William Somerset Maugham
Tras una noche de espanto

Pocos libros hay en el mundo que tengan más enjundia que los Informes Náuticos publicados por el Departamento Hidrográfico por orden de los Lores encargados del Almirantazgo. Forman unos volúmenes preciosos, encuadernados en tela flexible de diferentes colores, y puede decirse que los más caros resultan baratos. Por cuatro chelines puede comprarse El piloto del Yangtse Kiang, que contiene una descripción de dicho río y los informes para navegar por él desde el río Wusung hasta donde es navegable, incluyendo el Han Kiang, el Kialing Kiang y el Min Kiang; y por tres chelines la Parte III de El Piloto del Archipiélago Oriental, que comprende el extremo NE de Célebes, el paso de las Molucas, el estrecho de Giloto, los mares de Arafura y de la Banda y las costas del norte, oeste y sudoeste de Nueva Guinea. Pero no es una compra recomendable si se es una persona de costumbres sedentarias y no quiere alterarlas, o si se tiene una ocupación que le retenga en un sitio fijo. Esos libros, de apariencia comercial, nos incitan a realizar fantásticos viajes imaginarios, y su estilo escueto, su orden admirable, la concisión con que exponen la materia, el sentido práctico que los informa no pueden evitar que la poesía, como la brisa cargada de aromas que penetra en nuestros sentidos con una sutil languidez al acercarnos a una de esas mágicas islas de los mares del Sur, resplandezca con exquisita fragancia en sus páginas impresas. Nos informan de los fondeaderos y puntos de desembarco, de las provisiones que pueden encontrarse en cada sitio y de los lugares donde se puede obtener agua. Nos indican las luces, boyas, marcas, vientos y tiempo que encontraremos en cada paraje. Nos dan una breve noticia de la población y del comercio. Y causa extrañeza, viendo la seriedad con que todo está escrito sin desperdiciar palabras, que, por añadidura, aun encontremos más. ¿El qué? Pues el misterio y la belleza, la fantasía y la fascinación de lo desconocido. No es un libro vulgar aquél que puede ofrecernos, al volver sus páginas al azar, un párrafo como éste: “Abastecimiento: si se conserva un reducido número de aves de la jungla, la isla, en cambio, alberga numerosas especies de aves marinas. En el lago hay tortugas, así como muchos peces, incluyendo el mújol gris, el tiburón y la lija. No cabe utilizar con éxito la jábega, pero hay peces que pueden pescarse con caña. En una choza se guarda una pequeña cantidad de provisiones en conserva y de alcohol para socorrer a los náufragos. Hay agua potable en un manantial, a poca distancia del lugar de desembarco.” ¿Por ventura necesita la imaginación más material que éste para efectuar un viaje a través del tiempo y el espacio?