viernes, 28 de noviembre de 2014

David Douglas Duncan / Picasso y Lump



David Douglas Duncan
Pablo Picasso y Lump



Picasso y Lump se conocieron el 19 de abril de 1957 en La Californie, mansión de Picasso en Cannes. El dueño de Lump era David Douglas Duncan, un fotógrafo que había capturado los mejores ángulos de Picasso un año antes. El día en que se vieron por primera vez, Lump recibió como regalo de bienvenida un retrato hecho por las manos del artista. Mientras almorzaba junto a Duncan y Jacqueline Roque, Picasso preguntó a su dueño si Lump tenía su propio plato para comer. Su dueño respondió que no y la reacción del artista fue coger un pincel y un poco pintura que se encontraban a su alcance y procedió a pintar un retrato del perro con dedicatoria incluída. Aunque Picasso no era el dueño de Lump, el pequeño animal se convirtió en un personaje importante en la obra del pintor durante los 6 años que vivieron juntos. Su aparición más famosa la hizo en la versión que Picasso hizo de Las Meninas de Velásquez -la serie de 58 cuadros se encuentra en el museo Picasso de Barcelona-. Picasso era un hombre de perros y tuvo muchos pero las personas que estuvieron más cercanas al genio afirman que Lump fue el único al que cargó en sus brazos. El amor por Picasso hacia Lump quedó inmortalizado en un libro que contiene reproducciones de pinturas y fotografías en blanco y negro de ambos. Lump murió diez días antes que Picasso, el 29 de marzo de 1973,  y logró convertirse en el salchicha más famoso del mundo del arte. Tan reconocido que cuenta con su propia página en Wikipedia.










Picasso / El minotauro y la doncella

Escena báquica con Minotauro (18 de mayo de 1933),
de Pablo Picasso, perteneciente a la 
Suite Vollard.

Pablo Picasso

El Minotauro y la doncella

ANTONIO MUÑOZ MOLINA 28 MAR 2009

El mito, decía Pavese, es contar algo de una vez para siempre: contar un cuento muchas veces y que nunca se agote su misterio, contarlo a través de los siglos y que sea siempre una revelación y al mismo tiempo un enigma. Después de ver la Suite Vollard de Picasso en las nuevas salas de la Fundación Mapfre en el paseo de Recoletos he buscado la historia del Minotauro en un diccionario de mitología griega, en las Metamorfosis de Ovidio, en ese relato de Borges que se titula La casa de Asterión. El Minotauro de Picasso tiene un cuerpo de hombre fornido pero ya no joven y un cabezón ciclópeo más de bisonte que de toro, aunque su destino sea morir en la luz cruel de la plaza y no en las tinieblas del laberinto. Para que una claridad excesiva no dañe el papel en el que están impresas, las estampas se ven en una sala casi en penumbra. Viniendo del fulgor de la calle, el lugar ya tiene algo de galería de un laberinto, sobre todo si es una hora temprana en un día laboral y no hay más visitantes.
Picasso ya no despierta la misma reverencia incondicional y abrumada de antes, lo cual sin duda es una ventaja a la hora de distinguir, en su obra innumerable, la parte más sólida, la que en vez de diluirse o desacreditarse se afirma con el paso del tiempo. Hay algo literalmente monstruoso en una fama excesiva: monstruoso porque desbarata la figura humana de un artista, volviéndolo tan superior a las figuras y los logros de los demás que hace de ellos insectos o simples adoradores; y monstruoso también porque al aislarlo a él, al elevarlo insensatamente, lo convierte en un monstruo, una criatura deforme y misántropa que se alimenta del tributo de la adoración y nunca tiene bastante, que sólo tolera la cercanía de personas serviles a las que sin embargo desprecia, condenado por su misma soberbia y por la sumisión de los demás a una soledad terrorífica. La idea del artista genial, un invento del romanticismo exagerado hasta el delirio en la época de las celebridades globales, cada vez me produce más desconfianza. Nadie merece tanta admiración. Nadie está tan por encima de sus contemporáneos ni de sus semejantes. El talento, como cualquier capacidad humana, es siempre limitado, y está bien que sea así; y también, como cualquier otra capacidad que se desarrolla mucho, tiende al desequilibrio: se es muy bueno en el razonamiento matemático a costa de un cierto grado de indiferencia hacia la vida cotidiana y las cosas tangibles; llegar a ser un sabio en un campo de conocimiento por fuerza significa ser ignorante en casi todos los demás.

Picasso / Autorretratos

Autorretrato. Pablo Picasso. Barcelona, ​​1899-1900.
Carboncillo y tiza sobre papel. 22,5 × 16,5 cm.
Picasso 
BIOGRAFÍA
AUTORRETRATOS

En 1996, con la curaduría de William Rubin y un texto de Kirk Varnedoe, el MoMA presentó "Picasso and portraiture", y en el 2013 el Museo Picasso de Barcelona amplió esta idea en "Yo Picasso Autorretratos". En el siguiente texto, Eduard Vallés e Isabel Cendoya, comisaríos de la exposición. rememoran la ocasión.

Una vez convencidos de que era una exposición inédita había que analizar los factores que la harían posible. ¿Cómo obtener los préstamos? En primer lugar, nuestro punto de partida era la propia colección del Museu Picasso, que incluye una de las más importantes colecciones de autorretratos del mundo. En segundo lugar había que obtener la ayuda de la familia Picasso y de sus diversos miembros. Se da la circunstancia de que el autorretrato es un género con una importante carga íntima y que Picasso, una vez tuvo la vida solucionada, no tuvo la necesidad de vender. Es por eso que muchos de ellos quedaron en su poder y luego pasaron a sus herederos. Para suerte del proyecto la colaboración de la familia del artista ha sido generosa y entusiasta. Al margen de estos importantes grupos (del Museu Picasso y de la familia del artista) había que poner en marcha una larga tarea de investigación entre coleccionistas particulares, a menudo en base a contactos o bien haciendo investigación a partir de catálogos antiguos de subastas. Y entre los prestadores cabe destacar también el papel de los museos, tanto nacionales como internacionales, de los que hemos recibido importantes préstamos.

Sobre el título no tuvimos dudas. Si sabemos escuchar, el propio Picasso nos marca la pauta, no es necesario inventar títulos extravagantes, basta advertir comofirmaba algunas obras durante los años 1900 y, sobre todo, 1901 (“Yo Picasso”). Respecto al discurso también nos planteamos algunas preguntas. En primer lugar teníamos muy claro que la palabra “autorretrato” era insuficiente para abarcar la capacidad autorepresentativa de Picasso. Es por eso que optamos por focalizar la muestra en el autorretrato tradicional, haciéndolo extensivo sólo a varias autorepresentaciones. Una interpretación extensiva nos hubiera llevado a alteridades como el Minotauro, los autorretratos escondidos o las fusiones con otras personas (básicamente amantes), entre muchas otras categorías que escapan al criterio que delimita el discurso expositivo.

El siguiente problema era establecer el criterio expositivo. Una opción era optar por un criterio cronológico, es decir, disponer las obras en secuencia temporal. Pero esta opción no funciona con Picasso, nos habría impedido trasladar un discurso sólido en base a temáticas que son claves en la obra de Picasso (la imagen del artista o el pintor y la modelo, por ejemplo). Pero si optábamos por un criterio temático se perdía la secuencia temporal, que permite abrir y cerrar el discurso. Es por eso que hemos optado por un criterio mixto, de modo que no se sigue estrictamente ninguno de los dos pero se pueden reconocer durante el recorrido.

Nuestra investigación tenía una serie de objetivos, el primero era establecer un relato respecto al autorretrato picassiano y, sobre todo, decidir cómo disponerlo en el espacio. En este sentido, uno de los grandes placeres fue poder disponer de un gran número de autorretratos y elaborar un discurso científico que los dotara de sentido. El catálogo de la exposición es más bien un ensayo sobre el autorretrato picassiano e incluye muchas otras piezas, más o menos importantes, no presentes en la exposición. El discurso museográfico se puede leer en dos líneas diferentes. En primer lugar una de formal, que nos permite seguir la carrera artística de Picasso a partir del género del autorretrato. Si bien el autorretrato tradicional se concentra en el período de juventud y el de vejez, el visitante podrá reconocer algunas de las diferentes fases canónicas del artista: la formación, el período azul, el neoprimitivista, el cubista (a partir del autorretrato fotográfico), el clasicista, el surrealista o el último Picasso, entre otros.

Pero por debajo de esta lectura formal subyace la aventura humana, de modo que el recorrido nos permite transitar desde un adolescente de 13 años hasta un anciano de 91. En medio, se suceden las vicisitudes vitales propias del artista, pero que serían trasladables a cualquier persona. Picasso también entendía el arte como un medio que trascendía el puro análisis formal. Así se lo manifestó a Brassaï: «un día habrá una ciencia, que quizás se denominará “la ciencia del hombre”, que intentará penetrar más profundamente en el hombre a través del hombre-creador.» Él consideraba que su obra no sólo pasaría a integrar la historia del arte sino que, en un registro diferente, sería su aportación a esta “Ciencia del hombre”.

En esta línea Picasso nos traslada este relato personal a través de un género de altacarga autobiográfica y lo materializa valiéndose de manifestaciones más o menos crípticas: encontraremos el díscolo estudiante de Bellas Artes, el joven bohemio que se singulariza con indumentarias atrevidas, el artista impetuoso que se exhibe por el Moulin Rouge, el artista maduro aposentado del momento neoclásico, el marido con problemas familiares, el viejo que nos reporta su pasado y sus fantasías y, finalmente, la imagen del hombre solo ante la muerte, a los 91 años, una de las más impresionantes de toda la historia del arte. Esta obra, procedente de una colección particular de Tokio, es la que cierra la exposición y nos demuestra cómo hasta última hora, con todo en contra, Picasso no reniega de su condición de artista y nos lega el último testigo del legendario “yo” picassiano.

Eduard Vallés e Isabel Cendoya


1896

1896

1901

1901

1901 (período azul)

1906

1907

1907

1917

1938

1972

1972


Autorretrato. Pablo Picasso. 30 de junio de 1972.
Lápiz y ceras de colores sobre papel. 65,7×50,5cm. Colección particular, Tokio.



Picasso / El gran maestro del siglo XX

Picasso, el minotauro
Picasso, el gran maestro del siglo XX

La labor de los escritores en relación a su trabajo ha contribuido a la difusión de su obra de una manera determinante


    ÁNGELES GARCÍA 13 FEB 2014 - 11:09 CET

    'El taller', 1955. Óleo sobre lienzo, 80,9 x 64,9 cm Tate: Presentado por Gustav y Elly Kahnweiler en 1974, añadido a la colección en 1994. / © TATE, LONDON 2014 / SUCESIÓN PABLO PICASSO, VEGAP, MADRID, 2014
    Guillaume Apollinaire, Max Jacob, Gertrude Stein, Jean Costeau, Louis Aragon o Michel Leiris son solo unos pocos nombres de los muchos escritores con los que Pablo Picasso tuvo una estrecha relación y que contribuyeron a convertirle ya en vida como uno de los más grandes artistas de la historia. A partir de su muerte, un lluvioso domingo de abril de 1973, a los 91 años, en Notre-Dame-Vie, en Mougins (Francia), las exposiciones dedicadas a Picasso no han dejado de sucederse en todo el mundo: antológicas, retrospectivas centradas en cada una de sus múltiples etapas o temas, sus períodos azul, rosa o blanco y negro, sus retratos, su relación con la tracidión y la vanguardia, sus cuadernos, sus máscaras, sus cerámicas, sus viajes. Su inconmensurable talento junto a su ingente producción alimentan año tras año los proyectos de los museos más dispares del planeta.
    Maite Ocaña (Barcelona, 1947), una de las expertas más prestigiosas en la obra del pintor malagueño, es la comisaria de la exposición dedicada a los talleres del artista. Ocaña empezó a trabajar en el Museo Picasso de Barcelona en 1972 y puede decir que casi toda su vida profesional está ligada al artista. Solo en ese museo, se le han dedicado 79 exposiciones durante su medio siglo de existencia. La especialista no ha participado en todas, pero da fe de la respuesta masiva y entusiasta de los amantes del arte.
    ¿A qué se debe ese interés permanente por Picasso?. “Es la figura central de todo el arte del siglo XX”, responde la experta. “Su capacidad de investigación unida a su profunda admiración por el pasado le hacen único. Ya fue importante para los artistas de su generación. Los escritores colaboraron a la difusión de su obra de una manera determinante. Se relacionó con muchos y quienes no le conocían personalmente, se interesaron por su obra. fue así entonces y siguió siéndolo después”.
    Ante el imponente Autorretrato con paleta (1906) con el que arranca la exposición, propiedad del Mueseo de Philadelfia, Ocaña recuerda que se trata de una de las piezas más importantes de su periodo primitivista: rostro con forma de máscara ibérica y cuerpo volumétrico. “Tiene casi forma arquitéctonica, como el retrato que realizó de su amiga Gertrude Stein, la escritora norteamericana que tanto le ayudó en la difusión de su obra”.
    Ocaña está convencida de que por muchas exposiciones que se le dediquen, Picasso seguirá siendo por mucho tiempo una fuente inagotable de nuevas propuestas que seguirán interesando al público. “Su obra admite nuevas lecturas, enseñanzas, comparaciones“. No cree que, salvo excepciones, su nombre sea utilizado en vano para atraer visitantes. “Hay mucho por descubrir. En esta exposición mostramos un alto número de obras nunca vistas porque son propiedad de particulares. Poderlas contemplar de cerca una vez en la vida, es un buen pretexto para acercarse a ver la exposición”.
    Su cotización en el mercado de las subastas, siempre en los primeros puestos desde hace muchos años, abunda también en el interés de los museos por exponer su obra. La pasada semana en Sotheby’s de Londres, Picasso rompió un nuevo récord con Composition au Minotaure, adjudicado por 12,5 millones de euros, el precio más alto alcanzado nunca por una obra sobre papel del genio malagueño.



    jueves, 27 de noviembre de 2014

    La hijastra de Picasso denuncia el robo de 407 obras

    Jacqueline Roque y Pablo Picasso

    La hijastra de Picasso denuncia el robo de 407 obras del pintor malagueño

    Catherine Huntin-Blay asegura que la desaparición de los dibujos, litografías y catálogos se produjo entre 2005 y 2007

    Las obras podrían alcanzar un valor de entre 1 y 2 millones de euros


    ANA TERUEL París 12 JUL 2013 - 13:59 CET


    Pablo Picasso fotogafiado por Man Ray. / ELPAIS
    Hace dos años, Catherine Hutin-Bay, hija y heredera de Jacqueline, la última esposa de Pablo Picasso, descubrió que le habían robado sin que se diera cuenta cuatro dibujos del famoso pintor malagueño, con el que vivió hasta su muerte. Revisando su inventario, se percató de que en total habían desaparecido de su mansión parisiense más de 400 obras: 407 exactamente, entre dibujos, litografías y catálogos, un conjunto valorado en entre uno y dos millones de euros, según denuncia en una entrevista publicada este viernes por el magacín del diario Le Parisien. La investigación todavía en curso apunta una trama que también se habría hecho con más de 260 estampas en casa de la hija del marchante de arte Aimé Maegh.

    Condenan a Pepita Dupont a pagar un euro por difamación

    Pepita Dupont

    Condenan a Pepita Dupont, autor de "La vérité sur Jacqueline et Pablo Picasso", a pagar un euro por difamación



    Un tribunal de París condenó a la autora de un libro sobre Jacqueline Picasso, Pepita Dupont, a pagar un euro por difamar a la hija de esta, pero estimó que sus afirmaciones respecto a un supuesto deseo de la viuda de Picasso de donar a España 61 obras maestras fueron hechas de "de buena fe".



    EFE La hijastra del artista malagueño, Catherine Hutin, se había querellado contra Dupont, periodista y gran amiga de Jacqueline Picasso durante los últimos cuatro años de su vida, así como contra la editorial Le Cherche Midi que publicó el libro, por "difamación, negligencia y mala fe". 


    Los demandantes pedían 200.000 euros (unos 315.000 dólares) por daños y perjuicios en relación con una veintena de fragmentos del libro. 

    La verdad sobre Jacqueline y Pablo Picasso / Sante-Victoire, montaña querida



    La verdad sobre Jacqueline y Pablo Picasso

    Sante-Victoire, montaña querida

    El libro de Dupont en el que reivindica a Picasso y Jacqueline, los presenta como personas generosas, profundamente humanas y bondadosas


    IGNACIO VIDAL-FOLCH Barcelona 1 MAR 2014 - 00:11 CET



    Venecia acoge próximamente una exposición de fotos de Dora Maar. / F. CALVO
    El miércoles asistí en el Instituto Francés a la presentación del libro de Pepita Dupont La verdad sobre Jacqueline y Pablo Picasso; sobre el escenario del salón de actos escoltaban a la autora Victoria Combalía, historiadora del arte, y la editora del libro, Clara Pastor. Como en estas páginas informaba el otro día José Ángel Montañés, el libro procura reivindicar al pintor y a su última esposa, Jacqueline, de quien Dupont fue muy amiga en los últimos años de su vida, y presentarlos como personas generosas, profundamente humanas y bondadosas.

    Jordi Corominas i Julián / La verdad sobre Jacqueline y Pablo Picasso



    La verdad sobre Jacqueline y Pablo Picasso, de Pepita Dupont



    La verdad sobre Jacqueline y Pablo Picasso, 

    de Pepita Dupont



    Durante muchos años mi idea de Jacqueline Roque fue algo más que horrible. Representaba la última musa de Pablo Picasso, un ídolo que en su senectud se protegió mediante una coraza femenina que, literalmente, lo secuestró en un castillo para apartarlo de los focos, dominarlo e impedir que el preludio de la muerte fuera una pesadilla demasiado mediática.
    Esta forma de parte de la leyenda negra de la viuda y heredera del pintor malagueño. Su mala fama ha crecido como la espuma, pero claro, hay que tener en cuenta que después del 8 de abril de 1973, día del óbito del genio, nada fue igual y todo el clan que quiso aprovecharse del legado ha dado versiones más que contradictorias de unos y otros, como si así el laberinto del minotauro cobrara otra dimensión inasible donde la verdad y la mentira no tenían cabida, anuladas por el barullo del misterio.

    La verdad sobre Jacqueline y Picasso / No se le puede hacer sombra al sol

    Picasso y Jacqueline Roque
    Saint Tropez
    "No se le puede hacer sombra al sol"
    Jacqueline Picasso
    La verdad sobre Jaqueline y Pablo Picasso
    Pepita Dupont

    «No se le puede hacer sombra al sol», solía decir Jacqueline Picasso cuando hablaba de su marido. Pepita Dupont, amiga de Jacqueline después de la muerte del pintor, ha querido arrojar luz sobre el destino de la mujer que compartió los últimos veinte años de la vida de uno de los mayores genios del siglo XX.

    El resultado es un documento rico en información inédita, desde anécdotas de la vida de la pareja en el castillo de Vauvenargues y en su residencia de Cannes, Notre-Dame-de-Vie, hasta el oscuro episodio de la polémica entre Madrid y París provocada por la donación de sesenta y una obras de Picasso a España por Jacqueline, poco antes de su muerte.


    La autora nos revela asimismo hasta qué punto se traicionó la última voluntad de Jacqueline, a quien no se ha agradecido lo suficiente su dedicación a Picasso y su generosidad con los museos, suscitando preguntas respecto a la suerte del legado del pintor malagueño que hoy siguen sin respuesta.

    Jacqueline Roque / El obsesivo último amor de Pablo Picasso

    Pablo Picasso y Jacqueline Roque

    Jacqueline Roque

    El obsesivo último amor de Pablo Picasso

    El museo del artista muestra la colección de cerámicas que Jacqueline donó a Barcelona hace 30 años

    ROBERTA BOSCO Barcelona 26 OCT 2012 - 10:37 CET


    Cerámicas de Pablo Picasso. Colección de Jacqueline Roque. Izquierda: "Jacqueline sentada en un sillón" (1964). Derecha: "Sol y toro" (1959) y "Pez sobre fondo oscuro" (1957).
    Jacqueline Roque fue el último gran amor de Pablo Picasso. El malagueño universal, que reconocía la importancia del azar en la vida como en el arte, la conoció en 1952 cuando ella trabajaba en la tienda del taller de cerámica Madoura de Vallauris. Jacqueline tenía entonces 27 años y Picasso, 71. Quizás para superar esta diferencia el artista se volcó con una obsesión inusitada en la representación de su amada. La historia de amor entre los dos tuvo un tercer protagonista: la cerámica, género con el que Picasso había empezado a trabajar en 1947 y que se convirtió en el soporte de una serie de perfiles de su amada, como si fuera una diosa griega.
    Tras la muerte de Picasso, Jacqueline no quiso vender ni una sola pieza y guardó su obra como si fuera una reliquia. Así que fue una verdadera sorpresa que en 1982, durante la inauguración de una gran muestra de cerámicas de Picasso en su museo de Barcelona, ella anunciara que donaría a la ciudad las 41 piezas que había prestado para aquella exposición. Desde entonces, estas obras se han expuesto de forma rotativa en la colección permanente. Ahora, con motivo del 30º aniversario de la donación, se presentan en su totalidad y en un nuevo y favorecedor montaje.
    La exposición que hoy se inaugura, bautizada Cerámicas de Picasso. Un regalo de Jacqueline a Barcelona, ha sido comisariada por dos de los máximos expertos mundiales en la obra del artista malagueño: Marilyn McCully y Michael Raeburn.
    La muestra, que podrá verse hasta el 1 de abril, arranca con una serie de fotografías de la época que inmortalizan el día en que se produjo el primer encuentro entre ambos y a Jacqueline con unos hermosos collares de cerámica, de los que quedan solo unos raros ejemplares ocultos en colecciones privadas.
    Un espectacular óleo de la última musa de Picasso domina los conjuntos de piezas agrupados cronológica y temáticamente, que permiten nuevos descubrimientos de conexiones técnicas y conceptuales. Son piezas realizadas con procedimientos sencillos, utilizados de forma inédita y rompedora. “La cerámica le ofrece la oportunidad de mezclar pintura y escultura. Muchas veces utiliza platos y jarras seriadas, que manipula con la idea de convertir un objeto de uso común en una obra de arte”, explicó Marilyn McCully, reiterando que Picasso nunca dejó de experimentar, incluyendo en su práctica los accidentes en el proceso creativo.
    La muestra se completa con dos salas de gran impacto visual, que reúnen los retratos de Jacqueline, conservados en la colección de obra gráfica del museo y expuestos raramente. En la primera hay 13 litografías, todas de perfil y en la segunda 20 linografías, todas de frente y en color. Todas ellas son pruebas de artista dedicadas a Jaume Sabartés, el secretario de Picasso y el hombre que impulsó la creación del museo de la calle de Montcada, y por tanto obras únicas. “Jacqueline le recordaba a la mujer sentada del cuadro de Delacroix Femmes d’Alger”, asegura Malen Gual, conservadora del museo. Una vez que termine esta muestra, será Gual quien se ocupe de colocar las cerámicas en la sala neoclásica, recientemente restaurada.
    Precisamente ayer se cumplían 131 años del nacimiento de Pablo Picasso en Málaga y, también en Barcelona se inauguraba otra muestra dedicada al artista. Se titula Y Picasso cogió su iPad. Cubismo en clave contemporánea y especula sobre el estado actual de la pintura a partir de la pregunta ¿qué estaría haciendo Picasso si viviera? La muestra, abierta en la galería Trama hasta el 27 de noviembre, reúne 11 artistas de diferentes países, seleccionados por Paco Barragán.


    Jacqueline Picasso escapa del purgatorio

    Jacqueline, 1963
    Picasso
    Jacqueline escapa del purgatorio


    Un libro reivindica la discutida figura de la esposa de Picasso y causa revuelo en Francia


    VICTORIA COMBALIA Barcelona 1 ABR 2008
    Seguramente porque hubo un pleito muy largo y porque había tanto dinero en juego, algunos de los herederos de Picasso han ido publicando libros sobre su relación con el pintor: los unos, como Marina (hija de Paulo, a su vez hijo de Olga Kokhlova), hablando de la inhumanidad del genio; los otros, como Olivier Widmaier (hijo de Maya, a su vez hija de Marie Thérèse Walther, y consejero jurídico de la Picasso Administration), rehabilitando la figura de su abuelo. Ahora acaba de aparecer otro libro sobre el entorno del gran artista del siglo XX que no ha causado tanto escándalo como Vivir con Picasso de Françoise Gilot... pero casi.
    La verdad sobre Jacqueline Picasso es obra de Pepita Dupont, periodista de Paris Match y gran amiga de Jacqueline Roque, la ultima mujer del pintor malagueño. El libro quiere recuperar la memoria de quien fue calificada por muchos como la cancerbera de Picasso, y que murió el 15 de octubre de 1986, 13 años después de la muerte de su marido, disparándose un tiro en la cabeza.


    Pepita Dupont


    La obra da cuenta de las aventuras sentimentales del personaje

    Según la autora, nadie agradeció a Jacqueline su dedicación a Picasso
    El argumento de Pepita Dupont contra esta opinión tan negativa es que Jacqueline no hizo más que seguir la voluntad del artista. Acusada de no haber dejado asistir a los hijos de Picasso, salvo Paulo, al entierro de su padre, Pepita recuerda que ellos habían iniciado anteriormente un pleito para estar seguros de heredar su fortuna, lo que indignó sobremanera al pintor. La verdad es que, siendo supersticioso como buen andaluz que era, Picasso no había hecho testamento: Me moriría al día siguiente si lo hago, le dijo al crítico de arte John Richardson.

    miércoles, 26 de noviembre de 2014

    Venezuela / Maduro, déjanos tirar





    MADURO, DÉJANOS TIRAR

    LOS HOMICIDIOS DISPARADOS 

    Y LA LIBIDO POR EL PISO

    Por Samantha Mesones 
    Ilustraciones de Juan Exposito
    3 de marzo de 2014

    Caracas, sin duda, es una ciudad tremenda. El clima nos ayuda a pensar en sexo varias veces al día: nuestra ropa es holgada; no hace tanto frío en la madrugada –y, si hace un poco, nada que una bufanda y un traguito de ron no puedan solucionar–; la gasolina es barata; las mujeres coquetas, lindas y sin penas; los hombres piroperos y grandes besuqueadores –lo digo por experiencia propia–. Súmesele a esto vistas hermosas, colores brillantes, montañas que inspiran, comida perfecta, ron que desbarata. Sí, Caracas es perfecta para portarse mal.

    El socialismo del siglo XXI / El derroche de dos y medio millones de dólares por cuatro días en Nueva York


    Nicolás Maduro durante su discurso en la Asamblea de la ONU, realizada en Nueva York.
    Foto: AFP
    Nicolás Maduro durante su discurso en la Asamblea de la ONU, realizada en Nueva York.

    EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI

    Maduro habría gastado 2'500.000 dólares 

    en 4 días en Nueva York

    Fue con comitiva de 175 personas y gastaron en una sola cena US$ 79.880, según diputado opositor.




    EL SOCIALISMO

    El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, realizó un viaje a Nueva York del 22 al 26 de septiembre para disertar en la Asamblea General de la ONU. En esta breve estadía, el mandatario y su comitiva de 175 personas gastaron 2,5 millones de dólares, denunció el diputado opositor Carlos Berrizbeitia, según le señaló a 'ABC' de España.

    “Hasta la fecha, Maduro ha dilapidado en viáticos y pasajes más de 14'375.000 dólares, mientras el pueblo venezolano atraviesa una profunda crisis económica y sobre todo hospitalaria", manifestó el representante opositor en referencia a la ausencia de fondos para comprar medicinas, alimentos y la epidemia del chikunguña y dengue.

    La delegación estaba compuesta por familiares, periodistas, ministros, militares, seguridad y otros funcionarios. “Solamente el pago de habitaciones, en el lujoso hotel cinco estrellas Stanhope, supera el escándalo de más de 550.000 dólares. Estamos hablando de que se ocuparon más de 35 habitaciones con un valor de 1.000 dólares diarios, alquiladas quince días antes de la llegada de la comitiva”, denunció.

    Maruja Tarre / Venezuela violenta



    Venezuela violenta

    En 15 años ininterrumpidos de llamamientos al odio, los chavistas han despertado elementos muy oscuros del alma venezolana

    MARUJA TARRE 13 OCT 2014 - 16:17 CES
    Desgraciadamente, la historia de Venezuela ha sido siempre violenta. Era un territorio originalmente poblado por tribus guerreras que fueron casi exterminadas durante la Conquista. Luego la esclavitud aportó un elemento de espantosa violencia por el hecho mismo de su existencia y por las terribles represiones a cualquier intento de fuga por parte de los esclavos.
    La Independencia, que ahora más que nunca se estudia destacando la heroicidad, fue también una guerra civil tan cruenta que la población venezolana se vio mermada en forma sustancial. Según datos del historiador Brito Figueroa, la población aproximada del país cuando se proclama la Independencia en 1810 era de 898.043 habitantes. Doce años más tarde, en 1822, cuando no habían terminado los combates, había descendido a 616.545. La crueldad de Boves es todavía legendaria. Pero el decreto de Guerra Muerte de Bolívar, donde promete la muerte a “españoles y canarios, aun cuando sean inocentes”, no puede ser calificado como “políticamente correcto”:
    El país arruinado, exhausto, agotado, se ve afligido por una nueva calamidad, que ha sido exaltada por el chavismo: la Guerra Federal. Hubo caudillos como Martín Espinoza que combatía con el lema de “mueran todos los blancos y los que sepan leer y escribir”. Al terminar la Larga Guerra, el país está no solo arruinado sino privado de una clase educada. En el siglo XX, el orden del “Gendarme Necesario”, con Juan Vicente Gómez, vino también en medio de gran violencia y crueldad, poniendo fin a los caudillos, pero con estudiantes e intelectuales presos y torturados. Un breve período democrático a partir de 1936, va acompañado de canibalismo político que llevaría a los militares en 1948, a derrocar al escritor Rómulo Gallegos, primer presidente electo democráticamente en la historia del país. Viene nuevamente un período de dictadura militar clásica, con represión, violencias, torturas, que durará exactamente una década.
    Los 40 años de democracia representativa, de 1958 a 1999 cuando llega Chávez al poder, no fueron perfectos. Se enfrentaron intentos de golpe militar de derecha, en incluso un atentado en contra del presidente Betancourt financiado por Trujillo, el dictador dominicano. Fue necesario combatir una guerrilla de izquierda, que tenía apoyo y recibía armas de Cuba. Dicha guerrilla fue derrotada militarmente (y eso implica violencia), pero luego vino un período de “pacificación”, único en América Latina, que permitió a los líderes guerrilleros, Petkoff, Américo Martín, Pompeyo Márquez y muchos otros, incorporarse al proceso político democrático del país. Aún a pesar de la “pacificación” hubo asesinatos, masacres, corrupción, atentados en contra de la libertad de expresión. Pero en Venezuela, la gran mayoría de la población pensaba que la democracia era perfectible y sobre todo que, al cabo de cinco años, podíamos cambiar el gobierno por medios electorales. Los venezolanos de la segunda mitad del siglo XX indudablemente estábamos insatisfechos con los gobiernos que teníamos, con la ineficiencia y la corrupción, pero pensábamos que estábamos encaminados, a pesar de todas las fallas, hacia la modernidad y que el país ya sería para siempre una democracia “chucuta”, pero democracia.

    La mayor parte de los venezolanos que han emigrado, lo han hecho por temor a esa violencia desatada y a la impunidad del crimen
    Chávez fracasa en su intento de llegar al poder por un golpe y se vale de los mecanismos democráticos para acceder, legítimamente, a la presidencia de la república. Muy rápidamente demuestra que, lejos de alcanzar lo que bautizó como “socialismo del siglo XXI”, lo que en realidad logra es un regreso a la Venezuela decimonónica que creíamos totalmente superada. Su retórica misma en contra de los “oligarcas”, su ideología primitiva son sacadas directamente de los discursos de la Guerra Federal, aderezados con algo de comunismo castrista. Los famosos programas de Mario Silva, transmitidos diariamente por la televisión del Estado y avalados directamente por el Caudillo Máximo, transmitían mensajes de destrucción, solo comparables con los que existieron en Ruanda entre Hutus y Tutsis. Siempre con la idea de dividir, de tener tropas solamente fieles a él, Chávez fomenta la creación de “colectivos” munidos de armas de guerra. Todo eso acompañado de sus peroratas violentas y diarias en contra de sus “enemigos”, que son basura, escoria, apátridas, pitiyankis, financiados por la CIA.
    Muere Chávez, por un cáncer “inoculado por el Imperio” y se desatan todos los demonios. Sus sucesores no son capaces de controlar las redes violentas que sembró el Comandante Supremo. En la vida diaria, el discurso de odio ha creado una sociedad que pelea con una saña impresionante por un incidente en el tráfico o un litro de aceite (muy escaso). La delincuencia común ya no roba, sino mata con un placer sádico. Venezuela es, junto con Honduras, el país más violento del mundo. La mayor parte de los venezolanos que han emigrado, lo han hecho simplemente por temor a esa violencia desatada y a la impunidad del crimen.
    Ahora, en los últimos tiempos ha surgido un nuevo tipo de ajusticiamiento, que el gobierno naturalmente atribuye a la oposición, al Imperio, a la CIA, a Uribe y a los paramilitares colombianos. Pero lo poco que se sabe, a pesar de la férrea censura de prensa, parece indicar que se trata de venganzas, de lucha por el poder. Una violencia monstruosa, aderezada con elementos de brujería y sadismo. Desgraciadamente, en 15 años ininterrumpidos de llamamientos al odio, a la lucha de clases, a los enfrentamientos raciales, los chavistas han despertado elementos muy oscuros y primitivos del alma venezolana, que creíamos desaparecidos desde las guerras federales. Elementos que quizás existen en todos los pueblos, como se vio en la Alemania de Hitler, y que los aprendices de brujos después no logran controlar.