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sábado, 6 de enero de 2018

John Ashbery / Elogio de la poesía que no se entiende

John Ashbery

Elogio de la poesía que no se entiende

Un solo verso puede quedar latente en la memoria hasta que un día enciende su significado. Y hay poemas aparentemente oscuros que son en realidad muy sencillos


ANDREU JAUME
12 SEP 2017 - 05:16 COT





Los poetas estadounidenses Elizabeth Bishop y John Ashbery. 
Los poetas estadounidenses Elizabeth Bishop y John Ashbery.  BETTMANN ARCHIVE

La muerte de John Ashbery (1927-2017) nos invita a pensar en la tradición poética en la que se cimentó su prestigio y de la que ha sido el último superviviente. Es verdad que su obra es compleja, aunque no siempre sea oscura. Quizá haya ahí un malentendido que no sólo le afecta a él y que tiene que ver con la habilidad para leer poesía.


Como decía Eliot, toda gran poesía comunica antes de ser entendida. Pero no se refería tan sólo a la poesía que comúnmente se define como difícil, sino también a muchos poemas aparentemente sencillos que en la vida de uno tardan mucho tiempo en desplegar todo su sentido. Un solo verso —por ejemplo, este de Antonio Machado: “Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería”— puede quedar latente en la memoria hasta que un día enciende la seriedad de su significado. El propio Ashbery comentó que había un verso de Elizabeth Bishop cuyo enigma siempre le acompañó: “and looked and looked our infant sight away” [“y mirábamos y mirábamos la mirada perdida de nuestra criatura”]. Del otro lado, hay poesía aparentemente oscura que es en realidad muy sencilla o incluso idiota. Muchos de los admirables artefactos verbales de Mallarmé, sin ir más lejos, esconden acertijos pueriles.

John Ashbery / Eco tardío



John Ashbery
ECO TARDÍO
Traducción de Roberto Echavarren

Solos con nuestra locura y nuestra flor favorita
vemos que no hay de veras nada acerca de qué escribir.
O más bien, es necesario escribir acerca de las mismas cosas.
de la misma manera, repitiendo las mismas cosas una y otra vez
para que el amor continúe y sea gradualmente diferente.
Las colmenas y las hormigas tienen que ser reexaminadas eternamente
y el color del día registrado
cientos de veces y variado de verano a invierno
para que se enlentezca el ritmo hasta una auténtica
sarabanda y se entrevere allí, vivo y reposado.

Sólo entonces la falta de atención endémica
de nuestras vidas puede enroscarse alrededor de nosotros , amistosa,
y con un ojo puesto en esas largas sombras teñidas y afelpadas
que hablan tan hondo a nuestra falta de preparación y
conocimiento acerca de nosotros mismos, los motores parlantes de nuestro día.

John Ashbery
Como un proyecto del que nadie habla 
El Tucán de Virginia, 1993



viernes, 5 de enero de 2018

Antonio Muñoz Molina / En una casa de John Ashbery

John Asbery

En una casa de John Ashbery

En cada poema de este estadounidense hay una proximidad con la música que no he visto casi nunca en la literatura



ANTONIO MUÑOZ MOLINA
15 SEP 2017 - 17:04 COT



John Ashbery, retratado en su casa en 2010.Ampliar foto
John Ashbery, retratado en su casa en 2010.EAMONN MCCABE / GETTY

Leí por primera vez a John Ashbery una noche que me encontraba en una gran casa de invitados en la que yo era el único huésped, en un claro en un bosque, en Bard College, al norte del Estado de Nueva York. Durante horas había rugido una tormenta. Poco a poco el viento se calmó y cesó la lluvia, y dejó de oírse el fragor de los árboles, altas coníferas oscuras. El cielo estaba despejado y tan reluciente de constelaciones como los cielos de las noches limpias de invierno de la niñez. Inquieto en la habitación, sin poder dormirme, sin una lectura que me apaciguara, era consciente de la amplitud desierta de la casa donde me encontraba. Era una de esas veces en las que uno llega a un sitio y tiene una profunda sensación de intensidad espacial, una conciencia muy aguda de las posibilidades contenidas en ese lugar, una punzada en la imaginación. Puede que no suceda nada memorable, pero está muy claro que podría suceder. Lugares así aparecen luego obstinadamente en los sueños y en las novelas.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

John Ashbery / Mi doble erótico




John Ashbery
MI DOBLE ERÓTICO
Traducción de Roberto Echavarren

Dice que no tiene ganas de trabajar hoy.
Da igual. Aquí en la sombra
detrás de la casa, protegido de los ruidos de la calle,
uno puede repasar todo tipo de viejo sentimiento,
tirar algunos, guardar otros.
                                                               El intercambio
entre nosotros se vuelve más intenso cuando hay
menos sentimientos alrededor para confundir las cosas.
¿Otra vuelta? No, pero las cosas últimas
que encuentras para decir son encantadoras siempre y me rescatan
antes de la noche. Flotamos
en nuestros sueños como una balsa de hielo,
atravesados de preguntas y fisuras de luz estelar
que nos mantienen despiertos, pensando en los sueños
a medida que suceden. Un suceso. Tú lo has dicho.

Lo dije pero lo puedo ocultar. Pero no me da la gana.
Gracias. Eres una persona muy amable.
Gracias. Tú también.


John Ashbery
Como un proyecto del que nadie habla 
El Tucán de Virginia, 1993

martes, 5 de septiembre de 2017

John Ashbery / Hotel Lautréamont



John Ashbery

HOTEL LAUTRÉAMONT

Traducción de Andrés Catalán


Hotel Lautréamont by John Ashbery
     1.
Las investigaciones mostraron que las baladas las produjo la sociedad
trabajando en equipo. No sucedieron sin más. No hubo conjeturas.
La gente, entonces, sabía lo que quería y cómo conseguirlo.
Vemos el resultado en obras tan diversas como “Windsor Forest” y “The Wife
of Usher’s Well”.

John Ashbery / En la granja del norte


John Ashbery
Fairfield Porter
John Ashbery
EN LA GRANJA DEL NORTE
Traducción de Roberto Echavarren
Desde alguna parte alguien viaja furiosamente hacia ti
a una velocidad increíble, viaja día y noche,
a través de la nieve y el calor del desierto, a través de torrentes, a través de gargantas.
Aunque ¿podrá encontrarte,
reconocerte cuando te vea,
darte lo que tiene para ti?

Aquí no crece casi nada,
sin embargo los graneros revientan de comida,
bolsas de comida amontonadas hasta las vigas del cielorraso.
Los arroyos corren dulces, engordando a los peces;
los pájaros oscurecen el cielo. ¿Es suficiente
poner el plato con leche en el zaguán todas las noches,
pensar en él a veces,
a veces, siempre, con sentimientos confusos?

John Ashbery
Como un proyecto del que nadie habla 
El Tucán de Virginia, 1993


John Ashbery / Por dónde vagaré

John Ashbery
Acapulco, 1955

Por dónde vagaré, de John Ashbery


Edgardo Dobry

31 mayo 2007




En el momento presente, toda la poesía que se puede leer recuerda a otra cosa ya conocida o, a lo sumo, al cruce de haces de cosas ya conocidas. La excepción más evidente a esa tendencia es John Ashbery (Rochester, Nueva York, 1927). Lleva cincuenta años y veintiún libros escribiendo una poesía que no se parece a nada, que no se puede reducir a nada distinto de ella, que apenas traza una línea propia pues a cada libro vuelve a inventarse sorprendente y original. Esto supone una dificultad para el trabajo crítico, pero también un estímulo. Veamos, pues, si existe una manera de describir la operación Ashbery.

John Ashbery / "No tengo ni idea de qué habla mi poesía"




John Ashbery

"No tengo ni idea de qué habla mi poesía"

John Ashbery (Rochester, Nueva York, 1927) es para muchos el poeta norteamericano vivo más influyente no sólo en la poesía de su país, sino también en la lírica europea de nuestros días. Otros no niegan esa influencia, pero la deploran: la poesía de Ashbery no habla de nada, es imposible entenderla, es autorreferencial, hermética..., tan difícil como el mismo poeta, son frases que uno lee habitualmente en entrevistas. Pero, ¿será que de verdad la poesía tendrá que hablar de algo? ¿Qué opina Ashbery? En breve nos lo dirá él mismo... y nos lo mostrará en los poemas inéditos en español que también publicamos en estas páginas y que pertenecen a su última obra.

MARTÍN LÓPEZ-VEGA
24/10/2014 



John Ashbery. Foto: Miguel Rajmil

Ashbery es noticia porque, a sus ochenta y siete años, sigue en activo: su último libro de poemas, Una pregunta rápida, apareció en 2012, pero probablemente no tarde en publicar uno nuevo, ya que en los últimos tiempos sus libros se suceden a intervalos de dos años, tres como mucho. En España es noticia, además, porque Vaso Roto recupera su único libro de prosa crítica, Otras tradiciones, publicado en inglés en el año 2000 como resultado de las prestigiosas conferencias Norton dictadas en la universidad de Harvard, cuyo protagonista de este año es el músico Herbie Hancock y por donde han pasado T. S. Eliot, Borges, Italo Calvino, Steiner y Orhan Pamuk, entre muchos otros. Hablamos con John Ashbery de este raro libro de crítica en el que decide dejar de lado a los maestros más obvios para centrarse en otros secundarios (quería redescubrir para el lector norteamericano a John Clare, a Thomas Lovell Beddoes, a Raymond Roussel, a John Wheelwright, a Laura Riding, a David Schubert) y de los resortes de su poesía. 

lunes, 4 de septiembre de 2017

La poesía luminosa de John Ashbery

John Ashbery


LA POESÍA LUMINOSA 

DE JOHN ASHBERY



Por Miguel Ángel Muñoz



John Ashbery, es sin duda, el poeta norteamericano vivo más importante en la actualidad.



Para el crítico Harold Bloom, Ashbery es el último de los canónicos. Se licenció en las universidades de Harvard en 1949 y por la Culumbia en 1951. En 1955 se marcha a París y trabaja como crítico de arte para la edición europea del Herald Tribune y como editor de la revista trimestral Art and Literature (1964-67). Intervino también en la prestigiosa revista Locus Solus (1961), entrando en contacto con un grupo de escritores y artistas neoyorquinos entre los que se hallaban James Schuyler, Kenneth Koch, Frank O’ Hara, y, algunos de los pintores de la Escuela de Nueva York como Esteban Vicente o Franz Kline. La temprana muerte de O’ Hara en los sesenta ya desmembró a los contertulios de Cadar Tavern del Village.

Muere John Ashbery / La voz de América


John Ashbery

Muere John Ashbery: la voz de América

Fallece el gran poeta estadounidense a los 90 años. Representaba lo mejor de su país, había heredado de Walt Whitman la capacidad de hablar y agitar la conciencia de la gente de la calle





El poeta John Ashbery, en su apartamento de Nueva York en 2008.rn
El poeta John Ashbery, en su apartamento de Nueva York en 2008.  AP

John Ashbery, uno de los poetas norteamericanos más importantes de nuestro tiempo, falleció ayer a los 90 años de causas naturales en la localidad de Hudson, Nueva York. “La principal preocupación del poeta”, escribió en La vanguardia invisible, breve ensayo de 1972 en el que formulaba, de manera elusiva, sus ideas acerca de la creación verbal, “es dar vida a la obra de arte de tal manera que resulte imposible intentar explicarla”. Su relación con el lector respondía a ese planteamiento: propiciaba un acercamiento que iba más allá de lo racional. Como en el arte abstracto, del que sus versos eran una refracción, como en la música concreta, todo comenzaba en un plano puramente sensorial del que se saltaba imperceptiblemente a lo emocional; la comprensión, si es que llegaba, lo hacía después. Él mismo no tenía una idea muy precisa de adónde le podía llevar su imaginación cuando empezaba a componer. Las imágenes le llegaban sin que supiera bien de dónde procedían. Su actitud hacia el objeto poético era la misma que la de Czeslaw Milosz quien, cuando le preguntaron cómo nacía un poema respondió: “Yo no lo sé, me viene dado”. Y cuando le insistieron, apremiándole: “¿Por quién?” se limitó a decir: “No lo sé. No tengo un nombre para eso”.

John Ashbery / "Somos la civilización del deseo por lo nuevo, de lo desechable"


Johnn Ashbery

JOHN ASHBERY 

"Somos la civilización del deseo por lo nuevo, de lo desechable"

ANDREA AGUILAR
Nueva York 21 NOV 2009

Con 26 libros a sus espaldas y una interminable lista de galardones (desde el Pulitzer hasta el de la MTV), John Ashbery (Rochester, 1927) es el gran mito de la poesía estadounidense. Autor de todo un clásico contemporáneo como Autorretrato en espejo convexo, un poema traducido al español por, entre otros, su amigo Javier Marías, la obra de Ashbery sigue creciendo. En Un país mundano(Lumen), su nuevo libro, el poeta retoma su, como dice él mismo, "improvisación onírica".
Su apartamento de Chelsea está confortablemente desordenado. La ventana del salón se abre a una impresionante vista de la ciudad, y el río queda recortado entre los edificios que se han levantado en los 25 años que han pasado desde que llegó aquí. "El nuevo de Gehry parece traslúcido por las noches", comenta tímido y atento. Entusiasmado.

Tres poemas de John Ashbery



Tres poemas de John Ashbery

Andrés Ibáñez
05/12/2014


Leer un poema no es realmente leer, sino soñar. Me ha pasado leer durante años (y no exagero) algunos poemas hasta que un buen día he tenido de pronto la gana, o la ocurrencia, o la brillante idea, de leerlo una vez para ver qué es lo que dice. Y de pronto uno descubre cosas que siempre habían estado allí, como unos caracoles blancos en el fondo de un charco que uno no veía simplemente porque ajustaba sus ojos para ver las nubes reflejadas. Leer un poema es ajustar los ojos aquí o allá, en diferentes niveles y profundidades de las palabras.

John Ashbery / Gente interesante de Terranova


John Ashbery

Gente interesante de Terranova




Terranova está, o lo estuvo, llena de gente interesante.
Como Larry, que hacía el idiota en las esquinas
por cinco centavos. Había un ruso que se hacía pasar por
el Gran Duque y hay quien dice que es verdad que era duque de no sé donde,
y cuando se iba de ronda lo solía acompañar una mujer.
Doc Hanks, el matasanos, era cirujano titulado y operaba bien
cuando no estaba como una cuba, que era su estado habitual.
Cuando sólo estaba medio trompa no se le daban mal las trepanaciones.
Había un ciego que en vez de hablar
emitía ruidos espectrales con una sierra musical.
Estaba Walsh, el de los ultramarinos de lujo.
Qué gozada cuando mi padre o mi madre
nos llevaban a su tienda, tras sortear hielos y nieves traicioneras,
como premio nos compraban un higo de alguna tierra exótica.
Tenían té de todos los países imaginables
y pastelillos escoceses de hojaldre, nuestros tíos y tías venían
bailando y de premio les tocaban exquisitos vinos de jerez y de madeira.
Las tardes de verano cuando la luz era eterna, qué alegría
sentarse allí a pensar. Dábamos largos paseos por el campo
pero al final siempre nos detenía algún tramo de arena movediza.
No había más remedio que volver, cosa que a todos les parecía de perlas
cuando caían en la cuenta de que así podrían pegar el ojo un rato.
En fin que el porcentaje de gente interesante era superior
al de la mayor parte de los puntos del planeta, claro que dada la baja densidad
de población tampoco es que hubiera tantísima gente interesante. Con todo y con ello, vivíamos en paz y armonía y nos entreteníamos hurgándonos
unos a otros el cerebro y tendiendo las redes a secar en los muelles de madera.
Siempre nos presentábamos unos cuantos más. En aquel lugar del mundo
la belleza es completa, nadie se atreverá a llevarme la contraria, afirmo y digo,
y las fronteras son duras de tropezar.
La adoración de los poderes ctónicos es algo que bien puede acaecer por estos pagos
aunque es más bien raro que dejen huellas. Aquello también nos encantaba,
hay que tener en cuenta que éramos parte de cuanto acontecía allí,
lo bueno y lo malo y todos los matices intermedios,
nos encantaban los concursos de letras y decir presente
cuando pasaban lista. En fin que nuestra dicha era extrema, aunque por otra parte
menos mal que se ha acabado. Según me ha contado uno de ellos, se están llevando a cabo los preparativos de un desfile. Pronto lo estrenarán en un cine de tu barrio.
Poema escrito en 2003
Traducción de Eduardo Lago.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de abril de 2004