Criar cuervos como María Antonieta y darles voz como Poe
Los córvidos han inspirado supersticiones, leyendas, novelas y poemas. Su fuerte carga simbólica aterrorizó a Napoleón y fascinó a los románticos
Boria Sax
25 de junio de 2019
En la campiña inglesa ha persistido hasta hoy cierta consideración hacia el cuervo, la cual a veces raya en la reverencia. A finales del siglo XVIII, el pastor y naturalista Gilbert White hablaba de manera conmovedora de los córvidos en The Natural History of Selborne. Desde tiempos inmemoriales, los cuervos habían anidado en la cima de la copa de un enorme roble a las afueras del pueblo. Los muchachos de varias generaciones habían tratado de trepar por el roble, pero era en vano, ya que abandonaban ante lo imponente de la tarea. Finalmente, talaron el roble para proporcionar madera para el Puente de Londres. Hicieron un corte en el tronco y colocaron cuñas en su interior, y el árbol se sacudió con los fuertes golpes de las mazas hasta que el tronco por fin empezó a caer. La madre de la familia de los cuervos, sin embargo, se negó a marcharse y a abandonar su nido y a sus polluelos, de manera que acabó cayendo al suelo y murió. El pastor White, un observador excepcionalmente atento y sin inclinaciones al melodrama, se limitó a comentar acerca de la madre cuervo que “su afecto maternal merecía un destino mejor”. Los lectores quizá la viesen como una mártir de la industria y el comercio.