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viernes, 18 de febrero de 2022

Somerset Maugham / Huellas en la jungla


William Somerset Maugham 

HUELLAS EN LA JUNGLA

Footprints in the Jungle by Somerset Maugham



      En toda Malasia no hay sitio más encantador que Tanah Merah. Se halla a las orillas del mar y su costa arenosa está orlada de cocoteros. Las oficinas del Gobierno siguen estando en la antigua Raad Huis, que construyeron los holandeses cuando eran dueños de aquellas tierras, y en una colina se ven las ruinas grises de un fuerte en el que los portugueses mantuvieron su dominio sobre los rebeldes indígenas. Tanah Merah tiene su historia, y en las grandes e intrincadas casas de los comerciantes chinos, próximas al mar para que en los frescos atardeceres puedan sentarse en sus galerías y disfrutar de la brisa marina, habitan familias que viven en el país desde hace tres siglos. Muchas han olvidado su lengua vernácula, y hablan entre sí en malayo o en el inglés chapurrado que se usa en China. Allí la imaginación disfruta a sus anchas, porque en los Estados Federales de Malasia el pasado vive aún en los padres de los actuales habitantes.

Somerset Maugham / El número doce

 



William Somerset Maugham

BIOGRAFÍA

El número doce



      Me gusta Elsom. Es un puerto de mar del sur de Inglaterra, no lejos de Brighton, que parece conservar algo del encanto de la época georgiana. No es un sitio bullicioso ni llamativo. Hace diez años solía ir con cierta frecuencia. Entonces aún se veía alguna vieja y sólida casona con ciertas pretensiones —como un caballero venido a menos y cuyo discreto orgullo por sus antepasados divierte más que ofende—, construidas en el reinado del Primer Caballero de Europa y donde un cortesano en desgracia podía haber pasado muy bien sus últimos años. La calle principal ofrecía un lánguido aspecto y el auto del doctor resultaba un poco fuera de lugar. Las amas de casa se entregaban a sus trabajos domésticos sin ningún apresuramiento. Se entretenían charlando con el carnicero mientras contemplaban cómo les cortaba un excelente trozo de carne, o preguntaban al tendero de ultramarinos por su mujer mientras él les servía media libra de té y un paquete de sal. Ignoro si alguna vez Elsom estuvo de moda; desde luego, en la época a que me refiero no lo estaba, pero era un lugar respetable y barato. Vivían allí señoras de edad madura, señoritas y viudas, funcionarios procedentes de la India y militares retirados. Todos aborrecían los meses de agosto y septiembre en que Elsom se llenaba de veraneantes; sin embargo, no desdeñaban alquilar sus casas, y con lo que obtenían se alojaban durante unos días en una pensión de Suiza. No conocí el Elsom febril de los meses en que las pensiones estaban llenas, los jóvenes abarrotaban el paseo situado frente al mar, vestidos con sus chaquetas de franela, y en el billar del Hotel Delfín se oía el ruido de las bolas hasta las once de la noche. Yo sólo lo conocí en invierno. Entonces, en todas las casas de estuco, de ventanas en arco, construidas hacía un siglo, se veían anuncios indicando que se alquilaban habitaciones, y los huéspedes del Delfín eran atendidos por un solo camarero. A las diez, el conserje aparecía en el salón y se ponía a mirar a la gente de una forma tan insistente, que a uno no le quedaba otro remedio que levantarse e irse a la cama. Entonces Elsom era un lugar muy tranquilo y el Delfín un hotel muy confortable. Me gustaba recordar que el Príncipe Regente había ido allí más de una vez con mistress Fitznerbert a tomar el té. En el vestíbulo había una carta de Thackeray colocada en un marco, encargando dos habitaciones con vistas al mar y una salita, y dando instrucciones para que le mandasen un coche a buscarle a la estación.

jueves, 17 de febrero de 2022

Somerset Maugham / Retrato de un caballero



William Somerset Maugham

BIOGRAFÍA

Retrato de un caballero



The Portrait of a Gentleman by Somerset Maugham



      Llegué a Seúl al atardecer, y después de cenar, hallándome algo cansado por el largo viaje en tren desde Pekín, resolví salir a dar una vuelta para estirar un poco las piernas.

Somerset Maugham / El sacristán


William Somerset Maugham

BIOGRAFÍA

El sacristán 


The Verger by Somerset Maugham


      Aquella tarde se había celebrado un bautizo en la iglesia de San Pedro, situada en la plaza Neville, y míster Albert Edward Foreman no se había despojado aún de su sobrepelliz. Conservaba sus mejores sobrepellices guardadas tan cuidadosamente que los pliegues parecían hechos de metal y no de tela, y las usaba sólo en las grandes ocasiones en que se celebraban funerales o casamientos, porque la iglesia de San Pedro estaba considerada como el templo más aristocrático para tales ceremonias. Aquel día tenía puesta su sobrepelliz de uso diario. La llevaba con orgullo, porque la consideraba un símbolo que dignificaba su ministerio, y cuando tenía que quitársela para regresar a su casa experimentaba entonces la sensación de hallarse insuficientemente vestido. La cuidaba con esmero, planchándola personalmente. Durante los dieciséis años que había sido sacristán de aquella iglesia había reunido una serie de tales vestiduras, y no había querido nunca desprenderse de ninguna, por muy viejas que estuviesen. Las conservaba todas cuidadosamente envueltas en papel de seda en el cajón inferior del armario de su dormitorio.

Somerset Maugham / Sanatorio

Sanatorio
Bruno Schulz

William Somerset Maugham 

BIOGRAFÍA

SANATORIO

Sanatorium by Somerset Maugham



      Las primeras seis semanas que Ashenden pasó en el sanatorio, tuvo que guardar cama. No veía a nadie, salvo al médico que le visitaba mañana y noche, a las enfermeras y a la criada que le llevaba las comidas. Ashenden había contraído una tuberculosis pulmonar, y, existiendo razones que le impedían ir a Suiza, los especialistas le recomendaron un sanatorio en el norte de Escocia. Llegó al fin el anhelado día en que el doctor le autorizó a levantarse. Por la tarde, la enfermera le ayudó a vestirse, lo envolvió en mantas y le acompañó a la galería. Allí le puso unos cojines tras de la espalda y le dejó disfrutar del sol que brillaba en un cielo sin nubes. Era pleno invierno. El sanatorio estaba en lo alto de una colina desde la que se dominaba el paisaje tapizado de nieve. En la galería, extendidos en tumbonas, había varios pacientes, unos conversando y otros leyendo. Algunos, de vez en cuando, sufrían un acceso de tos y miraban con ansiedad sus pañuelos. La enfermera, antes de alejarse, se volvió con profesional afabilidad al hombre acomodado junto a Ashenden.

viernes, 11 de febrero de 2022

Somerset Maugham / La esposa del coronel



William Somerset Maugham

BIOGRAFÍA

La esposa del coronel

The Colonel's Lady by Somerset Maugham



      Todo lo que aquí escribo sucedió tres años antes de empezar la guerra.
       Los Peregrine estaban desayunando. Se hallaban solos y la mesa era larga, pero aun así, cada uno se sentaba a un extremo de ella. En las paredes campeaban los antepasados de Jorge Peregrine, retratados por los pintores de moda en sus tiempos.
       El mayordomo trajo el correo de la mañana. Había varias cartas de negocios para el coronel, así como el Times, y un paquete dirigido a su esposa Evie. Jorge abrió las cartas y después, desplegando el Times, comenzó a leerlo. El matrimonio acabó de desayunar. Ambos se levantaron. El coronel notó que su mujer no había deshecho el paquete.

jueves, 10 de febrero de 2022

Somerset Maugham / El elemento humano

William Somerset Maugham

BIOGRAFÍA

El elemento humano

The Human Element by Somerset Maugham



      Siempre he ido a Roma en pleno verano. En los meses de agosto y septiembre, de paso para un sitio u otro, me quedo un par de días en la ciudad y vuelvo a ver lugares y cuadros a los que van asociados gratos recuerdos de mi vida. En tal época del año hace mucho calor y los habitantes de Roma pasan el interminable día paseándose de un extremo a otro del Corso. El Café Nacional está lleno de gente que permanece sentada ante los veladores durante largas horas teniendo delante una taza de café vacía y un vaso de agua. En la Capilla Sixtina se ven rubios alemanes con pantalones cortos y camisas abiertas, que han venido por las polvorientas carreteras de Italia, con la mochila al hombro, y la Plaza de San Pedro aparece llena de pequeños grupos de piadosos y cansados peregrinos procedentes de países lejanos. Van acompañados de un sacerdote y hablan extrañas lenguas. El Hotel Plaza es fresco y acogedor. En las habitaciones suelen reinar una semioscuridad y un silencio muy agradables; además, son amplias. En el salón, a la hora del té, sólo hay un elegante oficial italiano acompañado de una mujer de hermosos ojos; ambos toman una limonada helada en tanto que hablan en voz baja con la inagotable verbosidad de los de su raza. Uno sube a su habitación, lee y escribe algunas cartas, y cuando vuelve a bajar dos horas más tarde se ve que la pareja continúa charlando. Antes de la cena se congregan algunas personas en el bar, pero durante el día está vacío, de modo que al barman le queda tiempo para decirnos que su madre está en Suiza y contarnos sus aventuras en Nueva York. Se discute sobre la vida, el amor y el elevado coste de los licores.

Somerset Maugham / La fuerza de las circunstancias






William Somerset Maugham

BIOGRAFÍA

La fuerza de las circunstancias

The Force of Circumstance by Somerset Maugham


      Estaba sentada en la veranda esperando a su marido para comer. El criado malayo había bajado las persianas al perder la mañana su frescura, pero había levantado en parte una de ellas para poder contemplar el río. Bajo el agobiante sol del mediodía, tenía la blanca palidez de la muerte. Un indígena remaba en un dugout, tan pequeño que apenas se distinguía sobre la superficie del agua. Los colores del día, cenicientos y pálidos, solo expresaban las varias tonalidades del calor (como una melodía oriental en sol menor, que exacerbaba los nervios con su ambigua monotonía mientras los oídos esperaban impacientes una resolución que no llegaba nunca). Las cigarras cantaban su alegre canción con furiosa energía, y era tan continua y monótona como el murmullo de un arroyo entre las piedras; pero repentinamente todo fue ahogado por el poderoso trino melifluo y rico de un ave, que, por un instante, le hizo pensar, con una sacudida en el corazón, en el mirlo inglés.

miércoles, 9 de febrero de 2022

Somerset Maugham / Honolulu



William Somerset Maugham 

BIOGRAFÍA

Honolulu

Honolulu by Somerset Maugham



      El viajero sabio viaja tan sólo en su imaginación. Un antiguo francés (en realidad era saboyano) escribió alguna vez un libro titulado Viaje alrededor de mi cuarto. No lo he leído y ni siquiera sé de qué se trata, pero el título estimula mi fantasía. En un viaje así yo podría circunnavegar el globo. Un icono junto a la chimenea puede conducirme a Rusia, con sus grandes bosques de abedules y sus blancas iglesias con cúpulas. El Volga es amplio y en un extremo de una desordenada aldea, en la taberna, se sientan a beber hombres barbudos enfundados en rudos abrigos de piel de carnero. Yo estoy parado en la pequeña colina desde la que Napoleón vio Moscú por primera vez, mirando la vastedad de la ciudad. Descenderé a ver a la gente que conozco mucho más íntimamente que a varios de mis amigos, Aliosha, Vronsky, y una docena más. Pero mis ojos se posan en una pieza de porcelana y huelo los acres aromas de China. Soy transportado en una silla por una estrecha calzada elevada entre los arrozales, o bordeo una montaña cubierta de árboles. Mis portadores conversan animadamente mientras caminan con dificultad ante la clara mañana y de vez en cuando, distante y misterioso, escucho el profundo sonido de una campana monasterial. En las calles de Pekín hay una multitud variopinta que se hace a un lado para dar paso a una hilera de camellos, caminando con delicadeza, que traen pieles y extrañas drogas de los pedrosos desiertos de Mongolia. En Inglaterra, en Londres, hay algunas tardes invernales en que las nubes cuelgan pesadas y bajas y la luz es tan tenue que el corazón se hunde, pero es posible mirar por la ventana y ver las palmeras apiñadas en la playa de una isla coralina. La arena es plateada, y caminar bajo la luz solar es tan deslumbrante que apenas puede mirarse. Encima de uno, los pájaros mynah arman un gran jaleo, y las olas se estrellan sin cesar contra el arrecife. Ésos son los mejores viajes, los viajes que se emprenden junto a la chimenea, porque así no se pierde ninguna de las ilusiones.

martes, 8 de febrero de 2022

Somerset Maugham / El filósofo


William Somerset Maugham

BIOGRAFÍA

El filósofo

The Philosopher by Somerset Maugham



      Fue para mí algo sorprendente hallar una ciudad tan vasta en un lugar que me pareció tan remoto. Mirando desde sus almenadas puertas hacia occidente podían divisarse las nevadas montañas del Tíbet. Era tan populosa que solo era posible caminar con comodidad por las murallas, y un paseante rápido tardaba tres horas en completar el perímetro. No había ferrocarril en mil millas a la redonda, y el río junto al cual se hallaba era tan poco profundo que solo algunos juncos de ligero porte podían navegarlo sin peligro. Cinco días en sampán eran necesarios para alcanzar el Yangtsé Superior. Por momentos uno se preguntaba si los trenes y los vapores son tan necesarios para el transcurrir de la vida como creemos los que los empleamos todos los días, pues aquí un millón de personas estaban enteramente dedicadas al comercio, al arte y a la reflexión.

Somerset Maugham / Rojo

 


William Somerset Maugham

BIOGRAFÍA

Rojo




      El capitán metió la mano en uno de los bolsillos de sus pantalones, y con dificultad, ya que no estaban a los lados sino enfrente y era un hombre corpulento, sacó un gran reloj de plata. Miró la hora y después volvió a ver el sol que se ponía. El canaco que tripulaba le dirigió una mirada, pero no dijo nada. Los ojos del capitán descansaban en la isla a la que se aproximaban. Una línea de espuma blanca dominaba el arrecife. Sabía que había un boquete lo suficientemente amplio como para que pasara la embarcación, y contaba con hallarlo cuando se acercaran un poco más. Les quedaba aún casi una hora de luz. En la laguna el agua era profunda y podían anclar tranquilamente. El jefe de la aldea que ya se avistaba entre las palmeras era amigo de uno de los oficiales, y sería agradable desembarcar por esa noche. En ese momento el oficial se acercó al capitán y éste se volvió hacia él.

Somerset Maugham / Tras una noche de espanto


William Somerset Maugham 

BIOGRAFÍA

Tras una noche de espanto


The Vessel of Wrath by William Somerset Maugham



      Pocos libros hay en el mundo que tengan más enjundia que los Informes Náuticos publicados por el Departamento Hidrográfico por orden de los Lores encargados del Almirantazgo. Forman unos volúmenes preciosos, encuadernados en tela flexible de diferentes colores, y puede decirse que los más caros resultan baratos. Por cuatro chelines puede comprarse El piloto del Yangtse Kiang, que contiene una descripción de dicho río y los informes para navegar por él desde el río Wusung hasta donde es navegable, incluyendo el Han Kiang, el Kialing Kiang y el Min Kiang; y por tres chelines la Parte III de El Piloto del Archipiélago Oriental, que comprende el extremo NE de Célebes, el paso de las Molucas, el estrecho de Giloto, los mares de Arafura y de la Banda y las costas del norte, oeste y sudoeste de Nueva Guinea. Pero no es una compra recomendable si se es una persona de costumbres sedentarias y no quiere alterarlas, o si se tiene una ocupación que le retenga en un sitio fijo. Esos libros, de apariencia comercial, nos incitan a realizar fantásticos viajes imaginarios, y su estilo escueto, su orden admirable, la concisión con que exponen la materia, el sentido práctico que los informa no pueden evitar que la poesía, como la brisa cargada de aromas que penetra en nuestros sentidos con una sutil languidez al acercarnos a una de esas mágicas islas de los mares del Sur, resplandezca con exquisita fragancia en sus páginas impresas. Nos informan de los fondeaderos y puntos de desembarco, de las provisiones que pueden encontrarse en cada sitio y de los lugares donde se puede obtener agua. Nos indican las luces, boyas, marcas, vientos y tiempo que encontraremos en cada paraje. Nos dan una breve noticia de la población y del comercio. Y causa extrañeza, viendo la seriedad con que todo está escrito sin desperdiciar palabras, que, por añadidura, aun encontremos más. ¿El qué? Pues el misterio y la belleza, la fantasía y la fascinación de lo desconocido. No es un libro vulgar aquél que puede ofrecernos, al volver sus páginas al azar, un párrafo como éste: “Abastecimiento: si se conserva un reducido número de aves de la jungla, la isla, en cambio, alberga numerosas especies de aves marinas. En el lago hay tortugas, así como muchos peces, incluyendo el mújol gris, el tiburón y la lija. No cabe utilizar con éxito la jábega, pero hay peces que pueden pescarse con caña. En una choza se guarda una pequeña cantidad de provisiones en conserva y de alcohol para socorrer a los náufragos. Hay agua potable en un manantial, a poca distancia del lugar de desembarco.” ¿Por ventura necesita la imaginación más material que éste para efectuar un viaje a través del tiempo y el espacio?

lunes, 7 de febrero de 2022

Somerset Maugham / Las tres gordas de Antibes


William Somerset Maugham

BIOGRAFÍA

Las tres gordas de Antibes 

The Three Fat Women of Antibes by Somerset Maugham



      La primera se llamaba Richman y era viuda. La segunda se llamaba Sutcliffe, era americana y se había divorciado dos veces. La tercera se llamaba Hickson y era soltera. Las tres se hallaban en la llevadera cuarentena y en acomodada posición económica. La señora Sutcliffe tenía como nombre el poco frecuente de Arrow. Mientras fue joven y delgada, este nombre le había agradado mucho, y las bromas a que daba origen, si bien por demás repetidas, resultaban sumamente halagüeñas. No se mostraba menos dispuesta a admitir que era también adecuado a su carácter: sugería derechura, velocidad y resolución. Le complacía menos después que la gordura había abotagado sus delicados rasgos, que sus brazos y hombros se habían tornado tan opulentos y sus caderas tan macizas. Existía una dificultad creciente para hallar vestidos que le proporcionaran el aspecto que ella buscaba. A la sazón, las bromas que su nombre provocaba se hacían a sus espaldas, y la señora Sutcliffe sabía muy bien que tales bromas no le hacían ningún favor. Pero de ningún modo se resignaba con la madurez. Aun vestía de azul para hacer resaltar el color de los ojos, y, con ayuda de algún artificio, su cabello rubio había conservado el antiguo esplendor. Le agradaba que Beatriz Richman y Frances Hickson fuesen mucho más gruesas que ella, de tal manera que a su lado parecía mucho más esbelta. Ambas eran mayores y mostraban una pronunciada tendencia a tratarla como a una jovencita, lo cual no resultaba desagradable. Eran dos mujeres afectuosas, que le daban bromas amables acerca de sus galanteadores. Ambas habían abandonado hasta la idea de esa clase de desatinos (en verdad, la señorita Hickson nunca había prestado la menor atención a estas cosas), pero se mostraban comprensivas, cordiales con los coqueteos de Arrow. Se daba por seguro que el día menos pensado Arrow haría feliz a un tercer hombre.

Somerset Maugham / El collar de perlas

Ilustración de Triunfo Arciniegas


William Somerset Maugham


BIOGRAFÍA

El collar de perlas


Mr. Know-All by Somerset Maugham



      Me hallaba predispuesto a sentir antipatía por míster Max Kelada sin haberlo conocido aún. Acababa de terminar la guerra, y el movimiento de pasajeros que cruzaban el océano era enorme. Difícilmente podían pedirse comodidades, y uno debía darse por satisfecho con lo que le proporcionaban las agencias de vapores. No podía soñarse con obtener un camarote individual y me contenté con uno de dos literas. Cuando me enteré del nombre del que sería mi acompañante, se me encogió el corazón; significaba que las portillas tendrían que estar herméticamente cerradas, prescindiendo de la fresca brisa nocturna.

domingo, 6 de febrero de 2022

Somerset Maugham / Louise

 


William Somerset Maugham

BIOGRAFÍA

Louise


Louise by Somerset Maugham



      Jamás pude explicarme por qué le era tan antipático a Louise. Me tenía aversión, y yo sabía perfectamente que no perdía ocasión de criticarme con su gentileza característica.

Somerset Maugham / El poeta

William Somerset Maugham

BIOGRAFÍA

El poeta (1925)

The Poet by Somerset Maugham



      No siento gran interés por la gente célebre, y no puedo soportar a esas personas que tienen la pasión de codearse con las grandes figuras.

jueves, 3 de febrero de 2022

Somerset Maugham / Miedo



William Somerset Maugham

BIOGRAFÍA

Miedo

The Yellow Streak by William Somerset Maugham




      Río abajo avanzaban los dos prahos a corta distancia uno de otro. En el primero venían sentados dos hombres blancos. Habían pasado siete semanas en los ríos y ahora, ante la perspectiva de poder dormir en un lecho confortable, se sentían alegres y optimistas. Para Izzart, que estaba en Borneo desde la guerra del 14, las casas y fiestas de los indígenas habían perdido el encanto de la novedad. A Campion, recién llegado a la colonia, le divirtió en un principio todo aquello, pero ahora deseaba tanto más que su compañero llegar a un sitio donde hubiera sillas para sentarse y camas donde dormir. Los dayacos tienen fama de ser gente hospitalaria. Se desviven por atender a los visitantes. Lo malo es que sus casas carecen de las comodidades indispensables para un europeo, y, por si esto fuera poco, las distracciones que ofrecen a sus huéspedes son tan monótonas y aburridas que acaban por cansar al poco tiempo.

Somerset Maugham / El puesto avanzado

 



William Somerset Maugham 

EL PUESTO AVANZADO

The Outstation by William Somerset Maugham




      El nuevo auxiliar llegaría por la tarde. Cuando el Residente, Mr. Warbuton, se enteró de que el praho estaba a la vista, se puso el salacot, dirigiéndose hacia el embarcadero. La guardia, compuesta de ocho menudos soldados dayacos, permaneció en posición de firme, mientras les pasaba revista observando con satisfacción su aspecto marcial, lo arreglado y limpio de sus uniformes y el brillo de sus fusiles. Eran un motivo de orgullo para él. Desde el desembarcadero contempló la curva del río, por la que aparecería el barco de un momento a otro. Mr. Warbuton poseía una elegante apariencia con sus inmaculados pantalones blancos y sus zapatos del mismo color. Bajo el brazo llevaba un bastón de Malaca con puño de oro, regalo del Sultán de Perak.

Somerset Maugham / Antes de la fiesta



William Somerset Maugham 

BIOGRAFÍA

ANTES DE LA FIESTA





      Mrs. Skinner le gustaba llegar a tiempo a todas partes. Vestía un traje de seda negro en consonancia con su edad y con el luto que llevaba por su yerno. Se ajustó la toca de su sombrero. Dudó antes de hacerlo, porque las plumas de águila marina que lo adornaban podían suscitar acerbos comentarios entre algunos amigos que seguramente encontraría en la fiesta. Claro que era cruel matar a esas hermosas aves en la época de la cría para obtener sus plumas, pero eran tan bellas y elegantes que hubiera sido necio despreciarlas, mucho más cuando eran un obsequio de su yerno. Éste las trajo de Borneo, en espera de que serían del agrado de ella. Kathleen, a propósito de las plumas, había estado un poco desagradable, y ahora, después de lo sucedido, le hubiera gustado que no continuara portándose así. Pero Kathleen, realmente, nunca había simpatizado con Harold. Mrs. Skinner, en su tocador, se puso la toca que, después de todo, iba muy bien con el único sombrero elegante que tenía, y la sujetó con un alfiler de jade. Por si alguien le hablaba de las águilas marinas, tenía ya preparada la respuesta.

Somerset Maugham / La caída de Eduardo Barnard

 



William Somerset Maugham

BIOGRAFÍA

LA CAÍDA DE EDUARDO BARNARD

Aquella noche Bateman Hunter durmió intranquilo. Durante los quince días de Tahití a San Francisco, en el vapor había estado pensando en la historia que tenía que contar, y durante los tres días de tren se había repetido interiormente las palabras con que trataba de contarla. Pero dentro de unas horas estaría en Chicago y todavía le asaltaban las dudas. Su conciencia, siempre muy sensible, estaba intranquila. No tenía la seguridad de haber hecho mucho más de lo posible y, por su honor, debía de haber hecho mucho más de lo posible; le atribulaba el pensamiento de que en una materia tan estrechamente relacionada con su interés hubiese permitido que éste prevaleciera sobre su quijotismo. El propio sacrificio exaltaba de tal manera su imaginación que la imposibilidad de realizarlo le desilusionaba bastante. Era su situación la del filántropo que, por motivos altruistas, edifica una casa para los pobres y se encuentra con que ha hecho un negocio lucrativo y que no puede evitar la satisfacción que siente viendo premiado lo que daba por perdido, pero con un extraño sentimiento que desmerece su acto virtuoso. Bateman Hunter sabía que su corazón estaba limpio, pero no se hallaba muy seguro de poder sufrir la escrutadora mirada de los ojos azules y fríos de Isabel Longstaffe cuando le explicara lo que sabía. Unos ojos que eran agudos y penetrantes. Ella medía la conducta de los demás por su propia meticulosa alteza de miras, y no podía haber mayor censura que el frío silencioso con que expresaba la desaprobación de una conducta que no satisfacía su rígido código. Sus juicios no tenían apelación, pues una vez que había decidido una cosa nunca se volvía atrás. Pero Bateman tampoco la quería diferente. Amaba no sólo la belleza de su persona, alta y esbelta, con un orgulloso porte de la cabeza, sino más aún la hermosura de su alma. Con su sinceridad, su rígido código del honor, le parecía que reunía todo lo más admirable de las mujeres de su país. Además, veía en ella algo más que el perfecto tipo de la mujer americana: sentía que su exquisitez era natural con cuanto le rodeaba, y estaba seguro de que ninguna otra ciudad del mundo, excepto Chicago, podía haberla albergado. Una angustia se apoderó de él cuando pensó que iba a asestar tan amargo golpe a su orgullo, y su corazón se encendió de ira al recordar a Eduardo Barnard.