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miércoles, 21 de abril de 2021

Hemingway / Ahora que me acuesto


Ernest Hemingway
Ahora me acuesto



Aquella noche estábamos acostado en el suelo de la habitación y se oía comer a los gusanos de seda. Los gusanos de seda se alimentan con hojas de morera y puede oírseles toda la noche, comer y hacer ruidos con ellas. Yo no quería dormir porque vivía hacía mucho tiempo sabiendo que, si cerraba los ojos alguna vez en la oscuridad y me dejaba llevar, mi alma saldría de su cuerpo. Había estado así durante mucho tiempo desde que una vez estallé en la noche y la sentí separarse y alejarse de mí, y luego volver.  Trataba de no pensar en ello, pero por la noche empezaba a sentirlo en el momento en que me iba a dormir y sólo podía detenerlo haciendo un gran esfuerzo. Y aunque ahora estoy bastante seguro de que no puede haberse separado de mí, aquel verano no estaba dispuesto a correr el riesgo de hacer el experimento.

Hemingway / Una carrera de persecución

 



Ernest Hemingway

Biografía

Una carrera de persecución 


A Pursuit Race by Hemingway

      William Campbell mantenía una carrera de persecución con un espectáculo de variedades desde Pittsburgh. En una carrera de persecución, en las carreras de bicicletas, los corredores salen a intervalos iguales uno tras otro. Corren muy deprisa porque generalmente la carrera se limita a una distancia breve, y si pierden velocidad otro corredor que vaya detrás y mantenga el ritmo acabará cogiéndolos. En cuanto un corredor es adelantado queda fuera de la carrera y debe bajarse de la bicicleta y salir de la pista. Si ninguno de los corredores es atrapado, el ganador de la carrera es el que se ha acercado más al otro. En la mayor parte de las carreras de persecución, si hay solo dos corredores, uno de los dos es adelantado al cabo de diez kilómetros. El espectáculo de variedades pilló a William Campbell en Kansas City.

Hemingway / Un cuento trivial

 

Ernest Hemingway

Biografía

Un cuento trivial



      De modo que comió la naranja lentamente, escupiendo las semillas. Afuera, la nieve se transformaba en lluvia. Dentro, la estufa eléctrica parecía no dar calor y levantándose de su escritorio, se sentó al lado de ella. ¡Qué bien se estaba! ¡Esto era vivir!

Hemingway / Hoy es viernes

 


Ernest Hemingway
Hoy es viernes


Today is Friday by Hemingway


    Tres soldados romanos se hallan en una taberna a las once de la noche. Hay toneles en torno a la pared. Tras la barra de madera hay un tabernero hebreo. Los tres soldados romanos están un poco trompas:

      SOLDADO PRIMERO: ¿Has probado el tinto?
       SOLDADO SEGUNDO: No, no lo he probado.
       SOLDADO TERCERO: Pues más vale que lo pruebes.
       SOLDADO SEGUNDO:Muy bien, George, tomaremos una ronda de tinto.

martes, 20 de abril de 2021

Hemingway / Un idilio alpino



Ernest Hemingway

Biografía

Un idilio alpino 

An Alpine Idyll by Hemingway

      Incluso a primera hora te acalorabas cuando bajabas al valle. El sol derretía la nieve de los esquís que cargábamos y secaba la madera. Era primavera en el valle, pero el sol calentaba mucho. Íbamos por la carretera de Galtur cargando nuestros esquís y nuestras mochilas. Cuando pasamos junto a la iglesia, acababa de terminar un funeral. Le dije: Grüss Gott al sacerdote cuando pasó a nuestro lado saliendo del cementerio. El sacerdote nos saludó inclinando la cabeza.

Hemingway / Una simple pregunta

 


Ernest Hemingway

Biografía

Una simple pregunta




      Fuera, la nieve estaba más alta que la ventana. La luz del sol se filtraba por el cristal y daba en un mapa clavado a la pared de pino de la cabaña. El sol estaba alto y la luz entraba por encima de la capa de nieve. A lo largo del lado abierto de la cabaña habían cavado una trinchera, y el sol, en días claros, daba en la pared y reflejaba el calor en la nieve, ensanchando la trinchera. Era finales de marzo. El comandante estaba sentado a una mesa apoyada contra la pared. Su asistente estaba sentado a otra mesa.

Hemingway / Diez indios

 


Ernest Hemingway

Biografía

Diez indios 



      Después de un Cuatro de Julio, Nick, que volvía a casa ya tarde en la gran carreta de Joe Garner tras haber estado en el pueblo, vio a nueve indios borrachos junto a la carretera. Se acordaba de que eran nueve porque Joe Garner, que era el que conducía a la luz del crepúsculo, paró los caballos, saltó a la carretera y sacó a un indio a rastras de la rodada. El indio estaba dormido, boca abajo en la arena. Joe lo arrastró hasta los matorrales y regresó a la carreta.

lunes, 12 de abril de 2021

Hemingway / Cincuenta de los grandes

 


Ernest Hemingway

Biografía

Cincuenta de los grandes 




      —¿Cómo te encuentras, Jack? —le pregunté.
       —¿Has visto a ese Walcott?
       —Sí, acabo de verlo en el gimnasio.
       —Bueno; voy a necesitar mucha suerte con ese muchacho.
       —No podrá vencerte, Jack —declaró Soldier.
       —Me gustaría de veras que no pudiera hacerlo.
       —No podría derrotarte ni con puños de hierro en las manos.
       —Su guardia parece fácil de burlar —dije.
       —Sí —declaró Jack—. En realidad no va a durar mucho. No duraría como yo o como tú, Jerry. Pero, por el momento está en muy buenas condiciones.

Hemingway / Che ti dice la patria?

 


Ernest Hemingway

Biografía

Che ti dice la patria?



      El camino del paso era firme y liso, y todavía no estaba polvoriento a primeras horas de la mañana. Debajo se hallaban las colinas con sus robles y castaños, y más lejos, el mar. Al otro lado se elevaban las montañas nevadas.
       Bajamos del paso a través de una región boscosa. Al lado del camino había pilas de bolsas de carbón y, por entre los arboles, veíamos los braseros de carbón ardiendo en las cabañas. Era domingo. El camino subía y bajaba, pero siempre descendiendo de la altura del paso, y seguía a través de bosques achaparrados y pequeñas aldeas.
       En las afueras de los pueblos había campos de viñedos, eran de color pardo y las viñas toscas y gruesas. Las casas giran blancas y, en las calles, los hombres, con ropas de fiesta, jugaban a los bolos. Los perales habían sido pulverizados y las paredes de las casas estaban manchadas con el metálico azul verdoso del vapor de los pulverizadores. Había pequeños claros alrededor de las aldeas, donde crecían las viñas, y luego los bosques.

Hemingway / El invicto

 

Ernest Hemingway

Biografía

El invicto 


The Undefeated by Hemingway

      Manuel García subió por la escalera hasta la oficina de don Miguel Retana. Dejó la maleta en el suelo y llamó a la puerta, sin que nadie respondiera. A pesar de ello se dio cuenta de que había alguien en la habitación, como si hubiese visto a través de la puerta.
       —Retana —dijo, y prestó atención.
       No contestó nadie.
       “Sin embargo, está ahí dentro”, pensó Manuel.

domingo, 20 de marzo de 2016

Hemingway / Un canario como regalo


Ernest Hemingway
BIOGRAFÍA
UN CANARIO COMO REGALO



      EL tren pasó rápidamente junto a una larga casa de piedra roja con jardín, y, en él, cuatro gruesas palmeras, a la sombra de cada una de las cuales había una mesa. Al otro lado estaba el mar. El tren penetró en una hendidura cavada en la roca rojiza y la arcilla, y el mar sólo podía verse entonces interrumpidamente y muy abajo, contra las rocas.
      —Lo compré en Palermo —dijo la dama norteamericana—. ­Sólo estuvimos en tierra una hora. Era un domingo por la ma­íiana. El hombre quería que le pagara en dólares y le di un dólar y medio. En realidad canta admirablemente.
      Hacía mucho calor en el tren y en el coche-salón. No en­traba ni un soplo de brisa por la ventanilla abierta. La dama norteamericana bajó la persiana de madera y ya no pudo ver­se más el mar, ni siquiera de vez en cuando. Al otro lado esta­ban los vidrios, luego el corredor, detrás una ventanilla abierta y fuera de ella árboles polvorientos, un camino asfaltado y extensos viñedos rodeados de grises colinas.