécquer y Lugones, y uno de la propia Bajo), un anómino breve europeo y el poema “No solo en las estancias...” de Emily Dickinson. El cuidado del volumen –también a cargo de Paula Viale– es claro desde la tapa con la reproducción de “At The Park Gate”, una pintura de 1878 de John Atkison Grimshaw, pintor británico especialista en escenas nocturnas. 

jueves, 15 de septiembre de 2022

Javier Marías / Henry James de visita

Javier Marías


Javier Marías

BIOGRAFÍA

Henry James de visita

    De Henry James puede decirse que fue desdichado y feliz por el mismo motivo, a saber: era un espectador de la vida, apenas participaba de ella, o al menos no de sus aspectos más llamativos y emocionantes. En cambio llevó durante muchos años una vida social intensísima y de lo más entretenida, hasta el punto de que en una sola temporada, la de 1878-79, fue invitado a cenar (y aceptó) ciento cuarenta veces computadas. Era la época en que no había en Londres estreno ni fiesta que no se viera deslucido sin su asistencia.

sábado, 26 de diciembre de 2015

Alberto Manguel / Sombras y fantasmas aterradores, irónicos y malévolos

Sombras y fantasmas aterradores, 

irónicos y malévolos

Una selección de los 16 relatos más originales y terribles del género. Los autores resucitan a los muertos y conducen al lector a un mundo sobrecogedor, encantado y también divertido.

ALBERTO MANGUEL 8 MAR 2008

Otra vuelta de tuerca
Henry James
Henry James, autor de algunos de los más originales y aterradores fantasmas de la literatura, logró en Otra vuelta de tuerca una obra maestra. Basada en una anécdota que le fue referida cierta noche de invierno, cuenta la historia de una nodriza encargada de cuidar a dos niños en una solitaria casa de campo inglesa. Los niños parecen felices, las habitaciones cómodas, los jardines soleados, pero la nodriza siente algo en la atmósfera que le incomoda. Entonces el ama de llaves le cuenta que un apuesto mayordomo y la nodriza que le precedió murieron poco antes de su llegada y deja sospechar circunstancias bochornosas. Paso a paso, la nodriza se convence de que esos dos muertos rondan por la casa y quieren apoderarse de los niños. James no nos permite asegurar ni negar esas infames apariciones: magistralmente, cada palabra de la novela a la vez afirma y rechaza la interpretación fantástica.
Sombras suele vestir
José Bianco
Sombras suele vestir es una de las mejores historias de fantasmas de la literatura en lengua castellana. En un inquilinato de Buenos Aires viven Jacinta, su hermano enfermo mental y su madre, mujer incapaz de resignarse a la pobreza. Para satisfacer los pedidos de esta última, Jacinta se prostituye. Cuando la madre muere, uno de los clientes de Jacinta lleva a la muchacha a vivir con él y coloca al hermano en un sanatorio. Pronto el cliente confiesa sentir una extraña atracción hacia el hermano enfermo y él, a su vez, se interna en el mismo sanatorio. La novela entonces se corrige: el lector se entera de que Jacinta está muerta y que, para cada personaje, la realidad es leída de otra manera, tangible o soñada. El título es de Quevedo: "El sueño, autor de representaciones / en su teatro sobre el viento armado / sombras suele vestir de bulto bello".
El hombre verde
Kingsley Amis
El hombre verde es una taberna a unas cuarenta millas de Londres, famosa por sus vinos y sus fantasmas. El tabernero, Maurice Allington, empieza a obsesionarse con uno de los fantasmas, un cierto clérigo del siglo XVII quien (según la leyenda) asesinó salvajemente a su esposa. Allington empieza a ver imágenes espectrales y monstruosas, caras sin cuerpo, piernas y brazos cortados, un pecho o una nalga de mujer. Gradualmente, la curiosidad de Allington se convierte en desasosiego, sobrecogimiento y terror, y su familia asiste, sin poder ayudarlo, a una suerte de "secuestro psíquico", mientras Allington se interna más y más en un mundo de visiones incomprensibles y horribles quimeras. Amis, gran conocedor de la literatura fantástica y la ciencia-ficción, confesó alguna vez querer escribir una historia de fantasmas que fuese a la vez "irónica y malévola". Con El hombre verde logró su propósito.