Ensayo crítico sobre la papita criolla
Por FERNANDO MORA MELÉNDEZ
Fotografía de Juan Fernando Ospina
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El peatón que cruza el Centro, luego de un día de trajines y penurias, con la agitación de la hora pico, entre vapuleos y pitazos, debe encontrar un transporte público que lo lleve a casa sano y salvo. Mientras lo hace no dejará de sentir el acoso de una sensación en el vientre, muy propia del Tercer Mundo y que los burócratas de la FAO han estudiando por décadas. Se trata de un ataque de los bajos instintos que solo se remedia con la merienda y la fritura. Entre todas las opciones al alcance del pueblo, la papita criolla se lleva todos los honores.
