lunes, 22 de septiembre de 2014

Los Bioy

En la foto: Adolfo Bioy Casares, Marta Bioy Ocampo y Silvina Ocampo
(Tusquets, Buenos Aires, 2002)

Los Bioy

Me iría detrás 
de ese palo de escoba

Urdido entre la española Jovita Iglesias y la argentina Silvia Renée Arias, el libro Los Bioy resultó finalista en el XIV Premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias. En junio de 2002 vio la luz por primera vez en Buenos Aires editado por Tusquets en la Colección Andanzas y en enero de 2003 apareció en Barcelona en la serie Fábula. 
Nacida el 13 de septiembre de 1925 en Pacios de Toubes de Villa Rubín, Orense, Jovita Iglesias narra en Los Bioy que, a sus 24 años, el 22 de noviembre de 1949 llegó de España a Buenos Aires y, a través de una tía, el siguiente 23 de diciembre conoció a Silvina Ocampo en el edificio, propiedad de ésta, ubicado en “Santa Fe 2606, esquina Ecuador”, donde ella y Adolfo Bioy Casares vivían. Y dado que los Bioy emprenderían “un largo viaje a Francia en febrero”, unos días después se trasladó a vivir allí e inició su larga labor en ese núcleo familiar, la cual concluyó “casi dos años después de la muerte” de Adolfito, sucedida el 8 de marzo de 1999. Es por ello que fecha sus palabras en “Buenos Aires, marzo de 2001” y que al final de su último testimonio declara: 

Antonio Muñoz Molina / Bioy Casares, centenario



Bioy, centenario

Sin ningún énfasis, escribió una literatura en gran medida intemporal, que tenía simultáneamente la pureza de las fábulas y un arraigo muy poderoso en la realidad.


Adolfo Bioy Casares. / GORKA LEJARCEGI
Es raro pensar en la celebración del centenario de Bioy Casares. Un centenario es una cosa póstuma y marmórea, y en Bioy hay una liviandad que elude todo lo solemne, una transparencia que hace visible la hondura, pero que excluye la pompa. Bioy parecía un caballero porteño de otra época, y cuando fue viejo se veía irónicamente a sí mismo como un viajero del pasado sin máquina del tiempo. Pero lo cierto es que, sin ningún énfasis, escribió una literatura en gran medida intemporal, que tenía simultáneamente la pureza de las fábulas y un arraigo muy poderoso en la realidad que él conocía y recordaba, en la vida de Buenos Aires y de las capitales interiores del país, en los paisajes del campo y en esas ciudades europeas por las que se movían volublemente sus viajeros argentinos de clase alta.

Bioy Casares / Decir la verdad es lo único importante

Adolfo Bioy Casares

Adolfo Bioy Casares

"Decir la verdad es lo único importante"


  • "Las mujeres me hacian infeliz cuando me volcaba en una. 
  • Tener dos o tres me dio resultado"

  • "Ellas Jugaban a dominarme, y yo, a gozar con ellas. 
  • Creo que si las hice sufrir un poco, lo tenían merecido"
 Buenos Aires 6 MAR 1994

Nacido en Buenos Aires en 1914, Bioy Casares descubrió la literatura al leer El Quijote mientras quería ser campeón mundial de tenis. El octogenario escritor no vacila en reafirmar su parte donjuanesca mientras ironiza con su cojera, el deseo de inmortalidad y su más que mitificada amistad con Jorge Luis Borges.
Al borde de los 80 años, renqueante por culpa de una fractura de pierna, Adolfo Bioy Casares comienza con la literatura española: "Primero, ElQuijote; después leí mucho Azorín; leí mucho Gabriel Miró; El pequeño filósofo de Azorín, leí casi todo Azorín, todo Gabriel Miró".
Pregunta: Esto de Azorín. Yo leí que usted discrepaba con Borges, porque él lo despreciaba.
Respuesta: Sí, es así. Borges tenía una especie de superstición contra lo muy sencillo. Creo que de esa discrepancia resultó algo bueno para ambos. Él empezó a comprender que en lo muy sencillo había méritos también. Algo muy sencillo tenía que valer para hacerse apreciar. En cambio, en las cosas complejas uno podía ocultarse y hacer pasar por valioso algo que no fuera tanto.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Adolfo Bioy Casares / María Kodama


Adolfo Bioy Casares
MARÍA KODAMA
Febrero de 1987

   Las personas que me hablaban acerca de la muerte de Borges en Ginebra, lo hacían polémicamente, a favor de María, o contra María; quizá a favor de la familia o de la cocinera Fanny. Yo, que no quería azuzar inquinas que se entrecruzaban en la posteridad de Borges, más de una vez afirmé: "Borges me dijo que para morir da lo mismo un sitio que otro. Ginebra no era para él un destierro. La recordaba siempre con nostalgias. Y qué lujo: tener un amor, y aun mal de amores, a los ochenta y tantos años". Todo esto es verdad, pero ahora siento que es quizá una verdad un tanto superficial que en esos momentos empleaba para defenderme de personas tan interesadas en la satisfacción de sus aversiones, que parecían no sentir tristeza por la muerte de mi amigo. 
   Quisiera creer que la muerte de Borges no fue tan desolada como la imagino. Yo quiero entrañablemente a París, pero sin duda preferiría morir en Buenos Aires. Todo puede volverse diabólicamente extraño al enfermo (Silvina, cuando regresó del hospital, no reconocía su casa); de todos modos, parece que las cosas que lo ayudan a sentirse en un ambiente familiar (en la acepción de conocido, de siempre) son favorables. No creo que Borges se haya sentido rodeado de las cosas y de las personas de siempre. Ojalá me equivoque. 
  Murió en la compañía de María, en la de Bernès y quizá en la de Bianciotti. María era su amor, y esto me llevó a decir: "Volvió a los ochenta años, con su amor, al país de los mejores recuerdos". En realidad, María es una mujer de idiosincrasia extraña; acusaba a Borges por cualquier motivo; lo castigaba con silencios (recuérdese que Borges estaba ciego); lo celaba (se ponía furiosa ante la devoción de los admiradores); se impacientaba con sus lentitudes. Junto a ella vivía temiendo enojarla. Por lo demás, María era una persona de tradiciones distintas a las suyas. Borges alguna vez me dijo: "Uno no puede casarse con alguien que no sabe lo que es un poncho o lo que es el dulce de leche". En lugar de poncho y dulce de leche podemos poner infinidad de otras cosas que jamás compartieron María y Borges. Creo que con María podía sentirse muy solo. A Bernès lo conocía superficialmente, de verlo en mi casa. En cuanto a Bianciotti, fue siempre para Borges un personaje ridículo, vanidoso, afectado, afantochado.
   Según Silvina, Borges partió a Ginebra y se casó para mostrarse independiente, como un chico que quiere ser independiente y hace un disparate. Yo agregaría: "Viajó para mostrarse independiente y, de paso, para no contrariar a María".

Adolfo Bioy Casares 
Borges 
Buenos Aires, Destino, 2006, págs. 1594-1595







Adolfo Bioy Casares / Borges por Bioy / Javier de Navascués


Javier de Navascués
BORGES POR BIOY
UNA VEZ MÁS

Es curioso el interés que continúa produciendo el enorme volumen del diario de Bioy Casares sobre Borges. Se han dicho muchas cosas, algunas favorables y otras bastante negativas. La última, bastante sensata aunque disiento en algunos puntos, la he visto firmada por Mabalot. No pocos han llegado a la conclusión de que Bioy siguió el ejemplo de Boswell junto al doctor Johnson: algo así como el mediocre que, embobado, toma nota de todo lo que ve y escucha del genio durante décadas. La comparación me resulta injusta para el autor de una novela tan extraordinaria como El sueño de los héroes, además de otros libros notables. Se suele olvidar que el mamotreto de mil páginas sobre Borges es, en realidad, una selección organizada por el propio Bioy y Daniel Martino, amigo personal, investigador y editor del autor de La invención de Morel en sus últimos años. Por lo demás, Bioy, en realidad, había escrito un diario larguísimo a lo largo de más de cuarenta años por lo menos, donde hablaba de todo y donde, por supuesto, salió muchas veces su amistad con Borges. Algo se ha publicado ya, pero queda más, seguro.

Bioy Casares / El Borges de Bioy / Luis Chitarroni

Borges y Bioy Casares
Foto de Dany Yako


El “Borges” de Bioy, 
diario de una intimidad literaria


2006. Polémico. La publicación del diario, con la revelación cruda de las cosas que Borges y Bioy hablaban, suscitó adhesiones y fuertes rechazos.
Por Luis Chitarroni
Ñ, 03-10-2013


El diario tiene una debilidad mecánica por autoescribirse mayor que cualquier otro género. Es necesario que quien lo lleve mantenga una clave de acceso a su introspección, aparte de secreta, distinta a la del rutinario pronombre o sujeto de sus oraciones y plegarias personales. “Conócete a ti mismo”, escribió Bioy, “conviértete en un egoísta y un enfermo”. Sus modos de conocerse –y de ignorarse– concedían un valor a la modestia y a la arrogancia menos conspicuo, más tangencial que el de la mayoría de los casos; el culto a la amistad difícilmente sometiera a Bioy al sentimentalismo o a la nostalgia. Era la persona ideal para escribir un diario.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Borges / Bioy Casares / El diario inédito de una amistad




CONVERSACIONES 
ENTRE JORGE LUIS BORGES 
Y ADOLFO BIOY CASARES 
El diario inédito de una amistad
Por Matilde Sánchez

Acceder a los cuadernos inéditos de Adolfo Bioy Casares, en los que documentara durante cuarenta años y de manera obsesiva sus conversaciones con Jorge Luis Borges, se torna un acontecimiento mayor. Acontecimiento desplegado en más de mil páginas, aún sin editor, en las que se transparenta la mirada de Bioy sobre Borges. Y para alimento y placer de sus lectores los cuadernos incluyen, como indica Matilde Sánchez, "el ejercicio de la crítica, muchas veces cruenta, un curso magistral en epigramas, arma temible cargada por la sintaxis" y, dada "la fruición del chisme", difícil se torna distinguir la "delgada línea que separa la injuria de ese otro género indefendible y tan rioplatense, el cuereo".



Borges y Bioy Casares, una amistad
fundada fuera de toda ficción.



Un amigo de Adolfo Bioy Casares y de Jorge Luis Borges, el crítico Enrique Pezzoni era para muchos, y hasta hoy, el más virtuoso narrador de anécdotas de literatos. Hacía una verdadera historia de la literatura argentina con esa materia. Por cierto, hay quienes saben leer los chismes como lo que son: relatos indefendibles, según escribe Edgardo Cozarinsky, cuyo destino es transgredir su cerco original. Secretos pero siempre deseosos de ir en busca de nuevos damnificados. Referencista apasionado en varias lenguas -pero sin ponzoña-, tan formal, Daniel Martino dice que empezó a estudiar la obra de Bioy a mediados de los ochenta. Es el editor detrás de las memorias del escritor, quien desde 1994 custodia, por decisión expresa de Bioy, su lengua muerta, un hombre visto por algunos como el ghost editor, la "tijera fantasma". Los fragmentos inéditos que damos a conocer pertenecen a los cuadernos de ABC, en sus anotaciones referidas al amigo Jorge Luis Borges desde 1947. Se trata del diario de una amistad, en cuyo desglose Bioy y Martino trabajaron hasta 1998. El resultado fue un libro aparte, al que llamaron desde siempre el "Borges". Los días elegidos no pueden representar sus 1.500 páginas en toda su diversidad. Hemos privilegiado el retrato de un período, los años cincuenta, porque registra la mayor cantidad de entradas y por su importancia en la vida nacional.

Una vez publicado Descanso de caminantes, en 2001, el "Borges" despertó el interés de cuatro editoriales internacionales en Buenos Aires -Sudamericana, Emecé, Tusquets y Mondadori-. Permanece sin editor. En estos tomos gigantes fluye la conversación de las cenas casi diarias en casa de los Bioy, el trabajo y las lecturas compartidas. Contienen, además del retrato en espejo, el registro documental del campo literario argentino en sus años de mayor irradiación.

Buena parte del "Borges" consiste en el ejercicio de la crítica, muchas veces cruenta, un curso magistral en epigramas, arma temible cargada por la sintaxis. Si la fruición del chisme es su carácter transmisible, al ser empuñado por un escritor como Bioy contempla el horizonte de la publicación: una delgada línea separa la injuria de ese otro género indefendible y tan rioplatense, el cuereo. Nadie se salva de la amistad de estos dos, nadie; ni José Bianco ni Flaubert. Pero será la escuela viperina donde el maestro (Borges, autor del ensayito "Arte de injuriar" y de algunos de los Epitafios de la revista Martín Fierro) acabe como víctima. Será el ciego retratado mientras procura pescar una clara de huevo que escapa del tenedor. O peor, cuando se hurga los cachetes para "ver si una vez más olvidó ponerse ropa interior". Este arte del cuereo que los enhebra y los alza -al cielo más altivo, del que están excluidos hasta los clásicos-, desdobla el idioma de los argentinos en el filete bífido de los porteños, la lengua cómplice que puede decirlo todo, incluso festejar los fusilamientos del 56.

1950
Miércoles, 28 de junio. Borges llegó ayer de Tucumán. Contó que, recorriendo la ciudad con unos profesores, llegaron a un triste barrio de ranchos de paja (…). Uno de los profesores dijo: "Este barrio es muy peligroso. Hay muchos malevos", y aclaró que no había verdadero peligro de ser atacado por ladrones o asesinos, sino por homosexuales. "Todos los malevos son homosexuales". Ante la sorpresa de Borges, el doctor explicó: "La bicicleta excita al malevo. El movimiento, usted comprende. Además, el malevaje es muy inclinado al ciclismo. Si uno va en bicicleta y ve a otro de a pie, se ofrece a llevarlo. Los dos se excitan, dejan la bicicleta… Una vez, con el doctor X, vimos a dos malevos en una acequia. El doctor dijo: 'No hay por qué escandalizarse. Total a todos nos gusta'".

1952
Martes, 6 de mayo. Borges me habló de un artículo que hace años Francisco Romero publicó en Sur; en él nuestro mayor filósofo llegaba a la conclusión de que las dos operaciones esenciales y tal vez únicas de la actividad humana eran unir y separar. Borges comentó: "Es un presocrático. Tiene todo el pasado por delante". Viernes, 30 de mayo. Habló de Flaubert: "A pesar de lo mucho que se esforzaba por escribir, las frases no le salían bien. Cae, como Lugones, en un estilo burocrático que apaga el interés del lector. No trata de ser interesante; la impresión que da no es de impulso, sino de insistencia en una materia ingrata. Después de leer La tentación de San Antonio a sus amigos, le dijeron que debía dejarse de asuntos grandilocuentes, que debía buscar una historia chata. Para contestar a esos amigos escribió Madame Bovary. Qué idea de la literatura y del arte. Llegó hasta a buscar la casa donde habían vivido Bouvard y Pécuchet. Qué diferencia con Henry James. Cuando a James le contaban una historia que le parecía que le daba tema para un cuento, una vez que había oído lo esencial acallaba a los narradores: no quería oír demasiadas explicaciones ni detalles; con lo esencial trabajaba su mente y un tiempo después producía un cuento. Un método más lúcido que el de Flaubert".

1953
Domingo, 30 de agosto. Hablamos de Shakespeare. Dice que en literatura fue un amateur, the divine amateur; lo compara con Dante, verdadero literato. Recordó que las piezas de teatro no se consideraban literatura: las escribían de cualquier modo, con argumentos ajenos y hasta confusísimos. (…) Bioy: "Tal vez si se hubiera cultivado y esmerado, quizá habría perdido esa inflamada y feliz elocuencia, que es probablemente la mejor de sus virtudes. Cuando quiere ser un escritor, en los sonetos, se pierde en antítesis y en sutilezas fútiles".

Domingo, 1 de noviembre. Hablo con Borges. Ayer estuvo en casa de Ricardo Rojas, con la comisión de la Sociedad de Escritores; había allí mucha gente, que iba a saludar a Rojas, porque se cumple el cincuentenario de la publicación de su primer libro. Borges: "La casa parece un museo: un museo dedicado a él mismo. En vitrinas había ejemplares de sus libros. En marcos, páginas de Caras y Caretas, con uno de sus sonetos. Lisa Lenson [Luisa Mercedes Levinson] se dio cuenta de que todo eso era un poco raro". Bioy: "Se dio cuenta porque sabe que Ricardo Rojas es un viejo ridículo". Borges: "Tenés razón. Tal vez todos propendan a eso, pero Ricardo Rojas dispone de más materia prima. Yo pensaba: qué rico es Buenos Aires; pensar que a dos cuadras de esa casa estaba la tuya, y a dos cuadras la de Xul [Solar]. No es extraño que esa gente coexista en el espacio, sino en el tiempo". Bioy: "¿Estaba Palacios?". Borges: "Sí, es claro". Bioy: "¿Se confundieron en un abrazo y quedaron contentados?". Borges: "Debían haber peleado. Es gente del tiempo de los gauchos con barba y galera. Había una gran biblioteca y yo pensaba: 'Tal vez no haya un solo libro que se pueda leer. Puro Martí; o ni siquiera Martí, González Arrili'. La casa tiene un patio andaluz, con adornitos incásicos: Ollantay. Qué raro queVictoria [Ocampo] estuviera allí. Es un descenso". Bioy: "No. Es el descenso de la reina a las galerías de los mineros galeses". Borges: "Tenés razón: aquello era muy oscuro. Le di la mano y comprendí que había cometido una gaffe. Había que abrazarlo. ¿Te das cuenta? Abrazarlo porque hace cincuenta años que publicó un libro del que debería avergonzarse. ¿Viste los sonetos que publicó hoy en La Nación? Son pésimos. La gente dice que son malos porque son grandilocuentes. Es difícil ser grandilocuente: hay que saber serlo. Este lo es del modo más sonso, acumulando palabras como sublime".

1954
Domingo, 20 de junio. Borges me habla de un malevo Ibarra, a quien le gustaba disfrazarse: "¿Cómo no les va a gustar el carnaval? La idea que tendrán del cielo será el corso de Lomas". Yo había oído Ibarra y creía que a Néstor le gustaba disfrazarse. Borges: "Seguramente. Se ha de pasar todo el año esperando el carnaval". Martes, 7 de diciembre. Me cuenta la lectura de Manucho de unos apuntes para una novela en preparación: "No parte de una situación o de unos personajes. Parte de una situación que no es nada. Por ejemplo, una vieja que vive sola en una quinta. Después agrega episodios que le divierten, homosexualidad, porque es moderna (?), algunos muchachos que él conoce, la historia de ese príncipe portugués que fue al baile y que nadie se le acercaba porque no sabían cómo tratarlo, si de 'alteza', 'monseñor' o 'señor' y que al final se quebró ese hielo y conoció le tout Buenos Aires. Yo creo que escribe novelas porque es chismoso. Después el lector se pregunta lo que quiso decir el autor, y es precisamente lo que el autor nunca supo". Comenta también: "La gente dice que la Historia de la filosofía (o el Diccionario) de Ferrater Mora es bueno porque figuran en él las filosofías de España y de la América Latina. Es una idea muy casera. Buscan a Francisco Romero y lo encuentran. Es como si se alegraran de encontrar en una enciclopedia de medicina a la Madre María… La gente que elogia ciertas historias de la literatura en diez Es como una fotografía a la que le pegaran un pedazo para añadir personas que no salieron, o un cuadro alegórico al que se le agregara, para exponerlo en Buenos Aires, las figuras de San Martín y de Belgrano. Ha de haber una edición bantú, con un tomo sobre la literatura bantú, firmado por una autoridad caníbal, desnuda y retinta".

1955

Martes, 14 de junio. Hablamos de Proust. Yo le dije que lo que me parecía muy acertado en Proust era la inseguridad de la posición -social, económica- de la gente. "En la primera parte de una frase -exageré- se insiste sobre la solidez de una persona; en la segunda parte, se muestra un precipicio por el que esa persona puede desmoronarse. Se muestra la fragilidad de las fortunas, de las posiciones sociales". Borges: "Sí, está muy bien. Muestra los seres dependiendo unos de otros. Describe una sociedad en la que todo tiene importancia, en la que los seres pueden progresar o hundirse por acciones aparentemente intrascendentes. Pero la describe con perspicacia". Bioy: "Una sociedad horrible frecuentemente es el tema de los novelistas franceses actuales, pero estos libros modernos dan una impresión de sordidez; Proust, no". Borges: "En Proust siempre hay sol, hay luz, hay matices, hay sentido estético, hay alegría de vivir". Jueves, 15 de diciembre. Comen en casa los Mallea, Gustavo Casares, Alicia Jurado, Borges. Gustavo ponderó a España: "Qué lujo. Y qué miseria. En la iglesia de no sé qué pueblito, había que ver la plata del altar y las diademas de la virgen y uno salía ¡y qué miseria! La gente no había cambiado: era la misma del tiempo del Greco. Había un cura flaco, vestido de negro, y seguido de otro cura, de colorado, y de no sé cuántos monaguillos. Y estaban -están por todas partes en España- los enanos y las meninas de Velázquez: los quasimodos más horrorosos. El dominio de la Iglesia es impresionante: tienen a la gente en un puño, se meten en todo y embuchan el dinero". Borges: "Enumera horrores como si fueran ventajas y virtudes". Helenita Mallea: "A María Elena Walsh la corrieron porque bajó de pantalones. Qué maravilla un pueblo que conserva así la manera de ser". Borges:"Entre los esquimales encontrará aún más prejuicios". Helenita: "No me hable de esquimales: viven en lugares fríos y a mí el frío -brrrrr- me horroriza". Hablaron de lugares en donde uno viviría; yo mencioné Inglaterra, Francia, Italia, Suiza, España; Borges estaba de acuerdo: Inglaterra, Suiza, España le gustaban para vivir, pero "¿quién puede vivir fuera de Buenos Aires?", agregó.

 

BIOGRAFÍA DE BIOY CASARES



Borges por Bioy




BORGES POR BIOY

EL "BORGES" DE BIOY CASARES

Un libro de  1663 páginas, nueve centímetros de lomo, páginas de 9 por 23 centímetros, textos en 10 puntos times con interlineado a 14 puntos titulado simple pero poderosamente Borges y firmado por Adolfo Bioy Casares (1914-1999), fue publicado por la Editorial Destino en una edición al cuidado de Daniel Martino, su albacea literario.


Poco antes de su muerte, Bioy preparó este documento que ofrece algo mejor que una autobiografía, ya que sigue los modelos por antonomasia (Vida de Johhnson, de Boswell, y Conversaciones con Goethe, de Eckerman) pero prefiere el formato clásico del diario personal, que llevó por más de medio siglo.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Festival Internacional de Cine de San Sebastián / La huella de Bette Davis


Bette Davis

Festival Internacional de Cine 

de San Sebastián

La huella de Bette Davis

Hace 25 años la estrella de Hollywood recogió en el festival el premio Donostia


Ocurrió hace 25 años y no tardó en convertirse en una de las grandes leyendas del Festival de San Sebastián. En 1989 Bette Davis recibió una invitación para acudir a recibir el premio Donostia. A sus 81 años y, a pesar de su delicadísimo estado de salud, la actriz emprendió un viaje de varias jornadas desde Los Ángeles con escalas en Nueva York, París y Biarritz. Una vez en San Sebastián se encerró durante cinco días en su suite del hotel María Cristina y allí planificó con detalle todas sus apariciones públicas: la ceremonia de entrega del premio, la rueda de prensa en la que, envuelta en el humo de sus cigarrillos, disfrutó recordando su carrera… Terminado el certamen, decidió alargar su estancia pero no tardó en encontrarse mal. Fue trasladada en un vuelo especial al Hospital Americano de París, donde murió pocos días después, el 6 de octubre de 1989. Sin que quizás nadie lo hubiera sospechado, el Festival de San Sebastián había supuesto la última actuación de una de las divas del Hollywood clásico.

Bioy Casares / Una invitación al viaje

Adolfo Bioy Casares

Conversando con Bioy Casares
Una Invitación al Viaje
BIOGRAFÍA
Una entrevista de Tomás Barna

"El mar, como un espejo, con sus volados blancos de espuma,
me besaba los pies. Yo he nacido en América y me gustan los mares."
Silvina Ocampo, "La red"


"Y la nave va" (como diría Fellini). Eso: navegar. Emprender un viaje hacia lo descocido, hacia el interior del ser, es la odisea a la que uno presiente que se entregará al ir al encuentro de Adolfo Bioy Casares. Mientras atravesábamos los jardines de La Recoleta, con Hernán Isnardi, dejando atrás el legendario edificio circular del "Palais de Glace" (ah, Cadícamo, D'Agostino y Angelito Vargas!), el corazón ya comenzaba a ejercer su taquicardia y el delirio de la inminente travesía se apoderaba de nosotros. Es que estábamos a dos pasos del piso de la calle Posadas en el que se alberga ese espíritu puro, ese insólito demiurgo llamado Bioy Casares.Ya penetramos en el ámbito del escritor. Atravesamos salas inmensas que poseen el misterio del tiempo detenido. Y, de pronto, nos asalta una extraña amalgama de zozobra, de fervor y de emoción que —por un instante— nos alucina, hasta que nuestro interminable desplazamiento por los salones nos conduce al ansiado encuentro con el maestro.Sentado, junto al escritorio, descubrimos a un hombrecillo delgado, frágil, de mirada dulce, que nos está esperando. Tras el saludo, de inmediato, él logra desvanecer la incertidumbre que nos atenaceaba.Su cordialidad, su calidez, su tenue voz y sus modales tan sencillos, nos despojan del estado de tensión en que nos hallábamos. A los pocos segundos de haber comenzado a conversar con él, nos da la impresión de conocernos hace muchos años. Se establece entre los tres una corriente fraterna, un maravilloso lazo de amistad. Es el encuentro de espíritus afines! Y ahí reside el poder de aniquilar el tiempo!
Con Adolfo Bioy Casares —caminante de los rincones más bellos de Buenos Aires, de sus barios, sus plazas y parques y navegante de mares y continentes— nos entregamos a un viaje iniciático, sin lugar a dudas, gracias a la profundidad de su pensamiento y a la proyección de su riqueza espiritual.

Bioy Casares / Extractos de entrevistas


Adolfo Bioy Casares
BIOGRAFÍA
EXTRACTOS DE ENTREVISTAS

Henry James se preguntó por qué escribía Flaubert si le dolía tanto... La crítica es aparentemente justa (sólo aparentemente, pero de cualquier modo para este párrafo sirve). A mí me divierte escribir, aunque muchas veces las vacilaciones que tengo al hablar se me corren a la pluma. Las venzo. El placer de inventar es grande; también el de lograr una página satisfactoria. Mis relativos aciertos me bastan para decir que me gusta esta profesión, que me gusta inventar, que me gusta haber inventado historias y tener otras para escribir.
Me atrevo a dar el consejo de escribir, porque es agregar un cuarto a la casa de la vida. Está la vida y está pensar sobre la vida, que es otra manera de recorrerla intensamente.
Además, escribir es un intento de pensar con precisión. Debo admitir sin embargo que de vez en cuando se presentan situaciones en que tenemos que elegir dos caminos; quizá, por extraño que parezca, entre el amor (léase matrimonio, vida familiar) y seguir escribiendo. Es probable que esa mala fama de la literatura, que la muestra como negación de la vida, se deba al clamor de personas abandonadas.

La reinvención del Bioy Casares más querido y desconocido


Adolfo Bioy Casares

La reinvención del Bioy Casares 

más querido y desconocido


Argentina conmemora el centenario del autor de ‘La invención de Morel’



Adolfo Bioy Casares, en Madrid en 1990. / GORKA LEJARCEGI
La invención de Morel, Plan de evasión, El sueño de los héroes, El perjurio de la nieve, La trama celeste, Guirnalda con amoresMemoria sobre la pampa y los gauchos... La herencia literaria de Adolfo Bioy Casares vive más que nunca estos días en Argentina con motivo del centenario de su nacimiento, hoy 15 de septiembre. La obra del ganador del premio Cervantes en 1990 (Buenos Aires, 1914-1999) es celebrada en su ciudad con conferencias sobre su literatura, ciclos de cine basado en sus libros e incluso el rescate de su faceta como fotógrafo.
Aunque Bioy Casares siempre ha estado presente en las letras argentinas y latinoamericas, este año sus lectores viven una especie de reinvención de quien abordara la literatura policial, fantástica y de ciencia ficción, además del ensayo. Un ciclo de películas que adaptaron algunas de sus obras y las de su compatriota Julio Cortázar (Ixelles, Bélgica, 1914-París, 1984) se ha titulado Diálogo de centenarios y se puede disfrutar en el Museo del Cine de Buenos Aires desde el pasado día 6 hasta el próximo 28. Ese día comenzará en el Centro Cultural San Martín una muestra de las fotografías que como aficionado había sacado Bioy Casares. Mientras, hoy concluye en la Biblioteca Nacional una serie de conferencias sobre quien escribiera libros con su gran amigo Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899-Ginebra, 1986).

jueves, 18 de septiembre de 2014

Bukowski / Poesía

Fotografía de Ralph Gibson
Charles Bukowski
Poesía


se
requiere
de mucha
desesperación
insatisfacción
y desilusión
para
escribir
unos
pocos
buenos
poemas.
no es
para
todo mundo
ya sea para
escribirlos

o siquiera para
leerlos






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CUENTOS

POEMAS
Bukowski / A la puta que se llevó mis poemas

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Bukowski / A la puta que se llevó mis poemas

Kess van Dongen

Charles Bukowski

A la puta que se llevó mis poemas




Algunos dicen que debemos eliminar del poema
los remordimientos personales,
permanecer abstractos, hay cierta razón en esto, pero
¡Por Dios!
¡Doce poemas perdidos y no tengo copias!
¡Y también te llevaste mis cuadros, los mejores!
¡Es intolerable!
¿Tratas de joderme como a los demás?
¿Por qué no te llevaste mejor mi dinero? Usualmente
lo sacan de los dormidos y borrachos pantalones enfermos en el rincón
La próxima vez llévate mi brazo izquierdo o un billete de cincuenta,
pero mis poemas no.

No soy Shakespeare
pero puede que algún día ya no escriba más,
abstractos o de los otros;
siempre habrá dinero y putas y borrachos
hasta que caiga la última bomba,
pero como dijo Dios,
cruzándose de piernas:
"veo que he creado muchos poetas
pero no tanta poesía."



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