jueves, 30 de junio de 2016

Marcos Ordoñez / Maldito Martin Amis

Martin Amis
Maldito Amis

Me parece una autoridad. Lo que sabe este hombre, qué envidia me da


Marcos Ordoñez
7 de octubre de 2015

Leo una entrevista con Martin Amis en el Jot Down del domingo. Muy buena entrevista. Hacia el final, estas líneas me pegan un macetazo: “La edad diluye a los escritores. El peor de todos los destinos trágicos es perder la habilidad de impartir vida a tus creaciones (tus creaciones, en otras palabras, ya nacen muertas)”. Tremendo párrafo. Un poco ególatra, si me permiten. ¿El peor de todos los destinos trágicos? Se me ocurren tres infinitamente peores: la pérdida de un ser querido, un cáncer sin remisión, la borradura del alzhéimer. Espero que Amis no entienda "destino" en el sentido helénico de predeterminación. También me fastidia un poco lo de "tus creaciones". Muy pomposo me suena eso. Muy teatral. En Francia lo vi escrito por vez primera. Allí no dicen (o muy poco) "spectacle", dicen "création". En el programa del festival de Avignon de cada año hay más "créations" que en la isla del doctor Moreau. Pues eso: que en vez de "tus creaciones" preferiría "tu mirada", lo que haces a la hora de escribir con tu mirada, con tu imaginación, con tu memoria.
Entonces, si le pongo tantas pegas, ¿por qué estoy dándole vueltas y más vueltas a ese párrafo? Porque si lo dice Martin Amis yo me lo pienso dos veces. O más: me parece una autoridad, siempre me lo ha parecido. Lo que sabe este hombre, qué aplomo, qué envidia me da. Saul Bellow, islam, antisemitismo, la unificación alemana, ateísmo y creencia, Hitler y Stalin. Le preguntan por Hillary Clinton y comienza: "Bueno, Hillary no ha dicho nada en seis meses". ¡Lo sabe! ¡Tiene una respuesta! ¡Y además le llama Hillary, por el nombre de pila! Los escritores ingleses son la monda. Y menuda quinta: Martin Amis, Julian BarnesChristopher Hitchens. Me acoquinan, me impresionan desde hace años. Para no hablar del casón que Amis tiene, según cuenta el entrevistador, en Cobble Hill, Brooklyn: "Tres plantas: el estudio en el sótano, la vida en la planta baja, la biblioteca y la intimidad en el primer piso". ¡Así quisiera yo mi vida y mi cabeza!
Al grano: que cuando leo esa primera frase siento un escalofrío de sentencia inapelable: la edad diluye a los escritores. Amis se salva porque es inglés y porque su cerebro es como su casa. Yo soy de aquí, mi coco parece una chamarilería, y pronto cumpliré 59, y decir 59 es decir casi 60. ¿Cuánto me queda antes de diluirme? No, no estoy de broma. Un miedo nuevo, pienso. ¿Nuevo? Vamos, chico, lo tienes desde los veinte. Antes, incluso. Este doble miedo: cuánto me queda y cuándo se secará esto. Entre tanto, sigamos un rato. Ya me enteraré. O ya me lo dirán. Maldito Amis.

Martin Amis / El fracaso de la ficción

Martin Amis

Martin Amis

El fracaso de la ficción


JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
12 ENE 2016 - 17:48 COT

¿Por qué naufraga la última novela de Martin Amis, La Zona de Interés, traducida por Jesús Zulaika para Anagrama? Por lo mismo que naufraga casi toda ficción novelesca sobre el Holocausto: los testimonios de los que lo vivieron tienen tanto voltaje literario que poco le queda que añadir a la imaginación destilada en palabras. Godard llegó a decir que el cine no cumplió con su deber al no filmar los campos de concentración, pero puede que ese incumplimiento haya sido su salvación.
La escasez de imágenes fílmicas de uno de los acontecimientos más inhumanos de la historia de la Humanidad se ha convertido en el principal motor de unacinematografía sobre el tema que no para de crecer. Por contra, la abundancia de textos sobre el mismo asunto se ha convertido en el gran problema de la literatura realista. El cine sigue haciendo el trabajo que no hizo en su momento; en el terreno de las letras ese mismo trabajo lleva décadas hecho. Por testigos y por historiadores. Cuando la literatura de ficción llegó a Auschwitz, la de no ficción ya había estado allí.
El viernes se estrena en España El hijo de Saúl, la película de László Nemes protagonizada por un sonderkommando, uno de los presos obligados por los nazis a colaborar en el exterminio de sus semejantes. Otro de esos presos —el ficticio Szmul— es uno de los tres narradores de la novela de Amis, que ha reconocido la dificultad de inventarles una voz a las víctimas. Los verdugos son mucho más fáciles. El novelista británico cierra La Zona de Interés con un epílogo sobre su lectura de los clásicos de la materia y, en efecto, no hay nada sustancial en su relato que no estuviera ya, a veces literalmente, en los testimonios desonderkommandos como Philip Müller y Shlomo Venezia o en las reflexiones de Primo Levi.
Aunque es incapaz de escribir mal, Martin Amis no consigue esta vez estar a la altura de sí mismo ni de aquella lección sobre el Gulag que fue su Koba el Temible. Entonces, eso sí, no cayó en la tentación de perpetrar una novela. A esa novela y a la mayoría de las escritas sobre la shoah a partir de documentación de segunda mano les queda, sin embargo, una vía para trascender la literatura de género: no ser leídas como ficciones realistas sobre el pasado sino como distopías sobre la actualidad.
Es lo que plantea, por ejemplo, La cuestión humana (Losada), de François Emmanuel, situada en una multinacional petroquímica y llevada al cine por Nicolas Klotz. Es también lo que repitió hasta su suicidio el propio Levi —si pasó una vez puede volver a pasar— y lo que sostiene Günther Anders en Nosotros, los hijos de Eichmann (Paidós): además de un acto (atroz), la llamada solución final fue un método (exitoso) basado en anular la conciencia, algo que no lo alejaría de las modernas relaciones laborales. Imre Kertész, que no pierde ocasión de subrayar que Auschwitz no fue solo algo entre judíos y alemanes, es todavía más drástico. En Un instante de silencio en el paredón. El Holocausto como cultura (Herder) califica de kitsch “cualquier descripción incapaz de comprender que existe una relación orgánica entre nuestra forma de vida y la posibilidad del Holocausto”. Habrá pues que buscarse el entretenimiento por otro lado.



Martin Amis / Holocausto con humor (y amor)


Martin Amis
Holocausto con humor (y amor)

Martin Amis logra risas con su manejo de la sátira en una novela distinta en un campo de exterminio


Carlos Zanón
Madrid. 1 de octubre de 2014

“Si lo que estamos haciendo es bueno ¿por qué huele tan mal?”, se pregunta uno de los personajes de la nueva novela de Martin Amis (Swansea, 1949). Un trabajo que viene, como es ya de rigor mediático, con la polémica necesaria para que no pases las hojas de cultura a golpe de bostezo. Una controversia que, una vez leído el libro, uno no acaba de entender. La Zona de Interés ha sido elogiada en Gran Bretaña y EE UU como la vuelta del mejor Amis. Cierto, aunque el peor Amis siempre suele ser más que el mejor de muchos otros. En 1991 con La flecha del tiempo ya entró, aunque fuera de modo indirecto, en este territorio del Holocausto. Aquí lo pone frente a nosotros de una manera fascinante y ese uno de los logros.
El drama es un escenario. Las víctimas son el tema, el problema, los miembros del coro que nunca pierden la dignidad por mucho que los protagonistas de la opereta bromeen, les insulten o les vejen. Ni siquiera la pierden cuando la maestría en el uso de la sátira y la comedia negra de Amis te hace sonreír y hasta divertirte. Eres consciente de que ese tipo está haciendo fácil lo que es casi imposible. Comicidad sobre una de las barbaridades más execrables de la historia. Complicidad costumbrista sobre el estrés laboral de gente que ya no sabe cómo liquidar a tantos hombres, mujeres y niños. Hacer desaparecer sus cadáveres. Erradicar de una maldita vez ese pestilente olor a carne, grasa, entidad subhumana gaseada y quemada. La clave es que no te ríes del dolor de las víctimas. No te entretiene ese drama. Sino que te lo coloca de fondo, distante al principio y que, poco a poco, te va calando como una lluvia que no notas. Sin épica, como un escenario de muertos que regresan a la vida (ya que la maquinaria asesina no da abasto: siempre hay muchos más), un walking dead judío, que tiene mucho de bosque de Birnam. A ratos, el libro recuerda aquel momento de Una noche en la Ópera en el que Harpo va cambiando los fondos de escenario mientras un cantante declama un aria a su amada. El tono no es el de esa comedia desenfrenada, pero sí, en ocasiones, de nave de locos porque quizá desde la imposibilidad de entender lo que pasó solo pueda uno convencerse de que aquello pasó.
La novela tiene tres voces, tres protagonistas, que ponen en marcha la narración de manera eficaz desde la primera página. Tenemos a Golo, joven oficial que llega a un Campo de Exterminio con el objeto de que la maquinaria sea más rápida, más limpia y definitiva. Tenemos al comandante Paul Doll, borracho, grotesco, mezquino y, otra muesca en el talento de Amis, creíble. Golo, una suerte de Valmond en pieza a ratos Lubitsch, se prenda y luego se enamora de la mujer de su comandante. La tercera voz es para Szmul, uno de esos judíos que hacían de vigilantes de sus hermanos y colaboradores de los nazis. El vodevil bien manejado por su autor, el diseño de las escenas en esos escenarios terribles, sobreimpresionados, los problemas del día a día, del trabajo, la noción de que la maquinaria debía seguir porque solo llevada hasta la Solución Final cabrá un armisticio con la Historia.
Los personajes masculinos siempre humanos, comprensibles, tremendos, cómicos, deleznables están gestionados por su autor con un perfecto dominio del oficio. Personajes contrapuestos a los femeninos, una amplia paleta que incluso en lo más abyecto, en lo más estúpido no dejan de ser víctimas, o fuego amigo de una tormenta generada por la violencia de padres, maridos, amantes, comandantes, dioses laicos pero siempre hombres. Mujeres que con unas pinceladas —la representación del ballet, el aborto, la valentía de Hannah— te dan emoción, verdad. Todo ello, con la satisfacción lectora de la próxima derrota –la acción se sitúa en 1942-1943-. La sensación de que los acorralados son los que acorralan, los carceleros, los matarifes los que han perdido el alma, la capacidad de amar, de tener esperanza presos de una paranoia que los va ahuecando la humanidad, como si fueran cáscaras vacías.
Tienen que ganar de una manera absoluta porque su derrota, de acaecer, será absoluta, ignominiosa, sin parangón. Serán matarifes, cobardes, basura, no carlomagnos ni napoleones. Ya no hay Dios, no hay bien ni mal, sólo actos que resultan positivos y otros no. Y ellos no consiguen ni exterminar a una raza desarmada, rota y engañada. El capricho, luego amor, de Golo por Hannah Doll no podrá ser, pero al menor les generará valor, la necesidad de verse en los ojos del otro y gustarse. Pero, claro, sigue oliendo mal allí porque no cabe la generosidad en ese amarse, hacerlo en un Campo de Exterminio, en un régimen totalitario, sin libertad, injusto, sin esperanza.
La novela abandona poco a poco el tono de sátira hacia un final de decepción sentimental. Un final bien orquestado, lógico y cerrado por su autor pero que deja un regusto a que el último fondo de escena que ha dejado colgado Harpo Marx podía ser el acertado para que saludaran los actores pero no para un último acto de una comedia negra. El tono hubiera sido demoledor sin por ello no dejar de estar controlado como en todo el libro por Amis con esos amantes, después de la guerra, que no pueden amarse porque no saben olvidarse. Martin Amis cambia el dial y pone otra emisora. La música sigue siendo excelente pero es otro tono, otra pieza, otra suite. Con todo, es de las pocas ­anotaciones en el ‘debe’ que podría señalar de esta novela rápida, distinta, literaria, divertida al mismo tiempo que siempre indagatoria. O como dice Golo Thomsen, “¿Quién eres? No lo sabes. Entonces llegas a la Zona de Interés y ella te dice quien eres”.
La zona de interés / La zona d’interès. Martin Amis. Traducción de Jesús Zulaika y Ernest Riera. Anagrama. Barcelona, 2015. 307 páginas. 19,90 euros.

martes, 28 de junio de 2016

Martin Amis / “Ya no veo lejanas a las víctimas del Holocausto”


Martin Amis
Foto de Colin McPherson

Martin Amis

“Ya no veo lejanas a las víctimas del Holocausto”

El escritor publica en español su nueva novela, 'La Zona de Interés', que suscitó una agria polémica por abordar la Shoah con tono sarcástico


Amanda Mars
Nueva Yprk
20 de septiembre de 2015


Martin Amis (Oxford, Reino Unido, 1949) abre la puerta de su casa en Brooklyn el 11 de septiembre, un aniversario maldito en Estados Unidos, pero la cara de decepción del escritor tiene que ver esta vez con el tenis: “Serena ha perdido”, son las primeras palabras que arrastra en el recibidor. Amis publica a finales de este mes en español La Zona de Interés (Anagrama), una novela en la que vuelve a tratar el Holocausto y cuyo tono satírico levantó una polvareda de críticas al editarse hace un año. ¿Se puede hacer sátira del horror? Varios ejemplares del último libro con el que ha osado hacerlo, en distintos idiomas, se encuentran repartidos por la casa, pero sobre la mesa de la cocina reposa el Cartas a Véra,de Vladimir Nabokov, que está releyendo. Amis se muestra poco inclinado a frecuentar a los autores vivos.
Martin Amis, en su casa de Brooklyn, Nueva York.
Foto de  

Pregunta. ¿Por qué no lee nueva literatura?
Respuesta. Es sentido común. Leer a escritores jóvenes o más jóvenes que yo no es una forma eficiente de usar el tiempo de lectura. Solo leo a mis amigos: Zadie Smith, Will Self… Pero no porque sean jóvenes. El modo de juzgar el valor de una novela, un cuadro o un poema es cuánto perdura. El único juez de una obra es el tiempo. Si un libro perdura un siglo, probablemente es bueno; si dura 10 años, no demasiado. Así que suelo leer obras de autores muertos porque sus obras han sobrevivido, mientras que leer la novela de un autor de 25 años es una apuesta… Y no muy sensata.

Martin Amis / El holocausto como polémica literaria

Martin Amis

Martin Amis

El Holocausto como polémica literaria

La negativa de las editoriales alemana y francesa de Martin Amis a publicar su nueva novela, una sátira sobre la Shoah, reabre el debate sobre los límites de la creación


Winston Manrique Sabogal
Madrid, 1 de octubre de 2015


La controversia por el Holocausto en la literatura ha vuelto. Y con ella algunas preguntas eternas: ¿Las ideas políticas, religiosas o morales están por encima del arte? ¿Es lícito abordar cualquier tema? ¿O depende del enfoque? Planean estos interrogantes ahora debido a la última novela de Martin Amis, The Zone of Interest (La zona de interés), que trata el Holocausto a través de la mirada de tres comandantes nazis entre el humor y el sarcasmo. Ha recibido buenas críticas en Reino Unido, pero sus editoriales tradicionales de Alemania (Hanser) y Francia (Gallimard) han decidido no publicarla. No hablan de vetos, represalias o censura, sino de cuestiones de calidad y económicas.
Finalmente, en Francia el libro lo publicará Calmann-Lévy, la misma que hace siete años rechazó otra obra polémica: Las benévolas (RBA), de Jonathan Littell. En Alemania nadie se anima con el nuevo Amis... todavía. Y en España lo hará su editorial de siempre: Anagrama, en otoño de 2015. No es la primera vez que el autor inglés aborda este tema. Ya lo hizo en 1991 con La flecha del tiempo y en sus memorias, Experiencia, donde señala la importancia del genocidio judío en su cosmovisión creativa.

lunes, 27 de junio de 2016

Jonathan Littell / "La cultura no nos protege de nada. Los nazis son la prueba"



Jonathan Littell
JONATHAN LITTELL 

"La cultura no nos protege de nada. Los nazis son la prueba"

Jesús Ruiz Mantilla
27 de octubre de 2007

Una novela de casi mil páginas sobre un asesino nazi se ha convertido en el libro del año en Europa. Jonathan Littell asegura que con Las benévolas quiso responder a una cuestión: la naturaleza del crimen de Estado.

Hay que ser muy chulo para marcarse un libro de casi mil páginas sobre algo tan recurrente como el nazismo o el Holocausto, ganar el Premio Goncourt y ni molestarse en ir a recogerlo. Hace falta andar muy sobrado para conseguir las bendiciones de los popes de la literatura mundial como un salvador de la novela y después venir a decir que no sabe si volverá a escribir otra. Pero así es Jonathan Littell, un autor raro y controvertido, un tipo que manifiesta cierto aire de superioridad si se le insiste en algo que le molesta; que es políglota y nómada, entre nihilista y revolucionario -trabajó en ONG en Rusia y Chechenia-; que parece claramente desubicado en este periodo de la historia, amante de la cultura griega y de la música antigua; que nació en Estados Unidos (Nueva York, 1967), pero escribe en francés, su otra lengua madre: la de un país al que fue a caer con tres años y del que ha acabado escapando también para refugiarse desde hace un año en Barcelona. Por su nueva ciudad pretende que le dejen tranquilo, que nadie salga en su busca, esconderse de todo el ruido mundial que ha terminado armando Las benévolas (RBA en castellano. Quaderns Crema en catalán), una vasta y magistral novela que se adentra en el corazón de todas las tinieblas de la mano de Maximilian Aue, un verdugo nazi encargado de exterminar sin miramientos todo lo que se le ponga por delante. En Francia fue el libro del año la pasada temporada. A medida que aparecen las traducciones en los más de 20 países que han comprado sus derechos, sigue creando auténtico asombro por su ambición, por su contundencia, por cómo consigue desmontar tópicos y despojarnos de incertidumbres que nos dejan todavía más desnudos y sin respuestas ante el horror. La semana próxima se publica en España.

Jonathan Littell / Un soldado israeli no es mejor persona que un nazi



El escritor francés Jonathan Littell. (Foto: B. Loyseau)
Jonatahn Littell


Jonathan Littell
'Un soldado israelí no es mejor persona que un nazi'
  • 'Invertí un año en viajes, escribí el primer borrador en cuatro meses y dos años corrigiendo'

MATÍAS NÉSPOLO
Actualizado miércoles 24/10/2007 05:53 



BARCELONA.- Jonathan Littell, un escritor francés de origen americano de 40 años que se refugia en el anonimato barcelonés, saltó de la nada al ruedo literario en 2006 con 'Les Bienveillantes' (Gallimard). Una incómoda novela sobre el Holocausto narrada en forma de memorias de un oficial de las SS, Max Aue, quien participó directamente de la masacre.

En poco menos de un año, la obra se convirtió en un 'best seller' en Francia y se hizo con el prestigioso premio Goncourt y con el Grand Prix de la 'Académie Française'.

Un año después, 'Las benévolas' –que ya ha vendido más de un millón de ejemplares en todo el mundo– llega a las librerías, editada por RBA en español y por Quaderns Crema en catalán, el próximo viernes 26.

domingo, 26 de junio de 2016

Franz Kafka / Un artista del trapecio



Franz Kafka
BIOGRAFÍA
UN ARTISTA DEL TRAPECIO



Un artista del trapecio -como se sabe, este arte que se practica en lo alto de las cúpulas de los grandes circos es uno de los más difíciles entre todos los asequibles al hombre- había organizado su vida de tal manera -primero por afán profesional de perfección, después por costumbre que se había hecho tiránica- que, mientras trabajaba en la misma empresa, permanecía día y noche en el trapecio. Todas sus necesidades -por otra parte muy pequeñas- eran satisfechas por criados que se relevaban a intervalos y vigilaban debajo. Todo lo que arriba se necesitaba lo subían y bajaban en cestillos construidos para el caso.

Franz Kafka / Ser infeliz


Franz Kafka
BIOGRAFÍA
SER INFELIZ

Cuando ya eso se había vuelto insoportable -una vez al atardecer, en noviembre-, y yo me deslizaba sobre la estrecha alfombra de mi pieza como en una pista, estremecido por el aspecto de la calle iluminada, me di vuelta otra vez, y en lo hondo de la pieza, en el fondo del espejo, encontré no obstante un nuevo objetivo, y grité, solamente por oír el grito al que nada responde y al que tampoco nada le sustrae la fuerza de grito, que por lo tanto sube sin contrapeso y no puede cesar aunque enmudezca; entonces desde la pared se abrió la puerta hacia afuera así de rápido porque la prisa era, ciertamente, necesaria, e incluso vi los caballos de los coches abajo, en el pavimento, se levantaron como potros que, habiendo expuesto los cuellos al enemigo, se hubiesen enfurecido en la batalla. 

sábado, 25 de junio de 2016

Franz Kafka / El vecino

Personaje con bigote y sombrero
Poster de T. A.
Franz Kafka
BIOGRAFÍA
EL VECINO

El negocio descansa por entero sobre mis hombros.

Dos señoritas con sus máquinas de escribir y sus libros comerciales en la primera habitación, y una mesa de despacho, caja, butaca y teléfono constituyen todo mi aparato de trabajo. Resulta facilísimo dominarlo todo con un vistazo y dirigirlo. Soy muy joven y los negocios se acumulan a mis pies. No me quejo, no me quejo.

Franz Kafka / Las preocupaciones de un padre de familia


Franz Kafka
BIOGRAFÍA
LAS PREOCUPACIONES 
DE UN PADRE DE FAMILIA
Algunos dicen que la palabra «odradek» precede del esloveno, y sobre esta base tratan de establecer su etimología. Otros, en cambio, creen que es de origen alemán, con alguna influencia del esloveno. Pero la incertidumbre de ambos supuestos despierta la sospecha de que ninguno de los dos sea correcto, sobre todo porque no ayudan a determinar el sentido de esa palabra.

viernes, 24 de junio de 2016

Hemingway / El cazador herido



Ernest Hemingway,  con los guantes puestos.   / Archivo - El Espectador
Hemingway, con los guantes puestos


Ernest Hemingway
Biografía

EL CAZADOR HERIDO

Por Anita de Hoyos
El Espectador, 26 de julio de 2012

En julio nació y se suicidó el escritor estadounidense, ganador del Nobel de Literatura en 1954. Perfil de un hombre que sobrevivió a tres guerras, dos accidentes aéreos y cuatro matrimonios.

El estilo no es el hombre. La vida de Ernest Hemingway no resulta tan ejemplar como su retórica. Veámoslo con calma. Por un lado tenemos el “estilo Hem”: una frase musical y simple, fácil de imitar, que parece haber estado ahí siempre. Cuesta imaginar que alguna vez se escribió distinto y que se necesitó de un genio para que esta prosa humilde se aceptara como literatura. Y por otro lado tenemos la “vida Hem”: un sangriento mosaico de aventuras al aire libre, peces espada colgando convulsos de un anzuelo, matanzas de toros y leones agujereados a escopetazos. Y esto no es vigente.

Carolina García / La obsesión de Ernest Hemingway

La obsesión de Ernest Hemingway


La Librería y Museo Presidencial John Fitzgerald Kennedy de Boston ha digitalizado 2.500 documentos del Nobel que no tiraba nada



Pasaporte del Erns Hemingway.
Ernest Hemingway (1899 –1961) tenía la costumbre de acumular todo en su casa de La Habana: fotos, periódicos, telegramas, cartas. Todo. De acuerdo con su cuarta mujer, Mary, “era incapaz de tirar nada”, informa The New York Times. Gracias a esta obsesión del escritor, ganador del premio Nobel de Literatura en 1954, ha sido posible recopilar 2.500 documentos que descansaban en su Finca Vigía, una granja a las afueras de La Habana (Cuba), y que han sido digitalizados para poder disfrutarlos en la Colección Hemingway, que será la exposición permanente en la Librería y Museo Presidencial John Fidgerald Kennedy de Boston.
“¿Que era una rata recolectora? Por supuesto”, explicó la encargada de la colección, Susan Wrynn. “Solo podemos estar agradecidos. Pero si tuvieras que vivir así, te volverías loco”, añadió. “Estamos encantados de contar con este material, que ofrece una nueva visión del día a día de Hemingway”, ha añadido el director del museo, Tom Putman, en un comunicado. “De la figura literaria, a darnos cuenta de la humanidad del hombre y así entender al escritor”, ha explicado.

Hemingway / Catorce consejos



Ernest Hemingway
Biografía

CATORCE CONSEJOS

Ernest Hemingway dejó cantidades de ideas y consejos sobre el arte de escribir. Compartimos aquí sus consejos para escritores


1. Cuando un escritor escribe una novela, debería crear a gente viva; personas, no personajes.

2. Escribe frases breves. Comienza siempre con una oración corta. Utiliza un inglés vigoroso. Sé positivo, no negativo.

3. A veces, cuando me resulta difícil escribir, leo mis propios libros para levantarme el ánimo, y después recuerdo que siempre me resultó difícil y a veces casi imposible escribirlos.

jueves, 23 de junio de 2016

Ernest Hemingway / El campamento indio


Ernest Hemingway
Biografía
EL CAMPAMENTO INDIO

Habían preparado otro bote en la orilla del lago y dos indios esperaban a su lado.
Nick y su padre se colocaron en la popa y los indios pusieron la embarcación en marcha. Uno de ellos remaba. Tío Jorge se sentó en la popa del bote del campamento. El indio joven lo alejó un poco de la orilla y después montó para remar.
Las dos embarcaciones empezaron a navegar en la oscuridad. Nick oyó el ruido de los remos del otro bote, más delante, ya que la niebla le impedía verlo. Los nativos remaban con golpes rápidos y violentos. Nick estaba recostado, y su padre lo rodeaba con el brazo. Hacía frío en el lago. El indio remaba con todas sus fuerzas, pero el otro bote siempre le llevaba ventaja.