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miércoles, 27 de mayo de 2020

Federico García Lorca / Al desnudo en un cómic










Lorca, al desnudo en un cómic


El hispanista Ian Gibson y el dibujante Quique Palomo firman 'Vida y muerte de Federico', una valiente biografía del poeta en viñetas que Ediciones B acaba de publicar


Isabel Vargas
Granada, 10 de noviembre de 2018


No es la primera vez que Lorca salta a las páginas de un cómic
. Sin ir más lejos, Carles Esquembre publicó en abril de este año Lorca. Un poeta en Nueva York, un maravilloso volumen donde se recrea con pulcritud, cariño y estilo la estancia del dramaturgo en la Gran Manzana y el impacto que ésta tuvo en su obra. Otro ejemplo, algo menos reciente y no tan ligado al autor, es La araña del olvido de Enrique Bonet. El dibujante malagueño afincado en Granada cuenta la historia real de Agustín Penón, un escritor norteamericano que llegó en 1955 a Granada dispuesto a esclarecer el asesinato del escritor.

El hispanista Ian Gibson y el ilustrador Quique Palomo (El golpe) firman ahora Vida y muerte de Federico García Lorca (Ediciones B), una valiente biografía del autor granadino en viñetas. "Ya nadie se lee una biografía de 500 páginas. Ni siquiera si es la del poeta español más universal. Ahora todos están como locos con el móvil", reprocha Gibson. El cómic permitirá al lector conocer "de primera mano" y "sin tapujos" la historia del genio literario desde su nacimiento en Fuente Vaqueros hasta el día de su asesinato.

miércoles, 17 de julio de 2019

Ian Gibson / García Lorca es el desaparecido más famoso, más amado y más llorado del mundo

Federico García Lorca




IAN GIBSON






"El poeta granadino 

es el desaparecido más famoso, 

más amado y más llorado 

del mundo"


El investigador revisa el primer libro de su amplia obra, 
'La muerte de Lorca', cuando se cumple casi medio siglo 
de su publicación 
BIOGRAFÍA DE FEDERICO GARCÍA LORCA

Isabel VARGAS
Granada, 28 Abril, 2018 - 02:34h


-La muerte de Federico García Lorca y la represión nacionalista de Granada, que publicó Ruedo Ibérico en 1971, se ha convertido en un clásico. Los nuevos datos aparecidos durante estos años le han obligado a revisarlo y ahora publica en Ediciones B El asesinato de Lorca. Asegura que en los hechos fundamentales tiene el mismo convencimiento, pero ¿qué ha modificado en esta puesta a punto?
-El libro se publicó hace casi medio siglo. Se han publicado varias ediciones, pero no había hecho una revisión a fondo en mucho tiempo. Es un libro importante para mí, y quería hacer una versión totalmente al día. Hay bastantes materiales nuevos.

domingo, 14 de julio de 2019

Ian Gibson / Toda una vida junto a Lorca


Federico García Lorca


Ian Gibson, toda una vida junto a Lorca

Los principales libros del hispanista sobre el poeta se reeditarán en coincidencia

con el 80º aniversario de su fusilamiento

Jesús Ruiz Mantilla
Madrid, 18 de enero de 2016


Ian Gibson, fotografiado la semana pasada en su casa de Madrid.
Ian Gibson, fotografiado la semana pasada en su casa de Madrid. BERNARDO PEREZ

La vida con Lorca es un fino peregrinaje que porta la mochila a cuestas de la injusticia. Tiene sus satisfacciones, según Ian Gibson (Dublín, 1939), como no haber renunciado a la lealtad de la revelación que su obra impone. Y sus momentos de pesadumbre: los derivados de darse cuenta de que aún, en este país, algunos prefieren las sombras a la luz. Su biógrafo lo sabe.

Toda su carrera, desde que era un joven estudiante dublinés de 18 años, ha dedicado gran parte de su tiempo a desvelar los enigmas del poeta a lo largo de varias obras que serán reeditadas este 2016, cuando se cumplen 80 años del asesinato del escritor, cuyo cadáver sigue en paradero desconocido. “Es el desaparecido más famoso del mundo”, se lamenta Gibson.

sábado, 13 de julio de 2019

Manuel Vicent / El ratón, el sexo y García Lorca





El hispanista Ian Gibson, en el barranco de Víznar (Granada), en 2000.
El hispanista Ian Gibson, en el barranco de Víznar (Granada), en 2000. JUAN BARRIO

El ratón, el sexo y García Lorca

Ian Gibson, un dublinés llegado a España en los sesenta, fue quien se encontró con el fantasma de Federico



Manuel Vicent
6 de enero de 2018

Si el navegante digital deja que el ratón se explaye a su aire por la Red, guiado por su instinto se detendrá sin ninguna duda en cualquier noticia que tenga que ver con el sexo. Basta con escribir esta palabra para que todos los ratones del mundo comiencen a clicarla como si devoraran el queso más sabroso. El sexo y la dieta para adelgazar no tienen rival en las listas de lo más buscado en la Red, pero este interés también lo comparten dos personajes de la historia contemporánea, Adolf Hitler y Federico García Lorca. De hecho, si el ratón encuentra esos nombres en el camino, se detiene y comienza a hurgar. Por Hitler el ratón siente una diabólica fascinación y de Lorca le atrae la tragedia de su muerte que une la aureola prodigiosa de sus versos con el misterio de su cadáver no encontrado como si se tratara de un crimen actual todavía sin resolver.

El cómic de Lorca / Vida, muerte y homosexualidad, sin tapujos


El cómic de Lorca: vida, muerte y homosexualidad, sin tapujos

Ian Gibson y Quique Palomo llevan a viñetas la vida del poeta sin dejar de lado sus aspectos más ocultos ni su asesinato

Jesús Ruiz Mantilla
Madrid, 8 de noviembre de 2018

La pistola de una mano anónima apunta a su cabeza, cara a la muerte. El resplandor como tímido fondo de un cauto amanecer no borra la negrura de la noche. Olivos, pedruscos y la sombra del poeta rodean la fosa en los alrededores de Alfacar (Granada). Por la contraportada desfilan el resto de víctimas que acompañaron a Federico García Lorca en la hora final. A paso lento, le sigue Dióscoro Galindo, el maestro republicano y cojo de Pulianas. Al fondo, un guardia de asalto sujeta en lo alto del vehículo a uno de los banderilleros anarquistas —Francisco Galadí o Joaquín Arcollas— que cayeron también en aquella jornada de odio, sangre y hiel…

viernes, 22 de febrero de 2019

Ian Gibson / “Machado está bien en Colliure. Si se llevan a la momia del Valle de los Caídos, quizás pueda volver”

Ian Gibson ante la tumba de Antonio Machado en Colliure. 

Ian Gibson: “Machado está bien en Colliure. Si se llevan a la momia del Valle de los Caídos, quizás pueda volver”

El hispanista publica un libro sobre el poeta sevillano muerto en Colliure cuando se cumplen 80 años de su fallecimiento


Jesús Ruiz Mantilla
Madrid, 19 de febrero de 2019

Con uno de esos días azules y quizás iluminados por destellos de aquel sol de la infancia, el mismo que se presentó en su busca como una premonición de despedida desde aquel patio de su infancia en Sevilla hasta el Mediterráneo... Como un digno homenaje a esos versos inconclusos que se encontraron en su gabán, cuando Antonio Machado murió en Colliure, a pocos kilómetros de la frontera con España, un 22 de febrero de 1939, Ian Gibson ha regresado al pequeño pueblo de pescadores francés, a la pensión donde se alojó el poeta y le prestaron camisas con que repeler la humedad de su diáspora. Allí reposa en el pequeño cementerio como símbolo de una vergüenza colectiva, envuelto en flores y banderas republicanas: “Si Lorca representa a los fusilados; Machado, a los exiliados”, dice Gibson.

lunes, 17 de junio de 2013

Joyce / Dublín en el Bloomsday


Joyce acude al rescate de Dublín en el Bloomsday

Fiesta e ironía anticrisis en la conmemoración anual del día en que el autor irlandés situó la acción de su 'Ulises'

Juan Cruz  Dublín 17 JUN 2011


Es el Bloomsday de la crisis.
La novela de James Joyce Ulises, que detuvo para la historia la ciudad de Dublín en el día 16 de junio de 1904 desata, desde 1954, una celebración insólita en la capital de Irlanda.
Este año no han faltado los desayunos con riñones, las parrandas callejeras que recitan los textos de Joyce; no falta el humor tan joyceano, ni las excursiones de escolares pulcros, vestidos como hace un siglo, hasta la mítica Torre Martello.
No falta nada, pero sobre Dublín hay un manto de parálisis que Joyce describió y que regresa con él como un símbolo de esta fiesta. Aunque haga sol, y ayer vino y se fue, y volvió otra vez. Este Bloomsday, al que hace seis años se sumó una insólita troupe de escritores españoles, es el año de la crisis, el año del desorden mundial que a Irlanda le ha dado en el hígado, o en los riñones.

Vila-Matas: "Esta ciudad se salvó de la destrucción, cuando se dejó de construir"

En los carteles se leía: "La señora Bloom dice sí a la justicia económica"
Los escritores españoles que vienen a Dublín a celebrar el Bloomsday, y que ayer tarde realizaron junto a la Torre Martello sus ritos de la Orden de Finnegans, le pusieron a este Bloomsday el apodo de "Lo Desorden". Como dice Enrique Vila-Matas, cuya reciente novelaDublinesca es una especie de vademécum de la Orden, ese "Lo" es como el "Lo Pelat del ex futbolista De la Peña". Pero aquí significa la evidencia "de que vivimos la consecuencia de los egoísmos mundiales, que han creado un orden perverso".
Eso lo dice Malcolm Otero, el editor de la Orden, a la que también pertenecen los escritores Eduardo Lago (el autor de [sic] el emblema de este año: "¡Vila Lo Desoden!"), Antonio Soler y Jordi Soler. Ellos coinciden: Joyce creó un orden con el Ulises, edificó su novela sobre los hombros de Leopold Bloom, "un héroe de la modernidad", y lo hizo vivir en una sociedad a la que tuvo que enfrentarse como Don Quijote y como Sancho a la vez. Anthony Burgess, un antecedente ilustre de esta visión, lo dijo en esta línea: "Bloom es todos los hombres modernos".
Pues si este hombre moderno es, en efecto, un irlandés afectado por Lo Desorden que estamos viviendo, ayer estaba en las calles de Dublín, "en medio de una ciudad que se salvó de su destrucción", decía Vila-Matas, "gracias a que de pronto ya no se construyó más". Así que, paradójicamente, lo poco que quedaba de la geografía del Ulises se mantuvo merced a la crisis que ahora acogota al Bloom que son los irlandeses.
Ese espíritu ante la crisis no está exento de la fiesta. "Aunque los irlandeses no somos como otros europeos: nosotros ponemos cara de preocupación y luego pedimos otra copa". Quien nos decía esto, junto al David Byrne, el pub más emblemático de los sitios de Ulises, estaba al frente de un coro que llamaba la atención sobre los que han llevado al paro al 15% de la población y al país al cesto de los PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia, España).
Decía este hombre, John Bissett, un trabajador comunitario que llevaba su Ulises en la mano: "La gente está deprimida, el capitalismo financiero nos ha puesto con la soga al cuello, y además no nos da margen para sacar al país del atolladero". Este será "el invierno de nuestro descontento", "será un tiempo muy severo para muchísima gente que en Navidad no tendrá cómo calentarse". ¿La solución? "No al FMI, que se vaya Trichet, que se acabe el socialismo para los ricos".
Todo eso que se decía con palabras ante el pub de Bloom lo decían los devotos de Joyce que paseaban con pancartas en las que se leían sucesivamente estas palabras que imitan el estilo del Ulises: "La señora Bloom dice sí a la justicia económica y el señor Bloom dice no al FMI y al rescate capitalista".
¿Afecta esto al humor de la fiesta?. "No, a Bloom no se lo puede vencer", me dijo Daithi Downe, un joyceano que trabaja para un servicio que atiende a los que no tienen dónde vivir.
Los españoles de la Orden de Finnegans hicieron de su pasión por Joyce una jornada gozosa. Ellos gritan, antes de sus lecturas: "¡Gracias! Qué grandes estamos esta mañana". Estuvieron en todas las ceremonias, leyeron con los joyceanos, y armaron dama de la orden (hasta ahora no había mujeres) a Maura Walsh, la carnicera más elegante de Dublín. No pudieron cumplir el rito ni con Ray Loriga ni con Marcos Giralt Torrente, que por una u otra razón no fueron a Dublín. Fueron "espumados", que es una manera de "tacharlos un poco" de la Orden. La Orden no permite desórdenes, como Joyce, por cierto.


Canciones, lecturas y pintas de cerveza para celebrar a Joyce

Francesco Manetto Madrid 17 JUN 2007

El 16 de junio de 1904, Dublín amaneció soleado. Al menos en una de las novelas más representativas del siglo XX. En las páginas de Ulises,del escritor irlandés James Joyce, Leopoldo Bloom y Stephen Dedalus vagan por la ciudad de la mañana hasta la madrugada del día siguiente. Ayer, en cambio, Madrid estuvo cubierto de nubes. Pero la lluvia no deslució las celebraciones del Bloomsday, el día en que, desde 1954, decenas de miles de aficionados a Joyce recuerdan en todo el mundo las hazañas de sus héroes literarios. Eso sí, los más de 2.000 irlandeses residentes en la capital se tuvieron que conformar con un Irish Pub del centro.
"Después de San Patricio, éste es el día más importante para Irlanda. No es exactamente una fiesta nacional, aunque sí es una gran cita cultural internacional", explicaba ayer Peter Gunning, embajador de ese país en España. Junto a él, centenares de personas homenajearon al escritor, pinta en mano o vistiendo las camisetas verdes de la selección nacional de fútbol,
Para todos los auténticos forofos de la novela y los que no consiguieron pasar de las primeras páginas -"desde luego, el libro es bastante complicado", confesaba un grupo de chicas-, los actores interpretaron, en inglés y español, algunos de los pasajes más representativos de esaOdisea. La noche de Molly Bloom, el atrevido desayuno de "riñones de cordero a la parrilla" de Leopoldo Bloom, el capítulo dedicado a Circe, la discusión sobre Hamlet...
Entre una lectura y otra, organizadas en Madrid desde 2004 por Ray Smith y en las que participó también Beatriz Villacañas, profesora de la Universidad Complutense, algunos músicos añadieron un toque musical a la velada. Garrett and Colleen interpretaron, por ejemplo, un tema basado en el capítulo de Penélope que recordaba With or without you,
la canción de otra gloria nacional irlandesa: el grupo U2. Y, tal vez, alguno de los asistentes tuvo ayer la cita más importante de su vida. Igual que el mismísimo Joyce, quien, según la leyenda, eligió para su novela la fecha de una cita que tuvo con la camarera Nora Barnacle: precisamente el jueves 16 de junio de 1904.


Aromas de ausencia

Ian Gibson 22 JUNIO DE 2004


Lo primero que llama la atención son las fundas. La Isla Esmeralda se precia de ser un país literario, como se sabe, pero uno no estaba al tanto de que en los respaldos de los asientos de Aer Lingus figuran páginas de un raro y abigarrado manuscrito compuesto de frases sueltas de distintos autores, en alucinante mezcolanza de inglés y de celta. ¡Es demasiado! Con lectura tan peregrina ya nos fuimos preparando, al poco de despegar el avión rumbo a Dublín y los fastos del centenario del Bloomsday, para sumergirnos en el mundo enmarañado de Ulises y sus múltiples variantes y ediciones, dilucidadas en la magna exposición de la Biblioteca Nacional de Irlanda.
Dublín ha sido estos días una fiesta joyceana: conferencias, recitales, teatro al aire libre, un desayuno multitudinario para 10.000 comensales, simposios... y, por supuesto, infinitas conversaciones en torno al hombre y su obra. El 16, Bloomsday, le tocó a la capital un espléndido día mediterráneo -mar azul, cielo despejado y un sol que enrojecía la delicada piel de los incautos-, y las gentes acudieron masivamente a la torre de Sandycove donde, al borde de las olas "verdemoco", Joyce vivió los seis turbulentos días que inspiraron el primer capítulo de su genial novela. Entre los fans del escritor que hormigueaban por allí había un grupo de españoles que comentaban, animados, las alusiones a Andalucía contenidas en el monólogo de Molly Bloom ("hasta alude a Sierra Nevada", subrayaba uno de ellos).
Nada más aleccionador, para saber apreciar lo que tenemos cerca, que algunos días fuera. Tal vez sobre todo si, tras largo tiempo, uno regresa a su lugar natal. En Dublín fue imposible no pensar en el Machado que, veinte años después de abandonar Sevilla, vuelve un día a franquear la cancela de las Dueñas. ¿Qué sentiría entonces? El poema número VII de las Poesías completas algo nos dice al respecto. La fuente del patio no ha desaparecido, está todavía el limonero lánguido, pero hay en el ambiente un "aroma de ausencia" que hace imposible que el "yo poético" pueda captar, pese a sus esfuerzos, más que recuerdos convencionales. En otro poema temprano, y con evidente alusión a Freud, Machado afirma que "de toda la memoria / sólo vale / el don preclaro de evocar los sueños". Sospeché en Dublín que apenas exagera.
La presencia española actual en la capital irlandesa se acrecienta conLa pelota vasca, que se está proyectando en la Filmoteca, y la reciente inauguración en la Galería Nacional, tras su éxito en El Prado, de los estupendos bodegones de Luis Meléndez. Nunca hubo panes e higos como los suyos, y esta coliflor da ganas de sentarse ya a la mesa. Se le augura a la exposición un éxito de público (La ironía, una vez más, es que el pintor murió pobre y desconocido.)
Después del Bloomsday volvió el tiempo veraniego habitual en Irlanda, y hubo que conformarse con los sunshowers, la mezcla de lluvia y sol que ha inmortalizado, en su versión inglesa, T.S. Eliot, y que es tan característica de Erin como el sirimiri del Norte español. He de confesar que en Dublín, pese a sus muchos atractivos, he soñado, como Molly, con el luminoso Sur.

Dublín bebe, come y ríe a cuenta de Joyce

La ciudad se convierte en una fiesta literaria y gastronómica por el centenario del Bloomsday

Miguel Mora Dublín 17 JUN 2004


Miles de dublineses revivieron ayer la jornada del judío Leopold Bloom del 16 de junio de 1904 narrada por James Joyce en Ulises. La celebración del centenario del Bloomsday fue una fiesta literaria y gastronómica en la que abundaron los disfraces de Leopold y Molly Bloom, la música y el humor. Fue una celebración a lo grande en la que lectores y aficionados recordaron a Joyce, que situó su novela el mismo día en el que conoció a Nora Barnacle y que no publicó hasta 1922 en París. En Madrid, el Círculo de Bellas Artes acoge hasta el 31 de julio la exposición Joyce y España, que aporta documentos inéditos y descubre la relación que el escritor mantuvo con autores y artistas españoles.

Mitad fiesta literaria, mitad verbena popular glotona y borrachuza, Dublín celebró ayer el centenario del Bloomsday por todo lo alto bajo un sol y un calor impropios de su fama y entre carcajadas, lecturas, disfraces, teatro callejero, larguísimas colas para trincar bocadillos de casquería surtida y música como le gustaba a Leopold Bloom. Entre la morcilla con mostaza, beicon con salchichas y los inevitables toneles de cerveza Guinness, la capital irlandesa se puso ciega a conmemorar los cien años de las odiseas dublinesas de Bloom y Stephen Dedalus. Fue una fiesta espléndida sin miedo al ridículo ni caídas en lo pomposo ni lo solemne y en la que participaron miles de personas que tomaron del Ulises su parte más accesible, su lado más humorístico, esos monólogos y diálogos del habla local tan sabiamente dibujados por Joyce, y toda la tramoya satírica que el autor utilizó para retratar a unos paisanos que, por lo visto, siguen siendo los mismos.

"Todas las dublinesas tenemos el espíritu de Molly Bloom, somos muy terrenales"

Fue una fiesta espléndida sin miedo al ridículo ni caídas en lo pomposo
La celebración trata de reproducir cada año con exactitud erudita el recorrido callejero de casi 29 kilómetros, ocho de ellos a pie, que realizó el pobre Bloom en apenas 18 horas, desde las ocho de la mañana hasta las dos de la madrugada del día siguiente. Joyce situó la acción el 16 de junio porque fue ese día el que conoció a la que sería su mujer, la camarera de hotel Norma Barnacle. Así que a las ocho en punto unos fanáticos heroicos se bañaron en el mar de Irlanda junto a la torre Martello, en Sandycove, a nueve millas del centro de Dublín, y luego, una vez vestidos, pasaron a hacinarse en las estrecheces de la torrecilla para comenzar la lectura de la novela por el principio: cuando Buck Mulligan aparece vestido con una bata amarilla y se afeita mientras habla con Dedalus en la azotea de esa misma torre que hoy es un museo minúsculo.

Sólo media hora después empezó el desayuno pantagruélico a lo largo de toda la calle North Grate George, en el puro centro de la ciudad, donde tiene su sede el James Joyce Center. A esa temprana hora, cientos de personas estaban ya de romería y dándole a la Guinness como si fueran las tres de la mañana. Había señoras disfrazadas de Molly Bloom, señores con el bombín ridículo de Leopold, un señor que había venido andando desde Cork (cinco días de viaje) para celebrarlo, un clónico de Joyce con el parche y el monóculo negro en el ojo izquierdo, unos señores muy trajeados leyendo dentro la novela a toda pastilla como si se la supieran de memoria, una Molly metida en una cama paseando lujuriosa con la cama a cuestas, unos actores estupendos interpretando fragmentos de la novela en diversos escenarios, uno de ellos un autobús patrocinado por la marca de salchichas preferida del protagonista de Ulises.

Desde el piso alto del autobús se asomó de repente una pelirroja guapísima de ojos azules. Era la enésima Molly Bloom, pero ésta recitaba con verdadero talento: "Le di todo el placer que pude". Son las últimas páginas de Ulises. Molly habla de Ronda, del barco perdido en Algeciras, de las castañuelas, de las chicas andaluzas y del moro guapísimo que la puso contra la pared: "Yes". Poco después, la actriz bajó del autobús: "Me llamo Sarah Jane Shields. Soy de Dublín y llevo cinco meses ensayando este monólogo y otro más. Es el segundo año que vengo, pero éste es mucho mejor que el anterior. Hay muchísima más gente".
Por el cielo grazna una gaviota, en una esquina hay unos títeres centenarios, bastantes señoras que se aproximan mucho, tenderetes con
merchandising, una caja con los 22 CD del Ulises leído, varios bebés rollizos y dos niñas siniestras con una muñeca -"la pobre se va a morir mañana de tuberculosis", dicen-. Las más graciosas son tres Mollys talluditas más anchas que largas:
-Me siento como si tuviera cien años menos, creo que pertenezco a aquella época más que a ésta.
-A mí también me hubiera gustado ser Molly, pero no hace falta. Todas las dublinesas tenemos su espíritu, somos muy terrenales.
-Sobre todo tú, princesa.
A las diez en punto llega la presidenta de la República, Mary McAleese. La aplauden un poco, se meten en el edificio y la invitan a "unos riñones de cordero con leve aroma a orina", y también a mantequilla amarilla, embutidos, mazapanes... La fiesta es un rito laico y cachondo, relajado y pacífico, excéntrico y muy divertido. ¿Qué pensaría Joyce si lo viera? "Probablemente, se descojonaría", dice Jeremy Tallin, un cineasta inglés que vive en Finlandia y ha venido a rodar un documental sobre el centenario. "Ayer fui a la perfumería donde compra el jabón un personaje de la novela y me di cuenta de que es un libro para enfermos, para especialistas y fanáticos. De repente llegó un tipo a comprar ese jabón, y luego otro a lo mismo, y allí estábamos los tres hablando como unos perturbados sobre el puto jabón del Ulises. Ridículo, tío, totalmente ridículo".
En fin, quizá un poco, sobre todo si nos imaginamos la traducción española del asunto con las fuerzas vivas disfrazadas el día del Quijotey los académicos tomando queso manchego alrededor de los molinos. Pero el caso es pasarlo bien un rato, devolver algo de cariño a la gloria nacional que tanto prestigio ha dado a las letras de su país y tantos beneficios y turistas a su economía, hacerle llegar hasta su tumba en Zúrich que cien años después de su exilio Irlanda quiere por fin a James Joyce y, sobre todo, se ríe con él, bebe en su honor, se pone ciego a comer "los órganos internos de las bestias" como su antihéroe Leopold, ese judío marginal al que este pueblo, católico a ultranza, se entrega cada 16 de junio como si fuera un dios.


martes, 15 de junio de 2004

Joyce / Molly Bloom, entre sueños


James Joyce y Nora Barnacle
John Nolan


Molly Bloom, entre sueños


16 de junio de 2004. O sea, mañana. Centenario de la primera cita amorosa de Joyce con quien iba a ser la mujer de su vida. ¡Ay, Norah Barnacle, que le perdiste luego cuando tenía 58 años, tú que fuiste para él amante, madre, confidente, inspiración, calor, risa, consuelo, alma gemela, quitapenas, ironía, estrella en su noche oscura ("tranqui, Jim, que no pasa nada, que saldremos del apuro, volveremos a Irlanda unos días y compraremos ropa barata en Moore Street para toda la familia y terminarás el libro y serás el escritor más famoso del mundo...")!
La acción de Ulises -o sea el periplo de un día y una noche de Leopoldo Bloom por un Dublin sucio, charlatán, bebedor, corrosivo y cachondo mental- se inicia, como se sabe, en la mañana de dicho 16 de junio -¡vaya homenaje a Norah!- y termina con el famoso "Sí" complaciente, escrito con mayúscula y seguido de punto final (el único del episodio), pronunciado por Molly mientras se mueve entre sueños en la cama.
Si Joyce sólo hubiera escrito aquel monólogo interior habría bastado, seguramente, para que nunca dejáramos de agradecer su aportación a la literatura, es decir a la vida. Cuando la novela se publicó en París en 1922 fue precisamente tal secuencia onírica lo que más escandalizó a los miserables puritanos de siempre, y hubo intervenciones policiales tanto en los puertos británicos como en los de Estados Unidos para proteger a los buenos burgueses de tanta procacidad y porquería. Francia había sido la responsable, una vez más, de permitir la publicación de un texto obsceno y vil, y fue objeto, en consecuencia, de la renovada vituperación de los fariseos de ultra-Mancha, los mismos que poco tiempo atrás habían machacado con trabajos forzosos a otro irlandés genial y subversivo, Oscar Wilde. Cuando, allá por los años cincuenta, servidor empezó sus estudios de español en el Trinity College de Dublín, Ulises, tres décadas después de su publicación, estaba todavía prohibido en Irlanda -no ya en Gran Bretaña- y sólo se podía conseguir bajo cuerda. Todavía me produce vergüenza ajena el recuerdo de aquella afrenta.
La Irlanda de hoy es bien diferente, y Joyce toda una gloria nacional. La celebración de Bloomsday va a ser mañana por todo lo alto, y además coincide con el final de la eficaz presidencia irlandesa de la Unión Europea. En España, entre los actos programados, hay que destacar la reposición en Madrid, por Magüi Mira, de su magnífica interpretación del monólogo de Molly, tanto más convincente por cuanto ésta vuelve una y otra vez, mientras sueña, al Gibraltar y a la Andalucía de su infancia y adolescencia, entreverándose entre sus rememoraciones subliminales numerosas frases e imágenes españolas que han sido investigadas, en Sevilla, por el gran experto en Joyce Francisco García Tortosa. Para los que protestan que Ulises supera sus más fornidos esfuerzos, nada más recomendable que empezar con dicho monólogo en la magnífica traducción de la novela debida al mismo estudioso (editada por Cátedra). Hacerlo sería la mejor manera posible de honrar al genio dublinés en esta fecha tan señalada.

martes, 4 de junio de 2002

Ian Gibson / La soledad de Cernuda



LUIS CERNUDA

La soledad de Cernuda


Ian Gibson
4 de junio de 2002

Corre el mes de abril de 1937. Luis Cernuda, obsesionado con el asesinato de Lorca, compone en Valencia una elegía al amigo añorado. Poema desgarrado, terrible. Tal vez el más desgarrado y terrible de cuantos se dedicaron -y eran centenares- al genio inmolado.


Cuando A un poeta muerto (F.G.L.) se publicó unas semanas después en Hora de España, la gran revista republicana, una nota lacónica explicaba que, 'por desearlo así el autor', la 'versión' del poema allí dada a conocer era 'incompleta'. En realidad, sólo le faltaba una estrofa, la más comprometida. Me cuesta trabajo creer que expurgación tan brutal se hiciera por deseo del poeta. La estrofa suprimida dice: 'Aquí la primavera luce ahora./Mira los radiantes mancebos/Que vivo tanto amaste/Efímeros pasar juntos al fulgor del mar./Desnudos cuerpos bellos que se llevan/Tras de sí los deseos/Con su exquisita forma, y sólo encierran/Amargo zumo, que no alberga su espíritu/Un destello de amor ni de alto pensamiento'. Quitados estos hermosos versos, la elegía quedaba mucho menos comprometida... y Lorca mucho menos gay.
No había sitio para homosexuales ni en la España republicana ni en la otra.
Todo esto lo he recordado al leer unos comentarios de Eduardo Mendicutti sobre la exposición de Cernuda actualmente abierta al público en la madrileña Residencia de Estudiantes. Como señala el periodista, en el acto de presentación de la misma sólo Manuel Chaves tuvo la honradez de referirse a la homosexualidad del poeta sevillano, homosexualidad angustiada -gracias a la sociedad circundante- sin la cual ni Cernuda es Cernuda, ni su poesía la que tenemos. Según Mendicutti, pasó lo mismo unos días después -y ello es más grave- cuando participaron en una mesa redonda sobre el autor de Ocnos un grupo de poetas, y sólo Luis Antonio de Villena insistió sobre la necesidad perentoria de tener en cuenta la marginalidad sexual del sevillano a la hora de evaluar su obra.
Todavía estamos sin una biografía en condiciones de Cernuda, lo cual es muy de lamentar. Entretanto, la muestra de Madrid nos acerca dignamente al hombre, e incluye fotografías de gran interés. Llama la atención la exquisitez de Cernuda en el vestir -en una época en que todos iban muy peripuestos-, y la inmensa felicidad reflejada en la instantánea que le capta entre las olas de Málaga, en 1933, con un amigo, Gerardo Carmona, de quien confieso no saber nada. En otra foto mis ojos han visto por vez primera a quien fue uno de los predilectos de Cernuda, el joven ferrolano Serafín Fernández Ferro.
Hace ya unos años, Fernando Ortiz recordaba la extremada timidez de Cernuda -que se ruborizaba por un quítame allá esas pajas-, y contaba que incluso llegó a temer tanto el indiscriminado contacto humano que se cortaba él mismo el pelo. He abandonado la Residencia bajo la impresión, sobre todo, de la intensa soledad del hombre, de su casi permanente condición de insatisfecho radical. Ningún poeta de idioma español ha expresado con tanta nobleza, con tanta franqueza, con tanta fiereza, el derecho del individuo a vivir su vida. Y, sobre todo, el derecho de los que, no por elección propia, aman de manera distinta.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de junio de 2002

sábado, 19 de agosto de 2000

Federico García Lorca / Una brisa triste por los olivos

Federico García Lorca

Una brisa triste por los olivos

Granada, 19 de agosto de 2000


Todavía hoy, 64 años después, no se sabe ni dónde, ni cuándo. No se sabe a qué hora, ni quiénes, ni cómo, sacaron a Federico García Lorca de la colonia infantil de Víznar que los sublevados nacionales habían convertido en prisión, lo llevaron hasta un descampado muy próximo a la Fuente de Aynadamar (la Fuente de las Lágrimas, en árabe) y lo ejecutaron en compañía de dos toreros y un maestro de escuela. Nunca se encontraron ni su tumba ni su cuerpo. Pero el recuerdo de Lorca sigue sin poder borrarse. Anoche, centenares de granadinos volvieron a demostrarlo.El Parque García Lorca, de Alfacar, creado sobre el lugar en el que se supone que el autor de Yerma fue abatido, es, desde hace bastantes años, el lugar elegido para conmemorar la muerte del poeta español más importante del siglo XX. Ayer fue su biógrafo, el hispanista Ian Gibson, el encargado de rendir tributo no sólo a Lorca, sino a todas las víctimas anónimas que, por millares, fallecieron en las cunetas que unen los pueblos de Víznar y Alfacar, a 6 kilómetros de la capital. Unas cunetas que eran testigo de asesinatos arbitrarios, sin juicio ni derecho a defensa, de granadinos que pasaron a formar parte de la lista de desaparecidos de la barbarie.


Federico García Lorca

Gibson, que abrió el acto antes del concierto del pianista Juan Gallego, quiso recordar no sólo a Lorca sino a todas las víctimas de la Guerra Civil, y resaltó la generosidad del poeta, "cuya patria", dijo, "fue siempre el amor". "Lorca estuvo siempre al lado de los marginados, de los desheredados". El hispanista aprovechó su alocución para arremeter contra lo que considera el fascismo de hoy: "La única pena de muerte que ahora existe en España es la que aplican ETA y quienes la apoyan".

La actriz María Galiana, que leyó poemas de Divan del Tamarit, expresó su emoción por participar en el acto y visitar el lugar en el que el poeta fue ejecutado, un sitio del que dijo, coincidiendo con el actor Andy García, "en el que se respira mucha paz pese a toda la violencia que hubo".
Poco antes del estallido de la Guerra Civil, Lorca, que se había distinguido por ser apolítico, aunque también por su clara simpatía hacia la izquierda republicana, declaró en una entrevista a un periódico madrileño que en Granada se agitaba "la peor burguesía de España". "Es la tierra del chavico", decía.
Cuando se produjo la sublevación militar, Lorca se supo en peligro. Después de recibir varias visitas amenazantes, el autor de Poeta en Nueva York pidió ayuda a su amigo Luis Rosales, también poeta y miembro de una de las familias falangistas más influyentes de Granada. Rosales lo acogió en su casa durante una semana, hasta que integrantes de la CEDA, el partido de derechas de entonces, encabezados por el ex diputado Ramón Ruiz Alonso, se llevaron a Lorca. Nunca más se supo de él.
Granada, tomada por los rebeldes dos días después de la rebelión militar, era una ciudad en la que imperaba el terror impuesto por el gobernador civil José Valdés, que había dado a sus hombres carta blanca para que detuvieran, torturaran y asesinaran a quien creyeran conveniente. Según diferentes cálculos, al menos 8.000 personas fueron fusiladas, con o sin juicio, con o sin causa, en los tres primeros meses del conflicto.
Hasta hace unos años, aún podían verse en las tapias del cementerio los agujeros de las balas provocados por los fusilamientos sumarios. El Barranco de Víznar era el lugar al que llevaban a quienes eran detenidos por sospechas infundadas, denuncias falsas o simple capricho. Se calcula que hay allí entre 600 y 2.000 cadáveres. De García Lorca se supone que fue ejecutado junto a un olivo. Anoche, volvió a soplar una brisa triste.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de agosto de 2000