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viernes, 22 de enero de 2021

Kelly Link / Viajes con la reina de las nieves

 


Kelly Link

VIAJES CON LA REINA DE LAS NIEVES

Travels with the Snow Queen by Kelly Link


    Parte de ti siempre viaja más aprisa, siempre continúa hacia delante. Incluso cuando estás en movimiento, nunca vas lo suficientemente deprisa como para satisfacer esa parte de ti. Entras en las murallas de la ciudad por la tarde, cuando los adoquines son de un rosa moteado por el reflejo de la luz, los sientes fríos bajo la planta de tus pies desnudos y ensangrentados. Le pides al hombre que custodia la entrada que te recomiende un lugar para pasar la noche, y en cuanto caes sobre la cama del hostal —una cama que huele a lavanda y sobre la que hay amontonados varios edredones—, puede que sola, puede que con otro viajero, o quizá con el miembro de la guardia real que tenía los ojos tan marrones y aquel bigote que se rizaba a ambos lados de su nariz como un par de cordones negros encerados, al mismo tiempo que el guardia a quien no has preguntado el nombre grita entre sueños otro nombre que no es el tuyo, tú vuelves a soñar con la carretera. Cuando duermes, sueñas con las largas distancias blancas que te quedan por delante. Al despertar, el guardia está en su puesto, te duele esa zona entre las piernas, aunque es un dolor agradable, y las piernas, molidas, como si mientras dormías hubieras continuado caminando toda la noche. Mientras tanto, tus pies han vuelto a sanar. Tuviste cuidado de no besar al guardia en los labios, de modo que en realidad no cuenta, ¿verdad?

Kelly Link / Piel de gato



Kelly Link

PIEL DE GATO

Catsink by Kelly Link



    Los gatos entraban y salían de la casa durante todo el día. Las puertas y ventanas quedaban abiertas, y había otras puertas —del tamaño de un gato y privadas— en los muros y en el desván. Los gatos eran grandes y muy pulcros, pero nadie sabía sus nombres (o si de hecho los tenían), a excepción de la bruja.
    Algunos gatos eran del color de la nata y otros, pintos. Otros eran más negros que el carbón. Todos colaboraban en los tejemanejes de la bruja. Algunos entraban en su habitación con cosas en la boca y, cuando volvían a salir, la tenían vacía.
    Los gatos trotaban y se movían a hurtadillas, daban brincos y se agachaban. Estaban ocupados. Con movimientos félidos, o quizá como de mecanismo de relojería, movían la cola como un péndulo peludo. No prestaban atención a los hijos de la bruja.