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lunes, 31 de marzo de 2014

Romain Gary / Los habitantes de la tierra


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Fotografía de Lee Jefrees
Romain Gary
BIOGRAFÍA
LOS HABITANTES DE LA TIERRA
Traducción de Luis Echevarri

En la carretera de Hamburgo a Neugern había antes de la guerra una aldea que se llamaba Paternosterkirchen. La región fue en otro tiempo célebre por su industria del vidrio, y en la plaza principal del lugar, delante del Palacio del Burgomaestre, los turistas iban a admirar la famosa fuente del Soplador, que representaba al legendario Johann Krull, artesano que había jurado soplar su alma en un trozo de vidrio de Paternosterkirchen para que la industria que daba fama a la región pudiese estar representada dignamente en el Paraíso. La estatua del buen Johann en el acto de realizar su proeza, así como el Palacio del Burgomaestre, curioso edificio del siglo xiii, en el que se conservaban las muestras de todas las piezas sopladas en Paternosterkirchen, han desaparecido al mismo tiempo que el resto de la pequeña población durante el último conflicto mundial, a consecuencia de un error en el bombardeo.

domingo, 23 de marzo de 2014

Romain Gary / Los pájaros van a morir al Perú


Romain Gary
BIOGRAFÍA
LOS PÁJAROS VAN A MORIR AL PERÚ
 Traducción de Luis Echevarri

Salió a la terraza y volvió a tomar posesión de su soledad: las dunas, el océano, millares de aves muertas en la arena, una canoa, el orín de una red, con a veces algunas señales nuevas: la osamenta de una ballena varada, huellas de pasos, un rosario de barcas de pesca a lo lejos, allí donde las islas de guano competían en blancura con el cielo. El café se alzaba sobre pilotes en medio de las dunas; el camino pasaba a cien metros de allí; no se lo oía. Un puente en escalera descendía hacia la playa; lo levantaba todas las noches desde que dos bandidos huidos de la prisión de Lima le habían molido a botellazos mientras dormía, pero por la mañana los había encontrado completamente borrachos en el bar. Se acodó en la balaustrada y fumó su primer cigarrillo contemplando las aves caídas en la arena; algunas de ellas palpitaban todavía. Nadie había podido explicarle nunca por qué abandonaban las islas de alta mar para ir a expirar en aquella playa, a diez kilómetros al norte de Lima; nunca iban más al norte ni más al sur, sino a aquella estrecha faja de arena de tres kilómetros de longitud exactamente. Quizá éste era para ellos un lugar sagrado, como Benarés para los indios, adonde van los fieles para entregar el alma; iban a arrojar allí su osamenta antes de echarse a volar verdaderamente. O quizá volaban simplemente en línea recta desde las islas de guano, que eran peñascos desnudos y fríos, en tanto que la arena era suave y cálida, cuando su sangre comenzaba a helarse y sólo les quedaban las fuerzas suficientes para intentar la travesía. Hay que resignarse, pues siempre hay para todo una explicación científica. Se puede, evidentemente, refugiarse en la poesía, hacer amistad con el océano, escuchar su voz, seguir creyendo en los misterios de la naturaleza. El es un poco poeta, un poco soñador... Se refugia en el Perú, al pie de los Andes, en una playa donde todo acaba, después de haber combatido en España, en la resistencia de Francia, en Cuba, porque a los cuarenta y siete años ha aprendido a pesar de todo su lección, y ya nada espera de las buenas causas ni de las mujeres; se consuela con un bello paisaje. Los paisajes rara vez os traicionan. Un poco poeta, un poco re... Por lo demás la poesía será explicada un día científicamente, estudiada como un simple fenómeno secretorio. La ciencia avanza triunfalmente sobre el hombre por todos lados. Uno se hace propietario de un café en las dunas de la costa peruana con el océano solamente como compañía, pero también para ello existe una explicación, ¿no es el océano la imagen de una vida eterna, la promesa de una supervivencia, de un último consuelo? Un poco poeta... Hay que esperar que el alma no exista; es para ella la única manera de no dejarse prender. Los sabios calcularán pronto su masa exacta, su consistencia, su velocidad ascensional... Cuando se piensa en todos los millares de millones de almas que se han echado a volar desde el comienzo de la historia hay motivo para llorar: una prodigiosa fuente de energía malgastada; construyendo barreras para captarlas en el trance de su ascensión se habría tenido con que iluminar la tierra entera. El hombre será pronto enteramente utilizable. Ya se le han tomado sus sueños más bellos para hacer con ellos guerras y prisiones. En la arena estaban todavía en pie las aves recién llegadas. Contemplaban las islas. Las islas, en su mayor parte, estaban cubiertas de guano; es una industria muy provechosa, y el rendimiento de un cormorán en guano en el curso de su existencia puede hacer vivir a una familia entera durante el mismo lapso. Después de haber cumplido así su misión en la tierra las aves venían aquí para morir. En resumidas cuentas él podía decir que también había cumplido su misión: la última vez en la Sierra Madre, con Castro. El rendimiento en idealismo de un alma grande puede hacer vivir a un régimen policial durante el mismo período de tiempo. Un poco poeta, eso era todo. Pronto se irá a la luna y ya no habrá luna. Arrojó su cigarrillo a la arena. «Un gran amor puede arreglar naturalmente todo eso», pensaba burlonamente, con un deseo bastante fuerte de reventar. A veces la soledad se apoderaba de él así por la mañana, la mala soledad, la que os aplasta en vez de ayudaros a respirar. Se inclinó hacia la polea, asió la cuerda, bajó el puente y entró para afeitarse, contemplando, como cada mañana, su rostro con sorpresa en el espejo: « ¡Yo no he querido esto!», se dijo cómicamente. Con todos sus cabellos grises y las arrugas se veía muy bien lo que aquello iba a dar dentro de uno o dos años: «Ya no te quedará más que refugiarte en el género distinguido». El rostro era largo, delgado, con ojos fatigados y una sonrisa irónica que hacía lo que podía. Ya no escribía a nadie, ya no recibía cartas, no conocía a nadie; había roto con los demás, como se hace siempre cuando se trata en vano de romper con uno mismo.