jueves, 29 de enero de 2015

Julio Ramón Ribeyro / Prosas apátridas / Un libro sin patria literaria

Julio Ramón Ribeyro


Julio Ramón Ribeyro

PROSAS APÁTRIDAS
Un libro sin patria literaria


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A veinte años de su muerte, el escritor peruano Julio Ramón Ribeyro, es quizás de los escritores más entrañables de la literatura peruana y latinoamericana. Siempre de perfil bajo y con un cigarrillo en los labios o entre los dedos escribió y describió a través de su obra el lado difuso, incomprensible en que las personas a veces solemos estar en determinados momentos.
Ribeyro empieza a cruzar fronteras, poco antes de que muriera y ganara el Premio Juan Rulfo de 1994 (aun así todavía no es tan conocido, pero si ya muy respetado); es autor de ‘La palabra del mudo’, que es el libro que contienen toda su obra cuentista y por la que se hizo conocido, además de publicar piezas teatrales, tres novelas y un ensayo entre otras cosas, tiene en su haber un libro, a lo mejor el menos comprendido, pero a su vez el más contundente titulado: ‘Prosas apátridas’.

Julio Ramón Ribeyro / Prosas apátridas / Reseña




Julio Ramón Ribeyro

PROSAS APÁTRIDAS

Por Santiago Roncagliolo


Un empleado mediocre se emborracha una noche con su jefe. Entre los vapores del alcohol, se hacen grandes amigos, se juran fidelidad, se prometen hermandad eterna. El empleado se siente valorado, gratificado. Pero al día siguiente, cuando llega al trabajo y saluda confiadamente a su nuevo compañero, el jefe apenas recuerda su nombre.

Un hombre que deambula por el malecón entra en un bar y traba conversación con la camarera. Entre copas y bromas, coquetean. Al final de la noche, ella le pide que lo ayude a cerrar el local. Él carga las pesadas sillas pensando que tiene asegurada una cama caliente para paliar su soledad. Pero después de cerrar, ella lo deja fuera, solo, abandonado a la fría y húmeda intemperie.

Dos conversaciones con Julio Ramón Ribeyro


Julio Ramón Ribeyro según Javier Prado



Dos conversaciones 
con Julio Ramón Ribeyro

UNO

–¿Por qué se muestra reacio frente a los periodistas, señor Ribeyro?
–En realidad por dos motivos: el primero es que la mayoría de periodistas que vienen a entrevistarme no saben nada de literatura. El segundo, porque creo que ya lo dije todo, porque siempre vienen con las mismas preguntas. Estoy cansado de responder a lo mismo: ¿y cómo escribe usted?, ¿por qué escribe usted?…

–Pero son muchos los jóvenes que no tienen la oportunidad de leer las entrevistas que le hicieron hace muchos años.
–Es cierto. Lo mejor sería que se publicaran en un libro; porque tengo tantas entrevistas, algunas en revistas o publicaciones que ya desaparecieron. Una vez una sobrina me enseñó pilas de recortes…

Julio Ramón Ribeyro y la crónica del fracaso

Julio Ramón Ribeyro
Miraflores, 1960
Foto de Baldomero Pestana

JULIO RAMÓN RIBEYRO 
Y LA CRÓNICA DEL FRACASO

Por Luis Veres
Universidad Cardenal Herrera-CEU
Valencia, España


En su libro La caza sutil el mismo Julio Ramón Ribeyro (1976) nos pone en la pista de los antecedentes de la literatura de diarios en el Perú. Dichos ejemplos no son frecuentes y se remontan a José García Calderón y Alberto Jochamowitz, aunque ambos aparecen escritos en francés, y a cuatro textos clasificables como diarios de José María Arguedas. Sí que existen textos posteriores como El pez en el agua(1993) de Vargas Llosa, Permiso para vivir (1993), Siempre extraño(1995) de Igartúa o Autobiografía fugaz (2000) de Zavaleta. Por esa razón se puede decir que los libros autobiográficos de Ribeyro constituyen uno de los ejemplos más originales de este tipo de literatura en el país andino[1]. Esos títulos se recogen en La tentación del fracaso (1992), Dichos de Luder (1989) y Prosas apátridas (1986). La literatura memorialística responde, como señala el propio Ribeyro el 29 de enero de 1954, a “el derivativo de una serie de frustraciones que por el solo hecho de ser registradas parecen adquirir un signo positivo”[2]. Ribeyro reconoció su interés por este género desde su infancia[3].

miércoles, 28 de enero de 2015

Julio Ramón Ribeyro / Cuentos de circunstancias


Julio_Ramón_Ribeyro














Julio Ramón Ribeyro 

Cuentos de circunstancias

Por  
El País,  27 de junio de 2012
Ribeyro vivió en París durante la época del Boom literario, coincidió con todos los escritores célebres de esos años y ninguno le mezquinó una palabra de elogio. Sin embargo, es uno de los "olvidados" del Boom, quizá porque la fama siempre le fue esquiva o porque, al contrario, fue él quien esquivó a la fama debido a su personalidad anti-Boom: no solo era discreto, inseguro y con una gran "tentación al fracaso" sino que, además, era muy silencioso. El silencio -salvo excepciones- no se lleva bien con el éxito. El escritor peruano regresó a Perú unos años antes de su muerte. Se compró un departamento frente al mar y se rodeó de amigos, cómplices literarios. Además, descubrió que aquí lo admiraban muchísimo: en un homenaje que le brindó una municipalidad, el público que se quedó fuera del recinto lo obligó a mostrar su afilada figura y saludar desde el balcón municipal bajo el coro "Ribeyro es del pueblo". Muchas veces lo vi caminando por el malecón de Barranco; por entonces yo dictaba cursos en un instituto que quedaba frente a su edificio. Su timidez se mezcló con mi propia timidez y nunca me acerqué a agradecerle sus obras. Ahora me arrepiento. Cuando Ribeyro murió había recibido, meses antes, el premio de la FIL Guadalajara, cuando se llamaba "Premio Juan Rulfo". No llegó a recogerlo, pero sí pudo disfrutar que celebraran su calidad también fuera del país.
Aunque la obra de Ribeyro que prefiero son los fragmentos, ideas y aforismos reunidos en Prosas apátridas, sin duda fue un cuentista prolífico que redactó algunas piezas memorables. El espíritu de la Euro2012 me ha poseído, así que dejo aquí un once titular: mis once cuentos favoritos de Julio Ramón Ribeyro. Una guía para no iniciados.

Bryce Echenique / Julio Ramón Ribeyro



PERSONAJES DEL SIGLO XX | JULIO RAMÓN RIBEYRO | PERFILES

Un amigo muerto, un domingo, un otoño

ALFREDO BRYCE ECHENIQUE 20 AGO 2003
Hay fines de semana sin gente que ver, sin ganas de ver a nadie, tampoco. Es domingo todo el tiempo, a partir del sábado a eso de las cinco de la tarde, y, gracias a Dios, no he comprado periódico alguno, hace semanas que no sé nada de la liga de fútbol, y la televisión como si no la hubieran inventado todavía. La música está terminantemente prohibida, en domingos así, que incluso empiezan antes de tiempo. Diablos, cualquier tipo de música sería realmente peligrosísima, en circunstancias tales que la sola idea de la existencia física o cantada de un Julio Iglesias puede ser de necesidad mortal, a juzgar por lo que uno sabe de sí mismo. En la sala hay un gran libro a medio leer, y hay decenas más esperando lectura, en mi biblioteca, pero en días así sucede lo mismo con los libros que con el cine. Hay varias salas de estreno en el barrio y películas que ver, pero eso vendrá después, tal vez el lunes, a lo mejor el martes. En fin, eso vendrá no bien este oscuro bienestar se transforme en molesta melancolía y la larga visita de algún muerto anuncie un punto y aparte.

"Los amigos comunes siempre me han contado que sus años limeños fueron los más felices de su vida y que se acabaron demasiado pronto"

-Si todo me sale bien, dentro de pocos meses habré partido al Perú, Julio...
-Dios te dé más años de vida de los que a mí me concedió en Lima, viejo.
Una tira de años, en París, Julio Ramón Ribeyro y yo almorzamos juntos cada domingo. Siempre estuve invitado a su casa, a eso de la una de la tarde, y Alida, su esposa, se encargó de recordármelo muy cariñosamente por teléfono, cada semana. A veces Julio Ramón ni siquiera me recibía porque andaba con una gripe fiebrosa, por ejemplo, y se negaba incluso a que lo visitara unos minutos en su dormitorio.

Julio Ramón Ribeyro / La tentación del fracaso


Julio Ramón Ribeyro

La tentación del fracaso 

 El País, 18 de enero de 2003


La culpa, la hipocresía, la soledad, la debilidad de carácter, la perspectiva temporal de la muerte. Éstos eran para Julio Ramón Ribeyro (1929-1994) los detonantes de un diario íntimo. La próxima semana, Seix Barral publicará las anotaciones escritas por el narrador peruano entre 1950 y 1978, años en los que vivió en Perú, España, Alemania y París. La obra monumental de un clásico contemporáneo.
Julio Ramón Ribeyro

Primer diario limeño

3 de junio de 1950
¿Por qué estaré hoy tan decepcionado? Sin dinero, sin éxitos, sin amores, mis días van cayendo como las hojas secas de un árbol. Rodeado de oscuridad, de cenizas. Hoy me siento incapaz de todo. Una pereza moral irresistible. Sólo ansío viajar. Cambiar de panorama. Irme donde nadie me conozca. Aquí ya soy definitivamente como han querido que sea. Conforme me aleje irán cayendo mis vestiduras, mis etiquetas y quedaré limpio, desnudo, para empezar a ser distinto, como yo quisiera ser. Pero, ¿adónde ir? Si llevo dentro de mí el germen de todo mi destino, ¿para qué hacer rodar por todos los paisajes, como un circo ambulante, el espectáculo de mi vida equivocada?

martes, 27 de enero de 2015

La teoría del todo / Sobreviviendo al desastre físico


LA TEORÍA DEL TODO

Sobreviviendo al desastre físico

La película narra los hallazgos profesionales de Stephen Hawking, 

pero no abusa de ellos


Durante mucho tiempo, el cine acostumbraba a recrear, después de que la hubieran palmado, la vida de gente ilustre que inventó cosas que supusieron avances notables para la humanidad, grandes artistas que crearon belleza y alimentaron el espíritu de sus semejantes, líderes que revolucionaron la historia, seres cuya personalidad y cuya obra lleva el sello de la excepcionalidad. El género, además de exaltante, debe de ser tan rentable económicamente que la industria ya no espera a que esos seres legendarios hayan finiquitado su presencia en la Tierra, sino que se ha propuesto que los glorificados puedan disfrutar de tan trascendente tributo mientras que están vivos.

Felicity Jones como Jane Wilde y Eddie Redmayne como Stephen Hawking
La teoría del todo

Es el caso de La teoría del todo, que retrata los goces y desdichas, teorías y descubrimientos, vida familiar y profesional, juventud y madurez de un individuo tan prestigioso como popular llamado Stephen Hawking, alguien que, según cuentan las opiniones autorizadas o con hambre de conocimiento, ha cambiado el concepto que poseíamos del universo.
Utilizo el “según cuentan” porque, al parecer, entre los infinitos lectores de Una breve historia del tiempo se encuentran los científicos y los profanos, pero todos ellos se han sentido seducidos por la teorías de este astrofísico sobre el espacio y el tiempo, los agujeros negros y otros misterios del universo. Todos coinciden en que Hawking explica muy bien con su escritura lo que piensa. No puedo juzgarlo, ya que no lo he leído; mi mente siempre se ha sentido incapaz de entender mínimamente las cuestiones científicas. En ese sentido (también en otros), mi cerebro es el de un niño.
En esta película narran los hallazgos profesionales de Hawking, pero no abusan de ellos. Al director, James Marsh, autor de aquel fascinante documental titulado Man on a wire, lo que más le interesa es describir la capacidad de un hombre con el cuerpo devastado por la enfermedad más cruel, pero que mantiene intacta su superdotada inteligencia, para sobrevivir a sus terribles limitaciones, mantener una existencia razonablemente feliz, durante mucho tiempo, con su mujer y con sus hijos y continuar investigando enigmas con resultados apabullantes, cuestionando verdades oficialmente aceptadas.

Eddie Redmayne como Stephen Hawking
La teoría del todo

Si el retrato que hace James Marsh de Hawking es interesante, el de su primera esposa lo supera. Es admirable la sutileza, los matices y la elegancia con la que está descrita la personalidad de esa mujer, su comprensión, su profundo amor hacia alguien atrozmente incapacitado y siempre en el filo de la desesperación, su coraje, su involuntario, aunque lógico, enamoramiento de otra persona.
En ningún sentido es desdeñable este biopic. No es enfático, no subraya el melodrama, no busca manipular con resortes baratos las emociones del espectador. Su trabajo es tan contenido como digno. Y son muy justas las nominaciones al Oscar de Eddie Redmayne —no va de intenso, aunque la tortura física y sentimental de su personaje se prestara a ello; está tan contenido como veraz— y de Felicity Jones, que no solo enamora a Hawking y al púdico profesor de canto, sino también al firmante de esta crónica. Tiene una belleza delicada y extraña. Y compone magistralmente un personaje difícil, al motor vital de un genio cuyo organismo sufre parálisis completa.



Jane Wilde / Los días felices de Stephen Hawking



Los felices días de Hawking

Jane Wilde, primera esposa del científico, narra veinticinco años de matrimonio en 'Hacia el infinito'



Jane Wilde, primera esposa del científico Stephen Hawking, ayer en Madrid / CARLOS ROSILLO
Viendo su apariencia frágil, con su vestido de lana azul y leotardos negros, cuesta imaginar a Jane Wilde empujando la silla de ruedas del científico Stephen Hawking, quien entonces era su marido, rodeada por tres niños pequeños. La primera esposa del cosmólogo —se casaron en 1965 y se divorciaron en 1990—, una lingüista que hizo su tesis sobre La Celestina y que adora España hasta el extremo de preparar un gazpacho o una paella, pasó ayer por Madrid para promocionar su libro, Hacia el infinito. Mi vida con Stephen Hawking (Lumen), coincidiendo con el estreno en los cines de La teoría del todo. El filme, que compite por el Oscar a la mejor película, se basa en esa enorme historia de superación, cargada de batallas y de héroes cotidianos que ella ha plasmado en más de 500 páginas. Stephen Hawking se mueve ahora por el mundo rodeado de flashes y de reconocimientos, pero hubo un tiempo en que fue “un padre feliz”, a quien su esposa y sus hijos ayudaban a comer (todo muy cortadito, muy pequeño), a bañarse y a sortear bordillos, una familia con apuros económicos para comprar una lavadora, una hipoteca o superar todas las trabas burocráticas que suponía compartir la vida con un enfermo de ELA.
Jane  Wilde / Jane Hawking

 A sus 70 años, Jane viaja con su nuevo marido, pero mantiene una estrecha relación con su anterior esposo y comparten veladas juntos, aunque hubo épocas muy duras tras el divorcio. Comenzó a escribir el libro en 1995, cinco años después de la separación y de que el científico la abandonase por una enfermera. “Dejé que pasara el tiempo antes de sentarme ante el ordenador porque me sentía tan agotada, tan rendida, que hubiera escrito un relato cargado de rencor”, contó ayer, frente a una taza de café. Quería detallar todo lo que quedaba oculto tras el científico y su éxito. “Pensé que si no era yo quien narraba todo lo que había tras la fama, alguien con menos sensibilidad se lo habría inventado”. Cuando puso punto final a su vida con Hawking, tras pasar 25 años juntos, sintió un gran alivio, como si se quitara un peso de encima.

Juan Cruz / Egos revueltos


Egos revueltos

Se dice que los escritores desayunan egos revueltos. Pero, ¿podrían escribir sin ego? El ego los defiende del principio de incertidumbre (nadie te quiere, nadie te va a leer), está en su naturaleza. No es una enfermedad, es parte de su ser. Su desayuno.




A finales de los sesenta, cuando ya estaba a punto de morir, el viejo poeta Ezra Pound aceptó encontrarse con algunos colegas suyos que querían tocarlo, sin duda para contarlo. Entre ellos estaba el mexicano Homero Aridjis, que les sobrevive a todos, y que fue quien contó esta anécdota.
Ezra Pound no quiso hablar; estaba mustio desde hacía años, vivía un difícil exilio interior, no soportaba la palabra, y no soportaba a sus colegas, que le rodeaban para llevarse alguna reliquia, una palabra, un mirada. Junto a él, en la actitud de adoración lírica que suele darse en estos casos, Octavio Paz, Allen Ginsberg, Charles Tomlinson, Aridjis. Estaban en Spoletto, Italia, acababan de asistir a la representación de Don Giovanni, de Mozart, con escenografía de Henry Moore, y todos querían excitar al maestro con sus historias.
Octavio Paz se identificó a sí mismo, a su modo: "Yo soy Paz". Ginsberg le cantó una mantra, para entretenerlo, Tomlinson le recitó poemas, y el propio Aridjis le habló de un músico, Gerhard Munch, que había sido amigo del poeta, que mantenía un silencio introvertido, hosco. A todos les respondió con silencio, un silencio pesado e incómodo que la historia de cada uno de ellos, con la excepción de Aridjis, convertiría en una conversación inolvidable.
Y en efecto, unos meses después, Ginsberg, Paz, Tomlinson, cada uno escribió sobre lo que que Pound les dijo aquel día en que compartieron la gloria de hablar con el poeta vivo más importante del momento. "Y yo no escribí, fui la excepción", nos dijo Aridjis, "pero tuve la tentación de escribir para decir que lo que allí hubo fue silencio, y nada más".
Aridjis nos lo contó cuando le preguntamos sobre el ego de los escritores. Los escritores se juntan muchas veces para medirse, y si se miden con la altura se sienten altos; en la costumbre de nombrar (a escritores importantes, a políticos, a artistas) hay también un egocentrismo que cultiva muchísima gente, pero que los escritores animan selectivamente: se es más, se piensa, si se está con quien es más.

Jaime Echeverri / Deseo



Jaime Echeverri
DESEO

Ser para ti todos los hombres es mi deseo
El primero que llega hasta tu fondo
Los siguientes y el último.
Quien te sueña, quien nunca cesa de soñarte.
Ser los que te han amado antes que yo
Y todos los que después logren tu amor.
Palpitar en los labios que has besado
Ser tu lengua y las suyas
En el espejo de saliva que las funde.
Ser los ojos que te han visto desnuda
Y los que te han querido desnudar con la mirada.
Ser jinete y montura cuando nos cabalguemos.
Sin dejar de ser yo, ser todos ellos.
Ser el placer y el tacto, ser tu piel y mis dedos
Ser el goce que asciende hasta el cerebro
Cuando inmolemos el instante de nada del orgasmo.
Ser tu grito y el mío que son todos los gritos
Y, sin serme traidor, también deseo
Que en todos me hayas buscado hasta encontrarme
.

Para Isabel / Tabucchi o cuando póstumo no significa menor


Tabucchi o cuando póstumo no significa menor

'Para Isabel' fue escrita dos años después de 'Sostiene Pereira' y permaneció inexplicablemente inédita hasta hoy.



    El escritor Antonio Tabucchi. / TEJEDERAS
    A ver quién es el guapo que cuando se habla de novela póstuma piensa en una obra maestra; a ver quién piensa con un lirio en la mano que novela póstuma no es sinónimo de borrador extraviado, de manuscrito repudiado y descubierto en aquel anaquel cercano al abigarrado escritorio del genio creador, de resto de serie, de merma narrativa, de residuo con el que prolongar la gloria literaria que la muerte ha arrebatado, de efecto placebo o de añagaza demarketing,de testamento traicionado.
    Para Isabel es una novela inédita póstuma de Tabucchi (1943-2012), pero no un inesperado vestigio de su talento sino una prueba esencial de este, una obra maestra pergeñada con la parsimonia con la que rumia el buey Apis, a un tiempo fértil y funerario, y terminada de escribir en 1996, en plena hegemonía artística y ebullición mediática, dos años después de publicar su ya legendaria Sostiene Pereira. Por qué no quiso publicarla entonces es cuestión que ni su viuda ni su editor en lengua original alcanzan a revelar en el breve posliminarque cierra el volumen. Tal vez, como el lector, ignoran el motivo y piensan que Tabucchi creyó que publicar Para Isabel sería como caer en la tentación de publicar su obra completa antes siquiera de haberla escrito, pues esta historia de búsquedas vagamente detectivescas es una historia de búsquedas decididamente personales que contiene su universo literario entero. Y sí, hubo un tiempo, antes de las redes sociales, en que asustaba la exhibición de la privacidad.

    lunes, 26 de enero de 2015

    Ernesto Cardenal / Es muy desagradable tener esta edad

    Ernesto Cardenal

    Ernesto Cardenal
    ES MUY DESAGRADABLE 
    TENER ESTA EDAD

    La voz poética y comprometida de Ernesto Cardenal cumple 90 años

    Por toda Nicaragua universidades, teatros y festivales le rinden homenaje


    Ernesto Cardenal, el martes, día de su 90 aniversario, en su casa de Managua. / INTI OCON (AFP)











    El poeta nicaragüense Ernesto Cardenal se reunió la mañana del martes en el Centro Nicaragüense de Escritores, en Managua, para compartir con un grupo de periodistas su torta de 90 años. Hundido en un asiento de madera, con su inseparable boina negra calada sobre su largo cabello blanco, el poeta, llamado el “profeta de Nicaragua”, aseguró que estaba en la celebración bajo protesta. “Me producen incomodidad los homenajes”, dijo en un tono de reproche, “pero no los puedo prohibir. Los tolero. Es muy desagradable tener esta edad. ¡A nadie se lo deseo!”.
    La protesta de Cardenal (Granada, Nicaragua, 1925) no ha sido escuchada por sus amigos, seguidores y colaboradores, que han organizado una serie de eventos en teatros, universidades y festivales para homenajear los 90 años del poeta vivo más importante de Nicaragua y una de las voces más respetadas de América Latina. Una figura íntimamente ligada a la historia reciente de este país centroamericano, quien desde la trinchera de la literatura combatió la dictadura somocista y apoyó con su poesía la revolución popular sandinista, de cuyo Gobierno formó parte en los ochenta como Ministro de Cultura.

    Ernesto Cardenal / Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana

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    Ernesto Cardenal, 2009
    Foto de Claudio Álvarez


    XXI PREMIO REINA SOFÍA DE POESÍA IBEROAMERICANA

    Ernesto Cardenal, consagrado

    El poeta nicaragüense vive días de agasajos, homenajes y ediciones especiales de su obra

    Se publica un disco-libro, una antología de la obra de este sacerdote y la versión ilustrada de 'El celular y otros poemas'


    MANUEL MORALES Madrid 15 NOV 2012 - 17:15 CET

    Ernesto Cardenal (Granada, Nicaragua, 1925), poeta, escultor, polémico, sacerdote enfrentado al Vaticano, revolucionario, vade retrocapitalismo y fama de gruñón vive estos días en España el homenaje y reconocimientos de una estrella del rock. Cardenal, látigo de lo que supuso el imperio español en América, recoge hoy jueves en el Palacio Real de Madrid, de manos de doña Sofía, el premio de poesía dotado con 42.100 euros que lleva el nombre de la reina y se concede desde 1992. El año pasado la premiada fue la cubana Fina García Marruz.
    Este galardón ha motivado la publicación de la antología Hidrógeno enamorado; también, la salida de un disco-libro con versos convertidos en canciones y la edición ilustrada de su obra El celular y otros poemas
    Por partes. Hidrógeno enamorado es un libro cuya cubierta muestra un retrato de Cardenal realizado por el pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín y que está editado por la Universidad de Salamanca y Patrimonio Nacional, con motivo de la concesión del Reina Sofía. Esta edición recorre la obra de Cardenal con poemas elegidos por él mismo e incluye dos epigramas manuscritos. Uno de ellos dice así: "Al perderte yo a ti tú y yo hemos perdido: / yo porque tú eras lo que yo más amaba / y tú porque yo era el que te amaba más. / Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo: / porque yo podré amar a otras como te amaba a ti / pero a ti no te amarán como te amaba yo".





    Versión musicada del poema 'Dos en uno', por Inés Fonseca
    En la introducción de esta antología la profesora vallisoletana María Ángeles Pérez López, de la Universidad de Salamanca, explica que en la obra de Cardenal se halla no solo a un poeta, sino además "al historiador, al antropólogo, al místico, al revolucionario, al científico, al que, en conjunto, aspira a nombrar una verdad colectiva cuya raíz es el amor". En sus versos está también la huella de sus vivencias, "de la lucha por la transformación política en su país, que lo llevó a enfrentarse a la dictadura somocista, a acompañar el triunfo del Frente Sandinista de Liberación Popular en 1979, a ser ministro de Cultura del Gobierno de Reconstrucción Nacional hasta 1987 y, en la actualidad, a señalar sus fuertes discrepancias con el Gobierno de Daniel Ortega".




    Canción del poema 'Como latas de cerveza vacía'.
    La profesora Pérez López recoge en su presentación las palabras con las que el autor de Salmos define su propia obra: "Poesía creada con las imágenes del mundo exterior, el mundo que vemos y palpamos". De ese hacer poético, Pérez López destaca su "visión comprometida" y "el rico manejo de diversas tradiciones y diversos niveles de lenguaje", así como la "profunda originalidad" en el tratamiento de sus temas, desde los neutrones a la Revolución Sandinista pasando por la Teología de la Liberación.

    La interpretación de Inés Fonseca del poema 'Entras otra vez como música'.

    Ernesto Cardenal / Hace tiempo que Dios renunció a ser Dios


    Ernesto Cardenal

    Ernesto Cardenal 

    “Hace tiempo que Dios renunció a ser Dios”

    Con 87 años, el premio Reina Sofía de Poesía jura que solo el presente le interesa

    BORJA HERMOSO 1 JUL 2012 - 01:21 CET



    El poeta nicaragüense Ernesto Cardenal. / JUAN ALDABALDETRECU
    No se fíen ustedes de las apariencias estéticas de la bonhomía, a menudo tapan volcanes. Y como volcán rumiando lava entra Ernesto Cardenal en la estancia, debajo de la boina calada, detrás de su barba blanca, dentro de su camisa blanca, los dedos de los pies nerviosos escapando de las sandalias de cura, aquejado esta tarde de un raro mal: esa mezcla de ansiedad y fatiga típica de las biografías sin desmayo. Sin duda, Cardenal (Granada, Nicaragua, 1925) es dueño de una de ellas. Poeta, sacerdote, teólogo, traductor, escultor, ministro de Cultura del Gobierno sandinista de Nicaragua entre 1979 y 1987, profeta irreductible de la Teología de la Liberación y de sus miserias y, por tanto, enemigo sin remedio del Vaticano y sus grandezas, el autor de El Evangelio en Solentiname enfila ya, a sus 87 años, la lógica consciencia del todo fue, aunque jura y perjura que solo el presente le interesa. No parece exagerado decir que su vida es una montaña rusa de euforias y desengaños: desengaño con la revolución perdida –“Daniel Ortega no es ni de izquierdas ni sandinista, traicionó la revolución”–, desengaño con sus jefes de Roma –“la Madre Iglesia traicionó el Evangelio”– y desengaño con la desidia y la resignación del mundo ante la injusticia –“¡estamos obligados a mucha más subversión!”–. Y de cuando en cuando, alguna pequeña alegría, como el reciente Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. La editorial Trotta acaba de publicar el libro El cántico místico de Ernesto Cardenal,de Luce López-Baralt, un replanteamiento crítico en torno a la dimensión mística del escritor. No hay ira en Ernesto Cardenal con respecto a su pasado, aunque el presente asegura que, en esta tarde calurosa de Madrid, el poeta anda cabreado.
    Quería saber cuál es el estado de ánimo actual de Ernesto Cardenal ante las cosas, ante la vida. 
    No entiendo.
    ¿Es capaz de mirarse desde fuera y hacerse un autorretrato con lo que fue, lo que es, lo que será…? 
    Mmmm, no, no lo hago. No me gusta.
    ¿Mira al pasado? ¿Al futuro? ¿Solo al presente? 
    Solo el presente.