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domingo, 21 de diciembre de 2025

Cuando los intelectuales aplauden el fascismo

 

E. Ionesco, E. M. Cioran, M. Eliade
Emil Cioran, Eugène Ionesco y Mircea Eliade (de izquierda a derecha), en la Place Furstenberg, París, en 1977.LOUIS MONIER (GAMMA-RAPHO / GETTY IMAGES)


Cuando los intelectuales aplauden el fascismo

Muchos pensadores apoyaron regímenes fascistas en la década de 1930, un precedente que resulta muy inquietante hoy en día

viernes, 28 de enero de 2022

Graham Sutherland / La calca y el pellizco

William Somerset Maugham
Graham Sutherland,1949

 

La calca y el pellizco

Jesús Silva-Herzog Márquez

1 de noviembre de 2018


Graham Sutherland, el admirable pintor inglés, llegó tarde al retrato. El primero que hizo fue de Somerset Maugham. Le advirtió que se trataba de un experimento. El cuadro resultó potentísimo. Frente a su modelo, el vanguardista pensaba en dos formas de entender el arte en el que incursionaba: fidelidad o juicio. Registrar lo que uno tiene delante de sí o evaluar lo que se tiene en frente. El verdadero retratista logra las dos cosas: es fiel porque es punzante. Sutherland supo mejor que nadie lo que dolía el pellizco de la tela. Simon Schama cuenta la historia en su fascinante historia del retrato británico. La fama que pronto adquirió Sutherland como retratista llevó al Parlamento a considerarlo para una encomienda extraordinaria. Los parlamentarios querían ofrecerle un regalo a Winston Churchill que cumplía 80 años y pensaron en un retrato del primer ministro para que viviera por siempre en las galerías de Westminster. El retratista sería Sutherland. Posaría para él durante varios días. Fue, al parecer, un modelo incómodo. No estaba quieto. Hablaba demasiado. El mayor trabajo lo hizo el pintor en su estudio, con base en una serie de fotografías que le tomó. Al ver su retrato Churchill se mostró indignado. Le pareció espantoso. Llegó a escribirle al pintor que no creía correcto que se exhibiera públicamente. A pesar de ello, el parlamento lo mostró en el homenaje. El lienzo se descubriría en la ceremonia pública que trasmitía en vivo la BBC. Al recorrerse la cortina y admirarse el enorme cuadro, Churchill solamente acertó a decir: este retrato es un ejemplo notable del arte moderno. El mensaje era claro. El óleo era moderno porque era horripilante. La galería estalló en una carcajada. El pintor era humillado públicamente. El hombre de poder se vengaba de su retratista. Correría por parte de su esposa la venganza del retrato. Lo escondió en la bodega de su casa, pero poco después decidió destruirlo. Pasaría por el fuego para que no quedara rastro de la ofensiva tela.

lunes, 13 de enero de 2020

Cioran / La última pasión Prohibida

Friedgard Thoma y Emil Cioran en agosto de 1981

Emil Cioran

La última pasión prohibida

Friedgard Thoma, una joven profesora alemana, tenía 35 años cuando a comienzos de los 80 envió una arrebatada carta, pletórica de admiración, a un Emil Cioran que rondaba los 70. Comenzaba así una relación sentimental, llena de aristas, desencuentros y pasión, de la que Thoma da cuenta en 'Por nada del mundo. Un amor de Cioran' (Hermida)

Nuria Azancot
10 de diciembre de 2019

Cioran
David Levine
Antes de conocerlo y de entablar una amistad que se convirtió en un amour fou y después en una amistad íntima cargada de reproches, Friedgard Thoma (Colonia, 1946) escribió a Cioran,

a finales de enero de 1981 o comienzos de febrero, no lo recuerda bien, una carta en la que le confesaba su felicidad por haber encontrado al fin a un autor que escribía “osadías reconfortantes”, a veces “con la serenidad solitaria de Robert Walser”. También negaba que sus escritos pudieran mover a la depresión, como algunos decían. Más aún, proclamaba que “en tiempos de la mayor tristeza su obra ejerce en mí una influencia alentadora y regeneradora”.

lunes, 29 de agosto de 2016

Cioran / Scott Fitzgerald



E.M. Cioran
LA EXPERIENCIA PASCALIANA
DE UN NOVELISTA NORTEAMERICANO:
SCOTT FITZGERALD


La lucidez es en algunas personas un don primordial, un privilegio e incluso una gracia. No tienen necesidad alguna de adquirirla: están predestinados a ella. Todas sus experiencias concurren para hacerles transparentes a sí mismos. Aquejados de clarividencia, ésta les define tanto que la padecen sin sufrir. Si viven en una crisis perpetua, la aceptan naturalmente pues es inmanente a su existencia. En otras personas, por el contrario, la lucidez es un resultado tardío, el fruto de un accidente, de una fractura interior sobrevenida en un momento dado. Hasta entonces, encerrados en una agradable opacidad, se adherían a sus evidencias sin sopesarlas ni descubrir su vacío. Y de repente un día se encuentran desengañados y como lanzados, a pesar de ellos mismos, en la carrera del conocimiento, tropezando entre verdades irrespirables, para las cuales nada les había preparado. De ahí que sientan su nueva condición no como un favor, sino como un “golpe”. A Scott Fitzgerald nada le había preparado a afrontar o soportar estas verdades irrespirables. El esfuerzo que hizo para acomodarse a ellas no carece de patetismo. 

martes, 17 de mayo de 2011

Cioran / El último delicado



París, 10 de diciembre de 1976

Querido amigo:

El mes pasado, durante su visita a París, me pidió usted que colaborara en un libro de homenaje a Borges. Mi primera reacción fue negativa; la segunda también. ¿Para qué celebrarlo cuando hasta las universidades lo hacen? La desgracia de ser conocido se ha abatido sobre él. Merecía algo mejor, merecía haber permanecido en la sombra, en lo imperceptible, haber continuado siendo tan inasequible e impopular como lo es el matiz. Ese era su terreno. La consagración es el peor de los castigos -para el escritor en general y muy especialmente para un escritor de su género. A partir del momento en que todo el mundo lo cita, ya no podemos citarle o, si lo hacemos, tenemos la impresión de aumentar la masa de sus "admiradores", de sus enemigos. Quienes desean hacerle justicia a toda costa no hacen en realidad más que precipitar su caída. Pero no sigo, porque si continuase en este tono acabaría apiadándome de su destino. Y tenemos sobrados motivos para pensar que él mismo se ocupa ya de ello.
Creo haberle dicho un día que si Borges me interesa tanto es porque representa un espécimen de humanidad en vías de desaparición y porque encarna la paradoja de un sedentario sin patria intelectual, de un aventurero inmóvil que se encuentra a gusto en varias civilizaciones y en varias literaturas, un monstruo magnífico y condenado. En Europa, como ejemplar similar, se puede pensar en un amigo de Rilke, Rudolf Kassner, que publicó a principios de siglo un excelente libro sobre la poesía inglesa (fue después de leerlo, durante la última guerra, cuando me decidí a aprender el inglés) y que ha hablado con admirable agudeza de Sterne, Gogol, Kierkegaard y también del Magreb o de la India. Profundidad y erudición no se dan juntas; él había logrado sin embargo reconciliarlas. Fue un espíritu universal al que sólo le faltó la gracia, la seducción. Es ahí donde aparece la superioridad de Borges, seductor inigualable que llega a dar a cualquier cosa, incluso al razonamiento más arduo, un algo impalpable, aéreo, transparente. Pues todo en él es transfigurado por el juego, por una danza de hallazgos fulgurantes y de sofismas deliciosos.
Nunca me han atraído los espíritus confinados en una sola forma de cultura. Mi divisa ha sido siempre, y continúa siéndolo, no arraigarse, no pertenecer a ninguna comunidad. Vuelto hacia otros horizontes, he intentado siempre saber qué sucedía en todas partes. A los veinte años, los Balcanes no podían ofrecerme ya nada más. Ese es el drama, pero también la ventaja de haber nacido en un medio "cultural" de segundo orden. Lo extranjero se había convertido en un dios para mí. De ahí esa sed de peregrinar a través de las literaturas y de las filosofías, de devorarlas con un ardor mórbido. Lo que sucede en el Este de Europa debe necesariamente suceder en los países de América Latina, y he observado que sus representantes están infinitamente más informados y son mucho más cultivados que los occidentales, irremediablemente provincianos. Ni en Francia ni en Inglaterra veía a nadie con una curiosidad comparable a la de Borges, una curiosidad llevada hasta la manía, hasta el vicio, y digo vicio porque, en materia de arte y de reflexión, todo lo que no degenere en fervor un poco perverso es superficial, es decir, irreal.
Siendo estudiante, tuve que interesarme por los discípulos de Schopenhauer. Entre ellos, un tal Philip Mainlander me había llamado particularmente la atención. Autor de una Filosofía de la Liberación, poseía además para mí el aura que confiere el suicidio. Totalmente olvidado, yo me jactaba de ser el único que me interesaba por él, lo cual no tenía ningún mérito, dado que mis indagaciones debían conducirme inevitablemente a él. Cuál no sería mi sorpresa cuando, muchos años más tarde, leí un texto de Borges que lo sacaba precisamente del olvido. Si le cito este ejemplo es porque a partir de ese momento me puse a reflexionar seriamente sobre la condición de Borges, destinado, forzado a la universalidad, obligado a ejercitar su espíritu en todas las direcciones, aunque no fuese más que para escapar a la asfixia argentina. Es la nada sudamericana lo que hace a los escritores de aquel continente más abiertos, más vivos y más diversos que los europeos del Oeste, paralizados por sus tradiciones e incapaces de salir de su prestigiosa esclerosis.
Puesto que le interesa saber qué es lo que más aprecio en Borges, le responderé sin vacilar que su facilidad para abordar las materias más diversas, la facultad que posee de hablar con igual sutileza del Eterno Retorno y del Tango. Para él cualquier tema es bueno desde el momento en que él mismo es el centro de todo. La curiosidad universal es signo de vitalidad únicamente si lleva la huella absoluta de un yo, de un yo del que todo emana y en el que todo acaba: comienzo y fin que puede, soberanía de lo arbitrario, interpretarse según los criterios que se quiera. ¿Dónde se halla la realidad en todo esto? El Yo, farsa suprema. El juego en Borges recuerda la ironía romántica, la exploración metafísica de la ilusión, el malabarismo con lo ilimitado. Friedrich Schlegel, hoy, se halla adosado a la Patagonia.
Una vez más, no podemos sino deplorar que una sonrisa enciclopédica y una visión tan refinada como la suya susciten una aprobación general, con todo lo que ello implica. Pero, después de todo, Borges podría convertirse en el símbolo de una humanidad sin dogmas ni sistemas, y si existe una utopía a la cual yo me adheriría con gusto, sería aquella en la que todo el mundo le imitaría a él, a uno de los espíritus menos graves que han existido, al último delicado.

lunes, 16 de mayo de 2011

Cioran / Dios y la soledad

Fotografía de Brigitte Niedermair

E. M. Cioran
Dios y la soledad

Si Dios creó el mundo, fue por temor de la soledad; ésa es la única explicación de la Creación. Nuestra razón de ser, la de sus criaturas, consiste únicamente en distraer al Creador. Pobres bufones, olvidamos que vivimos dramas para divertir a un espectador cuyos aplausos todavía nadie ha oído sobre la tierra… Y si Dios ha inventado a los santos —como pretexto de diálogo— ha sido para aliviar aún más el peso de su aislamiento.
         Por lo que a mí respecta, mi dignidad exige que Le oponga otras soledades, sin las cuales yo sólo sería un payaso más.


E. M. Cioran
De lágrimas y de santos
Barcelona, Tusquets, 1998


domingo, 15 de mayo de 2011

Cioran / Santas y putas


Fotografía de Brigitte Niedermar

E. M. Cioran
SANTAS Y PUTAS

Hay en la obsesión de lo absoluto un gusto por la autodestrucción. De ahí la fascinación que ejercen el convento y el burdel. “Celdas” y “mujeres” por todas partes. El asco de vivir crece tanto a la sombra de las santas como de las putas.


E. M. Cioran
De lágrimas y de santos
Barcelona, Tusquets, 1998


sábado, 14 de mayo de 2011

Cioran / Dios y las mujeres


Fotografía de Brigitte Niedermair

E. M. Cioran
DIOS Y LAS MUJERES

La obsesión divina es incompatible con el amor terrestre. No se puede amar apasionadamente a la vez a una mujer y a Dios. La mezcla de dos eróticas irreductibles crea una oscilación interminable. Una mujer puede salvarnos de Dios, igual que Dios puede librarnos de todas las mujeres.


E. M. Cioran
De lágrimas y de santos
Barcelona, Tusquets, 1998


jueves, 31 de marzo de 2011

Cioran / El círculo de la soledad

E. M. Cioran según Scianmarella

E. M. Cioran
EL CÍRCULO DE LA SOLEDAD

Nadie puede conservar su soledad si no sabe hacerse odioso.

Vivo únicamente porque puedo morir cuando quiera: sin esa idea del suicidio, hace tiempo que me hubiera matado.

Cuando desde mi buhardilla contemplo la ciudad, me parece que en ella tan honrado es ser sacristán como proxeneta.

Se deja de ser joven cuando ya no se escogen los enemigos, cuando uno se contenta con los que ya tiene a mano.

Nuestro rencor proviene del hecho de haber quedado por debajo de nuestras posibilidades sin haber podido alcanzarnos a nosotros mismos. Y eso nunca se lo perdonaremos a los demás.

Levantarnos como un taumaturgo resuelto a poblar su jornada de milagros, y caer de nuevo en la cama para rumiar hasta la noche penas de amor y de dinero…

En cuanto un animal se trastorna, comienza a parecerse al hombre. Observen a un perro furioso o abúlico: parece como si esperara a su novelista o a su poeta.

Toda experiencia profunda se formula en términos de fisiología.

La lisonja transforma a una persona de carácter en una marioneta, y bajo la influencia de su dulzura, los ojos más vivos adquieren durante un instante expresión bovina. Insinuándose más allá de la enfermedad y alterando a la vez las glándulas, las entrañas y el espíritu, es la única arma de la que disponemos para dominar a nuestros semejantes,  para pervertirlos y corromperlos.


¿Por qué retirarnos, por qué abandonar la partida cuando nos quedan aún tantos seres a quienes decepcionar?


Sueñas con incendiar el universo y ni siquiera has logrado comunicar tu fuego a las palabras, ni siquiera has conseguido encender una sola…


Envejeciendo aprendemos a convertir nuestros terrores en sarcasmos.


No me pidáis más mi programa: ¿no es uno respirar?

Todo acto halaga a la hiena que hay en nosotros.

Sólo se descubre un sabor a los días cuando se escapa a la obligación de poseer un destino.

Cuando más indiferentes me son las personas, más me turban; y cuanto más las desprecio, menos puedo acercarme a ellas sin tartamudear.

El mendigo es un pobre que, ansioso de aventuras, ha abandonado la pobreza para explorar las junglas de la piedad.

Qué lastima que para llegar a Dios haya que pasar por la fe…

Su cinismo es la forma de su honestidad.

No medimos nuestras propias fuerzas más que en la humillación.

E.M. Cioran
Silogismos de la amargura
Caracas, Monte Ávila Editores, 1980