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lunes, 20 de julio de 2026

Thomas Bernhard / El origen / Reseña

Foto: Google imágenes 

Thomas Bernhard: El origen


Alejando Prada
31 de marzo de 2015


Los escritores exigentes siempre suelen dar buenos lectores. Y si además están como sumidos en un cabreo continuo, en cierta apatía, pueden agitar poderosamente el pensamiento de quien se enfrenta a (con) ellos. Thomas Bernhard (Heerlen, 1931 – Gmunden, 1989), en todo caso, es para mí uno de estos autores que azuza gravemente, para bien o para mal, al que lo lee. Sus Relatos autobiográficos (Anagrama, 2009) son la muestra esencial de sus obsesiones, de su estilo, de su exigencia como escritor. El primero de estos relatos, del único que voy a hablar aquí, es El origen. Una indicación (1975) en el que presenta su infancia y adolescencia, hasta que deja finalmente el instituto con quince años.

miércoles, 23 de julio de 2025

Thomas Bernhard / Relatos autobiográficos / Reseñas

 




Thomas Bernhard

Relatos autobiográficos

Thomas Bernhard
Anagrama
496 páginas
2009
Traducción: Miguel Sáenz

Relatos autobiográficos: El origen, El sótano, El aliento, El frío, Un niño. 

Al igual que MontaigneThomas Bernhard (1931-1988) toma su persona como objeto de estudio. 

Thomas Bernhard / El frío

 


Thomas Bernhard

El frío

Thomas Bernhard
Anagrama
Traducción: Miguel Sáenz
1996
144 páginas 

En El aliento, donde acababa el anterior libro, Thomas Bernhard estaba en contacto con la muerte en su estado más crudo y después de curarse de su pleuresía, a sus 18 años deja un sanatorio para entrar en otro, en Grafenhof, aquejado de una sombra en el pulmón, lo cual le acarrea pasar algo más de un año entre enfermos, rodeado de nuevo de podredumbre, decrepitud y muerte. 

Thomas Bernhard / El sótano

 


Thomas Bernhard: El sótano


Idioma original: alemán
Título original: Der Keller. Eine Entziehung.
Año de publicación: 1976
Traducción: Miguel Sáenz
Valoración: muy recomendable,casi imprescindible

Ya sé que hace unas semanas de ésto de las autobiografías. Pero qué oportuno hubiera sido haber leído a Bernhard por aquel entonces. Qué soberbia coartada hubiera brindado y cuánto juego, oh, cuánto juego.

Thomas Bernhard / El origen / Una indicación




Thomas Bernhard: El origen. Una indicación

23 de junio de 2016
Idioma original:
Título original: Die Ursache. Eine Andeutung
Año de publicación:1975
Valoración:Muy recomendable

Con cierta frecuencia, a la hora de opinar de un libro concreto o de la calidad literaria en general, sobre todo entre personas que empiezan a escribir ficción, se da por hecho que esta ha de estar marcada por un conjunto de recetas que han demostrado su validez en algún momento. Creen que de esta forma es imposible equivocarse y lo que resulta de ello son textos clónicos, y por tanto previsibles, tan alejados de lo artístico como puede estarlo un consumado bailarín del niño que empieza a andar. Bernhard se caracteriza por apartarse de lo consabido y sin embargo –o precisamente por ello–construye un amplio conjunto de obras magníficas, algunas como El origen, de género indeterminado, a caballo entre la novela autobiográfica y una confesión casi compulsiva de sensaciones y experiencias vividas en una edad y unas circunstancias históricas que –aliadas con su indiscutible  talento– le suministraron material suficiente para escribir una serie autobiográfica completa. 

martes, 22 de julio de 2025

Thomas Bernhard / Un horrible vacío

 

Thomas Bernhard

Thomas Bernhard
UN HORRIBLE VACIO


No puedo explicarle ahora mi vida, ni lo que soy. No, eso no se puede hacer. Necesitaría tres mil páginas y posiblemente se me olvidarían aún las cosas importantes, que se me ocurrirían luego. Para eso haría falta otro volumen complementario. Lo esencial se me olvidaría en esas tres mil páginas, y en mi lecho de muerte diría: ¡Santo Cielo!, ahora veo lo más importante de todo, ahora, al mirar desde un lecho de muerte, eso lo explicaría todo de otra manera, no tiene ningún sentido.

Hay que llegar a todo por sí mismo. Uno no tiene ninguna tarea ni nada parecido. Tareas sólo tienen los colegiales y los que obedecen a sus maestros.

Y entonces pierdo de algún modo las ganas, porque no tengo ya nada que hacer, eso es lo idiota. Por eso he tenido que tener siempre una compensación y hacer algo, aunque fuera absurdo. Pero da igual. Como las mujeres, que tienen que sacudir incansablemente alfombras para tranquilizarse y poder freír sus tortillas. Todo ser humano se busca algo parecido. De algún modo siento un -¿cómo se llama ese famoso vacío?-, un horrible vacío, desde hace un año. ¿Qué puedo hacer ahora? No me interesa ya nada. Pero bueno, siempre ocurre algo, aunque sea una desesperación pura, algo llega siempre. Y entonces lo explotaré otra vez. Porque la vida es una explotación. Y uno se precipita sobre lo que sea, otra persona o uno mismo, no sé. Todo eso no conduce a nada.

Eso me recuerda dónde estuve ayer, en casa de un campesino, que me contó que un tabernero, al que yo también conocía, había muerto de pronto, aunque podía preverse desde hacía un año, pero sin embargo, de pronto, tenía un pie totalmente podrido, y desde luego hubo mucha gente en su entierro, y uno de ellos, ex carnicero y posadero, que había sido anteriormente oficial de carnicero pero tenía ya más de sesenta años, tuvo que llevar una cruz, de dos metros, enormemente pesada... siempre tienen, cuando llevan algo así, una especie de soporte de cuero, donde va metida la cruz. Y sólo hace falta sujetarla, pero no cargarla. Sin embargo, no encontraron el soporte y el hombre tuvo que llevar la cruz durante dos horas, y le pusieron encima además una corona, y entonces él se derrumbó y ahora estaba en cama, también listo. Ahora me acuerdo.



Bernhard oral

 



Bernhard oral


Largo tiempo estuve parado frente a la puerta de su casa y no supe si era sensato entrar o no. ¿Es insensato, es sensato? Hasta que toqué el timbre. Pero ni bien entré en su despacho, pensé que no tenía ningún sentido visitar a un abogado por esta causa, contarle a usted esta historia. Pero después le conté toda esta historia. No toda la historia, dijo el sombrerero, es imposible contar toda la historia, absolutamente imposible. Cuando se cuenta una historia, en realidad se cuenta una historia totalmente distinta, no la historia que se quiere contar, se hacen algunas alusiones, pero no se cuenta la historia sino siempre una historia totalmente distinta. La historia en realidad es eso que no se cuenta, en tanto que no se cuenta la historia verdadera, se cuenta la historia. Sería imposible contar toda la historia, no importa si es horrible o no, pero lo que conté ya es suficientemente horrible, sólo con lo que conté hasta ahora basta. No debería haber subido, dijo el sombrerero. 

Fragmento de El sombrero, texto inédito leído por Thomas Bernhard el 13/8/1968.


Thomas Bernhard / Quería vivir

 



Quería vivir, y todo lo demás no significaba nada. Vivir y vivir mi vida, como quisiera y tanto tiempo como quisiera. Entre dos caminos posibles, me había decidido esa noche, en el instante decisivo, por el camino de la vida. Si hubiera cedido un solo instante en esa voluntad mía, no hubiera vivido ni una hora. De mí dependía seguir respirando o no. El camino de la muerte hubiera sido fácil. El camino de la vida tiene igualmente la ventaja de la libre determinación. No lo perdí todo, seguí teniéndolo todo.

El Aliento, 1978

Thomas Bernhard / El enfermo

 



Thomas Bernhard
EL ENFERMO

El enfermo que ha estado lejos de su casa durante meses vuelve como alguien para el que todo se ha vuelto extraño y tiene que familiarizarse sólo poco a poco y de la forma más penosa con todo y apropiárselo todo otra vez, da igual de lo que se trate, entretanto lo ha perdido realmente y ahora tiene que volver a encontrarlo. Y como el enfermo, básicamente, está siempre abandonado, todo lo demás es una mentira perversa, tiene que recurrir ya a fuerzas completamente sobrehumanas si quiere continuar donde meses antes, o, como en mi caso ya varias veces, años antes, se interrumpió. Eso no lo comprende el sano, se impacienta enseguida, y precisamente con su impaciencia hace más difícil para el enfermo que vuelve todo lo que debería facilitarle. Los sanos nunca han tenido paciencia con los enfermos y, como es natural, tampoco los enfermos con los sanos, lo que no hay que olvidar. Porque el enfermo, como es natural, espera de todos mucho más que el sano, que al fin y al cabo no tiene que esperar tanto porque está sano. Los enfermos no comprenden a los sanos, lo mismo que, a la inversa, los sanos a los enfermos, y ese conflicto es a menudo un conflicto mortal, porque en fin de cuentas el enfermo no está a la altura de las circunstancias, pero tampoco, como es natural, lo está el sano, al que un conflicto así basta para poner a menudo enfermo. No es fácil tratar con un enfermo que de repente está otra vez allí de donde fue arrancado meses o años antes por la enfermedad, y de hecho de todo, y la mayoría de las veces los sanos no tienen deseos de ayudar al enfermo, la verdad es que fingen continuamente ser samaritanos, cosa que no son ni quieren ser y que, al ser algo fingido, sólo perjudica al enfermo y no le aprovecha en lo más mínimo. El enfermo está realmente siempre solo y la ayuda que se le presta desde el exterior resulta ser casi siempre sólo un impedimento o una molestia, como sabemos. El enfermo necesita la más imperceptible de las ayudas pero los sanos no están en condiciones de prestársela. Sólo perjudican al enfermo con su fingimiento de ayuda, egoísta en fin de cuentas, y se lo hacen todo más difícil en lugar de facilitárselo. Los que lo ayudan no ayudan al enfermo la mayoría de las veces, sino que lo molestan. Sin embargo, el enfermo que vuelve a casa no puede permitirse ninguna clase de molestias. Si el enfermo hace notar que, en lugar de ayudarlo, en verdad lo molestan, aquellos que sólo han fingido ayudarlo lo ofenden. Lo acusan de arrogancia, de egoísmo sin límites, cuando sin embargo sólo se trata, en su caso, de la legítima defensa más extrema. El mundo de los sanos recibe al enfermo que vuelve a casa sólo con aparente amabilidad, sólo con aparente altruismo, sólo con aparente abnegación; pero si el enfermo pone realmente a prueba esa amabilidad y ese altruismo y esa abnegación, se revelan como una buena disposición sólo aparente y, por consiguiente, afectada, a la que el enfermo hará mejor en renunciar. Pero, como es natural, nada es más difícil que la verdadera amabilidad y el verdadero altruismo y la verdadera abnegación, y la frontera entre lo verdadero y lo aparente es también en ese aspecto difícil de trazar. Creemos durante mucho tiempo que se trata de algo verdadero cuando, sin embargo, sólo se ha tratado de algo aparente, ante lo que durante mucho tiempo hemos estado ciegos. La hipocresía de los sanos hacia los enfermos es la más difundida. En el fondo, el sano no quiere tener ya nada que ver con el enfermo y no le gusta que el enfermo, hablo de un enfermo realmente grave, pretenda de repente tener derecho a la salud. Los sanos sólo hacen siempre especialmente difícil para los enfermos recuperar la salud o, por lo menos, volver a normalizarse o, por lo menos, mejorar su estado de salud. El sano, si es sincero, no quiere tener nada que ver con el enfermo, no quiere que le recuerden la enfermedad y con ello, como es natural y lógicamente, la muerte. Los sanos quieren estar entre ellos y con sus iguales, y en el fondo no toleran a los enfermos. A mí mismo me ha sido siempre difícil volver del mundo de los enfermos al mundo de los sanos. Durante el período de enfermedad, es decir durante el período intermedio, los sanos se habían apartado completamente del enfermo, habían renunciado a él, siguiendo así únicamente su instinto de conservación. Ahora, de repente, aquel al que habían liquidado ya y que, en fin de cuentas, no entraba ya en consideración, aparecía otra vez reclamando sus derechos. Y como es natural se le hacía comprender inmediatamente que, en el fondo, no tenía ningún derecho».


Thomas Bernhard

El sobrino de Wittgenstein 



lunes, 21 de julio de 2025

Thomas Bernhard / El camino de la escuela

 

Thomas Bernhard
El CAMINO DE LA ESCUELA

Thomas Bernhard / El arte de la extinción

 




El arte de la extinción

En 1988, para conmemorar la anexión de Austria por Adolf Hitler cincuenta años antes, se encargó una nueva obra a Thomas Bernhard. Autor de once novelas y más de veinte obras de teatro, Bernhard tenía una merecida reputación como el escritor de posguerra más provocador del país: dedicó su carrera a burlarse y lamentar alternativamente el legado nazi de Austria, que, con su habitual franqueza, representó en una ocasión como un montón de estiércol sobre el escenario. Al principio, se negó a participar en la conmemoración, diciendo con mordaz humor que un gesto más apropiado sería que todas las tiendas que alguna vez fueron propiedad de judíos exhibieran carteles con la leyenda "Judenfrei". Pero el autor de obras como "La mesa del almuerzo alemán", en la que familiares reunidos para comer descubren nazis en su sopa, no pudo resistirse a una oportunidad tan enriquecedora para provocar a la élite política y cultural austriaca. "Toda mi vida he sido un alborotador", escribió una vez. "No soy el tipo de persona que deja a los demás en paz".

Thomas Bernhard / En la dirección opuesta

 


Thomas Bernhard, en la dirección opuesta


Thomas Bernhard fue un descubrimiento impactante para el autor, cuya escritura feroz y obsesión por el pensamiento lo atraparon. El placer de la lectura se mezcla con la resistencia ante la intensidad de sus obras. A pesar de la aparente dureza, las historias esconden una profunda reflexión sobre la verdad y el conocimiento.


Por Antonio González 

29 de abril de 2015

Extinción / El exorcismo de Thomas Bernhard

 


Extinción

El exorcismo de Thomas Bernhard

La última novela del autor austríaco, publicada en 1986, tres años antes de su muerte, es considerada una especie de testamento artístico y un intento de saldar las cuentas austriacas (y europeas) con los pecados del nazismo. En su momento la comentó el célebre estudioso de la literatura alemana Thomas H. Falk, muerto hace unos años. Se publica con la autorización de su viuda.

sábado, 14 de septiembre de 2024

El teatro áspero de Elfriede Jelinek





Escena de 'Viaje de invierno', de Elfriede Jelinek, dirigida por Magda Puyo.

El teatro áspero de Elfriede Jelinek

La puesta en escena de ‘Viaje de invierno’ por Magda Puyo rebaja la poética cruda de la Nobel austriaca


RAQUEL VIDALES
03 NOV 2023 - 07:46 COT


Quien haya leído a Elfriede Jelinek o al menos visto la adaptación al cine de su novela La pianista, por Michael Hanekeseguro que no se sorprende cuando se alza el telón de este espectáculo. Hay un piano y el escenario está lleno de una espuma blanca que da la impresión de ser nieve o en todo caso algo frío. Así es la escritura de la Nobel austriaca: gélida. No pretende conmover nuestros corazoncitos, sino rasparlos. Por eso parece muy adecuado el espacio imaginado por la directora catalana Magda Puyo (con la escenógrafa Judit Colomer) para su puesta en escena de Viaje de inviernoobra que Jelinek concibió inspirada en el ciclo homónimo de composiciones de Schubert sobre poemas de Wilhelm Müller. Un piano en un paisaje blanco que se va deshaciendo a medida que los intérpretes lo atraviesan —como se deshace la espuma y se atraviesa el invierno— y vierten sobre él sus parlamentos.

Elfriede Jelinek / “El nuevo fascismo se alimenta de la envidia, el odio y el miedo”

 


Elfriede Jelinek, por Fernando Vicente.FERNANDO VICENTE


Elfriede Jelinek, la Nobel que escribe a navajazos: “El nuevo fascismo se alimenta de la envidia, el odio y el miedo”

La escritora austriaca vuelve a las librerías españolas con dos libros: ‘Declaración de persona física’, donde describe el acoso al que la sometió el fisco en su país, y ‘Al margen’, que recoge su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura en 2004



MARINA PINTOR
13 SEPT 2024 - 22:30 

Al principio de la novela La pianista (1983), la narradora define a Erika, su perturbada protagonista, como alguien en quien “todo lo que tiene cierres está cerrado”. La frase es útil para describir la primera característica de la literatura de Elfriede Jelinek (Mürzzuschlag, Austria, 1946) que llama la atención. Una prosa implacable que no ofrece catarsis ni otro alivio que el ataque de risa histérica esporádico (la escena delirante en que Erika visita el manicomio donde su padre está interno justifica por ella sola la lectura del libro). Es insólito toparse con una autora que no solo no delata en sus escritos la necesidad de impresionar, de hacerse perdonar y querer, de seducir a quien la lee, sino que a veces parece que haga exactamente lo contrario: tratar al lector como a un intruso que se asoma por una rendija para ver algo prohibido y que debe asumir las consecuencias de su curiosidad.

viernes, 6 de septiembre de 2024

Thomas Bernhard / Las carcajadas (desesperadas) de un hater



 

Thomas Bernhard, 1957. Fotografía Helmut Baar / Getty.
Thomas Bernhard, 1957. Fotografía: Helmut Baar / Getty.

Thomas Bernhard: las carcajadas (desesperadas) de un hater


Thomas Bernhard / Entrevista



Escrito por Rebeca García Nieto

Junio 2023


No es usual que alguien empiece su autobiografía con una referencia a la tasa de suicidios que se producen en la ciudad donde creció: «Dos mil personas intentan todos los años, en el Land federal de Salzburgo, poner fin a su vida, y una décima parte de esos intentos de suicidio tienen un desenlace fatal». Sus personajes se ahorcan, se tiran por la ventana, y los que no se «sustraen a la vida» piensan en el suicidio ininterrumpidamente. Por lo que contó en Un niño, su propio abuelo estaba todo el día con el suicidio en la boca, y él mismo pensaba en matarse «a cada instante». No es de extrañar entonces que cuando murió se dijera que había recurrido al suicidio asistido. Pese a lo anterior, y al «profundo pesimismo existencial» que destilan todas sus novelas, debo admitir que pocos libros me han hecho reír tanto como los de Thomas Bernhard. Y no soy la única. Javier Marías lo consideraba un humorista y Agota Kristof prestaba  a todos sus amigos porque se había reído a carcajadas leyéndolo. 

lunes, 14 de octubre de 2019

El año que el Nobel Peter Handke recorrió los caminos de Soria


Peter Handke

El año que el Nobel Peter Handke recorrió los caminos de Soria

Tres décadas antes de recibir el premio de la Academia Sueca, el escritor austriaco se sumergió durante semanas en el paisaje castellano para pasear y crear en soledad



Pablo de Llano
Soria, 12 de octubre de 2019

Juan Largo Lagunas recuerda que un día de finales de diciembre de 1989 vio caminar por la calle principal de Soria, El Collado, a un individuo delgado con gafas, “mirada de extranjero y aspecto hippy” que le llamó la atención. Lo miró. Lo volvió a mirar.
—¡Peter Handke!
Llegó a casa y llamó a su amigo Antonio Ruiz.
—¡Antonio, que he visto por El Collado a Peter Handke!
—Pero qué dices, anda…
Ruiz y Largo Lagunas rememoran en su ciudad el encuentro con el Nobel de Literatura 2019. Cuando descubrieron que estaba allí, Ruiz lo conocía pero no había leído nada suyo. Largo Lagunas, escritor principiante, sí lo seguía. “En Soria, en aquellos tiempos, había más vida cultural que ahora y estábamos al tanto de lo que se hacía en Europa”, dice.

Peter Handke y el paraíso que no quisimos ver

Peter Handke
Poster de T.A.

Peter Handke y el paraíso que no quisimos ver



El Premio Nobel de Literatura visto por su traductor al español, Eustaquio Barjau.

Paola Corroto
10 de octubre de 2019


Eustaquio Barjau empezó a traducir a Peter Handke al español a finales de los años setenta. Lo primero fue La mujer zurda. Después llegaron muchos más títulos, hasta superar la cincuentena. Una muestra de lo prolífico del escritor austriaco, pero también de la estrecha relación que estableció con su traductor. Cuando Barjau supo que le habían dado al Nobel a Handke le entró “una alegría muy grande porque se lo merecía”, afirma. Más de cuarenta años de intercambios literarios, lingüísticos y personales con un escritor que, aunque reconoce que “no es una persona fácil, sí es tremendamente adorable”.

domingo, 13 de octubre de 2019

Peter Handke / Estrategia de la paciencia

Peter Handke
Ilustración de Triunfo Arciniegas

Peter Handke
Biografía
Estrategia de la paciencia

El austriaco Peter Handke se ha vuelto un clásico, un autor agudo y de implacable mirada


José Luis de Juan
3 de enero de 2014








El apego de Peter Handke a la escritura autobiográfica, utilizando experiencias de su propia vida, de sus viajes, de sus obsesiones, de sus batallas, cristalizó en El año que pasé en la bahía de nadie, dando paso con esta obra a la elaboración meticulosa de un retrato literario de sí mismo como personaje. En cierta manera, gran parte de sus libros previos apuntaban en esa dirección, aunque de una manera más elusiva, desde Lento regreso a La doctrina del Sainte-Victoire, pasando por Lucie en el bosque con estas cosas de ahí. La noche del Morava es una vigorosa vuelta de tuerca del autor austriaco a su biografía ficcional, esta vez utilizando uno de sus mejores recursos narrativos: el monólogo dramatizado ante un público reducido. El escenario, una barca varada en el río Morava, afluente serbio del Danubio, tiene un toque mítico, sonámbulo. El croar de las ranas, el silbar de los juncos, la noche clara: todo resulta perfecto para un relato que contiene desde insultos al propio alter ego del autor hasta amagos de cuento de hadas. Como afirmaba Walter Benjamin, para quien los cuentos de hadas no derivan del ego, la paciencia es el pájaro soñado que empolla el huevo de la experiencia. Y sí, Handke se refiere varias veces a la paciencia en esta novela como estrategia que la narrativa toma prestada de la vida.

sábado, 12 de octubre de 2019

Escritores contra Peter Handke


Peter Handke


Escritores contra Peter Handke

Joyce Carol Oates, Salman Rushdie y Slavoj Zizek critican la concesión del premio Nobel de Literatura al escritor austriaco

ANDREA AGUILAR
Madrid, 11 de octubre de 2019

Salman Rushdie conoce de primera mano la peligrosa relación que pueden llegar a tener la literatura y la política —Jomeini dictó una fatwa contra él por uno de sus libros que aún no ha caducado—, pero nunca ha temido expresar sus opiniones. Hace 20 años calificó a Peter Handke de “idiota”, y ayer, con motivo del anuncio de la concesión del premio Nobel 2019 al autor austriaco, encontró una buena ocasión para reafirmarse en sus opiniones. No fue el único.