Adam Zagajewski, en octubre de 2019 en Bialystok (Polonia).ARTUR RESZKO / EFEAdam Zagajewski, un poeta que atrapó la fuerza de la cotidianidad
El escritor y traductor Andrés Catalán analiza la obra del autor polaco “cuyo trabajo se desarrolla en un equilibrio entre lo sublime y el detalle del día a día con una ironía que nunca desemboca en el cinismo”
ANDRÉS CATALÁN
21 de marzo de 2021
Me sorprende, la noche del día de la poesía (en el que tanta falsa poesía se cacarea), la noticia de la muerte del enorme poeta polaco Adam Zagajewski mientras trabajo en una traducción de la poeta estadounidense Louise Glück, premio Nobel de 2020. Zagajewski llevaba apareciendo como candidato al mismo desde hace muchos años: no llegó a ganarlo, aunque sí fue reconocido con algunos de los más prestigiosos galardones internacionales, como el Princesa de Asturias en 2017, el Griffin en 2016 o el Neustadt en 2004, además de todos los premios habidos y por haber en su Polonia natal. Digo natal, aunque en realidad nació en la ciudad de Lvov cuando esta pertenecía a la Ucrania soviética, una realidad que aborda en su hermosísimo libro de memorias Dos ciudades. En el poema Griegos, recogido en Antenas (en traducción de Xaver Farré, que ha traducido —excelsamente— buena parte de su poesía para la editorial Acantilado), dirá: “Quisiera haber sido contemporáneo de los griegos, / hablar con los discípulos de Sófocles, / sentir la gravedad de los misterios secretos, / pero cuando nací vivía y gobernaba / aún el georgiano picado de viruelas / y sus lúgubres policías y teorías”.