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lunes, 4 de septiembre de 2017

Emmanuel Carrère obtiene el premio de la Feria del Libro de Guadalajara

Emmanuel Carrère


Emmanuel Carrère obtiene el premio de la Feria del Libro de Guadalajara 2017

El certamen distingue la obra del escritor francés, autor de 'Limónov' y 'El reino'



Guadalajara (México) 4 SEP 2017 - 16:50 COT


El escritor francés Emmanuel Carrère.
El escritor francés Emmanuel Carrère. AUDOIN DESFORGES

Por su profundo respeto al periodismo y por su insaciable búsqueda de nuevas formas de narrar, Emmanuel Carrère (París, 1957) ha sido galardonado este lunes con el Premio FIL de la Literatura en Lenguas Romances. El literato y cineasta francés, considerado heredero de Michel de Montaigne y Jean-Jacques Rousseau y uno de aquellos autores de ficción que dice escribir la realidad —como su compatriota, el tan reconocido como controvertido Michel Houellebecq—, se convierte así en el 27º distinguido con este reconocimiento al conjunto de una obra. El galardón le será entregado el próximo 25 de noviembre en la inauguración de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, uno de los encuentros más importantes de la narrativa en español, que se celebra en la capital del Estado mexicano de Jalisco.
"Me siento honrado de que mi nombre se añada a la lista de los premiados; muchos son escritores que leo. Es un gran honor y una gran alegría", ha apuntado desde París el autor, entre otras obras, de El adversario (2000) y Limónov (2011) y uno de los escritores fundamentales de la Francia contemporánea.
Carrère empezó su trayectoria profesional como periodista hace ya tres décadas. El estilo que adquirió entonces le ha acompañado siempre, según ha afirmado este lunes por teléfono en la rueda de prensa celebrada en Guadalajara. Por ello, cuando el integrante del jurado Gustavo Guerrero ha empezado a presentar al premiado como escritor, guionista, crítico, cineasta, se ha detenido: “Es también y subrayo esto: periodista”. En un país como México, en el que ya son nueve los reporteros asesinados en lo que va de año, Carrère ha lanzado enseguida su apoyo: “Admiro a los periodistas que continúan haciendo su trabajo a pesar de las amenazas”.
Además de por su vertiente periodística, Carrère ha sido premiado por “una obra versátil, amplia y transversal que ha obtenido un vasto y entusiasta reconocimiento internacional”, ha destacado el tribunal sobre el autor de El reino (2014). El comité ha señalado esta capacidad multimedia de crear novelas y películas o trabajar en televisión, “sin separarse de la gran tradición humanista europea”.








EL ESCRITOR QUE CONVIRTIÓ LA AUTOFICCIÓN EN UN ARTE


GREGORIO BELINCHÓN
Emmanuel Carrère es como ese colega de cervezas al que siempre le pasan cosas más interesantes que a uno. O al menos sabe contarlas de forma que parezcan delirantes, diferentes y atrevidas. Y eso que desde crío ya tuvo en su casa alguien con miles de historias que narrar: su madre, Hélène Carrère d’Encausse es, hoy, la secretaria permanente de la Academia Francesa y una de las grandes expertas europeas en historia rusa, descendiente ella misma de aristócratas georgianos. Todo ese poso lo ha ido soltando poco a poco Carrère en su obra: entre lo que le ha pasado, lo que ha ficcionado y lo que ha investigado siguiendo su olfato —impecable su reportaje sobre los campamentos de refugiados en Calais— y sus gustos, al lector le queda en su imaginario un Emmanuel amante de la autoflagelación sentimental (Una novela rusa), emocional (la sobrecogedora De vidas ajenas) e incluso religiosa (El reino, o cómo le dio un ramalazo ultracatólico a los 30 años), un autor que nunca aburre, un escritor de frase directa...
Tampoco es perfecto: dirigió la fallida El bigote, adaptación a la gran pantalla de su novela homónima, y se salió de la serie de televisión Les Revenants, sobre siete personas que resucitan sin motivo aparente, que había escrito durante sus cinco primeros episodios. Y a pesar de que a veces se retrata con aires de ingenuidad, Carrère no lo es. Por un lado, se zambulle en extraños retos, como escribir una biografía de Philip K. Dick —Yo estoy vivo, vosotros estáis muertos—desde dentro de la mente de mismo Dick, pero por otro entiende cuándo quedarse al margen si el protagonista es más grande que él y que la vida: Limónov y El adversario(la novela que le dio la fama en España) son los mejores ejemplos de que, ante todo, Carrère es un fascinante cuentacuentos.

Se le considera heredero de Montaigne y de Rousseau, por lo que “lo autobiográfico adquiere una dimensión crítica que le permite pintarse sin concesiones”, apunta el acta del jurado. Entre la obras de Carrère obras destacan, además de las ya señaladas, Una semana en la nieve(1995), Una novela rusa (2007) y De vidas ajenas (2009).
El jurado estuvo compuesto por el colombiano Jerónimo Pizarro, la española Mercedes Monmany, Valerie Miles, nacida en Nueva York y radicada en Barcelona, la rumana Carmen Musat, el estadounidense Efraín Kristal, el colombiano Héctor Abad Faciolince y el venezolano Guerrero. Carrère fue seleccionado entre 72 candidaturas de 18 países distintos.
“Desgraciadamente no hablo español”, ha apuntado en un momento de la rueda de prensa el francés. También se ha disculpado porque su conocimiento de la literatura mexicana se redujera a grandes escritores como Octavio Paz. No obstante, ha contado que había leído recientemente dos autores mexicanos que le habían impactado: Valeria Luiselli y Emiliano Monge. “Hablan de temas contemporáneos y sus textos tienen algo de periodísticos”, ha afirmado. Ahora dice que sueña con su viaje a México para recibir el premio.

Desde 1991, la Asociación Civil, que reúne a varias instituciones y es la responsable de la distinción, ha otorgado el homenaje, dotado con 150.000 dólares (unos 126.000 euros), a: Nicanor Parra, Juan Marsé, Sergio Pitol, Juan Gelman, Juan Goytisolo, Carlos Monsiváis y Fernando del Paso, entre otros. El rumano Norman Manea, víctima de dictaduras fascistas y comunistas, fue el autor reconocido el año pasado y el catalán Enrique Vila-Matas, fuertemente ligado a América Latina desde los años 90, en 2015. Solo tres mujeres figuran entre los galardonados: Nélida Piñón (1995), Olga Orozco (1998) y Margo Glantz (2010).
En su 31ª edición, la FIL de Guadalajara contará con un invitado de honor particular: la ciudad de Madrid. La capital española es la segunda urbe que merece este reconocimiento en la historia de esta cita literaria, después de Los Ángeles (Estados Unidos) en 2009. Y la tercera de una región española, tras Cataluña y Castilla-La Mancha. Con este vínculo que las distintas autoridades alabaron, Madrid adquirió un compromiso de patrocinio para esta edición del certamen (de unos dos millones de euros —2,4 millones de dólares— según el Ayuntamiento madrileño).
El año pasado, en su 30 cumpleaños, la feria convirtió a Guadalajara en la capital de la literatura latinoamericana. Más de 120 escritores de la región, liderados por la figura de Mario Vargas Llosa, quien cumplía 80 años, protagonizaron la edición. Cualquiera de los certámenes celebrados en la ciudad del tequila y el mariachi son una ocasión para recordar a los grandes, entre los que no pueden faltar Julio Cortázar, Octavio Paz, Gabriel García Márquez, Mario Benedetti o Juan Rulfo. Es una excusa para la loa de una literatura tan amplia y rica como la región que la ve crecer.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Leonardo Padura / El hombre que amaba los bates

Leonardo Padura

Leonardo Padura

El hombre que amaba los bates

Leonardo Padura lamenta en la FIL el deterioro del béisbol cubano, llama a promover la novela en la isla y avanza la futura aventura del detective Mario Conde

 Guadalajara (México) 5 DIC 2015 - 22:06 CST

Leonardo Padura en Guadalajara. / SAÚL RUIZ
Si la vida fuese justa, Leonardo Padura (La Habana, 1955) nunca tendría que haber viajado a España a recoger el premio Princesa de Asturias ni haber escrito El hombre que amaba a los perros. La vida le habría dado lo que quería. Ser jugador de beisbol.
“Yo quería ser pelotero, y sigo queriendo ser pelotero”, dijo el jueves en una charla de la FIL de Guadalajara, a donde llegó de Cuba en un vuelo vía Panamá y de donde se regresó dos días después por la misma ruta para evitar la escala en México DF, cuyos 2.300 metros de altitud le suben la presión y le dan unos mareos horribles.
Vestido de negro, al día siguiente, le explicó a este periódico su preocupación por el beisbol. “No es solamente que se estén yendo de Cuba los talentos establecidos y los nacientes, que cada vez se van más jóvenes. Aunque haya pronto un cambio político que permita a los cubanos de las Grandes Ligas competir también en Cuba, lo que las estructuras internas de nuestro beisbol necesitan es una reformulación profunda para rescatar algo que es más que un deporte y una cultura. Es parte de una espiritualidad. La esencia de lo cubano está muy ligada al beisbol por muchas razones. Por ejemplo, fue un elemento catalizador de la integración de las etnias. Me duele mucho la situación actual”.

sábado, 5 de diciembre de 2015

Irvine Welsh / Los jóvenes de ahora saben que nunca van a encontrar trabajo


Irvine Welsh

“Los jóvenes de ahora saben que nunca 

van a encontrar trabajo”

Irvine Welsh, el padre de 'Trainspotting', aparca el mundo de las drogas en 'La vida sexual de las gemelas siamesas', su primera novela en la que las protagonistas son mujeres


Irvine Welsh, en una cantina de Gualajara, el pasado miércoles. / SAÚL RUIZ
Irvine Welsh está sentado en una mesa de debate que se titula Sexo, drogas y rock and roll. A su lado tiene a un escritor mexicano que lo acompaña en la sala de la FIL de Guadalajara con un sombrero negro de ala ancha y unas gafas de sol. Haciendo gestos nerviosos con la mandíbula, dice a la audiencia que ojalá estuvieran todos drogados, que es así como uno alcanza la verdadera individualidad y que las drogas son una llave mágica para el sexo. Welsh, sin embargo, no parece tan interesado en esas cosas. Él se pone a hablar de Margaret Thatcher, de su fe en la economía colaborativa, de geopolítica y de los niños de su barrio en Escocia que han arruinado su vida como pequeños narcotraficantes.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Feria del Libro del Guadalajara 2015 / All you need is books

Julian Barnes
Feria del Libro de Guadalajara
All you need is books

Reino Unido, país invitado a la Feria de Guadalajara, vive la consagración de los narradores de los ochenta al tiempo que se renueva con escritores de todo el mundo en inglés


De izquierda a derecha: Agatha Christie, Salman Rushdie, Ian McEwan, J.K. Rowling, George Orwell, Virginia Woolf y Charles Dickens. Ilustración de Fernando Vicente
Como muchas buenas historias londinenses, esta empezó entre vapores etílicos y humo de tabaco en un viejo pub. The Pillars of Hercules, en Greek Street, en el Soho, se encontraba justo debajo de la oficina de The New Review, una cabecera con la que Ian Hamilton, un seductor genial, polemista y bebedor, quiso recuperar la tradición casi extinta de las revistas literarias en la segunda mitad de los años 70.
El pub se convirtió en la verdadera redacción de la revista. Con un generoso whisky escocés en una mano y un cigarrillo en la otra, Ian Hamilton repartía juego entre una camada de jóvenes aspirantes a escritores.
Ian McEwan, Julian Barnes, Christopher Hitchens y Martin Amis —que pronto empezaría a editar la sección de libros del New Statesman, otro de los focos de esa nueva ola— hablaban de literatura, bebían y se sacaban un dinerillo para mantenerse a flote mientras escribían. “Fue, y sigue siendo, como una hermandad, una familia”, recuerda McEwan. “Muchos escritores de mi generación estábamos a punto de publicar nuestra primera novela, y ese pub se convirtió en el lugar donde alternábamos”.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Fernando del Paso / La inercia de México revela la falta de voluntad para cambiar



Fernando del Paso

“La inercia de México revela 

la falta de voluntad para cambiar”

Fernando del Paso, un grande de la literatura mexicana, recibe a EL PAÍS

Es una de las escasas entrevistas que concede


El escritor Fernando del Paso posa en su casa de Guadalajara. / SAÚL RUIZ
A Fernando del Paso le llevó años de minuciosa investigación narrar la triste suerte de Maximiliano de Habsburgo, emperador mexicano entre 1864 y 1867, y de su esposa, Carlota. El novelista, dibujante y ensayista es un estudioso y se puso a la tarea de describirles. Tres páginas enumerando los títulos de Carlota. Folio y medio para describir el color de los dientes de Maximiliano. El resultado es Noticias del Imperio (1987), su gran obra, en la que explora uno de los episodios “más bellos y surrealistas” de la historia de su país. Llegaron y esperaban que les recibirían con entusiasmo y honores. La historia los llevó por otros senderos. A Maximiliano lo fusilaron en Querétaro en 1867. Carlota enloqueció y murió en 1927, el mismo año en que Charles Lindbergh emprendía el primer vuelo a Europa.

Fernando del Paso / La historia es el andamiaje de mis novelas

Fernando del Paso
Fernando del Paso

"La historia es el andamiaje de mis novelas"



Las tres grandes novelas que ha escrito Fernando del Paso (México, 1935) son novelas voluminosas. Hay en sus páginas una gran libertad formal y se alimentan de la historia de México, la próxima y la lejana. El escritor asistió en silla de ruedas a recoger el Premio FIL de Literatura (el antiguo Juan Rulfo) a la inauguración de la Feria, que cerró sus puertas ayer. Y es que ha estado ingresado por una intervención intestinal. Fue en el Hospital Real San José donde habló sobre su obra y sobre su vida.

Pregunta. ¿Cómo surgió su primera novela, José Trigo?
Respuesta. De una imagen. Vi, desde el puente Nonoalco Tlatelolco del Distrito Federal, a un hombre alto y desgarbado caminando por las vías abandonadas del tren cargado con una pequeña caja blanca, un ataúd. Detrás iba una mujer embarazada que cortaba girasoles.
P. ¿Cómo la valora ahora?
R. Como una novela de ambiciones desmesuradas y de una extrema complejidad, donde el lenguaje es el auténtico protagonista. Quise contar el movimiento de los ferrocarrileros que hubo en México en los cincuenta. Vivían en los furgones abandonados. Desde el punto de vista plástico, aquello era hermoso. Terrible, desde el punto de vista social. Me diagnosticaron por entonces, no había cumplido 30 años, un cáncer. Creía que iba a ser mi único libro y quise meterlo todo.
P. ¿Cómo combinó la historia con la literatura?
R. He sido desde entonces un equilibrista que se mueve en la cuerda floja entre la imaginación y el rigor histórico. La historia es el andamiaje de mis novelas, lo que me permite lanzarme a contar muchas cosas. EnJosé Trigo, el hilo conductor fue la historia de un hombre.
P. ¿Qué influencias reconoce en su obra?
R. Están los anglosajones: Joyce, Dos Passos, Faulkner, Sterne. También Rabelais, Flaubert, Sófocles...
P. ¿Y ningún escritor de lengua española?
R. Ésos no te influyen, los llevas en la sangre. En José Trigo quise hacer un pastiche de Juan Rulfo en el capítulo cuarto. Nadie lo descubrió, pero sí reconocieron en el libro la presencia de la desesperanza, la muerte, la soledad, la tristeza. Todo eso viene de Rulfo.

P. ¿Cuál fue su propósito en Palinuro de México, su siguiente novela?
R. La idea era la de recrear mi vida como adolescente, una vida picaresca. Quise ser médico, pero me di cuenta de que me iba a quitar todo el tiempo, y me fui a economía. Los aspectos románticos de la medicina empapan todo el libro. Ahí cuento el que fui, el que quise ser, el que pude haber sido, el que pude haber querido ser.
P. ¿Cómo abordó la inmensa documentación de Noticias del Imperio?
R. Lo que aparece en el libro sólo es la punta del iceberg. Es tanto lo que se ha escrito de la época de Maximiliano que lo que llega al libro sólo es el 15% de lo que se ha leído. Un amigo me criticó por la envergadura de la obra, diciéndome que no sabía condensar. ¡Cómo que no! De las 3.000 páginas que la novela tenía quedaron unas 800.
P. ¿Por qué esa época?
R. Se ha pasado como pisando huevos sobre esas figuras. Ya desde niño me fascinaba saber sobre ese emperador rubio que murió fusilado en Querétaro y sobre su mujer que le sobrevivió 60 años. Le di la voz a ella, la voz de la locura y la de la lucidez. "La imaginación, la loca de la casa", esa frase atribuida a Malebranche preside el libro.


P. Además de sus tres grandes novelas y de Linda 67, historia de un crimen, ha escrito poesía, teatro... y pinta. ¿Cómo se organiza?
R. Empecé escribiendo sonetos. La pintura, que me ha apasionado, la abandoné porque no podía con el óleo, pero la recuperé cuando descubrí la tinta china. Nunca establezco ningún plan ni programa. Cuando surge algo me meto con ello a fondo, y clausuro mientras tanto las otras actividades.
P. En la inauguración de la Feria se refirió a su obra sobre Lorca...
R. Siempre me interesó el teatro y en Palinuro, el penúltimo capítulo estaba escrito como un drama. Y se ha representado. En La muerte se va a Granada quise hacer un poema dramático escrito en verso y dedicado al final de Lorca. En México la montó José Luis Ibáñez y en Guadalajara se estrenó dentro del programa de la FIL con puesta en escena de Daniel Constantini. Me encantaría que se viera en España.



viernes, 30 de mayo de 2014

Vargas Llosa y Grossman hablan sobre la responsabilidad del escritor

Mario Vargas LLosa
Poster de T.A


Vargas Llosa y Grossman hablan sobre la responsabilidad del escritor

Los novelistas abordaron en la pasada FIL el papel social de la literatura. Un encuentro inédito



30 MAY 2014 - 17:01 COT




David Grossman (izquierda) y Mario Vargas Llosa.Ampliar foto
David Grossman (izquierda) y Mario Vargas Llosa. DANIEL MORDZINSKI

Sus primeras lecturas, su formación como novelistas y la relación de la literatura con la sociedad fueron algunos de los temas que abordaron Mario Vargas Llosa y David Grossman en un encuentro moderado por Juan Cruz en noviembre pasado en la Feria del Libro de Guadalajara (México). Los fragmentos que siguen pertenecen al final de la charla, momento en el que, con el conflicto entre Israel y Palestina de fondo, hablaron sobre la vigencia del compromiso del escritor.

lunes, 28 de noviembre de 2005

Fernando de Szyszlo / Cuando yo estaba en París todos los monstruos estaban vivos

FERNANDO DE SZYSZLO

FERNANDO DE SZYSZLO
Biografía 
19ª FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE GUADALAJARA

"Cuando yo estaba en París todos los monstruos estaban vivos"



JUAN CRUZ
Guadalajara 28 NOV 2005


El pintor peruano Fernando de Szyszlo (Lima, 1925) acaba de cumplir 80 años. En el París de posguerra fue amigo de los grandes del surrealismo del siglo XX. En Guadalajara, México, se expone, en el contexto de la feria, una antología de los últimos años de su pintura. Mirándola, se explica la admiración que sienten por él los latinoamericanos, y también se entiende lo que él mismo dice: se hizo con el surrealismo, pero tiene mucho más que ver con Giorgio de Chirico o con Mark Rothko, dos de sus maestros. Sus ojos denotan una tristeza que parece andina, pero es agudo y vivaz, a veces risueño.
Pregunta. Usted conoció muy bien al surrealista canario Óscar Domínguez.
Respuesta. Cuando hice en París mi primera exposición firmó atrás todas las invitaciones, y eso hizo que fuera André Breton. Ahí lo conocí. Me alquiló su departamento, donde luego se suicidó. Era muy grandote, un poco deforme, tenía la nariz muy grande. Era muy amable y muy generoso. Vivió durante la guerra de falsificar picassos y magrittes. Un teniente alemán le compró un picasso falso, y terminó Domínguez ante el juez, que llamó a declarar a Picasso y éste dijo: "¿Cómo? ¡Claro que es mío! ¿Quieren que lo firme otra vez?". Picasso era un hombre muy solidario, no fue el tipo duro que describen.





"Una vez hice una definición de la pintura: 'El encuentro visible de lo sagrado con la materia"
"En París, Carlos Martínez Rivas tenía un lema muy bueno: 'Cultura y cachondeo'. Lo seguíamos"
"Siento que lo que he hecho es una suma de derrotas, un desfase entre lo que soñé hacer y lo que logré hacer"
"Fui ferozmente de la República. En 1936 estaba en un colegio de jesuitas; nos hacían cantar el 'Cara al sol"

P. En su casa de París se juntaban Breton, Michaux, Lacan, Bioy Casares, Ernesto Cardenal, Octavio Paz y Tamayo a escuchar como éste tocaba la guitarra.
R. Era en la casa de Octavio, el único de todos nosotros que tenía un apartamento aceptable. Ahí hacíamos fiestas cada día. Había un poeta nicaragüense muy bueno, del que ahora se habla poco, Carlos Martínez Rivas, que tenía un lema muy bueno: "Cultura y cachondeo". Lo seguíamos.
P. ¿Qué le dio a usted el surrealismo?
R. En pintura me dio poco. Siempre fui admirador de De Chirico, que es un presurrealista. Cuando el surrealismo se fundó, en 1924, ya De Chirico no pintaba pintura metafísica. David Sylvester, el crítico, decía que el surrealismo era como una religión. Uno podía tener reacciones surrealistas sin tener que ver con el arte. En Suramérica éramos de pensamiento surrealista, pero no pintábamos surrealismo. En el almanaque surrealista del medio siglo, en 1950, se publicó un artículo de Benjamin Peret contra la pintura abstracta. Y le dije a Breton: "¿Cómo es posible que en el almanaque se arremeta contra el abstracto, que parece la esencia del surrealismo, porque es la expresión espontánea, sin trabas, de la manera de sentir?". Me dijo: "Mire, yo no comparto necesariamente la opinión de que la pintura abstracta sea una sopa deshidratada". Y me llevó a su casa maravillosa; ahí estaban cuadros de Kandinsky, de Arp... En realidad, él era muy abierto en materia de pintura.
P. De Chirico ha sido su pintor.
R. Me encanta, el vuelo, su capacidad de captar el vuelo. Hay una anécdota que cuenta Breton. Estaban sentados en un café De Chirico, Louis Aragon y Breton, y aparece un joven muy extraño, muy luminoso. Breton dijo: "Es un ángel". De Chirico sacó un espejo, miró y dijo, muy severo: "No, para nada es un ángel".
P. ¿Cómo era Breton?
R. Era una persona admirable, sobre todo por su coherencia. Impidió que la intelectualidad deviniera en estalinista. La lucidez de Breton influyó en Octavio. En materia política, Paz nunca se equivocó. Estuvo con la República española, no cayó en el estalinismo, tenía una vaga simpatía por el trotskismo, pero nunca fue trotskista, y asumió la prueba de Fidel... Todos nos equivocamos, todos tuvimos aquella ilusión de que hubiera un socialismo que no fuera autoritario o fundamentalista, pero Octavio no lo creyó, y no se equivocó.
P. ¿Cuáles fueron sus ideas, cómo han ido evolucionando?
R. Como todo intelectual latinoamericano de la época, yo era de izquierdas, pero nunca estuve inscrito en un partido. Fui ferozmente de la República española. En 1936 tenía 11 años, y estaba en un colegio de jesuitas; los jesuitas nos hacían cantar el Cara al sol.
P. ¿En Perú, los jesuitas hacían cantar el Cara al sol?
R. Te educaban muy bien, pero apoyaban a Franco. Tenías que cantar ese himno antes de ir a misa. En mi caso, mi padre era polaco, y por naturaleza era antinazi. Así que yo era antifranquista, luego de izquierdas, y finalmente la única militancia que tuve en mi vida fue en Perú, a favor de la candidatura de Mario Vargas Llosa. La mayor desilusión que tuve en mi vida fue su derrota.
P. Sorprenden esos cantos en el patio del colegio.
R. También nos pedían que lleváramos libros prohibidos al colegio para quemarlos. La última misa que escuché fue la que hubo cuando me despedí del colegio. Nunca he vuelto.
P. Fue una guerra que marcó mucho a América Latina.
R. A Perú no vinieron muchos exiliados porque teníamos una dictadura que era profranquista, la del mariscal Benavides, que después se fue a vivir a la España de Franco. Venían las compañías de teatro, como la de Margarita Xirgu. Cantaban las canciones republicanas, y era muy emocionante para nosotros escuchar esas melodías que la derrota había hecho tan dramáticas. Si me quieres escribir, ya sabes mi paradero. César Vallejo hizo Aparta de mí este cáliz, que muchos de nosotros nos sabíamos de memoria. Fue impresionante la huella que nos dejó a todos esa guerra.
P. Hablaba de ilusiones. Ahora, ¿cuáles son las ilusiones de un artista?
R. Las mías son capturar esa parte oscura que hay en nosotros. Una vez hice una definición de la pintura: "El encuentro visible de lo sagrado con la materia". Es también la definición de la mujer amada. Yo no soy religioso, pero esa existencia de algo que no tiene explicación siempre me ha fascinado.
P. Usted quiso ser arquitecto.
R. Mi madre era hermana de un poeta que fue muy renovador de la poesía peruana, Abraham Valdelomar. Murió, en accidente, a los 31 años, seis antes de que yo naciera, y su biblioteca quedó en casa de mi madre, fui niño asmático, leí muchísimo; comencé con Verne, con Dumas, seguí con Dostoievski, con Balzac... Sentía que tenía cierta sensibilidad para el arte. Siempre he creído que ser artista es tener la piel un poco más delgada; te afectan más las cosas, aunque no lo muestres. Y como en el colegio era bueno para las matemáticas, pensé que eso haría de mí un arquitecto. Descubrí que mi dibujo era muy duro, muy torpe, y entonces me matriculé en un curso nocturno de pintura. Fue mi camino de Damasco: descubrí violentamente mi vocación. Mis padres creían que ser pintor en el Perú era un pasaporte a la bohemia y a la borrachera, a la incapacidad de producir dinero.
P. ¿Y por qué se fue a París?
R. Todos los latinoamericanos nos fuimos a París. Al acabar la guerra conocí a todos los pintores y a todos los poetas latinoamericanos de mi generación en París, porque allí me los encontré. Matta, Lam, Tamayo, Paz, Cortázar, Carlos Martínez Rivas, a Ernesto Cardenal, que era fascista en esa época.
P. ¿Fascista?
R. Sí, partidario de Franco. Siempre cuento una anécdota: nos reuníamos los martes en lo alto del Café de Flore, instados por Paz a hacer una revista latinoamericana, política y literaria. Iban españoles, como Arturo Serrano Plaja, que estaba en el exilio y era amigo de Vallejo. Y un día apareció Cardenal, que venía de Madrid, de disfrutar de su beca franquista. Hubo una discusión sobre la Guerra Civil, y dijo: "Confesemos: al final, todos los muertos son iguales". Y Serrano saltó y le gritó: "¡Esto es de un hijoputismo intolerable! ¡No me mezcle mis muertos con sus muertos!".
P. Después de la posguerra no hubo nunca en el mundo ninguna época de tanta ilusión. ¿Por qué?
R. Tiene que ver con el mundo en que vivimos, con la bomba atómica... Lo cierto es que cuando yo estaba en París todos los monstruos estaban vivos: Picasso, Matisse, Gide, Camus, Sartre, y a William Faulkner me lo encontraba por la calle, Giacometti..., y ahora estamos huérfanos, estamos derrumbados. Se intentan cosas que no tienen nada que ver con la pintura, que son gestos valiosos, pero que no son pintura. Me encanta una frase de Pedro Salinas que dice que quizá no haya poetas, pero siempre habrá poesía. Puede no haber pintores, pero siempre habrá pintura.
P. ¿Hay un resumen para lo que ha hecho?
R. He trabajado tanto, y siempre siento que todo lo que he hecho no es sino una suma de derrotas, un desfase entre lo que soñé hacer y lo que logré hacer. He pintado como loco toda mi vida porque sentía que no sacaba lo que quería sacar, que no conseguía coger ese mundo oscuro que pretendía encontrar y que veo, por ejemplo, en la Virgen y el niño, de Leonardo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de noviembre de 2005