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lunes, 13 de septiembre de 2021

Guillermo Cabrera Infante / La breve vida infeliz de Reynaldo Arenas


Reinaldo Arenas

Guillermo Cabrera Infante
LA BREVE VIDA INFELIZ DE REYNALDO ARENAS

El País 
Martes 5 septiembre 2000 - Nº 1586

Decir que Reynaldo Arenas atravesó como un cometa la literatura cubana y no decir que fue un bólido salido del infierno es mentir a medias. Reynaldo (como le gustaba que escribieran su nombre y al acortarlo la amistad lo convertía en rey) empezó como un revolucionario y terminó como lo que siempre fue, un rebelde con varias causas. Antes que anochezca: "Tres pasiones rigieron la vida y la muerte de Reynaldo Arenas: la literatura no como juego, sino como fuego que consume; el sexo pasivo y la política activa". Pero no era suficiente. Seguí: "De las tres, la pasión dominante era, es evidente, el sexo. No sólo en su vida sino en su obra". Su vida sexual comenzó comiendo tierra, que ya Freud señalaba como una actividad sustitutiva del sexo por la coprofagia. Por supuesto Freud no podía saber que la pobreza, además del sexo, condenaba al niño Rey a comer tierra. Pero el adolescente subía a veces del suelo de tierra roja a los verdes árboles, donde era un rey aéreo por unas horas en su trono vegetal.

sábado, 4 de junio de 2016

Reinaldo Arenas / La voluntad de vivir manifestándose


Reinaldo Arenas
LA VOLUNTAD DE VIVIR MANIFESTÁNDOSE

Ahora me comen.
Ahora siento cómo suben y me tiran de las uñas.
Oigo su roer llegarme hasta los testículos.
Tierra, me echan tierra.
Bailan, bailan sobre este montón de tierra
y piedra
que me cubre.
Me aplastan y vituperan
repitiendo no sé qué aberrante resolución que me atañe.
Me han sepultado.
Han danzado sobre mí.
Han apisonado bien el suelo.
Se han ido, se han ido dejándome bien muerto y enterrado.
Este es mi momento.

(Prisión del Morro. La Habana, 1975)


Reinaldo Arenas / Autoepitafio

Reinaldo Arenas


Reinaldo Arenas

AUTOEPITAFIO

Mal poeta enamorado de la luna,
no tuvo más fortuna que el espanto;
y fue suficiente pues como no era un santo
sabía que la vida es riesgo o abstinencia,
que toda gran ambición es gran demencia
y que el más sordido horror tiene su encanto.
Vivió para vivir que es ver la muerte
como algo cotidiano a la que apostamos
un cuerpo espléndido o toda nuestra suerte.
Supo que lo mejor es aquello que dejamos
-precisamente porque nos marchamos-.
Todo lo cotidiano resulta aborrecible,
sólo hay un lugar para vivir, el imposible.
Conoció la prisión, el ostracismo,
el exilio, las múltiples ofensas
típicas de la vileza humana;
pero siempre lo escoltí cierto estoicismo
que le ayudó a caminar por cuerdas tensas
o a disfrutar del esplendor de la mañana.
Y cuando ya se bamboleaba surgía una ventana
por la cual se lanzaba al infinito.
No quiso ceremonia, discurso, duelo o grito,
ni un túmulo de arena donde reposase el esqueleto
(ni después de muerto quiso vivir quieto).
Ordenó que sus cenizas fueran lanzadas al mar
donde habrán de fluir constantemente.
No ha perdido la costumbre de soñar:
espera que en sus aguas se zambulla algún adolescente.


(Nueva York, 1989)






jueves, 2 de junio de 2016

Reinaldo Arenas / De modo que Cervantes era manco

Miguel de Cervantes
Poster de T.A.


Reinaldo Arenas

DE MODO QUE CERVANTES ERA MANCO

De modo que Cervantes era manco;
sordo, Beethoven; Villon, ladrón;
Góngora de tan loco andaba en zanco.
¿Y Proust? Desde luego, maricón.

Negrero, sí, fue Don Nicolás Tanco,
y Virginia se suprimió de un zambullón,
Lautrémont murió aterido en algún banco.
Ay de mí, también Shakespeare era maricón.

También Leonardo y Federico García,
Whitman, Miguel Ángel y Petronio,
Gide, Genet y Visconti, las fatales.

Ésta es, señores, la breve biografía
(¡vaya, olvidé mencionar a san Antonio!)
de quienes son del arte sólidos puntuales.

(La Habana, 1971)



Reinado Arenas / Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche

Banderitas
La Habana, Cuba, 2014
Fotografía de Triunfo Arciniegas

Reinaldo Arenas

DOS PATRIAS TENGO YO: 

CUBA Y LA NOCHE


Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche.

José Martí

Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche,
sumidas ambas en un solo abismo.
Cuba o la noche (porque son lo mismo)
me otorgan siempre el mismo reproche:

'En el extranjero, de espectros fantoche,
hasta tu propio espanto es un espejismo,
rueda extraviada de un extraño coche
que se precipita en un cataclismo

donde respirar es en sí un derroche,
el sol no se enciende y sería cinismo
que el tiempo vivieras para la hermosura'.

Si ésa es la patria (la patria, la noche)
que nos han legado siglos de egoísmo,
yo otra patria espero, la de mi locura.




viernes, 6 de agosto de 2004

Juan Marsé / Javier Bardem, un actor que inspira





JAVIER BARDEM 

Un actor que inspira

Juan Marsé
6 de agosto de 2004


Quizá sea lo más halagador que pueda decirse de un actor, de un pintor o de un músico, de un artista de cualquier ámbito, en realidad, incluidos el del fútbol, la política, la cocina o el humor, muy especialmente a los artistas del humor: que su trabajo inspira.


Pero es curioso, cuando uno cree estar ante un actor bueno de verdad, o por lo menos que reúne tantas cualidades para ser un gran actor, aparece de repente cierto miedo a mostrar demasiado entusiasmo, a cargar sobre sus hombros -por muy rotundos que éstos sean- un lastre de expectativas, a clavarle la bandera y a lanzarle al ruedo con la misión de colocarnos en el mapa industrial cinematográfico, a ser posible al oeste de Norteamérica. Hay distintos modos de conquistar ese terreno ilusorio en las nubes; Javier Bardem ha optado por el trabajo bien hecho.

Mi hija Berta, que formaba parte del equipo técnico en el rodaje de Jamón, jamón (dirigida por Bigas Luna en el año 1991), dice que las capacidades y el magnetismo de este actor eran algo que solía comentarse con sorpresa entre los miembros del equipo, peluqueros, eléctricos o ayudantes de dirección, durante las pausas y siempre que Bardem -entonces un chaval de 21 años sociable y bromista- no estuviera presente. Les llamaba poderosamente la atención mientras trabajaba, y, cada cual a su manera, se daban cuenta de que estaban ante algo diferente, otro rostro, otra apuesta, un actor de otra dimensión. El agudo olfato de Bigas Luna, infatigable en su búsqueda de lo auténticamente ibérico, de las raíces más elementales y primitivas de nuestra cultura mediterránea, del sello peninsular, acaso se daría cuenta enseguida de lo acertado de su intuición. Y Bardem, aplicado y apasionado a partes felizmente iguales, cumplió con el papel de macho hispánico y además logró captar la atención de los que trabajaron con él primero y de los espectadores después, de todos aquellos que amamos el cine y que hemos seguido sus pasos con asombro y esperanza.


Las películas que han protagonizado juntos Javier Bardem y ...
Penélope Cruz y Javier Bardem
Jamón, jamón
Y ahora, ahora que uno tiene ocasión de escribir unas líneas sobre Javier Bardem, reflexionando sobre el valor, la prudencia y el talento con el que está perpetrando su carrera, y sobre todo viendo la consistencia de sus interpretaciones, hay que sobreponerse a la sorpresa y adularle con discreción; como hacían sin darse cuenta los miembros del equipo técnico en sus primeras películas, protegerle de sí mismo. Es probable que las dudas y las contradicciones formen parte del impulso que lleva a este actor, de nombre completo Javier Encinas Bardem, nacido el año 1969 en Las Palmas de Gran Canaria, a hacer lo que tiene que hacer. Que es un actor currante e imaginativo lo acreditan los personajes seleccionados y, en la misma medida, los personajes no seleccionados. Sus primeros pasos fueron más o menos como todos, hasta que Bigas Luna le dio su primera oportunidad seria con un personaje hecho de pasión y ternura en Jamón, jamón, y, sobre todo, con el especulador hortera y avaricioso de Huevos de oro, donde Bardem empezó a trabajar los matices de su temperamento interpretativo, así como los recursos notables de su físico: recuerdo, por ejemplo, aquel joven que se comía el mundo en Éxtasis (dirigida por Mariano Barroso en el año 1995), con la ambición y la rabia en su mirada, y el borrachuzo de mente algo torpe, deteriorada por el alcohol, olisqueando el calcetín antes de ponérselo en Los lobos de Washington (también de Barroso, 1999), y el policía parapléjico y enamorado de Carne trémula (de Pedro Almodóvar, en 1997), y a Reinaldo Arenas viviendo y sufriendo las contradicciones de la revolución en Antes que anochezca (de Julian Schnabel, 2000), papel que le valió nada menos que una nominación a los oscars de Hollywood, la primera de un actor español para esa categoría, otro banderín de expectativas en su lomo.

La película me pareció mediocre, con muchas zonas oscuras o discutibles respecto a las vivencias reales de Reynaldo Arenas, pero la composición de Bardem es impecable. El parecido físico es, en algunos momentos, asombroso. Saludé personalmente a Reinaldo Arenas en La Habana, en el año 1968; acababa de publicar Celestino antes del alba, y puedo asegurar que la recreación física es magnífica, sobre todo en la cabeza y la cara, ya que Arenas era un hombre bajito, de constitución frágil. También es asombroso el acercamiento del actor al dolor del escritor homosexual, la delicadeza con la que toma su actitud y adopta su estado anímico.

No sé si fue casualidad de fechas o compromisos, o fue una decisión premeditada, que la siguiente apuesta de Bardem tras la nominación de los oscars fuese encarnar al indómito Santa de Los lunes al sol (dirigida por Fernando León de Aranoa en el 2001), un parado que sobrevive entre la rebeldía interna y la desilusión, como un gorila entre las rejas del deprimente zoológico. Tanto si fue una decisión premeditada como si no, y responde a la pura intuición, es una muestra más del respeto que el oficio le merece a este actor.

Esperemos que las contradicciones sigan azuzando a Javier Bardem. Mientras su vida se aleja de Santa y sus problemas, difícilmente se quedará en paro, por el contrario, su nombre es ya una garantía de cine exigente. De momento todo parece indicar que Bardem se mantiene ajeno a cantos de sirena, pero alerta, que conserva a su misterio y su escepticismo, que su trabajo nos va a sorprender y a convencer. Y sobre todo nos inspira. Qué más puedo decir: no le molesten mientras está trabajando.

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Javier Bardem
APUNTES PARA UN RETRATO

Lo primero que llama la atención, además de la mirada franca y reposada -una mirada que busca la complicidad irónica-, es la tensión muscular del rostro, cierta pugna visceral que se establece entre unas facciones con resabios pugilísticos y unos ojos apaciguados de chico leal y majete, peleón reformado, conformado. Algo intangible pero muy determinante, sutiles armonías y desacuerdos que conforman la personalidad, opera en la cara del actor y a veces se comporta como una máscara. Por ejemplo, ese velo de tristeza y de ternura en la mirada, que resbala suavemente sobre los pómulos y la nariz, robusta y pendenciera, y alcanza la barbilla inquisitiva, atenuando la presunta dureza del mentón, una violencia interiorizada que se niega a aflorar.

Desde sus primeras apariciones en la pantalla, la sugestión de la virilidad se establece entre dos polos de fuerte magnetismo. Rudo y limpio. Impetuoso y fragante. No sabría definir de otro modo esa reflexión puramente física que irradia la encarnadura y anticipa el gesto -antes incluso de moverse-, ofreciendo una impresión de refrescante aroma corporal, alguien que acaba de ducharse y ha gastado buenas dosis de agua de colonia, digamos. Cierto desaliño indumentario no contradice en absoluto esa impresión de chico sanote, más bien la acentúa. La cabeza se asienta sobre un cuello robusto y la nuez sugiere una verbosidad bronca y dinámica, una dicción golosa de palabras, una voz húmeda y reflexiva. Algo así como si degustara las cosas antes de decirlas, como si paladeara la frase antes de soltarla. Pensamientos, exabruptos, risas, emociones y sentimientos, todo pasa por esa tensión verbal y muscular que ronda los aledaños de la boca y la nariz, y que anida en la nuez del cuello.
El rostro trasuda textura y efluvios de hombre guapo que no acaba de creerse guapo ni parece muy interesado en el asunto, así que los labios estrictos y afables retienen una sonrisa descreída, y algo más: ganas de soltar la sonora carcajada junto con un preventivo, risueño y sarcástico: "Me has tomado por otro".


EL PAÍS

sábado, 8 de julio de 2000

Vargas Llosa / Pájaro tropical / Reinaldo Arenas


Mario Vargas Llosa
BIOGRAFÍA

REINALDO ARENAS

Biografía

PÁJARO TROPICAL


El País, 15 de junio de 1992

Todo el que haya leído Antes que anochezca, la autobiografía póstuma de Reynaldo Arenas que ha publicado Tusquets Editores, comprende que se trata de uno de los más estremecedores testimonios que se hayan escrito en nuestra lengua sobre la opresión y la rebeldía, pero pocos se atreverán a reconocerlo, pues el libro, aunque se lee con apetito incontenible, tiene la perversa facultad de dejar a sus lectores incómodos y maltratados, como despertando de una pesadilla infernal de la que, por lo demás, no están excluidas la carcajada, la ternura y la ironía.Que muchas de sus páginas, dictadas deprisa por un hombre al que un sida terminal iba pudriendo en vida y abrumaba de terribles dolores, estén escritas con el desmaño y crudeza de un material de trabajo sin elaborar, no empobrece el libro. Al contrario, refuerza su naturaleza transgresora, imprime a sus episodios esa peculiar autenticidad de ciertos libros malditos que deben su grandeza no, como las buenas creaciones literarias, a la pericia formal, a un arte de la palabra capaz de insuflar vida a la ilusión, sino a la inmolación del que escribe, que en ellos se desnuda y entrega en una especie de sacrificio religioso del propio yo. Que, al poner el punto final a este libro, Reynaldo Arenas se matara, para acabar de una manera más digna que aquella que la enfermedad le reservaba, fue un simple trámite. Porque su verdadero y espléndido suicidio es Antes que anochezca.