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domingo, 31 de agosto de 2025

«La literatura puede ser una forma de resistencia»: Lea Ypi habla con Elif Shafak sobre la escritura en la era de los demagogos.



Entrevista

«La literatura puede ser una forma de resistencia»: Lea Ypi habla con Elif Shafak sobre la escritura en la era de los demagogos.

Lea Ypi y Elif Shafak debaten el auge del populismo, la censura y cómo los conflictos actuales provienen del trauma no resuelto del pasado.



Alex Clark
30 de agosto de 2025


Las memorias premiadas de Lea Ypi, Free, detallan la experiencia de crecer en Albania tanto antes como después del régimen comunista. Su nuevo libro, Indignity, reconstruye la vida de su abuela, quien llegó a Tirana desde Salónica de joven y se involucró estrechamente en la vida política del país. Actualmente ocupa la cátedra de política y filosofía  Ralph Miliband de política y  en London School of Economics. La escritora turca Elif Shafak es autora de más de 20 libros, tanto de no ficción como de ficción, incluyendo la novela preseleccionada para el Booker, 10 Minutes 38 Seconds in This Strange World, y, más recientemente, There Are Rivers in the Sky. Cuando ambas conversaron por videollamada, Ypi viajando por India y Shafak en su casa en Londres, su conversación giró en torno a las amenazas de la censura y el auge del populismo, los desafíos de ser escritores con identidades múltiples y la importancia de representar eventos históricos complejos en su obra.

jueves, 14 de noviembre de 2024

La solicitante, de Nazli Koca / Un diario ácido

 


Nazli Koca La Solicitante
Nazli Koca, escritora y poeta turca, en una imagen facilitada por la Editorial Mapa.EDITORIAL MAPA

‘La Solicitante’, un diario ácido sobre una escritora que limpia habitaciones para subsistir en Berlín

La turca Nazli Koca debuta con una novela sobre las dificultades de una migrante para sortear el espejismo de la meritocracia en una nueva ciudad

domingo, 18 de octubre de 2015

Orhan Pamuk / El rencor de las ovejas ahogadas

Orhan Pamuk

El rencor de las ovejas ahogadas

En 'Una sensación extraña', Pamuk enfoca a un hombre, una megápolis y a un país


Orhan Pamuk, siguiendo la consigna de que la novela es el relato de la vida privada de las naciones, cuenta la historia de Mevlut, un vendedor ambulante de boza —bebida de baja graduación—, que llega a Estambul a comienzos de los sesenta procedente del pueblo. El desarrollo urbanístico de Estambul se dibuja a través de la trama de aprendizaje de un contrapícaro, un muchacho que emigra, alentado por los cantos de sirena capitalistas, y solo logra corroborar el peso de su propia extracción social y la falsa fábula del hombre hecho a sí mismo. Mevlut asiste melancólicamente a la extinción de su mundo. Los vendedores de boza y yogur desaparecen, y especuladores y caciques, mafiosos paternalistas, aprovechan las leyes de amnistía catastral para ir acumulando suelo. La extensión de la ciudad necesita de explotadores y explotados, ricos y pobres, fachas —así los llama el narrador—, turcos y kurdos, religiosos —alevís, chiíes, suníes…— y laicos, de hombres y mujeres, cuyas pequeñas historias melodramáticas nos familiarizan con los usos amorosos de la Turquía de la segunda mitad del siglo XX: las cartas que Mevlut escribe a Rayiha, hija del Cuellitorcido, pensando que en realidad es su hermana Samiha, el engaño de Süleyman, la fuga y la felicidad con la mujer equivocada amenizan eróticamente el gran relato de la transformación urbana poniendo de manifiesto que las grandes cosas no se entienden sin las pequeñas, pero también que no todo cae del lado de la homogeneidad humanista. Más allá de lo universal, importan paisaje e historia: el ser humano es su territorio e incluso, entre las colinas chabolistas de Kültepe y Duttepe donde comen los mismos alimentos y ven los mismos programas de televisión, existen diferencias políticas irreconciliables.
Pamuk enfoca a un hombre, una megápolis y un país, y vulnera la equidistancia exigida a la literatura tomando partido y asumiendo el riesgo de buscar la verdad de la historia sumada a la verosimilitud de la narración. Los muertos siempre terminan siendo izquierdistas de toda índole con un recuerdo especial para los comunistas torturados tras el golpe militar del 12 de septiembre. Con la insistencia de estar narrando hechos reales, escribe Pamuk (¿testigo?, ¿autor?, ¿narrador?): “En esa noche pura e infinita, como en los viejos cuentos, ser turco era un sentimiento mucho mejor que el de ser pobre”. La nación como placebo de la clase. Esta reflexión, terrible y pasoliniana, tan propia del prisma compasivo de un Pamuk que sin dejar de abordar la frontera entre una Turquía europeizada y una autóctona, en este libro indaga en las formas de vida de los pobladores menos privilegiados, nos ayuda a entender por qué la gente desfavorecida a veces es reac­cionaria. Como los primos de Mev­lut, adoradores de Bruce Lee, anticomunistas, ultrarreligiosos y dispuestos a abrirle la cabeza al “enemigo”. Un narrador editorial hace recomendaciones al lector sobre su proceso de lectura —“Vuelva a la segunda parte”— y se erige en compilador de testimonios. De la biografía de Mevlut se derivan centrífugamente las voces de un corte de la sociedad estambulita —arribistas y perdedores— y el modo dramático —personajes que dan su versión de los hechos— “democratiza” un relato regido por una sola mirada que selecciona y decanta las fuentes por medio de una forma de invención inseparable de la observación. De ahí la insistencia del narrador en la “verdad” no solo como procedimiento para construir la ilusión de la verosimilitud. Las voces se contestan y se complementan, y la mirada editorial (¿autorial?) muestra una gran sensibilidad hacia los débiles: los pobres que no son capaces de cumplir su sueño de emprendimiento porque la igualdad de oportunidades no existe. Sobresale la delicadeza con que el narrador penetra en el mundo velado de un gineceo de recias trabajadoras. Su punto culminante es el alegato de Vediha, la mayor de las hijas del Cuellitorcido: “¿Es justo que…?”.
La trama de aprendizaje de Mevlut, abocada a la desilusión pese a que la novela rezuma el optimismo del gozo de narrar, oscila entre una pasividad no culpable y el rencor de unos ojos que el protagonista reconoce en las ovejas ahogadas en el Bósforo después de un terrible accidente. Pensamos hasta qué punto somos responsables de nuestra existencia. Hasta qué punto, dejando al margen la cobardía, podemos hacer. Queda “esa sensación extraña” que titula el libro: la que Mevlut siente cuando descubre que la mujer con quien se está fugando no es la mujer de la que se había enamorado; la de las contradicciones, los celos al ver cómo la esposa amamanta a la hija; la de que la suerte nos juegue malas pasadas que terminan siendo buenas y no se separan de lo previsible; o la de que los sueños no coincidan con la realidad y en ese desnivel no habite solo la amargura, sino cierta alegría nunca desmesurada pero agradable. La de vivir y amar. Una estupenda novela.
Una sensación extraña. Orhan Pamuk. Traducción de Pablo Moreno González. Literatura Random House. Barcelona, 2015. 636 páginas. 23,90 euros (digital, 11,99)


sábado, 17 de octubre de 2015

Orhan Pamuk / Amor a Estambul


Orhan Pamuk

Orhan Pamuk, amor a Estambul

El autor turco envuelve de épica las historias cotidianas de su ciudad en su nueva novela

El País, 19 SEP 2015 - 00:02 CEST
Orhan Pamuk (Estambul, 1952) ha escrito otra novela monumental, Una sensación extraña (Literatura Random House), después de El museo de la inocencia, publicada en 2009 en la misma editorial. Con una minuciosidad inteligente y emocionante, el Nobel turco relata 40 años de la vida de un hombre humilde que vende boza y yogures por las calles de Estambul. Es un libro sobre la felicidad (o su ausencia) y sobre el tiempo. Es imposible, mientras lo lees, no sentir que Mevlut es el propio Estambul que describe, y de hecho, cuando vas a Estambul y escuchas su algarabía, parece evidente que ese personaje que Pamuk ha puesto en pie para la ficción es cualquiera de esos habitantes que cruzan sus calles viejas. Hablamos en la casa que habita Pamuk en Buyukada, la bella isla a la que lo llevaron sus padres desde que nació. Ahí sigue pasando los veranos y escribiendo en una paz que sólo interrumpe “el suave paso del tiempo” que van marcando las sombras que proyecta el sol ante su balcón desnudo. Antes de hablar nos ofreció fruta, sobre todo sandía y melocotones. Se le ve feliz, como si se hubiera enamorado, y no sólo de la literatura.
PREGUNTA.Dice que tenemos que creer en la novela cuando la leemos. ¿Por qué es tan importante creer en lo que estás leyendo?
RESPUESTA. Porque la literatura, fantástica o rea­lista, funciona con lo que Coleridge llamó “suspensión de la incredulidad”. Es decir, si eres una persona escéptica, si no crees en la fortaleza de la literatura, entonces mejor abstente de leer libros. Una novela no puede leerse como lees un blog o una noticia de Internet, aunque es cierto que, además de información, se transmite mucha humanidad a través de Internet. Pero ¿por qué leemos novelas? Porque creemos en el poder de la literatura. No nos acercamos al libro con escepticismo, apartamos todas nuestras suspicacias cuando tenemos un libro en la mano. La literatura funciona con lectores bienintencionados. Ellos dicen: “Voy a dedicar 10 horas de mi vida a sumergirme en la vida de este vendedor ambulante de Estambul”. Entonces dejas de ser sarcástico. Te acercas a los personajes y das la palabra del escritor por sentado. Debes darla por sentado, no debes cuestionarla, al menos, al comienzo.

martes, 24 de marzo de 2015

Orhan Pamuk / Una mirada a mis fuentes de inspiración

Orhan Pamuk

Una mirada a mis fuentes de inspiración

Espoleado por la lista de figuras literarias que leyó de Hemingway, 

el Nobel de Literatura Orhan Pamuk elabora la suya 

con las que alentaron su proyecto

 'El museo de la inocencia'



Orhan Pamuk, durante la presentación del Museo de la Inocencia en Estambul, en abril de 2012. / OSMAN ORSAL (REUTERS)

En un famoso artículo publicado en Paris Review, Hemingway elaboró una lista de las figuras literarias que habían influido en él o le habían enseñado algo importante. Cuando tenía 23 años y decidí abandonar la pintura y dedicarme a escribir, me cautivó leer la lista de Hemingway y ver en ella a músicos como Bach y Mozart y artistas como Brueghel y Cézanne al lado de escritores como Flaubert, Stendhal, Tolstói y Dostoievski. Me propuse que en el futuro, un día, haría una lista así.
Treinta y cinco años después, al terminar El museo de la inocencia, decidí que había llegado el momento. De todos los libros que había escrito, esta novela era la que más claramente suscitaba preguntas como: “¿Cuándo se le ocurrió esta idea?”, “¿Qué le inspiró para escribir esta novela?”, “¿De dónde se sacó esto?”, y así sucesivamente.
Como El museo de la inocencia no es solo una novela, sino también un museo en Estambul que costó muchos años establecer, las preguntas se han vuelto cada vez más frecuentes. Por eso he decidido presentar aquí una lista de influencias, sacadas de la vida, la literatura y el arte.

Orhan Pamuk / Modesto manifiesto por los museos


Balthus
Mountain,
The Metropolitan Museum of Art, NY, 2012
Foto de Triunfo Arciniegas


Orhan Pamuk

MODESTO MANIFIESTO 
POR LOS MUSEOS

Traducción de Eva Cruz

El escritor turco Orhan Pamuk, Premio Nobel en 2006, defiende un concepto humano de museo Una institución que hable de los individuos

Contrapone esta idea a los grandes museos y sus solemnes relatos de estados y naciones


El País, 27 de abril de 2012
Balthus
The Mountain, 19... (Detalle 1)
The Metropolitan Museum of Art, NY, 2012
Foto de Triunfo Arciniegas

Amo los museos, y no soy el único que encuentra que cada día que pasa nos hacen más felices. Me tomo los museos muy en serio, y eso a veces me conduce a pensamientos airados y enérgicos, pero no soy una persona que pueda hablar con ira de ellos. Cuando yo era niño en Estambul había muy pocos. La mayoría eran simplemente monumentos históricos que se habían preservado o, lo que es bastante más raro fuera del mundo occidental, eran lugares con un aire como de oficina del gobierno. Más adelante, los pequeños museos de las callejuelas de las ciudades europeas me llevaron a darme cuenta de que los museos (igual que las novelas) también pueden hablar de los individuos.

Orhan Pamuk / Una ciudad es algo más que un lugar



Orhan Pamuk
UNA CIUDAD ES ALGO
MÁS QUE UN LUGAR
Por Rafael Narbona

No hay mejor credencial para un escritor que haber soportado el acoso del fanatismo y la intransigencia. Tras un fugaz paso por la arquitectura, Orhan Pamuk (Estambul, 1952) sustituyó el lenguaje de las formas por el de la palabra, aceptando desde sus inicios la carga social y política de la escritura. Hijo de un ingeniero, creció en el acomodado barrio de Nisantasi, donde el espíritu abierto y tolerante prevalecía sobre la intolerancia política o religiosa. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Estambul, residió en Nueva York entre 1985 y 1988. Profesor visitante en la Universidad de Columbia, su estancia en el extranjero le reveló la importancia de su ciudad natal. Pamuk no concibe su vida ni su obra al margen de Estambul. Su identidad se confunde con la de una ciudad situada en el filo de la cultura y la historia. Los problemas de identidad son inevitables cuando la referencia es un espacio encajonado entre la modernidad y la tradición, el poderoso caudal del Bósforo, abierto a la circulación de las ideas, y el ensimismamiento de ciertos sectores, que combinan religión y nacionalismo para oponerse al cambio y a las libertades.


Sus declaraciones al diario suizo Tages Angeizer en febrero de 2005 recordando la responsabilidad de su país en el genocidio de “300.000 kurdos y un millón de armenios” desembocaron en un proceso que atizó aún más la polémica sobre la integración de Turquía en la Unión Europea. Aunque los cargos se archivaron, Amnistía Internacional informó que hay otros intelectuales aguardando juicio por ejercer la libertad de expresión. Se ha acusado a Pamuk de oportunismo, pero esa observación sólo puede nacer del desconocimiento de su obra. Desde sus inicios, Pamuk ha mostrado una indudable inquietud por lo social y lo político. En La casa del silencio (1983), el protagonismo recaía sobre una anciana desbordada por las tensiones que dividían a su familia. Viuda de un médico ilustrado, se vengará de sus infidelidades destruyendo el manuscrito al que había dedicado su vida: el proyecto inacabado de una enciclopedia con la ambición de sacar a Turquía de su atraso. Su sueño actualiza el espíritu de la Ilustración. Los pueblos sólo pueden avanzar por medio del saber. La simpatía de Pamuk hacia su personaje expresa una convicción personal, pero también su reserva hacia una interpretación de la cultura que desembocó el apogeo de un tecnología deshumanizada.