jueves, 13 de diciembre de 2018

La hija secreta de Clint Eastwood que fue dada en adopción




La hija secreta de Clint Eastwood que fue dada en adopción

Laurie Murray tiene 64 años y contactó con el actor hace 30. Nació de la relación del cineasta con una mujer que le ocultó el embarazo


EL PAÍS
Madrid, 13 de diciembre de 2018

La familia que rodea a Clint Eastwood es de las más numerosas de Hollywood. Con siete hijos —de cinco madres diferentes—, todos inmersos en el mundo del entretenimiento, el actor y director de 88 años se ha asegurado un legado en la meca del cine más allá de sus trabajos. Kimber Lynn (54 años) es productora de cine, Kyle (50) es músico y actor, Scott (32) es actor, Kathryn (30) es actriz y guionista, y Francesca y Morgan, 25 y 22 años respectivamente, también han optado por la actuación.  Sin embargo, el clan Eastwood tiene un octavo miembro que salió a la luz el pasado lunes: Laurie Murray. 
La existencia de Laurie fue revelada por primera vez porPatrick McGilligan, el biógrafo del artista. Según detalla en sus escritos, la maestra de 64 años nació de una relación entre el actor estadounidense con una mujer que residía en Seattle, cuando Eastwood estaba comprometido con su primera esposa, Maggie Johnson. Cuando la relación terminó, la mujer —cuya identidad no ha sido revelada— se enteró de que estaba embarazada y decidió dar el bebé en adopción. 
Pasaron más de 30 años hasta que Murray decidió buscar a sus padres biológicos. "Laurie estaba muy interesada en descubrir quiénes eran sus padres, por lo que contrató a alguien para que la ayudara", cuenta una fuente cercana a la familia a The Daily Mail. Cuando Murray se enteró de que su progenitor era Clint Eastwood, una de las grandes estrellas de Hollywood, lo fue a buscar. Según detalla el diario británico, Eastwood no sabía de la existencia de Laurie, pero no dudó ni un minuto en recibirla y crear una cercana relación cercana de padre e hija. "Obviamente fue un gran shock para Laurie, pero creo que Clint fue muy receptivo hacia ella y hacia su situación", añade la fuente. 
A partir de entonces la maestra ha compartido vacaciones, bodas y todo tipo de eventos familiares con el actor. De hecho, la identidad de su padre no era ningún secreto en su círculo cercano. "Siempre nos preguntamos por qué no era algo de conocimiento público. [Incluso] él la llevó a los Oscar junto a su madre y su esposa Dina cuando estuvo nominado por Mystic River [2004]", desvela la misma persona. 
El secretismo público fue quebrado el pasado lunes cuando el director la presentó ante las cámaras durante la premiere de su última película, The mule. En el evento también estuvieron presentes sus otros siete hijos, quienes no perdieron la oportunidad de retratar el momento con una foto de grupo. "Los ocho juntos. Cómo amo a mis hermanos y hermanas", escribió Francesa en su cuenta de Instagram. "No estoy segura de si alguna vez hicimos una foto de los ocho juntos, pero aquí está", publicó Alison junto al hashtag #eastwoods
Se conocen pocos detalles sobre la 'nueva' integrante de la familia. Según cuenta el periódico británico estudió en la Universidad de Washington tras lo cual pasó a enseñar en una escuela primaria privada. Lleva casada varias décadas con Lowell Thomas Murray III, con quien tiene dos hijos: Lowell Thomas IV y Kelsey. "Él ha sido un gran padre para mi mamá y es maravilloso conmigo y con mi familia cada vez que nos vemos", cuenta Lowell Thomas IV. De hecho, la relación entre abuelo y nietos es tan fluida que ambos celebraron sus respectivos matrimonios en propiedades del actor. 
Aunque hacía ya muchos años que Laurie tenía a su padre biológico en su vida, algo ha cambiado desde el lunes. Ahora es Laurie Eastwood —como ella misma se presentó a los medios—, la hija de una de las mayores leyendas de Hollywood y la nueva integrante del clan familiar.





miércoles, 12 de diciembre de 2018

Muere el escritor Joseph Joffo, autor de ‘Un saco de canicas’




Muere el escritor Joseph Joffo, autor de ‘Un saco de canicas’

Superviviente de la persecución de los nazis, vendió 20 millones de ejemplares en el mundo de su novela autobiográfica



Alex Vicente
París, 8 de dicimbre de 2018





Joseph Joffo,  en el Salón de París en 2008.
Joseph Joffo, en el Salón de París en 2008.  REUTERS

El escritor francés Joseph Joffo falleció el jueves a los 87 años en Saint-Laurent-du-Var, en las afueras de Niza, donde residía desde hacía décadas. Joffo fue conocido por su novela más exitosa, Un saco de canicas, publicada en 1973, libro autobiográfico donde relataba su huida de los nazis junto a su hermano Maurice en la Francia de la Segunda Guerra Mundial. Con ese libro, traducido a 18 lenguas, Joffo logró vender 20 millones de ejemplares. Un saco de canicas tuvo dos adaptaciones cinematográficas: una de Jacques Doillon, rodada poco después de la edición del libro, y otra a cargo de Christian Duguay, que se estrenó a comienzos de este año. “Curioso destino para un libro que nadie quiso. Lo rechazaron 14 editoriales”, recordaba Joffo en una entrevista con EL PAÍS en enero de 2018. “En realidad, solo lo escribí para que mis hijos entendieran de dónde veníamos”.
Hijo de un peluquero y una violinista, inmigrantes rusos que llegaron a París huyendo de los pogromos, Joffo nació en la capital francesa en 1931 y vivió una infancia apacible en el barrio de Montmartre. Su vida dio un vuelco con la invasión del ejército alemán, que le obligó a huir durante tres años, entre 1941 y 1944. Detenidos en Niza por la Gestapo, Joffo y su hermano se salvaron gracias al arzobispo de la ciudad, que les expidió falsos certificados de bautismo. Toda su familia sobrevivió a la persecución de los nazis, excepto su padre, que sería deportado a Auschwitz. “Fue una experiencia dura, pero lo que no te mata siempre te hace más fuerte. Cuando has vivido algo así, lo relativizas todo. Mi obsesión es que esta historia pueda servir a los jóvenes de hoy”, afirmó en enero. Joffo llevaba décadas recorriendo las escuelas francesas para contar su historia a los niños. “Es difícil hacerles creer que no es solo una historia de ficción. Muchos no entienden que sucedió de verdad. Y, sin embargo, el año pasado hubo en Francia más de 300 ataques antisemitas…”



'Un saco de canicas', libro con el que Joffo vendió 20 millones de ejemplares, fue antes rechazado por 14 editoriales

Pese a defender la existencia del Estado de Israel, Joffo nunca quiso abandonar Francia. “Es mi país. Hay que decir que aquí uno vive bastante bien. Fue mi madre quien nos inculcó el amor por Francia. Cada vez que pasábamos por un ayuntamiento, nos hacía leer las tres palabras mágicas que figuran en sus fachadas: libertad, igualdad, fraternidad”, recordaba el escritor. Pese a todo, se mostraba perplejo ante el devenir de su país. “Me siento decepcionado por los hombres de hoy. Francia fue una gran tierra de acogida, pero ya ha dejado de serlo. Aunque, a la vez, soy consciente de que no podemos acoger a toda la miseria del mundo”, dijo en enero.
Antes de convertirse en escritor, Joffo fue un peluquero de gran éxito, que contó con actores como Alain Delon o Jean-Paul Belmondo entre sus clientes, además de políticos como François Mitterrand y Jacques Chirac. Llegó a abrir una docena de salones en París. Joffo soñaba en convertir en comedia musical otro de sus libros, Anna y su orquesta, inspirada en la historia de su madre, proyecto que queda inconcluso. En total, Joffo escribió 17 novelas, aunque ninguna de ellas logró renovar el éxito espectacular de su debut.





martes, 11 de diciembre de 2018

Dennis Lehane / “La realidad está formada por la televisión y el cine”





Dennis Lehane: “La realidad está formada por la televisión y el cine”

El escritor, maestro de la novela negra bostoniana, vuelve con un 'thriller' psicológico en el que adopta por primera vez el punto de vista de una mujer


PABLO XIMÉNEZ DE SANDOVAL
Los Ángeles 1 DIC 2018 - 15:53 COT


El maestro de los bajos fondos bostonianos, de la mugre, el frío, el indomable acento irlandés y el último pitillo, resulta que vive en Los Ángeles a dos pasos de la playa y trabaja en Hollywood. Dennis Lehane (Dorchester, Massachusetts, 1965) abandonó hace cinco años el escenario de todas sus novelas para instalarse “donde está el trabajo”, convertido en un cotizado guionista de televisión. “Es un buen trabajo, es más colaborativo. Te cansas de estar solo en una habitación sin gente alrededor”, argumenta. Pero olvidemos que hemos oído esto y que hace un día estupendo en Santa Mónica; hemos venido a hablar de novelas, de crimen y de Boston.

En su última novela, Después de la caída (Salamandra), Lehane insiste en la ciudad de su vida. No sabría ni parece querer saber si podría desarrollar una historia en otro sitio. “Cuando escribo novelas, y he escrito dos desde que estoy en Los Ángeles, solo escribo de Boston. Lo echo mucho de menos. Venir aquí no estaba en mis planes. Ahora mis hijos, que tienen nueve y seis años, se han hecho a esto y ya no me los puedo llevar de vuelta”. Pero literariamente no hay duda. “Boston es mi pantalla. Es lo que estoy mirando. Es un mundo que conozco de forma tan intuitiva que cuando he escrito cosas que suceden en otros sitios creo que lo he hecho mal”.

Ahí encontramos a Rachel Childs, una mujer joven que tiene una madre monstruosa y trata de buscar a su verdadero padre. A través de esa búsqueda, Lehane hace una profunda exploración psicológica de esta mujer. Después, ese paisaje mental de la protagonista justifica una acción de pura novela negra. Lehane admite que mucha gente le ha dicho que parece que la novela tuviera dos partes. “Es una forma de homenaje a la estructura de muchas películas de Hitchcock. La primera parte (de la novela) es mi homenaje al principio de Psicosis. Ves la primera media hora de Psicosis y no te imaginas de qué va la película. Es una película sobre un robo y sobre una mujer atrapada de muchas maneras, en su trabajo y en una relación. De pronto, se va a ese motel, y ¡bum! Me apetecía hacer ese tipo de comienzo, que es muy seductor y diferente”.
Después de la caída es la primera vez que Lehane pone todo el peso de una novela sobre una mujer y la primera vez que sale de los bajos fondos para escribir de personajes privilegiados, para los que el dinero no es un problema. Rachel no muere acuchillada en una ducha, pero sí sufre una serie de golpes y engaños que acaban definiendo su comportamiento en la novela. “Uno de mis personajes decía: ‘La felicidad no nos enseña nada, solo que nos gusta ser felices”, razona Lehane. “Las cosas que recuerdas en la vida, las que te hacen quien eres, normalmente no son las buenas. Nadie se acuerda de que tuvo una fiesta de cumpleaños estupenda. Esa no suele ser la historia. La historia es que pasé de largo en un accidente. La historia es que he perdido a mi padre. Eso es lo que te hace quien eres. Y Rachel pasa por varias cosas así. Ese es el viaje en la mayoría de los libros: ¿quién soy yo?”.
“Yo escribo novela policiaca”, responde Lehane cuando se le pregunta con qué etiqueta se siente más cómodo. “Cormac McCarthy suele hablar de ‘ficción de hechos mortales’. Como lector, o como espectador, quiero que pasen cosas. No me va mucho el drama en la cocina, lo que un escritor llamaba ‘la vaga insatisfacción en Connecticut’. Realmente no me interesa. Puedo apreciar una obra maestra de ese género, como Revolutionary Road, que es eso, pero ya he leído esa y la mayoría no me interesa. Para bien o para mal, me gusta la acción, eso es lo que me lleva a la novela negra. Ficción en la que pasan cosas. No es mejor ni peor que las demás, es la que me gusta leer y escribir”.
Lehane advierte, sin embargo, contra la acción sin freno, “sin profundidad”, en la que no hay una evolución de los personajes “más allá de la montaña rusa”. “El entretenimiento de palomitas me interesa menos que los vagamente insatisfechos de Connecticut, porque esos, de vez en cuando, te dan una obra maestra como Revolutionary Road o Mad Men”. En lo que Lehane considera una buena historia hay un balance entre la psicología y la acción. “Si se hace bien, tienes No es país para viejos, Sentido y sensibilidad o Cien años de soledad, lo tienes todo. Hace falta mucho para una buena historia. No hace falta tanto para una simple trama, y tampoco para que los personajes estén ahí sentados pensando, vagamente insatisfechos”.
La ficción de Lehane parece tener un equilibrio que le abrió las puertas de Hollywood hace 15 años con la adaptación de su novela Mystic River, convertida por Clint Eastwood en un taquillazo en 2003. Después llegaron trabajos en The Wire y Boardwalk Empire y dos adaptaciones más de sus novelas, Adiós, pequeña, adiós (Ben Affleck, 2007) y Shutter Island (Martin Scorsese, 2010). El último año ha ejercido como escritor y productor ejecutivo de la serie Mr. Mercedes.
Lehane cita a Michael Connelly, Harlan Coben, George Pelecanos o Laura Lippman para definir a los que él considera la última gran generación de la novela negra, la suya. Una generación que ahora ha sido captada por Hollywood para proveerle de historias para televisión, como el cine de los años 30 se nutrió de los clásicos de este género. “Creo que hemos tenido mucho más éxito que aquellos”, afirma. “Chandler, Hammett, Fitzgerald o Faulkner fueron destrozados por Hollywood. Nosotros hemos podido trabajar. Pelecanos está haciendo The Deuceen HBO, Connelly tiene Bosch en Amazon”.
A pesar del enorme talento de su generación que está escribiendo para la pantalla, el cine negro no va a volver, explica, porque “los adultos no van al cine”. “Ya no hacen películas para adultos. LA Confidential fue hace 20 años, y es una buena película, pero la gente se olvida de que no hizo dinero. Así que Hollywood no está buscando precisamente hacer cine negro. Mire, es culpa nuestra también. A los adultos, en cuanto se compran televisiones súper grandes, ya no les apetece ir al cine. Ya solo van chavales a ver Avengers 4. Yo fui a ver Deadpool 2. Me lo pasé en grande, pero no me dijo nada. ¿Me explico?”.
Lehane niega que tenga ninguna tentación de pensar en escenas o actores cuando está escribiendo un libro. “Odio cuando alguien me dice: ‘Tus libros son muy cinematográficos’. Para nada. El cine es literario. Lo que tú llamas cinematográfico yo lo llamo evocador. Trato de evocar cosas, no intento ser cinematográfico, eso está en tu cerebro, eso es lo que tú aportas, el millón de películas que has visto. Lo que yo estoy haciendo es meterte en ese libro. Ni te conozco. Es una relación mística y rara. Mientras que cuando escribo un guion estoy escribiendo para el director, el diseñador del decorado y el director de fotografía. A veces ves cosas muy perezosas, como una vez un libro que decía: ‘Tenía el pelo castaño y se parecía mucho a Julia Roberts’. Esa es una escritura de mierda. Eso es ser un vago de mierda. Porqué no lo transmites, en vez de escribir para el tipo que va a producir la película”.
Hablar de cine lleva a Lehane a una reflexión más amplia sobre la cultura audiovisual y la capacidad de la gente, como ocurre en la novela, de interpretar una versión de sí misma ante los demás. El cine y la televisión han acabado por definir nuestras fantasías, opina, y la forma en que nos vemos a nosotros mismos. “Creo que es algo muy particular de la segunda mitad del siglo XX y el XXI. Una vez que el cine y la televisión se nos meten en la sangre, vivimos rodeados de mitos todo el rato, incluido el mito de nosotros mismos. Ya no sabemos lo que es la realidad. La realidad está formada por la televisión y el cine, por la exposición constante a la ficción. Yo soy un proveedor, soy uno de los camellos de esas drogas”. La fantasía ya solo evoca imágenes que han sido manufacturadas por otros. “No creo que podamos sentir lo mismo que a mediados del XIX, cuando tu vida era básicamente tu mujer. No obtenías conocimiento de ningún sitio a no ser que leyeras libros, y la mayoría del mundo era analfabeta, así que solo veían lo que estaba delante de ellos. Ahora esa gente nos miraría y se preguntaría en qué planeta vivimos, porque todos vivimos en fantasía en cierta forma”.

Dennis Lehane / El retratista del lado oscuro de EE UU reina en BCNegra





Lehane, este jueves en Barcelona.
Lehane, este jueves en Barcelona.  EFE


DENNIS LEHANE

El retratista del lado oscuro de EE UU reina en BCNegra

El escritor Dennis Lehane, autor de 'Mystic River' y padre de los detectives Kenzie y Gennaro recibe el premio Pepe Carvalho


JUAN CARLOS GALINDO
Barcelona 2 FEB 2017 - 13:57 COT

El hijo pequeño de una familia numerosa del barrio obrero de Dorchester, Boston, ha reinado este jueves en Barcelona. Como si no fuera con él, con esa campechanía irlandesa, una ligera sonrisa casi permanente y una mirada cargada de modestia, Denis Lehane (1965) ha recibido el premio Pepe Carvalho que concede BCNegra. Gran retratista de la violencia y el lado oscuro que late con fuerza en su sociedad, el creador de la pareja de detectives Kenzie y Gennaro ha asegurado que le parece surrealista estar aquí y que alguien le dé dinero por hacerlo. "Mi padre tenía un trabajo de verdad. A mí me pagan por escribir cosas que tengo en la cabeza, me envían en avión a Barcelona y me dan de comer de maravilla y todavía alguien lo llama trabajo. No lo es".
Justo el día en que el gestor del puerto de Barcelona era detenido por presunta corrupción, el escritor que lleva más de 15 años levantando una exhaustiva radiografía sobre la mafia y las corruptelas en los EE UU de los años veinte, treinta y cuarenta del pasado siglo recibía el premio en el Salon de Cent del Ayuntamiento de la ciudad. Con Ese mundo desaparecido, publicado en España por Salamandra, el escritor de Mystic River o Desaparecida una noche completa una visión panorámica del auge y caída de cierta forma de vida, de cierta forma de crimen organizado. No está nada mal para alguien que asegura que se puso a escribir porque "no era realmente bueno haciendo nada más".
Trump se cuela en cada rendija de la vida cotidiana y en su breve discurso de aceptación Lehane ha hablado de la situación de su país. "Me han hecho más preguntas políticas en tres días que en el resto de mi vida. Y no sé lo que va a pasar, pero quiero creer en lo más profundo de mi corazón que superaremos esta oscuridad". También ha tenido palabras de agradecimiento para la ciudad: "Esta sociedad que cuida tanto de su cultura y que tiene ya una historia tan fascinante pervivirá tanto como su arte", ha asegurado.
El premio, inaugurado por Francisco González Ledesma en 2006, lo han recibido Michael Connelly, Ian Rankin, Alicia Giménez- Barlett, Petros Markaris o Donna Leon, entre otros. En su despedida como comisario de BCNegra, Paco Camarasa ha afirmado que el poder de Lehane, el de Vázquez Montalbán, el de los narradores de verdad, pervivirá y ha invitado al autor estadounidense a dejarse llevar por Barcelona de la mano de Carvalho.

Boston para siempre

"Estar aquí para mí es surrealista. La primera vez que vine a España en 1992 me echaron del hostal en el que estaba y pasé la noche siguiente en una sala de cine X. Así que esto es bastante espectacular", comentaba entre risas por la mañana.
Creador polifacético, responsable de algunos de los mejores capítulos de The Wire, Lehane prepara ahora la adaptación a la televisión de Mr Mercedes, de Stephen King y lo tiene claro: "Los escritores hemos tomado la televisión. No necesito ir al rodaje, solo estar en mi casa de Los Ángeles escribiendo. La televisión es el medio perfecto para contar las historias de hoy", ha comentado a un grupo de periodistas.
Obligado por las circunstancias, Lehane tiene su residencia en Los Ángeles, pero su corazón sigue en Boston. "Bastante tengo con vivir allí, dejen que al menos sitúe mis novelas en mi ciudad", aseguraba con esa sonrisa ladeada, perspicaz, cuando se le preguntaba por sus próximos libros.
Ha recreado un universo mafioso en torno a Florida y Cuba, sus thrillers han recorrido todo el planeta, sus historias sobre la droga y la violencia en Baltimore son ya universales, pero él será siempre un chico de Dorchester.


El impecable retrato mafioso de Dennis Lehane

Dennis Lehane

El impecable retrato mafioso de Lehane

El creador de 'Mistic River' publica 'Ese mundo desaparecido', una novela crepuscular que culmina su gran trilogía sobre la mafia en EE UU


Juan Carlos Galindo
26 de enero de 2017

En el género negro se publica mucho y uno casi nunca tiene la sensación de estar ante un gran libro desde las primeras páginas. Me ha pasado, en distinta medida, con todos los de Dennis Lehane (Dorchester, Boston, 1965) y me ha pasado, sin medida, con Ese mundo desaparecido que hoy publica Salamandra con una excelente traducción de Enrique de Hériz. ¿Por qué? Sencillo: se trata un retrato complejo, deslumbrante y lleno de matices de una realidad en declive, de un mundo que no sabe adaptarse, de un mal que se desvanece para dejar su sitio a otro. Pero también es la culminación madura y más literaria de una trilogía iniciada con Cualquier otro día y Vivir de noche. Y, quizás por encima de todo, es una novela de personajes perdidos, de derrotas y dolor. De Florida a Cuba en plena Segunda Guerra Mundial. Un mundo que se va para que empiece otro.
El impecable retrato mafioso de LehaneJoseph Coughlin, al que veíamos de niño al inicio de la trilogía, es ahora un atractivo hombre de negocios que intenta ganarse el título de respetable, un mafioso retirado a los 36 años que sigue ejerciendo de consigliere de la familia Bartolo, un hombre que sufre por lo que ha hecho y se maldice por no saber resistirse al influjo de ese lado oscuro. A pesar de sus traumas, su vida es relativamente tranquila hasta que empieza a ver a un niño fantasma que le recuerda a alguien y le perturba. Además, recibe el soplo de que quieren matarlo el Miércoles de ceniza. El chivatazo se lo da en la cárcel Theresa del Frisco, presa 4773, madre, florista, asesina implacable. En dos apariciones y cuatro pinceladas Lehane prueba su capacidad para crear secundarios impecables. A partir de aquí, una historia en la que la violencia, las traiciones y la lucha por el poder se muestran en toda su crudeza, pero en la que por encima están los sentimientos de los personajes.
También hay en el libro hay grandes escenas de acción (como el tiroteo en el barrio negro) y otros de pura tensión (como aquel en el barco-casa de Lucius, un criminal de la peor ralea rodeado de fieles psicópatas) en los que Lehane saca a relucir toda su habilidad en el género.
Hay un momento que define a la perfección esta realidad: “Ned encontraba en ese mundo una honestidad que echaba de menos en otros lugares. Todos los hombres que había conocido en ese mundo eran prisioneros de sus pecados, rehenes de sus propias facturas. No te convertías en Joe Coughlin, o en Dion Bartolo, o en Enrico DiGiacomo, por tener el alma sana y el corazón libre de ataduras. Formabas parte de ese mundo porque tus pecados y tus remordimientos se habían multiplicado de un modo tan prodigioso que ya no servías para ninguna otra clase de vida”.
“Aprendí el oficio leyendo a grandes de la novela urbana y a los maestros del género negro: William Kennedy, James Ellroy, Elmore Leonard y, por encima de todos, Richard Price”, afirma Lehane en la excelente entrevista que le hizo Eduardo Lago para Babelia. Con esos mimbres nos demostró su habilidad para la gran novela de detectives en la serie de Kenzie y Gennaro; su capacidad para construir thrillers quedó patente en Mystic River o Shutter Island; sus guiones de The Wire forman parte de la historia reciente de la televisión; con La entrega probó que otro tipo de historias estaban a su alcance, pero esto es algo más. Liberado, quizás, de la búsqueda de su gran novela americana, Lehane lo borda.
“¿Es que toda la gente que conocemos está destrozada?”, pregunta en cierta ocasión una prostituta a Joe, quien trata de vivir una vida ejemplar para su hijo Tomas, olvidar la muerte de su mujer y sobrevivir a la relación con Vanesa Belgrave, millonaria sureña y mujer del alcalde. Joe es un clásico, un personaje con el que te encariñas aunque sabes que sembró dolor y muerte entre rivales e inocentes. Joe es el mejor representante de un mundo que muere. Presientes que no va a acabar bien, pero no importa, deseas que triunfe en su camino de redención, quieres creer que sus rivales son peores, que se merece una última oportunidad.
Sabes, también, que en esta novela crepuscular cabe poca felicidad, que no hay blancos y negros. Bienvenidos al fin de un mundo, al reino de la complejidad moral, a la buena literatura.



Dennis Lehane / “Solo puedo escribir las historias en las que creo”



Dennis Lehane: “Solo puedo escribir las historias en las que creo”

El autor de 'Mystic River', llevada al cine por Clint Eastwood, publica 'Ese mundo desaparecido', una sombría historia de gánsteres durante la Segunda Guerra Mundial


EDUARDO LAGO
23 ENE 2017 - 18:03 COT



El escritor Dennis Lehanne.
El escritor Dennis Lehanne.  GETTY

Nacido en 1965 en Dorchester, entonces uno de los barrios más violentos de Boston, Dennis Lehane es el menor de los cinco hijos de una familia de inmigrantes irlandeses. Como la inmensa mayoría de los niños del barrio, cuando salía del colegio se quedaba jugando en la calle hasta la hora de cenar. A los ocho años escribía cuentos en los que hablaba de la vida en Dorchester, donde sus amigos y él se veían constantemente obligados a interrumpir sus juegos infantiles ante la irrupción de violentos incidentes de índole racial, policiaca o laboral. Los únicos libros que había en la casa familiar eran los volúmenes de una enciclopedia de cuya adquisición había logrado convencer a sus padres un vendedor ambulante. Entretanto, en el colegio católico al que acudía, la pasión del pequeño Lehane por la lectura llamó la atención de las monjas, que se lo hicieron saber a su madre, quien, en lugar de dejarlo en la calle al terminar las clases, empezó a llevarlo a la biblioteca pública. Fue el primero de los Lehane en ir a la Universidad, aunque no se lo tomó demasiado en serio. Empezó escribiendo relatos breves a imitación de Raymond Carver, por quien sentía una admiración sin límites, pero comprendiendo que se trataba de un modelo inalcanzable, no tardó en cambiar de registro.
“Aprendí el oficio leyendo a grandes de la novela urbana y a los maestros del género negro: William Kennedy, James Ellroy, Elmore Leonard y, por encima de todos, Richard Price”, afirma Lehane al principio de la conversación, que tiene lugar en el restaurante de un lujoso hotel de Santa Mónica elegido por él. “Mi manera de entender la escritura cambió cuando leí Clockers. La voz de Richard Price me hacía sentir que estaba escuchando las historias que me contaba mi tío cuando me llevaba con él de bares siendo yo pequeño”.





Aprendí el oficio leyendo a grandes de la novela urbana y a los maestros del género negro

Redactó su primera novela en tan solo tres semanas, pero no la dio a conocer hasta cuatro años después, cuando tras un proceso extenuante de revisiones juzgó que por fin tenía algo publicable. Un trago antes de la guerra(1994) obtuvo el Premio Shamus a la mejor primera novela negra del año. Los protagonistas, la pareja de detectives integrada por Patrick Kenzie y Angela Gennaro, aparecen en las primeras cinco entregas novelísticas de Lehane, publicadas con metódica regularidad, a razón de una por año.
En 2001, Lehane se deshizo de Kenzie y Gennaro, para centrarse en la composición de una compleja fábula urbana en la que recrea las trayectorias de tres amigos cuya infancia los dejó marcados para siempre como consecuencia de un turbio episodio de abuso sexual. La sombra del pasado vuelve a proyectarse sobre sus vidas cuando la hija de uno de ellos, de 19 años, aparece brutalmente asesinada. Mystic River trasciende los límites del género detectivesco, adentrándose en las motivaciones psicológicas de los personajes al tiempo que examina las contradicciones de la sociedad en que se mueven. La novela fue un best seller que Clint Eastwood llevó a la pantalla. Sean Penn y Tim Robins, sus protagonistas, obtuvieron sendos oscars por su trabajo. Quince años después de la publicación del libro que hizo de él uno de los autores más cotizados por Hollywood (escribió varios episodios memorables para series como The Wire y Boardwalk Empire y en la actualidad lo hace para Mr. Mercedes,basada en una novela de Stephen King), Lehane no sabe exactamente cuál fue la clave del éxito de Mystic River.
“¿La autenticidad de la voz, tal vez?”, se pregunta dando un sorbo a un vaso de agua mineral. “Los lectores reaccionan bien a eso. Desde luego no responde a ningún cálculo. Jamás se me había ocurrido que algún día llegaría a tener un best seller, mucho menos tratándose de un libro tan oscuro. Mientras lo escribía tenía delante una ficha que decía: ‘No engañar al lector’. El éxito de la literatura comercial se basa en eso. Mystic River no le ofrece al lector ninguna falsa gratificación. Nadie sale bien parado en la novela. No hay garantía de que al final el crimen pague”.
Tras el éxito alcanzado, ¿qué hizo Lehane para preservar la autenticidad de la voz? “Tenía muy claro que el camino a seguir era alejarme lo más posible de Mystic River. Intentar repetir la fórmula hubiera sido traicionar las razones por las que me hice escritor. Si hay una sola cosa que he tenido siempre clara, y doy las gracias a Dios por hacérmelo ver muy pronto, es que solo puedo escribir las historias en las que creo. Soy incapaz de separar el corazón de la cabeza”.





Mystic River no le ofrece al lector ninguna falsa gratificación. Nadie sale bien parado en la novela

En 2003, Lehane publicó Shutter Island, un thriller gótico, que Martin Scorsese trasladó al cine, protagonizado por Leonardo DiCaprio. Fue un interludio mientras preparaba la novela de mayor ambición literaria de su carrera. Rigurosamente documentada y con más de 700 páginas, Cualquier otro día es una narración de proporciones épicas que Lehane tardó cinco años en completar. La novela ofrece un retrato panorámico de Boston en 1919, año particularmente marcado por la pobreza, la corrupción, la violencia, huelgas sindicales y de la policía, con el movimiento anarquista y el comienzo de la Prohibición como trasfondo. Con ella, Lehane inició el ciclo novelístico de los Coughlin, clan irlandés entre cuyos miembros figuran tanto gánsteres como policías. El ciclo se continúa en Vivir de noche, novela de ambición mucho menor, ambientada en el Boston de los años treinta, y se cierra con Ese mundo desaparecido, título que se acaba de traducir al castellano y en el que Joe Coughlin, que en el primer volumen de la trilogía era un niño de 11 años, pasa a ocupar el centro de una sombría historia de gánsteres ambientada durante la Segunda Guerra Mundial.
“Es un libro triste, muy oscuro, una elegía que alcanza proporciones de tragedia. Las circunstancias de mi vida están muy presentes en él. Mientras lo escribía perdí a gente muy querida, como a mi hermano, a quien estaba muy unido. Estaba muy enfermo y falleció cuando me faltaba un mes para terminar. La muerte está presente en cada página de la novela”. Uno de los elementos más llamativos de la propuesta narrativa de Lehane es la utilización de un recurso más propio del género fantástico que de la novela negra: la aparición del fantasma de un niño que solo es capaz de ver Joe Coughlin.
“Lo incorporé después de haber acabado el primer borrador. No entendía por qué la novela no acababa de funcionar, hasta que comprendí que en realidad estaba escribiendo sobre la muerte. El fantasma del niño simboliza la pérdida irrecuperable de un ser querido, algo por lo que todos tenemos que pasar, un precio que todos tenemos que pagar. Vivimos de alquiler, el tiempo no nos pertenece”.





'Ese mundo desaparecido' es un libro triste, muy oscuro, una elegía que alcanza proporciones de tragedia

Las muertes violentas son un elemento recurrente en las novelas de Lehane. La frialdad con que las refiere no hace más que resaltar su arbitrariedad. Como en el resto de su obra, la brutalidad con que se describen algunos asesinatos en Ese mundo desaparecido deja al lector sin capacidad de reacción. Hablando de ello en otros lugares, Lehane ha dicho que no inventa, sino que reproduce situaciones que se dan en la vida cotidiana. Por esa razón, resulta altamente desconcertante una circunstancia que se dio unas horas antes de que tuviera lugar esta conversación. En Venice Beach, muy cerca del lugar donde vive Lehane, el periodista presenció un asesinato. Una mujer joven degolló salvajemente a una amiga suya, embarazada de tres meses, en un cruce de calles, frente a la playa. Al día siguiente, alguien puso unas flores y una botella de tequila en el lugar de la acera donde se había perpetrado el asesinato.
Lehane escucha con suma atención lo que parece una escena tomada de una de sus novelas, interesándose por los detalles. “Conozco bien esa esquina”, dice por fin, “es un lugar muy peligroso. Efectivamente, me interesa la irrupción de la violencia en situaciones como la que acaba de describir, porque son acciones gratuitas, pero el daño que hacen es irreparable. A la muerte no le importa lo que les ocurra a sus víctimas. Una de las funciones de la narratividad es ordenar el caos en que vivimos. La realidad es caótica, y la literatura un mecanismo altamente artificial que trata de imponer un orden por medio de una historia, pero no es el mundo el que cuenta historias, sino que somos nosotros, los escritores, quienes tratamos de darle sentido ordenando con palabras el caos de la experiencia”.
Queda tiempo para hacer una pregunta más, a quemarropa: ¿Diría Dennis Lehane que hay una dimensión política subyacente a su voluntad de entretener?
“Soy un escritor político, pero eso es algo de lo que casi nadie se da cuenta. De todos modos, cuando escribo busco atrapar al lector con historias, no con ideas. Mi trabajo como escritor es deleitar, no hacer ningún tipo de denuncia. Eso va a estar de todas maneras ahí, pero no sirve de nada si no sé contar bien la historia.”
Ese mundo desaparecido. Dennis Lehane. Traducción de Enrique de Hériz. Salamandra, 2016. 352 páginas. 19 euros