En esta era de Trump, Bolsonaro y Salvini, los testimonios de judíos aplastados por el nazismo resuenan fuerte
ANTONIO MUÑOZ MOLINA
Un día de marzo de 1933, la doctora Hertha Nathorff fue al cine en Berlín con una amiga y vio a Hitler en el palco de honor. Nathorff era una ginecóloga distinguida, con una consulta privada muy próspera y un puesto de dirección en una clínica en la que atendía sobre todo a mujeres. Su marido, también médico, dirigía un hospital importante en Berlín. Tenían un hijo de 10 años. Vivían en un apartamento grande y confortable. Como la doctora era alta y rubia, con los ojos muy claros, los pacientes no pensaban que pudiera ser judía. Un día, una señora a la que Nathorff había salvado la vida unos años atrás en un parto muy difícil vino a visitarla con el hijo nacido entonces, vestido orgullosamente con el uniforme de las Juventudes Hitlerianas. Muchas personas, observó la doctora, hacían comentarios antisemitas sin ningún tono de maldad, más bien como de oídas, como por distracción, por seguir la corriente. Cuando ella les hacía saber, con educación y firmeza, que también era judía, muchos de esos pacientes, hombres y mujeres, reaccionaban como avergonzados, o sorprendidos, o incómodos. Una señora le mandó después una carta pidiéndole disculpas y un ramo de flores.
Las memorias de Angela Merkel: las tripas del poder alemán en primera persona
La todopoderosa canciller publica sus recuerdos sobre las primeras décadas de su vida en la Alemania oriental y reconstruye con minuciosidad la historia reciente de Europa
ANA CARBAJOSA
Londres - 25 NOV 2024 - 23:30
En el segundo párrafo de la primera página de su libro, Angela Merkel entra de lleno donde más le duele. Confiesa que nunca se hubiera imaginado escribir un libro de memorias hasta que pasó lo que pasó la noche del 4 de septiembre de 2015. Aquella noche, miles de refugiados marchaban con lo puesto hacia Alemania desde Hungría. Merkel se enfrentaba a un dilema mayúsculo: impedirles el paso por la fuerza o dejarles entrar en Alemania. Optó por lo segundo alegando motivos legales y humanitarios. Aquella decisión cambió su país y Europa para siempre. La UE se fisuró y su partido, el centro derecha alemán, se tambaleó. La llegada de refugiados dio además alas a una extrema derecha, que no dejó de crecer hasta entrar por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial en el Parlamento alemán. Merkel no se arrepiente.
Gran parte del éxito popular de Hitler y de su partido se debía a los sistemas de amplificación a gran escala del sonido
ANTONIO MUÑOZ MOLINA
22 NOV 2024 - 23:00 COT
Hace años, leyendo, para variar, una historia de la República de Weimar, me enteré de que una gran parte del éxito popular de Hitler y de su partido se debía a un avance tecnológico reciente, aunque menor en apariencia: los sistemas de amplificación a gran escala del sonido. Uno ve las inmensidades de gente bramando en respuesta a los bramidos bestiales de su líder, que gesticula y ruge delante de un micrófono, y no cae en la cuenta de que sin potentísimos sistemas de megafonía esa voz no tendría ningún efecto, ni los himnos resonarían tan poderosamente en las dimensiones de un gran estadio. Hemos visto imágenes de líderes gritando en los balcones, delante de multitudes congregadas en las plazas, pero antes del perfeccionamiento de la megafonía esos oradores incendiarios se desgañitaban en vano, porque a unos metros de distancia nadie podía oír lo que decían. Sin altavoces muy potentes, ¿quién iba a enterarse de nada? La temible euforia de una masa de cien mil personas respondiendo al unísono a la oratoria de un demagogo genocida o a un crescendo de marchas militares no llegaría a sus extremos de sumisión y delirio si no fuera por el poder aplastante de una tecnología del sonido.
Eran también los primeros pasos del cine sonoro, y la época en que estallaba la venta de aparatos de radio y gramófonos en los domicilios privados. Técnicas innovadoras de impresión y procesos industriales muy perfeccionados mutiplicaban la presencia y el impacto de la publicidad, la cartelería política, los periódicos y las revistas ilustradas, con tipografías, diseños gráficos y montajes de fotos que tal vez no han sido nunca superados. La democracia liberal, el reformismo socialdemócrata, eran cosas rancias y anticuadas en los primeros años treinta. Lo moderno, lo cool, lo joven, lo guay, era ser nazi, o ser comunista. A diferencia de los carcamales de la democracia burguesa, los políticos del porvenir abrazaban sin miedo las nuevas tecnologías. En otra de esas historias de Weimar que me empeño en leer, aun sabiendo lo mal que acaban, me enteré de que Hitler usó por primera vez la megafonía en un acto público de masas en 1928. Sus discursos se grababan en discos de pizarra y eran hits de ventas. También fue Hitler el primer candidato que viajó en avión de una ciudad a otra durante una campaña electoral, multiplicando así el número de actos en los que participaba, a veces varios en un mismo día. Los fotógrafos y los cámaras de cine lo retrataban con su moderna gabardina y un gorro de piloto, bajando enérgicamente de su aeroplano de último diseño antes de que la hélice se hubiera detenido. Donald Trump apareciéndose a sus fieles desde la escalerilla de un avión no ha inventado nada.
Toda esta estrategia que ahora llamaríamos de comunicación la ideó Joseph Goebbels, ministro de Propaganda y Educación Popular desde enero de 1933. Sabios juristas alemanes viajaban al Sur de Estados Unidos para estudiar las normas de segregación racial y pureza de sangre que les inspiraron sus propias leyes contra los judíos. También fue de Estados Unidos de donde Joseph Goebbels aprendió los principios y técnicas de la manipulación mental: si la radio, el cine, la megafonía, podían usarse tan persuasivamente para vender toda clase de productos, adornándolos con las baratas fantasías y los eslóganes simples y machacones de la publicidad, exactamente lo mismo podía hacerse con los mensajes políticos, y hasta con el espectáculo completo de la realidad.
Hay un fervor extremo bien compatible con el cinismo. Joseph Goebbels era un fanático que se estremecía hasta las lágrimas, hasta casi el orgasmo, en presencia de Hitler, pero también era un cínico dotado de esa indiferencia hacia la verdad que caracterizada a los publicitarios y a los expertos en la extrañamente llamada comunicación política, todos ellos suscritos ahora a la palabrería de lo que ellos denominan, sin escrúpulo alguno, y sin respeto al oficio antiguo de contar, storytelling: el relato, decían hasta hace nada; la narrativa, dicen ahora, que suena mejor porque es un calco del inglés, narrative, falso amigo que no significa narrativa, sino narración. De Goebbels quedan fotos y secuencias de noticiarios, pero el retrato más exacto se lo hizo con palabras nuestro Manuel Chaves Nogales, que tuvo la desagradable oportunidad de entrevistarlo en Berlín, casi recién llegado al poder, en mayo de 1933: “Es un tipo ridículo, grotesco; con su gabardinita y su pata torcida (…). Es de esa estirpe dura de los sectarios, de los hombres votados a un ideal con el cual fusilan a su padre si se le pone por delante”.
Me acuerdo ahora del Gobbels de Chaves Nogales porque he visto una película alemana sobre él que está a punto de llegar a los cines, El ministro de propaganda, de Joachim A. Lang. En la película, no sin imprudencia, se alternan imágenes documentales con la recreación de los hechos: en un momento dado vemos a los actores que interpretan a Hitler y a Goebbels, y más en segundo plano a otras eminencias nazis; a continuación, en blanco y negro, con una fotografía ya degradada por el tiempo, vemos las caras verdaderas, y entonces toda tentativa de verosimilitud es inútil. A estas alturas, por mucho esfuerzo que pongamos todos, en un actor caracterizado como Hitler no podemos ver nada más que a un actor malamente disfrazado de Hitler (quizás la única excepción prodigiosa fue Bruno Ganz en El hundimiento). La dificultad con Goebbels sería menor porque su imagen es menos familiar. El actor que lo interpreta, Robert Stadlober, se esfuerza agotadoramente en imitar los gestos, la voz, las arengas públicas y las palabras privadas de Goebbels, muy bien documentadas gracias al testimonio de los diarios que siguió escribiendo hasta el final, con una especie de vanidad póstuma. Pero la sastrería, la peluquería, el maquillaje, la ambientación fracasan con todo su virtuosismo frente a lo irreductible de la realidad. A este Goebbels en color le brilla la cara de salud y su uniforme está siempre nuevo y planchado y aunque afecta una cierta cojera irradia buena forma física: el Goebbels verdadero tiene la cara chupada como de ansiedad, de rencor secreto y de insomnio, como de no haberse afeitado después de una mala noche, y es encogido y desmedrado, irrisorio por comparación con los uniformados escultóricos que muchas veces lo escoltan. Qué se le va a hacer: a veces unas palabras verdaderas y bien elegidas de un periodista que no aspiraba a hacer literatura pueden ser más eficaces que toda la opulencia de una producción cinematográfica.
Pero habrá que evitar esa tendencia a la autocomplacencia ilustrada o progresista que parece acentuarse cuanto más deprimentes son nuestras expectativas y más falta nos haría el sentido crítico. Quienes triunfan ahora, cien años después de la invención de la megafonía, no son, somos, los discípulos de Chaves Nogales, o de George Orwell, con nuestro empeño de observar y comprender, sino los omnipotentes herederos de Joseph Goebbels, maestros en el dominio de capacidades tecnológicas infinitamente más poderosas e invasoras que todas las conocidas o incluso imaginadas en su tiempo. Robert Paxton, el gran historiador de la Francia de Pétain, está convencido, a sus noventa y tantos años, de que el mundo regresa al fascismo. El general John Kelly, que fue asesor de Trump, lo llama, con laconismo terminante, un fascista. Yo creo que esas especulaciones semánticas no van a ninguna parte. Sabemos lo que las tecnologías de la mentira y de la destrucción masiva facilitaron hace un siglo, y vemos lo que están haciendo ahora, y lo que pueden hacer, en el alma de las personas y en la realidad pública del mundo. El nombre que habrá que dar a todo esto aún no lo sabemos.
Editorial Anagrama publica ‘La cita’ de Katharina Volckmer, un extraordinario monólogo en torno a la identidad de género, la identidad nacional y la identidad lingüística
«Todavía hoy los alemanes tenemos problemas con los judíos», comenta Katharina Volckmer, a pocas horas de presentar en Barcelona La cita (ed. Anagrama) un extraordinario monólogo protagonizado por una joven alemana residente en Londres que, mientras es examinada por el doctor Seligman, comienza a hablar sin dejar espacio para réplica alguna. Solo la escuchamos a ella, que, como la propia autora, señala que gran parte de los problemas que todavía hoy los alemanes tienen con los judíos -no es casualidad, de hecho, que el propio doctor Seligman sea de origen judío- radica en una culpabilidad no completamente asumida. «Para alguien que se ha criado en Alemania una persona judía viva es una sensación, algo para lo que nadie nos había preparado. Nunca las habíamos visto más que muertas o desgraciadas, mirándonos fijamente desde incontables fotografías grises o desde algún lugar muy lejano en el exilio», le cuenta la protagonista a su silencioso doctor. Es por esto, continúa la joven que «nuestra única manera de compensarles [a los judíos] fue convirtiéndolos en criaturas mágicas que iban soltando polvo de hadas por todos sus orificios, con intelectos superiores, nombres curiosos y biografías infinitamente más interesantes».
Oriol Rodríguez Barcelona. Martes, 5 de octubre de 2021
"Sé que quizás no es el mejor momento para sacar el tema, doctor Seligman, pero ahora me acaba de venir a la mente una vez que soñé que era Hitler". La historia está llena de sentencias lapidarias que abren novelas, y después está la frase, esta, que ha utilizado la escritora alemana Katharina Volckmer para marcar los primeros compases de La cita, su debut en el mundo de la literatura.
La primera novela de Katharina Volckmer explica, en un monólogo en primera persona, la visita de Sarah al doctor que la tiene que operar para conseguir "liberarse" de su vagina. La protagonista deLa cita(La Campana / Anagrama, 2021) cuenta, con un sentido del humor a menudo muy negro, la serie de problemas de identidad –nacional e íntima– que le han llevado a tomar la decisión de cambiar de sexo. El testimonio de Sarah, denso, impactante y a ratos lírico, se encuentra en proceso de traducción a una quincena de idiomas después de la buena acogida que el libro ha tenido en el Reino Unido, país donde la autora, nacida en Alemania el 1987, vive desde hace quince años.
El alemán tiene palabras que carecen de equivalentes en otros idiomas como Zeitgeist o Lebensraum, pero no tiene una palabra para el placer. Existen Freude y Vergnügen, pero estas se limitan a la felicidad y a la diversión; también está Lust, que se puede traducir como lujuria, pero el disfrute de tipo sensorial sin ningún propósito no aparece en su diccionario. Para la joven escritora alemana Katharina Volckmer esto se debe a que los alemanes han sido criados con demasiado pan seco, lo que les impide humedecer “lo suficiente la garganta como para chupar a nadie con devoción”.
Katharina Volckmer, una joven nueva autora alemana que escribe en inglés, trae a Finestres una primera novela desvergonzada, ácida y brutal. La cita es un monólogo (casi una diatriba) torrencial y desternillante sobre la identidad, el pasado, Hitler, masturbación extravagante, resentimiento social, adefesios, soledad, el Holocausto y dildos. Muchos dildos. Katharina Volckmer nació en Alemania en 1987. Actualmente vive en Londres, donde trabaja en una agencia literaria. La cita, cuyo subtítulo oficial es “la historia de una polla judía” (sic), es su primera novela y ha causado revuelo ya antes de su publicación. En este evento, la autora conversará con Anna Pazos y leeremos en voz alta fragmentos particularmente tronchantes de su obra. Ni dildos ni esvásticas serán empleados a lo largo del acto (ni siquiera dildos con esvásticas).
Tropas alemanes durante la Operación Barbarroja, en el verano de 1941.IMPERIAL WAR MUSEUMS
Operación Barbarroja: el día en que Hitler perdió la Segunda Guerra Mundial
El 22 de junio se cumplen 80 años del principio del fin para el régimen nazi: la decisión de invadir la URSS
Guillermo Altares 19 de junio de 2021
El día en que Hitler ordenó que las tropas alemanas invadiesen la URSS, en la madrugada del 22 de junio de 1941, hace 80 años, perdió la Segunda Guerra Mundial. La Operación Barbarroja, como se bautizó aquella invasión en homenaje al emperador Federico I, hizo inevitable la derrota del nazismo, aunque también llevó la guerra a un nivel de salvajismo desconocido hasta entonces: el objetivo del Tercer Reich no era vencer a sus enemigos, sino exterminarlos. Los cuatro años que quedaban de conflicto se encuentran entre los más sangrientos de la historia, no solo en los frentes de batalla, sino también en la retaguardia porque fue entonces cuando comenzó el asesinato sistemático de los judíos europeos.
Para que el modelo del progreso funcione hay que acabar con la corrupción; pero para multitud de Estados, eso es imposible. Los casos de Venezuela y Alemania son ejemplos de elección sobre pobreza y prosperidad
19 de septiembre de 2020
FERNANDO VICENTE
Una de las tesis más controvertidas del liberalismo hoy es que, por primera vez en la historia de la humanidad, los países pueden elegir ser pobres o prósperos. Nunca antes aquello fue posible, porque la prosperidad dependía siempre de la cantidad de recursos con que contaba una nación, de su situación geográfica y de su fuerza militar. Pero en el mundo globalizado de nuestro tiempo, se sabe perfectamente cuáles son las políticas que crean empleo y fortalecen económicamente a un país, y las que lo empobrecen y hunden. Los casos antinómicos de Venezuela y Alemania podrían servirnos de ejemplo.
El caso de Venezuela es sabido por todo el mundo. Era uno de los países más ricos del planeta, porque, resumiendo, se trata de un inmenso lago de petróleo y otros minerales, que no hace muchos años atraía una inmigración gigantesca, para la que sobraba el trabajo, y el país progresaba a pasos de gigante, pese a la corrupción y a los desafueros de sus gobiernos, lo que permitió al comandante Chávez y su “socialismo del siglo XXI” conquistar el poder en unas elecciones que probablemente fueron libres. Nunca más lo serían, por supuesto. En la actualidad, Venezuela se muere de hambre, se ahoga en la corrupción, y por lo menos cinco millones de venezolanos han huido del país, a pie, con sus bolsas y sus hijos, para sobrevivir. Es obvio que el socialismo, del pasado o del presente, no garantiza la prosperidad, sino la miseria, a corto o largo plazo. Por eso, Rusia y China han dejado de ser socialistas y practican, más bien, un capitalismo de amiguetes, con amplio margen en la vida económica para la empresa privada y la competencia, pero una muy estricta rigidez en la esfera política, donde el viejo sistema autoritario persiste casi intacto.
2020: 1,8 millones de muertos por covid en todo el mundo
Bélgica, Eslovenia, Bosnia, Italia, Perú y España son los países de más de dos millones de personas que más muertes por habitante han notificado. España es el que tiene el mayor exceso de fallecidos. En términos absolutos, EEUU, Brasil y México son los que más fallecidos acumulan
Daniele Grasso
Madrid, 30 de diciembre de 2020
Al menos 1,8 millones de personas han fallecido por la covid-19. Es el balance que deja un año de pandemia, exactamente 12 meses después de que las autoridades chinas alertaran por primera vez de una neumonía no identificada. Bélgica (cerca de 19.360 fallecidos), Eslovenia (2.630), Bosnia (4.020), Italia (73.000), Perú (37.500) y España (50.400) son los países de más de dos millones de personas que más muertes por habitante han notificado en 2020. De los 15 Estados con más fallecidos en términos relativos, nueve están en Europa.
Los datos de muertes no son perfectos y son difíciles de comparar entre países —como casi todas las cifras de esta pandemia—, pero sí permiten ver el impacto del virus en cada lugar. Ahora, Europa lucha contra los coletazos de una segunda ola de menor intensidad que la primera, pero mucho más larga. Ya se han registrado más muertes por coronavirus de agosto en adelante que antes: 325.000 desde el verano y cerca de 530.000 en todo el año. Estados Unidos, donde han fallecido casi 340.000 personas de covid-19 desde marzo, ya está en plena tercera ola. Allí los hospitales se han saturado aún más que en las olas anteriores y el pico de fallecidos diarios lleva semanas por encima de los registros de primavera y de otoño.
Últimas noticias del coronavirus | Alemania cierra colegios, escuelas infantiles y comercios no esenciales desde el miércoles hasta el 10 de enero
Merkel acuerda con los líderes de los ‘länder’ el endurecimiento de las restricciones ante el avance de la segunda ola | EE UU espera la vacunación tras notificar casi 1,5 millones de positivos y 16.799 muertos en una semana | La India notifica 30.000 contagios y roza los 10 millones
Madrid, 13 de diciembre de 2020
Alemania cerrará desde el próximo miércoles hasta el 10 de enero los colegios, escuelas infantiles y comercios no esenciales para frenar la segunda ola de la pandemia. La canciller Angela Merkel, que se ha reunido este domingo con los representantes de los länderpara decidir las nuevas restricciones, lo ha confirmado tras el encuentro. La restricción se une al cierre de restaurantes, bares, teatros, cines, museos e instalaciones deportivas, clausurados desde hace seis semanas. En las últimas 24 horas, el país ha registrado 20.200 contagios, el peor dato en un domingo en toda la epidemia, y 321 decesos, según el Instituto Robert Koch. En Estados Unidos, la pandemia se ha acelerado en las últimas semanas. Solo en los pasados siete días, cerca de 1,5 millones de personas se han infectado y 16.799 han muerto, según la Universidad Johns Hopkins. EE UU aguarda el inicio de la inmunización, después de que la FDA, el regulador estadounidense de los medicamentos, aprobase el viernes la autorización de la vacuna de Pfizer y BioNTech. En Asia, la India ha vuelto a registrar este domingo más de 30.000 contagios en un día y se acerca a los 10 millones desde el inicio de la crisis sanitaria. Corea del Sur ha notificado este domingo un nuevo máximo de infectados por segundo día consecutivo, 1.030 casos positivos, y las autoridades meditan si aumentar las restricciones en el país.
Angela Merkel, a punto de llorar, pide a los alemanes que se queden en casa para Navidad
LA CRISIS DEL CORONAVIRUS
Merkel pide nuevas restricciones en Alemania: “Pagar un precio diario de 590 muertos no es aceptable”
La canciller llama a los ciudadanos a reducir los contactos ante la elevada cifra de contagios a escasos días de las Navidades
ANA CARBAJOSA Berlín - 09 DEC 2020 - 07:52 COT
La canciller alemana, Angela Merkel, se ha dirigido este miércoles al Bundestag (el Parlamento federal) en una intervención inusualmente emotiva, en la que ha pedido a los ciudadanos que reduzcan al máximo el número de contactos interpersonales y que se refuercen las restricciones. La cifra de muertos no deja de crecer como consecuencia de una meseta de contagios estabilizada al alza, que se resiste a remitir. Alemania no logra doblegar la curva, a pesar de las restricciones impuestas hace cinco semanas. “Lo siento desde el fondo de mi corazón, pero cuando pagamos el precio de 590 muertos en 24 horas, en mi opinión no es aceptable”, ha dicho la canciller en alusión a los corrillos de gente que beben estos días vino caliente en la calle. “El número de contactos es demasiado alto”, ha estimado Merkel.
Últimas noticias del coronavirus | Alemania, Portugal y Rusia registran máximos diarios de fallecidos
El Consejo Europeo acuerda que la vacuna llegue al mismo tiempo a los países de la UE | AstraZeneca combinará su vacuna con la rusa Sputnik V en un nuevo estudio | Baleares obligará a los turistas nacionales a presentar una PCR negativa
Madrid, 11 de diciembre de 2020
Portugal, Alemania y Rusia han comunicado este viernes las cifras máximas de víctimas mortales por covid-19 desde el inicio de la pandemia. Portugal contabilizó 95 fallecidos en las últimas 24 horas, con los que el número de muertos es ya de 5.373 en el país (10 millones de habitantes). También se han disparado los contagiados, con 5.080 nuevos casos frente a los 3.134 positivos de la jornada anterior. En Rusia los muertos en el último día ha ascendido a 613 y en Alemania a 598, mientras se preparan para nuevas restricciones para afrontar el agravamiento de la pandemia. El Consejo Europeo ha acordado que la vacuna contra la covid-19 llegue de manera simultánea a los miembros de la UE. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, así lo solicitó en la reunión, según ha explicado esta mañana. Sánchez ha destacado el reparto equitativo de las vacunas en la UE y ha aplaudido que el fondo de recuperación europeo ya sea una realidad una vez Hungría y Polonia levantaron el jueves su veto. En España, Baleares obligará a los turistas nacionales a presentar una PCR negativa hecha 72 horas antes de llegar a las islas a partir del 20 de diciembre. La farmacéutica AstraZeneca ha anunciado este viernes que combinará su vacuna con la rusa Sputnik V en un nuevo estudio para valorar si la utilización conjunta de ambas ayuda a incrementar la eficacia contra la covid-19, algo que los científicos rusos sugirieron a finales de noviembre.
La literatura y la democracia como trinchera en tiempos de coronavirus
Vargas Llosa y el presidente alemán Steinmeier reflexionan en el festival de literario de Berlín sobre los estragos de la pandemia en la cultura y la sociedad
La literatura como trinchera. Esa es la idea-fuerza que el Nobel Mario Vargas Llosa ha defendido en el festival de literatura de Berlín, en el que ha sido la gran estrella invitada y que durante 10 días reúne a grandes autores de todo el mundo. “La literatura crea ciudadanos más difíciles de manipular. Es un fermento de disconformidad”, reflexionó el escritor, encargado de inaugurar el 20º festival en la capital alemana. “La literatura busca la ilusión; dar una imagen de un mundo mejor que la realidad presente. La literatura es un testimonio de la inconformidad del mundo como es”, alegó Vargas Llosa en el edificio de la Philharmonie berlinesa.
Luise con Jimmy, el hijo que tuvo con Max Ernst. AUGUST SANDER ARCHIV, COLOGNE
Luise Straus, una vida a la sombra de Max Ernst y sepultada por los nazis
La artista alemana, asesinada en Auschwitz, fue recordada a la sombra de su exmarido, Max Ernst, pero encarnó un modelo de mujer avanzada borrada por el exilio y el machismo.
Silvia Cruz Lapeña 22 de marzo de 2018
YA NO necesitas un marido. Tienes 28 años. Lo sabes todo del amor”, le dijo Max Ernst a Luise Straus el día que rompió con ella. Corría 1921, Colonia era una ciudad abierta, tolerante y culturalmente intensa, pero Ernst había decidido irse a París para ampliar sus horizontes artísticos
También le empujaba a marcharse el romance a tres que vivía con Gala y Paul Eluard. Ante las lágrimas de Luise, el artista intentó un último consuelo: “Tienes un hijo. ¿Qué más quieres?”. Ella respondió con desesperación: “¡Quiero vivir!”. Lo que Max Ernst no sabía es que estaba de nuevo embarazada. Y nunca lo sabría porque días después de ser abandonada, Luise Straus iniciaba un viaje a Insbruck para abortar.
Georg Elser, que atentó contra Hitler el 8 de noviembre de 1939 en Múnich.
Estoy parado en el patio de un edificio de Berlín que podía ser un cuartel o una cárcel. La arquitectura resulta más penitenciaria todavía en la mañana gris de marzo que parece de enero, sobre todo para quien acaba de llegar de una primavera adelantada. He cruzado una entrada profunda como un túnel, ancha y baja, con un dintel de piedra, de esa piedra temible por la que mostraban idéntica predilección los arquitectos nazis y los soviéticos. Este edificio masivo como una fortaleza cúbica fue la sede del Estado Mayor del Ejército de Tierra en los tiempos de Hitler. Ahora alberga el Memorial de la Resistencia Alemana; lo contiene y forma parte de él. Los cuatro muros que rodean el patio desnudo tienen varios pisos con ventanas idénticas, con dinteles de esa misma piedra punitiva y mortuoria. El piso es de adoquines. En el centro del patio hay una estatua de bronce, de tamaño algo mayor del natural pero no gigantesca, un hombre joven, desnudo, con las manos atadas. El simbolismo es austero. En este patio fue fusilado la noche del 20 de julio de 1944 el coronel Claus von Stauffenberg, que esa misma mañana había dejado una maleta con una bomba a los pies de Hitler, debajo de una mesa en la que se desplegaban mapas de batallas. Von Stauffenberg voló de vuelta a Berlín convencido de que Hitler estaba muerto y llegó a este edificio para participar en el golpe militar que derribaría el régimen y pondría final a la guerra. De pie en el patio, en esta mañana silenciosa, más silenciosa por la grisura de la luz y la llovizna tenue, imagino los ladridos secos de las órdenes, los taconazos sobre los adoquines, la descarga de los fusiles, atronadora en este espacio cerrado.
El MNAC dedica una muestra a Marianne Breslauer, que viajó por España en 1933
JOSÉ ÁNGEL MONTAÑÉS Barcelona 30 OCT 2016 - 19:43 COT
Autorretrato realizado en Berlín en 1933.
MARIANNE BRESLAUER
El nazismo no solo acabó con la vida de miles de personas. También con la carrera profesional de jóvenes con talento que podrían haber continuado sus actividades artísticas si el régimen y la guerra no las hubiera truncado de forma brusca. Es lo que le ocurrió a Marianne Breslauer (Berlín, 1909-Zúrich, 2001), una joven de la alta burguesía de origen judío con formación fotográfica y gran sensibilidad para capturar instantes con su cámara que el ascenso del nazismo obligó a exiliarse y refugiarse con su familia en Suiza; una experiencia traumática que le hizo abandonar su cámara para siempre tras realizar apenas medio millar de instantáneas. Reivindicada en su país natal y en el de adopción a partir de 1980, el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) le dedica la primera exposición individual en España, con 127 de sus imágenes, la mayoría inéditas, del viaje que Breslauer hizo durante dos semanas en la primavera de 1933 por Cataluña, Navarra, País Vasco y Andorra en compañía de su amiga, la periodista y escritora suiza Annemarie Schwarzenbach (1908-1942), otra enigmática figura de aquellos tiempos. Casi ninguna de estas imágenes pudieron publicarse a causa del régimen nacionalsocialista por ser Breslauer judía, tras negarse ella a hacerlo bajo un pseudónimo, ya que se prohibió imprimir obras de los "no arios".
Pasajeras en un autobús,en Teherán (Irán).22 DE JUNIO DE 2020
FOTO DE ATTA KENARE
LA CRISIS DEL CORONAVIRUS
El avance de la pandemia obliga a dar marcha atrás a países que volvían a abrirse
Corea del Sur e Irán están viviendo la segunda oleada mientras que Alemania y Portugal vuelven a imponer restricciones. El ritmo de contagios se acelera especialmente en el continente americano
Madrid, 23 de junio de 2020
Mientras una parte del mundo lidia con la aceleración de la pandemia, otra, que ya creía controlado el virus, se enfrenta ahora a nuevos brotes y al temor a una segunda oleada que obligaría a volver a imponer restricciones o, incluso, a tener que confinar de nuevo a parte de su población. Alemania ha vuelto a cerrar colegios, bares, museos y gimnasios en un territorio donde viven 640.000 personas para luchar contra un brote con más de 1.500 afectados en una gran empresa cárnica. Portugal también ha dado marcha atrás al desconfinamiento en Lisboa y ha vuelto a limitar las reuniones de personas y los horarios comerciales. Israel ha impuesto nuevos confinamientos en zonas con fuertes rebrotes.