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lunes, 30 de diciembre de 2019

Grimm / Cuentos crudos


Grimm

Cuentos crudos

Las promesas incumplidas, las que esclavizan cuando parecen liberar a quienes las hacen, pueblan los relatos de los hermanos Grimm, en una versión primigenia y sin censura antes de pasar por el filtro moral


Fernando Savater
13 de diciembre de 2019





Los hermanos Grimm, vistos por Sciammarella.Ampliar foto
Los hermanos Grimm, vistos por Sciammarella.

A finales del siglo XIX, el refinado escritor simbolista Villiers de l’Isle Adam reunió sus mejores cuentos, siempre sofisticados y algunos excelentes, bajo el título Cuentos crueles. Es un rótulo menos significativo de lo que él creía, porque aunque los cuentos de Villiers son intencionadamente crueles de modo moderno, lo cierto es que los cuentos populares son casi siempre espontáneamente crueles y cuanto más antiguos, peor. Para comprobarlo basta echarle una ojeada a esta nueva versión en castellano de los cuentos de los hermanos Grimm, que traslada la primera edición de esa recopilación celebérrima (la de 1812) y no, como es habitual, la mucho más domesticada de 1857. Los Grimm, sobre todo Wilhelm, el cuentista por excelencia, retocaron a lo largo de más de 40 años los relatos de la tradición oral que les habían transmitido sus informantes (mujeres sobre todo), pulieron sus rasgos más feroces o menos cristianos y les añadieron toques profesionalmente “literarios”, no siempre para mejor.

2019 / Ocho novelas gráficas para niños





Ocho novelas gráficas para niños

Una selección de los títulos más destacados del año 2019 en el género


Tereixa Constenla
13 diciembre de 2019

1. Fantasmas, Raina Telgemeier. Maeva






'Fantasmas', Raina Telgemeier.
'Fantasmas', Raina Telgemeier.


Raina la reina. Con ella erupcionó el género. Tiene ventas escandalosas y tres premios Eisner en casa. El último por esta historia, donde la hermana pequeña, Maya, es la valerosa y la hermana mayor, Catrina, la asustadiza. Un homenaje a la cultura mexicana con páginas festivas con el colorismo de Coco y pinceladas de humor, ternura y miedo. Un cóctel sobre la aceptación de la enfermedad, la iniciación sentimental, el poder del afecto y la relación con los que ya no están. Los fantasmas solo intimidan cuando no les conoces.

viernes, 27 de septiembre de 2019

Antonio Rodríguez Almodóvar / "La mente infantil pide conflicto y el cuento no traumatiza: prepara para la vida"

Ilustración de Gustave Doré


Antonio Rodríguez Almodóvar Catedrático y premio Nacional de Literatura Juvenil 2005

"La mente infantil pide conflicto y el cuento no traumatiza: prepara para la vida"

"No despreciemos nunca la inteligencia de los niños, la moraleja es innecesaria"


07.03.2015 | 01:09

Autor de más de medio centenar de libros, Rodríguez Almodóvar desarrolla una destacada labor de recuperación de los cuentos populares españoles. Una de sus colecciones, reeditada desde 1985, ya ha alcanzado los cinco millones de ejemplares. Ayer participó en unas jornadas internacionales sobre Literatura Infantil y Juvenil y volvió a reivindicar la importancia de un tipo de narración que ha sido "esencial" para la humanidad durante siglos.

lunes, 25 de marzo de 2019

Astrid Lindgren / El camino que condujo a Pippi Calzaslargas


Astrid Lindgren
Ilustración de Stina Wirsén

Astrid Lindgren

El camino que condujo a Pippi Calzaslargas

La película ‘Conociendo a Astrid’ se detiene en la adolescencia de la escritora infantil y en su precoz maternidad

ELSA FERNÁNDEZ-SANTOS
Madrid, 25 de marzo de 2019

Para Astrid Lindgren, autora de la célebre Pippi Calzaslargas, fue traumático dejar de jugar. Ocurrió de un día para otro, había crecido y ya nadie parecía interesado en divertirse. A partir de entonces los acontecimientos de su vida se precipitaron: de adolescente se cortó el pelo como un chico y descubrió lo que se siente cuando te señalan por la calle; con 16 años empezó a trabajar en el periódico local de Vimmerby, el pueblo al sur de Suecia donde había nacido en 1907, y tres años después se quedó embarazada del director, Reinhold Blomberg, con el que vivió un largo romance. Es en ese momento de la vida de la escritora en el que se detiene Conociendo a Astrid, la película de la realizadora Pernille Fisher Christensen protagonizada por Alba August que se estrena este viernes y que hoy inaugura el festival Cine por Mujeres de Madrid.

martes, 12 de febrero de 2019

Entrevista a Mirjam Pressler


Mirjam Pressler






Entrevista a

Mirjam Pressler


Antonio Ventura 

Ya en el año 1990, la redacción de Babar dedicó un número monográfico a la autora alemana Mirjam Pressler. Desde entonces hasta hoy han cambiado muchas cosas, pero se ha mantenido intacto el interés por esta escritora tanto por parte de los fundadores como por algunos colaboradores posteriores de la revista.
Invitada a participar en las I Jornadas Europeas del Libro Infantil y Juvenil que se celebraron en Madrid entre los días 6 y 14 del mes de mayo, aprovechamos la oportunidad para conocerla y poder charlar con ella. La entrevista tuvo lugar el martes 11 de mayo en el despacho del director del Instituto Goethe. Desde aquí nuestro agradecimiento tanto al Instituto, como a su director, así como a la persona del gabinete de prensa que realizó las gestiones pertinentes para que esta entrevista fuera posible. Y, por supuesto, a Mirjam Pressler quien tan amablemente se prestó a contestar todas nuestra preguntas.
Babar: En nuestra opinión, de la lectura de su obra se deduce que usted concibe la existencia humana, la vida, como algo problemático y complejo. O sea, que reconoce la dificultad del ser humano para entender el mundo, para entender a los demás y para entenderse uno mismo. ¿Está de acuerdo? ¿Cuál es su opinión?
Mirjam Pressler: Pues sí, pienso que la vida es complicada, sobre todo cuando se es pequeño. Normalmente, todas las infancias son difíciles y creo que una de las cosas más importantes es que los niños saquen lo que tienen dentro, que no se encierren en sí mismos y piensen sólo en lo que les falta. Resolver los conflictos internos es una cosa importante a lo largo de todas las etapas de la vida, claro. Pero cuando se es adulto, esto ya se ha aprendido, uno ya sabe qué le conviene y qué no, con quién hablar y con quién mejor callar. Cuando se es pequeño se está más indefenso, se depende más del otro y por eso la libertad o la posibilidad de elegir es menor. En uno de mis libros: Y por fin habló, la necesidad de poner palabras a los conflictos internos es uno de los temas más importantes.

martes, 29 de enero de 2019

El perfume del viento, de Triunfo Arciniegas, ganador del Premio Fundación Cuatrogatos




El perfume del viento, de Triunfo Arciniegas, ganador del Premio Fundación Cuatrogatos


El perfume del viento, de nuestra colección Nidos para la lectura ha sido galardonado con el Premio Fundación Cuatrogatos y ahora pertenece a la lista de 20 libros altamente recomendados por sus valores literarios y plásticos que, a juicio de la institución, merecen tener una mayor difusión.


Entre la lista de 20 ganadores del Premio Fundación Cuatrogatos El perfume del viento, escrito por Triunfo Arciniegas e ilustrado por Juan Camilo Mayorga se destacó por ser un enigmático y conmovedor relato acerca de la niñez y la vejez, del transcurrir del tiempo y del poder de los recuerdos. El libro demuestra tener un lenguaje poético y estructura sencilla que permite al niño explorar sus recién adquiridas habilidades como lector autónomo.
Cada año, después de leer, analizar y discutir una amplia y representativa muestra de libros de ficción para niños y jóvenes, publicados en español por pequeñas y grandes editoriales de Iberoamérica y Estados Unidos, un comité realiza la selección de los títulos ganadores del Premio Fundación Cuatrogatos. El premio funciona desde el año 2014 para contribuir a la difusión y la lectura de libros de alta calidad creados por escritores e ilustradores iberoamericanos. En esta quinta edición del premio, se consideraron alrededor de 1500 libros publicados por 175 editoriales de 19 países.
Los libros galardonados fueron escogidos por un equipo de profesionales de formación multidisciplinaria –filología, educación, periodismo, sociología, bibliotecología, teatro, artes plásticas–, que comparten el interés por la creación y el estudio de la literatura infantil y juvenil. Los integrantes de este grupo buscan calidad, propuestas inteligentes, que diviertan, que conmuevan, que inquieten, que hagan pensar: destacan libros que les gustaría que otras muchas personas pudieran conocer y leer.






miércoles, 18 de julio de 2018

Cataplum en Lima

Foto de Triunfo Arciniegas

CATAPLUM EN LIMA
Viaja con sus libros a Lima la directora de Cataplum, María Fernanda Paz-Castillo

Los niños tendrán su espacio en la FIL Lima 2018

Gina Vera Fernández
Lunes, 16 Julio 2018 19:14

Durante los diecisiete días de la Feria Internacional del Libro de Lima 2018 se podrán encontrar diferentes títulos y una cuidadosa selección de reconocidas editoriales latinoamericanas dedicadas a la producción de libros ilustrados para niños.

martes, 12 de junio de 2018

Astrid Lindgren / Pippi Calzaslargas / La niña anarquista


Astrid Lindgren
PIPPI CALZASLARGAS

La niña anarquista

He regresado estos días a Villamangaporhombro, el pequeño pueblo de Pippi. Qué historia tan bien contada

ELVIRA LINDO
9 JUN 2018 - 16:16 COT

No me gusta ir a la escuela. No me gusta que me digan la hora a la que me tengo que ir a la cama. Me acelero cuando se pone el sol y no puedo conciliar el sueño. Me encanta tener dinero para gastarlo. No sé ahorrar. Me altera que me manden. Me pongo roja de rabia cuando me reprenden o me corrigen. Me cuesta mucho obedecer. Tengo una tendencia irracional a saltarme las normas. Dejo para mañana lo que puedo hacer hoy. Soy algo temeraria. Suelo decir cosas inconvenientes que irritan a los adultos. A veces no distingo entre lo que se puede contar y lo que no. Me gustaría ser fuerte como para lanzar por los aires a un tipo grosero y dejarlo en lo alto de un árbol. El colegio me gusta solo por las vacaciones de Navidad o por las excursiones al campo. De natural confiada, abro las puertas de mi corazón a casi todo el mundo, hasta que me veo obligada a cerrarlas de un portazo. Soy de sonrisa fácil. Y me río a diario. El día en que no me río la gente a mi alrededor se alarma. Y hacen bien porque igual tengo fiebre. Creo en los fantasmas porque soy huérfana. Soy justiciera y si veo a un chulo acorralar a un débil me apresuro a darle un empujón (al chulo). Luego salgo corriendo que me las pelo, porque no soy tonta. A veces no entiendo las normas de buena conducta. Tengo el pelo tieso y cuando me hacen dos coletas parecen dos brochas de afeitar. En ocasiones cuento mentiras para divertir a los demás. O para llamar la atención. Soy un poco chulilla con la autoridad. Me gusta andar para atrás. O andar mirando solo con un ojo. Hay días en los que creo que voy a encontrar un tesoro y camino observando el suelo. Me imagino que mi madre a veces me mira, desde el más allá, siempre preocupada porque de sobra conoce mi carácter extravagante, y yo le digo:
-No te preocupes por mí, que yo sé cuidarme solita.

viernes, 25 de diciembre de 2015

Tomi Ungerer por Diego Monguelli

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Tomi Ungerer
TOMI UNGERER
Por Diego Monguelli

Tomi, su caballo de Troya y nunca es demasiado lejos
A su llegada a Nueva York, en 1956, Tomi Ungerer contaba sesenta dólares en el bolsillo, algunas hojas en blanco, otras ya ilustradas y unos lápices. No queda claro dónde se instaló inmediatamente. Se sabe, porque así lo cuenta él, que a los pocos días pasó su mañana frente a un puesto de diarios, ojeando y tomando nota de las revistas en las cuales le habría gustado trabajar. Más tarde, se sentó en una cabina telefónica y pidió a la telefonista que lo comunicara directamente con el director de unas de esas revistas; y, tan sencillamente como eso, tan sencillamente como podían darse las cosas hace medio siglo, concordó una entrevista para mostrar su trabajo unos días después.
Cuando llegó la fecha, Tomi -25 años, alto y esbelto; barba a lo Lincoln y ojos celestes; alsaciano desterrado acusado de comunista y de “francés” y de nazi; hijo fuera de tiempo de una tradición familiar encajada en la relojería astronómica; inmigrante, pobre e ilustrador- encajó un montón de sus dibujos bajo su brazo y salió a la calle.

lunes, 25 de mayo de 2015

Keith Richards / Un abuelito de cuento



Keith Richards, un abuelito de cuento

El septuagenario guitarrista de los Stones publica un libro para niños


Keith Richards, durante un reciente concierto de los Rolling Stones. / CHRIS PIZZELLO (AP)
Con toda la química que ha corrido por las venas de Keith Richards resulta difícil imaginárselo ejerciendo de abuelo devoto. Pero, a sus 70 años, el guitarrista de The Rolling Stones, que nunca ha tenido problemas en admitir las muchas drogas que ha consumido a lo largo de su agitada vida, acaba de asistir al nacimiento de su quinto nieto. Y, contra todo pronóstico, ejerce de abuelo con entusiasmo y hasta un deje orgullo. Tanto, que hasta ha decidido publicar un libro ilustrado para niños titulado Gus and Me: the story of my grandad and my first guitar, que en castellano es algo así como Gus y yo: la historia de mi abuelo y mi primera guitarra.
El libro contará la historia de Theodore Augustus Dupree, abuelo materno del rockero, que tocaba en una big band llamada Gus Dupree and his boys y que fue el responsable de que el rolling se apasionara por la música. “El lazo especial que se crea entre niños y abuelos es único y debería valorarse. Esta es la historia de uno de esos momentos mágicos. Ojalá yo sea tan buen abuelo como Gus lo fue para mí”, ha dicho Richards en la nota de prensa con la que se anuncia el lanzamiento del libro.

Portada del libro infantil que publicará Keith Richards en septiembre. / AP
La publicación llegará a las librerías inglesas y estadounidenses el próximo 9 de septiembre, tanto en versión analógica de tapa dura como en libro electrónico y está ilustrada por Theodora Dupree Richards, hija del músico. Se trata de su debut como dibujante profesional puesto que, pese a haber estudiado pintura y dibujo en la célebre School of Visual Arts de Nueva York, hasta ahora Theodora había ejercido fundamentalmente como modelo y DJ. “Poder explorar la relación entre mi padre y mi abuelo es un regalo. He aprendido cosas muy importantes durante todo el proceso”, ha declarado Dupree Richards, quien le debe su nombre precisamente al abuelo más querido del guitarrista.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Tomi Ungerer / La pesadilla de los pedagogos

Ilustración de Tomi Ungerer







Tomi Ungerer

La pesadilla de los pedagogos


Tomi Ungerer III (1)

Nacido en Estrasburgo, Francia, Tomi Ungerer se trasladó a Nueva York en 1956, más tarde vivió como criador de cerdos en Nueva Escocia y finalmente se estableció en la costa oeste de Irlanda. Su llegada a Nueva York a los 25 años le propició un éxito inmediato: además de libros para niños, creó anuncios para The New York Times en los años 60 e ilustró para Esquire, Life y The Village Voice. Después de la publicación de sus dibujos eróticos, en libros para adultos como “Fornicon” y “Guardian Angels of Hell”, sus libros infantiles se agotaron.

sábado, 30 de marzo de 2013

Lina Vargas / Quién dijo que no se les podía hablar de eso


LIBROS PARA NIÑOS

¿Quién dijo que no se les podía hablar de eso?

Libros para niños

A propósito del Congreso Iberoamericano de Lengua y Literatura Infantil y Juvenil que se realizó en Bogotá del pasado 5 al 9 de marzo, Arcadia pregunta: ¿Cómo contar a los niños el dolor, lo difícil, lo triste, lo incomprensible? Por ejemplo, la misma guerra que vivimos.


Por Lina Vargas
Bogotá, 14 de marzo de 2013



Cuando uno lee La luna en los almendros o Los agujeros negros Camino a casa siente un golpe en el estómago. Es el mismo golpe que ocurre después de leer La metamorfosis o Anna Karenina o cualquier otra gran obra de la literatura universal.
El primero, La luna en los almendros, de Gerardo Meneses, es sobre un niño que vive en el campo con sus papás y su hermano Enrique. Un día, mientras los niños están en la escuela, ven bajar de la montaña a un grupo de hombres armados. Uno de ellos le pasa un papel a Enrique. Días después, el Ejército lo requisa, encuentra el papel y lo acusa a él y a su papá de ser guerrilleros. La familia, entonces, debe irse para otro pueblo. Los agujeros negros, de Yolanda Reyes, cuenta la historia de Juan, un niño que quiere saber por qué sus papás fueron asesinados cuando él era un bebé. La protagonista de Camino a casa, un libro-álbum con textos de Jairo Buitrago e ilustraciones de Rafael Yockteng, es una niña que le pide a un león que la acompañe hasta su casa y que, aunque se vaya, regrese cada vez que ella lo llame. Los tres son libros para niños y los tres hablan sobre el conflicto en Colombia. De poco sirve contarlos porque sería como decir que La metamorfosis es sobre un tipo que se cree insecto y Anna Karenina sobre una muchacha aburrida que termina suicidándose. Y la literatura, todos sabemos, está en otra parte. Incluso la literatura infantil.
¿Niños que leen sobre desplazamientos, asesinatos y desapariciones? ¿No se suponía que la niñez era la etapa de la inocencia? ¿Por qué no protegerlos ante el horror?
Resulta que al tiempo que el siglo XX era testigo de las luchas por los derechos de las mujeres, los negros y los homosexuales, otro grupo –de adultos– intentaba que los niños fueran reconocidos como personas. La exposición Los niños que fuimos. Huellas de la infancia en Colombia, organizada por la Biblioteca Luis Ángel Arango en Bogotá, muestra cómo paradójicamente, mientras muchos niños colombianos de los siglos XIX y principios del XX eran abusados con castigos físicos, obligados a trabajar en el campo y en las ciudades y llevados a la guerra, había una tendencia a idealizar la infancia. Lo curioso es que durante el siglo XX los cambios en la manera de entender a los niños en áreas como la psicología, la pediatría y la pedagogía fueron simultáneos a las transformaciones de la literatura dirigida a ellos. “El niño era una proyección del adulto y la literatura se utilizaba para adoctrinarlo”, dice la escritora e investigadora de literatura infantil y juvenil Beatriz Helena Robledo. Fue solo hasta finales de los años ochenta, agrega la escritora Yolanda Reyes, cuando en Colombia hubo un reconocimiento de la literatura para niños como un campo para hablar de las emociones. “Y eso ?–dice Reyes– parte de la idea de que los niños son gente, no ositos de peluche a los que hay que edulcorarles la realidad”. En la Constitución del 91 los niños fueron reconocidos como sujetos de derechos. 



Para entonces, esa revolución ya marchaba en Europa donde, a la par que Primo Levi intentaba dar palabras al dolor sufrido en la Segunda Guerra Mundial, un grupo de escritores para niños se atrevía a hablar de las heridas de la guerra. De allí salieron Cuando Hitler robó el conejo rosa de la alemana Judith Kerr, ¡Vuela, abejorro! de la austriaca Christine Nöstlinger, Flon Flon yMusina de la francesa Elzbieta y Rosa Blanca del italiano Roberto Innocenti. Libros que dejaban atrás la idealización de la infancia para dar paso a una literatura en la que la realidad de los hechos se mezcla con la subjetividad de las emociones sin imponer mensajes moralizantes ni hacer concesiones. La mayoría de esos libros llegó a Colombia en la década del noventa de la mano de la editorial Alfaguara y fueron la lectura obligatoria de una primera generación de escritores para niños: Yolanda Reyes, Irene Vasco, Ivar Da Coll y Triunfo Arciniegas. 



Algo similar pasaba en Suramérica donde autores como el chileno Antonio Skármeta publicó La composición, sobre Pedro, un niño que vive en Santiago de Chile y un día ve cómo los militares se llevan preso al papá de uno de sus amigos. “Pedro ya había escuchado eso de ‘contra la dictadura’. Lo decía la radio por las noches, muchas veces. Pero no sabía muy bien qué quería decir”. “Papá, ¿tú estás en contra de la dictadura? –preguntó Pedro”. La respuesta, desde luego, no llega. Poco después un militar les pide a los niños del colegio de Pedro que hagan una composición con el tema “Lo que hace mi familia por las noches”. Pedro, que cada noche ve a sus papás escuchar la radio, hablar y en ocasiones llorar escribe que ellos juegan ajedrez. El libro de Skármeta lo confirma: los niños no son tontos. No hay temas vetados para ellos.



Las historias 

De acuerdo. Pero ¿cómo narrar esos temas? Igual que en la literatura para adultos, no hay una fórmula. O hay tantas como libros haya. Lo primero que habría que decir es que a pesar de hablar sobre la realidad colombiana, los libros para niños que tocan el conflicto son algo más que la cruda transcripción de los hechos. Los agujeros negros, por ejemplo, parte del asesinato de dos investigadores del Cinep en la Bogotá de los años setenta. El pequeño hijo de la pareja se salvó de morir porque su mamá lo escondió en un armario. La noticia salió en todos los periódicos, pero eso no era lo que le interesaba contar a Yolanda Reyes. “No hablé con un lenguaje inmediatista –dice Reyes. Al contrario, esa historia me sirvió para construir un símbolo sobre mi perplejidad y el dolor de los otros”.

Algo similar ocurre en Eloísa y los bichos de Buitrago y Yockteng, un bellísimo libro-álbum sobre una niña llamada Eloísa que llega a una ciudad donde todos son bichos raros. Podría decirse que es una historia sobre desplazamiento, pero es más que eso. Es un relato intimista sobre los miedos de una niña y sobre lo difícil que es adaptarse a un lugar nuevo.“Yo antes iba a otra escuela y tenía otros amigos”, recuerda Buitrago que le han dicho los niños cuando leen Eloísa y los bichos. 




También está El árbol triste de Triunfo Arciniegas, un libro de una sutileza casi onírica con ilustraciones de Diego Álvarez en la edición de SM, que cuenta la historia de tres pájaros que llegan al árbol de la casa de una niña. Se quedan tres meses y levantan vuelo. El árbol y la niña guardan la esperanza de que los pájaros vuelvan. Finalmente regresan despelucados y tristes. Entonces la niña y su papá ven por televisión que los pájaros vienen de un país que está en guerra. Los pájaros parten de nuevo, jamás vuelven y la guerra continúa.

El árbol triste es un buen ejemplo para mostrar que si bien no hay temas vedados en la literatura infantil, eso no quiere decir que cualquier tratamiento narrativo sea válido. Así como los contenidos son complejos el modo de contarlos también reta a los niños como lectores: giros en el tiempo, distintos narradores, metáforas, personajes contradictorios, finales abiertos, alusiones e inferencias. Mejor dicho, todo lo que debe tener un buen libro. A Pilar Osorio, especialista en literatura infantil, no le cabe duda de que un niño “sabe que hay algo en la página que la página no dice”.
En La luna en los almendros, el lector desconoce qué dice el papel por el que Enrique es acusado de ser guerrillero. Ante la pregunta de si un niño puede interpretar ese papel, Beatriz Helena Robledo dice: “Hoy estamos convencidos de que los niños tienen una capacidad de interpretación activa y de que interpretan a su manera como lo hace cualquier persona a partir de su experiencia y sus conocimientos. Un niño campesino, uno que vive en la calle y otro de una familia con recursos son tres lectores diferentes y seguramente interpretarán ese papel de forma distinta”.
María José López, Bibiana Carreño, Leila Patiño y Marta Celis son profesoras que asisten al Club de Lectura Infantil y Juvenil de la Biblioteca Luis Ángel Arango. Las cuatro han leído libros sobre conflicto con sus alumnos. Muchos de ellos, víctimas del conflicto. “Yo tuve un niño de ocho años que vio matar a su papá cuando era pequeño –recuerda Celis. Cuando leímos La luna en los almendros, él se salió del salón y empezó a golpear todo”. Esa no es necesariamente una mala experiencia. “A través de la lectura los niños se acercan al profesor y cuentan sus historias. Es una forma de despertar emociones”, dice Patiño. Gerardo Meneses recuerda que en una visita al colegio de hijos de oficiales en Bogotá un niño le preguntó: “En su libro el Ejército es malo. ¿Qué pasa cuando es un papá soldado al que matan?". “Oye, el león es el papá”, le dijo a Bibiana Carreño su hijo de tres años después de leer Camino a casa.





Nombrar las cosas



Tengo miedo, el libro-álbum de Ivar Da Coll es ya un clásico. Para su más reciente edición publicada el año pasado por Babel, Da Coll hizo nuevas ilustraciones. Esta vez los monstruos no solo no dejan dormir al protagonista, sino que sacan a los animales de sus casas, se llevan a algunos para no regresarlos jamás y escupen fuego sobre pueblos enteros. “Los monstruos están permanentemente en nuestra vida –dice Da Coll–, se manifiestan con distintas formas: unas veces pertenecen a lo imaginativo y otras son equivalentes a monstruosidades que se dan en la realidad”. La ilustración de una fila de desplazados sin final, mamás cargando a sus hijos, hombres con colchones al hombro y niños con tapas de ollas en la mano mientras una especie de aparición los obliga a salir de su pueblo, quedará, sin duda, en el registro de las más impactantes de la literatura infantil colombiana.



El miedo es una constante en los libros para niños que hablan del conflicto. De los cerca de quince títulos que se han escrito sobre el tema en los últimos años, casi todos tienen en la primera página la palabra miedo. “Abue, tengo miedo”, dice Juan, el protagonista de Los agujeros negros. Lo mismo ocurre con los niños de La luna en los almendros que experimentan miedo ante todo lo desconocido: el río, una serpiente, los rayos, la violencia y la tristeza de su papá.



También hay miedo en No comas renacuajos de Francisco Montaña Ibáñez, quizás uno de los libros más desgarradores que se hayan publicado en Colombia, y en Paso a paso de Irene Vasco, una de las primeras escritoras colombianas en hablar a los niños de manera honesta sobre el secuestro. Y hay una elaborada mezcla de miedo, culpa y nostalgia en El mordisco de la medianoche de Francisco Leal Quevedo, sobre Mile, una niña que vive en una ranchería en La Guajira y una tarde, al volver del colegio, ve a unos hombres que están contrabandeando armas.


El miedo es una emoción estrechamente relacionada con la infancia, pero es también una forma de protegerse ante situaciones peligrosas. Y protegerse, en muchos casos, significa nombrar las cosas que causan horror. “El lenguaje es un lugar seguro porque tiene principio, medio y fin, sujeto y predicado que te ayudan a organizar el mundo –dice Reyes. Y creo que los niños necesitan poner cosas en lugares seguros”. 





La literatura infantil no debería servir para nada. No de la forma en que sirve una pastilla o un bloqueador solar o un tenedor. Es necesaria, en cambio, para que el lector cree referentes y nombre mundos imaginarios. Es necesaria también para ponerse en los zapatos del otro y sentir un dolor ajeno. Cualquier colombiano que haya crecido en el último siglo podrá recordar una frase que le decían cuando era niño: “De esas cosas no se habla”. Hoy sabemos que no es así, que un niño tiene el derecho a saber que la gente se muere, que en las guerras hay torturas y desapariciones y que en la vida también hay espacio para el horror. ¿Se confundirá? ¿Se hará preguntas cuando cierre el libro? Por supuesto. Sin embargo, que levante la mano el adulto que sea capaz de responderle a Juan, el protagonista de Los agujeros negros: ¿Quiénes son los malos?

http://www.revistaarcadia.com/impresa/periodismo/articulo/quien-dijo-no-podia-hablar-eso/31353

domingo, 4 de enero de 2009

Grandes que escriben para niños

Ilustración de Emilio Urberuaga en el libro Discurso del oso, de Julio Cortázar 


Cortázar, Faulkner y otros grandes

escriben para los chicos


El ejemplo de pequeños editores como Gadir, en Madrid, y Libros del Zorro Rojo, en Barcelona, empeñados en recuperar textos clásicos o de grandes autores contemporáneos para acercarlos a niños y jóvenes a través de nuevas ediciones ilustradas, parece que se va extendiendo, a juzgar por las propuestas similares que van apareciendo, cada nueva temporada, en diferentes editoriales. Esta primavera, cabe destacar especialmente, por la importancia del autor -Cortázar- y por la espléndida edición, ilustrada por Emilio Urberuaga, Discurso del oso, el único cuento para niños que escribió el autor argentino (en realidad para "dos niños", los hijos de su amigo, el pintor y poeta Eduardo Jonquières) y que hasta ahora sólo se había publicado como uno más de los textos de sus famosas Historias de cronopios y de famas (1962).
Un cuento ingenioso y divertido sobre las insólitas andanzas nocturnas de un oso encantador que vive entre las tuberías de un gran edificio, provocando esos ruidos misteriosos que suelen oírse por las noches en las casas.El editor de Libros del Zorro Rojo, un auténtico rastreador de pequeñas joyas literarias para los lectores más jóvenes, lo ha rescatado como texto independiente y lo ha convertido, con la colaboración de Emilio Urberuaga, en uno de sus más brillantes trabajos como ilustrador, en un precioso cuento ilustrado para niños de 6 años en adelante.
Para lectores de 8 años en adelante, Alfaguara propone su hallazgo particular de esta temporada: El Árbol de los Deseos, único cuento infantil de William Faulkner, escrito para una niña como regalo de aniversario, según reza la dedicatoria del propio autor -"Bill hizo este libro para su querida amiga Victoria en su octavo cumpleaños"-. Un cuento fantástico, que juega con la idea de que el día de cumpleaños es un día mágico, en el que puede pasar cualquier cosa, sobre todo si la noche anterior "te acuestas con el pie izquierdo y le das una vuelta a la almohada antes de dormirte".
Y, efectivamente, la protagonista del cuento, Dulcie, comprobará que así es, cuando se despierta el día de su cumpleaños y se encuentra con Maurice, un extraño muchacho con poderes mágicos, que la invita a una excursión en busca del Árbol de los Deseos.
Un relato lleno de fantasía y humor, en el que no faltan los consejos morales -sobre el egoísmo, la generosidad, el respeto a las buenas costumbres- tan del gusto de la época.
También para lectores de estas edades, la nueva editorial madrileña Hotel Papel propone la colección Violeta Infantil, de biografías de grandes autoras, en formato de álbum ilustrado y en edición bilingüe español-inglés. Textos asequibles y atractivas ilustraciones para familiarizar a los niños con grandes figuras literarias femeninas como Virginia Woolf, a quien, junto con Gloria Fuertes, están dedicados los dos primeros títulos.
Finalmente, y para lectores de 10-12 años en adelante, Gadir sigue ampliando la excelente selección de clásicos y contemporáneos de su colección El Bosque Viejo, con los cuentos de Chéjov y Gorki (Kashtanka, historia de un perrito y El corazón ardiente de Danko); las poesías para niños o sobre niños que escribió Fernando Pessoa recogidas en Lo mejor del mundo son los niños; la adaptación "para todas las edades" de la Divina Comedia, de Dante, y el relato El sol de la nieve o el día que desaparecieron los niños de Celama, de Luis Mateo Díez.
Discurso del oso. Julio Cortázar. Ilustraciones de Emilio Urberuaga. Libros del Zorro Rojo. Barcelona, 2008. 24 páginas. 12,50 euros. El Árbol de los Deseos. William Faulkner. Traducción de José Luis López Muñoz. Ilustraciones de Mikel Mardones. Alfaguara. Madrid, 2008. 88 páginas. 9,95 euros. Virginia Woolf, la escritora de lo invisible. Luisa Antolín. Ilustraciones de Antonia Santolaya. Hotel Papel. Madrid, 2008. 42 páginas. 14,50 euros. El corazón ardiente de Danko. Máximo Gorki. Ilustraciones de Dionisio Ridruejo. Traducción de María Josefa Sánchez. Gadir. Madrid, 2008. 60 páginas. 17 euros.