Lucía Solla Sobral
Comerás floresFRAGMENTO
El día en el que mi padre murió, hacía sol y yo tenía hambre. Mi padre murió y bajé a Frida a hacer pis. Mi padre muerto y yo lavándome el pelo, eligiendo pendientes, probándome blusas. Ese día tuve que comprar el pan exactamente como cada día, ni muy tostado ni muy crudo, tender la ropa a la vuelta del tanatorio y ponerme los retenedores antes de dormir. Esa noche, vi a mi sobrino llorar y reír. Yo también lloré y reí. No sabíamos qué hacer con tanto dolor en los pulmones. Por las mañanas, me despertaba como si me hubiese quitado un peso de encima. El de la espera constante a la muerte desde la silla para las visitas. Papá había muerto y ya no tenía que esperar a que muriese más. Escuchaba sus zapatillas arrastrándose por el pasillo a la misma hora a la que él se levantaba de madrugada para ir al baño, pero papá ya estaba muerto y sus zapatillas guardadas en el neceser que trajimos de vuelta del hospital. Su teléfono seguía sonando, porque su operador no sabía aún que papá estaba muerto. Al principio, no quisimos dar de baja la línea. No por si volvía, sino porque la muerte es contagiosa y se nos quitaron un poco las ganas de vivir o, al menos, las de continuar con los trámites. A veces, contestaba esas llamadas. Eran de algún conocido despistado que decía: jefe, ¡que hace mucho que no te molesto! Y tenía que decirle que papá había muerto y que sí, que ya fue el funeral y que sí, que llevaba unos meses muy mal y que sí, que era normal que no se hubiese dado cuenta si no lo había visto últimamente por la calle con veinte kilos menos, un bastón y un parche en el ojo. Otras veces, era un amigo con alzhéimer que lo quería invitar a comer lamprea. Algunos días le explicaba que papá ya no estaba y otros le decía que le pasaría el recado. Mamá, aún hoy, cuando se encuentra a alguien que no se ha enterado todavía, se bloquea y se desangra y escarba y se va, porque siente que al decir que papá ha muerto lo está volviendo a matar. No dice muerto. Nunca. Yo tampoco fui capaz hasta muchos meses después. Mientras tanto, dije mi padre no está, se fue, nos dejó, no tengo padre, falleció. No sé si es verdad eso de que no tengo padre, pero sí que tardé mucho en decir que el padre que yo tenía murió.