domingo, 21 de diciembre de 2014

Sofía Vergara / El sueño americano


Sofía Vergara
SOFÍA VERGARA

El sueño (latino) americano




Cuenta Sofía Vergara que se marchó de su Colombia natal porque no tenía nada que perder

Consciente de que la suerte, y su cuerpo, la han ayudado, abre el camino a las actrices latinas


La actriz colombiana Sofía Vergara. / MUNAWAR HOSAIN
Sofía Vergara será para siempre la actriz colombiana que conquistó Hollywood. Pero a sus 42 años la estrella de la serie Modern Family está de estreno: acaba de conseguir la nacionalidad estadounidense. Y dado su caracter extrovertido, ella no es de las que se lo calla, la intérprete está haciendo estos días su ronda en los programas más populares de la televisión estadounidense presumiendo de su nuevo pasaporte. Una nueva condición que en el set de la comedia que le dio la fama solo es motivo de bromas.
“He oído que Rosetta Stone [un programa para estudiar idiomas] es un buen método para aprender castellano”, dice la actriz entre risas cuando le preguntan eso de cuál es la mejor forma de aprender el español. “¡Otro patrocinio que se ha buscado la tía!”, replica con tonillo y mucho humor su compañero de rodaje Ty Burrell (Phil Dunphy en la ficción). “¿Otro más? ¡No!”, añade en un ataque de pánico fingido otro de sus compañeros de reparto, Jesse Tyler Ferguson (su hijastro Mitchell en la serie), bromeando sobre los múltiples negocios de esta actriz, ya de habitual el rostro de Pepsi Light, de la marca de maquillaje Cover Girl, de la aseguradora State Farm o la medicina Synthroid, entre otros. “Soy Sofía Vergara y apoyo Rosetta Stone”, remata Burrell en un mal pronunciado acento español. Ella no se tiene en pie de las carcajadas.

Muchas actrices me dan las gracias porque ahora reciben más ofertas de hispanas con acento

Es un día más en el set de Modern Family, que se rueda desde 2009 en los estudios Fox, en el barrio de Culver City (California, EE UU). Ese es el segundo hogar de Vergara y se podría decir que el lugar de su nacimiento en EE UU. Porque la despampanante actriz nació en Barranquilla (Colombia) en 1972 y para cuando el gran público la descubrió ya tenía una carrera como modelo y actriz en su país natal y en los medios hispanos estadounidenses. Pero fue su papel como Gloria Delgado-Pritchett en esta comedia con tono de falso documental el que la convirtió en estrella, esa que Forbes describe como la mujer mejor pagada de la televisión estadounidense (15,2 millones de euros anuales), la que está entre las 50 más guapas según People, y una de las hispanas más influyentes en Hollywood, descripción en la que coinciden tanto The Hollywood Reporter comoBillboard. “Muchas chicas me dan las gracias porque ahora reciben más ofertas de trabajo para interpretar a hispanas con acento. En la televisión se les ha quitado el miedo a la hora de contar con alguien con acento”, admite.

Sofía Vergara con su hijo Manolo González en los Globos de Oro de este año. / CORDON PRESS
Es de los pocos logros de los que se vanagloria. Los demás se los adjudica a su suerte. O a Dios. Porque esta católica de cuna no se corta un pelo al atribuirle a su creador las buenas razones de su éxito. “He hecho carrera de esto”, asegura levantando pecho con el mismo humor con el que habla siempre. “Y de esto”, añade mostrando el trasero. “Claro que tengo más que ofrecer pero ambos son parte de quien soy y sería terrible no hacer uso de lo que Dios me dio. Me lo dio por una razón”, resume en esa mezcla en la que se hace difícil distinguir a la Gloria de ficción de la Sofía real.
También le da gracias a su suerte por la carrera que disfruta. “Mucha suerte”, subraya de las oportunidades que le han ido saliendo. Como sopesa ahora, el futuro de cualquier colombiana de su generación era casarse y ser ama de casa. Vergara hizo las dos cosas, se casó, fue ama de casa y tuvo un hijo, Manolo, que ahora tiene 22 años. Además, se divorció, cursó estudios para ser dentista y se marchó a hacer las Américas con los dones que le dio Dios. “No tuve miedo porque tampoco tenía nada que perder. ¿Qué es lo peor que me podía pasar?”, dice quitándose importancia. Total, como dice, Colombia está a nada de avión y “están muy americanizados”. Realmente lo peor que le podía pasar no tiene nada que ver con su carrera estadounidense. Vergara perdió un hermano, asesinado en Bogotá, y otro lleva años luchando contra las drogas aunque parece un problema superado. También tuvo cáncer en la tiroide. Así que las cosas que le preocupan es que le pase algo a su hijo. Pero mientras haya salud y dinero, el resto es secundario. Por ejemplo la lucha contra los paparazis. Pocas actrices hablan tanto de su vida personal, aunque quizá no todo lo que uno querría. Porque Vergara no menciona con nombre y apellido a ese Tom Cruise de quien, al parecer, salió huyendo en cuanto se olió todo el tema de la Cienciología. Pero sí habla en general de sus conquistas. “He tenido muchos novios. Muy majos. Ha sido mi elección porque durante muchos años fui una divorciada criando a mi hijo y no me apetecía traerme a nadie a vivir conmigo, así que hice lo que las chicas norteamericanas hacen cuando tienen 20, 30 o 40 años. Tienen novios”, resume de su animada pero poco escandalosa vida sentimental, esa que en los últimos meses la ha unido a Joe Manganiello, también actor —conocido como el hombre lobo de la serie True Blood—.

La actriz Sofía Vergara en un estreno en 2003 / CORDON PRESS
Ahora que Manolo ya no está en casa, hay más posibilidades de boda, pero Vergara no tiene prisa. Se la escucha a gusto sola en casa, siempre con un pastel en la nevera no solo porque es una golosa con pocas dotes para la cocina sino para tener algo que ofrecer si llegan visitas. Y como familia ya tiene la del plató. “Siempre les llamo mi familia americana”, confiesa alguien que si no se vuelve a casar es, entre otras razones por no montar el gran bodorrio con familiares salidos de las piedras. Como dice: “Una boda no es como un cumpleaños que te puedes dejar a alguien fuera”. En Modern Family ya llevan cinco años juntos y se nota. “No hay una mala pelea. Al menos que yo sepa. Me han ayudado mucho. Especialmente con el inglés”, agrega con ese tonillo tan de Gloria al hablar. “Hay muchas veces que no sé donde acaba Gloria y donde empieza Sofía. Y que me veo en situaciones que echo mano a cómo reaccionaría Gloria en algo así”, confiesa riendo.
¿Y cuando se acabe esta gran familia? ¿Entonces qué? El rostro de Sofía se ilumina con una sonrisa de lado a lado. No puede sonar más honesta y realista. “Me encantaría que Modern Family durara toda la vida pero sé que eso no va a ocurrir”, dice. “He intentando ser inteligente y diversificar en otros negocios para poder descansar cuando llegue el momento. Ya he pasado los 40 y espero tener la energía de continuar en esto pero no quiero la presión. Prefiero diversificar. Para poderme relajar como actriz”, cuenta sobre sus planes futuros. Cuando termine la serie confiesa abiertamente que lo que más echará de menos es el dinero. Como se decía al principio, ella es de las que no se calla.

Sofia Vergara


Protagonista de premios sin ganarlos

NATALIA MARCOS
El próximo 11 de enero, cuando se entreguen los Globos de Oro, la serie Modern Family estará totalmente ausente de la ceremonia de premios. A pesar de la sorpresa que ha supuesto que ni la comedia ni ninguno de sus protagonistas hayan sido nominados, este año la ficción ha conseguido hacer historia en los premios Emmy: ha logrado su quinto galardón consecutivo como mejor comedia, un hito que hasta ahora solo había conseguido Frasier.
Desde sus inicios, varios de sus protagonistas han subido al escenario a recoger algún premio por su participación en la serie. Pero ese no es el caso de Sofía Vergara. La colombiana acumula cuatro nominaciones a los premios Emmy y otras cuatro a los Globos de Oro por su papel de Gloria, pero ninguna de esas candidaturas se ha transformado jamás en premio.
Sin embargo, eso no ha sido un problema para la actriz, que nunca pasa desapercibida en una entrega de galardones. En 2011, poco después de que su nombre no fuera el pronunciado como ganadora del Globo de Oro como actriz de reparto de comedia, tuiteó el siguiente mensaje: “¡No me importa! ¡Yo ya tengo mis Globos de Oro!”. Un año después, en la ceremonia de 2012, aprovechó para reivindicar el idioma español y hacer gala de su acento colombiano en el discurso de agradecimiento del premio a la serie como mejor comedia, contestando así a las bromas previas de Ricky Gervais.
Unos meses más tarde, en los premios Emmy, su vestido se convirtió en protagonista involuntario de la noche. Tras comprobar que se había roto por la zona menos apropiada (su trasero), ni corta ni perezosa decidió hacer una foto del desgarrón y compartirlo con sus seguidores en Twitter. Y aunque recibió críticas de sexista por su exhibición en el escenario (girando sobre ella misma como si fuera un coche de exposición) en la entrega de los Emmy de 2014 durante el discurso del presidente de la Academia de la Televisión, ella respondió reclamando su derecho a hacer humor con su cuerpo. 



Lea, además




Javier Marías / Así empieza lo malo / El libro de 2014



‘Así empieza lo malo’, 

de Javier Marías, 

libro del año de Babelia

"Las novelas deben ser tan ambiguas como la vida", afirma el escritor. Los críticos de EL PAÍS destacan su última obra, una trama de imposturas y secretos durante la Transición



"Mi cardiólogo me va a reñir por salir fumando en las fotos”, dice Javier Marías en su casa de Madrid, la ciudad en la que nació en septiembre de 1951. Su cardiólogo es el doctor José Manuel Vidal, convertido en personaje de Así empieza lo malo (Alfaguara), la novela elegida por los críticos de Babelia como mejor libro de 2014. La elección, cuenta, le ha sorprendido. “Por dos razones. Una, porque este año ha sido excepcional en cuanto a libros importantes de escritores importantes: Marsé, Muñoz Molina, Landero, Cercas, Luis Mateo Díez, Gimferrer en poesía, Ferrer Lerín, Guelbenzu… No los he leído todos pero alguno mejor tiene que haber. La segunda, porque cada nueva novela la escribo más a tientas y con menos fe. Además, me sorprende que al cabo de 43 años de publicar mi primera novela todavía pueda seguir vigente lo que hago, cuando todo cansa tan rápidamente. De mí debe de estar la gente aburrida”. Cuando se le pide que señale su particular libro del año se decanta por la poesía de Mark Strand, el escritor estadounidense fallecido el mes pasado al que conoció cuando este se trasladó a Madrid. “La poesía”, dice el novelista, “me sigue pareciendo la más alta expresión literaria posible”.
PREGUNTA. ¿Qué ha sido lo más extravagante que ha oído sobre la novela desde que se publicó en septiembre?

RESPUESTA. En una firma de ejemplares una señora me dijo que estaba indignada con el comportamiento de un personaje. Otra le respondió: “Es que el marido...”. Supongo que es bueno que el lector se meta en una novela lo suficiente como para que las vicisitudes de los personajes le sean motivo de aprobación o de indignación. Me sorprende por el tipo de novela que yo hago, que no es de técnica realista, pero me agrada, claro. El mayor elogio que se le puede hacer a una novela es hablar de sus personajes como si fueran personas reales.
P. ¿Por qué sucede?
R. No sé. Yo he intentado poner en esta lo que a mí me interesa de las novelas: ambigüedad moral, pros y contras en los actos de los personajes... Sin juicios por parte del narrador y menos aún del autor. Supongo que ninguno de los personajes sale limpio del todo. Quiero que en mis novelas haya la misma ambigüedad que en el mundo. Las novelas deben ser tan ambiguas como la vida. No sé si esa identificación del lector es extravagante, pero me sorprende.
P. Sobre todo teniendo en cuenta que en la novela hay personajes reales como Francisco Rico. ¿Dan más trabajo ellos o los de ficción?
R. Tanto el profesor Rico como el doctor Vidal son personajes reales ficcionalizados, evidentemente. No se puede pretender que el profesor de la novela sea el mismo que el verdadero, que está en su casa no sé haciendo qué, según él estudiando y creando cosas incomparables, y probablemente es así porque efectivamente tiene cosas incomparables [ríe]. Todos los personajes tienen algo de realidad, y siempre hay algo de uno mismo en todos ellos. Yo tiendo a poner cosas mías en los más desagradables. A veces son meros detalles. Otra persona que vino a esa firma me habló del pastillero con brújula que lleva un personaje y le dije: “Es este [lo saca del bolsillo], fue de un escritor”.


Javier Marías muestra el pastillero con brújula que perteneció al escritor británico Norman Douglas y que aparece en su novela 'Así empieza lo malo'. / BERNARDO PÉREZ
P. ¿De quién?
R. De Norman Douglas. Un inglés que vivía en Capri, gay, muy bon vivant y refinado. Lo compré porque me hizo gracia que fuera suyo y porque yo siempre digo que lo que hago al escribir es errar con brújula.
P. Los enamoramientos partía de un hecho real que le contó una amiga. ¿De dónde parte Así empieza lo malo?
R. No lo tengo claro. No fue una frase, ni una imagen. Tenía interés en hablar de algunos temas. En la novela hay una dimensión colectiva, política, que procuré que estuviera en segundo plano y entreverada con las historias personales porque si no las dimensiones políticas de las novelas no funcionan. En esta hay temas que son frecuentes en mis libros: la imposibilidad de saber del todo nada a ciencia cierta; la conveniencia de contar las cosas o no, la conveniencia de saberlas o no, las consecuencias de contar algo en un momento de arrebato...
P. La novela remite a la posguerra, sucede en 1980 y se cuenta desde la actualidad. ¿Tuvo presente el debate sobre la memoria histórica y la Transición?
R. Sí, al principio hay un capítulo breve, explicativo, sobre la situación en 1980. No quería ser didáctico, pero pensé que no molestaba. Hay mucha gente que ya no sabe cómo eran las cosas entonces.
P. ¿Y cómo eran?
R. Mucha gente echa pestes de la Transición y dice que es la culpable de todo lo que pasa ahora. Demuestra una ignorancia absoluta. En la Transición se hicieron muchas concesiones, pero no había más remedio. La gente ha olvidado que el Ejército, como se vio en 1981, seguía siendo más bien franquista. Pedir responsabilidades habría sido imposible. Con todo y con eso y con las renuncias que eso implica —da rabia porque hay gente que salió impune de cosas horrendas en la guerra y la posguerra—, de la Transición salió, si no el país ideal, uno que se parecía a los demás. Los causantes de los males actuales son los políticos actuales y la sociedad actual en buena medida, no la Transición. La Transición no fue perfecta ni muchísimo menos, pero fue buena, lo único que se podía hacer sin llegar a un enfrentamiento que nadie quería.

20 libros de 2014

1.  Así empieza lo malo.Javier Marías. Alfaguara
2. El impostor. Javier Cercas. Literatura Random House
3.  José Ortega y Gasset.Jordi Gracia. Taurus
4.  Un hombre enamorado (Mi lucha II).Karl Ove Knausgård. Traducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo. Anagrama
5.   Días de mi vida (Vida I). Juan Ramón Jiménez. Pre-Textos
6.  Hasta aquí. Wislawa Szymborska. Traducción de Abel Murcia y Gerardo Beltrán. Bartleby
7.  La hierba de las noches.Patrick Modiano. Traducción de María Teresa Gallago Urrutia. Anagrama
8.  El balcón en invierno. Luis Landero. Tusquets
9. Diccionario de la lengua española. RAE. Espasa
10. Como la sombra que se va. Antonio Muñoz Molina. Seix Barral
11. Sonámbulos. Cómo Europa fue a la guerra en 1914. Christopher Clark. Traducción de Irene Cifuentes y Alejandro Pradera. Galaxia Gutenberg
12. Brilla, mar del Edén. Andrés Ibáñez. Galaxia Gutenberg
13. Hojas de hierba.Walt Whitman. Traducción de Eduardo Moga. Galaxia Gutenberg
14. El invitado amargo. Vicente Molina Foix y Luis Cremades. Anagrama
15. Hoy. Juan Gelman. Visor
16. Teatro (1989-2014). Juan Mayorga. La Uña Rota
17. El capital en el siglo XXI. Thomas Piketty. Traducción de Eliane Cazenave-Tapie Isoard y Guillermina Cuevas. Fondo de Cultura Económica
18. Rompiente. Jorie Graham. Traducción de Rubén Martín. Bartleby
19. Continuación de ideas diversas. César Aira. Universidad Diego Portales
20. Alfabeto. Inger Christensen. Traducción de Francisco J. Uriz. Sexto Piso
P. ¿Tendría sentido hacer ahora lo que no se hizo en la Transición?
R. Lo vería particularmente absurdo porque la mayoría de los responsables del franquismo han muerto. Distinto es que no se puedan contar las cosas. Tal vez se dijo en exceso: no pidamos cuentas. Y tampoco se contó nada. Me parece bien que no se llevara a nadie al banquillo, pero no que no se sepa lo que hizo cada uno.
P. ¿Cómo era usted en 1980?
R. Tenía más años de los que tiene el narrador de mi novela. Él tiene 23, yo tenía 29. Había publicado ya tres libros. El tercero, El monarca deltiempo, es de 1978. Hoy lo encuentro bastante absurdo. Hay alguna parte del libro que me gusta, pero en conjunto, no. ¿1980? Estaba muy desconcertado. Había empezado a publicar tan joven, a los 19 años, y lo normal es que un novelista tenga poco que contar a los 19 años. Tenía poco vivido y poca visión de nada.
P. En 1979 le dieron el Premio Nacional de Traducción pero hace dos años rechazó el de Narrativa por Los enamoramientos. ¿En 1979 no se planteó rechazarlo?
R. En aquel momento no dudé. Traducir el Tristram Shandy había supuesto mucho trabajo, algo un poco suicida. Son esas cosas que se hacen con la inconsciencia de la juventud. Cuando miro atrás, veo las dificultades del libro y que lo hice con 25 o 26 años, pienso: qué atrevimiento. Ahora no lo haría. En su día me alegró ese premio, pero eran otros tiempos. No había ningún motivo para rechazarlo. Estábamos con la democracia recién inaugurada y mi postura hacia no recibir nada del Estado —ni premios, ni invitaciones, ni viajes— no era la que tengo desde hace 20 años.
P. Por entonces se decía de usted que no parecía un escritor español.
R. Fue un sambenito que duró años. Bastantes colegas o críticos decían: “Sus novelas parecen traducidas del inglés” o “mal traducidas del inglés”, directamente. Hasta Umbral, que me llamó…
P. Angloaburrido.
R. Anglosajonijodido. Neologismo feo y poco logrado [ríe]. Lo decía gente de la generación anterior a la mía que me acusaba de ser un escritor inglés camuflado.
P. ¿Qué pensaba cuando lo oía?
R. Me sorprendía: siempre he escrito en español y además soy de Chamberí. Más de Madrid no puedo ser. Tal vez se basaban en que yo y otros de mi generación habíamos tenido una actitud beligerante hacia la tradición heredada. Los escritores trataron de apartarse de la literatura social, que había sido la imperante. La reacción de los que se daban por aludidos también fue beligerante. Es normal que cada generación se rebele contra la anterior. Supongo que ahora habrá gente de treinta y pocos años que echará pestes de nosotros. Me parece normal.
P. ¿Que echen pestes?
R. Sí, cuando en el año 1989 le dieron a Cela el Premio Nobel me pidieron unas declaraciones y dije que me parecía la peor noticia posible para la literatura española que se premiara a esas alturas un tipo de literatura que veíamos como un tanto caduca e impostada. Reconociendo que Cela había hecho por lo menos dos buenas novelas al principio, nos parecía que llevaba mucho tiempo sin hacer nada que valiera la pena. Había entonces mucho defensor de Cela y me gané muchas enemistades. Era un sacrilegio. Si ahora alguien dijera algo similar de cualquiera de mi generación no podríamos quejarnos porque también nosotros lo hicimos, con mayor o menor justicia. En el caso de Cela no me desdigo, pero puede que en el caso de otros autores fuéramos injustos.

"Si ahora alguien dijera de cualquiera de mi generación lo que nosotros dijimos de Cela no podríamos quejarnos"
P. ¿Por ejemplo?
R. Juan Marsé. No creo que contra él hubiera nunca beligerancia, pero digamos que en aquellos años setenta no lo teníamos en mucho. Luego nos hemos dado cuenta de que es un grandísimo escritor y que fuimos injustos en aquel momento.
P. ¿Y de la tradición? El Muriel de su novela critica a Galdós, igual que Benet.
R. Hay un guiño, sí. A Galdós le reconozco que tiene talento para muchas cosas, pero en conjunto… Tiene una novela muy buena que no es de las más leídas, El amigo manso. Pero en su obra hay cosas que me ponen de los nervios.
P. ¿Qué le pone nervioso de Galdós?
R. Algunos diálogos casi dan vergüenza ajena. Tenía mucho talento novelesco y sabía cómo armar una novela, pero tiene unos desfallecimientos estilísticos brutales.
P. ¿Qué autores le interesan?
R. Valle-Inclán me parece un escritor enorme. También Clarín. Y a Baroja lo leo con gusto siempre. Le tengo admiración.
P. ¿Y de la tradición latinoamericana? Suele decirse que fue un revulsivo, pero no sé si usted lo vivió así de joven.
R. Leí y leo con admiración a Rulfo y a García Márquez y a Vargas Llosa. A Cortázar no, excepto los cuentos. Rayuela nunca me gustó. Soy un gran entusiasta de [Horacio] Quiroga, por ejemplo. Onetti también me gusta. Leyéndolos comprobabas lo que se ha dicho tanto: que el español podía ser menos rígido, más libre y más rico de lo que la tradición reciente de la literatura española parecía consentir.
P. En sus artículos es muy crítico con lo español. ¿Qué le gusta de España?
R. Que la gente es desprendida y tiene cierta alegría de vivir, cierta despreocupación, cierta confianza en que las cosas no se estropean del todo aunque pinten mal. Ahora llevamos unos años en que eso es más difícil de mantener. La gente tenía poco dinero y era capaz de gastárselo en pagar una ronda a los amigos. En otros países no lo he visto. A veces todo lo contrario, he visto mezquindad en lo monetario.
P. Por escrito parece estar siempre a la que salta, enfadado.
R. El mero hecho de que uno se moleste en escribir criticando algo indica cierta ingenuidad y optimismo, porque uno lo hace con el afán iluso de que algo mejore.
P. También es crítico con la crítica literaria. En un artículo fue muy duro, sin ir más lejos, con la que se publica en Babelia.
R. La crítica ha ido perdiendo influencia. En parte debido a nuevas costumbres. Probablemente la existencia de Internet tenga mucho que ver, pero en parte también es culpa de los críticos, si es que se puede generalizar. Siempre hay excepciones. Claro que hay críticos muy buenos y muy ilustrativos. Lo contaba en ese artículo: teníababelias atrasados y pensaba que encontraría libros de los que no me había enterado y que me iban a atraer. Aunque hubiera muchos elogios, rara vez me incitaba ninguna crítica. En fin, quizá exageré. Pensé: es raro, qué pasa. Quizás ha habido por parte de la crítica cierta dejación de sus funciones, quizás hay muchas que no suenan del todo sinceras, quizás otras son rutinarias. Otras están llenas de elogios pero los elogios, a mí, que soy perro viejo, me suenan huecos. Esa sensación tuve. Mi intención no era ofender a nadie. A lo mejor lo hice al escribir ese artículo y, bueno, me disculpo porque uno siempre es injusto cuando generaliza, y hay excepciones, sin duda.
P. ¿Qué le ha pasado a la crítica?
R. Que ha perdido la fe en sí misma, la fe en —la palabra no es muy simpática— educar al lector; en orientarlo, que suena menos desagradable. Esa falta de confianza en sus propias capacidades se ha convertido en un bumerán. La prueba más fehaciente es que, así como en los años setenta podía influir muy favorablemente en el destino de un libro, sobre todo de un autor que no fuese conocido, hoy eso pasa muy rara vez. Hay una especie de desconfianza o de desdén hacia la crítica. Soy el primero en lamentarlo. No es un género que me parezca baladí. Es un género como cualquier otro y ha tenido exponentes de primera fila.
P. ¿Y no hay cierta tendencia a tomar las críticas como ofensas personales?
R. Eso es una desgracia, pero en parte sucede porque a veces ha sido así. Tengo 63 años y quizás no otra cosa, pero creo que tengo cierta capacidad para detectar cosas en un texto. A veces leo una frase en una novela y digo: esto no va a ningún lado. Tal vez sea injusto, pero es el defecto de hacerse mayor, que uno se hace resabiado. Eso se nota en las críticas. A veces notas que al crítico le ha gustado más de lo que está diciendo. Y a la inversa. A veces los elogios son impostados. Muchos críticos han utilizado su podercito para no ser del todo sinceros.

Fueron libros del año

2013: En la orilla, de Rafael Chirbes.
2012: Pensar el siglo XX, de Tony Judt.
2011: Los enamoramientos, de Javier Marías.
2010: Verano, de J. M. Coetzee.
2009: Anatomía de un instante, de Javier Cercas.
2008: Chesil Beach, de Ian McEwan.
2007: Vida y destino, de Vasili Grossman.





Manuel Bandeira / Desnudo

Ilustración de Gyeong Mi Kim
Manuel Bandeira
DESNUDO
Cuando estás vestida,
Nadie imagina
Los mundos que escondes
Bajo tus ropas.
(Así, como en el día,
No tenemos noción
De los astros que lucen
En el profundo cielo.
Pero la noche se desnuda,
Y, desnuda en la noche,
Palpitan tus mundos
Y los mundos de la noche.
Brillan tus rodillas
Brilla tu ombligo
Brilla toda tu
Lira abdominal.
Tus senos exiguos.
-Como dos frutos pequeños
En la rigidez
Del tronco robusto-
Brillan.) ¡Ah, tus senos!
¡Tus duros pezones!
¡Tu torso! ¡Tus flancos!
¡Ah, tus hombros!
Con la desnudez, tus ojos
también se desnudan;
Tu mirar es más difuso,
Más lento, más líquido.
Entonces, en ellos,
Floto, nado, salto,
¡Me sumerjo
perpendicular!
Bajo hasta lo más hondo
De tu ser, allá donde
Me sonríe tu alma,
Desnuda, desnuda, desnuda.






sábado, 20 de diciembre de 2014

Gonzalo Fragui / De cómo los antiguos amores hacen planes para mudarse


Gonzalo Fragui

DE CÓMO LOS ANTIGUOS AMORES 

HACEN PLANES PARA MUDARSE

a Miguel James

Quienes más sufren
cuando un nuevo amor nos abandona
son los antiguos amores

Ellas nos ven llegar desde lejos
después de una larga ausencia
nos miran sospechosamente
nos olfatean

Ellas dicen
¡Ay, poeta, de qué nueva batalla vendrás!
Yo sólo les muestro mi silencio como trofeo de guerra

A pesar de sus ironías
ellas entienden
Una me indica posiciones de tai-chi para el bazo
Otra me proporciona en la boca
pequeñas porciones de un té negro como de alacranes
Otra me aplica quemaduras en plexo solar y en las manos
con un extraño cigarro chino
Otra me acuesta en su sofá y me recorre con sus cristales
Otra me pide que respire profundo, hasta acá abajo, más abajo,
y nos faltará quien me ofrezca una oración o una cerveza

Poco a poco voy saliendo a flote

Entonces ellas
hacen planes para mudarse de habitación
de trabajo
de ciudad
de planeta
lo antes posible
No quisieran verme llegar de nuevo
como perro alcanzado.


España / Los diez mejores libros de 2014

Los 10 mejores libros del año 2014

'Así empieza lo malo', de Javier Marías, destaca en un año marcado por la primera persona. Biografías y novelas autobiográficas, entre los elegidos por los críticos de 'Babelia'



Así empieza lo malo. Javier Marías. Alfaguara
“La historia de Muriel y su mujer es solo el ángulo privado para un enfoque colectivo sobre la España que sale de la dictadura con una reconversión acelerada de múltiples biografías ligadas al franquismo y, de golpe y en apariencia, desligadas de él y hasta prestigiosamente antifranquistas. La novela desvela unos cuantos camelos y camelistas con ensañamiento pero sin nombres propios, aunque sí alusiones. Hacia 1980 se saben demasiadas cosas de demasiados médicos, abogados, arquitectos, profesores como para que todos comulguen con la versión naíf y disfrazada de su pasado”. (Fragmento de la reseña publicada en Babelia el 20 de septiembre). JORDI GRACIA

El impostor. Javier Cercas. Literatura Random House
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Ni Soldados de Salamina iba sobre Rafael Sánchez Mazas, ni Anatomía de un instante fue sobre Adolfo Suárez, ni El impostor va sobre Enric Marco. He ahí la grandeza de esta novela que nunca quiso serlo: el más humilde de los héroes reales de Javier Cercas, el hombre que se inventó como superviviente de un campo de exterminio, lleva camino de erigirse en una de sus más perdurables re-creaciones; y también, de paso, en el mejor reflejo del autor y de su sociedad. De todos nosotros, en fin, de una era en la que la verdad de las mentiras, y su reverso, dejan de ser el síntoma para convertirse en la enfermedad. RICARD RUIZ GARZÓN

José Ortega y Gasset. Jordi Gracia. Taurus
Empecé a leer la biografía-ensayo sobre Ortega y Gasset, alentada por la poderosa sugestión magnética con la que Jordi Gracia nos atrapa y sitúa ante Ortega y su mundo. Una vez allí, en un escenario tan rico y complejo como apasionante, sabremos del titanismo que supuso la forja de una personalidad impar, con sus vaivenes iniciales, las negaciones obligadas, el desasimiento o la soledad. El enfoque atento de la “refundación” del joven furioso que elige ser “hacedor de ideal”, y las consecuencias de tal mutación a través de la acción política y pedagógica o de las varias “empresas” culturales, inunda estas páginas de meditaciones tan vigentes como necesarias. Y sin apologías sospechosas, ni sin soslayar fracasos o turbiedades, salvan a Ortega con las armas que él nos legó: la razón crítica, el coraje, la pasión... ANA RODRÍGUEZ FISCHER

Un hombre enamorado (Mi lucha II). Karl Ove Knausgård. raducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo. Anagrama
“Hermoso y rotundo como una patada”, define un poeta peruano a su padre y vale también para Un hombre enamorado. La novela trata del amor apasionado y las segundas oportunidades, pero también de la nimiedad y lo pueril. Combina confesiones autobiográficas, digresiones sobre la vida o el arte literario, con descripciones de la vida de un hombre que cambia pañales o discute con un vecino. El amor, aquella fuerza poderosa que impulsa a la vida, también nos introduce en ella dramáticamente, sin cuento de hadas. Knausgård no nos ahorra nada: ni el aburrimiento ni la inteligencia. Puro y profano, pero jamás solemne. En un mundo donde todos hacen trucos para ser asombrosos, la honestidad de Un hombre enamorado es hermosa y rotunda como una patada. IVÁN THAYS

Días de mi vida (Vida I). Juan Ramón Jiménez. Pre-Textos
Caleidoscopio, rompecabezas, sopa de letras: esta reconstrucción, que han hecho las editoras Mercedes Juliá y María Ángeles Sanz Manzano. JRJ (1881) (“¡Capicúa!”, anota el poeta) le dio vueltas toda la vida, como en él era habitual si se trataba de su Obra, a esta suerte de autobiografía-cajón de sastre, donde cupiera toda su vida: vida y obra siempre juntas como un par de cerezas unidas por el rabo. Todo lo dejó anotado para que, ahora, dos atentas editoras se lo reconstruyan, y este —deslumbrante— es el primer volumen. Cabe todo: su infancia y sus ambiciones, su madurez y sus obsesiones, sus (des)afectos (a esos que le llamaban Miss Poesía), y Zenobia y las mujeres enamoradas, de él, o él de ellas. Vida. Obra. El poeta (capicúa). JAVIER GOÑI

Hasta aquí. Wislawa Szymborska. Traducción de Abel Murcia y Gerardo Beltrán. Bartleby
La poeta polaca Wislawa Szymborska (Premio Nobel 1996) decía que al escribir buscaba “ese efecto que en pintura se llama claroscuro. Quisiera que en mis poemas se encontraran e incluso se fundieran cosas magníficas y triviales”. Hasta aquí, su último libro, se publicó después de su muerte, ocurrida en 2012, y reúne 13 poemas (además de una entrevista con sus traductores al español). Son 70 páginas de edición bilingüe, recorridas por una poesía de simplicidad falsa (porque solo se consigue con trabajo de picapedrero), en la que Szymborska desenfunda sus mejores garfios de poeta, con una austeridad asombrosa y una capacidad única de ser desoladora sin ser brutal, de producir desazón y, a la vez, dejar brillando, en el risco del poema, un extraño rayo de luz. LEILA GUERRIERO

La hierba de las noches.Patrick Modiano. Traducción de María Teresa Gallego Urrutia. Anagrama
Toda la obra de Patrick Modiano gira en torno a la imposibilidad del lenguaje de recordar con precisión. Hay que recorrer los lugares, los nombres, las inscripciones en la memoria que al ser evocadas nos dan la justa medida de nuestra existencia, incompleta, parcial. Entre el sueño y la vigilia, entre obsesión y olvido, Jean intenta saber quién fue Dannie, darle una coherencia, reescribir ese fragmento de vida, solo que al hacerlo se da cuenta de que entrar en ese laberinto es también perderse y, de alguna manera, caminar sobre muertos. Si la obra de Modiano tiene esa seducción hipnótica que la identifica es porque sus novelas son como las lámparas encendidas en la noche, iluminan. Están ahí como un mapa humano que nos lleva a recorrer marcas y a reconstruir desde las ruinas. PATRICIA DE SOUZA

El balcón en invierno. Luis Landero. Tusquets
Estaba el esbozo de una novela y su posterior abandono. Y un paseo. El escritor recorriendo el barrio. De vuelta a casa, el balcón, ese lugar que está “a la intemperie y al resguardo”, como el propio Landero en el hecho mismo de contarse. Ahora es el verano de 1964. Anochece. En el balcón, Luis, su madre y un futuro incierto. Escucho al niño, al poeta adolescente, al oficinista malhumorado. Oigo a la madre: el sonido de la tricotosa. También el rasgueo de guitarra: es Landero. Y está el carácter hosco del padre y el significado del viaje aun yendo al frente de guerra. Y está el entender. Chasquido de guijarros mientras camino senderos de infancia. Paladeo palabras que se señalan en El balcón en invierno: iridiscente, plenitud, errabundo. Leo: “En cada pequeño acontecer, lo trivial y lo misterioso van a partes iguales”. Y digo: esta autobiografía de instantes posee la inconmensurable belleza de lo que parece sencillo. Una maravilla. MARÍA JOSÉ OBIOL

Diccionario de la lengua española. Real Academia Española. Espasa
Con 300 años cumplidos, la 23ª edición del Diccionario y un nuevo director (el trigésimo), la RAE ya no parece vivir amparada en el palacio que la acoge. Desde allí se extienden buenas noticias para discutir que podrían haber sido mejores. Una nueva edición del Diccionario es un prodigio. Un libro que dice: “Este es el idioma que hablas, y estos, los significados de las palabras que empleas”. Ningún otro libro es más intrigante. Parece coacción, pero se trata de hospitalidad. Registra las palabras de uso y otras, innumerables, que no conocíamos, con el propósito de no agravar las dudas. Tal vez tenga pretensión de totalidad, pero es una exigencia honorable. Al usuario suspicaz le queda el alivio de saber que en la suma de las palabras no cabe toda la realidad. FRANCISCO SOLANO

10 Como la sombra que se va.Antonio Muñoz Molina. Seix Barral
Superponer historias de distintos planos en la misma cartografía hasta lograr una panorámica en 3D. Con la mejor literatura posible, la que hace ya tiempo caracteriza al autor; por ejemplo, la de La noche de los tiempos o la de Sefarad. Perseguir, acorralar, saborear al asesino de Martin Luther King reivindicando, como una música de fondo que siempre acompaña al texto y nunca molesta, el mítico movimiento de los derechos civiles en Estados Unidos. Bucear en los detalles de una vida (¿la del líder negro, la suya propia?), de una ciudad, de unos años cercanos, pero diferentes. “He llegado a saber tanto de él, que me parece recordar cosas de su vida, lugares que él vio y yo nunca he visto”, dice obsesionada la primera persona que relata el medio millar largo de páginas. ¡Qué ratos de lectura tan buenos, acompañado de Gerry Mulligan, Chet Baker, Clifford Brown y tantos otros! JOAQUÍN ESTEFANÍA
En la encuesta de los libros del año han participado 41 críticos y periodistas de EL PAÍS. Cada uno de ellos otorgó 10 puntos al primero de su lista, 9 al segundo y así sucesivamente.