jueves, 18 de agosto de 2022

Diez recomendaciones ilustradas

 



DIEZ RECOMENDACIONES ILUSTRADAS

Hacemos 10 recomendaciones, podíamos dar 100 ó 1000. Hay verdaderas joyas que se editan cada día. Maestros del dibujo, genios de la ilustración que narran con trazos, formas y colores un imaginario infinito. Destacamos 10 referencias de editoriales que apuestan por este arte, una profesión, como decía Sempé, que a simple vista parece sencillo. Disfruten.

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Dibujar es un oficio que parece sencillo, pero no lo es. Es como cuando veo a los trapecistas de un circo. Me digo que lo que hacen es muy fácil, pero si decidiera subirme al trapecio me daría un tortazo importante. Con el dibujo sucede exactamente lo mismo. Sempé

Sempé / The New Yorker III




Jean-Jacques Sempé
THE NEW YORKER III




Sempé / The New Yorker II



Jean-Jacques Sempé
THE NEW YORKER II



Sempé / The New Yorker I

 


Jean-Jacques Sempé
THE NEW YORKER I





Sempé / “El pequeño Nicolás’ nació pasado de moda”

Jean-Jacques Sempé
Foto de Lea Crespi

Sempé

“El pequeño Nicolás’ nació pasado de moda”

El ilustrador francés Jean-Jacques Sempé, crítico afilado del mundo en el que vive, regresa a las librerías españolas con 'Marcelín'


Alex Vicente
16 de mayo de 2016

La suya es una silueta oronda e impecablemente vestida que inhala con vehemencia su cigarrillo electrónico: tuvo que dejar de fumar hace algunos meses por los achaques de la edad. A punto de cumplir 84 años, Sempé aparece sentado en un rincón del pequeño espacio que su galerista tiene en Saint-Germain, el barrio parisiense donde ha transcurrido buena parte de su existencia, donde cuenta con Catherine Deneuve y Patrick Modiano como vecinos más ilustres. Gran figura del dibujo del último siglo, autor de centenares de viñetas entrañables pero increíblemente afiladas, Sempé obtuvo la fama en los sesenta ilustrando El pequeño Nicolás, de René Goscinny.


Desde entonces, se ha pasado media vida diseccionando las ridículas costumbres del tiempo que le ha tocado vivir, trazando a oficinistas deprimidos, esforzados ciclistas, músicos sin la partitura aprendida, astronautas polígamos y otros hombrecillos con diversas inquietudes metafísicas (además de numerosos gatos, en un gesto de inaudita modernidad). Responsable de una treintena de álbumes y de un centenar de codiciadas portadas de The New Yorker, Sempé regresa a las librerías españolas con Marcelín, uno de sus volúmenes de los sesenta, que ahora recupera Blackie Books.





PREGUNTA. Su biografía empieza con una recompensa: ganó un premio al bebé más guapo de Burdeos, su ciudad natal.

RESPUESTA. Vaya a saber qué quería decir eso en aquella época. Debía ser el bebé más gordo, porque entonces un bebé tenía que rebosar por todas partes…

P. ¿A qué se dedicaban sus padres?

R. Tuvieron vidas difíciles. Hicieron lo que pudieron. Mi padre adoptivo, Monsieur Sempé, era representante comercial. Vendía latas de conserva. Mi madre cosía y limpiaba. No tenían nada, lo que comportaba muchas peleas, entre ellos y contra mí.

P. Usted fue hijo ilegítimo. ¿Nunca supo nada de su padre biológico?

R. Nunca quise saber. No quería poner a nadie en aprietos. No deseaba presentarme en casa de una familia bien asentada y preguntar: “¿Vive aquí mi padre?”. No, nunca lo fui a buscar. Hubiera sido un jaleo.

P. ¿Cómo llegó al dibujo?

R. Era más fácil encontrar un folio y un lápiz que un avión o un piano Steinway, por citar mis demás pasiones. En realidad, estaba loco por la música. Especialmente por el jazz, que ha sido la música del siglo XX. Hubiera hecho cualquier trabajo, pero todo el mundo me rechazó.

P. ¿Cuál fue su primer dibujo publi­cado?

R. No quiero hablar de él. Lo publiqué a los 18 años en Sud-Ouest, el diario de Burdeos. Era una catástrofe. Si me lo publicaron fue por pura amabilidad, tal vez esperando que algún día lograra hacer algo digno.

P. Se le suele tratar de nostálgico. ¿Qué hay de cierto?

R. Es verdad. Hay varias cosas que echo de menos. El papel, las plumas y la tinta que ya casi no se fabrican. O la Francia de otro tiempo, un país agradable y campechano que ha desaparecido. Ahora ya no hay sentimientos…

“La amistad es algo maravilloso, pero frágil. Igual que el resto de sentimientos humanos. A excepción de la barbarie”

P. ¿En qué sentido?

R. La vida se ha vuelto muy dura. Solo consiste en trabajar y consumir. Todo va a una gran velocidad. Los pueblos se expanden y los países se entremezclan. Es una sociedad violenta, en la que cuesta hacerse un lugar. Los fuertes aplastan a los débiles y ya casi no existe la piedad. Lo llevo mal, porque esa brutalidad no me gusta.

P. Siempre ha sido un gran defensor de la bondad.

R. Pienso lo mismo que Vasili Grossman, el autor de Vida y destino. Tuvo una existencia infernal, pero al final de su libro afirma: “Solo creo en la bondad”. Yo diría lo mismo.

P. En Francia se le suele tildar de moralista. ¿Se lo toma como un insulto?

R. No sé qué querrán decir con eso…

P. Tal vez que sigue creyendo en el bien y en el mal.

R. Es así, por desgracia. Ya no está muy de moda ser así. Es como de otro tiempo.

P. ¿Es conservador?

R. No entiendo cuál es la relación. A uno le puede gustar la música clásica o la arquitectura del siglo XVII sin ser un retrógrado, ¿verdad? Pues con este tema sucede lo mismo…

P. ¿Usted vota?

R. Claro, pero no le voy a decir por quién. De eso no hablo.

P. ¿Qué es para usted dibujar?

R. Es un oficio que parece sencillo, pero no lo es. Es como cuando veo a los trapecistas de un circo. Me digo que lo que hacen es muy fácil, pero si decidiera subirme al trapecio me daría un tortazo importante. Con el dibujo sucede exactamente lo mismo.

P. ¿Cree en la inspiración?

R. Solo cuando llega. Cuando no llega, dejo de creer en ella.

P. ¿Qué hace cuando no llega?

R. En realidad, solo cuenta el trabajo, por mucho que me fastidie. La inspiración hay que ir a buscarla.

P. ¿Le ayuda observar la vida de sus semejantes?

R. Darme un paseo por mi barrio me ayuda a vivir y, por consiguiente, a dibujar. Pero no existe una relación directa. Nunca me he nutrido de mi biografía. En realidad, no puedo contarle cómo funciona, porque no tengo la menor idea. Es un misterio bastante desesperante. Si alguien le da la receta, dígale que me llame.

P. ¿Qué ha aprendido en estos 50 años largos de carrera?

R. Que soy más tonto de lo que creía. Que soy torpe, perezoso y desordenado. Que soy un hombre aturdido.

P. ¿Sigue dibujando?

R. Sí, pero ya no todos los días. Me resulta extraño, porque antes lo hacía sin parar. Ahora soy un hombre viejo. Me siento cansado. Ya ni puedo ir en bicicleta, una de mis grandes pasiones, porque se me estropeó una pierna tras un accidente vascular…

“La caricatura política no me gusta, no me interesa y no sé hacerla. La actualidad me importa poco”

P. ¿Por qué no le gusta la palabra obra?

R. Resulta demasiado pretenciosa. En el fondo, usted y yo no dejamos de ser personas corrientes. Cuando veo a un tipo que habla de su obra como si fuera La Gioconda, me entra la risa.

P. Es por modestia, entonces.

R. No, más bien por un deseo de ser preciso respecto a lo que pienso de mi trabajo. Llamarlo trabajo, oficio o incluso curro me parece bien. Cualificarlo de obra, no.

P. ¿Firmar su primera portada para The New Yorker fue uno de los grandes orgullos de su vida?

R. Fue un enorme placer, se lo confieso. Pero no me haga describírsela; mejor se la enseño… [abre un libro que contiene el dibujo: un oficinista con cuerpo de pájaro que duda en salir volando por la ventana]. Este buen hombre podría escapar, porque lo tiene todo para poder hacerlo, pero no se decide. Esa es la condición de muchos seres humanos.

P. ¿Todos somos prisioneros?

R. Eso parece. Tanto si hemos elegido nuestra vida como si no. Pero no me haga hablar de estas cosas. Mejor pregúnteselo a Nietzsche o a Pascal.

P. Ya, pero están muertos.

R. Ah. Por eso nunca responden cuando los llamo.

P. ¿Diría que la amistad ha sido su tema principal?

R. Nunca fui consciente de ello. A fuerza de escucharlo, un día me puse a mirar mis dibujos y me di cuenta de que era verdad. Me parece un elemento muy importante en la vida. La amistad es algo maravilloso, a la vez que extraordinariamente difícil…

P. ¿La considera efímera?

R. No, la considero frágil. Igual que el resto de sentimientos humanos, a excepción de la barbarie.

P. ¿La amistad sustituyó a los afectos que no tuvo de niño?

R. Sí, sin lugar a dudas. Le contaré otra anécdota: mi músico favorito, Duke Ellington, que es un hombre que logró todas las recompensas y sedujo a todas las mujeres que uno pueda imaginar, solía decir, al final de su vida, que lo que había contado más era encontrarse en los brazos de su madre cuando era pequeño…

P. ¿Por qué nunca le interesó la caricatura política, tan de moda en la Francia de los sesenta y setenta?

R. Porque no me gusta, no me interesa y no sé hacerla. La actualidad me importa poco, y en la caricatura política solo suele haber buenos y malos. La realidad es más complicada, a no ser que aparezcan Hitler, Stalin o Mao. A mí me gustaban esos estadounidenses de origen judío centro­europeo, como Chas Adams o Saul Steinberg, que practicaban el arte de la lítote, esa figura retórica que consiste en decir poco y expresar mucho.

P. ¿Qué relación mantuvo con sus compañeros de revistas satíricas como Le Canard Enchaîné o Charlie Hebdo?

R. Éramos colegas. Debutamos a la vez, pero nunca nos llevamos bien. Éramos demasiado distintos…

P. ¿Ideológicamente?

R. No, yo diría que más bien biológicamente [risas].

P. ¿Cómo fue trabajar con René Goscinny, con quien creó El pequeño Nicolás?

R. Lo conocí a los 20 años. No le puedo explicar por qué nos caímos tan bien. Sería como detener a una pareja por la calle y preguntarles: “¿Por qué se aman? ¿Qué le encuentra usted a este tipo?”. Es imposible describirlo…

P. ¿Por qué tuvo tanto éxito El pequeño Nicolás?

R. Muy fácil: porque nació pasado de moda.


EL PAÍS




miércoles, 17 de agosto de 2022

Muere el dibujante francés Jean-Jacques Sempé, padre de ‘El pequeño Nicolás’

Jean-Jacques Sempé, en su casa en París en 2015.foto de STEPHANE DE SAKUTIN 


Muere el dibujante francés Jean-Jacques Sempé, padre de ‘El pequeño Nicolás’

El artista francés captó con un trazo sencillo y solo en apariencia liviano la poesía de la infancia y de su tiempo



Marc Basset
11 de agosto de 2022

Jean-Jacques Sempé, el dibujante que con un trazo sencillo y preciso imaginó los rasgos de personajes eternos como El pequeño Nicolás, y que, con aparente liviandad, captó la poesía de la infancia y de la vida cotidiana en ciudades como París y Nueva York, murió este jueves a los 89 años, según informó su esposa, Martine Gossieaux Sempé, a la agencia France Presse. Su biógrafo, Marc Lecarpentier, precisó que se encontraba en su residencia de vacaciones, sin precisar el lugar, y que estaba “rodeado de su mujer y sus amigos más cercanos”. Una mirada superficial podría dar de Sempé la imagen de un ilustrador de revistas frívolas o elitistas, alguien ajeno a los tormentos de su época que nunca dejó de retratar siempre el mismo tipo de personajes y escenarios. Sería un error. Parecía ligero pero era profundo. Se tomaba poco en serio a sí mismo y muy en serio a los humanos. Bajo la superficie, vibraba el mundo, su mundo. “El hombre es un animal inconsolable y alegre”, rezaba su lema, como recuerda Le Figaro, y estas palabras son un resumen de su obra, más de cuarenta álbumes y centenares de ilustraciones y portadas para publicaciones como Paris Match y The New Yorker.

Jean-Jacques Sempé / Sacar punta con melancolía



Jean-Jacques Sempé

Sacar punta con melancolía

Sempé se ríe con sutileza de cierta masculinidad en este libro ilustrado para adultos publicado en Francia en 1965


TEREIXA CONSTENLA

Pocos como Jean-Jacques Sempé (Burdeos, 1932) redondean una atmósfera con trazos inacabados. El señor Lambert, que se publicó originalmente en Francia en 1965, había permanecido inédito en España hasta ahora que la editorial Blackie Books está recuperando los trabajos para adultos del dibujante de El pequeño Nicolás. Con las minúsculas herramientas de un lápiz, un esbozo y una cháchara, Sempé logra que El señor Lambert ofrezca un retrato costumbrista del bistró económico, un apunte sociológico de la masculinidad del francés medio de los años sesenta y una minitragicomedia. Su ironía afilada e ingenua nada tienen que ver con la sal gruesa del espíritu de Charlie Hebdo. Sempé saca punta al mundo con un deje melancólico.

Tetralogía Sempé para la crisis



Tetralogía Sempé para la crisis


José Ribero Serrano


Entre 1961 y 1966 el dibujante francés Jean Jacques Sempé, famoso por sus libros sobre El pequeño Nicolás con guion de Gosciny (ahora que recordamos al desaparecido Uderzo), publica cuatro trabajos sorprendentes, referidos a lo que Freud había llamado antes como psicopatologías de la vida cotidiana, en la naciente ola de los años sesenta y del primer esplendor francés del estado del bienestar. Justo antes de la eclosión del Mayo-68 y en coexistencia pacífica con el optimismo de la Nouvelle Vague que tantos colorines introdujo en la vida de los franceses, por más que el grueso de sus películas fueran en fulgurante blanco y negro.

martes, 16 de agosto de 2022

Murió el escritor Nicholas Evans, el hombre que susurraba a los caballos

 

Nicholas Evans
Fotografía de Ulf Andersen

Murió el escritor Nicholas Evans, el hombre que susurraba a los caballos

El autor británico, de 72 años, había publicado el libro que inmediatamente se convirtió en best seller en 1995; la historia saltó a la pantalla grande de la mano de Robert Redford

LA NACION

El escritor británico Nicholas Evans, autor del exitoso best-seller El hombre que susurraba a los caballos, murió de una crisis cardiaca a los 72 años, anunció hoy su agente. No obstante, el fallecimiento se produjo el 9 de agosto, y no se hizo público hasta la emisión de un comunicado este lunes que reprodujo la agencia AFP. “United Agents tiene la gran tristeza de anunciar la repentina muerte del celebrado autor Nicholas Evans, fallecido el martes de una crisis cardiaca”.

Muere a los 72 años el escritor Nicholas Evans, autor de ‘El hombre que susurraba a los caballos’

Nicholas Evans en una imagen tomada en Nueva York en 2005.TINA FINEBERG (AP)


Muere a los 72 años el escritor Nicholas Evans, autor de ‘El hombre que susurraba a los caballos’

El autor británico, cuya novela más conocida fue adaptada al cine por Robert Redford, falleció tras sufrir un ataque al corazón


El País

15 de agosto de 2022


El escritor británico Nicholas Evans, autor del superventas El hombre que susurraba a los caballos, ha fallecido repentinamente a los 72 años tras sufrir un ataque al corazón, según anunció este lunes su agencia de representación. El deceso se produjo el pasado martes 9 de agosto.

Nicholas Evans atribuye su éxito literario a la pasión por la naturaleza

Nicholas Evans



Nicholas Evans atribuye su éxito literario a la pasión por la naturaleza


Miguel Ángel Villena
6 de noviembre de 1998


Nicholas Evans (Worcestershire, Inglaterra, 1950) ha vendido en todo el mundo 30 millones de ejemplares de su primera novela El hombre que susurraba a los caballos (Plaza y Janés). Pero este antiguo periodista y guionista de televisión está en las antípodas del autor programado de libros de éxito y atribuye la fama que le dio su primer libro no sólo a la versión cinematográfica que dirigió e interpretó Robert Redford, sino también a la pasión por la naturaleza de muchos lectores. "Los grandes espacios", comentó el escritor durante su visita a Madrid esta semana, "mantienen la épica de las grandes historias literarias y ésa ha sido la clave de que la novela triunfara tanto en Asia como en Europa o en América".

lunes, 15 de agosto de 2022

Ofendidos por Salman Rushdie

Salman Rushdie. - REUTERS / Andrew Winning

Ofendidos por Salman Rushdie

David Torres
14 de agosto de 2022


Desde hace más o menos treinta y tres años, la edad de Cristo en la cruz, Salman Rushdie se había convertido para su desgracia en un personaje de novela, concretamente de una novela de Salman Rushdie. El narrador todopoderoso, creador de ángeles y demonios que caen volando desde los cielos, contempló aterrado cómo el maleficio de la palabra escrita volvía para alcanzarlo y convertir su vida en un infierno. De repente, tras la publicación de Los versos satánicos, su rostro estaba en todos los periódicos y telediarios del mundo, su nombre maldecido entre los creyentes, su cabeza reclamada por legiones de fanáticos. Decía Borges que la fama siempre es un malentendido, quizá el peor, una boutade que nadie podría suscribir con más derecho que Salman Rushdie. Nunca sabremos qué molestó realmente al ayatolá Jomeini, si la acusación de blasfemia implícita en la idea de que, al redactar el Corán inspirado por el arcángel Gabriel, Mahoma habría mezclado sin querer los versos satánicos con los divinos, o la descripción que hace Rushdie en uno de los capítulos del propio Jomeini, un anciano agrio y ceñudo exiliado en París años antes de su regreso triunfal a Teherán.

Salman Rushdie se recupera mientras las ventas de 'Los Versos Satánicos' se disparan



Salman Rushdie se recupera mientras las ventas de 'Los Versos Satánicos' se disparan

La salvaje agresión fue posible gracias a que la Institución Chautauqua, que era quien organizaba el evento, rechazó la sugerencia policial de poner arcos detectores de metales


Pablo Pardo
Washington, 14 de agosto de 2022

Salman Rushdie ha recuperado la voz y es capaz de respirar sin ayuda. El escritor británico-estadounidense está, así, "en el camino de la recuperación", según confirmó su agente, Andrew Wylie, al diario 'New York Times'.

domingo, 14 de agosto de 2022

En defensa de Salman Rushdie


Salman Rushdie
Credit: Stefan Boness/Ipon/SIPA/1511221217

En defensa de Salman Rushdie

 Andrea Calamari


«Comunico al orgulloso pueblo musulmán del mundo que el autor del libro Los versos satánicos -libro contra el Islam, el Profeta y el Corán- y todos los que hayan participado en su publicación conociendo su contenido están condenados a muerte. Pido a todos los musulmanes que los ejecuten allí donde los encuentren».

Ivan Thays / Escribir es una revolución


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Salman Rusdhie sin guardaespaldas


"Escribir es una revolución"

Por:  23 de mayo de 2012

El 6 de mayo pasado, Salman Rushdie cerró el PEN World Voices Festival de Nueva York con una exposición sobre el dramaturgo Arthur Miller. Entonces habló sobre la censura. Dijo: los escritores están dispuestos a hablar sobre editores y críticos, sobre cuánto ganan, sobre chismes de otros escritores, sobre política y sobre amor, incluso sobre literatura, pero jamás sobre la censura. Discuten sobre la creación sin percatarse de que la censura es la anti-creación, la energía negativa, lo increado o, en un juego de palabras: "the bringing into being of non-being" (lo que podría traducirse como la puesta en ser del no-ser). No hay que quedarse callados sobre eso.

Max Beerbohm / Enoch Soames



Max Beerbohm
ENOCH SOAMES

Cuando el señor Holbrook Jackson dio al mundo un libro sobre la literatura del 90, busqué ansiosamente en el índice el nombre de SOAMES, ENOCH. Temía que no estuviese. Y no estaba. Sin embargo, figuraban todos los demás. Muchos escritores a quienes yo olvidara por completo o sólo recordaba vagamente, resucitaron ante mí, con sus obras, en las páginas del señor Holbrook Jackson. El libro era tan minucioso como brillante.

De ahí que la omisión descubierta por mí fuese la evidencia más cabal de que el pobre Soames no había dejado huella alguna en la literatura de su década.

sábado, 13 de agosto de 2022

Juan Carlos Onetti / La versión de Linacero


Juan Carlos Onetti
LA VERSIÓN DE LINACERO


Encontré a Cordes casualmente y vinimos por la noche a mi pieza. Habíamos estado tomando unas cañas, él compró cigarrillos y yo, felizmente, tenía un poco de té. Estuvimos hablando durante horas, en ese estado de dicha exaltada, y suave no obstante, que sólo puede dar la amistad y hace que insensiblemente dos persona vayan apartando malezas y retorciendo caminos para poder coincidir y festejarlo con una sonrisa.

Juan Carlos Onetti / Mañana será otro día


Obra de Suzanne Larrieu

Juan Carlos Onetti
MAÑANA SERÁ OTRO DÍA
La lluvia había dejado las Ramblas casi vacías y sólo quedaba gente agrupada en el café encristalado donde, desde meses atrás, no la dejaban entrar.

viernes, 12 de agosto de 2022

Angela Carter / El hombre lobo



Angela Carter

 

El hombre lobo



Es un país del norte; tienen clima frío, tienen corazones fríos.

Frío, tempestad, bestias salvajes en el bosque. Es una vida dura. Las casas son de troncos, oscuras y llenas de humo por dentro. Hay una burda representación de la Virgen tras una vela parpadeante, un pernil de cerdo colgado para que se cure y una sarta de mustios champiñones. Una cama, un taburete, una mesa. Penosas, breves, pobres vidas.

Para los hombres de las tierras altas, el diablo es tan real como vosotros y yo. O más aún, porque no nos han visto a nosotros ni tienen constancia de nuestra existencia, pero el diablo se deja vislumbrar con frecuencia en los cementerios, en los inhóspitos y conmovedores pueblos de los muertos donde las tumbas se decoran con retratos naif de los fallecidos y, como no hay flores para poner, como allí no crecen flores, ponen pequeños exvotos, panecillos y, en ocasiones, pasteles que los osos, surgiendo pesadamente de las lindes del bosque, roban. A medianoche, sobre todo en la Walpurgisnacht, el diablo organiza meriendas en los camposantos e invita a las brujas; luego, desentierran los cadáveres frescos y se los comen. Cualquiera os lo podría decir.

Angela Carter / En compañía de lobos



Angela Carter 

En compañía 

de lobos





Una fiera y sólo una aúlla en las noches del bosque.

El lobo es carnívoro encarnado y es tan ladino como feroz; si ha gustado el sabor de carne humana, ya ninguna otra lo satisfará.

De noche, los ojos de los lobos relucen como llamas de candil, amarillentos, rojizos; pero ello es así porque las pupilas de sus ojos se dilatan en la oscuridad y captan la luz de tu linterna para reflejarla sobre ti... peligro rojo; cuando los ojos de un lobo reflejan tan sólo la luz de la luna, destellan un verde frío, sobrenatural, un color taladrante, mineral. El viajero anochecido que ve de súbito esas lentejuelas luminosas, terribles, engarzadas en los negros matorrales, sabe que debe echar a correr, si es que el terror no lo ha paralizado.

Angela Carter / La niña de nieve


Ilustración de Alejandra Acosta


Angela Carter

LA NIÑA 

DE NIEVE 

 



The Snow Child by Angela Carter


Pleno invierno: invencible, inmaculado. El conde y su esposa han salido a montar; él, sobre una yegua gris y ella, sobre una negra, envuelta en brillantes pieles de zorro negro, con unas relucientes y altas botas negras de tacones rojos, y espuelas. Nieve fresca caía sobre la nieve que ya había caído; el mundo entero era blanco.