TRUMAN CAPOTE,
EL DE PALAFRUGELL
Pocos lo sabían entonces, pero el mundano autor que llegó a la Costa Brava en 1960 resultó ser Capote. Buscaba tranquilidad para escribir una obra maestra sobre cierto asesinato múltiple
LOURDES MORGADES
15 AGO 2009
Llegó la primavera de 1960. Era el mes de abril, apenas cinco meses después de que cuatro de los cinco miembros de la familia Clutter fueran asesinados en su granja de Holcomb, en Kansas, Estados Unidos. Buscaba un lugar tranquilo donde escribir la que iba a ser su obra maestra, A sangre fría, la novela de ese crimen, y el escritor y periodista estadounidense Robert Ruark le recomendó la Costa Brava, donde él se había instalado desde mitad de la década de 1950, según el cronista de los famosos que por allí pasaron Lluís Molinas. Así llegó Truman Capote a Palamós, donde, hasta 1962, residió durante tres períodos de tiempo, siempre de primavera a otoño.
Esa franja de la Costa Brava, festoneada entonces por tranquilas playas de arena dorada y pequeñas calas jalonadas por salvajes acantilados poblados de pinos, era ya conocida en el mundo desde 1950 gracias a la Pandora y el holandés errante y las andazas de su protagonista, Ava Gardner, durante su filmación. De hecho, cuando el mundano escritor llegó a Palamós, los numerosos rodajes internacionales realizados habían convertido la zona en una suerte de Costawood por el constante desfile de glamourosas estrellas de Hollywood.
Esto, y la singular indiferencia que las gentes del lugar mostraron siempre por el éxito y los famosos, hizo que aquel americano llamado Truman Capote, que ya había publicado Desayuno con diamantes y había vendido los derechos para su adaptación cinematográfica, pasara inadvertido. Bueno, casi inadvertido. Sus amanerados ademanes llamaron bastante la atención. "Éste es de Palafrugell", decían eufemísticamente para no mentar la palabra marica. Pero ni una entrevista, ni la más mínima reseña en la prensa española de la época de su estancia. Sólo era un escritor.
