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jueves, 20 de mayo de 2021

La pintura de Alex Colville se vende por un record de 2.4 millones

 

Dog and Bridge
Alex Colville


LA PINTURA DE ALEX COLVILLE SE VENDE POR UN RÉCORD DE $ 2.4M EN UNA SUBASTA DE TORONTO

WRITTEN BY  ON JULY 16, 2020



Una pintura de Alex Colville rompió un récord de ventas de una obra del reconocido artista canadiense en una subasta celebrada en Toronto el miércoles, mientras que las obras de artistas como Pablo Picasso, Joan Mitchell y Lawren Harris también fueron fuertes precios.

Alex Colville / Pintor de silencios

Alex Colville



Alex Colville
PINTOR DE SILENCIOS

Francis Goin


Alex Colville (David Alexander Colville, 1920-2013) fue un pintor canadiense cuya obra evoca instancias de intimidad, quietud, soledad y desconcierto. También, tal vez, de revelación. Se lo ha asociado con el Realismo Mágico (surgido en Alemania en la década de 1920), categoría algo ambigua que invoca en realidad a diversas escuelas. Otros han hablado de “Pintura metafísica” como referencia más precisa a su obra, de algún modo emparentada con la de artistas plásticos como Giorgio de Chirico o Carlo Carrá.

Es característico de la pintura de Colville la representación de escenas estáticas, con pocos objetos o personajes, siempre en tonos apagados en los que dominan los azules grisáceos, plomizos. Difícilmente se aprecie un rojo intenso o un amarillo en alguno de sus cuadros. Lo suyo es una nota tenue, discreta, casi inadvertida en un mundo de bombardeos visuales permanentes.

Colville transmite su perplejidad ante las complejas densidades del Cosmos en cada una de sus obras. Como ocurre con tantos otros grandes pintores, puede decirse de él que siempre estuvo pintando el mismo cuadro. La mirada de sus personajes es su propia mirada; su actitud ante el mundo es la de una atenta espera.


A los 22 años de edad, siendo estudiante de Bellas Artes, se alistó en el ejército canadiense, siéndole encomendada la tarea de “pintor de guerra” (war artist). Como tal, en 1944 debió retratar los horrores del campo de concentración de Bergen-Belsen, en la Baja Sajonia.



Algunas de sus obras:

colville-1


“Cuerpos en una fosa” (Bodies in a grave, 1946) muestra cuatro cadáveres desparramados en posiciones diversas, tal como podrían haber quedado luego de ser asesinados. Los cadáveres están semidesnudos, dejando ver su triste ropa de prisioneros de un campo de concentración. Sus cuerpos muestran signos avanzados de desnutrición y profundas heridas. No están apoyados en el suelo; no “reposan”, no “descansan”, como suele decirse de los muertos; están flotando como fantasmas, ánimas en pena sin paz ni consuelo.


“Mujer desnuda y maniquí” (Nude and dummy, 1950) muestra a una mujer interpelando con la mirada a un maniquí de modista. Ambas figuras están en el altillo de una de esas casas de dos plantas, de madera, clásicas de la arquitectura suburbana de América del Norte. Las paredes de la habitación son casi simétricas; una estrecha ventana deja ver un campo vacío en el exterior. El elemento más notorio y realista de la obra es el maniquí. La mirada de la mujer parece sembrar dudas sobre la realidad de su propia existencia. La atmósfera rezuma quietud y silencio.


En “Hombre en el porche” (Man on verandah, 1953) vemos a un anciano sentado en la galería de una casa mirando el océano. Aparecen dos botes cerca de la orilla, pero la mirada del hombre no se dirige a ellos sino que va más allá. En realidad, el hombre pareciera no estar mirando nada en absoluto. Podría decirse que espera la muerte sin mayor expectativa. Un gato, al fondo, hace lo suyo sin prestar atención al conjunto. Otra vez se percibe una atmósfera de silencio quieto, introspectivo. La ausencia de contrastes tonales en la obra contribuye a que el hombre y los objetos reflejen cierta cualidad inmaterial.


 

“Caballo y tren” (Horse and train, 1954) muestra a un caballo de tonalidades oscuras galopando por entre los rieles de una vía férrea en dirección opuesta a un tren que se acerca a la distancia. El brillo de los rieles relaciona al tren y al caballo de modo inequívoco; la colisión es inevitable. Curiosamente, sin embargo, la imagen no refleja acción o velocidad; parece un instante detenido, eternizado, en donde se nos ofrece la posibilidad de apreciar la magnitud del evento que se aproxima. El caballo está en el aire, congelado en un momento del galope. Percibimos de golpe que el tiempo está hecho de instantáneas como esta.




 

En “Sabueso en el campo” (Hound in field, 1958) vemos a un perro en actitud de rastrear, tal vez una presa, en los linderos de un bosque. La figura del perro está resaltada a través de un foco preciso y tonos de color que lo despegan del paisaje. La mirada de animal está fija en algo que el espectador no puede ver. La pintura es un contrapunto entre la inclinación del paisaje y la postura inestable del perro. Se desprende una rara felicidad del conjunto.


 

“Luna y vaca” (Moon and cow, 1963) muestra también un contrapunto entre dos objetos. Una vaca recostada en un terreno ondulado cubierto por un pastizal seco, un cielo nocturno y la luna brillante. Nuevamente asistimos a la representación de la quietud contemplativa. La vaca mira a la luna, la luna no dice nada. Restos de un alambrado sugieren que tal vez haya, o alguna vez hubo, cierta presencia humana. No se nos dice qué ocurre exactamente, y está bien que así sea.


 

En “Pacífico” (Pacific, 1967) aparece un hombre recostado en el vano de una puerta abierta que da a una playa. El punto de vista está en el interior de la habitación, probablemente el living de un chalet. El hombre, cuya cabeza no llega a entrar en el cuadro, tiene el torso desnudo; la posición de su cuerpo transmite tranquilidad, tal vez determinación. En primer plano hay una mesa y sobre la mesa una pistola.



 

En “Perro y sacerdote” (Dog and priest, 1978) se nos muestra a los dos personajes en actitud de reposo mirando el mar desde un muelle o puente de madera. El perro está adelante, por lo que su cabeza tapa la del sacerdote, inclinado junto a él. Podría decirse que el semblante del perro refleja la del hombre, o que perro y sacerdote mantienen la misma perplejidad ante la inmensidad que se extiende ante sus ojos. No hay alegría ni tristeza en la mirada de Colville; siempre la misma atenta perplejidad, o tal vez reverencia, o tal vez revelación.



 

“Living room” (Living room, 2000) nos muestra tres personajes: un anciano a la izquierda (el propio pintor), un perro durmiendo y una mujer, a la derecha, tocando el piano. La escena transcurre en un interior escasamente iluminado. Cada personaje está en su propio mundo. La mujer aparece reconcentrada, posiblemente ejecutando suaves notas en el piano; el anciano tiene los ojos entrecerrados: puede estar escuchando la melodía, puede estar mirando al espectador, puede estar durmiendo, puede también estar muerto. Detrás suyo, tras la ventana, no hay nada más que la noche cerrada.

La página web dedicada al pintor nos dice que Colville murió pacíficamente, a los 93 años de edad, en su casa de Wolfville, Nueva Escocia. Su mujer había muerto, a los 91 años, el 31 de Diciembre del año anterior.

LA CUEVA DE CHAUVET

lunes, 19 de octubre de 2020

Louise Glück / Parábola de la bestia

 

Alex Colville



Louise Glück

PARÁBOLA DE LA BESTIA


El gato circula por la cocina

con el pájaro muerto,

su nueva posesión.

 

Alguien debería debatir sobre

ética con el gato, mientras investiga

el asunto ese del pájaro cojo:

 

en esta casa

no experimentamos

la voluntad así.

 

Dile eso al animal,

sus dientes ya hincados

en la carne de otro animal.


Louise Glück

Meadowland (1996).

lunes, 12 de octubre de 2020

Louise Glück / La decisión de Odiseo

Swimmer, 1962
Alex Colville


Louise Glück

LA DECISIÓN DE ODISEO

El gran hombre le da la espalda a la isla.
Su muerte no sucederá ya en el paraíso
ni volverá a oír
los laudes del paraíso entre los olivos,
junto a las charcas cristalinas bajo los cipreses.

Da comienzo ahora el tiempo en el que oye otra vez
ese latido que es la narración
del mar, al alba cuando su atracción es más fuerte.
Lo que nos trajo hasta aquí
nos sacará de aquí; nuestra nave
se mece en el agua teñida del puerto.

Ahora el hechizo ha concluido.
Devuélvele su vida,
mar que sólo sabes avanzar.

Louise Glück
Praderas


domingo, 11 de octubre de 2020

Louise Glück / El límite

Alex Colville


Louise Glück

EL LÍMITE

THE EDGE by Louise Glück

Una y otra vez, una y otra vez, ato

mi corazón a la cabecera de la cama

mientras mis acolchonados lamentos

se endurecen contra su mano. Está aburrido,

me doy cuenta. ¿Acaso no me trago sus engaños,

no pongo sus flores en agua? Lo miro cortar los trozos de carne

sobre el encaje de mamá,

distribuir magras porciones piadosamente… Puedo sentir sus muslos

contra mí por amor a los niños.

¿La recompensa? Por las mañanas, destrozada

por esta casa, lo miro tostar su pan

y probar su café, evadiéndose.

Las sobras son mi desayuno.




Louise Glück / Lamium

Nude and Dummy, 1950
Alex Colville






Louise Glück
Lamium
Versión de Eduardo Chirinos


Así se vive cuando tienes un corazón helado.

Como yo: entre sombras, arrastrándose sobre la roca fría,

bajo las copas inmensas de los arces.

El sol apenas me alcanza.

A veces, al comenzar la primavera, lo veo elevarse a lo lejos.

Luego crecen las hojas sobre él, hasta cubrirlo todo.

Siento su brillo entre las hojas, vacilante,

como quien golpea un vaso con una cuchara de metal.




No todos necesitan de la luz

en igual medida. Algunos

creamos nuestra propia luz: una hoja plateada

como un sendero que nadie puede recorrer, un lago de plata

poco profundo bajo la oscuridad de los arces.




Pero esto ya lo sabes.

Tú y aquellos que piensan

que viven por la verdad, y en consecuencia,

aman todo lo que es frío.


Louise Glück
El iris salvaje 

Louise Glück / Santas

 

To Prince Edward Island, 1965
Alex Colville


Louise Glück
Santas
Versión de Frank Báez

En nuestra familia había dos santas,
Mi tía y mi abuela.
Pero sus vidas  fueron distintas.

Mi abuela era tranquila, incluso al final de su vida.
Ella era como una persona andando en aguas  calmadas;
Por alguna razón
El mar no se atrevía a hacerle daño.
Cuando mi tía tomó el mismo camino,
las olas rompieron contra ella, la atacaron,
que es la forma en que El Destino
le responde a quienes tienen una
verdadera naturaleza espiritual.

Mi abuela fue cuidadosa, conservadora:
de ese modo ella evitó el sufrimiento.
Mi tía no escapó de nada:  
cada vez que el mar se retiraba,
alguien que ella amaba era arrastrado lejos.

Aún así, ella no experimentó
el mar como algo maligno. Para ella, era lo que era:
tan pronto tocaba la orilla se volvía violento.



sábado, 10 de octubre de 2020

Louise Glück / Semejanza final

Man on Verandah, 1953
Alex Colville


 Louise Glück

Semejanza final


La última vez que vi a mi padre ambos hicimos lo mismo.

El estaba parado en la puerta de su habitación,

esperando que yo acabase de hablar por teléfono.

Que él no estuviera pendiente a su reloj

era una señal de que quería conversar.

Conversar para nosotros siempre significó lo mismo.

El decía algunas palabras, yo decía unas de vuelta.

Y en eso consistía.

Casi terminaba agosto, hacía mucho calor, mucha humedad.

Al lado los trabajadores arrojaban gravilla fresca en la marquesina.

Mi padre y yo evitábamos estar solos;

No lográbamos conectarnos, hablar por hablar.

Era como si no existieran

otras posibilidades.

Así que esta era especial: cuando un hombre se esta muriendo,

hay de que hablar.

Debe haber sido temprano en la mañana. De un lado a otro de la calle

los aspersores empezaron a funcionar. El camión del jardinero

apareció al final de la cuadra

hasta que se detuvo para estacionarse.

Mi padre quería contarme cómo era eso de morirse.

Dijo que no estaba sufriendo.

Dijo que se había quedado esperando el dolor, aguardando, pero nunca vino.

Lo único que sentía era una especie de debilidad.

Le dije lo mucho que me alegraba, que me parecía que tenía suerte.

Algunos de los maridos se subían a sus carros para ir al trabajo.

No gente que conociéramos. Nuevas familias,

familias con niños pequeños.

Las amas de casa se paraban en la marquesina, gritando o haciendo ademanes.

Nos dijimos adiós como acostumbrábamos,

Sin abrazarnos, nada dramático.

Cuando el taxi vino, mis padres lo observaron desde la entrada,

Agarrados de las manos, mi mamá tirando besos como suele hacer,

ya que le molesta cuando una mano no se está usando.

Pero por primera vez, mi padre no sólo se quedó parado ahí.

Esta vez saludó.

Eso mismo hice yo en la puerta del taxi.

Como él, saludé para esconder el temblor de mi mano.



viernes, 9 de octubre de 2020

Louise Glück / Puerto deportivo

 

Alex Colville


Louise Glück

PUERTO DEPORTIVO


Mi corazón era un muro de piedra
que tú de todas formas traspasaste.

Mi corazón era un jardín isleño
a punto de ser pisoteado por ti.

Tú no querías mi corazón;
tú ibas de camino a mi cuerpo.

Nada de eso fue mi culpa.
Lo eras todo para mí,
no sólo belleza y dinero.
Cuando hacíamos el amor
el gato se iba a otro cuarto.

Entonces me olvidaste.

No en vano
las piedras
se estremecían alrededor del jardín enmurallado:

no hay nada allí ahora
excepto ese salvajismo que la gente llama naturaleza,
el caos que se hace con todo.

Me llevaste a un lugar
donde llegué a ver la maldad en mi carácter
y me dejaste ahí.

El gato abandonado
gimotea en el dormitorio vacío.

Louise Glück / La terquedad de Penélope

Alex Colville



Louise Glück

La terquedad de Penélope

VERSIÓN DE ANDRÉS CATALÁN


Un pájaro llega a la ventana. Es un error
considerarlos solamente
pájaros, muy a menudo son
mensajeros. Por eso, una vez
se precipitan sobre el alféizar, se quedan
perfectamente quietos, para burlarse
de la paciencia, alzando la cabeza para cantar
pobrecita, pobrecita, un aviso
de cuatro notas, para volar luego
del alfeizar al olivar como una nube oscura.
¿Pero quién enviaría a una criatura tan liviana
a juzgar mi vida? Tengo ideas profundas
y mi memoria es larga; ¿por qué iba a envidiar esa libertad
cuando tengo humanidad? Aquellos
que tienen el corazón más diminuto son dueños
de la mayor libertad.



Louise Glück / El dilema de Telémaco

 

Couple on Beach, 1957
Alex Colville


Louise Glück

EL DILEMA DE TELÉMACO


Nunca me decido
sobre qué poner
en la tumba de mis padres. Sé
lo que él quiere: él quiere
'amado', lo que ciertamente resulta
muy exacto, sobre todo
si contamos a todas esas
mujeres. Pero
eso dejaría a mi madre
en la intemperie. Ella me dice
que en realidad no le importa
lo más mínimo; ella prefiere
ser descrita
por sus logros. No tendría yo mucho
tacto si les recordara
que uno
no honra a sus muertos
perpetuando sus vanidades, sus
auto-proyecciones.
Mi propio criterio me recomienda
exactitud sin
palabrería; son
mis padres y, en consecuencia,
los visualizo juntos,
a veces me inclino por
'marido y mujer, a veces por
fuerzas contrarias'.

Louise Glück / El deseo

 

Alex Colville

Louise Glück

EL DESEO

¿Te acuerdas de cuando pediste un deseo?

Yo pido muchos deseos.

Cuando te mentí
sobre lo de la mariposa. Siempre me pregunté
qué pediste.

¿Qué crees que pedí yo?

No sé. Que volvería,
que al final de alguna manera estaríamos juntos.

Pedí lo que siempre pido.
Pedí otro poema.




Louise Glück / El vestido

 

Alex Colville


Louise Glück

El vestido


Se me secó el alma.
Como un alma arrojada al fuego,
pero no del todo,
no hasta la aniquilación. Sedienta,
siguió adelante. Crispada,
no por la soledad sino por la desconfianza,
el resultado de la violencia.

El espíritu, invitado a abandonar el cuerpo,
a quedar expuesto un momento,
temblando, como antes
de tu entrega a lo divino;
el espíritu fue seducido, debido a su soledad,
por la promesa de la gracia.
¿Cómo vas a volver a confiar
en el amor de otro ser?

Mi alma se marchitó y se encogió.
El cuerpo se convirtió en un vestido demasiado
grande
para ella.
Y cuando recuperé la esperanza,
era una esperanza completamente distinta.

Louise Glück
Vita Nova