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jueves, 3 de diciembre de 2015

Jhumpa Lahiri / Una medida temporal


Jhumpa Lahiri
BIOGRAFÍA
UNA MEDIDA TEMPORAL

El aviso les informó de que la medida era temporal: durante cinco días les cortarían la electricidad por espacio de una hora, a partir de las ocho de la noche. La última tormenta de nieve había producido una avería en el suministro y los empleados de la compañia iban a acometer la reparación a primera hora de la noche, cuando el clima era algo más clemente. La reparación iba a afectar solamente a las casas de la tranquila calle arbolada, cercana a una hilera de tiendas con fachadas de ladrillo y una parada de tranvía, en la que Shoba y Shukumar habían vivido durante tres años.

lunes, 19 de mayo de 2014

Jhumpa Lahiri / Cielo e infierno

Jhumpa Lahiri
Jhumpa Lahiri
BIOGRAFÍA
CIELO E INFIERNO
Traducción de Eduardo Iriarte


Jhumpa Lahiri / Hell-Heaven (Cuento en inglés)

Pranab Chakraborty no era, en rigor, el hermano menor de mi padre. Era otro bengalí de Calcuta que había ido a parar a las áridas costas de la vida social de mis padres a principios de los setenta, cuando vivían en un apartamento alquilado en Central Square y podían contar sus amistades con los dedos de una mano. Pero yo no tenía ningún tío de verdad en América, así que me enseñaron a llamarle Pranab Kaku. Por consiguiente, él llamaba a mi padre Shyamal Da, dirigiéndose siempre a él con la fórmula más cortés, y llamaba a mi madre Boudi, que es como los bengalíes deben dirigirse a la esposa de un hermano mayor, en vez de utilizar su nombre de pila, Aparna. Después de que Pranab Kaku trabara amistad con mis padres, confesó que el día que nos conocimos nos había seguido a mi madre y a mí durante buena parte de una tarde por las calles de Cambridge, por donde ella y yo solíamos deambular a la salida del colegio. Nos había seguido los pasos por Massachusetts Avenue y luego cuando entramos y volvimos a salir de la Harvard Coop, donde a mi madre le gustaba mirar los artículos domésticos de rebajas. Merodeó con nosotros por Harvard Yard, donde mi madre acostumbraba sentarse en el césped los días agradables y observar las riadas de estudiantes y profesores que surcaban afanosamente los senderos, hasta que, al cabo, cuando subíamos las escaleras de la Biblioteca Widener para que yo pudiera ir al servicio, le dio un toque a mi madre en el hombro y le preguntó, en inglés, si tal vez era bengalí. La respuesta a esa pregunta estaba clara, dado que mi madre llevaba los brazaletes rojos y blancos característicos de las mujeres casadas bengalíes, y un sari típico de Tangail, así como una gruesa franja de polvos color bermellón en la raya del pelo, y tenía la cara llena y redonda y los grandes ojos oscuros tan habituales entre las mujeres bengalíes. Se había fijado en los dos o tres imperdibles que llevaba sujetos a las finas pulseras de oro detrás de las rojas y blancas, que debía de usar como sustitución de un gancho perdido en una blusa o para pasar un cordel por el interior de una combinación en caso de apuro, una práctica que él asociaba estrictamente con su madre, sus hermanas y tías de Calcuta. Además, Pranab Kaku había oído casualmente a mi madre decirme en bengalí que no podía comprarme un número de Archie en la Coop. Pero en aquel momento, según confesó también, América le resultaba tan nueva que no quería dar nada por sentado, de forma que ponía en tela de juicio hasta lo más evidente.