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viernes, 15 de enero de 2021

Bob Woodward / “La democracia ha resistido, el fracaso ha sido Trump”

 



Bob Woodward: “La democracia ha resistido, el fracaso ha sido Trump”

El legendario periodista, dos veces premio Pulitzer, considera que el presidente ha fallado en proteger a los estadounidenses



Amanda Mars
Washington, 14 de enero de 2021

El pasado verano, cuando faltaba medio año para terminar el primer mandato de Donald Trump, el legendario reportero Bob Woodward (Geneva, Illinois, 77 años) creía que “cualquier cosa”, al menos “casi cualquier cosa”, podía aún pasar en la presidencia del republicano. Es la conclusión a la que llegaba en su último libro, Rage (en español, Rabia, editado por Roca), segundo volumen sobre la era Trump. Pero también hacía este dictamen:

jueves, 14 de enero de 2021

Segundo ‘impeachment’ a Trump

 

Donald Trump


Segundo ‘impeachment’ a Trump

La Cámara de Representantes de EE UU ha aprobado un nuevo juicio político en contra del presidente, con los votos demócratas y el apoyo de una decena de republicanos, por incitación a la insurrección. La arenga a sus seguidores para que avanzasen sobre el Congreso el pasado 6 de enero, cuando los legisladores se aprestaban a ratificar Joe Biden, y que acabó en el asalto al Capitolio, ha fundamentado la acusación.

sábado, 16 de mayo de 2020

Donald Trump / El virus entra en casa del hombre con más fobia a los gérmenes


Donald Trump, este viernes, flanqueado por la doctora Deborah Birx y el doctor Anthony Fauci.
Donald Trump, este viernes, flanqueado por la doctora Deborah Birx y el doctor Anthony Fauci.MANDEL NGAN / AFP

LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

El virus entra en casa del hombre con más fobia a los gérmenes: Donald Trump

El presidente siempre ha detestado estrechar las manos, lava las suyas con obsesión y le saca de quicio que estornuden dentro del mismo cuarto. Los primeros contagios han sacudido la vida en el ala oeste de la Casa Blanca, pero el republicano vive un confinamiento heterodoxo, con vistas a la elección de noviembre


AMANDA MARS
Washington, 16 de mayo de 2020

A quien haya seguido los últimos meses de la actualidad estadounidense, le puede sorprender que no hay mucha gente en el mundo con tanta fobia a los virus, los gérmenes y las enfermedades infecciosas como Donald Trump. El presidente que durante semanas minimizó el riesgo de la covid-19, que no se pone una mascarilla ni por asomo y que ansía reabrir el país cuanto antes, ha sufrido toda su vida de una misofobia confesa. Detesta estrechar las manos, lava las suyas con obsesión, le saca de quicio que estornuden dentro del mismo cuarto y siempre ha evitado tocar los botones de llamada de los ascensores. Cuando su hijo menor, Barron, tenía apenas un año y se ponía malo, pedía que no se lo acercaran.
Esas manías las ha contado él mismo a lo largo de su pública y notoria vida. “No soy muy fan de dar la mano. Creo que es una costumbre bárbara. Hay informes médicos todo el tiempo, dando la mano te agarras resfriados, gripe. De todo. Quién sabe qué contraes…”, advertía en el programa Later Today, de la NBC, en 1999. “El otro día vino un tipo, estornudó, se tapó la nariz con la mano y vino a dármela… ¿Se supone que tengo que hacerlo?”, dijo un mes después, en otra entrevista, cuando se planteaba por primera vez entrar en la carrera por la Casa Blanca. Mientras la ABC grababa una entrevista en el Despacho Oval en julio, Trump interrumpió la conversación: “Eso no me gusta, eso no me gusta”, dijo de pronto. Su entonces jefe de gabinete, Mick Mulvaney, había tosido. “Si vas a toser, sal, no puedes toser. Chico, oh, chico…”, dijo irritado.
Y Anthony Scaramucci, breve director de comunicación en la Casa Blanca, contó que una vez, cuando se disponía a sentarse en el avión presidencial, el Air Force One, el mandatario percibió que estaba resfriado. Envió al doctor que siempre lo acompaña, entonces Ronny Jackson, y este administró a Scaramucci una inyección de penicilina y cortisona en el trasero. Solo después pudo volver al mismo espacio que Trump. Otro día, mientras trabajaban, Scaramucci se humedeció la yema del dedo con la lengua para pasar unas páginas y Trump le espetó: “¡Qué haces, asqueroso!”.
La historia ha querido que la peor pandemia en un siglo se haya encontrado como presidente de Estados Unidos a una estrella de la telerrealidad que siente aversión por los gérmenes y las enfermedades. Y que, al mismo tiempo, se ha saltado las recomendaciones más básicas impulsadas por su propio Gobierno: en el mismo encuentro en el que anunció con solemnidad la declaración de emergencia nacional, a mediados de marzo, se puso a estrechar la mano del resto de oradores; se ha negado implícita y explícitamente a usar mascarilla y, por supuesto, ya ha retomado su agenda de viajes con la mirada puesta en la campaña de reelección. Una incoherencia marca de la casa, a medio camino entre su conocido espíritu de contradicción y cálculo político muy determinado.
Pero la semana pasada, cuando dieron positivo su ayudante de cámara, uno de los militares de alto rango que le sirven, y una asistente del vicepresidente, las alarmas sonaron en el número 1600 de la Avenida Pensilvania. Al republicano le exasperó saber que el ayudante no llevase mascarilla, según contaron fuentes del Gobierno a The New York Times, y ahora detesta que la gente se le acerque demasiado.
Y eso puede resultar inevitable. El ala oeste de la Casa Blanca es un lugar repleto de gente, máxime en la mayor crisis desde la Segunda Guerra Mundial. “Da miedo ir a trabajar”, confesó el consejero económico Kevin Hassett en la CBS, el domingo de la semana pasada. “Es un lugar pequeño y atestado, pero tienes que hacerlo para servir a tu país”, añadió.
El punto de inflexión había tenido lugar apenas tres días antes. El jueves, 7 de mayo, la CNN avanzó el contagio del ayudante de cámara, que había estado en la misma sala que el presidente por última vez el martes anterior. En las pruebas inmediatas realizadas, Trump y Pence dieron negativo. El viernes, Katie Miller, la portavoz del vicepresidente, Mike Pence, también dio positivo. La noticia llegó cuando Pence y varios miembros de su gabinete se encontraban ya embarcados en el avión oficial para dirigirse a Iowa. Y, aunque Miller no iba en la comitiva, seis asistentes que habían tenido contacto con ella abandonaron la nave para realizarse las pruebas. Dieron negativo, pero aun así se fueron a casa por precaución.
Ahora trabaja a distancia todo el personal posible, práctica que hasta entonces no se recomendaba de forma entusiasta, y tanto el presidente, como el vicepresidente y los equipos que los rodean se realizan pruebas rápidas a diario, en lugar de una vez por semana. Stephen Miller, asesor de Trump para asuntos migratorios y esposo de la portavoz de Pence, no pondrá los pies en la Casa Blanca en una buena temporada. Tres miembros del equipo de trabajo para el coronavirus del presidente, incluido el epidemiólogo Anthony Fauci, cara visible de la divulgación científica sobre el virus para los estadounidenses, decidieron guardar semicuarentena.
Y las mascarillas, que, según relataron fuentes de la Administración a la prensa local, disgustaban a Trump porque las veía síntoma de debilidad —y, sobre todo, daban una imagen de gravedad, en un momento de lucha por la reelección a la presidencia—, se han convertido en obligatorias para todos. Menos para Trump, que nunca aparece con ellas. Y se ha extremado el uso de los geles sanitarios, que el magnate neoyorquino ya usaba con fruición desde que llegó a la Casa Blanca hace tres años.
De Melania Trump y su hijo Barron poco se sabe, recluidos como están en el ala este de la Casa Blanca, y, en realidad, no mucho más alejados de los focos de lo que están habitualmente. A Trump, la crisis social y económica que sufre el país a unos meses de las elecciones le ha empezado a hacer mella. El domingo, Día de la Madre, tuiteó 126 veces (su tercera cota de la presidencia), disparando a diestro y siniestro, y hace unas semanas expresó enfado incluso con la cadena conservadora Fox, su medio de cabecera, por difundir lo que él llama “argumentario demócrata”. La pandemia ha sacudido el 1600 de Pensilvania Avenue.
EL PAÍS


sábado, 11 de abril de 2020

El coronavirus ya ha matado a más de 100.000 personas en el mundo





LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

El coronavirus ya ha matado a más de 100.000 personas en el mundo

Estados Unidos concentra casi uno de cada tres contagiados, que superan los 1,6 millones. España es el país más castigado por la pandemia en términos de población


Amanda Mars
11 de abril de 2020

La pandemia del coronavirus ya ha segado la vida de más de 100.000 personas en el mundo y superado los 1,6 millones de contagios. Las cifras, actualizadas este viernes por el centro de datos de la Universidad Johns Hopkins, la principal referencia de ámbito global, supone romper una de esas barreras simbólicas de los números redondos, pero es tan solo una aproximación, ya que expertos de varios países reconocen que muchos pacientes han fallecido sin haber sido diagnosticados y, la transparencia de otros, como China, deja tanto que desear que la información que proporcionan queda en tela de juicio.

martes, 7 de abril de 2020

El coronavirus se ensaña con los afroamericanos en Estados Unidos





Personal sanitario atiende a una mujer en un hospital improvisado en el Bronx, Estados Unidos.
Personal sanitario atiende a una mujer en un hospital improvisado en el Bronx, Estados Unidos.MISHA FRIEDMAN/GETTY IMAGES

LA CRISIS DEL CORONAVIRUS

El coronavirus se ensaña con los afroamericanos en Estados Unidos

Ciudades como Chicago registran la mayor brecha: los negros son el 30% de la población pero sufren el 70% de los fallecimientos por la pandemia


Amanda Mars
Washington, 7 de abril de 2020

En Chicago, los afroamericanos representan el 30% de la población, pero suponen el 52% de los contagios confirmados por Coronavirus y siete de cada 10 fallecidos por esta causa. En el sureño Estado de Luisiana, una de las zonas más castigadas por la pandemia, son igualmente una tercera parte de los habitantes, pero han sufrido el 70,4% de las muertes. En la ciudad de Milwaukee (Wisconsin), la tónica se repite en proporciones similares. En el Estado de Michigan, son el 14% la población, pero representan el 33% de los positivos y el 41% de los decesos. Y en la capital del país, Washington DC, también los afroamericanos registran una mayor tasa de incidencia –son el 46% de los ciudadanos y el 58% de las muertes–, aunque las cifras son incompletas.

No hay información aún sobre el nivel de incidencia de la pandemia por raza en el ámbito nacional y solo algunos Estados han empezado a publicar los datos desagregados, pero todos los números disponibles hasta ahora han arrojado una conclusión muy similar: los negros están sufriendo en Estados Unidos el azote del virus con más dureza que los blancos.

La tendencia casa con el punto de partida del estado de salud general de la comunidad afroamericana. Según los datos oficiales del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de la Administración (CDC, por sus siglas en inglés), los negros de entre 18 y 49 años tienen dos veces más probabilidades de morir de una enfermedad cardíaca que los blancos, y los de entre 35 y 64 tienen un 50% más de posibilidades de sufrir hipertensión que los blancos. También ocurre con la diabetes y otras condiciones preexistentes que convierten a un ciudadano en carne de cañón para este virus atroz. En Chicago, por ejemplo, la brecha entre la esperanza de vida de un blanco y un negro es de casi nueve años.

“Esto quita la respiración”, dijo el lunes la alcaldesa de Chicago, Lori Lightfoot, “no podemos simplemente quedarnos quietos mientras esta enfermedad causa estragos en nuestras comunidades”. Los datos, admitió Lightfoot, siguen resultando insuficientes y probablemente no recogen toda la magnitud del zarpazo del virus en comunidades como la hispana, que solo representan el 14% de los casos, con los datos disponibles, pese a suponer el 29% de la población.

Esta crisis ha exhibido los efectos de la desigualdad en la salud en Estados Unidos. La comisaria de Salud pública de Chicago, Allison Awardy, señaló que, incluso contando con el mismo acceso a los servicios médicos, las diferencias en salud se mantendrían por otros factores socioeconómicos. “Las condiciones de esta comunidad, los agujeros en su red de seguridad, la diferencia de oportunidad, y el racismo institucional que ha conducido a estas inequidades durante años se están reflejando en los números de la pandemia”, apuntó.“No es una historia sorprendente, pero es una historia que requiere acción a corto plazo”, agregó.

Tampoco resulta chocante que en la ciudad de Nueva York, zona de cero de la pandemia en Estados Unidos, los distritos de menores ingresos estén sufriendo una mayor incidencia del virus, dado que las medidas de aislamiento recomendadas para frenar los contagios dejan fuera a los trabajadores de servicios esenciales, como la obra civil, la alimentación y la limpieza, empleos ejercidos por la clase media o baja. Según datos de la semana pasada, había alrededor de 616 casos confirmados por cada 100.000 habitantes en Queens y 584 en el Bronx, frente a los 376 de Manhattan.

Sin embargo, ni el Estado de Nueva York ni otros clave por el gran número de contagios, como Nueva Jersey y California, han segregado la información por razas. El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, señaló este martes en su rueda de prensa diaria que harían públicos los datos en los próximos días.

Para el alcalde de Detroit (Michigan), Mike Dugan, “está claro que lo que la Covid-19 está haciendo es agravar la disparidad racial del país”. Según los datos publicados por Associated Press, la ciudad del motor, con un 80% de población afroamericana, ha alcanzado ya los 5.032 casos y 196 fallecidos y ese parte de guerra es el 80% de todo el Estado.

La diferencia entre negros y blancos en esta pandemia también incluye los sesgos en el tratamiento, según los datos de una empresa de biotecnología citadas esta semana por la cadena pública de radio NPR. La firma de Boston Rubix Life Sciences analizó la información de las facturas médicas en varios Estados y concluyó -en un informe en marzo- que a los pacientes afroamericanos con síntomas como tos o fiebre se les administraba un test de coronavirus en menor proporción que al resto de la población.


lunes, 6 de abril de 2020

El coronavirus en EE UU / La semana que empezó el miedo



Donald Trump


LA CRISIS DEL CORONAVIRUS


Coronavirus en Estados Unidos: La semana que empezó el miedo

La cifra de fallecidos se multiplica, los nuevos parados ya se cuentan por millones y el ‘statu quo’ de la meca del liberalismo ha saltado por los aires



Amanda Mars
Washington, 28 de marzo de 2020

Los cafés y bares de la calle 7, en el distrito noroeste de la ciudad Washington, han cerrado. También la mayor parte de restaurantes, aunque algunos han dejado una barra abierta para recoger pedidos. Y los museos de la zona, como la National Portrait Gallery, donde uno puede recorrer toda la historia estadounidense a través de los retratos de cada uno de sus presidentes. O el Capital One Arena, el pabellón donde juegan los Capital de hockey sobre hielo y los Wizards de baloncesto. Todo Chinatown, una de las arterias vibrantes de la capital, se ha apagado. Los turistas de todo el país, que los fines de semana desbordan la acera con sus gorras de amor a Trump, o con sus gorras de odio a Trump, se han evaporado.

miércoles, 30 de enero de 2019

Sexo, dinero y grabaciones / La ‘hoguera’ de Trump






Trump asiste al 40º aniversario de la revista 'Playboy', celebrada en el hotel Park Hyatt de Nueva York en 1993.  WIREIMAGE

Sexo, dinero y grabaciones: la ‘hoguera’ de Trump

El caso más peligroso judicialmente para el presidente de EE UU que trascendido por el momento de la trama rusa no procede del espionaje, sino los escándalos relacionados con su vida privada


AMANDA MARS
Washington 29 DIC 2018 - 14:50 COT

El tipo estaba podrido de dinero. Nacido ya rico, hijo de un constructor de viviendas en los barrios humildes de Nueva York, había dado el salto a Manhattan en los setenta, cuando muy pronto empezaron a brotar los rascacielos con su nombre en letras doradas. Excesivo, lenguaraz y adicto a la fama, se había lanzado también al mundo de la televisión para presentar un programa de telerrealidad: The Apprentice.
Un día de junio de 2006, durante una fiesta en la Mansión Playboy de Los Ángeles, se topó con la modelo Karen McDougal. Cuenta la mujer que unos días después charlaron por teléfono, que quedaron en un hotel de Beverly Hills para cenar y que, en un momento dado, se desnudaron. Así comenzó un supuesto idilio que se prolongaría hasta 2007, cuando, dice, la culpa se apoderó de ella: el millonario apenas llevaba casado un año con su tercera esposa, que acababa de dar a luz un hijo. Por aquella época, ese empresario también conoció a Stormy Daniels, nombre artístico de una actriz de cine pornográfico con la que coincidió en un torneo de golf. Años después, ella también reveló un affaire.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Seis actrices denuncian al magnate Harvey Weinstein ante un tribunal

Harvey Weinstein

Seis actrices denuncian al magnate Harvey Weinstein ante un tribunal

El caso señala las maniobras del productor y sus colaboradores para encubrir los abusos sexuales como "crimen organizado" y busca representar a decenas y cientos de mujeres


AMANDA MARS
Washington 7 DIC 2017 - 04:18 COT

El escándalo Harvey Weinstein ya está en los tribunales. Seis mujeres han demandado al gran productor de Hollywood ante un juzgado federal de Nueva York alegando que sus estratagemas y las de sus colaboradores para encubrir abusos sexuales suponen una organización delictiva. Weinstein ha sido acusado por decenas de mujeres de distintos grados de agresión o asedio y dado lugar a una gran ola de denuncias contra en el acoso.

martes, 7 de noviembre de 2017

¿Què pasó, Hillary Clinton?


Hillary Clinton

¿Qué pasó, Hillary Clinton?

El libro de la candidata presidencial derrotada, desde el martes a la venta, es una mezcla de testamento, autocrítica y también ajuste de cuentas: contra el director del FBI, contra Bernie Sanders, contra Rusia...


AMANDA MARS
Washington 12 SEP 2017 - 11:20 COT

Cuando Donald Trump anunció su candidatura a la Casa Blanca, en el verano de 2015, se propagó una teoría conspirativa según la cual el empresario neoyorquino estaba conchabado con el matrimonio Clinton para revirar la campaña republicana y favorecer la llegada de Hillary a la presidencia. Así de estrafalaria parecía la carrera electoral del magnate, más aún sus posibilidades de victoria, y por eso mismo la derrota demócrata resultó sonada. ¿Qué pasó? Desde el 8 de noviembre, noche electoral, se ha escrito un mar de páginas tratando de explicarlo, pero este martes han salido a la venta las 512 escritas por la vencida y en ellas entona el mea culpa, pero también señala al exdirector del FBI, James Comey, a su contrincante progresista, Bernie Sanders, pasando por el Gobierno ruso y –veladamente en parte a Barack Obama.

martes, 28 de junio de 2016

Martin Amis / “Ya no veo lejanas a las víctimas del Holocausto”


Martin Amis
Foto de Colin McPherson

Martin Amis

“Ya no veo lejanas a las víctimas del Holocausto”

El escritor publica en español su nueva novela, 'La Zona de Interés', que suscitó una agria polémica por abordar la Shoah con tono sarcástico


Amanda Mars
Nueva Yprk
20 de septiembre de 2015


Martin Amis (Oxford, Reino Unido, 1949) abre la puerta de su casa en Brooklyn el 11 de septiembre, un aniversario maldito en Estados Unidos, pero la cara de decepción del escritor tiene que ver esta vez con el tenis: “Serena ha perdido”, son las primeras palabras que arrastra en el recibidor. Amis publica a finales de este mes en español La Zona de Interés (Anagrama), una novela en la que vuelve a tratar el Holocausto y cuyo tono satírico levantó una polvareda de críticas al editarse hace un año. ¿Se puede hacer sátira del horror? Varios ejemplares del último libro con el que ha osado hacerlo, en distintos idiomas, se encuentran repartidos por la casa, pero sobre la mesa de la cocina reposa el Cartas a Véra,de Vladimir Nabokov, que está releyendo. Amis se muestra poco inclinado a frecuentar a los autores vivos.
Martin Amis, en su casa de Brooklyn, Nueva York.
Foto de  

Pregunta. ¿Por qué no lee nueva literatura?
Respuesta. Es sentido común. Leer a escritores jóvenes o más jóvenes que yo no es una forma eficiente de usar el tiempo de lectura. Solo leo a mis amigos: Zadie Smith, Will Self… Pero no porque sean jóvenes. El modo de juzgar el valor de una novela, un cuadro o un poema es cuánto perdura. El único juez de una obra es el tiempo. Si un libro perdura un siglo, probablemente es bueno; si dura 10 años, no demasiado. Así que suelo leer obras de autores muertos porque sus obras han sobrevivido, mientras que leer la novela de un autor de 25 años es una apuesta… Y no muy sensata.