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lunes, 3 de noviembre de 2014

Andrea Maturana / La palabra tiene algo de magia negra y blanca

 
Andrea Maturana

La palabra tiene algo de magia negra y blanca

Entrevista a Andrea Maturana (1) 


Por Vania Barraza Toledo,
Central Michigan University
Grafemas, febrero de 2007
 

Andrea Maturana publicó recientemente No decir (2006), una colección de once relatos que exploran la intimidad de la sociedad chilena contemporánea. Cada uno de estos relatos aporta —desde una mirada individual— hipocresías, miedos, traumas, secretos revelados y oscuros silencios de una burguesía hoy inmersa en la frivolidad y en el consumismo.

Nacida en 1969, desde muy joven publicó sus primeros cuentos que fueron seleccionados para diversas antologías, entre las que se pueden señalar Brevísima relación del cuento breve en Chile (LAR, 1989), Nuevos cuentos eróticos (Grijalbo-Mondadori, 1991) y 17 narradoras latinoamericanas (Coedición Latinoamericana / CERLALC/UNESCO, 1996). Su colección (Des)Encuentros (Des)Esperados (1992), una celebrada serie de narraciones íntimas, sorprendió a tal punto a la crítica que no dudaron en llamarla “la joven promesa de la nueva narrativa chilena”. En 1997 presentó su novela El daño.

Andrea Maturana / Cita


Andrea Maturana
CITA

Era un aliento tibio que se le quedaba adherido en la nuca y le entraba por el cuello almidonado de la blusa, humedeciéndole la espalda. Alrededor de ella se comprimía la gente llenando el vagón, y sin embargo, la única proximidad real era ese aliento. Podía percibir su ritmo con más nitidez que el ruido de los carros o que su propia respiración: acompasado, tal vez acelerándose un poco a medida que aumentaba el contacto con su espalda y se hacía más intensa la presión entre sus nalgas. Pero los cambios de intensidad eran casi imperceptibles, dentro de un margen que permitía pensar en una casualidad, un inevitable acercamiento.

Andrea Maturana / Yo a las mujeres me las imaginaba bonitas


Andrea Maturana
YO A LAS MUJERES 
ME LAS IMAGINABA BONITAS



Yo a las mujeres me las imaginaba bonitas, pintadas como la rubia de la esquina que siempre sale a la calle cuando empieza a oscurecerse, pero la Chana llegó a la casa gritando el otro día y le dijo a la mamá que no se había atrevido a contarle nada a la señorita, lo que le pasaba era demasiado terrible. Entonces se había escapado nomás del colegio por arriba de la pandereta congelada de miedo de no alcanzar a llegar y caerse muerta por el camino.