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sábado, 9 de mayo de 2026

Herman Melville / Moby Dick / Capítulo 1

Ilustración de Rockwell 

Herman Melville

MOBY DICK

Capítulo 1

Llamadme Ismael. Hace unos años —no importa cuánto hace exactamente—, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo. Es un modo que tengo de echar fuera la melancolía y arreglar la circulación. Cada vez que me sorprendo poniendo una boca triste; cada vez que en mi alma hay un noviembre húmedo y lloviznoso; cada vez que me encuentro parándome sin querer ante las tiendas de ataúdes; y, especialmente, cada vez que la hipocondría me domina de tal modo que hace falta un recio principio moral para impedirme salir a la calle con toda deliberación a derribar metódicamente el sombrero a los transeúntes, entonces, entiendo que es más que hora de hacerme a la mar tan pronto como pueda. Es mi sustitutivo de la pistola y la bala. Con floreo filosófico, Catón se arroja sobre su espada; yo, calladamente, me meto en el barco. No hay nada sorprendente en esto. Aunque no lo sepan, casi todos los hombres, en una o en otra ocasión, abrigan sentimientos muy parecidos a los míos respecto al océano.

Herman Melville publica Moby Dick

 



Herman Melville publica Moby Dick


Javier Melba
18 de octubre de 2023


Otro 18 de octubre, el de 1851, hace hoy 172 años, el destino alumbra una de sus ironías. En efecto, la novela que habrá de ser uno de los pilares sobre los que pivotará esa edad de oro de la literatura estadounidense: la que se escribió entre el romanticismo y el trascendentalismo durante una buena parte del siglo XIX —desde Nathaniel Hawthorne hasta Walt Whitman, por situarla entre dos de sus autores—, tiene su edición príncipe en una editorial inglesa. Sí señor, Moby Dick, la obra maestra de Herman Melville, la ficción en cuestión, llegó a las librerías londinenses tal día como hoy con la marca de Richard Bentley. La edición estadounidense —de un solo volumen dado a la estampación por Harper & Brothers, frente a los tres de la británica, pese a que en la norteamericana se incluían todos los pasajes censurados por Bentley— no se pondrá a la venta en Nueva York hasta el 14 de noviembre.

sábado, 19 de julio de 2025

José María Guelbenzu / Mi biblioteca de escritor

 



José María Guelbenzu

Mi biblioteca de escritor

6 de junio de 2007 / El Ciervo nº 672

El aprendizaje de la lectura comienza por la figura del lector ingenuo, es decir, aquel que se identifica con la historia y la sigue como se tratara de sí mismo. Primero fueron los libros de aventuras, los de Emilio Salgari, el capitán Wilson, Harry Stephen Keeler, José Mallorquí, pero también Elena Fortún, Richmal Crompton o Enid Blyton… y en seguida empecé a sentir verdadera fascinación no ya por la lectura sino por los libros mismos. Los cambiaba en un prestamista de libros, de los que había entonces en un minúsculo caseto de madera en plena calle, a cambio de unos céntimos; leí cualquier cosa porque era la época de devorar. Antes ya habían aparecido mis primeros clásicos, que aún hoy resisten, como El viento en los sauces, de Kenneth Grahame, Emilio y los detectives, de Erich Kastner… La presión religiosa me empujó hacia las concepciones de la vida sostenidas por Tihamer Toth, el padre Finn y otros semejantes aunque el que mayor daño me infligió (sin que entonces yo fuera consciente de ninguna de ellas) fue La vida sale al encuentro, de Martín Vigil. A esa etapa desdichada de mi afición por la lectura le siguieron las novelas policíacas, cientos de ellas, que me enseñaron a interponer la distancia de lector y a comprender que una novela no es algo que sale del alma como una exhalación sino algo que se construye; es decir: dejé de ser lector ingenuo y empecé a ser lector complejo. Más o menos como en el caso de la escritura, en que uno empieza a escribir por mimetización y acaba encontrando su propia voz, con la lectura pasé de aceptar cualquier relato con tal de que estuviera editado a comparar y seleccionar. Pero estos eran libros que ya podía comprar con mi paga; los de prestamista eran e menudo morralla, pero siempre tuve buen olfato para elegir entre semejante oferta títulos de autores como Mika Waltari, van der Meersch, Priestley, Paul Morand, Charles Morgan, Booth Tarkington y otros muchos autores de ese perfil. 

sábado, 21 de septiembre de 2024

Cuando Herman conoció a Rockwell / El Moby Dick definitivo

 


Cuando Herman conoció a Rockwell: el Moby Dick definitivo

imagen


“Siempre que me descubro con cara de pocos amigos; siempre que en mi alma hay un noviembre húmedo y lluvioso; siempre que me descubro deteniéndome involuntariamente ante los almacenes de ataúdes y cerrando la marcha en todos los funerales con los que me encuentro… entonces, considero que ya es hora de hacerme a la mar lo antes posible”.

Herman Melville / Moby Dick / Introducción de Andrew Delbanco


Ilustración de Rockwell Kent




Herman Melville
MOBY DICK
Introducción de Andrew Delbanco


    No hace muchos años, en una universidad de élite del nordeste de Estados Unidos, preguntaron a un destacado crítico literario inglés cuál era la gran novela inglesa. La sala tenía las paredes revestidas de paneles de madera y estaba iluminada por una lámpara de araña, en las ventanas colgaban recargadas cortinas y en las estanterías se alineaban clásicos encuadernados en cuero: todo el mobiliario se había dispuesto cuidadosamente para reproducir la atmósfera del Viejo Mundo. No se respiraba el menor aroma a brisa marina en aquella sala. Con esa combinación de entusiasmo y recelo con la que se recibe a veces la proclamación de un estándar, los estudiantes se inclinaron hacia delante para escuchar la respuesta del eminente invitado: «Middlemarch sería mi candidata —dijo, vacilante—, a no ser que con “novela inglesa” se refieran a novela en inglés, en cuyo caso sería, por supuesto, Moby Dick».

Herman Melville / Moby Dick / Prólogo de Javier Tomeo

Ilustración de Rockwell Kent




Herman Melville
Moby Dick

Prólogo de Javier Tomeo


    Vivimos tiempos en que los hombres pueden arponear impunemente a las ballenas. A despecho de todos los ecologistas del mundo, las localizan por medio del radar, consiguen incluso algunas veces la complicidad de un hidroavión y luego, para dar muerte al enorme mamífero que emerge a lo lejos, tienen suficiente ya con apretar el gatillo desde la cubierta del barco homicida. Ni siquiera les tiembla el pulso.

viernes, 20 de septiembre de 2024

Herman Melville / Llamadle maestro

 

Herman Melville


Herman Melville

Llamadle maestro


22 de enero de 2019

Siempre que se elaboran listados con las primeras frases más emblemáticas de la literatura universal, el «Llamadme Ismael» que abre Moby Dick ocupa algún puesto destacado. No es para menos, porque la de Herman Melville es una de esas novelas que trascienden su condición primera y se revelan tan gigantescos que inevitablemente acaban por erigirse en hitos, en modelos inexcusables que, a la vez que toman el pulso de su lugar y de su época, acaban por alcanzar una categoría imperecedera y cosmogónica.

Herman Melville / Bartleby, el escribiente


Herman Melville

BARTLEBY, EL ESCRIBIENTE


Soy un hombre de cierta edad. En los últimos treinta años, mis actividades me han puesto en íntimo contacto con un gremio interesante y hasta singular, del cual, entiendo, nada se ha escrito hasta ahora: el de los amanuenses o copistas judiciales. He conocido a muchos, profesional y particularmente, y podría referir diversas historias que harían sonreír a los señores benévolos y llorar a las almas sentimentales. Pero a las biografías de todos los amanuenses prefiero algunos episodios de la vida de Bartleby, que era uno de ellos, el más extraño que yo he visto o de quien tenga noticia. De otros copistas yo podría escribir biografías completas; nada semejante puede hacerse con Bartleby. No hay material suficiente para una plena y satisfactoria biografía de este hombre. Es una pérdida irreparable para la literatura. Bartleby era uno de esos seres de quienes nada es indagable, salvo en las fuentes originales: en este caso, exiguas. De Bartleby no sé otra cosa que la que vieron mis asombrados ojos, salvo un nebuloso rumor que figurará en el epílogo.

Reseña / Benito Cereno, de Herman Melville

 


 Benito Cereno, de Herman Melville

10 de enero de 2019

Viernes en Zenda. Viernes de libros ilustrados. Viernes, en este caso, de Benito Cereno, una de las más relevantes novelas publicadas por Herman Melville, editada ahora por Nórdica Libros, acompañada por las ilustraciones de Elena Ferrándiz. En el año del bicentenario del nacimiento del autor de Moby Dick, esta nueva edición de Benito Cereno se suma a la celebración de la vida y obra de uno de los novelistas más importantes del siglo XIX y, por extensión, de la historia de la literatura universal.

martes, 18 de mayo de 2021

Luis Scarfati / Bartleby el escribiente



Luis Scafati
BARTLEBY EL ESCRIBIENTE

Recién termino de ilustrar uno de los relatos mas enigmáticos de la literatura, “Bartleby el escribiente” de Herman Melville. fue publicado por primera vez a fines de 1853 en dos capítulos en una revista literaria. Mientras leía no podía dejar de recordar a Kafka y a Bruno Schulz.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Herman Melville / ‘Preferiría no hacerlo’



‘Preferiría no hacerlo’, la frase que lo dinamita todo

La fórmula del protagonista de 'Bartleby, el escribiente' pervive 200 años después del nacimiento de su creador, Herman Melville


JOSÉ ANDRÉS ROJO
30 JUL 2019 - 17:00 COT

La rebelión, la revuelta, la revolución: todas parecen tener un propósito, aunque sea el de dejar atrás, destruir o superar un estado de cosas. Pero lo que ocurre con Bartleby, el escribiente de uno de los relatos de Herman Melville, es distinto. Cuando su jefe le reclama algo, simplemente responde que preferiría no hacerlo. Lo hace casi con delicadeza, con buenos modales, sin aspavientos de ningún tipo. Sin violencia, por supuesto, pero con convicción y seguridad. Y termina dinamitando el marco de referencias, los vínculos, las reglas de juego. El narrador de la pieza, que se publicó en 1856 dentro de la colección The Piazza Tales, es un abogado. Tiene un despacho en Nueva York, en Wall Street, y emplea a dos copistas y a un muchacho de los recados. Pasa por una época de exceso de trabajo, tiene que incorporar a alguien más para cumplir sus compromisos. Y aparece Bartleby. El abogado lo contrata inmediatamente: aquel tipo delgaducho le inspira confianza y en la oficina lo coloca muy cerca de él, separado por un biombo.

Melville, fanatismo y depresión




Melville, fanatismo y depresión


Melville, fanatismo y depresión

El creador de 'Moby Dick' no mereció morir en la oscuridad ni autoinfligirse el silencio de un anacoreta confinado en una oficina de aduanas


Jesús Mota
20 de febrero de 2019

Mucho es lo que la literatura estadounidense debe a Herman Melville. A él y a Nathaniel Hawthorne, con quien compartió una atormentada amistad y con quien construyó el canon más solemne de la literatura del país. De Melville proceden, por emanación casi plotiniana, Nathaniel West, William Gaddis, buena parte de la concepción literaria de Faulkner, John Barth o Thomas Pynchon. No mereció morir en la oscuridad ni autoinfligirse el silencio de un anacoreta confinado laboralmente en una oficina de aduanas. Su carácter cascarrabias (squaller) y su propensión a la digresión filosófica le llevaron a la oscuridad del olvido. Doscientos años después de su nacimiento, hay que esperar que el universo (mercado) literario le reconozca hoy lo que no supo apreciar en 1891.

Jacinto Antón / Libros de viajes para meter en la maleta




Libros de viajes que hay que meter en la maleta

Escritores del género como Colin Thubron, Philip Hoare, Javier Reverte o Patricia Almarcegui comentan su título favorito

Jacinto Antón
26 de julio de 2019

Colin Thubron: El tiempo de los regalos, de Patrick Leigh Fermor



Libros de viajes que hay que meter en la maleta


Mi libro favorito de literatura de viajes es uno más bien convencional, El tiempo de los regalos, de Patrick Leigh Fermor. Este paseo a pie a través de Europa en 1933-34, desde Holanda a Hungría, fue escrito cuarenta años después del viaje, pero El tiempo de los regalos recupera un espíritu de libertad juvenil que ha inspirado a generaciones con su sueño de autorrealización a través del viaje. Leigh Fermor siguió hasta completar (casi) su trilogía de libros sobre su viaje a Estambul, pero nunca capturó del todo la exuberancia del primer volumen. Quizá porque le robaron sus notas en ruta en Alemania, así que El tiempo de los regalos fue escrita de manera menos autoconsciente que las otras dos partes, brotando de una memoria prodigiosa.
Philip Hoare: Moby Dick, Herman Melville




Libros de viajes que hay que meter en la maleta


Moby Dick es el libro más subversivo, extravagante y divertido acerca de la ballena y el mar que uno pueda haber leído nunca. ¿No me creen? ¿No creen que un libro de 1851 pueda impactarnos? Por favor, déjenme asegurarles que este es un excelente momento para meterlo en su maleta (¡aunque tenga 135 capítulos!). Por una razón, este año es el 200 aniversario de Melville (nació el 1 de agosto de 1819), así que merece un regalo, el de la atención y la admiración de ustedes. Es un libro que pronostica el futuro de cambio climático y extinción. Satiriza a los políticos, de manera perenne (el capitán Ahab como un líder estadounidense loco que anda suelto —¿a quién podría recordarnos hoy eso?—. El libro celebra el primer matrimonio gay interracial (el narrador, Ismael, se casa con Queequeg, el isleño del Pacífico tatuado). Y al final... Bueno, tienen que verlo. Moby Dick es el más grande, más acuoso, más ballenero viaje de aventura del mundo moderno, exquisitamente escrito, fantásticamente imaginado, y una vez enganchados no serán capaces de soltarse. Cambiará sus vidas para siempre. Les llevará a los más lejanos confines de la Tierra, y algo más. Yo lo leí y acabé en el océano más allá de las Azores, mirando a una ballena a los ojos. ¿Qué otra obra pude llevar a semejante gloriosa y transportadora locura?

lunes, 5 de agosto de 2019

La maldición de Herman Melville / Cómo 'Moby Dick' le hundió en vida

La maldición de Herman Melville: cómo 'Moby Dick' le hundió en vida

La mejor novela del escritor estadounidense, hoy considerada un clásico de la literatura norteamericana, recibió las peores críticas de la prensa


Ana Ramírez
30 de julio de 2019



Las supersticiones de los marineros decían que Moby Dick era un ser inmortal, ubicuo en el tiempo y en el océano. Aunque clavaran en su costado una “selva de lanzas” o hicieran verter su sangre en el mar, la ballena blanca continuaría nadando como si nada. A cientos de leguas, se volvería a observar “su chorro impoluto”, como burlándose del capitán Ahab y la tripulación del Pequod. Algo así le ocurrió a ‘Moby Dick’ en el siglo XIX. No al cetáceo inmenso del relato de Herman Melville, sino a la novela misma. La crítica literaria se ensañó con lo que hoy conocemos como una obra maestra del simbolismo norteamericano, más de 600 páginas de aventuras tan entretenidas como insondables. La calificaron de “basura” y llegaron a escribir que sus lectores desearían que “el señor Melville y sus ballenas” estuvieran en “el fondo del mar”.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Antonio Muñoz Molina / Mis 12 libros imprescindibles



Antonio Muñoz Molina

Mis 12 libros imprescindibles


El escritor Antonio Muñoz Molina elige sus doce libros imprescindibles, entre los que se encuentran clásicos como Don Quijote y Moby Dick hasta obras más contemporáneas como Noches insomnes, de Elizabeth Hardwick. 

- Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes: “Dos novelas muy distintas entre sí, escritas con más de 10 años de distancia, y las dos cómicas y experimentales, la primera atropellada, la segunda mucho más construida, las dos inagotables.”



- En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust: “Junto a Don Quijote, creo que es la obra que he leído más veces, y que espero seguir leyendo unas cuantas más a lo largo de mi vida. Tiene algo que me gusta en todas las grandes novelas, su desorden enciclopédico: desde el amor y los celos a la ciencia y la música, no hay asunto del que no trate este libro en sus siete volúmenes.”



- Al faro, de Virginia Woolf: “Esta es una de las novelas mejor construidas y mejor escritas que existen. Su manejo del tiempo es de una sutileza insuperable. Su sección central sucede durante varios años en una casa en la que no hay nadie. Un prodigio.”




- Moby Dick, de Herman Melville: “Esta novela es una bomba que le estalló a su autor en el segundo o en el tercer capítulo. Empieza como una historia de aventuras en el mar y se convierte en una fantasmagoría. Tiene algo de locura bíblica que se aprecia mejor leyéndola en voz alta.”



 Demasiada felicidad, de Alice Munro: “El título de este libro de relatos es el del último de ellos, una novela corta más bien, en la que Munro consigue un prodigio: comprimir un novelón ruso en cincuenta páginas. Un viaje en tren a finales del siglo XIX que se convierte en el viaje de la vida a la muerte.”




- Fortunata y Jacinta, de Benito Pérez Galdós: “La otra novela suprema en español, además de Don Quijote; las vidas privadas y las relaciones de clase y de dominación sexual entremezcladas con el devenir de la historia política. Como en Don Quijote, hay humor y hay amargura.”



- Los papeles privados del Club Pickwick, de Charles Dickens: “La risa cervantina trasladada a Inglaterra. El despliegue glorioso, a los veintitantos años, del talento de Dickens. Una fiesta.”





- Noches insomnes, de Elizabeth Hardwick: “Es una novela y es una confesión y una divagación bellísima sobre los recuerdos y la vocación por la literatura, un juego de fragmentos, de flashes.”




- Lo que me queda por vivir, de Elvira Lindo: “Una novela escrita a tumba abierta sobre el aprendizaje de vivir en una intemperie sentimental absoluta, sobre la maternidad y la orfandad y la búsqueda del lugar que a uno le corresponde en el mundo.”



- La montaña mágica, de Thomas Mann: “La lectura de la novela acaba equivaliendo a los años de aprendizaje y retiro de los que trata. Sumergirse en ella y pasar al menos un mes dentro es como retirarse a un sanatorio en los Alpes a aprender sobre la vida, el deseo, la enfermedad, la muerte.”



- La educación sentimental, de Gustave Flaubert: “Una novela que discurre plana como un río, contando el tránsito de una vida de la ilusión al desengaño y de un país de la esperanza revolucionaria a la resignación y el tedio. Una de las novelas más agudas políticamente que conozco. Habla de un personaje tan corrupto que estaría dispuesto a pagar por venderse.”



- La vida breve, de Juan Carlos Onetti: “Un hombre cualquiera, en Buenos Aires, una noche, descubre las posibilidades alucinantes de su imaginación, que son las de la capacidad de fabular a partir de la experiencia inmediata. Es una novela que sucede como en un sueño.”


sábado, 25 de abril de 2015

Los escritores y sus enfermedades / Cuando el genio literario emerge del sufrimiento

James Joyce

LOS ESCRITORES Y SUS ENFERMEDADES

Cuando el genio literario 
emerge del sufrimiento

¿Dónde anida el genio literario? ¿Qué trama singular les da a algunos la posibilidad de descubrir mundos ocultos detrás del mero pragmatismo de la palabra?
A fines del siglo XIX, el controvertido médico y antropólogo italiano Cesare Lombroso, padre de la criminología, encontró una respuesta tentativa a esta pregunta. En Genio e follia (Genio y locura, Brigola, Milán, 1872 y 1882), planteó que el don artístico es una forma de desequilibrio mental. Para sustentar su hipótesis, se dedicó a coleccionar lo que llamó "arte psiquiátrico" (escritos, dibujos y pinturas realizados por pacientes encerrados en hospitales mentales) y vinculó la creatividad con la esquizofrenia, por el alto índice de pacientes que plasmaban su tormentosa existencia en una obra artística.
El insidioso vínculo que parece tenderse entre las mentes creativas y la enfermedad es un tópico que reaparece insistentemente cuando se trata de explicar esa cualidad inasible que poseen ciertas personas de ir más allá de la realidad aparente y ver fractales donde la mayoría de los demás apenas percibimos ángulos rectos. "El arte transforma en novedoso lo cotidiano, en original lo repetitivo y ordinario -dice el doctor Facundo Manes, presidente de la Fundación Ineco y director del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro-. La obra de arte permite interpretar con nuevas claves lo conocido y construir nuevos sentidos colectivos. Y es el genio artístico el que tiene la capacidad de generar aquello extraordinario que la sociedad percibe y admira como maravilloso."

miércoles, 6 de agosto de 2014

Alberto Manguel / El mar literario


La historia que inspiró a Robinson Crusoe, española. Pedro Serrano ...

El mar literario

Una antología de casi seiscientas páginas reúne textos ficción, poemas y crónicas, para sumergir al lector en el evocador tema marino


Alberto Manguel
6 de agosto de 2014



Ilustración de una edición francesa de 1900 de 'Robinson Crusoe'. Litografía de L Nehlig a partir de una ilustración de J. J Grandvillle.Ampliar foto
Ilustración de una edición francesa de 1900 de 'Robinson Crusoe'. Litografía de L Nehlig a partir de una ilustración de J. J Grandvillle. KRAUSE JOHANSEN/ ARCHIVO ICONOGRAFICO SA/ CORBIS

Una vez, en medio del Sáhara, conocí a un hombre que no había visto nunca el mar. Era un beduino apuesto, inteligente, y cuando le conté que había cruzado el mar Mediterráneo para venir a Algeria, me preguntó qué era ese "mar" del cual había oído hablar otras veces. Traté de explicárselo, comparando el mar al desierto que nos rodeaba, y diciéndole que imaginara esa gran extensión cambiante y ondulada, pero hecha no de arena sino de agua. No sé si lo logró, pero después de reflexionar un tiempo, me preguntó si esa cosa que yo llamaba "mar" tenía fin o era, como su desierto, ilimitada.
Sófocles comparó el mar a las mareas de la miseria humana. Jorge Manrique, a la muerte. Joseph Conrad sintió que el mar era, como los sueños, una imagen de la vida misma, y en Lord Jim escribió: “Un hombre que nace, cae en un sueño como quien cae al mar. Si trata de remontar a la superficie como hacen las personas inexperimentadas, se ahoga, nicht wahr? ¡No! Le digo: lo que se debe hacer es someterse al elemento destructivo”. Otros sintieron que el mar era una prisión (Robinson Crusoe), un emblema de la libertad (Baudelaire), una metáfora de nuestra soledad (Terence Rattingan) o del populoso universo (Melville). Marta Salís resume esa ambigua riqueza diciendo que el mar ha sido siempre una "gran fuente de inspiración literaria" cuya lectura refleja "toda su belleza, misterio y crueldad".
El mar literario
La selección de textos que Salís propone en esta antología sobre este vasto tema no es "histórica", en el sentido de verse obligada a retrazar los pasos de Moisés, Ulises o Jasón, pero sí cronológica, e incluye no solo ficciones sino crónicas de aventuras auténticas que merecerían serlo. Así leemos de la nave que perdieron los marineros de Colón, de los piratas que acosaron la ciudad de Maracaibo, de una seudorrobinsonada contada por el inventor de la primera, Daniel Defoe, de los sufrimientos de esclavos como Olaudah Equiao y de los razonamientos de negreros como el capitán Hugh Crow, de aventuras más recientes como la del circunnavegador solitario Joshua Slocum (que, al parecer de Richard Ford, fue uno de los mejores escritores de lengua inglesa).
Las ficciones (o ficciones más evidentes, porque sospecho que muchas de las crónicas llamadas veraces fueron embellecidas por la ambición o la memoria inventiva de sus autores) están representadas por varios clásicos de la literatura del mar: Edgar Allan PoeJulio VerneRobert Louis Stevenson, Henry Melville, Emilio SalgariJack LondonErnest Hemingway. Salís ha sabido evitar, sabiamente, los lugares comunes (fragmentos de Moby Dick, de Nostromo, de El Viejo y el mar) y nos ofrece en cambio textos que (al menos para este reseñador) menos famosos: el extraño John Marr de Melville, La historia de Conrad, Después de la tormenta de Hemingway.

No resume el inmenso tema, pero ofrece una suerte de tentador muestrario de conceptos

Sin embargo, y felizmente, porque todo lector de antologías quiere encontrarse con viejos amigos entre los recién venidos, están textos más conocidos: Un descenso al Maëlstrom de Poe, la célebre descripción de una tempestad marina de David Copperfield de Dickens, la fábula de Los tres eremitas de Tolstói, la tragedia de El bote salvavidas de Stephen Crane, el muy kafkesco El cazador Graco de Kafka. Curiosamente (pero la ausencia es una de las características inevitables de toda antología) falta algún cuento de Las mil y una noches, algún episodio de Los viajes de Gulliver, alguna aventura de las sagas escandinavas. Estas ausencias no disminuyen en nada el encanto de esta colección.
Las traducciones son cuidadas. Catorce traductores (entre ellos Javier Marías) han asegurado la calidad y la fidelidad de las versiones castellanas, y la pluralidad de estilos conviene perfectamente a la diversidad de voces de los originales.

Sófocles comparó el mar a las mareas de la miseria humana y Jorge Manrique, a la muerte

Las casi seiscientas páginas de esta antología no resumen, inevitablemente, el inmenso tema, pero ofrecen una suerte de tentador muestrario de los conceptos y metáforas que el mar evoca desde siempre. Raymond Queneau dijo que todo libro es una Odisea o una Ilíada, porque toda historia es un viaje o una batalla. Hubiese podido decir que toda vida es una lucha y también travesía, y que el espacio de agua que se extiende más allá de la costa hacia un horizonte que parece eternamente postergado, refleja para nosotros, como reflejó para el rey de Ítaca, las dificultades y sufrimientos de toda criatura, y también la promesa del arribo. Sospecho que esta amenaza y esta promesa la sienten todos, incluso aquellos que nunca han visto el mar.
Relatos del mar, de Colón a Hemingway. Antología de Marta Salís. Varios traductores. Alba. Barcelona, 2014. 584 páginas. 34 euros