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miércoles, 31 de julio de 2024

César Aíra / Literatura Infantil

 




César Aíra

LITERATURA INFANTIL


Fue famosa la aversión de Borges por la literatura infantil. Hombre de otra época, era natural que la viera como una aberración, consecuencia deplorable de la expansión de la industria editorial y de la segmentación interesada de los mercados. Pudo tener otros motivos, el más patente, la formación de su gusto literario en la tradición inglesa, que fue la principal damnificada por la industria de lo infantil. Muchos clásicos ingleses parecían predestinados a la puerilización; Gulliver, Robinson Crusoe, Alicia, La isla del tesoro, Dickens, Wells, fueron objeto de criminales adaptaciones, simplificaciones, continuaciones, que no podían dejar de herir la susceptibilidad de un lector agradecido. Ahondando un poco en este sentimiento, habría que preguntarse por la relación intrínseca entre lectura e infancia, relación original, y persistente aun en un lector tan civilizado como Borges. Uno empieza a leer porque es un niño, porque no tiene otra cosa que hacer, porque está disponible para los sueños ajenos; esos motivos se mantienen intactos en el lector adulto, y le dan una buena razón para respetar al niño que fue. Los libros siguen siendo los mismos, la biblioteca establece una continuidad sin rupturas de los sueños, las historias, y el destino. Hasta que de pronto, en algún momento del siglo XX, hay una bifurcación y el continuo se rompe. Por abyectos motivos comerciales (no hay otros, en realidad) empiezan a aparecer, para el escandalizado desconcierto de Borges, libros para los niños que ya no leerán los adultos.

sábado, 6 de enero de 2024

Juan Tallón / Mientras haya bares

Marguerite Duras
Marguerite Duras

Mientras haya bares…


Juan Tallón
16 de mayo de 2013

Cuando todo te parece una mierda, y a lo mejor lo es, o no hallas refugio contra tus fantasmas, o cuando en casa hay demasiado ruido, incluso demasiado silencio, pero necesitas seguir escribiendo, siempre te queda el bar. De hecho, mientras haya infierno y bares cerca, hay esperanza. Nada está bastante perdido si todavía puedes dar un portazo, irte de casa y bajar al café. Claudio Magris es uno de esos escritores que no puede trabajar en casa, donde te acechan la familia y los objetos cotidianos. El bar es el sitio, sostiene, «donde la soledad se verifica en medio de los demás». Se trata de un espacio en el que «no se enseña nada, pero se aprende la sociabilidad y el desencanto». El novelista italiano acude a escribir casi siempre al Café San Marcos, en Trieste. Está acostumbrado a su torbellino, donde nada lo molesta. En Microcosmos, uno de sus más interesantes libros, rinde homenaje a los cafés. Joya del art nouveau, se trata del mismo local en el que Italo Svevo solía empezar sus mañanas, con la segunda caja de cigarrillos del día a medio fumar. No demasiado lejos de allí, en el Café Stella Polare, Svevo recibía clases de inglés de James Joyce, que también a menudo escribía en bares.

viernes, 18 de noviembre de 2022

16 escritores argentinos a tener en cuenta

 

Samanta Schweblin


16 escritores argentinos a tener en cuenta

Breve paseo por el panorama literario actual: desde el poeta Antonio Calveria, de 85 años, hasta el autor que se atrevió a engordar 'El Aleph' y ha sido denunciado por María Kodama




FRANCISCO PEREGIL
30 NOV 2014 - 08:11 COT



Lo que viene a continuación es un espejo de la literatura actual argentina, un reflejo de lo que se escribe en el país. Faltan y faltarán siempre escritores notables. Muchos de ellos, como Ana María Shua, Mempo Giardinelli, Liliana Heker, Alan Pauls, Eduardo Sacheri, Guillermo Martínez, Martín Kohan, Leopoldo Brizuela… O los poetas Jorge Fondebride, Diana Bellesi y Tamara Kamenszain, forman parte del grupo de 60 escritores invitados por el ministerio de Cultura argentino a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2014.

Otros no asistirán. En ese grupo se encuentran también escritores destacados como Sylvia Iparraguirre, Gabriela Cabezón Cámara, Federico Falco, Rodrigo Fresán, Jorge Asís, Pablo Ramos, Matilde Sánchez, Jorge Consiglio, Iosi Havilio, Juan Forn, Daniel Guebel, Pedro Mairal, Washington Cucurto, Sergio Schejfec, Patricio Pron; periodistas y escritores como Leila Guerriero, Martín Caparrós y Jorge Fernández-Díaz; poetas como Luis Benítez (“Anoche alguien derribó un árbol/ Que cumplía 3.000 años / Erguido sobre el campo”) y dramaturgos como Rafael Spregelburd.

martes, 24 de mayo de 2022

Los 30 libros recomendados por el Foro Formentor

 

César Aira pronuncia unas palabras tras recibir el premio Prix Formentor 2021.
JOSÉ MANUEL VIDAL


Los 30 libros recomendados por el Foro Formentor

Una guía provisional para leer a César Aira y obras sobre el viaje llenan la maleta al cierre del festival literario celebrado en Sevilla


Berna González Harbour
12 de octubre de 2021

Con César Aira, el premio Formentor de este 2021 que ve más sonrisas que mascarillas, ocurre un hecho tan singular como este autor argentino único: entre sus más de 120 obras publicadas nadie se pone de acuerdo en señalar la más emblemática, significativa o imprescindible. Se diría que hay un César Aira para cada lector y los que han coincidido en este foro celebrado los pasados días en Sevilla dibujan entre todos un mapa móvil y cambiante de su obra.

“Imaginen un enorme espejo al que alguien tira una piedra y ese choque genera una telaraña con multitud de pequeños fragmentos. La obra de Aira es ese gran espejo en multitud de trozos que van en muchas direcciones”, dice su editor en Francia, Clément Ribes. “Antes de venir aquí he preguntado a distintos lectores y no hay consenso. No se puede hacer una sistematización de su obra, sino presentar todas las ventanas a su universo”, secunda Miguel Aguilar, su editor en España y América Latina.

En esta indagación nada científica y nacida en dos días de debate, sin embargo, van surgiendo 16 libros entre esas novelas cargadas de humor, inteligencia y disparate y sus ensayos siempre desafiantes. Estos son los prescriptores y su elección:

Cumpleaños (1), La liebre (2) y Un episodio en la vida del pintor viajero (3) son acaso las tres más citadas en la encuesta informal que ha realizado Miguel Aguilar, editor del sello Literatura Random House, antes de venir a Sevilla. Él personalmente elige Cumpleaños.

Un episodio en la vida del pintor viajero, El congreso de literatura (4), Los fantasmas (5) y La prueba (6) son los cuatro que ha leído y traído el ensayista y periodista Jean François Fogel, que pregunta a los editores presentes en el foro si ha acertado.

“Esos cuatro libros pertenecen a un mismo grupo, que son los de la lógica disparatada y la fantasía que invade lo real”, diagnostica el editor francés, Clément Ribes. Él, por su parte, ha elegido ocho libros para ir publicando hasta 2025 y ha querido que pertenecieran a los distintos grupos que trabaja Aira: ensayo, disparate y los más personales como El tilo (7) o Pinceladas musicales (8). “Y ya es un éxito en Francia”, asegura Ribes. Su preferido no obstante es Prins (9), en el que “el humor, la noche de Buenos Aires y el juego sobre los tiempos resume bien la obra de Aira”.

Aleksi Siltala, su editor en Finlandia, publica uno cada dos o tres años, un ritmo en el que la lista de espera solo crece dado el trepidante ritmo de producción del argentino. Y a la selección comentada por Fogel, asegura, le falta Páramo (10). “Para mí es la más querida de Aira, en la que ironiza sobre editores y autores”. “No faltan obras, faltan los años para publicar todo”. Su libro favorito no obstante es Un episodio en la vida del pintor viajero: “Tan lírico, emocionante, diferente y único. Me conmovió mucho”.

Michael Gaeb, su agente literario, defiende siempre “la última” (y ríe). Y comparte el gusto por Páramo como una novela maravillosa en la que desfilan muchos de sus temas: la magia, los estafadores, contrabandistas y el humor grotesco.

Anna Caballé, escritora, crítica y miembro del jurado que le ha otorgado el premio, recupera el Diccionario de autores latinoamericanos (11) que un joven César Aira elaboró entre los nacidos antes de 1940 y que publicó a duras penas en pequeñas editoriales. “Cuando nació el proyecto, Wikipedia no existía. Late en él una necesidad de razonar y ajustar la literatura latinoamericana en función de un criterio subjetivo con una voluntad de nivelación y una propuesta implícita de canon”. Otro de los miembros del jurado, el traductor inglés Gerald Martin, elige El juego de los mundos (12), “una versión airana de la novela de H.G. Wells o del Viaje al centro de la tierra de Julio Verne. Y Francisco Ferrer Lerín, poeta y narrador, elige Sobre el arte contemporáneo y En la Habana (13), en el que Aira exhibe la perplejidad que le causa que los escritores no tengan enemigos, como les ocurre a los artistas; los relatos comprendidos en El cerebro musical (14); y Cómo me hice monja (15). El presidente del jurado y director de la Fundación Formentor, Basilio Baltasar, aporta el número 16: Sin testigos. “Por cómo expone la trampa metafísica emboscada en la realidad y la réplica prevista a cada una de nuestras acciones”, remata.

Pero no solo de César Aira vive el hombre y el Foro Formentor ha reunido otras mesas en las que cada autor defendió un libro en torno al tema de los náufragos, los peregrinos y los argonautas. Este es un resumen de lo más destacado:

Sobre náufragos:

Autorretrato de Edouard Levé, un libro de un solo párrafo en el que su autor navega hacia el naufragio de la depresión en 1.400 frases de un solo párrafo. “Él se ahoga en la tierra firme, en París, y necesita precisamente salir a viajar como tabla de salvación”, defiende el profesor Moisés Mori. Días antes de ahorcarse había entregado a su editor un manuscrito titulado Suicidio. “No puede haber un naufragio mayor”.

- Los mares náufragos, de Isabel Soler, profesora de literatura y cultura portuguesa que investiga el asunto desde hace 25 años.

- Relato de un náufrago, de Gabriel García Márquez, el reportaje que el autor colombiano convirtió en novela a partir de un suceso real: los diez días que un hombre pasa a la deriva en una balsa tras hundirse su barco.

Naufragio, de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, que narra la odisea de este navegante que, tras perder la nave, pasó diez años como “náufrago en tierra” por zonas americanas hasta que logró regresar a España. “Es un documento antropológico, una novela de aventuras, una autobiografía con tonos de novela picaresca y una obra inaugural de la épica del perdedor”, señaló Eva Díaz Pérez.

- Lluvia y otros cuentos, de William Somerset Maughan, libro poblado de náufragos vitales, aunque no literales, según palabras de Sònia Hernández.

Sobre argonautas

Los errantes, de la Nobel polaca Olga Tokarczuk, una novela móvil y sobre el movimiento desde un tiempo distinto al de los demás, un cuaderno de viajes con 16 historias que configuran un mapa particular en el que los vestíbulos de hoteles y aeropuertos se convierten en lugares de meditación, en palabras de Patricia Almarcegui.

Mi viaje a Lhasa, de Alexandra David-Néel, una francesa que viajó a la capital tibetana en 1924 y que reúne todo el arquetipo de lo heroico, en palabras de la editora Pilar Rubio. “Su epopeya dura catorce años tras ocho meses de penalidades para llegar disfrazada como medio peregrina, medio mendicante, con su pelo tiznado y sus andrajos”. David-Néel se había preparado intensamente como orientalista especializada en el Himalaya y dominaba varios dialectos tibetanos. Un libro sugerente para recuperar un siglo después.

El cuarteto de Alejandría, de Lawrence Durrell, una obra conseguida después de años de escritura tortuosa tras un arranque fecundo en Corfú con su esposa, sus hermanos y su madre ―una historia ampliamente difundida a partir de la serie Los Durrell―. “Larry odiaba Alejandría, llegó a escribir a Henry Miller para decirle que iba a morir allí, que lo odiaba, pero fue su revulsivo. Absorbió la magia de la ciudad, conoció a su musa y logró publicar en 1957 el primer tomo de su cuarteto”, cuenta apasionada María Belmonte.

Conversations of Lord Byron with the Countess of Blessington es la joya que trajo el periodista Miquel Molina tras hallarla en una librería de viejo de Edimburgo y que recomendó a los editores publicar: la entrevista que una condesa periodista hizo en Génova al poeta en 1823, meses antes de que éste muriera pleno viaje hacia Grecia.

Sobre peregrinos:

- Viaje al fin de la noche, Louis Ferdinand Céline, que el escritor Philippe Claudel recupera para una nueva lectura contemporánea que nos convierte en “vagabundos, desarraigados y nos recuerda nuestra condición de nómadas perpetuos”.

El camino inmortal, de Jean Cristophe Rufin, es un particular recorrido del camino de Santiago desde el escepticismo y agnosticismo que el catedrático francés Jean François Botrel defiende como “vía de acceso la condición de peregrino en una concepción polisémica”.

Um bailarino na batalha, de Hélia Correia fue la elección de la portuguesa Lídia Jorge como largo poema narrativo que va describiendo los distintos estadios del dolor. “Veo ahí una ruptura esperanzada, un golpe cortando el anillo de fuego que nos engarza de pies y manos al determinismo, al miedo”.

- Viaje a la luna, Cyrano de Bergerac, en defensa de quienes emprenden el viaje “para desvelar lo encubierto y no para llenar sus arcas con el vellocino de oro”, dijo Basilio Baltasar.

Derrotero y viaje a España y las Indias, Ulrico Schmidl, fue por último la elección del premiado, de César Aira. Leyó muchos libros de conquista, contó el argentino, y “este expone un mundo nuevo al que solo se accede desde el recuerdo y la escritura”.

Berna González Harbour

Periodista de EL PAÍS, ha sido enviada especial en zonas en conflicto, corresponsal en Moscú y subdirectora a cargo de Internacional, Domingo, Sociedad, Web o Babelia. Escribe entrevistas y crítica cultural, es columnista en la sección de Opinión y analista de Hoy por Hoy, en la Cadena Ser. Premio Dashiell Hammett por 'El sueño de la razón'.


EL PAÍS




jueves, 4 de noviembre de 2021

Javier Cercas / El Nobel: ni más ni menos

 

Abdulrazak Gurnah


El Nobel: ni más ni menos

El más maravilloso premio es cuando el lector encuentra placer en un libro y lo usa para vivir de una manera más rica


Javier Cercas
30 de octubre de 2021

Poco antes de la concesión del Nobel de Literatura 2021 a Abdulrazak Gurnah, un periodista brasileño me informó de que en su país hay gente muy enfadada con la Academia Sueca porque nunca ha premiado a ningún compatriota, y me preguntó si no pensaba que algún escritor brasileño merecía el Nobel. Mi respuesta fue más o menos la siguiente: tal vez concedemos demasiada importancia al Nobel, y estoy seguro de que Guimarães Rosa no tenía ninguna necesidad de que le dieran ese premio para ser uno de los mayores novelistas del siglo XX.

miércoles, 14 de abril de 2021

César Aira / Premio Formentor

 

César Aira

El escritor argentino César Aira, premio Formentor

El galardón reconoce a este autor de un centenar de títulos su “infatigable recreación del ímpetu narrativo y la versatilidad de su inacabable relato”


Amalia Bulnes
Sevilla, 12 de abril de 2021



El argentino César Aira (Buenos Aires, 72 años) es un autor que acepta sobradamente el calificativo de “raro”. A sus singularidades estilísticas y su independencia literaria se le suman rarezas en la vida cotidiana que confirman la coherencia del personaje. Aira vive aislado en Buenos Aires, paradójicamente una de las ciudades más bulliciosas del planeta, y no dispone de teléfono, tan sólo de un correo electrónico que se disciplina a revisar a cada tanto para no cortar del todo la conexión con el mundo. Por eso el autor ha sido uno de los últimos en enterarse de la concesión del Premio Formentor 2021, dotado con 50.000 euros, cuyo fallo se ha hecho público este lunes a las doce del mediodía en España, en un acto celebrado en Sevilla, con siete franjas horarias y un hemisferio de distancia. “Argentina aún duerme, esperemos que al despertar Aira encuentre la noticia que le estamos enviando ahora mismo en su buzón de correo”, ha asegurado el presidente del jurado, Basilio Baltasar.

César Aira y las artes de ocupar el tiempo

César Aira

César Aira y las artes de ocupar el tiempo

La obra del argentino puede verse con un gran artefacto preocupado por el funcionamiento de la máquina de inventar



ENRIQUE VILA-MATAS
27 de mayo de 2019

A principios de este mes, al “descubrir” The New Yorker a Raymond Roussel a través de su mayor admirador anglófono, John Ashbery —“dejó una obra que es como el templo perfectamente conservado de un culto que ha desaparecido sin dejar rastro”—, regresó a mi memoria el título con el que en 1973 entré en ese templo: el legendario “cuaderno ínfimo” de Tusquets Cómo escribí algunos libros míos, en traducción de Pere Gimferrer.

César Aira / Hachazos en orden alfabético

Cesar Aira


Hachazos en orden alfabético

El 'Diccionario de autores latinoamericanos' de César Aira, reeditado ahora, mantiene su vigencia a pesar de que Internet haya sido mortal para las obras de consulta



Javier Rodríguez Marcos
12 de septiembre de 2018

Los escritores argentinos César Aira y Fogwill, en Barcelona en 1998.
Los escritores argentinos César Aira y Fogwill, en Barcelona en 1998. JOAN GUERRERO

Hay dos tipos de diccionarios de autor. En unos manda la palabra diccionario. En los otros, la palabra autor. El primer grupo engloba obras individuales pero escritas con el rigor de una academia entera. Es el caso de María Moliner (uso del español), Ferrater Mora (filosofía), Coromines y Pascual (etimología) o Juan Manuel Bonet (vanguardias). Al segundo pertenecen libros ordenados alfabéticamente pero que albergan tanta opinión como información. Siguiendo el precedente ilustre de Voltaire, Planeta lanzó en 1995 una colección de repertorios firmados por Fernando Savater (filosofía), Francisco Umbral (literatura), Fernando Trueba (cine), Carlos García Gual (mitos) o Félix de Azúa (artes). La serie –masculina hasta la incorrección- no tuvo continuidad, pero algunos volúmenes siguen vivos en otros sellos.

César Aira / “Mi formación proviene toda del cómic y de novelas como Sandokán”

 



“Mi formación proviene toda del cómic y de novelas como Sandokán”

El escritor argentino publica 'Prins', su novela 101, otra variación sobre una obra de Borges


Laura Fernández
24 de abril de 2018

César Aira, el lunes en Barcelona.
César Aira, el lunes en Barcelona. CARLES RIBAS

Harto de escribir, un famoso autor de novela gótica, decide ocupar en otra cosa todo el tiempo que empleaba en ello. Está hastiado de la fama, del dinero y de su castillo de infinitos pasadizos y en perpetua expansión, pero teme que todo ese vacío, el mundo que se abre después de la escritura para un autor que no ha hecho otra cosa, sea demasiado insoportable. Así que, primero, elabora un listado de todo lo que podría hacer: dedicarse a la cerámica, o a la filatelia, aprender a tocar un instrumento... El viejo nombre que alguien eligió para una colección de novela infantil (El rey del opio) le hizo decidirse finalmente por el opio, la evasión, la reconstrucción, fantasmagóricamente feliz, de la realidad. “De todas las ocupaciones posibles, se decide por la más absurda: la de la alucinación”, sentencia el autor de las desventuras de tan famoso escritor de novela gótica; nada menos que el siempre elocuente César Aira (Coronel Pringles, Argentina, 1949).

sábado, 14 de septiembre de 2019

Patti Smith, lectora / Los libros que forjaron su obra poética y musical

Patti Smith , una vida repleta de libros
Patti Smith

Patti Smith, lectora: los libros que forjaron su obra poética y musical

Por +Radios - Data Entry
3 marzo, 2018



Mucha poesía corrió – y aún lo hace- por las venas de Patti Smith desde el Poetry Project, sus inicios en los primeros años de los ’70, hasta lo que fueron las dos grandes presentaciones en el CCK de Argentina. Millones de palabras desde aquellos encuentros que persisten en el imaginario en blanco y negro en la iglesia neoyorkina de St. Mark, hasta estos recitales vibrantes – uno a pura poesía, el otro, a pura música- que refulgieron en tonalidades lingüísticas.
Como en todo gran artista, existe un proceso previo. Una recolección de sensaciones, de pensamientos, que muchas veces provinieron del papel, de los libros. Entonces, cuáles fueron las obras que más la influyeron, según Patti Smith:
Antes de ser la «madrina del punk» fue una poeta. De hecho, entre 1972 y 1973, llegó a publicar cinco chapbooks poéticos -una especie de folleto tamaño bolsillo- y ya con el primero, Seventh Heaven, tuvo una idea que daría un giro su carrera. Fue en la ya mencionada St. Mark, en Greenwich Village, NY, cuando llevó a un guitarrista para que la acompañara.
Durante un recital de poesía del “Poetry Project” en St. Marks
Escritora, poeta, fotógrafa, música. Patti Smith es uno de esos extraño casos en que las diferentes manifestaciones del arte confluyen, se hacen carne y luego se expresan. En su libro autobiográfico Just Kids (2010), recuerda que aquel primer cruce con la literatura cambió para siempre su vida. La obra era Mujercitas (1868), de Louisa May Alcott. Cautivada por la voz de Jo, la joven que se obsesionaba por la escritura y que andaba por el mundo con una actitud ‘masculina’, con respecto a sus hermanas.
«Estaba completamente impresionada por el libro», escribió, «ella me dio el coraje de una nueva meta, y pronto estaba creando pequeñas historias y tejiendo hilados largos para mi hermano y mi hermana». Aquella sensación jamás desapareció: «Voy a leerlos todos, y las cosas que luego leí produjeron nuevos anhelos». Durante su primera presentación en Buenos Aires, agregó que en la pobreza de su hogar no había más juguetes que los libros y que su madre le enseñó a leer antes de que ingrese al colegio.
Sin embargo, es conocido que su primer gran flechazo lo tuvo con los simbolistas franceses Charles Baudelaire y especialmente con Arthur Rimbaud, quienes influyeron en su abordaje de la poesía, que luego también trasladaría a su faceta musical. Entre sus 40 libros favoritos, que fueron revelados en 2008, se encuentran: Una temporada en el infierno (1873) e Iluminaciones (1886), ambos de Rimbaud.
Rimbaud, uno de sus autores predilectos
La influencia del autor francés aparece rápido en su vida artística: ya en Piss Factory, un poema recitado que forma parte de su primer disco independiente, relata cómo los escritos de Rimbaud la liberaron del trabajo en una fábrica y la ayudaron a escapar a Nueva York.
Otro de los autores que marcó una huella profunda en su forma de entender el arte fue William Blake. Durante la charla de la que participó Infobae Cultura en el CCK, recordó aquel primer encuentro con el poeta y pintor inglés: «Estaba cautivada por ese lenguaje que no entendía. Parecía tan mágico, y si bien no llegaba a comprender muchas cosas, simplemente me transportó».
César Aira y Roberto Bolaño, esas pasiones latinoamericanas
Su devoción por el autor argentino César Aira tomó notoriedad cuando reseñó el libro de cuentos El cerebro musical (2005) para The New York Times. Entonces escribió: «El ojo cubista de Aira ve las cosas desde muchos ángulos al mismo tiempo».
Durante la charla en el CCK fue aún un poco más lejos: «César es un genio, todos los escritores nos rendimos ante él. Una mente tremenda, un talento musical, pictórico, matemático y con un gran sentido del humor. Bolaño lo amaba mucho y mi amigo Sam Shepard, antes de morir, no lo había leído, le presté un libro y se convirtió en un adicto, todos somos adictos a César. También leí mucho a Borges y estoy aprendiendo sobre otros escritores. El problema, a veces, tiene que ver con las traducciones. ¡Ave César!».
Patti Smith posa frente a un póster de Roberto Bolaño en noviembre de 2010, en Madrid (Domonique Faget)
Smith llegó a Aira gracias al escritor chileno Roberto Bolaño, quien le facilitó las lecturas de Un episodio en la vida del pintor viajero, La Villa y La costurera y el viento. Por supuesto, la palabra de Bolaño era sagrada, a fin de cuentas la cantante estadounidense considera a la novela 2666 como «la primera obra maestra literaria de este siglo». «Tiene todo, imaginación, poesía, un contenido de protesta contra los abusos que sufren las mujeres, historias que se entrelaza, amor. Y la escritura es maravillosa. Es un libro que ya leí 6 veces y me parece que está a la altura de Moby Dick y otras grandes obras», dijo.
De la poesía beatnik
Uno de sus poemas favoritos es Aullido (1956), de Allen Ginsberg, una de las obras fundamentales de la Generación Beat, que se encuentra seleccionada en su Top 40, junto a dos novelas beatniks, Los chicos salvajes (1971) de William S. Burroughs y Big Sur (1962), de Jack Kerouac.
La vida la pondría frente a Ginsberg, en noviembre de 1969, con 22 años, cuando aún ella no era reconocida: «Yo era una niña pequeña. Tenía un abrigo largo con una gorra, supongo que tenía una forma muy andrógina. Estaba en este autoservicio realmente hambrienta y no tenía siquiera cambio para comprar algo. Escuché su voz ofreciéndome ayuda. Cuando me di vuelta vi que era Allen Ginsberg. Él no me conocía, yo solo era una chica que trabajaba en una librería, que vivía en el Hotel Chelsea, pero yo sí sabía quién era él. No pude hablar, estaba en shock. Incluso cuando nos despedimos nunca esperé encontrarme con él otra vez, pero lo hice, terminé convirtiéndome en amiga de William Burroughs y de Gregory Corso, luego vi a Allen otra vez y leímos poesía juntos, y le recordé la historia. Nos reímos mucho». En aquel encuentro, Ginsberg lo confesaría que solo se animó a ayudarla porque la confundió con un muchacho.
Patti recita “Aullido”, con la figura de Ginsberg detrás
Para Patti Smith «hay dos tipos de obras maestras». Están las «obras clásicas monstruosas y divinas como Moby Dick o Cumbres borrascosas (de Emily Brontë) o Frankenstein«. En su Top 40, además de la obra máxima de Herman Melville, también incluyó su novela póstuma Billy Budd, marinero, como también una de otra hermana BrontëVillette, de Charlotte.
El otro tipo de masterpiece, asegura, se produce cuando un escritor «parece infundir energía viviente en palabras a medida que el lector es hilvanado, luego se lo estruja para dejarlo colgando hasta que se seque».
Sus preferencias literarias son eclécticas. Incluyen desde obras de Herman Hesse como Viaje a Oriente (1932) a El juego de los abalorios (1943), El corazón de las tinieblas (1899), Joseph Conrad, o La letra escarlata (1850), de Nathaniel Hawthorne.
La poesía, lógicamente, también está presente en Canciones de inocencia y de experiencia (1789) de William BlakePoeta en Nueva York (1940), de Federico García LorcaAlmas muertas (1842), ese gran poema épico en prosa de Nikolai Gogol, e incluso en novelas como La muerte de Virgilio (1945), de Hermann Broch, que narra las últimas 18 horas del poeta romano.
Los viajes también se hacen presentes en su selección con El cielo protector (1949), de Paul BowlesThe Oblivion Seekers (1975), de Isabelle Eberhardt, autora y exploradora suiza que se vestía como hombre para viajar libremente por el Norte de África, o Las mujeres del Cairo, perteneciente a Viajes a Oriente (1851), de Gérard de Nerval.
Encuentro con Paul Bowles en Tánger, 1997, donde el escritor neoyorkino pasó los últimos años de su vida
«Conocí a Bowles de manera fortuita. En el verano de 1967, poco después de salir de casa y viajar a la ciudad de Nueva York, pasé junto a una gran caja de libros tirados, que se derramaban en la calle. Varios estaban esparcidos por la acera, y una revista estaba abierta ante mis pies. Me incliné para mirar, cuando una fotografía me llamó la atención: Paul Frederic Bowles. Nunca había oído hablar de él, pero me di cuenta de que compartíamos el mismo cumpleaños, el treinta de diciembre. Creyendo que era un signo, deshice la página y luego busqué sus libros, el primero fue El cielo protector. Leí todo lo que escribió, así como sus traducciones, y me introdujo en el trabajo de Mohammed Mrabet e Isabelle Eberhardt«.
El francés Albert Camus fue elegido con sus títulos La muerte feliz (1971) y El primer hombre (1994), mientras que el estadounidense J.D. Salinger también aparece por partida doble, con Levantad, carpinteros, la viga del tejado (1963) y Franny y Zooey (1961).
Albert Camus, a lo Bogart
Con respecto a Camus, recordó una anécdota familiar que revela su pasión por el autor de El extranjero (1942): «Tenía una fotografía de Albert Camus, que colgaba junto al interruptor de la luz. Era una toma clásica de Camus con un pesado abrigo con un cigarrillo entre los labios, como un joven Bogart, en un marco de arcilla hecho por mi hijo, Jackson… Mi hijo, al verlo todos los días, tuvo la idea de que Camus era un tío que vivió muy lejos. Yo lo miraba de vez en cuando mientras escribía».
La gran mayoría de los títulos que integran su biblioteca de cabecera son novelas: El proceso (1969) de Brion Gysin, la primera novela del pintor y autor, amigo de Burroughs, que lo introdujo en la técnica de «cut-up»; El Libro de Caín (1960), la obra de Alexander Trocchi, que fue censurada en el Reino Unido; Bajo el volcán (1947), publicación semi autobiográfica de Malcolm LowryLa gran borrachera (1938), la única novela que publicó René Daumal, el escritor francés que integraba el grupo surrealista Le Grand Jeu, que se enfrentaba a André Breton, quien también se encuentra en la selección con su autobiografía Nadja (1928).
Entre las obras filosóficas y los ensayos se encuentran Wittgenstein’s Poker, de David Edmonds y John EidinowContra la interpretación, de Susan Sontag, y El libro de los pasajes, la obra inacabada de Walter Benjamin.
También se encuentran Coriolano (1609), una de las últimas tragedias William ShakespeareDiario de un ladrón (1949), de Jean GenetEl honor perdido de Katharina Blum, de Heinrich BöllEl maestro y Margarita (1967) de Mijaíl Bulgákov, considerada como una de las novelas más importantes del siglo XX de la antigua URSS; Un amor de Swann de Marcel ProustLas olas de Virginia WoolfLibro del desasosiego (1984) del portugués Fernando Pessoa y el cuento El príncipe feliz (1888), de Oscar Wilde.
Pero no todo son clásicos. Existen en su selección algunas joyas como El bebedor de vino de palma, del nigeriano Amos Tutuola o Hielo (1967), de la franco-inglesa Anna Kavan, e incluso publicaciones matemáticas como La divina proporción, de H.E. Huntley. Además, en su selección incluye al autor de terror H.P. Lovecraft y al alemán W.G. Sebald, aunque asegura que de ellos podría elegir cualquier título al azar.
En su biografía, afirma que Sebald «ve, no con los ojos, y sin embargo, él ve. Él reconoce las voces dentro del silencio, la historia dentro del espacio negativo. Evoca a ancestros que no son antepasados, con tal precisión que los hilos dorados de una manga bordada son tan familiares como sus propios pantalones polvorientos».

domingo, 3 de febrero de 2019

Un recorrido por los Hay Festival americanos a través del lente de Mordzinski

Gabriel García Márquez, retratado en la cama de su casa de Cartagena de Indias durante el Hay Festival de 2010. "Cuando escribo sobre Cartagena, es como si escarbara en mi memoria y en mis recuerdos de infancia para ver qué puedo encontrar", dijo el nobel de Literatura colombiano sobre la ciudad donde inició su carrera periodística, escenario de algunas de sus novelas, como 'El amor en los tiempos del cólera' y 'Del amor y otros demonios'.


Un recorrido por los Hay Festival americanos a través del lente de Mordzinski

El fotógrafo argentino cumple cuatro décadas de cubrir festivales literarios
Cartagena de Indias 
Héctor Abad Faciolince monta a caballo durante el Hay Festival de Zacatecas, en 2010. El autor colombiano, reconocido por 'El olvido que seremos', el libro dedicado a su padre asesinado por paramilitares, conversará con Manuel Vilas sobre el papel de la familia en la literatura durante la edición de este año en Cartagena de Indias.

Leonardo Padura, el maestro cubano de la novela negra célebre por el personaje de Mario Conde, nunca rechaza una oportunidad de ir a Cartagena, una ciudad caribeña que se encuentra muy cercana a su natal La Habana. Será uno de los invitados estelares este año. Aquí, el autor de 'El hombre que amaba los perros' en una imagen de la edición de 2013 en la ciudad amurallada de Colombia.

Lydia Cacho, durante el Hay Festival de Cartagena de Indias 2010. La ONU ha reconocido las violaciones a los derechos humanos de la periodista mexicana, que en esta edición regresa a Cartagena, después de que su libro 'Los demonios del edén' reveló en 2005 una red de trata y explotación infantil en el Estado de Quintana Roo.

viernes, 9 de marzo de 2018

Harper Lee / ¿Qué coño fuma esta tía?


Harper Lee

Harper Lee

“¿Qué coño fuma esta tía?”

'Thug notes' son una serie de vídeos que proponen una introducción al canon literario formulada en el lenguaje de los adolescentes norteamericanos

Patricio Pron
12 de mayo de 2014

En su reciente Continuación de ideas diversas, el escritor argentino César Aira sostiene que se opone a la promoción de la lectura debido a que los buenos libros ya son leídos por los que “leen desde siempre y no necesitan campañas de promoción de la lectura. Los que no han leído, y se deciden a hacerlo por una de estas campañas, necesariamente van a leer libros malos”. Aunque el argumento parece caprichoso, la experiencia nos indica que casi todo lo que es “promovido” institucionalmente en literatura carece de interés, tanto porque las instancias que determinan qué debe serlo son ineficaces como porque la institucionalización de la literatura siempre la convierte en inane.