sábado, 9 de mayo de 2026

Herman Melville / Moby Dick / Capítulo 1

Ilustración de Rockwell 

Herman Melville

MOBY DICK

Capítulo 1

Llamadme Ismael. Hace unos años —no importa cuánto hace exactamente—, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo. Es un modo que tengo de echar fuera la melancolía y arreglar la circulación. Cada vez que me sorprendo poniendo una boca triste; cada vez que en mi alma hay un noviembre húmedo y lloviznoso; cada vez que me encuentro parándome sin querer ante las tiendas de ataúdes; y, especialmente, cada vez que la hipocondría me domina de tal modo que hace falta un recio principio moral para impedirme salir a la calle con toda deliberación a derribar metódicamente el sombrero a los transeúntes, entonces, entiendo que es más que hora de hacerme a la mar tan pronto como pueda. Es mi sustitutivo de la pistola y la bala. Con floreo filosófico, Catón se arroja sobre su espada; yo, calladamente, me meto en el barco. No hay nada sorprendente en esto. Aunque no lo sepan, casi todos los hombres, en una o en otra ocasión, abrigan sentimientos muy parecidos a los míos respecto al océano.

Herman Melville publica Moby Dick

 



Herman Melville publica Moby Dick


Javier Melba
18 de octubre de 2023


Otro 18 de octubre, el de 1851, hace hoy 172 años, el destino alumbra una de sus ironías. En efecto, la novela que habrá de ser uno de los pilares sobre los que pivotará esa edad de oro de la literatura estadounidense: la que se escribió entre el romanticismo y el trascendentalismo durante una buena parte del siglo XIX —desde Nathaniel Hawthorne hasta Walt Whitman, por situarla entre dos de sus autores—, tiene su edición príncipe en una editorial inglesa. Sí señor, Moby Dick, la obra maestra de Herman Melville, la ficción en cuestión, llegó a las librerías londinenses tal día como hoy con la marca de Richard Bentley. La edición estadounidense —de un solo volumen dado a la estampación por Harper & Brothers, frente a los tres de la británica, pese a que en la norteamericana se incluían todos los pasajes censurados por Bentley— no se pondrá a la venta en Nueva York hasta el 14 de noviembre.

Georges Bernanos / Un escritor en guerra contra las guerrillas de hoy

 

Georges Bernanos, durante una conferencia en La Sorbona en 1948.
Georges Bernanos, durante una conferencia en La Sorbona en 1948.

Georges Bernanos: un escritor en guerra contra las guerrillas de hoy

‘Los grandes cementerios bajo la luna’ es un ejemplo extremo de coraje y humanismo que demuestra que la decencia moral no es patrimonio de ninguna ideología


Sergio del Molino
13 de febrero de 2024

Vivimos tan sobreactuados por la tragedia de la actualidad que hemos devaluado el concepto de acontecimiento. Cuando cada noticia es decisiva, cada declaración política, atronadora y cada Madrid-Barcelona, el partido del siglo, el grano no asoma entre la paja. Cuesta reconocer los acontecimientos cuando se presentan. Esta semana, por ejemplo, ha sucedido algo importante de lo que casi nadie va a enterarse: la editorial riojana Pepitas de Calabaza publica Los grandes cementerios bajo la luna, de Georges Bernanos.

viernes, 8 de mayo de 2026

Leila Guerriero / “Creo que en mi familia no me leen mucho. Cosa que me pone muy contenta, porque en mi casa quiero ser una persona que habla del precio de las bananas”

 

La periodista y escritora argentina, Leila Guerriero.Magdalena Siedlecki

ENTREVISTA

Leila Guerriero: “Creo que en mi familia no me leen mucho. Cosa que me pone muy contenta, porque en mi casa quiero ser una persona que habla del precio de las bananas”

En ‘La dificultad del fantasma’, la periodista argentina persigue la escurridiza huella de Truman Capote en la Costa Brava. Lo que da pie a una conversación sobre la voracidad de la escritura, las trampas de la memoria y lo sencillo que resulta engordar el mito a base de distorsionarlo

Mariana Enriquez / “No quiero que me saquen las pesadillas”


Mariana Enríquez, retratada en Buenos Aires en 2014.
Mariana Enríquez, retratada en Buenos Aires en 2014.DANIEL MORDZINSKI

Mariana Enríquez

“No quiero que me saquen las pesadillas”

La argentina Mariana Enríquez publica en España el fenómeno editorial 'Las cosas que perdimos en el fuego', un libro de cuentos tenebrosos sobre mujeres perturbadas



Leila Guerriero
3 de mayo de 2016

Mariana Enríquez tiene pesadillas. Siempre las tuvo. Algunas son recurrentes y otras, como la que tuvo hace días, novedosas.

Mariana Enriquez / Razones




Mariana Enríquez

Razones

27 de agosto de 2023


Una vez más, miles y miles de veces que se acumulan, estoy en el teléfono llamando a Edesur, número de cliente a mano. Han evolucionado debo decir: el primer número de emergencias “no figura como un abonado en servicio”. El otro, el de “comercial” sirve como entrada subrepticia al sistema aunque esto, lo sé, es pasajero: puede cambiar, volver a los números correctos y de todas maneras será inútil porque ya no es sólo que atiende la máquina, es que cuando atiende alguien, esa persona suena agobiada, enojada, o la comunicación no sirve más que para dejar “asentado el reclamo” con un número largo estilo CBU.

Mariana Enriquez / «Para mí no existe diferencia entre alta y baja literatura»








Mariana Enriquez: «Para mí no existe diferencia entre alta y baja literatura. Para mi generación, llorar con E.T. y jugar con Star Wars era algo serio»



Mariana Enriquez
 (Buenos Aires, 1973) es una escritora y periodista argentina. Es autora de las novelas 
Bajar es lo peor, Cómo desaparecer completamente, Este es el mar o Nuestra parte de noche y de numerosos cuentos cortos recopilados en los volúmenes Los peligros de fumar en la cama y Las cosas que perdimos en el fuego. Su bibliografía también acumula varios libros de no ficción, entre los que se encuentra un libro de viajes tan exótico como Alguien camina sobre tu tumba, centrado en las visitas de la escritora a varios cementerios del globo. 

Aurora Bernárdez, viuda de Julio Cortázar

 

Aurora Bernárdez y Julio Cortázar




Iván Hernández
AURORA BERNÁRDEZ
VIUDA DE JULIO CORTÁZAR


Aurora Bernárdez escapa del silencio

Un libro recopila textos de la mujer de Cortázar, junto a una larga entrevista con el músico y cineasta Philippe Fénelon. A la sombra del escritor, nunca publicó su obra

jueves, 7 de mayo de 2026

Días de caza 5 / Bogotá, 6 de mayo de 2026

 


DÍAS DE CAZA 5
Bogotá, 6 de mayo de 2026


Christian Mauro / In the Act
John le Carré / una verdad delicada
Elia Kazan / Los asesinos
Gabriel Fonnegra / Gramática Simpática
Opuestos / Opposites
Fernando Ávila / Cómo se escribe
Ivor Culler / El desayuno
Chris van Allsburg / El higo más dulce
Stevenson / Kidnapped
Jaime Manrique / Nuestras vidas son los ríos
El nuevo cuento latinoamericano
Juan Francisco Ferré / El Rey del Juego
The Scriptures
Bécquer / Rimas
Graham Green / Brighton Rock
Vamos a recuperar muebles

***

Einar Turkowski / La montaña
Si ves un monte de espumas y otros poemas
Alfredo Gómez Cerda / El mago del paso del subterráneo
Manual de redacción 

***

Philip Pullman / La materia oscura
Perrault / Roberto Innocenti / La cenicienta
Darin Strauss / Chang y Eng
Ivar Da Coll / Pies para la princesa
Rafael Rivero Oramas / El mundo de Tío Conejo
George Simenon / Tres habitaciones en Manhattan

Días de caza 4 / Bogotá, 3 de mayo de 2026

 


DÍAS DE CAZA 4
Bogotá, 3 de mayo de 2026


Maggie O’ Farrell / La distancia que nos separa
Maya Angelou / Ya sé por qué canta el pájaro enjaulado
Beatrice Alemagna / Mi amor
Oscar Pantoja / Rulfo, una vida gráfica

***

Gisèle Pelicot / Himno a la vida
Bukowski / La enfermedad de escribir
Ariana Harwicz / Perder el juicio
Héctor Abad / Ahora y en la hora
Visitar el Louvre
Patricia Highsmith / Pequeños Cuentos misóginos
Tomás González / Vista del abismo
Ida Vitale / El abc de Byobu

***

Caravaggio
Jim Carrie / Recuerdos y desinformación
Jaime Salinas / Cuando editar era una fiesta
Juan Fernando Merino / Hijos del trueno
Juan Antonio Rosa y Darío Jaramillo / Del ojo a la aguja
Las Mujeres de Obregón (4)
Stevenson / La flecha negra

***
El artista de acrílico y Gouche
Cómo dibujar en perspectiva
Así se dibuja
Así se compone un cuadro
Así se pinta con aerógrafo

Días de caza 3 / 1 de mayo de 2026

 



DÍAS DE CAZA 3
1 de mayo de 2026

Voces que te han cantado

Kamasutra

Leonardo Padura / Agua por todas partes

Alberto Montt / Solo necesito un gato

 Canizalez / Qué miedo la noche, Jaguar

Akimo Yoshida / Banana Fish

David Toscana / El ejército ciego

Pedro Mairal / La uruguaya

Nona Fernández / Marciano

Eudora Welty / Cuentos completos

Taiye Selasi / Lejos de Ghana

Florence Knapp / Los nombres

Hiromi Kawakami / Bajo el ojo del gran pájaro

***

Jon Klassen / Tu bosque

Jon Klassen / Tu isla

Jon Klassen /  La calavera
















Días de caza 2 / Bogotá, 27 de abril de 2026

 




DÍAS DE CAZA 2

Bogotá, 27 de abril de 2026


George Saunders / Cuentos escogidos

David Uclés / La ciudad de las luces muertas

José Zuleta Ortiz / Sol bajo la lluvia

Juan Fernando Merino / Los mares de la Luna

Camila Sosa Villada / El viaje inútil 

Mario Mendoza / Jeco Okano / Satanás

Kate Kirkpatrick  / Convertirse en Beauvoir / Una biografïa

Fernando Aramburu / Patria




Días de caza 1 / Bogotá, 25 de abril de 2026







DÍAS DE CAZA 1
Bogotá, 25 de abril de 2026


Tintin / La Estrella misteriosa

Tintin / Stock de Coque

Tintin / El cangrejo de las pinzas de oro

Tintin / El lago de los tiburones

Tintin / La oreja rota

Tintin / Objetivo: La luna

Tintin en América

Tintín en el Congo

***

Gay Talese / Bartley y yo

Philippe Ollé-Kaorube / Los Escritores vagabundos

Lilian Anolik / Didion y Babitz

Mavis Gallant / Los Cuentos

Patti Smith / Pan de Ángeles

Ariana Harwicz / Matate, amor

***

Davide Cali / Mr Tigre

José Zuleta Ortiz / Mulatos

Luci Gutiérrez/ Manual de auto defensa

Luci Gutiérrez / English is no easy


miércoles, 6 de mayo de 2026

Rubem Fonseca / El hijo




Rubem Fonseca
El hijo
(“O filho”)


      Jessica tenía dieciséis años cuando se embarazó.
       —Es mejor sacarlo —dijo su madre—. ¿Sabes quién es el padre?
       Jessica no lo sabía.
       —No importa quién sea el padre —respondió—, son todos unos cabrones.

La misteriosa estatua de Banksy en el centro de Londres


Una estatua que representa a una persona descendiendo de un pedestal con el rostro cubierto por una bandera ondeante en Waterloo Place, el 30 de abril de 2026, en Londres, Inglaterra.

FUENTE DE LA IMAGEN, GETTY IMAGES

Pie de foto, Una nueva intervención artística de Bansky apareció en el centro de Londres. 
    • Autor

      La misteriosa estatua de Banksy que apareció por sorpresa en el centro de Londres

      Aurelia Foster
      BBC News
  • Tiempo de lectura: 5 min

El artista callejero Banksy confirmó que una gran estatua que apareció en el centro de Londres es parte de su obra.

León de Greiff / Francisco de Asís León Bogislao de Greiff Haeusler

 

Leon de Greiff

LEÓN DE GREIFF
Por Harold Alvarado Tenorio

Francisco de Asís León Bogislao de Greiff Haeusler (Medellín, 1895-1976), descendía de un bisabuelo sueco y un abuelo alemán, pero era absolutamente antioqueño, [una de sus bisabuelas era hermana o prima de José María Córdoba y su abuela materna, Teopista Rincón Velásquez, procedía del Inca Huayna Capac, undécimo soberano de la dinastía del Imperio Incaico], de ese linaje de hombres y mujeres que crearon un país, en lucha y derrota con las adversidades y la maldad humanas. Y nadie, más que él, recibió en vida, el afecto y admiración que una nación puede ofrecer a sus poetas. León de Greiff fue sin duda el artista e intelectual colombiano más adorado del siglo XX, amado por su rebeldía, admirado por su inteligencia y humildad, reverenciado como amigo y como poeta. 

martes, 5 de mayo de 2026

Rubem Fonseca / El peor de los venenos

Mujer desnuda frente al espejo
Giovanni Bellini

Rubem Fonseca 


EL PEOR DE LOS VENENOS



A todos los hombres les gusta que los sienten a mi lado en las grandes cenas que frecuento. Soy inteligente, guapa, atractiva, irónica, tengo imaginación, cultura, soy capaz de mantener un diálogo expresivo con un banquero importante o con un profesor de filosofía, en el caso de que inviten a un profesor de filosofía a una de estas cenas elegantes. ¿Parezco una presumida egocéntrica? ¿Debo mentir, sólo para aparentar modestia? 

Rubem Fonseca / Vida


Rubem Fonseca
VIDA

En mi caso, el ruido que causa el movimiento de los gases intestinales me pone alerta. Pero hay personas que no tienen la ventaja de esta señal prodrómica? Mi mujer dice que no es una enfermedad y, si no es una enfermedad, no hay pródromo, como el aviso que un epiléptico recibe momentos antes de tener la crisis, como le ocurría a nuestro hijo, que Dios lo tenga en su gracia, pero mi mujer se dedica a contradecirme en todo lo que digo, a hostilizarme constantemente, ese es el pasatiempo de su vida-, pero estaba diciendo que mi flatulencia se anuncia por los ruidos de los gases desplazándose por el abdomen, y eso me permite, casi siempre, retirarme estratégicamente para ir a expulsarlos lejos de los oídos y las narices de los demás. Por cierto, prefiero hacerlo a solas, pues los pedos, al ser expulsados, me causan un gran placer que se manifiesta en mi rostro, sé de esto porque la mayoría de las veces los libero en el baño, el mejor lugar para hacerlo, y puedo notar en mi rostro, reflejado en el espejo, el lenitivo alivio, la delectación provocada por su esencia odorífera, y también una cierta euforia, cuando son bastante ruidosos. Y, tratándose de un ambiente cerrado, tengo otra emoción, tal vez más placentera, que es la de disfrutar con exclusividad ese olor peculiar. Sí, yo sé que para la mayoría de las personas, ciertamente no para quién lo expulsó, el aroma de la flatulencia ajena es ofensivo y repugnante. Mi mujer, por ejemplo, cuando estamos acostados en la cama y escucha el ruido de mis intestinos, me grita, salte de la cama y vete a pedorrear lejos de mí, asqueroso. Salgo corriendo de la cama y me voy al baño, en esas ocasiones, como ya dije, prefiero estar solo, y después de expulsar los gases en el baño, con la puerta cerrada, cuando ni siquiera acabé de gozar la satisfacción que aquello me da, ella grita, Dios mío, estoy sintiendo la peste desde aquí, de veras te estás pudriendo. El olor no es tan fuerte, incluso me gustaría que fuera más intenso pues me causaría mayor placer, pero a veces es tan suave que tengo que agacharme y olfatear con la nariz casi pegada al pubis para sentir el aroma desprendido por el flato, pero aún así, en estos días ella grita palabras injuriosas desde el cuarto, como si un olor tan débil pudiera recorrer un trayecto tan largo sin desvanecerse en el camino. El otro día, durante la cena -por cierto que esto ocurre casi todos los días- al repetir el plato de frijoles, me dijo, come más, llénate las tripas, para que después te eches más pedos, pero también lo dice si repito el postre, soy delgado y no logro dejar de serlo, no importa lo que coma; ella es gorda y no logra dejar de ser gorda, pero vive haciendo pays, pudines de leche y mousses de chocolate, y si repito el pudín o el mouse ella dice, vas a pasar la noche pedorreándote como un caballo, y además me echa la culpa de ser gorda, que la hago infeliz, que come para compensar las frustraciones que le causo, y tiene razón, pues no logro cumplir con mis obligaciones de marido, por más que lo intento, y en realidad ya no lo intento más. Podría irme de la casa, pedir el divorcio, pero me acuerdo de lo que sufrió durante la enfermedad de nuestro hijo, creo que nunca ha existido en el mundo una madre más dedicada que ella, y ella engordó después de la muerte de nuestro hijo, y a veces la descubro llorando con su retrato en las manos, no debo abandonarla en esa situación, no puedo ser tan desalmado y egoísta, y además si soy delgado y elegante podría conseguirme otra mujer, pero ella no lograría encontrar otro hombre y la soledad aumentaría todavía más su sufrimiento, es una buena mujer, no merece esto. Estamos acostados, ella de espaldas a mí, pensé que estaba dormida, pero mis intestinos empezaron a producir esos ruidos y ella, sin darse la vuelta, gritó ¡Ay, Dios mío, que vida la mía!, ve a pedorrearte al baño, y me fui e hice lo que me mandó y contemplé en el espejo la felicidad que el fuerte ruido y el intenso olor estamparon en mi rostro. 

Rubem Fonseca
Secreciones


Rubem Fonseca / Orgullo


Rubem Fonseca
ORGULLO

En varias ocasiones había oído decir que por la mente de quien está muriendo ahogado desfilan con vertiginosa rapidez los principales acontecimientos de su vida y siempre le había parecido absurda tal afirmación, hasta que un día ocurrió que estaba muriendo y mientras moría se acordó de cosas olvidadas, de la noticia del periódico según la cual en su infancia pobre él usaba zapatos agujerados, sin calcetines y se pintaba el dedo del pie para disimular el hoyo, pero él siempre había usado calcetines y zapatos sin hoyo, calcetines que su madre zurcía cuidadosamente, y se acordó del huevo de madera muy liso y suave que ella metía en los calcetines y zurcía, zurciendo todos los años de su infancia, y se acordó de que desde niño no le gustaba beber agua y si se bebía un vaso lleno se quedaba sin aire, y por eso permanecía el día entero sin beber una gota de líquido pues no tenía dinero para jugos o refrescos, y que a veces a escondidas de su madre hacía refresco con la pasta de dientes Kolynos, pero no siempre tenían pasta de dientes en su casa, y en el momento en que moría también se acordó de todas las mujeres que amó, o de casi todas, y también del piso de madera roja de una casa en la que había vivido, aunque angustiado no logró recordar qué casa era aquélla, y también del reloj de bolsillo ordinario que rompió el primer día que lo usó, y también del saco de franela azul, y del dolor que lo había hecho arrastrarse por el suelo, y del médico que decía que necesitaba hacerle una radiografía de las vías urinarias, y cuanto más lo cercaba la muerte más se mezclaban los recuerdos antiguos con los recientes, él llegando atrasado al consultorio del médico que ya estaba vestido para salir, ya hasta había permitido que se fuera la enfermera, y el médico con prisa, ansioso como alguien que va a encontrar a una novia muy deseada, mandándole que se quitara el saco, se levantara las mangas de la camisa y que se acostara en una cama metálica, explicándole que a fin de cuentas la radiografía no se tardaría mucho, sólo había que inyectar el contraste y sacar las placas, y el médico se inclinó sobre la cama para aplicar el contraste en la vena del brazo y él sintió el olor delicado de su perfume y pudo observar su corbata de bolitas, y no pasó mucho tiempo cuando empezó a sentir que la laringe se le cerraba impidiéndole respirar y él intentó alertar al médico pero no logró emitir sonido alguno y todas las reacciones vinieron a su mente, la noticia del periódico, el saco azul, el piso de madera, las mujeres, el huevo liso de madera de su madre, mientras el médico en una esquina del consultorio hablaba por teléfono en voz baja, y como sabía que se estaba muriendo golpeó en la cama de metal con fuerza, el médico se asustó y después muy nervioso sacaba los cajones de los armarios, maldiciendo, culpando a la enfermera y diciéndole a él que se calmara, que iba a ponerle una inyección antialérgica, pero no encontraba dónde estaba el maldito medicamento, y él pensó me estoy muriendo sofocado, la vida y la muerte corriendo al parejo, y consciente de que su muerte era inminente e inevitable, se acordó de las palabras de un poema, debo morir pero eso es todo lo que haré por la Muerte, pues siempre se había rehusado a tener el corazón atormentado por ella, y en ese momento en que moría no iba a dejar que ella se hiciera cargo de su alma, pues lo más que la Muerte haría de él sería un muerto, así es que pensó en la vida, en las mujeres que había conocido, en su madre zurciendo calcetines, en el huevo liso de madera, en la noticia del periódico, y golpeó con fuerza la mesa de metal, ¡bam!, ¡bam!, ¡bam!, estoy pensando en las mujeres que amé, ¡bam!, ¡bam!, ¡bam!, pensando en mi madre, y en ese momento el médico, sin saber qué hacer, atormentado y sobresaltado por los ruidosos golpes que él descargaba en la cama metálica, lo miró con gran conmiseración y tristeza, y él gritó nuevamente ¡bam!, ¡bam!, que perdonaba al médico, ¡bam!, ¡bam!, que perdonaba a todo el mundo, mientras su mente recorría velozmente las reminiscencias de la vida, y el médico, ahora entregado a su impotencia, desesperado y confundido, le quitó los zapatos y le levantó la cabeza y vio sus pies vestidos con calcetines negros, y vio en el calcetín del pie derecho un hoyo que dejaba aparecer un pedazo del dedo grande, y se acordó de cuán orgullosa era su madre y de que él también era muy orgulloso y que eso siempre había sido su ruina y su salvación, y pensó no voy a morirme aquí con un hoyo en el calcetín, no va a ser esa la imagen final que le voy a dejar al mundo, y contrajo todos los músculos del cuerpo, se curvó en la cama como un alacrán ardiendo en el fuego y en un esfuerzo brutal logró que el aire penetrara en su laringe con un ruido aterrador, y cuando el aire era expelido de sus pulmones hizo un ruido aún más bestial y horrible, y se escapó de la Muerte y ya no pensó en nada. El médico, sentado en una silla, se limpió el sudor del rostro. Él se levantó de la cama metálica y se puso los zapatos.

Rubem Fonseca
El agujero en la pared