domingo, 24 de marzo de 2019

Leila Guerriero / Emma Reyes / Leona pura, leona oscura


Emma Reyes


Leila Guerriero
Leona pura, leona oscura 

En los primeros minutos de la película coreana Old Boy, dirigida por Chan-wook Park, su protagonista, Oh Dae-su, es secuestrado, no se sabe por quién, y despierta poco después en una habitación sin ventanas en la que hay un baño, un lecho, un cuadro con una frase —«Ríe y el mundo entero reirá contigo, llora y llorarás solo»—, y un televisor en el que están pasando la noticia de que su esposa acaba de ser asesinada. Oh Dae-su no sabe cómo llegó allí, ni por qué, ni cuándo va a salir. El espectador tampoco. Las horas, los días, los meses de esa agonía claustrofóbica se suceden: una perversión —el secuestro— dentro de otra perversión: el tormento sin fin. Quince años después, aún sin saber por qué ha sido secuestrado, abandona ese cuarto convertido en una máquina de odio, en un asesino perfecto.

Emma Reyes / Memoria por correspondencia / Reseña de Rafael Narbona



Memoria por correspondencia

Emma Reyes

Libros del Asteroide, 2015. 232 páginas, 17'95 €

RAFAEL NARBONA
8 de mayo de 2015

“La verdadera patria del hombre es la infancia”, escribió Rilke, pero ¿qué sucede cuando no es así? ¿Qué nos queda cuando la infancia es un doloroso recuerdo, donde el afecto es lo insólito y la crueldad lo cotidiano? Emma Reyes nació en Bogotá en 1919. Desconocía la identidad de su padre, su única hermana se llamaba Helena y su madre era la “señora María”, una mujer neurótica e inestable que confinó a las niñas en una pequeña habitación, limitándose a visitarlas de tarde en tarde para garantizar su supervivencia. Siempre se mostró fría, arisca, brutal. Las niñas sólo abandonaban su encierro para jugar en un estercolero, sin ignorar que cualquier motivo podía desencadenar un aluvión de bofetadas, insultos y tirones de pelo. 

Emma Reyes / Crecer sin palabras

Emma Reyes

Crecer sin palabras

Explotada de niña, Emma Reyes reconstruye cómo fue su salida de ese pudridero


Marta Sanz
11 de mayo de 2015

Emma Reyes fue una pintora colombiana que residió en Italia y Francia. Tuvo amigos celebérrimos como Moravia, Sartre o Pasolini, y protegió como una madre a artistas del otro lado del océano que recalaron en Europa. Hasta ahí todo parece normal. Lo sorprendente es que una mujer analfabeta hasta la juventud, criada en un cuartucho, malnutrida, golpeada con una bota, abandonada como un animal, explotada laboralmente en un convento durante quince años, pudiese escapar del pudridero de la infancia y convertirse en la mujer que fue. Diego Garzón, en el epílogo, resuelve los interrogantes de la vida de Emma que surgen al hilo de la lectura de estas cartas, en las que la artista reconstruye sus orígenes para Germán Arciniegas. Más allá de la crónica negra o amarilla, lo que impresiona de Memoria por correspondencia es su resolución literaria: la escritura de una mujer que bordaba para las monjas y a la que quizá las habilidades del bordado —dibujar sobre el lienzo, traspasarlo con la aguja, combinar colores, conseguir que lo invisible del reverso sea tan pulcro y potente como lo visible— le sirvieran para narrar una niñez en las antípodas del paraíso perdido, Nunca Jamás o las infancias imperiales de un primer mundo donde la insalubridad en la educación adquiere acepciones distintas a las de la infancia de Reyes. Ella fue una niña vieja, que miraba alrededor con consumidas chispitas de alborozo, desde la puerilidad de quien aún no conoce el significado del lenguaje: no saber del mundo ni de sus nombres, después de quince años de clausura, se traduce en una forma de lengua insuficiente, caracterizada por su fibra poética, que recrea una peculiar experiencia de conocimiento. Como en los Recuerdos recobrados, de Kiki de Montparnasse, otra mujer que partió de una niñez traumática. El estilo no es espontáneo, sino que destila lucidez en el forzamiento que supone “empingorotarse” en la actitud de la escritura logrando recrear la atmósfera de misterio de quien vive sensaciones cuyos nombres ignora: el efecto encantadorde lo intuido recubre lo sórdido sin suavizarlo. Es más, lo subraya: el tremendismo que se naturaliza por costumbre —abandono de bebés, desgajamientos, cuchilladas, cachorrillos envenenados— se convierte en herida en la conciencia del lector. En la mezcla de géneros autobiográficos, la simplicidad de la voz infantil es un complejo mecanismo que funde las edades —infancia, juventud, madurez— incluyendo la figura del receptor de las cartas y la mirada de la hermana mayor que, poco a poco, se evapora.

Emma Reyes / Cartas de mi terrible infancia


Germán Arciniegas y Emma Reyes

Emma Reyes, cartas de mi terrible infancia

Llega a España «Memoria por correspondencia», libro en el que la pintora colombiana relata su difícil niñez

Inés Martín Rodrigo
4 de mayo de 2015

La artista colombiana Emma Reyes (1919-2003) conoció al historiador Germán Arciniegas (1900-1999) en París, en 1947, en un acto de la Unesco. La pintora llevaba tiempo instalada en la capital francesa, donde ya gozaba de cierto prestigio en la escena artística de la época. Nada hacía imaginar a Arciniegas que, bajo la imagen cándida, hospitalaria y generosa de Reyes, se escondía un pasado tenebroso, del que muy poca gente logra escapar. En los largos paseos que compartieron a la orilla del Sena, la artista confesó al historiador un secreto que llevaba años atormentándola: su terrible infancia.

sábado, 23 de marzo de 2019

Ana de Armas / Antes de Blade Runner

Ana de Armas






Ana de Armas: "Antes de 'Blade Runner' no me salía nada, por el acento"

La actriz cubana es, junto a Ryan Gosling y Harrison Ford, la protagonista de una de las secuelas más esperadas de la historia del cine. Pero ella no sueña con ovejas eléctricas ni con estrellas en Hollywood. Solo con hacerse un hueco siendo ella misma


Irene Crespo
28 de septiembre de 2017


Blade Runner
Ana mira a cámara entre luces de neón con chaqueta acolchada de Kling. Su mirada glam se consigue dibujando un trazo grueso en el párpado con Palette Couture Eyeliner N1 Noir Minimal de YSL Beauté. A continuación, reviste el ojo de brillo glitter con Couture Hologram Powder de YSL Beauté. DARÍO VÁZQUEZ

De Cuba a Hollywood pasando por Madrid. En 29 años. A estas alturas de su película personal, Ana de Armas podría decir aquello de: "Yo he visto cosas que vosotros no creeríais". Nació en Cuba, en 1988. Una infancia y adolescencia en la isla caribeña supuso crecer sin móviles, sin Internet, sin canales de televisión, sin tener plena conciencia de qué era Hollywood. "Como niña en Cuba, el mundo no existe para ti, no tienes ni idea de lo que pasa fuera. Es muy difícil soñar, porque supuestamente estamos bien con lo que tenemos", dice en respuesta a si alguna vez se imaginó compartiendo cartel con una estrella como Ryan Gosling en una superproducción como la secuela del clásico entre clásicos de la ciencia ficción, Blade runner.

Ana de Armas / Adiós a la cubana

Ana de Armas

Ana de Armas

Adiós a la cubana

El desastre no fue perder Cuba, fue perder a la cubana Ana de Armas. Aburrida hasta exiliarse en Hollywood, vuelve a nuestro cine rubia, triunfal y sabrosa


RUBEN ROMERO SANTOS
28 DE ABRIL DE 2014






Vistiendo un abrigo prestado por nuestro estilista, los labios de Ana brillan gracias al tono Envious de la gama Pure Color de Estée Lauder
Vistiendo un abrigo prestado por nuestro estilista, los labios de Ana brillan gracias al tono Envious de la gama Pure Color de Estée Lauder Nacho Alegre

Los ojos de Ana de Armas (Cuba, 1989) son uno de los misterios más fascinantes del universo: rodeando unas pupilas enormes se destaca un iris amarillo, de felino, que combina de maravilla con la cabellera rubia que luce estos días. No es lo único que ha cambiado de su imagen: poco queda de la colegiala en faldita, flequillo y medias que corriera por los pasillos del instituto Laguna Negra en la serie El internado. Los rasgos de su cara, por ejemplo, se han afilado. Ella lo achaca a su nueva vida en EE UU. “Le estoy muy agradecida a vivir en California por haberme educado a nivel de alimentación y deporte. Peso lo mismo, pero el cuerpo se te pone de otra forma. Antes tenía el rollo baby fat, con la cara más redondita. Era normal. Cuando yo llegué de Cuba a España, ¡aquí había mucha comida! ¡Tenía antojo de todo a todas horas! Sufría una gran ansiedad por comer todo aquello que me había perdido en mi niñez. ¡Sobre todo las chuches!”.

Ana de Armas / Una coreografía sádica



Una coreografía sádica

La película juega imaginativamente con la pantalla partida y culmina en puro arrebato fantástico


Jordi Costa
28 de febrero de 2013

Al ver la secuencia de créditos iniciales, uno recuerda esa boutade de Jesús Franco según la cual había más cine en los títulos de crédito de Agente 007 contra el Dr. No (1962) que en todo Bergman. Afirmación que hoy hay que poner en cuarentena, pero que, en su día, supuso una irreverente apuesta por un cine del placer que encuentra su eco en el debut como director del crítico y guionista Antonio Trashorras. Esa coreografía de Ana de Armas que pasa del pop a lo gótico para desembocar en el delirio tiki supone, en el actual cine de género español, una tonificante insolencia. De hecho, la cita de Edward Gorey que abre la película, el montaje de imágenes desconcertantes y esa cabecera asumen casi el espíritu de un manifiesto cifrado: una toma de postura por un placer nunca culpable y por el potencial onírico y la irracionalidad estética del cine de subgéneros, formulada sin la distancia y las coartadas teóricas que uno podría esperar de un crítico que pasa al otro lado.


En El callejón, una empleada de hotel tiene que hacer uso de una solitaria lavandería, en plena noche, para limpiar el vestido que lucirá en una prueba de casting. No tardará en ser acosada por un turbio personaje. Trashorras parte, pues, de una situación sintética, pero las variaciones que se aplican sobre ella se encuentran lejos de lo obvio. La película juega imaginativamente con la pantalla partida y culmina en puro arrebato fantástico. Que El callejón parezca una rareza en el nuevo cine de terror español no habla tanto de su excentricidad, sino de hasta qué punto el género ha claudicado ante las exigencias de mercado y los dogmas de manual de guion. El callejón es una reivindicación de las esencias: un ejercicio de libertad donde Antonio Trashorras se afirma como esa perfecta pareja de baile de Ana de Armas que el arranque de la película situaba fuera de campo.

EL PAÍS


DE OTROS MUNDOS

DRAGON

DANTE


viernes, 22 de marzo de 2019

La única historia / Amas, luego sufres, según Julian Barnes





Amas, luego sufres, según

Julian Barnes

El autor, estrella en el festival Kosmopolis, novela la relación entre un joven y una mujer adulta casada en ‘La única historia'


Carlos Geli
Barcelona, 21 de marzo de 2019





Julian Barnes, en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona.
Julian Barnes, en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. EUROPA PRESS

El dolor es inseparable del amor. “¿Preferirías amar más y sufrir o amar menos y sufrir? Creo que, en definitiva, esa es la única cuestión”. Así arranca Julian Barnes su ya 13ª novela, La única historia (Anagrama; Angle en catalán), donde, en la Inglaterra de los 60, ubica la historia del amor y desamor del joven Paul, de 19 años, con Susan Maclead, de 48, casada y con dos hijas, mayores incluso que su amante. Raudo va el renombrado autor de El loro de Flaubert y Arthur & George a desligar su trama de la de los iconos En brazos de la mujer madura, de Stephen Vizinczey, y El graduado, de Charles Webb, que en la pantalla interpretaran Anne Bancroft y Dustin Hoffman. “La relación sexual y emocional que reflejo es muy distinta; en el filme, la mujer mayor es sofisticada, conocedora de la vida; en mi libro, ambos están en un plano de igualdad en su experiencia sobre el mundo, su inocencia es parecida”. Y añade, bíblico, una tercera negación: “Tampoco es una versión de Colette donde una mujer madura enseña el mundo al otro mientras retiene una lágrima en los ojos”.

Bachelet denuncia torturas y ejecuciones en el Gobierno de Maduro



Bachelet denuncia torturas y ejecuciones en el Gobierno de Maduro

La alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU asegura que el Gobierno de Venezuela se niega a reconocer las dimensiones de la vasta crisis humanitaria que vive el país


Jacobo García
Caracas, 20 de marzo de 2019


La comunidad internacional envió este miércoles dos duros mensajes al Gobierno de Nicolás Maduro. En el primero, desde la sede de Naciones Unidas en Ginebra, la alta comisionada para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, denunció torturas, asesinatos y una aguda crisis social en Venezuela. En el segundo, en la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA), se mostró por primera vez públicamente las imágenes de un centro de tortura clandestino.

Vargas Llosa / Largo camino hacia la libertad


Ilustración de Fernando Vicente



Mario Vargas Llosa

Largo camino hacia la libertad

Algún día, no lejano, se escribirá una gran novela tolstoyana sobre la heroica lucha del pueblo venezolano contra la dictadura de Chávez y Maduro. Y el final será, por supuesto, un final feliz



3 de febrero de 2019

Algún día se escribirá un gran libro sobre la heroica lucha del pueblo venezolano contra la dictadura de Chávez y Maduro, que recuerde los sufrimientos que ha padecido todos estos años sin cesar de resistir, pese a los torturados y a los asesinados, a la catástrofe económica —probablemente la más atroz que recuerde la historia moderna— que ha llevado a un país potencialmente muy rico a la hambruna colectiva y ha obligado a cerca de tres millones de ciudadanos a huir, a pie, a los países vecinos para no perecer por la falta de trabajo, de comida, de medicinas y de esperanza. Menos mal que el martirio de Venezuela parece llegar a su fin, gracias al nuevo ímpetu que han inoculado Juan Guaidó y otros jóvenes dirigentes a la resistencia.

jueves, 21 de marzo de 2019

David LaChapelle / Jesus is my Homeboy

David LaChapelle, Self Portrait as House, 2013

David LaChapelle
Jesus is my Homeboy

David LaChapelle, Seismic Shift, 2012

David LaChapelle / Épicos y surrealistas retratos de los íconos de la cultura pop en una salvaje antología



David LaChapelle

David LaChapelle

Épicos y surrealistas retratos 

de los íconos de la cultura pop 
en una salvaje antología

El fotógrafo David LaChapelle es sin duda uno de los más icónicos de las últimas dos décadas, y uno que fue contratado por primera vez por Andy Warhol y desde entonces, ha logrado fotografiar prácticamente a todas las figuras más destacadas de la moda, la música, el cine y hasta la política, pues su portafolio va desde Marilyn Manson hasta Hillary Clinton. Sus creaciones son conocidas por ser brillantes, coloridas y épicas, y absolutamente reconocibles a primera vista.


Hace 11 años y con un envidiable cuerpo de trabajo, LaChapelle decidió dejar la vida pública para mudarse a Hawaii y vivir en una granja, lejos de publicistas y estrellas y estudios y botox. Aún vive allá, pero de vez en cuando toma un avión para trabajar en la antología de su trabajo, que comenzó en 1996 con LaChapelle and y que hoy continúa con dos libros más, llamados Lost + Found Part I Good News Part II, en donde sus saturadas, dramáticas y a menudo surrealistas fotografías fueron coleccionadas por la editorial Taschen para que apreciáramos ese punto de vista tan particular que hace que sus fotos sean algo entre un collage, una foto pin-up y una pintura.


“Estos dos libros tienen un hilo conductor. Lost + Foundconduce a Good News. De hecho, el orden de las fotografías es importante para mí pues están organizadas de manera que se narra una historia visual, pero también es un recuento de distintos aspectos de mi vida y de mi estado de conciencia, y estoy seguro de que quienes revisen los libros también se conectarán conmigo”.



El título de Good News está inspirado en el nombre del primer show que llego a presentar en una galería en Nueva York, mientras Lost + Found refleja más la cultura pop actual y presenta a modelos que van desde Julian Assange de Wikileaks, pasando por la familia Kardashian y Nicki Minaj, y terminando con tomas surrealistas callejeras de Amy Winehouse.


DRAGON

DANTE

DE OTROS MUNDOS

BIOGRAPHIES II


David LaChapelle / Arte y seducción


David Lachapelle©
David LaChapelle
ARTE Y SEDUCCIÓN

David LaChapelle es un artista nacido el 11 de Marzo de 1963 en Fairfield, Connecticut. Él es un fotógrafo y director que trabaja en los campos de la moda, la publicidad y la fotografía artística, y es mundialmente reconocido por su estilo único, surrealista, sexualizado y a menudo con grandes dosis de sentido del humor. LaChapelle estudió en la North Carolina Schoool of Arts y en School of Visual Arts en Nueva York.

miércoles, 20 de marzo de 2019

Antonio Muñoz Molina / De principio a fin



Caja con las cenizas de Gabriel García Márquez, el pasado 21 de abril en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México.
Cenizas de García Márquez
Palacio de Bellas Artes, 21 de abril de 2014
Foto de Rebecca Blackwell


Antonio Muñoz Molina
De principio a fin


Lo mejor de los libros escritos en el español de América eran sus comienzos asombrosos


2 de mayo de 2014

Casi lo mejor de aquellos libros escritos en el español de América eran sus comienzos asombrosos. Se leía la primera línea y ya se estaba en el interior de un mundo, en el desafío de un misterio, en la corriente de una historia. Eran principios que nos parecían tan poderosos como los de los grandes relatos originarios, el del Génesis o el del Quijote, el de En busca del tiempo perdido, la Ilíada. Delante del pelotón de fusilamiento el coronel Aureliano Buendía se acuerda de la mañana remota en que su padre lo llevó a descubrir el hielo. Alguien vino a Comala porque le habían dicho que allí vivía su padre, Pedro Páramo. Durante tres días y tres noches del carnaval de 1927 la vida del Emilio Gauna de Bioy conoce su primera y misteriosa culminación. La candente mañana de febrero en la que Beatriz Viterbo murió un personaje que se llama Borges dice que notó que en los cartelones de la plaza Constitución habían cambiado un anuncio de cigarrillos. En una mañana gris de Lima un periodista joven encuentra por casualidad a un antiguo conocido y al mismo tiempo que se va desgranando el principio de una historia unas palabras actúan como un motivo musical: “Zavalita, ¿en qué momento se jodió el Perú?”. En un pueblo de una serranía punteada de sanatorios antituberculosos el dueño de un colmado ve llegar a un viajero y se fija en sus manos, y en esa figura alta y sombría de Los Adioses uno reconoce un autorretrato de Juan Carlos Onetti con la misma familiaridad con la que lee las primeras palabras definitivas de la historia: “Quisiera no haber visto del hombre nada más que las manos”…En cada arranque hay una interrogación y una búsqueda. Con mucha frecuencia también un viaje, una caminata. En el principio de la primera línea de Rayuela hay una pregunta que contiene cifrado en su brusca brevedad el hilo de la historia, del que habrá que ir tirando poco a poco hasta quedar envuelto en ella: “¿Encontraría a la Maga?”. No sabemos quién habla, si es hombre o mujer, ni sabemos si quiera si habla en primera o en tercera persona, y el nombre tan raro de la mujer que provoca esa búsqueda es un motivo nuevo de incertidumbre, porque además no es un nombre, sino un apodo, más alarmante visto ahora que cuando lo leíamos de muy jóvenes.

Antonio Muñoz Molina / Lecciones de invierno

Fotografía de Harry Callahan


Antonio Muñoz Molina

Lecciones de invierno

El invierno es la estación del dibujo, de las texturas secas, los grises y los azules


8 de febrero de 2014




'Squall' (1986). El sentido del color de Andrew Wyeth es exactamente invernal, de invierno en bosques y praderas en el noreste de América.



















En la universidad una estudiante que viene de Lima me cuenta que su mayor aprendizaje en Nueva York ha sido el del cambio de las estaciones. “En Lima el tiempo es siempre más o menos lo mismo. La diferencia máxima entre el verano y el invierno son unos diez grados”. Hasta llegar aquí nunca se había abrigado tanto, nunca había sabido lo que era de verdad el frío. También es posible que no hubiera tenido una sensación tan marcada del paso del tiempo. Hace años, en Copenhague, una señora brasileña me contó el recuerdo luminoso de su descubrimiento de las estaciones cuando llegó a Europa en su primera juventud. Hasta entonces, en Río de Janeiro, había vivido en un paraíso fuera del tiempo. Se dio cuenta de la monotonía de ese paraíso cuando asistió por primera vez al cambio de color de las hojas de los árboles en los parques de las ciudades europeas; cuando experimentó la dulzura de los días soleados, la sorpresa de la velocidad con que se iba el sol rubio de las tardes de noviembre. Me dijo que solo en Europa y luego en el noreste de Estados Unidos había aprendido algo sobre el paso del tiempo: el tránsito permanente y la apariencia de circularidad en el regreso ordenado de las estaciones.

Antonio Muñoz Molina / Un recuerdo de Onetti


Juan Carlos Onetti —en una imagen de 1989— pasó años metido en la cama en su domicilio de Madrid. / FOTO: FRANCISCO ONTAÑÓN
Antonio Muñoz Molina

Un recuerdo de Onetti

En aquel anciano enfermo, anclado en su deterioro físico, había una lucidez intacta y algo que yo había encontrado siempre en su literatura: el desengaño de la vida y el amor por la vida, la propensión a una tristeza sin alivio y al mismo tiempo a una ternura pudorosa y sin límite





Cuando se ha vivido muchos años en la misma ciudad uno tiene a veces la sensación de cruzarse con una versión muy anterior de sí mismo, un fantasma al que le costaría trabajo reconocer si de verdad pudiera verlo. Yo paso con mucha frecuencia, en Madrid, por la acera de la avenida de América donde está el edificio en el que vivió hasta su muerte Juan Carlos Onetti, y siempre me acuerdo de la mañana de hace casi veintidós años justos en que vine a visitarlo. Junto a esa acera ancha delante del portal bajé de un taxi, llevando una bolsa de viaje, porque había pasado en Madrid poco más de un día y en apenas unas horas tenía que salir camino del aeropuerto. Sólo unos días antes había ido de Granada a Lisboa. Volvería a Granada esa misma tarde. Vivía entonces a rachas un aturdimiento de viajes y no sabía que me estaba aproximando a una frontera invisible del tiempo que iba a cambiar con igual fuerza mi vida y mi literatura. Aquella acera, el paisaje del tráfico hacia el aeropuerto, el mareo de la falta de sueño, los veo ahora en el recuerdo como indicios seguros de lo que ya había cambiado sin que yo lo supiera. Me detuve delante del portal con mi bolsa en la mano y comprobé de nuevo la dirección que llevaba apuntada. En unos minutos, después de un trayecto breve en ascensor, iba a encontrarme con Onetti.

Manuel Rodríguez Rivero / Listas



Manuel Rodríguez Rivero

LISTAS

15 MAR 2019

A pesar de que los anglosajones no fueron los inventores de las listas (recuérdese el catálogo de las naves aqueas, que ocupa 350 versos de la Ilíada y que resulta tan extenso que hace exclamar al improbable bardo: “La multitud contar yo no podría ni tampoco nombrarla aunque tuviera diez lenguas y diez bocas”), fueron ellos los que han llevado el arte y la pasión de las listas a su perfección. Desde que inventaron la de los best sellers, cada semana aparecen o se publican listas de los mejores thrillers, las mejores novelas románticas, los ensayos imprescindibles, los inevitables libros de autoayuda o de cocina, o las guías necesarias para coger setas (quiero decir tomar, para que no se rían mis amigos argentinos a cuenta del vegetal estupro). Lo que podríamos llamar elencofilia o elencomanía —y su correlato, la elencofobia— es una de esas enfermedades que la tecnología ha hecho virales: hoy, si no formas parte de alguna lista, no existes, y todo el mundo hace listas de algo. El joven Jay Gatsby la hacía de sus buenos propósitos, y he visto a muchos lectores llevando confiadamente la suya, basada en las siempre problemáticas opiniones de los reseñistas, a las casetas de Sant Jordi o de la Feria del Libro.
La última lista de libros de la que he tenido noticia me ha resultado particularmente curiosa: se refiere, una vez más, a las 100 “mejores novelas del mundo”, y la ha elaborado la Online Computer Library Center (OCLC), una gigantesca cooperativa de gestión de catálogos bibliotecarios que se ha basado para elaborar su lista en las novelas que estaban más presentes en 18.000 instituciones asociadas. El resultado tiene un inevitable aroma anglosférico, pero hay un dato contundente: la “mejor” novela del mundo es El Quijote. Le siguen, qué cosas, Alicia en el país de las maravillas y, después, obras de Twain y Stevenson —es decir, las que demandan los lectores jóvenes—. La primera novela francesa en la megalista es Madame Bovary, en el puesto 23º; el Ulises ocupa el 47º, y el segundo libro escrito en español —adivinen— es Cien años de soledad, en el 54º. Ahora les toca jugar a ustedes: elaboren, por ejemplo, su lista de las 10 peores novelas de 2018. Las hay por arrobas.