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lunes, 9 de mayo de 2016

Tomás González / La memoria inventada



Tomás González
LA MEMORIA INVENTADA

En la obra de Tomás González, la distancia que separa la realidad de la ficción se disuelve y algunos personajes acaban por reemplazar a quienes los inspiraron. En esta entrevista para El Malpensante el autor ahonda en los dos universos.


Por John Galán Casanova
El Malpensante No. 122
Agosto de 2011





…a veces no sé si veo lo que veo, o lo formo, o recuerdo, 
o imagino.

Tomás González
La luz difìcil


Seis novelas, siete cuentos y noventa poemas conforman la obra publicada hasta el momento por el escritor Tomás González (Medellín, 1950).

El viaje emprendido desde Envigado al Golfo de Urabá por Elena y J., protagonistas de Primero estaba el mar, su primera novela, es una de esas historias que por su diáfana y trágica hondura se convierten en punto de referencia para sucesivas generaciones de lectores.


En 1983, poco antes de que sus amigos de El Goce Pagano publicaran el libro en Bogotá, Tomás viajó con su mujer y su hijo a Estados Unidos, donde residirían durante casi veinte años. La lejanía lo impulsó a escribir las novelas Para antes del olvido (1987), La historia de Horacio (2000) y Los caballitos del diablo (2003). En todas ellas un entramado de entrañables personajes reitera rasgos de la cultura paisa como el apego a lo rural, la férrea unidad de familias muy numerosas, la presencia dominante del “mujererío”, el culto al licor, los embates de la violencia, la irónica y no siempre armoniosa coexistencia de genios para los negocios con figuras más bien desentendidas del lucro.

jueves, 7 de marzo de 2013

Alberto Salcedo Ramos / Mientras vuelve la luz



Alberto Salcedo Ramos
Mientras vuelve la luz

Una entrevista con Alberto Salcedo Ramos

Por John Galán Casanova

El Malpensante No. 121
Bogotá, julio de 2011

El sello Aguilar acaba de publicar La eterna parranda, una selección de crónicas escritas por Alberto Salcedo Ramos entre 1997 y 2011. En esta larga conversación, el cronista vuelve sobre cada uno de su libros y recuerda su infancia, lecturas, amigos, personajes y las tardes de arena, música, puños y sol que lo convirtieron en un excepcional contador de historias.


Edición N° 121
Antes que como periodista o escritor de crónicas, Alberto Salcedo prefiere definirse como un contador de historias nato. Es también un perseguidor. Se pasa la vida buscando historias, queriendo convertir en película cada cosa que ve, algo que pueda digerir y convertir en espectáculo para después contárselo a los demás. Su contacto con el arte de narrar comenzó en Arenal, el pueblo donde se crió, a dos horas y media de su natal Barranquilla. En las tertulias que tenían lugar al atardecer nutría la curiosidad por escuchar a sus mayores, vecinos y jornaleros de la finca de su abuelo que lo encantaban con el ingenio de sus historias. Diez juglares en su patio (1991), su primer libro, es justamente un tributo a los cantores raizales de la costa caribe, máximos exponentes de esa rica oralidad que lo asombró desde niño.Los golpes de la esperanza (1993), sobre el mundo de los boxeadores populares en Cartagena, fue su primera incursión en la temática del boxeo, que retomaría más adelante para realizar su perfil de más largo aliento: El oro y la oscuridad. La vida gloriosa y trágica de Kid Pambelé (2005).
En busca de nuevos personajes y paisajes, a principios de los noventa Salcedo Ramos renunció a su trabajo como redactor en El Universal de Cartagena. En Bogotá escribió las diez crónicas de su tercer libro.De un hombre obligado a levantarse con el pie derecho (1999) mostró que su curiosidad trascendía los patios de los juglares y los gimnasios, y podía abarcar historias de seres comunes y corrientes con destinos singulares por revelar. La biografía de Pambelé, fruto de una investigación que lo llevó a visitar tres países y a entrevistar a más de medio centenar de personas, lo consagró como reportero y proyectó su nombre entre los principales cronistas del continente.

Alguna vez Juan Gossaín le preguntó a Alberto cuándo iba a dar el salto definitivo a la literatura. La pregunta le extrañó: él siempre se ha considerado cultor literario de la no-ficción, de esa estirpe de periodistas narradores como Talese, Capote, Mailer y Wolfe. Si alguna duda cabe basta leer La eterna parranda, su más reciente libro, veintisiete crónicas publicadas entre 1997 y 2011. Allí abundan los personajes captados por su eterna curiosidad: juglares como Emiliano Zuleta y Diomedes Díaz, ex campeones de boxeo como Rocky Valdez, campeones sin corona como Bernardo Caraballo, un palabrero wayuu, un árbitro, un bufón de velorio, futbolistas, toreros y boxeadores fracasados, taxistas, travestis, cirqueros. Este libro nos presenta además una faceta crucial en su escritura: un puñado de estremecidos reportajes sobre protagonistas del conflicto armado en Colombia. Crónicas como “El pueblo que sobrevivió a una masacre amenizada con gaitas”, sobre los habitantes de El Salado, “Un país de mutilados”, sobre las víctimas de las minas antipersona, “El llamado de la chirimía”, sobre los reinsertados del Chocó, o “El enfermero de los secuestrados”, sobre el sargento William Pérez, ratifican a Salcedo Ramos como testigo de la increíble y triste historia de este país cándido y desalmado.