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miércoles, 3 de mayo de 2017

La masacre de Bojayá / Quince años después




Quince años después, exhuman los restos de las víctimas de la masacre de Bojayá

El pueblo que sufrió el peor hecho violento cometido por las FARC recuerda este martes el episodio que marcó para siempre su historia




Sally Perdomo
Bogotá, 2 de mayo de 2017

Todos voltearon a mirar a Bojayá, un poblado del pacífico colombiano, hace quince años. Un cilindro bomba lanzado por las FARC en medio de un enfrentamiento con los paramilitares acabó con la vida de este lugar. El explosivo cayó en la iglesia donde se escondía la población y desde entonces Bojayá lleva una marca que ha sido difícil borrar. No se sabe cuántos muertos dejó la incursión terrorista. Se habla de más de cien. Esta semana cuando se cumplen quince años del horror que tuvo que vivir este pueblo, comienzan las labores para exhumar los cuerpos de las víctimas que fueron enterrados en cuatro fosas comunes.

La Fiscalía y Medicina Legal realizarán el proceso desde el miércoles hasta el próximo 30 de mayo. El propósito de las autoridades es establecer con certeza cuántas fueron las víctimas de la masacre, identificarlas plenamente y hacer la entrega individual de los restos a los familiares. Es el paso necesario para que empiece el proceso de reparación. Este martes, como conmemoración del hecho que sacudió a Colombia y que obligó a todo el país a mirar a esa región, históricamente olvidada y marginada, los familiares de los fallecidos, supervivientes de la masacre y líderes locales recorrerán en una marcha silenciosa la localidad. “Aquí cada 2 de mayo hay lluvia para limpiar todo lo que pasó. En ese momento tuvimos mucho dolor y tristeza, pero con el tiempo la vida ha ido mejor, aunque nunca se nos va a olvidar lo que sucedió aquí”, dice a EFE María Aurelia Moreno, que perdió a su mamá y a uno de sus hijos en el ataque a la iglesia.
“Aunque es imposible reparar lo irreparable, la materialización de la paz en los territorios flagelados por la violencia es el único camino para pasar la página del dolor que dejó el conflicto armado, pero sin olvidar el pasado”, asegura el director de la Unidad para las Víctimas, Alan Jara, que lidera el tributo a los sobrevivientes de una población que quedó desolada tras el ataque y que tuvo que volverse a poner de pie en otro lugar de la misma región. Un pueblo que, dice Jara, “en este momento histórico se convierte en sinónimo de paz y ejemplo vivo de que la acción integral reparadora permitirá forjar un nuevo país reconciliado y en paz”.



El diciembre de 2015, las FARC asumieron públicamente su responsabilidad en la masacre. Pastor Alape, en representación de la guerrilla, estuvo en Bojayá pidiendo perdón. El encuentro tuvo como escenario el mismo lugar en donde ocurrió la tragedia. En la iglesia, ante algunas fotografías de las personas que murieron, las FARC pidieron por primera vez perdón a sus víctimas, que también han reclamado que el Estado colombiano lo haga. La justicia condenó a la Nación por omisión y por no proteger de forma adecuada a la población. La sentencia exige que el Ministerio de Defensa y la cúpula militar de la época reparen de forma individual a las víctimas, a través de una indemnización económica. Además, solicita que se investigue al presidente de entonces, Andrés Pastrana.
Bojayá se sigue sacudiendo del dolor, pero exige que la reparación sea integral. Sus pobladores quieren ser ejemplo de paz, pero piden que todos los involucrados reconozcan su responsabilidad.

sábado, 2 de mayo de 2015

Bojayá / El día que todo cambió

El día que todo cambió

Bojayá

El día que todo cambió

Por abril 29, 2015

Nació como un pequeño poblado ribereño sobre el río Atrato hace setenta años. Allí, en Bojayá, viven 10.000 entre afros e indígenas. Dos generaciones de pobladores humildes, casi todos chocoanos, pescadores, pequeños agricultores, navegantes, músicos.
Desde el 30 de abril hasta el 6 de mayo de 2002, Bojayá fue el campo de batalla de 200 paramilitares del Bloque Elmer Cárdenas en cabeza de Fredy Rendón “El alemán”, y guerrilleros del Frente 58 de las Farc, Bloque José María Córdoba comandado por Joverman Sánchez “El manteco”. Se enfrentaron por el control territorial de este corredor estratégico hacia el océano Pacífico.
El 2 de mayo la historia de Bojayá cambió: 79 personas, 48 de ellos niños, murieron, 98 quedaron heridos, atrapados en la iglesia adonde habían llegado junto a otros 200 vecinos en busca de refugio y protección. Aterrorizados por las balas cruzadas, por el estruendo. Con ellos estaba el padre Antún Ramos, un religioso de la Diócesis de Quibdó querido como ninguno otro por la gente.
Eran las once de la mañana cuando la iglesia fue el blanco de un cilindro bomba lanzado por guerrilleros de las Farc. Impactó el techo y se estrelló contra el altar. La fuerza de la onda explosiva desmembró cuerpos, los lanzó contra las paredes. Se incendió el templo y decenas de cadáveres quedaron tendidos sobre los mosaicos ensangrentados del piso de la iglesia. Los heridos no lograban salir. Silencio. Gritos de angustia. Todo fue dolor y miedo. El fotógrafo Jesús Abad Colorado consiguió llegar: registró el horror.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Oscar Collazos / Pesadillas / La masacre de Bojayá


Oscar Collazos

Pesadillas

LA MASACRE DE BOJAYÁ
Diez años después

"A veces me sueño que estoy mirando el río y me parece ver a mi abuela y a mi hermanita venir en la panga", le confesó a la periodista Jineth Bedoya una de las sobrevivientes de la masacre de Bojayá. "Me estiran los brazos y yo también las quiero abrazar, pero cuando ya están frente a mí, los hombres armados que les están apuntando les disparan y las botan al río... Luego, el agua se vuelve toda roja. Ahí me despierto y me doy cuenta de que no era una pesadilla, es verdad."

Este no es sino uno de los dramáticos testimonios dados durante diez años por los sobrevivientes de la masacre. Hablan por las 119 víctimas de la atrocidad cometida por las Farc el 2 de mayo del 2002, cuando tomaron la demencial decisión de arrojar un cilindro bomba a la iglesia donde se refugiaban más de 500 personas.