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miércoles, 6 de julio de 2016

Fernando Vallejo y Carolina Sanín / El histrionismo intelectual


Fernando Vallejo y Carolina Sanín
El histrionismo intelectual
Por Oscar M Corzo 



Aceptémoslo, somos una sociedad que no escucha a los intelectuales. La palabra técnico, hasta la nefasta llegada de Peñalosa, inspiraba mucha más confianza que el nada modesto calificativo de intelectual. Puede que en principio, los intelectuales no sepan hablar, o como se dice coloquialmente “no sepan comunicarse con el pueblo” Puede también que sus preocupaciones, abstractas e idealistas, no se sintonicen con nuestras necesidades cotidianas, concretas y pragmáticas. Abiertamente nadie podría desestimar el papel intelectual que Fernando Vallejo y Carolina Sanín desempeñan dentro de la academia. El primero, como escritor reconocido y experimentado, como un verdadero representante de las letras colombianas, y la segunda, como docente y columnista. Intelectuales, sí, pero no es gratuito que las polémicas más ruidosas durante la feria del libro fueran las palabras de Fernando Vallejo, la visita de Germán Garmendia y hoy, la pelea de Carolina Sanín. ¿Y qué tienen en común estos tres personajes además de tener sus nombres firmando la cubierta de un libro?

Son histriónicos. Por eso mismo son el centro de atención allí a donde van. 

Sacando de este artículo a German Garmendia, a quien el histrionismo le es muy útil en su papel de actor solitario frente a la webcam, tengo la sensación de que existen dos Vallejos, dos Carolinas, dos personas que se desdoblan y buscan peleas ( a veces, sin resultado) para llamar la atención. Allí donde va Vallejo, hay polémica, insultos, homofobia, herejías, y ya entrados en los tiempos de las redes sociales, tendencias nacionales, por dos, tres, siete días. Como sociedad no podemos ser indiferentes a Fernando Vallejo. Nos divide, nos obliga a apoyarlo o a repudiarlo, y ese es precisamente el juego, la magia editorial y publicitaria de la personalidad histriónica. 

Obligar a la sociedad a que te responda es en realidad bastante fácil. La provocación acude a las fibras sensibles, a los defectos, a las vergüenzas de una sociedad. Vallejo, que conoce muy bien esas fibras, las toca y exagera; de ahí viene gran parte de nuestra molestia.

Sanín, una pequeña discípula de Vallejo, ha optado por tratar el tema del feminismo, el machismo y el patriarcado como fibras sensibles. Son temas complicados, dolorosos, que merecen un heraldo (me fue imposible, por cierto, encontrar un femenino para la palabra heraldo. ¡Maldito patriarcado idiomático!) Pero que pueden caricaturizarse con muchísima facilidad. Con las intenciones más finas y loables del mundo Sanín, al igual que otras jóvenes intelectuales del país, cae con facilidad en la caricatura. 

No sé si en este punto coincida con un escrito que publiqué hace algunos días, pero quiero insistir en que la confrontación directa ciertamente es inútil. El discurso de Vallejo, en cierta medida, sigue siendo cierto, pero no por ello deja de ser fatigoso. Y con el tiempo generará indiferencia y repulsión. Personalmente creo que el Vallejo que se pone talentosamente frente al público para insultar y ser insultado no es más que un actor que le ayuda al otro Vallejo (al escritor) a mantener su vigencia pública. Sé a la perfección que el resultado sigue siendo eficaz a nivel de marketing, y que nuestros niveles de falsa sensibilidad mediática no parecen estar dispuestos a bajar, pero temo que un día no escuchemos, por cansancio, a los intelectuales que gritan, y que por ende ya no escuchemos a nadie. Los gritos cansan. Eso lo sabemos todos. Como sociedad hemos privilegiado un método de difusión histriónico, escandaloso y artificial. Hay quienes lo asumen y quienes lo repudian, pero no podemos negar su efectividad inmediata, no podemos negar que un histriónico intelectual absolutamente nunca pasa desapercibido. 

En mi opinión es grave que no escuchemos a los intelectuales a menos que se vistan de polémica ¿Acaso en los debates importantes la academia no importa a menos que exista una confrontación pública que raye con la vulgaridad y el insulto? Ciertamente existen otros escritores, otros intelectuales que pueden tocar las mismas fibras, los mismos hilos con mejor tacto, con talento, con mayor inteligencia, pero indudablemente no los escuchamos.

La sordera, parcial o total, parece ser el destino obvio de un país que insiste en comunicarse gritando.







martes, 26 de abril de 2016

Juliana Robles / "Chupateelperro me gusta más que Cien años de Soledad" / Se jodió García Márquez


Gabriel García Márquez
Fotografía de Colita

Así les duela Germán Garmendia 

es el mejor escritor del mundo

O SE JODIÓ GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

“No creo que el youtuber chileno sea peor influencia que Menudo, el grupo que escuchaba mi mamá cuando tenía mi edad”

Compré Chúpate el perro y me gusta más que Cien años de soledad.
Por: Juliana Robles abril 25, 2016
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.
Así les duela Germán Garmendia es el mejor escritor del mundo
En el colegio nos pusieron a leer el libro de un señor que se levantaba convertido en una cucaracha y otro sobre un aventurero que quedaba encerrado en el Amazonas. Por más que me esforzaba intentaba concentrarme en estas historias que transcurrían muy lejos de mi casa, del centro comercial a donde voy a comer helado con mis amigas, de la patineta del chico que me gusta.  Fue inútil intentarlo: la figura encorsetada del Prócer era lo único que veía cuando me acercaba al Quijote.




Me dan pena los mayores, ¿qué necesidad hay de restregarnos todo lo cultos que son, todo lo que han leído? Ellos están al frente del mundo y la contaminación y las guerras y la puta obesidad. Que culpa que escupamos sobre sus ídolos literarios, sobre el papel que consiguen masacrando árboles, ¿acaso ellos no harían lo mismo si en su niñez no hubieran tenido internet?
En estos dos últimos días he leído en la prensa la indignación que despierta el éxito de Germán Garmendia. Dicen que cómo un tipo que nunca había escrito nada diferente a una lista de mercado se ha atrevido a meter 50 mil personas, casi todos jóvenes de mi edad, que venían de Pasto, Ibagué, Cúcuta, Medellín, toda Colombia estaba en Corferias el sábado en la mañana. Se quejaban que ni el maestro Vallejo –autor del que ni siquiera habrán leído un solo de los libros-, ni una rusa de nombre impronunciable, habían tenido tanto público. Googlié el evento y los vi: toda la gente que había ido a esos eventos tenía más de 25 años.
Se rebanan los sesos pensando cómo ellos, los incultos, los que nunca se han leído al Quijote, ni Crimen y castigo, pueden acercarnos a los jóvenes a sus libros. La Flibo de este año parece haber encontrado la clave. Nos da lo que nos gusta. Nuestros ensayos están ahí, en la perorata de un joven guapo que piensa como uno, que tiene nuestras mismas preocupaciones y nuestro mismo humor. No creo que Germán Garmendia sea peor influencia que Menudo, el grupo que escuchaba mi mamá cuando tenía mi edad.
Lo que más me indigna son los prejuicios que botan sobre sus videos sin haber visto uno sólo. Si quieren educarnos ¿porque no se atreven a conocernos mejor? ¿Por que no tienen en cuenta nuestra necesidad básica de marcar diferencia, e alejarnos de ellos, de romperlo todo? Los sesenta tuvieron a los Beatles, los setenta a Pink Floyd, los ochenta Metallica, los noventa Nirvana, los 2000 a Coldplay y ésta es la década de Germán Garmendia y se lo van a tener que aguantar. Es nuestra forma de decirle que son viejos, pasados de moda, que ya fueron.
Compré Chúpate el perro y me gusta más que Cien años de soledad. Puede que dentro de unos años me guste García Márquez – mi mamá ya no escucha Menudo, ahora le ha dado por Bach- pero ahora es el tiempo de Garmendia. Me da todo lo que quiero y estoy de acuerdo en todo con él. Es el gurú, es nuestro gurú y gracias a él pudimos demostrar fuerza el sábado en Corferias y comprobamos que nos tienen miedo.
Relájense, nosotros no queremos hacer una revolución, ni siquiera pretendemos su respeto; lo único que queremos es que nos dejen en paz.