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miércoles, 10 de marzo de 2021

Álvaro Mutis / El libro de los muertos






Álvaro Mutis
EL LIBRO DE LOS MUERTOS

El Tiempo
30 de abril de 2013

mutis
Álvaro Mutis

Leo la última página de La piel de Curzio Malaparte y un agrio caos comienza a descomponer la más o me­nos tranquila estructura que cada día edifico del mundo que me ro­dea. A través de un hermoso esti­lo de herencia proustiana con capi­tosas adherencias meridionales, casi d’annunzianas, Malaparte revive con una fidelidad de examen clíni­co, el manso desleimiento de los va­lores que por treinta siglos han sostenido la vida del hombre occidental sobre la Tierra. Manso pero seguro y precipitado desleimiento.

Una putrefacción de res que muere en el trópico, sor­prende la débil materia que envolvía la vieja y robusta carne de Europa.

viernes, 15 de mayo de 2020

Álvaro Mutis / Mi verdadero encuentro con Aurelio Arturo

Aurelio Arturo

Álvaro Mutis

MI VERDADERO ENCUENTRO 

CON AURELIO ARTURO
BIOGRAFÍA


    No recuerdo quién nos presentó. Tal vez fue Carlos Villar Borda o quizá Fernando Charry Lara. Recuerdo, sí, muy bien, la vez siguiente en que nos vimos. Me fue a saludar a mi oficina en el edificio en donde entonces estaba El Espectador. Y recuerdo también que, de nuevo, tornó a inquietar mi curiosidad su aspecto y sus maneras. No tenía Aurelio ninguno de los signos convencionales que en nuestra juventud admiramos como propios del poeta. Ni el engallado y envolvente entusiasmo de Carranza, ni el halo de silencio y distancia de Maya, ni la elegante bohemia de Ángel Montoya, ni, desde luego, el vikingo y picante colorido de León de Greiff, para referirme a los que solíamos ir a ver en las mesas del Café Asturias o del Molino y a quienes contemplábamos a distancia alelada mientras terminábamos la modesta cerveza o el ya abolido ¡helas!, sorbete de curaba. Recuerdo que el aspecto exterior de Aurelio y cierta reticencia de su trato personal me inhibieron para hablarle de literatura. Su corbatín, siempre en el clásico estampado “pays-ley”, sus trajes escogidos con cierta intención en donde la fantasía se hallaba gravemente encauzada por un vago dandismo del Harvard de los años veinte, su hablar apagado, casi monótono si no hubiera estado siempre al servicio de una como desdibujada ironía, su saber de las letras escanciado siempre con el dosificado entusiasmo de quien regresa de una experiencia con el escepticismo de los lúcidos, hicieron de mi trato con Aurelio una de las experiencias más gratificantes, tonificantes y exigentes de mis años de aprendizaje en las letras y en la vida.

sábado, 22 de julio de 2017

García Márquez / ¿Qué libro estás leyendo?

Marcel Proust


¿Qué libro estás leyendo?



GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
BIOGRAFÍA
20 JUL 1983



Hay una pregunta muy frecuente entre escritores: ¿qué estás leyendo? Primero, porque es raro que un escritor le pregunte a otro qué está escribiendo, y segundo, porque se supone que el escritor, por una necesidad propia del oficio, debe estar siempre leyendo algún libro que merece ser recomendado. La respuesta es casi siempre evasiva, porque a partir de una cierta edad uno no sabe muy bien qué libro está leyendo a ciencia cierta, ofuscado un poco por la sensación desoladora de que todo lo que valía la pena ya fue leído en otro tiempo, y las horas que antes se dedicaban a la lectura se nos van ahora en picotear por aquí y por allá, con la esperanza de encontrarse por fin con una nueva e intempestiva revelación. Se ha dicho mucho -y se ha dicho bien- que el hábito de la lectura se adquiere muy joven o no se adquiere nunca. También se dice, quién sabe con cuánta razón, que es necesario inculcárselo a los niños. Parece más probable que se adquiera por contagio: en general, los hijos de buenos lectores suelen serlo también. De modo que el hábito de leer suele ser de la familia entera, Algo semejante ocurre con el gusto por la música. Sólo que en ambos casos la presión de los adultos puede tener efectos contrarios: la aversión a la lectura y a la música. Alguna vez le oí decir a un gran profesor de música que a los niños no se les debía forzar a aprender el piano con aquellas prácticas cotidianas que de veras parecían sesiones de tortura. Su fórmula era más humana: hay que tener el piano en la casa para que los niños jueguen con él.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Alvaro Mutis / Cita / Dos poemas

Anton Semenov
Álvaro Mutis
Biografía
CITA
In memoriam J. G. D.

Bien sea en la orilla del río que baja de la cordillera
golpeando sus aguas contra troncos y metales dormidos,
en el primer puente que lo cruza y que atraviesa el tren
en un estruendo que se confunde con el de las aguas;
allí, bajo la plancha de cemento,
con sus telarañas y sus grietas
donde moran grandes insectos y duermen los murciélagos;
allí, junto a la fresca espuma que salta contra las piedras;
allí bien pudiera ser.
O tal vez en un cuarto de hotel,
en una ciudad a donde acuden los tratantes de ganado,
los comerciantes en mieles, los tostadores de café.
A la hora de mayor bullicio en las calles,
cuando se encienden las primeras luces
y se abren los burdeles
y de las cantinas sube la algarabía de los tocadiscos,
el chocar de los vasos y el golpe de las bolas de billar;
a esa hora convendría la cita
y tampoco habría esta vez incómodos testigos,
ni gentes de nuestro trato,
ni nada distinto de lo que antes te dije:
una pieza de hotel, con su aroma a jabón barato
y su cama manchada por la cópula urbana
de los ahítos hacendados.
O quizás en el hangar abandonado en la selva,
a donde arrimaban los hidroaviones para dejar el correo.
Hay allí un cierto sosiego, un gótico recogimiento
bajo la estructura de vigas metálicas
invadidas por el óxido
y teñidas por un polen color naranja.
Muera, el lento desorden de la selva,
su espeso aliento recorrido
de pronto por la gritería de los monos
y las bandadas de aves grasientas y rijosas.
Adentro, un aire suave poblado de líquenes
listado por el tañido de las láminas.
También allí la soledad necesaria,
el indispensable desamparo, el acre albedrío.
Otros lugares habría y muy diversas circunstancias;
pero al cabo es en nosotros
donde sucede el encuentro
y de nada sirve prepararlo ni esperarlo.
La muerte bienvenida nos exime de toda vana sorpresa.


Natalie Shau
Álvaro Mutis
CITA

Y ahora que sé que nunca visitaré Estambul,
me entero que me esperan en la calle de Shidah Kardessi,
en el cuarto que está encima de la tienda del oculista.
Un golpe de aguas contra las piedras de la fortaleza,
me llamará cada día y cada noche
hasta cuando todo haya terminado.
Me llamará sin otra esperanza
que la del azar agridulce
que tira de los hilos neciamente
sin atender la música
ni seguir el asunto en el libreto.
Entretanto, en la calle de Shidah Kardessi
tomo posesión de mis asuntos
mientras se extiende el tiempo 
en ondas crecientes y sin pausa
desde el cuarto que está encima
de la tienda del oculista.

Álvaro Mutis
Los trabajos perdidos

Alvaro Mutis / La última escala del almirante

Alvaro Mutis según Ricardo Ajler

Álvaro Mutis

La última escala del almirante

Con su partida se cierra un capítulo fundamental 

en la literatura colombiana.

Semana, 27 de septiembre de 2013

Desde que se anunció la muerte de Álvaro Mutis, el domingo 22 de septiembre en la noche, comenzó una verdadera avalancha de mensajes de admiración y cariño que no se detuvo en varios días. Estas expresiones son un testimonio no solo de su relevancia como escritor sino de su enorme carisma. A sus 90 años recién cumplidos Mutis dejó una obra literaria prodigiosa y un grupo enorme de amigos y admiradores repartidos alrededor del mundo. 

Alvaro Mutis / En qué época le hubiera gustado vivir

Alvaro Mutis según T.A.

Alvaro Mutis
Biografía
¿EN QUÉ ÉPOCA
LE HUBIERA GUSTADO VIVIR?

Por Gloria Valencia de Castaño
Bogotá, 1995

Gloria: Cuéntenos Álvaro: ¿en qué época del mundo le hubiera gustado a usted vivir?

Álvaro Mutis: Hubiera querido vivir durante buena parte del reinado de su muy católica majestad el rey Felipe II, gozando de la confianza y aprecio del monarca.
En un vasto palacio madrileño, destartalado e incómodo hubiera reunido una pequeña corte de enanos y monstruos, entre servidores y bufones, a quienes les hubiera recordado a toda hora sus deformidades y lacerías.
Complicado en todas las intrigas del palacio real, participando en la caída de Antonio Pérez, siendo cómplice y gestor de la muerte del Infante don Carlos, formando parte de la comitiva que viajó a París para acompañar a la dulce esposa francesa del pálido monarca, hubiera conocido de cerca al bearnés Enrique IV y hubiera estado de acuerdo con él en aquello de que "París bien vale una misa".
En una misión secreta ante el Príncipe Guillermo de Orange, después apodado el Taciturno y quien ya comenzara a inquietar los estados de Flandes, hubiera querido pasear por la jocunda y coprofílica, sensual y glotona región de los Países Bajos y Ana de Saboya, la casquivana y desordenada esposa del príncipe, me hubiera hecho demorar más de la cuenta.

García Márquez y Álvaro Mutis / La amistad sin discordia



Gabo y Mutis

Me conmueve evocar que la amistad de tantas décadas que unió 

a Gabriel García Márquez con Álvaro Mutis jamás tuvo discordia



Quizá un posible alivio para los amores contrariados se anide en la amistad que perdure entre ambas partes y quizá el único escudo ante tanta mala noticia y necia neblina de desasosiegos se destile en la saliva del afecto que suele transpirarse en la camaradería. Decía Eliseo Alberto que hemos de creer en "la amistad a primera vista" si hemos de seguir en la esperanza del amor a primera vista, pero que una vez confirmada la epifanía de una amistad instantánea había que procurar con fidelidad y sosiego el abono constante de las palabras y las acciones que la nutren.
A mí me conmueve evocar —con intención de envidia y afán de plagio—que la amistad de tantas décadas que unió a Gabriel García Márquez con Álvaro Mutis jamás tuvo discordia, ni un sí con no. Fueron amigos desde un principio y hasta el final, incluso siguen sonrientes y en diálogo de párrafos ya interminables en las páginas de sus libros entrelazados y en las fotografías que aunque parecen volverse sepia conservan un ligero movimiento de animación donde parece que entre las sonrisas se esconden carcajadas, entre los labios aparentemente callados las citas o evocaciones de los libros memorables que leían de memoria y tantos viajes, anécdotas y vivencias comunes que parecen ser dos hombres que caminan sobre la gelatina de plata de viejas fotos en una suerte de filmación entrañable del afecto compartido.



Mutis sería el embajador de Gabo en México y quien lo convence de huir de Nueva York hacia la que habría de convertirse en su segunda patria 



lunes, 21 de abril de 2014

Alvaro Mutis / Lo que sé de Gabriel

Álvaro Mutis y Gabriel García Márquez
Guadalajara, México, 2007
Álvaro Mutis
Lo que sé de Gabriel
C
onocí a Gabriel García Márquez hace 42 años, una noche de tormenta, en el barrio de Bocagrande, en Cartagena. Me lo presentó Gonzalo Mallarino, su compañero de Facultad de Derecho en la Universidad Nacional, y ya su admirador irrestricto. Las palmeras casi tocaban el suelo por las fuerzas del viento y los cocos verdes se estrellaban en el pavimento con su ruido sordo, ya faulkneriano.
Dos cosas me sorprendieron en él, entonces apenas autor de La noche de los alcaravanes, cuento que me había parecido magistral y lleno de inagotables promesas –¿por qué será que las promesas siempre son inagotables?–, y las dos siguen siendo rasgos definitorios de su carácter: una devoción sin límites por las letras, desorbitada, febril, insistente, insomne entrega a las secretas maravillas de la palabra escrita (sólo don Quijote en su discurso sobre las armas y las letras había demostrado parecido fervor) y una madurez varonil, un sentido común infalible que en nada concordaban con sus 20 años a los que había entrado ya con su ceño de bucanero y su corazón a flor de piel. Esta ha sido otra constante en la vida de Gabriel: una indulgencia inteligente para todos sus semejantes y un sentido de vigilante servicio en la amistad. No conozco amigo igual, pero tampoco conozco otro que la cultive con más amoroso rigor, con tan sereno equilibrio. He pensado a menudo que Gabriel nació ya maduro, viejo no, nunca lo ha sido ni creo que lo será ya; tiene un aura de intemporalidad que lo asimila a sus personajes.
Me cuesta mucho trabajo decir algo sensato sobre su obra literaria. He leído todos sus originales antes de que fueran publicados. Sigo pensando que su obra más acabada y perfecta es El coronel no tiene quien le escriba; la que se considera su obra prima, Cien años de soledad, no puedo leerla sin cierto sordo pánico. Toca vetas muy profundas de nuestro inconsciente colectivo americano. Hay en ella una sustancia mítica, una carga adivinatoria tan honda, que pierdo siempre la necesaria serenidad para juzgarla.
Sigo creyendo que es un libro sobre el cual no se ha dicho aún toda la deslumbrada materia que esconde. Cada generación lo recibirá como una llamada del destino y del tiempo y sus mudanzas poco podrán contra él.
Hemos compartido juntos, Gabriel y yo, muchas horas de felicidad desbordada y no pocas de incertidumbre y estrechez. Hemos viajado por tres continentes, hemos compartido libros, músicas y amigos. Todo lo vivido con él ha sido para mí como un premio extraordinario en el oscuro azar de los días. Compartí con él las primeras horas de su Premio Nobel. Luchaba contra el entusiasmo, tratando de ser el mismo de siempre. Lo logró en pocos minutos. Bebimos hasta pasada la medianoche. Evocamos amigos ausentes y tornamos a reír en compañía de nuestras esposas, Mercedes y Carmen, de las mismas gozosas remembranzas con las que está tejido nuestro destino común. En verdad, casi pudimos decir que no había pasado nada. O mejor, que ninguna sorpresa del presente podía opacar ni alejar la milagrosa presencia de un tiempo compartido que ha sido para nosotros una auténtica y siempre presenteMoveable feast.
Texto incluido en la edición conmemorativa de Cien años de soledad, publicada en 2007 por la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española
















lunes, 30 de diciembre de 2013

Fernando Quiroz / Maqroll y compañía

Alvaro Mutis
Ilustración de Triunfo Arciniegas sobre foto ajena
Maqroll & Cía.

Por Fernando Quiroz
El Tiempo, 30 de diciembre de 2013



En la lista de esos momentos de alto voltaje que nos entregó la cultura este año, ninguno tan conmovedor como la despedida del hombre que le dio vida a Maqroll el Gaviero.

En medio de los preparativos de fiesta, de los aromas tentadores que llegan desde la cocina, del regocijo por el reencuentro con tantos amigos y familiares, es casi inevitable emprender balances a estas alturas. Pensar en lo que más nos emocionó en el año que agoniza. Volver a repasar párrafos e imágenes que nos tocaron el corazón.
Y ahí, en la lista caprichosa de esos momentos de alto voltaje que nos entregó la cultura, ninguno tan conmovedor como la despedida de este mundo del hombre que le dio vida a Maqroll el Gaviero.
No sé en qué momento comienza la inmortalidad, ese hermoso privilegio de los grandes creadores. La de Álvaro Mutis había comenzado tal vez cuando recibió el premio Cervantes, el más grande de los galardones de la lengua española. O antes quizás: cuando descubrió que una buena tacada de billar se parece mucho a la construcción de un buen verso.
En todo caso, su muerte, ocurrida este año, sirvió de disculpa para que muchos, en buena hora, se acercaran a quien le rindió tan hermoso tributo a la tierra caliente con su profunda y entretenida obra.
Conmovedora. Tal vez sea esa la palabra para calificar la retrospectiva de Carlos Jacanamijoy: una de las muestras más bellas que ha colgado el Museo de Arte Moderno de Bogotá. Bautizada con gran acierto Magia, memoria y color, la exposición confirmó el talento de un artista que conmueve con la fuerza de su obra y posicionó al creador del Putumayo como uno de los más grandes pintores que ha dado este país.
Más allá de los cantantes taquillerísimos que se atrevieron por fin a hacer presencia en Colombia, disfruté como pocas veces con el concierto que ofreció la andaluza Martirio en honor a Chavela Vargas. Su sentida voz se sumó a la magia de la guitarra de su hijo, Raúl Rodríguez, en la tarima del Jorge Eliécer Gaitán.
“Lo bueno de caminar es lo que se consigue en el camino”. Esta máxima de la comunidad nukak-makú es el epígrafe de un hermoso libro que me sorprendió gratamente a finales de este año –una afortunada combinación de realidad y ficción– en torno a esos indígenas que alguna vez fueron amos y señores del departamento del Guaviare y que hoy están a punto de extinguirse. Se llama ‘Gente que camina’ y su autora es Mariela Zuluaga.
A punto de pasar la página del 2013, les deseo un nuevo año lleno de buenos momentos por cuenta de la cultura.



martes, 8 de octubre de 2013

Pablo de Llano / El Gaviero murió antes que Mutis


El Gaviero murió antes que Mutis

Pablo de Llano
México, 5 de octubre de 2013

Los amigos de México del escritor colombiano recuerdan su alegría de siempre y el drama familiar que apagó sus últimos años



El escritor Álvaro Mutis en su casa del DF / MARCELO SALINAS
En una cafetería de la Ciudad de México, Rodrigo Castaño, un viejo amigo de Álvaro Mutis. habla del “parteaguas” que dividió la vida del escritor colombiano: la pérdida en el año 2007 de su hija Francine. Dice que antes de eso, desde que llegó a México en 1956, Mutis fue siempre “una fiesta ambulante”, “la alegría, la carcajada”; que era “lo más desparpajado de la Tierra”, “un gocetas, un gran sibarita, el rey del salón”, pero que después se desconsoló. “Alrededor de ella giraba todo. Pero a Francine le da un cáncer y se muere, y con Francine se muere Maqroll”.
Los últimos años del creador de la saga novelesca de Maqroll el Gaviero, fallecido el 22 de septiembre a los 90 años en la Ciudad de México,fueron lo opuesto a todo su tiempo anterior, como explica este amigo, hijo de Álvaro Castaño –promotor de la primera emisora de radio cultural de Colombia e íntimo de Mutis desde que eran jóvenes–. Otros conocidos del escritor también hablan de esa penumbra final de la vida del autor, retirado en casa y apenas sin escribir, como un contraste cruel con toda la luz que regaló por la capital de México durante medio siglo.
Una cosa que le quedó grabada a la poeta colombiana Ana María Jaramillo fue lo mucho que disfrutó Mutis de un cuadro que ella tiene en su casa y que al parecer no es exactamente una maravilla del arte. Es el retrato de un bisabuelo de su marido, el poeta mexicano José María Espinasa. Ella dice que es un retrato “pomposo” de un prohombre con lentes redondos oscuros y “un pelito ondulado peinado muy a ras”. Un día Ana María Jaramillo rescató el cuadro de la basura –que es el destino que le había otorgado su suegra, la propia nieta del prohombre– y lo colgó en una pared de la entrada de su casa porque le gustó el marco. Cuando Mutis fue a su casa y lo vio se quedó impresionado, pero no por el marco sino por la imagen egregia del ancestro. “Esto le da respetabilidad a una familia”, dijo. Álvaro Mutis, un colombiano criado en Europa, un burgués que se declaraba monárquico, un intelectual vacilón, sabía apreciar la solera de un antiguo pelito ondulado. En su despacho, además de una máquina de escribir y de un tocadiscos donde ponía música clásica, el escritor tenía un retrato del rey Juan Carlos encima de la chimenea.

Mutis llegó a la Ciudad de México en 1956 y se convirtió en una estrella de la bohemia intelectual
El sentido del humor y la capacidad de contar cosas asombrosas de una variedad enorme de temas, porque su cultura era tan amplia como su historial de viajes, fueron dos de las cualidades principales del poeta y novelista colombiano. Desde que llegó a México se convirtió en una estrella de la bohemia intelectual de esta ciudad. Entre sus amigos estaban el cineasta Luis Buñuel, el escritor Carlos Fuentes, la novelista Elena Poniatowska, Luis Alcoriza, también director de cine, el historiador Fernando Benítez, el escritor Octavio Paz, el publicista Jomi García Ascot. Algunos fueron visitantes habituales de Mutis en la cárcel de Lecumberri cuando lo encarcelaron en 1959 durante más de un año por gastarse en lo que quiso algunos dineros de la petrolera Esso, para la que había trabajado de relaciones públicas en Colombia.



Otro de sus grandes amigos en México fue Gabriel García Márquez, que lo definió como “el colombiano más simpático del mundo”. Fueron íntimos, con gustos en común como la literatura y la joda, concepto colombiano de la burla, y con particularidades diferentes, según dice Rodrigo Castaño. “Gabo era un hombre de canto y de cumbia, y Álvaro era más de Bach y de Beethoven. Gabo era de jolgorios bruscos, y Álvaro era un hombre de club. Gabo se comprometía políticamente, y Álvaro solo se debía a su real majestad Felipe II”. Entre ellos no se hablaba de política. Y menos de Cuba: “Castro no era tema”.
Mutis siempre se mantuvo a las afueras de los bloques de poder, políticos o intelectuales, y eso resultó ser una virtud para cuajar bien en el mundo de la cultura de México, según dice el escritor Alberto Ruy Sánchez, que frecuentó las comidas que organizaba el autor colombiano los domingos en su casa del barrio de San Jerónimo, donde vivía con su esposa Carmen Miracle. “En México había una polarización muy grande, y Mutis fue una figura de confluencia”. Cuando se asomaba una discusión política él solía evitarla, y si acaso se amparaba con sorna en el artículo 33 de la Constitución mexicana: Los extranjeros no podrán de ninguna manera inmiscuirse en los asuntos políticos del país.

Fue una figura de confluencia en el polarizado mundo cultural mexicano
Álvaro Mutis era un hombre que primaba la amistad sobre las ideas, el marisco sobre las doctrinas, el buen licor sobre la teoría política. En la Casa Refugio de Citlaltépetl, una asociación de la Ciudad de México que hospeda a escritores amenazados, siempre tenían guardada para él una botella de whisky escocés de marca Glenfiddich. Mutis era el presidente del patronato de la Casa Refugio. Su director, Philippe Ollé, dice que el padre de las aventuras de Maqroll el Gaviero era muy generoso con los autores jóvenes o desconocidos que pasaban por allí. Iba a hablar con ellos, acudía a las charlas.



Ollé recuerda que una noche en un coloquio sobre la literatura y el exilio salió a dar un discurso un poeta kosovar llamado Xhevdet Bajraj. Al escritor extranjero le había traducido las notas al español su esposa. Ella también era de Kosovo. La traducción fue modesta. Xhevdet Bajraj se puso a leer y sus palabras no fluían. La sala del centro estaba llena. El poeta kosovar lo intentó pero no pudo más y acabó tirando sus papeles al suelo. Pidió perdón a los asistentes y habló en español como pudo: “Yo vengo de un país destruido. He conocido momentos terribles, y en mi país hay un dicho popular que dice que la vida escribe historias. Pero yo desde que atravesé todo esto sé que la poesía la escribe la muerte”. Ollé tenía a Mutis sentado a su lado. Lo miró y vio que estaba llorando. El distinguido escritor colombiano se levantó de la silla y abrazó al poeta kosovar que no era capaz de decir las cosas bien.

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domingo, 29 de septiembre de 2013

La muerte de Alvaro Mutis

Álvaro Mutis

Muere a los 90 años 

el escritor colombiano Álvaro Mutis

El autor de la saga novelesca de Maqroll el Gaviero residía en Ciudad de México desde 1956 y recibió el Premio Cervantes en 2001

“No sabemos nada de la muerte”, decía Álvaro Mutis, “es inútil hablar de ella, pero es bueno invocarla para mantenerla controlada”. En la tarde del domingo, el escritor y poeta colombiano se enfrentó al fin con ese enigma. Mutis, de 90 años, falleció tras sufrir un problema cardiorrespiratorio en Ciudad de México, capital del país donde residía desde 1956. El creador de la saga novelesca de Maqroll el Gaviero, premio Cervantes en 2001, estaba hospitalizado desde el pasado día 16, según confirmó su esposa, Carmen Miracle.
El mundo de las letras en español despidió a Mutis como uno de los grandes poetas hispanohablantes, también cuando escribía en prosa. Poeta de la desesperanza, en su obra la naturaleza del trópico es metáfora del deterioro del tiempo en la naturaleza humana. Su protagonista, Maqroll, su alter ego, es un solitario viajero errante, que entre puertos y hoteles de mala muerte, sobrevive, como en el eterno vaivén de un viejo barco, entre lo efímero y la plenitud pasada.

Al velatorio, instalado en San Jerónimo, acudieron amigos como Mercedes Barcha, esposa de Gabriel García Márquez, que no hizo declaraciones, o Philippe Ollé-Laprune, director de la Casa Refugio, institución que hospeda a autores exiliados. Ollé evocó al Mutis de los últimos años, alejado de la vida pública pero abierto a la plática y a las visitas y que “mantenía la risa de un niño”, informa Sonia Corona. También asistió el escritor Juan Villoro, quien afirmó que “Neruda y Borges encontraron en los versos de Álvaro una conversación perfecta”. Desde la Feria Internacional del Libro, su directora, Marisol Schulz, anunció que este año Guadalajara rendirá un homenaje al escritor.

Nacido en Bogotá en 1923, de padre diplomático, Mutis cursó sus primeros estudios en internados de París y Bruselas. Tras la muerte de su padre, regresó a Colombia donde dejó el bachillerato por la poesía y el billar. Comenzó a trabajar en una radio y en varias multinacionales, lo que le supuso viajar sin cesar.


El director de la Casa Refugio para escritores, Philippe Olle (segundo a la izquierda), y el escritor Juan Villoro (derecha) en la capilla ardiente de Álvaro Mutis. / SONIA CORONA
Mutis empezó a escribir, desde muy joven, versos de los que apenas ha quedado una línea: “Un dios olvidado mira crecer la hierba”. No se decidía a publicarlos y fue el crítico Casimiro Eiger quien le animó. “Alvarito, deje de guardar cosas en los cajones, que ahí se pudren. O se queman, o se publican”. Con ese impulsó, en 1948 vio la luz La Balanza, su primer libro de poemas. Y, siguiendo el consejo al pie de la letra, en su vida destinó al fuego algunos manuscritos.
Así arrancaba una carrera por momentos prolífica, por momentos silenciosa, porque escribir era para él un hecho natural, no un deber, “algo que ocurre y deja de ocurrir”. Vinculado con jóvenes poetas en la revista Mito, colaborador de periódicos, en 1953 publicó Los elementos del desastre, donde aparecía por primera vez Maqroll el Gaviero, el personaje que nunca abandonaría. “El Gaviero viene de mis lecturas de Conrad, de Melville (sobre todo de Moby Dick); es el tipo que está allá arriba, en la gavia, que es el trabajo más bello del barco, entre las gaviotas, frente a la inmensidad y en la soledad más absoluta”, decía Mutis del protagonista de siete de sus nueve libros de narrativa.


Mutis con Botero y García Márquez. / EL ESPECTADOR
En 1956 se estableció en México a donde llegó con varias cartas de recomendación, una de ellas dirigida a Luis Buñuel, con las que consiguió trabajo en la publicidad. En esos años conoció a dos de sus grandes amigos, Octavio Paz y Carlos Fuentes. Tres años más tarde fue encarcelado 15 meses en el Palacio Negro de Lecumberri, acusado de malversación de fondos en la petrolera Esso. Su estancia en prisión, que recogería enEl diario de Lecumberri (1960), cambiaría su vida, hasta el punto de que sin aquella experiencia ni sus novelas de Maqroll ni su poesía posterior hubieran existido. “En la cárcel”, decía, “estamos ante la verdad absoluta. La recuerdo como una gran lección”.
En Lecumberri conoció a Elena Poniatowska. “Yo iba a la cárcel a visitar a presos políticos”, recuerda la escritora. “Me pidió À la recherche du temps perdu, de Proust, y yo le llevé los tomos de Gallimard”, cuenta. “Era un hombre alegre, el alma de las fiestas, hacía estupendas imitaciones de escritores, sobre todo de Neruda, y todas las mujeres se enamoraban de él. Como escritor, Maqroll nos permitió tener un mar en México y se convirtió en el Conrad Latinoamericano”.

Galardones


    • Premio Nacional de Letras de Colombia, 1974
  • Premio Nacional de Poesía de Colombia, 1983
  • Orden de las Artes y las Letras, del Gobierno de Francia, en el grado de Caballero, 1989
  • Premio Médicis Étranger de Francia, 1989
  • Premio Nonino de Italia, 1990
  • Premio Príncipe de Asturias de las Letras de España, 1997
  • Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana de España, 1997
  • Premio Cervantes de España, 2001
  • Desde 2005 la biblioteca del Instituto Cervantes de Estambul lleva su nombre
En 1986 publicó su primera novela de la serie, La nieve del Almirante, a la que seguirían Ilona llega con la lluvia y La última escala del Tramp Steamer. Desde entonces, los premios literarios se sucedieron. En 1997 recibió el Príncipe de Asturias y en 2001 el Cervantes. Dos años después fue designado miembro de la Legión de Honor con grado de oficial, la más alta distinción que otorga el Gobierno francés.
Marinero existencial, Mutis llevaba años en un apacible retiro. En los últimos tiempos se sentía enfermo y más de una vez declinó amablemente los intentos de este periódico por entrevistarle. Bogotano de nacimiento, llevaba en el corazón la tierra de Tolima, patria fundacional de su obra. En la finca Coello de su abuelo materno vivió de niño momentos tan felices que decía que se sentiría estafado si, invitado al Paraíso, no encontrara allí el olor a naranjas y el ruido de los dos ríos que cruzaban aquella hacienda en medio de los cafetales.

Los libros de Mutis


1948.- La balanza
1953.- Los elementos del desastre
1959.- Memoria de los hospitales de ultramar
1960.- Diario de Lecumberri
1965.- Los trabajos perdidos
1973.- La mansión de Araucaima
1981.- Caravansary
1982.- La verdadera historia del flautista de Hammelin
1984.- Los emisarios
1985.- Crónica regia y alabanza del reino
1985.- Sesenta cuerpos
1986.- Diario de Lecumberry
1986.- La nieve del almirante
1987.- Un homenaje y siete nocturnos
1988.- Ilona llega con la lluvia
1989.- Un bel morir
1990.- Amirbar
1990.- El último rostro
1991.- Abdul Bashur, soñador de navíos
1993.- Tríptico de mar y tierra
1995.- La muerte del estratega y otro relato
1997.- Summa de Maqroll El Naviero: Poesía, 1948-1997
1999.- Última escala del Tramp Steamer
2000.- De lecturas y algo del mundo

Alvaro Mutis

Discreta despedida a Mutis 

en la Ciudad de México

Amigos y familiares acuden a las exequias del escritor colombiano



Rafael Tovar, director de CONACULTA (izquierda) al lado de Carmen Miracle, viuda del escritor, en la capilla ardiente. / SONIA CORONA
Todos los asistentes a la capilla ardiente del escritor colombiano Alvaro Mutis -ha fallecido este domingo 22 de septiembre- coincidían al hablar de él: era un hombre alegre, conocedor de la música y un gran conversador. Este lunes, amigos y familiares del premio Cervantes 2001 acudieron a un velatorio al sur de la Ciudad de México para su funeral. A cuentagotas y discretos fueron llegando algunos amigos, escritores y editores para acompañar a su viuda Carmen Miracle en una sala llena de flores blancas.
Mercedes Barcha, esposa de Gabriel García Márquez, fue de las primeras en entrar -rápidamente y sin hacer comentarios- al velatorio y sin la compañía del Nobel de Literatura, quien fuera gran amigo de Mutis. “Están realmente muy afectados porque es una amistad de toda una vida, carreras y vidas paralelas, familias unidas y son dos parejas que fueron entrañables”, comentó Rafael Tovar, director del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA), a la salida de la capilla. Tovar aseguró que el Gobierno de México organizará un homenaje al escritor en el Palacio de Bellas Artes, el principal recinto cultural del país, cuando la familia de Mutis lo decida.
A las exequias también asistió el escritor mexicano Juan Villoro que tenía previsto reunirse con Mutis este miércoles. “Eso quedará para un whisky en el otro mundo”, lamentó. Villoro recordó que el legado del poeta y novelista ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1997 está íntimamente ligado a las obras de Pablo Neruda y Jorge Luis Borges. Además, destacó su trabajo como novelista en La nieve del Almirante. “(Mutis) fue un enamorado de las causas perdidas, algo muy latinoamericano, apostarle a las derrotas y convertirlas en una forma secreta del triunfo”.
Villoro participó en una breve guardia al lado del ataúd de madera de Mutis junto con miembros de la Casa Refugio Citaltépetl, una asociación civil que hospeda a escritores perseguidos en sus países de origen y de la que Mutis era parte como miembro del patronato. Philippe Ollé- Laprune, presidente de la organización, recordó al escritor colombiano en sus últimos días. Lo había llamado en su cumpleaños el pasado 25 de agosto y el escritor se opuso a hacer alguna celebración por sus 90 años. “Era un antisolemne total”.
Además de la decena de galardones con los que se hizo, ha asegurado Ollé-Laprune, el legado de Mutis para la literatura es muy amplio a pesar de que su obra no es muy extensa. “Es de los últimos gigantes de la literatura mundial. Es un caso muy raro que su obra poética se haya vuelto narrativa, es una obra no muy extensa, como lector lo descubrí como poeta aunque es un extraordinario novelista”, describió.
Últimamente a Mutis le gustaba recibir visitas en casa para mantener largas conversaciones, leía y escribía poco, pero escuchaba mucha música, principalmente clásica. De ello da fe el chelista mexicano Carlos Prieto, que hace 15 años le llevó el borrador de Las aventuras de un violonchelo y Mutis se ofreció a escribir el prólogo de su libro. “Era un aficionado y conocedor de la música”, ha expresado Prieto. La familia de Mutis decidirá en los próximos días el destino de sus cenizas.
Alvaro Mutis

Por qué hay que leer a Álvaro Mutis, 

según los escritores

Escritores de España y América hacen una valoración de la obra del autor colombiano y dicen por qué hay que leerlo: Juan Gelman, Piedad Bonnett, Javier Reverte...



Álvaro Mutis en los años cincuenta. / ARCHIVO 'EL ESPECTADOR'
El primer poemario que publicó Álvaro Mutis apenas duró un día en las librerías de Bogotá antes de quedar hecho cenizas. Todo porque apareció la víspera del día en que el 9 de abril de 1948 asesinaran al candidato a la presidencia Jorge Eliécer Gaitán, lo que desató el caos en todo el país.
Ceniza primero y memoria después, la obra del autor colombiano ha dejado un legado en la literatura en español que varios escritores elogian y dicen por qué hay que leer a Mutis.
Maqroll es el hombre que ve más allá del horizonte. Un testigo errante del tiempo y del destino que una vez conoce la gente se queda para siempre con ellos. A través de él, Mutis revela el mundo del hombre contemporáneo. Es la visión de quien, dice el propio Maqroll en su diario, tiene “una fervorosa vocación de felicidad constantemente traicionada, a diario desviada y desembocando siempre en la necesidad de míseros fracasos”.
Juan Gelman (Buenos Aires, 1930) Poeta y Premio Cervantes 2007
Es uno de los grandes de la literatura en castellano. Su obra poética es admirable y su prosa tiene un brillo pocas veces encontrado. Aunque no fuimos amigos sino conocidos, su muerte para mí es realmente un golpazo. Estoy muy dolido. Él era como un hijo escéptico, resignado; y en un poema dice: “Que te coja la muerte / con todos tus sueños intactos”, y yo creo que así fue en su caso. Era un hombre de mucho humor y vitalidad. Hay un dato, quizás no muy conocido, que fue periodista y que puso la voz a Eliot Ness en la serie de televisión Los intocables. En México la parca se ha llevado a grandes poetas en los últimos tiempos, como Alí Chumacero, Víctor Sandoval, Rubén Bonifaz Nuño y ahora a Álvaro Mutis. Yo le pido a la parca que empiece a ocuparse de los críticos y dejé tranquilos a los poetas, al menos por un tiempo. Hay que leer a Mutis porque su literatura es muy refrescante, Maqroll el Gaviero es alguien que sí te hace navegar interiormente.
Piedad Bonnett (Amalfi, 1951). Poeta y novelista colombiana
Creó un mundo poético muy particular que no tiene equivalente. Eso es lo que nos otorgó. Un mundo que tiene su centro en el trópico, un lugar de exuberancia vital pero también de deterioro y muerte. Y creó a Maqroll el Gaviero, que encarna las visicitudes humanas. Su mundo está entre la narración y la lírica, con un verso muy amplio, podríamos decir  barroco, que precisamente se corresponde con la exuberancia del trópico.
Juan Manuel Roca (Medellín, 1946). Poeta y narrador colombiano 
El aporte mayor a las letras continentales e hispanoamericanas tiene que ver más con su poesía, donde logra unos acentos nuevos y le da una vuelta de tuerca a cierta retórica desgastada de la poesía colombiana y continental. Allí fundamenta todo lo que desplaza a la narrativa, una mezcla entre el contar y el cantar. Sus dos grandes libros están en la poesía - Los trabajos perdidos y Los elementos del desastre-, donde hay unos paisajes tropicales y ruinosos que hablan del hombre y sus derrotas. Son una historia clínica del mundo vista desde Colombia. Si un colombiano que está fuera del país quiere volver sin regresar físicamente, que lea Nocturno, para que reciba una bocanada de aire. Es un documento lírico que le hace  un poeta universal pero a la vez muy, pero muy, colombiano.
Francisco Ferrer Lenín (Barcelona, 1942). Poeta y narrador español
Oigo "Álvaro Mutis" y veo la obra selvática del aduanero Rousseau. Quizá esta sea la más perfecta de las sinestesias que me acorralan.
Alberto Ruy Sánchez (Ciudad de México, 1951). Escritor y editor
Justo cuando el periodismo marca mayoritariamente a la novela, la voz narrativa de Álvaro Mutis, proveniente de la poesía y alejada de todo periodismo, se impuso como escritura vital, a la vez cuidada como composición pero abierta a lo imprevisto. Sus novelas, en cuyas venas late la poesía, hicieron a la vez que sus poemas fueran leídos como parte de un mismo universo de rigor y pasión, una poética única en nuestro tiempo. Maqroll es más que un personaje, es una actitud en la vida, una manera de estar en el mundo.
Javier Reverte (Madrid, 1944), Narrador y ensayista
Es uno de esos raros escritores en los que uno no distingue muy bien la línea en dónde termina la prosa y nace la poesía, o el revés. Supo escribir como muy pocos sobre el dolor y la soledad. Y su saga de Maqroll el Gaviero es un verdadero monumento en la literatura latinoamericana contemporánea.
José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926) Poeta, narrador y Premio Cervantes 2012
La palabra Ultramar transita por la poesía de Mutis como por un territorio legendario y le otorga un peculiar sentido universal. Todo lo que ocurre en esta poesía depende de la adjetivación, de una adjetivación desusada, magnánima, que le da a los objetos una significación hiperreal. La órbita de la naturaleza colombiana, entre los grandes ríos y la inmensa cordillera, sirve -tácita o expresamente- de escenario, de telón de fondo de esa alegoría de la aventura perpetua que se aloja en la poesía de Mutis.
Héctor Abad Faciolince (Medellín, 1958) Escritor colombiano
Hasta después de los 60 años Mutis estuvo dedicado a "oficios tiránicos" como los llamó García Márquez. Cuando se jubiló fue como si saliera de la cárcel y liberó su prosa: ocho novelas en 10 años. Su poesía la había escrito despacio y casi siempre en aeropuertos, mientras le daba la vuelta al mundo. Ganó los premios más importantes de nuestra lengua concedidos por jurados que se deslumbraron por su prosa majestuosa y por las aventuras de Maqroll. Aunque él sostenía que toda obra está condenada al olvido, yo apostaría a que dentro de un siglo se leerán más sus versos que su narrativa. Aun así creo que el Diario de Lecumberri, donde cuenta su experiencia de más de un año en la cárcel, es su libro más intenso, auténtico y conmovedor.
José Ramón Ripoll (director de Revista Atlántica)
La poesía, como toda la obra de Mutis, es en sí misma una transgresión idiomática y vital, en cuanto crea un mundo que funciona según otras leyes de la naturaleza y no se conforma con retratar, ni siquiera transformar la realidad que le rodea. De ahí que las opiniones del poeta nos parezcan a veces extemporáneas y desentonadas. Para él, la palabra funda e inicia “la danza de una fértil miseria”, que es la única vida posible: germen generativo, pero mísero y resbaladizo, que nos aprieta y libera al mismo tiempo Creo que esta actitud más que literaria de Álvaro Mutis trasciende la época posmoderna que le tocó vivir y apunta a un nuevo pensamiento, un ímpetu vital que surge de su propio paisaje, pero que se universaliza en “ultramar”. Leer su poesía supone hoy inyectarnos de esa fuerza renovadora que se debate entre contrarios y nos impulsa a vivir entre los bordes, en el límite, en la frontera de lo pactado y establecido. Mutis es un escritor absolutamentr distinto a los demás, que se ve venir desde su primer poema, La creciente, donde un río eterno arrastra belleza y podredumbre, la alegría de los carboneros y el hediondo barro que nos inunda. Ahí está ya todo Mutis. Y hay que andar por el borde para no caerse
PIlar Resyes Forero (Editora de Alfaguara)
Álvaro Mutis solía decir que todo cuanto había escrito estaba destinado a celebrar y perpetuar a Coello, un punto de la geografía colombiana donde se encontraba la finca cafetera de su familia, en la que pasó los días felices de su infancia. Ubicada en el piedemonte de la cordillera central, en los Andes colombianos, de este lugar de tierra caliente emana el paisaje y la substancia misma de su literatura.
Mutis fue un poeta mayor. Desde sus primeros poemas en los que evoca ese universo de naturaleza desbordante ("al amanecer crece el río, retumban en el alba los enormes troncos que vienen del páramo"), hasta sus últimos versos, escritos al comenzar el siglo, ("pienso a veces que ha llegado la hora de callar"), su obra se cimenta sobre poderosas imágenes, en las que la lengua castellana crece con el paisaje que intenta describir. Ese paraíso perdido en el que habita su personaje, Maqroll el Gaviero, cuyas andanzas cuentan siete novelas hermosas. Fue un narrador tardío (aunque escribió en sus inicios un par de relatos formidables e incluso una novela, Dios bajo a La Gaima, de la que publicó un único capítulo) y escribió todos sus libros de ficción en un lapso muy corto. Pero toda su obra, la poética y la novelística, goza de
una coherencia interna admirable. Tanto que parece que su autor hubiera diseñado una hoja de ruta desde sus primeros versos. Un camino que su protagonista, el errante por naturaleza, nunca creyó que existiera.
Oscar Hahn (Iquique, 1938) Poeta chileno
Ha muerto Alvaro Mutis. Ha muerto el estratega de la palabra. Escribió la crónica regia y la bitácora de este reino y del otro. Maqroll lo ve perderse en el horizonte. Ha muerto Alvaro Mutis de un bel morir.