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viernes, 10 de abril de 2026

Samanta Schweblin / Matar a un perro




Samanta Schweblin
Biografía
MATAR A UN PERRO

El Topo dice: nombre, y yo contesto. Lo esperé en el lugar indicado y me pasó a buscar en el Peugeot que ahora conduzco. Acabamos de conocernos. No me mira, dicen que nunca mira a nadie a los ojos. Edad, dice, cuarenta y dos, digo, y cuando dice que soy viejo pienso que él seguro tiene más. Lleva unos pequeños anteojos negros y debe ser por eso que le dicen el Topo. Me ordena conducir hasta la plaza más cercana, se acomoda en el asiento y se relaja. La prueba es fácil pero es muy importante superarla y por eso estoy nervioso. Si no hago las cosas bien no entro, y si no entro no hay plata, no hay otra razón para entrar. Matar a un perro a palazos en el puerto de Buenos Aires es la prueba para saber si uno es capaz de hacer algo peor. Ellos dicen: algo peor, y miran hacia otro lado, como si nosotros, la gente que todavía no entró, no supiéramos que peor es matar a una persona, golpear a una persona hasta matarla.

Samanta Scweblin / En la estepa

 


Samanta Schweblin
Biografía
EN LA ESTEPA


 No es fácil la la estepa, cualquier sitio se encuentra a horas de distancia, y no hay otra cosa más para ver que esta gran mata de arbustos secos. Nuestra casa está a varios kilómetros del pueblo, pero está bien: es cómoda y tiene todo lo que necesitamos. Pol va al pueblo tres veces por semana, envía a las revistas de agro sus notas sobre insectos e insecticidas y hace las compras siguiendo las listas que preparo. En esas horas en las que él no está, llevo adelante una serie de actividades que prefiero hacer sola. Creo que a Pol no le gustaría saber sobre eso, pero cuando uno está desesperado, cuando se ha llegado al límite, como nosotros, entonces las soluciones más simples, como las velas, los inciensos y cualquier consejo de revista parecen opciones razonables. Como hay muchas recetas para la fertilidad, y no todas parecen confiables, yo apuesto a las más verosímiles y sigo rigurosamente sus métodos. Anoto en el cuaderno cualquier detalle pertinente, pequeños cambios en Pol o en mí.

Samanta Schweblin / La medida de las cosas

 


Samanta Schweblin
Biografía
LA MEDIDA DE LAS COSAS


De Enrique Duvel sabía que era rico por herencia y que, aunque a veces se lo veía con alguna mujer, todavía vivía con la madre. Los domingos daba vueltas a la plaza en su auto descapotable, concentrado en sí mismo, sin mirar ni saludar a ningún vecino, y así desaparecía hasta el fin de semana siguiente. Yo tenía la juguetería que había heredado de mi padre, y un día lo sorprendí en la calle, mirando con recelo la vidriera de mi negocio. Se lo comenté a Mirta, mi mujer, que dijo que quizá yo lo había confundido con otra persona. Pero después ella misma lo vio. Se detenía algunas tardes frente a la juguetería y miraba la vidriera un rato. La primera vez que entró lo hizo sin la menor convicción, como avergonzado y no muy seguro de lo que buscaba. Se acercó hasta el mostrador y revisó desde ahí las estanterías. Esperé a que hablara. Jugó un momento con el llavero del auto y al fin pidió el modelo de un avión a escala para armar. Le pregunté si quería que se lo envolviera para regalo, pero dijo que no.

jueves, 20 de abril de 2023

Samanta Schweblin / Olingiris

 


Samanta Schweblin

Olingiris

1. 

Alcanzaba para seis. Una quedó afuera, en la sala de espera. Dio vueltas por el hall. Tardó en asumir que tendría que aguantarse las ganas hasta el día siguiente, o el siguiente, o hasta que volvieran a llamarla. No era la primera vez que le pasaba. Las que entraron subieron las escaleras blancas hasta el primer piso. Ninguna se conocía particularmente con las otras. Quizá alguna vez se cruzaron, tal vez en ese mismo lugar, pero nada más que eso. Pasaron al cambiador en silencio. Colgaron sus carteras, se quitaron los abrigos. Se lavaron las manos por turnos, y por turnos también se acomodaron el pelo frente al espejo, atado en una cola o con una bincha. Todo con amabilidad y en silencio, agradeciendo con gestos o sonrisas. Han pensado en esto toda la semana. Mientras trabajaban, mientras cuidaban a sus hijos, mientras comían, y ahora están ahí. Ya casi dentro de la sala, ya casi a punto de comenzar.

sábado, 19 de noviembre de 2022

Samanta Schweblin / La bestia

 




Ilustración de Nicolás Aznárez.
Ilustración de Nicolás Aznárez.


La Bestia

La escritora argentina Samanta Schweblin comienza este relato. Este año ha ganado el IV Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero por 'Siete casas vacías'


Samanta Schweblin

Biografía

31 de julio de 2015


Lo primero que le dijo la mujer fue lo de La Bestia. Mucho antes de mostrarle la casa, y de explicarle cómo abrir el gas y destrabar las persianas. Le aclaró que ahora habían puesto un alambrado y ya no había de qué preocuparse: del otro lado, La Bestia no hacía más que jugar a las cartas sentado al sol, con la radio siempre encendida. Ya hace tiempo que nadie se queja, dijo la mujer. Pero ella, distraída, solo pensaba en su marido y en la nena, en lo bien que lo pasarían juntos en el jardincito de atrás.

viernes, 18 de noviembre de 2022

Samanta Schweblin / La furia de las pestes





Samanta Schweblin
Biografía

LA FURIA 
DE LAS PESTES

Gismondi se extrañó de que los chicos y los perros no corrieran hacia él para recibirlo. Intranquilo, miró hacia el llano dónde, ya mínimo, se alejaba el coche que regresaría por él al otro día. Llevaba años visitando sitios de frontera, comunidades pobres que sumaba al registro poblacional y a las que retribuía con alimentos. Pero por primera vez, frente a ese pequeño pueblo que se hundía en el valle, Gismondi percibió una quietud absoluta. Vio las casas, pocas. Tres o cuatro figuras inmóviles y algunos perros echados en la tierra. Avanzó bajo el sol de mediodía. Cargaba en sus hombros dos grandes bolsos que, al resbalarse, le lastimaban los brazos y lo obligaban a detenerse. Un perro levantó la cabeza para verlo llegar, sin levantarse del piso. Las construcciones, una mezcla de barro, piedra y chapa, se sucedían sin orden dejando hacia el centro una calle vacía. Parecía deshabitada, pero podía adivinar a los pobladores tras las ventanas y las puertas. No se movían, no lo espiaban, pero estaban ahí y Gismondi vio, junto a una puerta, a un hombre sentado; apoyada en una columna, la espalda de un niño; la cola de un perro sobresaliendo del interior de una casa. Mareado por el calor dejó caer los bolsos y se limpió con la mano el sudor de la frente. Contempló las construcciones. No había nadie con quien hablar así que eligió una casa sin puerta y pidió permiso antes de asomarse. Aunque lo hizo en un tono bajo sintió su voz fuerte volver desde el valle y algunas sombras se movieron entre las casas. Pero nadie contestó. Probó asomarse. Adentro, un hombre viejo miraba el cielo a través de un agujero del techo de chapa.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Samanta Schweblin / Pajaros en la boca


Samanta Schweblin

Biografía

PÁJAROS 

EN LA BOCA



Apagué el televisor y miré por la ventana. El auto de Silvia estaba estacionado frente a la casa, con las balizas puestas. Pensé si había alguna posibilidad real de no atender, pero el timbre volvió a sonar: ella sabía que yo estaba en casa. Fui hasta la puerta y abrí.
-Silvia -dije.
-Hola -dijo ella, y entró sin que yo alcanzara a decir nada-. Tenemos que hablar.
Señaló el sillón y yo obedecí, porque a veces, cuando el pasado toca a la puerta y me trata como hace cuatro años atrás, sigo siendo un imbécil.
-No va a gustarte. Es... Es fuerte -miró su reloj-. Es sobre Sara.
-Siempre es sobre Sara -dije.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Samanta Schweblin / Un hombre sin suerte

Alejandra Alarcón,
“Sirena” (Niña con calzón de ancla y pez), 2011

Samanta Schweblin
Biografía
UN HOMBRE SIN SUERTE
Premio Internacional de Cuento Juan Rulfo 2012

El día que cumplí ocho años, mi hermana –que no soportaba que dejaran de mirarla un solo segundo–, se tomó de un saque una taza entera de lavandina. Abi tenía tres años. Primero sonrió, quizá por el mismo asco, después arrugó la cara en un asustado gesto de dolor. Cuando mamá vio la taza vacía colgando de la mano de Abi se puso más blanca todavía que Abi.

martes, 17 de noviembre de 2015

Samanta Schweblin / Perdiendo la velocidad



Samanta Schweblin
Biografía
PERDIENDO LA VELOCIDAD

Tego se hizo unos huevos revueltos, pero cuando finalmente se sentó a la mesa y miró el plato, descubrió que era incapaz de comérselos.
—¿Qué pasa? —le pregunté.
Tardó en sacar la vista de los huevos.
—Estoy preocupado —dijo—, creo que estoy perdiendo velocidad.

domingo, 14 de junio de 2015

Samanta Schweblin / Mujeres desesperadas


Samanta Schweblin
Biografía
MUJERES DESESPERADAS

Parada en el medio de la ruta Felicidad ha creído ver, en el horizonte, el débil reflejo de las luces traseras del auto. Ahora, en la oscuridad cerrada del campo, sólo se distinguen la luna y su vestido de novia. Sentada sobre una piedra junto a la puerta del baño concluye que no tendría que haber tardado tanto. Desprende del tul algunos granos de arroz. Apenas puede adivinar el paisaje: el campo, la ruta y el baño.
       Quiere llorar, pero todavía no puede. Corrige los pliegues del vestido, se mira las uñas, y contempla, cada tanto, la ruta por la que él se ha ido. Entonces algo sucede:
       -No vuelven- dice una mujer.