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jueves, 5 de enero de 2023

«Rumbo al Mar Blanco» / La obra maestra que Malcolm Lowry no pudo rescatar de las llamas

 



«Rumbo al Mar Blanco», la obra maestra que Malcolm Lowry no pudo rescatar de las llamas

La novela quemada, de la que su exmujer guardaba una copia, llega hoy a España


Alejandro Díaz-Agero
27 de agosto de 2017


Habrá quien opte por recordar su vida como la de un dipsómano sin solución que desperdició un talento abusivo para la escritura por su amor por la botella. Como también quedarán los que prefieran quedarse con la idea de que Malcolm Lowry (1909-1957) vivió inmerso en la práctica del más exagerado ejercicio de filantropía que estaba a su alcance: sacrificar todo lo demás por hacer de su propia existencia el caldo de cultivo de su obra.

El ‘lowry’ que sobrevivió al fuego

 






El ‘lowry’ que sobrevivió al fuego

Malpaso publica ‘Rumbo al Mar Blanco’, la novela del autor británico que se quemó en 1944 y de la que se conservaba una parte que se creyó perdida durante año



Juan Tallón
Madrid, 28 de agosto de 2017

Las versiones que algunos autores escriben una vez y otra de sus novelas, como si no fuese posible darlas por acabadas, y menos aún abandonarlas, pueden ser su salvación. Nadie como el británico Malcolm Lowry (1909-1957) para hablar de manuscritos perdidos, prodigiosamente encontrados después. El 7 de junio de 1944, en su cabaña junto a la playa de Dollarton (Canadá), en la costa del Pacífico, el escritor se levantó a preparar café, y de pronto gritó: “¡Se está quemando algo!” Al salir, vio el techo en llamas. Mientras corría en busca de ayuda, Margarie Bonner (1905-1988), su segunda esposa, salvó la mayoría de los manuscritos, entre ellos Bajo el volcán. También rescató los discos, aunque no el fonógrafo. Los vecinos la detuvieron cuando intentó salvar En lastre hacia el Mar Blanco. Era la más larga de las novelas en marcha de Lowry, que había empezado a escribir 12 años antes inspirándose en un viaje en un barco como fogonero a Noruega para conocer al novelista Nordhal Grieg.

domingo, 11 de diciembre de 2022

El último trago de Lowry



El último trago de Lowry

Viaje al Cuernavaca de 'Bajo el volcán' en el centenario del nacimiento de su autor



Fabrizio Mejía Madrid
14 de agosto de 2009

Crearse un infierno para luego escribirlo -que es la definición de la vida de Malcolm Lowry en México- podría servir también para mis relaciones amorosas. La penúltima vez que vine a la ciudad de Bajo el volcán, Cuernavaca, fue tratando de presionar a una mujer cuatro años menor que yo para que dejara por un fin de semana la casa de su madre. La esperé sobre una cama de hotel que crujía, sobresaltado por los cambios de voltaje del minibar, y escribí lo que, después, se convertiría en un cuento y, más tarde, en una novela. Esa primera vez, en 1989, noté lo que Malcolm alucinó: los volcanes míticos, el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl, el guerrero y su mujer dormida, no se ven desde Cuernavaca. Entre la contaminación porque los autos se taponan en las callejuelas -la ciudad colonial debería ser, toda, de peatones pero, hasta en el cementerio hay un letrero como los que divertían tanto a Lowry: "Prohibido andar en bicicleta entre las tumbas"-, digo, entre el humo de la combustión que exige ir en auto a una cuadra de distancia, las casas y los árboles, uno no sabe que está bajo un volcán. Además, Malcolm los describió demasiado cerca. Hay que salir de la ciudad para verlos.

Hernán Lara Zavala / Malcolm Lowry




Malcolm Lowry


Hernán Lara Zavala
30 de noviembre de 2007

I
Malcolm Lowry, a quien le gustaba contemplar el universo como un arcano, un criptograma lleno de “correspondencias mágicas” o “coincidencias misteriosas y fatales”, vio marcada su vida por dos mujeres, tres hombres y un país. Las mujeres fueron sus esposas Jan Gabrial y Margerie Bonner; los hombres el escritor norteamericano Conrad Aiken, que fungió como su tutor, guardián, maestro, preceptor, padre putativo, cómplice, doble y rival, Nordhal Grieg, novelista noruego con quien se identificó por sus experiencias marítimas, y Albert Erskine, editor estadounidense de Bajo el volcán y amigo leal que creyó como nadie en su talento. El país fue, por supuesto, México y, más específicamente, Cuernavaca o Quauhnáhuac como a él le gustaba nombrarla, escenario de su gran novela.

Malcolm Lowry / Qué manera de morir

 




MALCOLM LOWRY
QUÉ MANERA DE MORIR

"De golpe las vio, las botellas de aguardiente, anís, jerez, Highland Queen, los vasos, una babel de vasos —hacia arriba, como ese día el humo del tren— subidos hasta el cielo y cayendo luego, los vasos quebrados, los vasos volcados cuesta abajo por los jardines del Generalife, las botellas rotas, botellas de oporto, tinto, blanco, botellas de Pernod, Oxygenée, ajenjo, botellas destrozadas, botellas descartadas que caen sordamente en parques, debajo de bancos, de camas, de sillas de teatro, escondidas en los escritorios de los consulados, botellas de calvados soltadas y quebradas, o vueltas trizas, arrojadas en los basureros, lanzadas al mar, al Mediterráneo, al Caspio, al Caribe, botellas flotando en el océano, escoceses muertos en las colinas del Atlántico —y ahora las veía todas, las olía todas, desde el comienzo mismo—, botellas, botellas, botellas y vasos, vasos, vasos, de bitter, Dubonnet, Falstaff, rye, Johnny Walker, Vieux Whiskey Blanc Canadien, los aperitivos, los digestivos, los medios, los dobles, el noch ein Herr Obers, el et Glas Araks, las botellas, las botellas, las hermosas botellas de tequila y las calabazas, calabazas, los millones de calabazas de hermoso mescal...".

martes, 29 de noviembre de 2022

Juan Villoro / Malcolm Lowry

Malcolm Lowry





Malcolm Lowry
Bajo el volcán


Turbulenta, atropellada y alcohólica, la vida de Malcolm Lowry podría merecer con justicia uno de sus títulos. Cien años después de su nacimiento y más de medio siglo después de su muerte, el ensayista mexicano apura un perfil del autor en un solo trago.

Por Juan Villoro

El centenario del nacimiento de Malcolm Lowry ha traído congresos en cantinas y abadías, algo apropiado para un autor que conoció el paraíso en alta mar y los bosques de Vancouver, y el infierno en las cárceles y los hospitales psiquiátricos. Generalmente estuvo en ambas partes a la vez. Los ambiguos favores del alcohol le permitieron mezclar cielo e inframundo.
Bajo el volcán –su novela absoluta, definitiva, inagotable– es un vasto poema narrativo y una tempestuosa exploración de la conciencia. Algunos lectores lo han visto como un libro hermético y adivinatorio, lleno de claves cabalísticas, y otros como un manual de autoayuda para abandonar de una vez por todas el mezcal o entregarse a él en busca de un resplandor suicida.
El propio Lowry padeció la fuerza de ese libro único. Cuando su casa se incendió en Canadá, sintió que lo había perdido todo. Años antes, al terminar Bajo el volcán, experimentó lo mismo: el libro que le daba cobijo había dejado de pertenecerle y lo condenaba a vivir a la intemperie. Aunque escribió poemas, novelas breves y relatos espléndidos, no encontró otro desafío como el de la novela ambientada en Cuernavaca.
Lowry ha sido objeto de dos biografías excepcionales. En 1973, Douglas Day publicó el primer recuento de la atribulada vida que comenzó en 1909, en la región de Cheshire, tierra de otro reinventor de las palabras, Lewis Carroll. Douglas Day reconstruyó la historia con aliento impar, pero dependió en exceso de una fuente de información: Marjorie Bonner, segunda esposa del novelista. Veinte años después, Gordon Bowker precisó los hechos en Perseguido por los demonios. Esta segunda biografía comienza con una escena en la que Lowry viaja en automóvil con su padre. El petulante abogado Lowry critica a un hombre que todos los días hace el mismo camino a pie, entre la nieve: “Es un borracho”, dice. El hijo no puede ocultar su admiración por ese ultrajado que se levanta a las cinco de la mañana para caminar 11 kilómetros. ¿Es justo que se insulte a alguien capaz de tal proeza? En ese momento decide lo que será de grande: un borracho.
Lowry cumplió con creces su ambición de alcanzar la más elevada dipsomanía y no dejó de reflexionar acerca del juicio injusto que se concede a los demás.
Nació en el seno de una familia acomodada, recibió una estupenda educación en Cambridge, destacó en los deportes, no le faltaron amistades ni amores, contó con la tuteladel escritor Conrad Aiken y logró que lo invitaran a numerosas fiestas, a pesar de que siempre tocaba el ukelele. Sin embargo, repudió la seguridad de su familia y de Inglaterra para vivir como extranjero, sin trabajo ni vínculos estables. En un gesto casi religioso, renunció a todo para explorar la caída del hombre desde la posición del descastado.
La inocencia vulnerada y la culpa fueron los motores de su escritura. El cónsul Geoffrey Firmin, protagonista de Bajo el volcán, tiene un pasado confuso. Se le acusa de haber permitido que unos prisioneros murieran en el barco que tuvo a su cargo durante la guerra. Aunque sueña que lo declaran inocente, se persigue a sí mismo con toda clase de reproches. El más grave es la imposibilidad de retener a Yvonne, la mujer que ama. Bajo el volcán ocurre durante el Día de Muertos de 1938. Yvonne regresa a Cuernavaca para un careo definitivo con Firmin.
Pocas cosas han sido tan fecundas como la forma en que Lowry malinterpretó la realidad mexicana. Al entrar en una fonda pensó que ofrecían “pollo espectral de la casa” y al leer un letrero en un parque público creyó que aludía a la expulsión del paraíso.
Otro malentendido dio lugar a un relato que se convertiría en Bajo el volcán. Vio a un hombre accidentado al borde de una carretera y se sorprendió de que nadie se acercara a socorrerlo. Preguntó qué sucedía y creyó entender que en México la ley prohibía que se ayudara a los heridos. Lo que en realidad le dijeron fue que la policía, ineficaz y perezosa, arrestaba a la persona más próxima a la víctima. Por eso temían ayudar al herido. Lowry sintió el cautivador espanto de estar en un país donde la ley impedía salvar a las víctimas. El cuento se expandió hasta convertirse en una inmensa parábola sobre el desplome y la búsqueda de redención a través del amor.
Una de las muchas referencias de la novela es un cartel publicitario de la película Las manos de Orlac. Lowry no refiere la trama del film, quizá por considerarla demasiado próxima a sus objetivos. Las manos de Orlac trata de un pianista cuyos dedos no le pertenecen, pues son los de un asesino. Lo más inquietante es que llevar el mal en los dedos puede ayudar en el teclado. ¿En qué medida el arte se alimenta de la aniquilación? “No es posible vivir sin amar”, reza uno de los lemas que el cónsul descubre en México. Lowry sugiere que tampoco es posible amar ni crear sin destruir.
El 19 de febrero de 1947, el editor Jonathan Cape se atrevió a publicar un libro con la forma, la intensidad y la belleza de un incendio. 
El volcán sigue activo.



viernes, 16 de septiembre de 2022

Javier Marías / Malcolm Lowry en la calamidad

 

Malcolm Lowry
Ilustración de Fernando Vicente


Javier Marías

BIOGRAFÍA

Malcolm Lowry en la calamidad

    Cuando Malcolm Lowry tuvo problemas durante su segunda estancia en México, en 1946, y en su intento por no ser expulsado del país preguntó al subjefe de Migración de Acapulco qué había contra él de su anterior visita en 1938, el funcionario sacó una ficha, la golpeó con un dedo y le contestó: «Borracho, borracho, borracho. He aquí su vida». La frase es tan brutal como exacta, aunque tal vez, en labios más compasivos, la palabra adecuada habría sido «calamidad», pues parece como si en efecto Lowry hubiera sido el escritor más calamitoso de la historia entera de la literatura, lo cual tendría indudable mérito habida cuenta de la tan nutrida competencia en ese campo.

domingo, 29 de marzo de 2020

Malcolm Lowry / Bajo el volcán / Una nueva traducción




UNA NUEVA TRADUCCIÓN DE BAJO EL VOLCÁN, DE MALCOLM LOWRY


[Al final del Capítulo I de la novela Bajo el volcán, de Malcolm Lowry, aparece casi como acto de magia el fragmento de una posible carta escrita por el protagonista, que tiene la virtud de reflejar todos los elementos de la novela. Más abajo se presenta esta carta perdida y encontrada y vuelta a perder.]


Después de años de leer y releer la obra narrativa y las colecciones publicadas de las cartas de Malcom Lowry, sentí que era imprescindible un nuevo esfuerzo por trasladar la novela al español, no sólo reduciendo al mínimo la distancia respecto a la prosa original sino conservando en lo posible su espléndida claridad, su ritmo vertiginoso y su frecuente sentido del humor, que acompaña toda la narración aun en sus más oscuros vuelcos. El escritor inglés, que vivió en México en dos periodos, en 1936-1938 y en 1945-1946, sitúa los hechos de la novela en la ciudad de Cuernavaca y sus alrededores, con lo cual este libro —uno de los más importantes del siglo XX— es también en cierta forma mexicano.

Malcolm Lowry / Bajo el volcán / Una adicción


Malcolm Lowry

Bajo el volcán

Una adicción

Antonio Muñoz Molina
23 de febrero de 2008

Malcolm Lowry
Hace muchos años, en Granada, un amigo muy querido me encargó el primer trabajo literario por el que recibí una remuneración decente: escribir, para un volumen colectivo sobre la historia de la ciudad, un repaso breve de las crónicas que viajeros ilustres le habían dedicado a lo largo de los siglos, haciendo de ella un lugar de la imaginación tan exótico y tan infiel a la realidad como aquellos grabados que convertían en salones de esplendor oriental las estancias modestas de la Alhambra. Tenía que escribir quince páginas: como ocurre tantas veces en que un encargo acaba siendo un don inesperado, al cabo de meses de lecturas y descubrimientos acabé escribiendo más de cien. La ciudad en la que transcurría con tan poco lustre novelesco mi vida ocupaba un lugar distinguido en los mapas de la literatura. Algunas veces, en ciertos lugares, a una cierta luz, en la noche cerrada o en la claridad húmeda de las mañanas, en los atardeceres violeta, yo casi podía vislumbrar, más allá de la miopía de la costumbre, la ciudad que para otros estaba cifrada sobre todo en su nombre, mejorada o revelada por su leyenda. Coleccionaba testimonios que eran como esas postales de lugares lejanos que uno encuentra a veces en los mercadillos, escritas y enviadas hace cincuenta o cien años, con sus fotografías en color de paisajes que quizás ya no existen, tan borrados del mundo como la mano que escribió la postal y los ojos de quien la recibió.

martes, 18 de octubre de 2016

Andrea Aguilar / El aura de los libros perdidos


El aura de los libros perdidos

Robadas en estaciones o calcinadas entre las llamas se desvanecieron obras de Hemingway, Gógol y Schulz. Un ensayo recupera su historia


ANDREA AGUILAR
18 OCT 2016 - 17:05 COT



Ernest Hemingway perdió en un maleta todos los cuentos que había escrito y una primera novela en 1922.  HULTON DEUTSCH GETTY IMAGES

Los manuscritos perdidos han sido un tema literario (o metaliterario) recurrente, una estructura narrativa sobre la que se han construido un buen número de obras, y tras la que se han escondido escritores tan grandes como Cervantes. Como un intrincado juego de espejos que borra las fronteras entre realidad y ficción o como simple cebo para empujar la trama de una historia, el capital creativo y las posibilidades de fabulación a las que invita la desaparición (¿romántica?, ¿deses­perada?, ¿azarosa?, ¿irremediable?) de una obra están más que probadas. En un plano más terrenal, se encuentra la erudita pasión académica por incunables, desaparecidos y demás piezas imposibles del gran puzle literario. También, la ágil recuperación de libros “perdidos” en cajones o áticos emprendida por agentes, editores y deudos de insignes escritores ha demostrado el excelente tirón, en este caso comercial y mediático, de la literatura extraviada y recuperada.