El gran año del pastiche
“Hay libros que han sido injustamente olvidados; ninguno es injustamente recordado”
La literatura nacida de la mezcla de géneros dio títulos importantes en 2016

El escritor argentino Osvaldo Lamborghini (1940-1985), en su casa de Barcelona. / HANNA MUCK
En La mano del teñidor, un clásico sobre el ejercicio de leer, el poeta W. H. Auden lanzó un aviso pertinente para cualquier fin de año: “Hay libros que han sido injustamente olvidados; ninguno es injustamente recordado”. Los puristas que han leído todas las novelas, ensayos y poemarios publicados en 2015 dicen que el que acaba ha sido un curso ramplón. Los que solo hayan leído unos pocos tal vez recuerden que muchos merecieron la pena. Aquellos que persiguen la ballena blanca de las letras mundiales viven decepcionados desde 1615, fecha de culminación del Quijote. Entretanto, aquellos que no olvidan que la literatura tiene más impurezas que el agua de piscina habrán disfrutado estos meses un puñado magistral de pastiches. Por ejemplo, estos cinco (plagados de virtudes):
Promiscuidad. El cavernícola argentino Osvaldo Lamborghini se parapetó durante años en un apartamento de Barcelona para marear una obra —narrativa y poética— difícil de clasificar incluso para alguien inclasificable como César Aira, su valedor máximo. Mientras, se dedicó a hacer collages manipulando revistas pornográficas a los que tituló Teatro proletario de cámara. El Macba los expuso en enero y los recogió en un volumen —El sexo que habla— con textos del propio Aira, Alan Pauls, Beatriz Preciado, Valentín Roma y Antonio Jiménez Morato. Algún día será pasto de bibliófilos. Por ahora, un aviso: no dejar al alcance de los niños; ni de los epígonos.

