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martes, 26 de marzo de 2019

¿Qué pasó con Emma Reyes?

Emma Reyes


¿Qué pasó con Emma Reyes? 


Soho, enero de 2013


Me llegó un libro a las manos que no pude soltar hasta acabarlo. Lo leí en poco más de dos horas, y después de leerlo, no pude dejar de pensar en él. Días después, seguía ahí dando vueltas en mi cabeza. Ese libro es Memoria por correspondencia y, según la crítica especializada —Semana, por ejemplo—, es el mejor libro de 2012 y de los últimos años en Colombia. El argumento es sencillo: es la infancia miserable de una mujer que la narra sin resentimientos ni rencores a través de veintitrés cartas que le escribe a su amigo, el intelectual Germán Arciniegas. Las cartas recuerdan la pacífica tristeza, la nostalgia sin aspavientos, de Las cenizas de Ángela. Memoria por correspondencia fue escrito por una mujer que fue analfabeta hasta los dieciocho años, que nunca pasó por un colegio ni una universidad. Narra en ellas desde el recuerdo más lejano de su infancia —cuando vivía en una pieza que no tenía ni luz ni inodoro ni ventanas, en el barrio San Cristóbal de Bogotá, a comienzos de los años veinte— hasta que la abandonan junto a su hermana para terminar confinadas en un convento casi por quince años. Si Rilke decía que la patria de todo hombre es su infancia, la de Emma Reyes es una patria eterna para quien la lea. Esa infancia ya es nuestra, nos pertenece para siempre. 

Germán Arciniegas / De Flora Tristán a Emma Reyes


Obra de Emma Reyes


Germán Arciniegas
De Flora Tristán a Emma Reyes 

El Tiempo
9 de agosto de 1993

Hasta hoy, el libro de Flora Tristán de su viaje al Perú y los recuerdos de su infancia son el documento más dramático que haya dejado una mujer en relación con su experiencia en América. Flora, que para muchos nos resulta hija de Bolívar, fue la abuela de Gauguin y su vida bordeó muchas veces las amarguras del infierno. Pero sacó — Dios sabe de dónde— una rebeldía que la coloca como fundadora del socialismo internacional y su vida se estudia en las universidades como podría estudiarse la de su contemporáneo, Carlos Marx. Si Emma Reyes escribiera y publicara la historia completa de su vida, el libro podría tener más lectores que el de Flora. Siendo corrosiva e inteligentísima, tiene unos aciertos de gracia que la convierten en una fabuladora incomparable. Monta su tienda en cualquier sitio de Europa y quienes la escuchan querrían seguir oyéndola hasta pasadas las tres de la mañana.

Emma Reyes / Cartas desde la otra orilla


Emma Reyes



EMMA REYES

Cartas desde la otra orilla

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Durante la pasada edición de la Feria del Libro de Madrid mi amiga Margarita me regaló un libro “por mi cumpleaños”, que es después de verano. “Hacía tiempo que no disfrutaba tanto un libro”, me dijo, y no sólo la creí: suscribo a pies juntillas sus palabras. En el blog de Cuatro, Aquí si, ahora sí, Marta Reyero dice “Hacía mucho que no sufría tanto con un libro”. Es otro modo de expresar lo mismo. Memoria por correspondencia, de Emma Reyes, publicado por Libros del Asteroide es una de esas obras literarioreales que le dejan a uno tocado. Historia interesantísima, por momentos surrealista, ritmo trepidante, voz narrativa lograda que nos atrapa a la primera frase y, no lo olvidemos, un halo de misterio alrededor de la historia en sí, de la autora y de la obra.

domingo, 24 de marzo de 2019

Leila Guerriero / Emma Reyes / Leona pura, leona oscura


Emma Reyes


Leila Guerriero
Leona pura, leona oscura 

En los primeros minutos de la película coreana Old Boy, dirigida por Chan-wook Park, su protagonista, Oh Dae-su, es secuestrado, no se sabe por quién, y despierta poco después en una habitación sin ventanas en la que hay un baño, un lecho, un cuadro con una frase —«Ríe y el mundo entero reirá contigo, llora y llorarás solo»—, y un televisor en el que están pasando la noticia de que su esposa acaba de ser asesinada. Oh Dae-su no sabe cómo llegó allí, ni por qué, ni cuándo va a salir. El espectador tampoco. Las horas, los días, los meses de esa agonía claustrofóbica se suceden: una perversión —el secuestro— dentro de otra perversión: el tormento sin fin. Quince años después, aún sin saber por qué ha sido secuestrado, abandona ese cuarto convertido en una máquina de odio, en un asesino perfecto.

Emma Reyes / Memoria por correspondencia / Reseña de Rafael Narbona



Memoria por correspondencia

Emma Reyes

Libros del Asteroide, 2015. 232 páginas, 17'95 €

RAFAEL NARBONA
8 de mayo de 2015

“La verdadera patria del hombre es la infancia”, escribió Rilke, pero ¿qué sucede cuando no es así? ¿Qué nos queda cuando la infancia es un doloroso recuerdo, donde el afecto es lo insólito y la crueldad lo cotidiano? Emma Reyes nació en Bogotá en 1919. Desconocía la identidad de su padre, su única hermana se llamaba Helena y su madre era la “señora María”, una mujer neurótica e inestable que confinó a las niñas en una pequeña habitación, limitándose a visitarlas de tarde en tarde para garantizar su supervivencia. Siempre se mostró fría, arisca, brutal. Las niñas sólo abandonaban su encierro para jugar en un estercolero, sin ignorar que cualquier motivo podía desencadenar un aluvión de bofetadas, insultos y tirones de pelo. 

Emma Reyes / Crecer sin palabras

Emma Reyes

Crecer sin palabras

Explotada de niña, Emma Reyes reconstruye cómo fue su salida de ese pudridero


Marta Sanz
11 de mayo de 2015

Emma Reyes fue una pintora colombiana que residió en Italia y Francia. Tuvo amigos celebérrimos como Moravia, Sartre o Pasolini, y protegió como una madre a artistas del otro lado del océano que recalaron en Europa. Hasta ahí todo parece normal. Lo sorprendente es que una mujer analfabeta hasta la juventud, criada en un cuartucho, malnutrida, golpeada con una bota, abandonada como un animal, explotada laboralmente en un convento durante quince años, pudiese escapar del pudridero de la infancia y convertirse en la mujer que fue. Diego Garzón, en el epílogo, resuelve los interrogantes de la vida de Emma que surgen al hilo de la lectura de estas cartas, en las que la artista reconstruye sus orígenes para Germán Arciniegas. Más allá de la crónica negra o amarilla, lo que impresiona de Memoria por correspondencia es su resolución literaria: la escritura de una mujer que bordaba para las monjas y a la que quizá las habilidades del bordado —dibujar sobre el lienzo, traspasarlo con la aguja, combinar colores, conseguir que lo invisible del reverso sea tan pulcro y potente como lo visible— le sirvieran para narrar una niñez en las antípodas del paraíso perdido, Nunca Jamás o las infancias imperiales de un primer mundo donde la insalubridad en la educación adquiere acepciones distintas a las de la infancia de Reyes. Ella fue una niña vieja, que miraba alrededor con consumidas chispitas de alborozo, desde la puerilidad de quien aún no conoce el significado del lenguaje: no saber del mundo ni de sus nombres, después de quince años de clausura, se traduce en una forma de lengua insuficiente, caracterizada por su fibra poética, que recrea una peculiar experiencia de conocimiento. Como en los Recuerdos recobrados, de Kiki de Montparnasse, otra mujer que partió de una niñez traumática. El estilo no es espontáneo, sino que destila lucidez en el forzamiento que supone “empingorotarse” en la actitud de la escritura logrando recrear la atmósfera de misterio de quien vive sensaciones cuyos nombres ignora: el efecto encantadorde lo intuido recubre lo sórdido sin suavizarlo. Es más, lo subraya: el tremendismo que se naturaliza por costumbre —abandono de bebés, desgajamientos, cuchilladas, cachorrillos envenenados— se convierte en herida en la conciencia del lector. En la mezcla de géneros autobiográficos, la simplicidad de la voz infantil es un complejo mecanismo que funde las edades —infancia, juventud, madurez— incluyendo la figura del receptor de las cartas y la mirada de la hermana mayor que, poco a poco, se evapora.

Emma Reyes / Cartas de mi terrible infancia


Germán Arciniegas y Emma Reyes

Emma Reyes, cartas de mi terrible infancia

Llega a España «Memoria por correspondencia», libro en el que la pintora colombiana relata su difícil niñez

Inés Martín Rodrigo
4 de mayo de 2015

La artista colombiana Emma Reyes (1919-2003) conoció al historiador Germán Arciniegas (1900-1999) en París, en 1947, en un acto de la Unesco. La pintora llevaba tiempo instalada en la capital francesa, donde ya gozaba de cierto prestigio en la escena artística de la época. Nada hacía imaginar a Arciniegas que, bajo la imagen cándida, hospitalaria y generosa de Reyes, se escondía un pasado tenebroso, del que muy poca gente logra escapar. En los largos paseos que compartieron a la orilla del Sena, la artista confesó al historiador un secreto que llevaba años atormentándola: su terrible infancia.

jueves, 11 de junio de 2015

Emma Reyes / Memoria por correspondencia / Reseña

imagen descriptiva



Por Edmundo Paz Soldán
            Memoria por correspondencia, el libro que recopila las cartas de la pintora colombiana Emma Reyes (1919-2003) a Germán Arciniegas, en las que detalla su dura infancia, fue publicado hace tres años por editorial Laguna. El libro tuvo éxito -fue elegido el mejor del 2012 en Colombia-- y llegó a cuatro ediciones en un par de años. Luego comenzaron las ediciones en el exterior y las traducciones, entre las que se cuenta la que se acaba de anunciar al inglés, una confirmación de que Emma Reyes ha llegado para quedarse: la editorial norteamericana Penguin publicará Memoria por correspondencia directamente en su colección de Clásicos.