martes, 22 de agosto de 2017

Manuel Vicent / Macron o el turbio amor del graduado

Brigitte Trogneux y Emmanuel Macron


Macron o el turbio amor del graduado

Literariamente, lo más atractivo del personaje no son los diplomas sino su secreta e inquietante historia de amor febril con Brigitte Trogneux




Macron o el turbio amor del graduado
FERNANDO VICENTE

Físicamente hay decenas de miles de franceses cortados por el mismo patrón. Alguien parecido a Macron, con un aire de profesor de instituto de provincias, lo puede contemplar en una escena de sobremesa en cualquier película francesa ante un vino tinto y una tabla de quesos entre amigos que porfían en decir ingeniosas frivolidades. Si por fuera tiene un cuerpo tirado a troquel, que no parece haber ido más allá de la gimnasia sueca, en cambio, Macron esconde bajo el flequillo de su amplia frente un cerebro penetrado por una inteligencia seductora, adornada con los créditos más apreciados. Bachillerato en el liceo Henri IV de París, título de Filosofía en la Universidad de París- Nanterre, tesis sobre Hegel, graduado en el Instituto de Estudios Políticos y en la Escuela Nacional de la Administración, pero literariamente lo más atractivo del personaje no son los diplomas sino su secreta e inquietante historia de amor febril, que se inició en el colegio de jesuitas La Providence, en Amiens, donde nació en 1977 y estudió las primeras letras.




No se sabe de quién partió la seducción. Lo cierto es que la profesora de arte dramático, Brigitte Trogneux, hija de una acaudalada familia propietaria de una fábrica de chocolates y de macarrones, casada y con tres hijos, se enamoró de su alumno adolescente, el más brillante de la clase, llamado Emmanuel Macron, al que le llevaba una diferencia de 25 años y no cejó hasta casarse con él. Comenzaron viéndose los viernes furtivamente fuera de clase con la excusa de escribir una obra de teatro y terminaron liados en el clásico enredo entre el joven graduado y la mujer madura, que hizo saltar por los aires un matrimonio burgués con un formidable escándalo provinciano.
Brigitte Trogneux y Emmanuel Macron

La atracción amorosa continuó cuando Macron, convertido ya en un alto funcionario multiuso y de ideología izquierdista totalmente adaptable ejercía a la vez de banquero en la Banca Rothschild, de colaborador de Nicolás Sarkozy y de François Hollande, quien lo nombró ministro de Economía y Finanzas. Era el político de izquierdas preferido de los franceses cuando de pronto un día proclamó: "La honestidad me obliga deciros que ya no soy socialista". Como quien ha recibido una revelación se puso en marcha en busca del santo grial de la nueva política y finalmente lo encontró bajo la sagrada forma del Centro Democrático. Este político de 39 años, en realidad era un centrista incluso de cuerpo entero, de estatura media, rostro agradable, pero anodino, con las patillas a la altura exacta.

Brigitte Trogneux

No se había equivocado. Resultó que el Centro Democrático era la mejor parrilla de salida hacia la Historia. Ganó las elecciones presidenciales, pero Macron parece saber que a la Historia hay que echarle a veces una mano. Lo demostró en ese paseo simbólico que realizó en su presentación como presidente elegido. Mientras avanzaba a solas aquella noche midiendo los pasos durante tres minutos hacia la tribuna emitió al mundo sin palabras este mensaje: solo soy un demócrata, camino bajo los acordes del Himno de la Alegría hacia un destino común, no por el Arco de Triunfo de la derecha, ni por la Bastilla de la izquierda, sino por la explanada del Louvre, un lugar emblemático del centro, que une a Francia con el resto de Europa.
Con la tonalidad de un alto tecnócrata intercambiable pronunció sus primeras palabras, que sin duda se llevará el viento. Nada que no fueran las promesas rituales de moralizar la vida pública, defender la vitalidad democrática y la economía de mercado, refundar nuestra Europa y garantizar la seguridad de los franceses. Después de gritar ¡viva la República, viva Francia! se dio a sí mismo un toque de distinción: se dirigió a un lado del escenario para abrazar y besar a su mujer Brigitte, rodeada de siete nietos, y con ese gesto literario selló ante el público una bella y morbosa historia de amor. Si la profesora y el colegial enamorados no escribieron entonces la obra de teatro, la Historia se ha encargado de escribirla por ellos, sin que se sepa todavía si se trata de un drama o de una comedia. Días después Donald Trump saludó al presidente de Francia dándole la mano prepotente y a la vez esquiva, pero Macron la retuvo, tiró de ella, ambos forcejearon y finalmente el francés le dobló la muñeca. Así empieza el carisma.



Manuel Vicent / Donald Trump, la política como instinto básico



Donald Trump, la política como instinto básico

Cada día, a la hora del desayuno, suele emitir un pensamiento balístico de 140 caracteres que pone su propia Administración patas arriba


MANUEL VICENT
5 AGO 2017 - 17:06 COT

Donald Trump, la política como instinto básico
FERNANDO VICENTE

Simplemente, sucede que Donald Trump es un incompetente porque desconoce el mecanismo más elemental de la política y se ve obligado a ejercerla como una emoción primaria y expeditiva. No es un profesional, no sabe el oficio. En sus manos el Gobierno de Estados Unidos se ha convertido en un deporte de alto riesgo, en una especie de barranquismo dentro de la Casa Blanca, que tiene al mundo en vilo. En los mítines como candidato, Trump a veces se parecía a uno de esos músicos tronados de la banda del empastre, que toca el violín con un serrucho y se hace un lío con las partituras, su público le aplaude y él saluda satisfecho de sus propias gansadas. La mayoría se lo tomó a broma, pero el destino del planeta está hoy a merced del capricho de este emperador de cómic, descerebrado.
Donald Trump cree que para tener autoridad hay que estar cabreado y como un bebé furioso, al que le han arrebatado el chupete, desarrolla su mando mediante un código de señales muy físicas que emite su corpachón agitado por un viento interior. Todo en este político es de primera mano, imprevisible y gestual. De hecho, antes de firmar un decreto puede aporrearse el pecho como cualquier espalda plateada para excitar el timo, esa glándula del valor aposentada detrás del esternón, que compartimos con los simios superiores. Y después, para demostrar que ha salido con la suya, suele levantar la mandíbula, apretar el morro y exhibir el documento con su rúbrica en un alarde retador entre infantil y macarra. Finalmente puede dar la mano, pero nunca franca y amigable, más bien arrebata la del contrario, tira de ella para apoderarse del cuerpo entero al que puede retener o desechar a su antojo.
Lo verás bajar del avión presidencial golpeando el aire con el puño rosado del que emerge el pulgar inhiesto como cola de alacrán, o formando con los dedos la uve de la victoria sin venir a cuento o pinzando el pulgar con el índice como la mano de un pantocrátor cuando emite una amenaza o advertencia detrás de un atril. Son gestos autoritarios que solo indican duda e inseguridad del terreno que pisa.
Hartos de votar a presidentes unívocos, profesionales de la política, siempre troquelados por el establishment al servicio del sistema, los electores de una clase media norteamericana hundida por la crisis trataron de probar con algo nuevo, imprevisible y vengador; de ese voto desesperado, colérico y gamberro ha salido este extraño ser de color calabaza, porque la democracia tiene estas cosas, la grandeza del ideal colectivo lleva la consiguiente carga de estiércol ciudadano, que puede originar un monstruo cuando fermenta.
Bajo su propio volcán, Trump cada día a la hora del desayuno, al pie de unos huevos rancheros o de los suyos propiamente dichos, suele emitir un pensamiento balístico de 140 caracteres, que pone su propia política patas arriba cada mañana. Dimite otro jefe de Gabinete, huye de su lado otro secretario, aplasta al fiscal general, reta o insulta a cualquier mandatario extranjero, nombra consejero a un compinche y a continuación lo desescombra, amenaza a la prensa, se pasa por el forro al director del FBI, babea dulzón ante Putin, quien tal vez le tiene cogido por los compañones y es que la corona de Trump es el caos, debido a que no sabe el oficio y carece de estructura interior; de hecho lo que parece su espina dorsal no es más que su corbata.
Así cabalga este jinete. Al galope atraviesa Trump descerrajado el viejo esplendor de la primera potencia del mundo, acuciado por el miedo y la paranoia. ¿Qué es sino miedo encerrar a su país detrás de un muro, de un férreo control de pasaportes, de la barrera del odio racista? Entre los cientos de miles de cerebros extraordinarios que pueblan una nación grande y poderosa como Norteamérica, he aquí que ha salido de las urnas el cerebro de un millonario atrabiliario e ignorante, que solo ha sabido forrarse. Dejar la historia a expensas del instinto básico de Donald Trump puede ser una forma de no aburrirse, pero no es agradable despertarse una mañana y comprobar que todos los ideales de Occidente los ha arrojado un patán al fondo del barranco.


Manuel Vicent / Putin, el domador del alma rusa


Vladimir Putin


Putin, el domador del alma rusa

Se propuso devolver a la patria humillada el orgullo perdido de primera potencia. Ante todo, había que hacerse respetar


MANUEL VICENT
13 AGO 2017 - 07:04 COT




Putin, el domador del alma rusa
FERNANDO VICENTE

Hasta los 40 años era más bien un don nadie, un espía de segunda, el hijo de un humilde ferroviario comunista. Ahora avanza muy seguro deslizando sus espolones de gallo por una alfombra roja a lo largo de los fastuosos salones del Kremlin, rodeado de oro por todas partes, bajo el caudal de luz de mil lámparas y espejos, los mismos que reflejaron el antiguo esplendor de los zares. Es Vladímir Putin, de 1,70 de estatura, músculos de gimnasio, pómulos muy eslavos, que cobijan unos ojos de hielo.
Nació en 1950 en San Petersburgo, en un apartamento comunal donde sus padres compartían baño y cocina con otras familias pobres. El chaval se desarrolló entre las paredes mugrientas de un barrio marginal poblado de pandillas de matones con los que había que fajarse bien si uno quería volver sano y salvo a casa. Cualquier disputa terminaba en el barro. No le gustaba perder.
Formado en la escuela inhóspita de la calle, Vladímir Putin aceptó el primer encargo de vigilar a los estudiantes extranjeros de la Universidad de Leningrado mientras estudiaba Derecho. Después, enrolado en los servicios secretos de la KGB, fue destinado a Dresde, en la RDA. Allí le sorprendió la caída del muro de Berlín en 1989. Cuando un grupo de enardecidos alemanes rodeó su oficina dispuesto a asaltarla, él salió a la puerta y con el micrófono en la mano amenazó con abrir fuego a discreción. Al parecer lo dijo con mucha calma, puesto que los amotinados solo con verle la cara supieron que iba a cumplir su palabra y recularon. Alguien en Moscú tomó buena nota.
El imperio soviético comenzó a resquebrajarse y Putin seguía siendo un pobre diablo, que tuvo que volver a Leningrado en su Volvo descalabrado con el que pensaba trabajar de taxista si las cosas le iban mal dadas. Pero junto con el coche, el lavaplatos y otros enseres domésticos, se llevó consigo también el archivo secreto de la Stasi, la siniestra policía secreta alemana, que había arramblado en medio de la confusión, y Putin supo jugar con este alijo plagado de sabandijas, como cartas muy firmes en una partida de póquer entre políticos corruptos, y esa fue la primera palanca de su poder. A Putin lo aupó el alcalde de Leningrado, Anatoli Sobchak, su protector, al que después ayudaría a huir a París cuando fue perseguido por corrupción.
No preguntes cómo llegó a la cumbre sorteando y repartiendo puñaladas, hasta conseguir el favor del beodo y destartalado Boris Yeltsin. Era el tiempo en que el derribo de la Unión Soviética exportaba a Europa levas de prostitutas y criadas, mafiosos gordos con cadenas de oro que nutrían los bajos fondos y eran a su vez procaces y brutalmente ricos. Putin se propuso devolver a la patria humillada el orgullo perdido de primera potencia. Ante todo había que hacerse respetar. Conocía el alma rusa y sabía que su convulsión de olla podrida en plena ebullición no podía ser controlada sin el látigo de un buen domador.
Consciente de que el puño de hierro siempre infunde más miedo que rencor, Vladímir Putin comenzó a usar como arma diplomática el silencio, ayudado con una mirada de acero semejante a la de un jugador profesional, que conoce bien las cartas del enemigo y nunca en vida de farol.
Mirar como mira Putin significa que prefiere que le teman a que le amen y solo quiere que lo admiren como macho alfa. Por eso practica artes marciales y se exhibe con el pecho desnudo galopando a pelo un caballo indómito que no es sino el propio narcisismo y sigue a rajatabla el consejo de Maquiavelo: si vas a golpear, hazlo duro, rápido y de una sola vez. Así lo hizo cuando el 23 de octubre de 2002 unos 50 terroristas chechenos tomaron 800 rehenes en el teatro Dubrovka de Moscú. Con absoluta frialdad llenó el local de gas tóxico y ordenó el asalto, que produjo 170 muertos.
Ahora se ha tragado a Crimea de un bocado, bombardea Siria a su antojo y ha introducido sus redes de espionaje en la alcoba política de Donald Trump hasta volverlo loco. Fanático del orden, Putin se ofreció de domador del alma rusa, pero a su vez era también el tigre, que un día puso la garra en la nuca del Estado y ya no la ha soltado hasta hoy.

lunes, 21 de agosto de 2017

Vargas Llosa / El nuevo enemigo

Ilustración de Fernando Vicente


Mario Vargas Llosa

El nuevo enemigo

El País, 5 de marzo de 2017

El comunismo se ha convertido en una ideología residual. Ahora la amenaza es el populismo, que ataca por igual a países desarrollados y atrasados


El comunismo ya no es el enemigo principal de la democracia liberal —de la libertad— sino el populismo. Aquel dejó de serlo cuando desapareció la URSS, por su incapacidad para resolver los problemas económicos y sociales más elementales, y cuando (por los mismos motivos) China Popular se transformó en un régimen capitalista autoritario. Los países comunistas que sobreviven —Cuba, Corea del Norte, Venezuela— se hallan en un estado tan calamitoso que difícilmente podrían ser un modelo, como pareció serlo la URSS en su momento, para sacar de la pobreza y el subdesarrollo a una sociedad. El comunismo es ahora una ideología residual y sus seguidores, grupos y grupúsculos, están en los márgenes de la vida política de las naciones.

Vargas Llosa / Las ilusiones perdidas


MARIO VARGAS LLOSA

Las ilusiones perdidas

‘Adiós muchachos’, la autobiografía de Sergio Ramírez, describe el entusiasmo efímero que suscitó la revolución sandinista y su descalabro posterior


EL PAÍS, 5 AGO 2017 - 17:00 COT






Las ilusiones perdidas
FERNANDO VICENTE

No había leído la autobiografía de Sergio Ramírez, Adiós muchachos (2007), y acabo de hacerlo, conmovido. Es un libro sereno, muy bien escrito, exaltante en su primera mitad y bastante triste en la segunda. Cuenta la historia de la revolución sandinista que puso fin en 1979 a la horrible dinastía de los Somoza en Nicaragua, una de las dictaduras más corruptas y crueles de la historia de América Latina, y en la que él tuvo un papel importante como conspirador y resistente primero, y, luego, en el Gobierno que presidió el comandante Daniel Ortega, en el que fue vicepresidente.

Vargas Llosa / Las distracciones del señor Smith

Ilustración de Fernando Vicente

Mario Vargas Llosa

Las distracciones del señor Smith

El economista escocés ha explicado mejor que nadie por qué ciertos países progresan y otros retroceden y cuál es la auténtica frontera entre la civilización y la barbarie

El País, 18 de marzo de 2017


Antes que por su sabiduría, fue famoso por sus distracciones. Un día, el cochero de la diligencia de Edimburgo a Kirkcaldy divisó en pleno descampado, a varias millas de este pueblo, una figura solitaria. Frenó los caballos y preguntó al caballero si necesitaba ayuda. Sólo entonces, éste, mirando sorprendido el rededor, advirtió dónde estaba. Hundido en sus reflexiones, llevaba varias horas andando (mejor dicho, pensando). Y un domingo se lo vio aparecer, embutido todavía en su bata de levantarse, en Dunfermline, a 15 millas de Kirkcaldy, mirando el vacío y hablando solo. Años más tarde, los vecinos de Edimburgo se habituarían a las vueltas y revueltas que daba por el barrio antiguo, a horas inesperadas, la mirada perdida y moviendo los labios en silencio, aquel anciano solitario a quien todo el mundo llamaba sabio.

Vargas Llosa / Sangre derramada

Ojo
Barcelona, 2017
Foto de Triunfo Arciniegas


Mario Vargas Llosa

Sangre derramada

Los fanáticos nunca van a ganar la guerra. La matanza de inocentes será una poda y las viejas Ramblas seguirán inmantando a la misma variopinta humanidad


EL PAÍS
19 AGO 2017 - 17:00 COT


Julian Cadman, seven, confirmed as among 13 killed in Barcelona attack







Sangre derramada
FERNANDO VICENTE

El terrorismo fascinó siempre a Albert Camus y, además de una obra de teatro sobre el tema, dedicó buen número de páginas de su ensayo sobre el absurdo, El mito de Sísifo, a reflexionar sobre esa insensata costumbre de los seres humanos de creer que asesinando a los adversarios políticos o religiosos se resuelven los problemas. La verdad es que salvo casos excepcionales en que el exterminio de un sátrapa atenuó o puso fin a un régimen despótico –los dedos de una mano sobran para contarlos- esos crímenes suelen empeorar las cosas que quieren mejorar, multiplicando las represiones, persecuciones y abusos. Pero es verdad que, en algunos rarísimos casos, como el de los narodniki rusos citados por Camus, que pagaban con su vida la muerte del que mataban por “la causa”, había, en algunos de los terroristas que se sacrificaban atentando contra un verdugo o un explotador, cierta grandeza moral.

domingo, 20 de agosto de 2017

Groucho Marx / Citadme diciendo que me han citado mal


Citas de Groucho Marx



· "Citadme diciendo que me han citado mal."


· "Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros."


· "Yo encuentro la televisión bastante educativa. Cuando alguien la enciende en casa, me marcho a otra habitación y leo un buen libro."


· "Parad el mundo que me bajo."


· "Conozco a centenares de maridos que volverían felices al hogar si no hubiera una esposa que les esperara. Quiten a las esposas del matrimonio y no habrá ningún divorcio."


· "No estoy seguro de cómo me convertí en comediante o actor cómico. Tal vez no lo sea. En cualquier caso me he ganado la vida muy bien durante una serie de años haciéndome pasar por uno de ellos."


· "No es la política la que crea extraños compañeros de cama, sino el matrimonio."


· "Lo malo del amor es que muchos lo confunden con la gastritis y, cuando se han curado de la indisposición, se encuentran con que se han casado."


· "En esta industria, todos sabemos que detrás de un buen guionista hay siempre una gran mujer, y que detrás de ésta está su esposa."


· "Nunca voy a ver películas donde el pecho del heroe es mayor que el de la heroina."


· "Todo lo que soy se lo debo a mi bisabuelo, el viejo Cyrus Tecumseh Flywheel. Si aún viviera, el mundo entero hablaría de él... ¿Que por qué? Por que si estuviera vivo tendría 140 años."


· "Supongo que había que inventar las camas de agua. Ofrecen la posibilidad de beber algo a media noche sin peligro de pisar al gato."


· "He disfrutado mucho con esta obra de teatro... especialmente en el descanso."


· "Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo."


· "Inteligencia militar son dos términos contradictorios."


· "El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio... si puedes simular eso, lo has conseguido."


· "¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?"


· "En las fiestas no te sientes jamás; puede sentarse a tu lado alguien que no te guste."


· "Cuando muera quiero que me incineren y que el diez por ciento de mis cenizas sean vertidas sobre mi empresario."


· "¡Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero!... ¡Pero cuestan tanto!"


· "Desde el momento en que cogí su libro me caí al suelo rodando de risa. Algún día espero leerlo."


· "El matrimonio es una gran institución. Por supuesto, si te gusta vivir en una institución."


· "Sólo hay una forma de saber si un hombre es honesto: preguntarselo. Y si responde "sí", entonces sabes que está corrupto."


· "¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?"


· "¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?"


· "La justicia militar es a la justicia lo que la música militar es a la música."


· "Una mañana me desperté y maté a un elefante en pijama. Me pregunto cómo pudo ponerse mi pijama."


· "He pasado una noche estupenda... pero no ha sido ésta."


· "La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados."


· "Es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente."


· "¿Servicio de habitaciones? Mándenme una habitación mas grande."


· "Soy tan viejo que recuerdo a Doris Day antes de que fuera virgen."


· "Fuera del perro, un libro es probablemente el mejor amigo del hombre. Y dentro del perro probablemente está demasiado oscuro para leer."


· "No puedo decir que no estoy en desacuerdo contigo."


· "Partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de miseria."


· "Si sigues cumpliendo años, acabarás muriéndote. Besos, Groucho."



El gran Groucho / El más Marx de los hermanos Marx



El gran Groucho

Hace 40 años falleció el más Marx de los hermanos Marx, como lo definía Vázquez Montalbán


DIEGO GALÁN
10 AGO 2017 - 17:00 COT



Groucho Marx.
Groucho Marx.

Jaume Figueras, premio Nacional de Periodismo Cultural el pasado año, añoraba hace unos días en Internet aquellos homenajes que TVE rendía a artistas o directores emitiendo sus películas cuando fallecían, y aseguraba Figueras que no hubiera habido dudas en que estos días se habría recordado de esa forma a Paquita Rico, Jeanne Moreau o Sam Shepard. Tenía aquella televisión pública de los años ochenta una vocación cultural, incluso cinéfila, y emitía con frecuencia hasta películas mudas y, desde luego, muchas subtituladas. Hasta se llegaron a subtitular películas de los hermanos Marx, que perdían en la lentitud del texto parte del doble sentido de las frases con las que Groucho desconcertaba a la audiencia. Pero al menos se hizo la prueba en aquella televisión, en la que también se recordaban aniversarios, como ahora mismo se estaría haciendo con los de Robert Mitchum, Nicholas Ray, Robert Siodmak… o Groucho Marx, fallecido en agosto de hace cuarenta años. ¡Groucho!, el más Marx de los hermanos Marx, como lo definía Vázquez Montalbán en aquella comedia musical, Guillermina en el país de las Guillermotas, que la censura no autorizó, vaya usted a saber por qué. Seguramente no fuera por las irreverencias de Groucho sino por otras propias del irreverente Montalbán. Las agudas réplicas de Groucho no solo se mantienen en sus películas ("¿Quiere casarse conmigo?, ¿Tiene dinero? Conteste primero a la segunda pregunta", por ejemplo), sino en sus libros ("Recuerdo perfectamente la primera vez que tuve sexo, aún conservo el recibo"), y en intervenciones televisivas: fue polémica su conversación con una mujer que había sido madre de 11 hijos en la que ella dijo: "Quiero mucho a mi marido", a lo que Groucho replicó: "Señora, a mí me gusta mucho mi puro, pero de vez en cuando me lo saco de la boca”.

sábado, 19 de agosto de 2017

Escritores húngaros / ¿Se diluye el efecto Márai?

El escritor húngaro Sándor Márai y su mujer, Lola Matzner, en 1923.
El escritor húngaro Sándor Márai y su mujer, Lola Matzner, en 1923. LEGADO MÁRAI


¿Se diluye el efecto Márai?

Las traducciones de las novelas del desaparecido escritor húngaro han sido todo un fenómeno que empieza a atenuarse


FERNANDO GARCÍA ROMAN
24 JUN 2014 - 04:19 CDT



Casi once años después de ejecutar su voluntario final, del que se cumplieron 25 años el pasado 21 de febrero, en la casita ajardinada de San Diego (EE UU), el escritor húngaro de origen sajón Sándor Márai (Kosice, 1900) irrumpió en nuestro panorama editorial con El último encuentro. El esperado tête à tête entre los dos amigos, ya ancianos, 41 años después de que uno de ellos, el músico, desapareciese sin dejar rastro al otro, militar, y con un gran secreto sin desvelarse entre ambos, ha llegado a reclamar ya 47 reediciones, contabilizando las tres últimas aparecidas en la colección de bolsillo de la editorial Salamandra.