Es curioso, pero vivimos en una época en la que no menos de una vez al año, durante la última década, hemos escuchado a más de una serie de televisión ser catalogada de boca en boca como "la mejor serie de todos los tiempos", o al menos, que se postule a serlo.
Y es que vivimos en la era dorada de la televisión, televisión de calidad, que da vida a producciones que hasta no hace mucho solo era posible ver en la gran pantalla, no en la pequeña, y mucho menos en la televisión por cable.
Pero así comenzó todo. Los que amamos la televisión, la buena televisión, tenemos muchísimo que agradecer a un solo canal y productor norteamericano: HBO. Es indiscutible que The Sopranos marcó un antes y un después en la pequeña pantalla, demostró que el drama, el verdadero drama, y un gran drama criminal, podía escaparse de la gran pantalla, podía dejar de contar con Al Pacino, Francis Ford Coppola o Martin Scorsese y aún ser, bueno no, brillante.
Lo que hizo David Chase que fue interpretado por el gran James Gandolfini pasó a la historia, y lo mejor, marcó un antes y un después. Y después de The Sopranos, llegó The Wire.
The Wire no es solo una serie policíaca
Lo confieso, fui de esos que durante mucho tiempo pasó por alto ver The Wire por el simple hecho de creer que "es una serie de policías más, como C.S.I. o Law and Order y esas cosas comunes e insípidas". Vamos, Law and Order fue una gran serie, pero el género está tan rayado, tan mal logrado y tan repetido, que ya aburren. No más C.S.I., no más por favor.
'Hombres fuera de serie' reconstruye la historia de los creadores que revolucionaron la televisión
CARLOS BOYERO
23 JUL 2014 - 10:51 COT
El título original de un libro de lectura obligatoria, para todos los cinéfilos que en los últimos 15 años han comprobado que el cine más poderoso, inteligente y adictivo se podía disfrutar sin necesidad de salir de casa, en pantallas con un tamaño al gusto de cada espectador, contenido en el formato de las ancestralmente despreciadas (por razones frecuentemente incontestables) series de televisión, es Hombrescomplejos. Y habla de los cerebros, personalidades y espíritus de la gente que ha creado el duradero esplendor en la hierba, de algo con aroma y sabor a gran cine transmitido por series de televisión. Pero aquí ha sido traducido como Hombres fuera deserie. A ver si la cortedad de mi entendimiento pilla la gracia. Después de un rato dándole vueltas, lo capto. Se refiere a que van a hablarnos de las cualidades excepcionales de los hombres que acaudillaron la gloriosa revolución de las series. Vale, enterado.
David Simon: “Soy un espectador de televisión terrible”
El creador de 'The Wire' cuenta con un presupuesto de 12 millones para el piloto de su nueva serie
"Los guionistas en el cine no tienen el control. Y yo quiero tener el control, dar el visto bueno final. En el cine, una vez que les das el guion de la película, ya no te necesitan, ya tienen el guion. En la televisión, te necesitan porque no saben cómo acaba la historia"
NATALIA MARCOS
Barcelona 9 ABR 2016 - 17:50 COT
David Simon, el viernes en Barcelona. XAVIER TORRES-BACCHETTA
¿Qué más puede desear hacer en televisión el hombre que hizo historia con The Wire? "Yo no lo siento de esa forma, lo veo como que tuve una racha muy buena pero siempre hay más historias que contar. Es increíble la velocidad a la que pasa el tiempo y los proyectos necesitan tiempo para hacerse. No puedes llegar a todo. Y si quieres contar buenas historias necesitas tiempo. Para mí, The Wirees... me impresiona la cola que ha traído, lo lejos que ha llegado".
David Simon (Washington D.C., 1960) recibe a EL PAÍS en un bar de Barcelona, ciudad a la que ha acudido como estrella invitada del Serielizados Fest. En la televisión estadounidense, los guionistas son las estrellas, y él, como responsable de la que muchos consideran la mejor serie de la historia, lleva a sus espaldas dos días llenos de actos, charlas y entrevistas. No oculta su cansancio, pero sigue atendiendo a las diferentes peticiones con plena disposición. No parece que le guste pontificar sobre la televisión y se muestra modesto cuando se alaba una carrera en la que ha firmado historias como la mencionada The Wire, Treme, The Corner o Show Me a Hero, avales suficientes para que su próximo proyecto, The Deuce, centrado en el surgimiento del mercado del porno en la Nueva York de los años setenta y ochenta y que se grabará entre mayo y octubre de este año, vaya a contar con un presupuesto de 12 millones de dólares solo para su capítulo piloto.
Simon defiende una forma de hacer televisión que no se preocupa por gustar a todo el mundo. Ya es mítica su frase "que se joda el espectador medio". "En realidad es 'que se joda el espectador casual", puntualiza. "No creo que sea un buen consejo para un canal en abierto; ahí probablemente sería contraproducente decirlo y hacerlo. Pero me da igual. Si puedes estar haciendo la colada, ir al baño y seguir viendo la serie como si nada, no me interesa. Ya me entiendes, yo no leería un libro en el que los capítulos son intercambiables. Estamos pidiendo a la gente que invierta mucho tiempo en nuestra serie. Así que nos lo tenemos que tomar en serio".
Simon se describe a sí mismo como un contador de historias ("eso es lo que soy, puedo contar una historia muy bien"). Y también como un terrible espectador de televisión. "No veo suficiente televisión, y normalmente veo las series después de que mis amigos me las recomienden. Necesito que la historia tenga un principio, un desarrollo y un final, un tema, una buena evolución de los personajes y del guion... Por eso vi Los Soprano, Deadwood o Breaking Bad después de que se emitieran. Prefiero esperar. Soy un mal espectador de televisión. HBO necesita gente que la vea y aquí estoy diciendo yo a la gente que se conviertan en unos espectadores terribles...", reflexiona tras incidir en las bajas audiencias que The Wire tuvo en su momento. "Para ser justos, y aunque mucha gente dice que le gustaría que toda la televisión fuera así, demostramos también que hay cosas que no funcionarían en la televisión tradicional. La gente vio la serie porque existen los DVD y había funcionado el boca a boca", recuerda.
El guionista David Simon.XAVIER TORRES-BACCHETTA
Exreportero de The Baltimore Sun, Simon reconoce que a veces echa de menos ejercer como periodista. "Lo pasé muy bien, y echo de menos eso de estar en la calle y ser reportero. Es una buena forma de gastar el tiempo". De trabajar en el periodismo local y de sucesos durante 13 años pasó a la televisión para adaptar sus libros Homicide: A Year on the Killing Streets y The Corner, coescrito con Ed Burns. De ahí a The Wire y de The Wire, al Olimpo de la televisión. Ahora, HBO sigue confiando en su talento a pesar de que sus historias no incluyen lo que, según él, la gente busca en la televisión: zombis, sexo, romance... "Si te quieres alejar de eso, tienes que hacerlo con mucho cuidado".
Parecería lógico que alguien como David Simon tratara de dar el salto al cine. Sin embargo, no le llama lo más mínimo. "Los guionistas en el cine no tienen el control. Y yo quiero tener el control, dar el visto bueno final. En el cine, una vez que les das el guion de la película, ya no te necesitan, ya tienen el guion. En la televisión, te necesitan porque no saben cómo acaba la historia", concluye.
El tiempo para la entrevista se acaba y David Simon está cansado. Antes de poder retirarse a descansar posa para alguna foto más y atiende a algún fan. Al fin y al cabo, es historia de la televisión.
David Simon ha revolucionado la mirada sobre la sociedad estadounidense con sus crónicas sobre violencia, corrupción, drogas o fracaso educativo. El creador de series de culto como The Wire o Treme usa un lenguaje tan contundente como los temas que aborda.
En estos momentos, en alguna esquina deprimida de miles de ciudades, drogas, dinero y violencia dibujan un universo paralelo habitado por personas cuyos sueños y deseos no son demasiado diferentes de los de aquellos que no pertenecen a aquel lugar. Una compleja mezcla de incapacidades institucionales, fracasos educativos, desigualdades económicas y problemas personales les mantiene atrapados en esa esquina, en un arriesgado juego contra la ley y contra su propia vida y del que en los telediarios se habla bajo el capítulo de "narcotráfico". En Hollywood ese universo es el alimento de cientos de películas y series de televisión que reducen esa esquina a un enfrentamiento entre buenos y malos. Pero hay quien no lo ve así.
"De algunas de las personas que aparecen en 'La esquina' me llegué a hacer muy amigo y sufrí mucho con su muerte"
"Ya no quedan ni las sobras. Por eso Ocupa Wall Street es una de las genuinas representaciones de patriotismo"
David Simon (Washington, 1960) es la antítesis de Hollywood. No puede desprenderse de la realidad que descubrió en las calles de Baltimore, donde trabajó como periodista de sucesos durante casi quince años y, por tanto, no puede entregarse a esa visión descafeinada de un mundo dividido en dos bandos habitados por héroes, mártires y malvados. Eso tiene ventajas y desventajas: la serie que le hizo célebre como creador y guionista, The Wire, centrada en la lucha contra el crimen de un grupo de detectives de Baltimore, tuvo bajos índices de audiencia mientras se emitía en HBO durante la pasada década. Tampoco llegó a ser premiada por la industria, que no perdona el no hacer caja. Pero el espectador sabe elegir. David Simon tiene hoy millones de seguidores en todo el mundo, convertidos en apóstoles de la serie tras extenderse el boca a boca sobre su calidad y tras recibir los elogios unánimes de la crítica, que le ha declarado como uno de los supremos cronistas del siglo XXI. Al combinar audazmente el entretenimiento de guiones y tramas policiales certeras con la descripción más cruda y honesta de los males endémicos de nuestra sociedad -corrupción, guerra contra las drogas, destrucción de la clase trabajadora, fracaso del sistema educativo y perversiones del periodismo actual-, The Wire le ha hecho alcanzar el estatus de los grandes escritores.
Pero mucho antes de que The Wire presentara verdades demoledoras en la televisión, David Simon escribió La esquina (Principal de los Libros), un libro que firmó con el expolicía Ed Burns y que llega a las librerías españolas quince años después de su publicación. Aunque haya pasado tanto tiempo, el año que Simon y Burns bucearon en uno de los guetos más violentos de Baltimore se parece demasiado al mundo en el que aún vivimos. En La esquina relataron con minuciosidad quirúrgica la perversa realidad de las drogas, los dramas personales de quienes quedan atrapados en ellas y el fracaso de las instituciones en su lucha contra el narcotráfico. "Hay pequeñas diferencias de contexto respecto a 1993, pero son mínimas. La naturaleza de la adicción y la violencia alrededor de ella son las mismas. La guerra contra las drogas no ha cambiado y aquella esquina simplemente se ha mudado cuatro calles más abajo. Nadie se plantea legalizarlas, que sería la única forma de acabar con ellas, aunque sí creo que estamos más cerca que antes de la legalización de la marihuana, que sería un primer paso".
David Simon, poco dado a la sonrisa, de proporciones imponentes y vestido con la simplicidad de quien tiene poco interés por salir guapo en la foto, lo explica ahora desde otro lugar aparentemente muy distinto a Baltimore, pero aquejado por males que también tienen relación directa con la incapacidad actual de las instituciones de mejorar la vida de sus ciudadanos: Nueva Orleans. Aquí pasa largas temporadas desde hace ya tres años, embarcado en otra odisea narrativa donde la realidad manda: Treme, una serie sobre la vida en la ciudad después del paso del huracán Katrina, de la que actualmente se emite en España la segunda temporada y para la que Simon acaba de firmar una cuarta con HBO.
En Nueva Orleans, donde prepara el rodaje de la tercera temporada de Treme, en una oficina algo aséptica pero salpicada de fotografías de músicos y de regalos locales -como una extraordinaria máscara bordada por uno de los jefes indios de la ciudad-, Simon rememora el año que pasó en las calles para después escribir La esquina. Fue muy parecido al que vivió empotrado en una comisaría de Baltimore para escribir otro de sus libros, Homicidio, centrado en la vida de varios agentes de esa ciudad y de cuya combinación es hija The Wire, aunque de ambos libros también realizó sendas miniseries antes de embarcarse en aquel opus magnum. "Homicidio era una historia de oficina, me tuve que ganar la confianza de los policías en su día a día de trabajo. En La esquina la oficina era la propia vida de adictos y traficantes y, por tanto, era mucho más difícil ser aceptado. Fue un trabajo lento, de mucha paciencia", recuerda. Comenzó Ed Burns acudiendo a la esquina de las calles Fayette y Mount, en el Baltimore de 1992, cuando la heroína hacía estragos en una ciudad de 600.000 habitantes. Después, tras conseguir una excedencia en el diario Baltimore Sun, Simon se unía a este exagente de cuyo pasado desconfiaban todos. Ahora rememora cómo un día de calor compraron tés helados para los yonquis y los traficantes con los que convivían a diario. "Con eso ganamos muchos puntos porque la policía jamás hubiera hecho algo así, pero la barrera definitiva cayó el día que llevamos a uno de ellos, con un fuerte dolor de muelas, a un hospital y pagamos la factura. Al regresar a la esquina se corrió la voz y se nos abrieron todas las puertas".
El libro describe la vida de una familia real a lo largo de un año, pero hay muchos personajes secundarios de los que Simon y Burns también se sirven para tejer un retrato demoledor pero tremendamente humano de la realidad de este gueto de Baltimore. Y tratándose de un autor como Simon, que ha hecho de esa extraordinaria y escasa cualidad llamada empatía casi un mandamiento, vivir sumergido en aquella realidad no fue fácil. "Emocionalmente fue agotador. En teoría sabes que vas a una esquina dominada por las drogas y que verás cosas muy duras, pero cuando pasas tanto tiempo allí es imposible mantenerte indiferente. Fuimos testigos de momentos de absoluta humanidad, de total desesperación, a veces sentías euforia, otras vergüenza y otras todo al mismo tiempo". ¿Cómo evitó que esos sentimientos no nublaran su trabajo? "Creo que el secreto está en contarlo todo sin omitir las debilidades, pero es fundamental hacerlo desde el máximo respeto".
La crítica estadounidense, al hablar del libro, subrayó la capacidad de Simon y Burns para trazar un retrato veraz y a la vez profundamente humano de una realidad que podría extrapolarse a cientos de ciudades americanas. Para Simon, además, su relación con los personajes del libro no terminó con su publicación. "De algunas de las personas que aparecen en La esquina me llegué a hacer muy amigo y sufrí mucho con su muerte. Otros siguen siendo parte de nuestras vidas. Muchos de ellos trabajaron en la serie de televisión que hicimos basada en el libro. Y otros también en The Wire. A veces Burns y yo nos preguntamos, de forma ególatra, si nuestra entrada en su existencia tuvo algún impacto positivo en ellos, pero lo cierto es que no, había fuerzas mucho mayores en juego que nosotros".
En las notas del libro Simon y Burns explican que al principio casi todo lo que les contaban en la esquina era mentira y solo su perseverancia les permitió que con el tiempo emergiera la verdad de acontecimientos e historias personales. Al preguntarle sobre ese proceso Simon introduce en la conversación uno de sus temas favoritos, la crisis del periodismo y otro que actualmente monopoliza su interés: el movimiento Ocupa Wall Street.
"Las noticias, cuando ocurren, te obligan a contar de inmediato lo que ha pasado, aun sin entender nada. Es inevitable, la superficialidad inicial es un mal intrínseco al periodismo. Pero el error es no profundizar después y, desafortunadamente, los periodistas cada vez profundizan menos, no regresan a la noticia. Al principio yo también creía en el juego de los buenos y los malos y aceptaba la guerra contra las drogas como una necesidad y una imposición moral. Pero cuando pasas mucho tiempo en las calles y observas las dinámicas empiezas a ver las mentiras y las contradicciones entre lo que decimos que hacemos -luchar contra las drogas- y lo que en realidad hacemos: aterrorizar a las clases más pobres machacándoles con el peso de un sistema judicial que está completamente desconectado de la realidad. Si me hubiera limitado a asomarme a las calles de forma superficial nunca lo habría llegado a comprender". Esa falta de interés por buscar las causas de lo que ocurre es la misma que hoy ve en la cobertura informativa del movimiento Ocupa Wall Street. "La prensa le pone el micrófono en la boca a un manifestante que puede ser alguien que sabe de lo que habla o alguien que es prisionero de su propio enfado con Wall Street. Así se crean coberturas caprichosas que dependen de la suerte del manifestante que escoges". Sin embargo, no le sorprende porque, según él, la prensa refleja el mantra que ha dominado en la sociedad durante los últimos treinta años y por tanto retrata la realidad siguiendo ese mantra: "Desde los años ochenta el libre mercado es la respuesta a todo. Maximizar beneficios se ha convertido en el sistema métrico con el que se mide el valor de las cosas y de las personas. Y la gente del parque Zuccotti ha entendido que hay que cambiar ese sistema porque si permites que sea el mercado el que dicta los salarios estás diciendo que los seres humanos no valemos nada. Hoy podemos producir mucho con muy poco y eso solo beneficia al capital, que sigue ganando dinero. Por eso si The New York Times envía a un reportero de negocios a cubrir las protestas en el contexto de una América que lo racionaliza todo en función del máximo beneficio, en su artículo escribirá que esta gente no sabe lo que dice porque no entiende cómo funcionan los mercados. Pero es exactamente al revés, lo entienden perfectamente y por eso han decidido dar un paso en otra dirección. Yo los admiro".
Hace dos años, Simon, en cuya obra siempre hay una abierta denuncia de las desigualdades económicas de su país, se declaraba sorprendido de que en Estados Unidos no hubiera manifestaciones masivas contra el rescate de los bancos y la crisis económica y lo atribuía al hecho de que, mientras el Gobierno le pudiera dar a la gente "las sobras", nadie saldría a la calle. "Ahora ya no quedan ni las sobras. Por eso para mí Ocupa Wall Street es una de las más genuinas y orgánicas representaciones de patriotismo y el acto de desobediencia civil más importante que ha ocurrido en este país desde la guerra de Vietnam. Lo que están consiguiendo, pacíficamente, aunque sea abstracto y teórico, me ha devuelto la ilusión por lo que somos y por lo que tenemos el potencial de ser. Lo único que temo es que la historia me dice que en América todas las conquistas sociales han llegado a través de la violencia. Aun así, si no estuviera en Nueva Orleans, estaría en el parque Zuccotti".
Pero está en Nueva Orleans, preparando la tercera temporada de Treme, una serie en la que pensó junto a Eric Overmyer antes del Katrina, pero a la que el huracán dio alas. "Institucionalmente los niveles de incompetencia, avaricia, corrupción y violencia desde la rotura de los diques han sido impresionantes y solo indican de lo que nuestras instituciones son capaces e incapaces ahora que han sido compradas por el dinero. Y pese a todo, el modo en que la gente ha luchado por su comunidad aquí, individualmente, apoyándose solo en sus deseos ordinarios, en su convicción de querer volver a casa, es extraordinaria. Creo que también es una alegoría de lo que la gente está tratando de hacer en Ocupa Wall Street, es el mismo impulso. Una forma de patriotismo que se expresa en términos de tu amor por el lugar al que perteneces y que en Nueva Orleans es muy fuerte". De todo ello habla Treme, aunque, al contrario que en The Wire, donde Simon desmenuzaba todos los subterfugios de las instituciones sociales, aquí se ha centrado más en relatar la historia de la reconstrucción de la ciudad a través de historias personales, también basadas en historias reales, "y que me permiten disparar mi munición hacia donde quiero". No niega que en sus guiones haya una fuerte carga didáctica en la que él vuelca sus ideas y su visión del mundo, pero asegura que trata de equilibrarlo. "No puedes dejar que tus personajes digan exactamente lo que tú piensas porque si no le das complejidad a las ideas y no le das voz a la alternativa tú mismo sientes que estás siéndole infiel al argumento".
En Nueva Orleans la serie se ha seguido con devoción. Durante la emisión de la primera temporada, una funeraria local organizaba visionados en la sala donde habitualmente se vela a los muertos. Había colas para entrar, algo que solo puede ocurrir en una ciudad que culturalmente se enfrenta a la muerte entregándose en alegres funerales de jazz -la llamada second line- nacidos de esa mezcla única de culturas que se dio en esa urbe desde el siglo XVIII. Por eso la música, toda, desde el cajun, al jazz, al blues o al hip hop, es uno de los principales protagonistas de la serie, por donde desfilan los mejores intérpretes de la ciudad, desde Allen Toussaint a Dr. John. "Esta ciudad representa la quintaesencia de Estados Unidos. Aquí se mezclaron los ritmos propios de los esclavos de África occidental con la instrumentación y arreglos de la música europea y ocurrió por la peculiaridad de instituciones estadounidenses como el esclavismo, que se mezcló con la permisividad de la cultura francesa criolla. En Virginia no les dejaban tocar los tambores. Aquí sí, y así nació el jazz. Si Estados Unidos desapareciera del mapa, ¿por qué se nos recordaría?, ¿por la democracia constitucional? Hemos exportado mucha menos de lo que nos gustaría creer. ¿Por el béisbol? Bueno... ¿Por el cine? Eso lo inventaron los franceses y los alemanes, aunque nosotros seamos mejores exportadores. No. Por lo único que realmente se nos recordaría es por la música. En cualquier parte del mundo, en estos momentos, hay sonando una canción cuyos orígenes están aquí, en Nueva Orleans. Ese es nuestro legado".
David Simon
La esquina. David Simon y Ed Burns. Traducción de Andrés Silva e Inga Pellissa. Principal de los Libros. Barcelona, 2011. 688 páginas. 27,50 euros. Homicidio. Un año en las calles de la muerte. D. Simon. Prólogo de Richard Price. Traducción de Andrés Silva. Principal de los Libros. Barcelona, 2010. 700 páginas. 28,50 euros. The Wire. 10 dosis de la mejor serie de televisión. Introducción de D. Simon. Relato inédito de George Pelecanos. Rodrigo Fresán, Nick Hornby, Jorge Carrión, Iván de los Ríos, Marc Pastor, Margaret Talbot, Marc Caellas, Sophie Fuggle. Errata Naturae. Madrid, 2010. 240 páginas. 21,90 euros.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de noviembre de 2011
David Simon reconstruye la vida después del huracán Katrina en la serie 'Tremé'
En Tremé, Simon se ha vuelto a rodear de un potente equipo de escritores -Eric Overmyer, David Mills, George Pelecanos, Tom Piazza-, así como por personajes ilustres de Nueva Orleans, como Susan Spicer, una de las mejores chefs de la ciudad, o el trompetista Kermit Ruffins. También hay cameos de foráneos, como el cocinero más crápula de Nueva York, Anthony Bourdain, o los músicos Elvis Costello, Patty Griffin y Steve Earle.
CARMEN PÉREZ-LANZAC
Nueva Orleans 7 MAR 2010
Tras la tromba de agua que el 29 de agosto de 2005 anegó Nueva Orleans llegó el calor abrasador. Y con los días, todas esas casas cerradas a cal y canto se llenaron del maldito moho. Los títulos de crédito de Tremé, la nueva serie de David Simon -el talento de la pequeña pantalla más admirado del momento- muestra una sucesión de imágenes abstractas de esa peste que tras el desastre del Katrina lo invadió todo.
La nueva serie del creador de The wire y Generation kill nos sitúa en noviembre de 2005, tres meses después de la rotura de los diques que mató a 1.300 personas en la ciudad. Los efectos del desastre, marcado por una pésima gestión gubernamental, son evidentes en el ánimo y en las calles. Algunos de los residentes de los barrios más pobres, los más afectados por la inundación, se atreven a volver a sus casas, que están destrozadas. La gente intenta rehacer sus vidas. Músicos como Antoine Batiste (Wendell Pierce), cocineros como Janette Desautel (Kim Dickens), profesores como Creighton Bernette (John Goodman).... "¿Cómo está tu casa?", se preguntan. "Dios, no me preguntes por mi puta casa".
El creador de 'The wire' retrata las raíces de la cultura de EE UU
Hacen cameos Elvis Costello, Steve Earle o el 'chef' Anthony Bourdain
Estamos en Nueva Orleans, en la sureña Luisiana, y el clima está muy revuelto. Tras un día abrasador, el lunes 1 de marzo el frío cala y el cielo plomizo augura un diluvio que llegará en unas horas. Son las 12.30. Dos coches de policía cortan los extremos de la calle Tremé, a una manzana del barrio francés, el corazón turístico de la ciudad. En el número 1212 se está rodando una secuencia de interior. A pocas calles, una vieja iglesia masónica sin calefacción hace de comedor del equipo de rodaje. Como es habitual en Simon, muchos de ellos son personas reales, vecinos de la ciudad reclutados para la ocasión. ¿Será aquella mujer negra con el pelo lleno de rulos una vecina del barrio de Tremé? ¿Y aquel tipo alto y vitalista que irradia buen rollo?
David Simon
Este último es Davis McAlary y es un tipo real. Un músico de la ciudad al que Simon ha fichado para que participe en el desarrollo de las tramas y supervise que los guiones son fieles a la realidad. Uno de los personajes de Tremé se inspira directamente en él. Davis, 41 años, daba clases de música en un colegio cuando Simon le llamó. "Me pasó lo que nunca pasa: hice un buen disco, alguien escribió una buena crítica y alguien importante lo leyó y me contactó. La vida es rara y maravillosa", sonríe. ¿Y qué tal están retratando a la auténtica Nueva Orleans? "No es perfecto, porque no hacen todo lo que les digo, pero le doy un 90 sobre 100. Teniendo en cuenta que a la mayoría de las películas sobre esta ciudad les doy un 25, no está nada mal".
Además de por su estilo, crudo como la vida misma, Simon destaca por saber elegir a sus colaboradores. Escribió las cinco temporadas de The wire junto al ex comisario Ed Burns, una de sus fuentes durante los años en que fue el redactor de sucesos del Baltimore Sun. En Tremé, Simon se ha vuelto a rodear de un potente equipo de escritores -Eric Overmyer, David Mills, George Pelecanos, Tom Piazza-, así como por personajes ilustres de Nueva Orleans, como Susan Spicer, una de las mejores chefs de la ciudad, o el trompetista Kermit Ruffins. También hay cameos de foráneos, como el cocinero más crápula de Nueva York, Anthony Bourdain, o los músicos Elvis Costello, Patty Griffin y Steve Earle. Como no podía ser de otra manera, la música es uno de los ejes de la serie (HBO planea vender los temas por iTunes), así como los coloridos funerales de la ciudad, que marcarán el ritmo de una serie que en EE UU se estrena el 11 de abril y en España en mayo (en TNT, dial 24 y 45 de Digital +). De momento están confirmados los 10 episodios de la primera temporada, de una hora cada uno. Está por ver qué opina la audiencia. Si gusta, Simon espera rodar cuatro temporadas más.
A quien espere la crudeza de The wire, ese retrato directo al estómago de las capas de la corrupción, Simon le avisa: esto es otra cosa. "The wire iba sobre cómo el poder y el dinero pervierten la ciudad", dice ya al caer la tarde desde la cafetería de un céntrico hotel, a resguardo del diluvio que truena fuera. "Tremé,sin embargo, trata sobre la cultura. Es el retrato de una ciudad y de la gente corriente que la forma. Muchos se preguntaban qué sería de Nueva Orleans tras el Katrina porque esta ciudad y su identidad musical es lo más real que hemos logrado en todo Estados Unidos".
Y su entusiasmo es contagioso. El actor Clarke Peters, con el que ya trabajó en The wire y que en Tremé interpreta a Albert Lambreaux, un líder comunal que en las primeras escenas de la serie regresa a su casa, invadida por el moho, es ya un enamorado de esta carismática ciudad. "Tremé reivindica el valor de la cultura de Nueva Orleans", dice. "Sus raíces son de África, Francia, España... Es como un gumbo, el guiso criollo típico de aquí. Y eso es lo bonito de esta ciudad".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de marzo de 2010