Kelly Link
VIAJES CON LA REINA DE LAS NIEVES
Travels with the Snow Queen by Kelly Link
Parte de ti siempre viaja más aprisa, siempre continúa hacia delante. Incluso cuando estás en movimiento, nunca vas lo suficientemente deprisa como para satisfacer esa parte de ti. Entras en las murallas de la ciudad por la tarde, cuando los adoquines son de un rosa moteado por el reflejo de la luz, los sientes fríos bajo la planta de tus pies desnudos y ensangrentados. Le pides al hombre que custodia la entrada que te recomiende un lugar para pasar la noche, y en cuanto caes sobre la cama del hostal —una cama que huele a lavanda y sobre la que hay amontonados varios edredones—, puede que sola, puede que con otro viajero, o quizá con el miembro de la guardia real que tenía los ojos tan marrones y aquel bigote que se rizaba a ambos lados de su nariz como un par de cordones negros encerados, al mismo tiempo que el guardia a quien no has preguntado el nombre grita entre sueños otro nombre que no es el tuyo, tú vuelves a soñar con la carretera. Cuando duermes, sueñas con las largas distancias blancas que te quedan por delante. Al despertar, el guardia está en su puesto, te duele esa zona entre las piernas, aunque es un dolor agradable, y las piernas, molidas, como si mientras dormías hubieras continuado caminando toda la noche. Mientras tanto, tus pies han vuelto a sanar. Tuviste cuidado de no besar al guardia en los labios, de modo que en realidad no cuenta, ¿verdad?



