Isaak Bábel
Petróleo
Traducción de Helena Guardia
Tengo, como siempre, muchas cosas que contarte. A Sabsovich le dieron un premio en la refinería, a todos lados va muy atildado con la ropa “extranjera” de relumbrón y lo promovieron. Cuando la gente supo de su ascenso, por fin vieron la luz: el chico está escalando. Por eso dejé de salir con él. “Ahora que ha escalado,” el chico siente que conoce la verdad oculta de todos nosotros los simples y pobres mortales, y se ha convertido en el “Camarada Perfecto”, tan ortodoxo (“ortoboxo”, como dice Kharchenko) que ya no puedes hablar con él. Hace dos días, cuando nos encontramos, me preguntó por qué no lo había felicitado. Le pregunté que a quién debía felicitar, si a él o al gobierno soviético. De inmediato entendió a qué me refería, tosió y tartamudeó, y dijo: “Bueno, llámame algún día.” Pero su esposa, ni tarda ni perezosa, recogió la indirecta. Ayer recibí una llamada. “Claudia, querida, si necesitas ropa interior, ahora tenemos importantes contactos en la Tienda de Acceso Restringido.” Le dije que confiaba en salir adelante con mi propia ración de cupones de ropa interior hasta que la Revolución Mundial estallara.